Apresurado pero de cojones compitas, así que no quiero quejas.

Estoy atrasada, atrasada, atrasada. Esto era para el 26 y miren, ya es 2017. Así es mi vida.

Estoy trabajando en los dos últimos, con algo de suerte salen hoy mismo o nunca, quién sabe.

El tema es cita a ciegas.

13.- Iwaizumi x Oikawa: Repito, por si antes quedaba alguna duda, esto es una pésima idea.


1

Esto es una mala idea. Fue el primer pensamiento que tuvo al llegar al lugar. Esto es una MUY mala idea. Agregó sólo para darle dramatismo. Iwaizumi Hajime se ha dejado llevar por muy malas ideas en el pasado, lo admite. Pero esta en especial se lleva un premio porque no entiende qué es lo que hace él aceptando una cita a ciegas ni cómo es que se dejó convencer. Matsukawa no es el maestro de la persuasión pero quizás le agarró en el momento menos idóneo.

Se aburría, sí. No tenía nada mejor que hacer, también. Su éxito en las citas es de una cifra de menos cero, lo cual es bastante triste y patético porque la mayoría de sus ex parejas, hombres y mujeres por igual, siempre le consideran demasiado soso y aburrido. Muy gruñón, temperamental, no se deja llevar por la corriente, poco romántico. En fin, la lista podría seguir por siempre, pero es algo que no viene al caso. Quizás fue por puro despecho. Se estaba dejando llevar ¿no? Por la estupidez, pero se estaba dejando llevar y eso ya tenía que contar como algo.

Podía verlo como la forma de conseguir un polvo casual ya que hace tiempo desde su última conquista. Quizás podría ser un rotundo fracaso y volvería a casa a hacerse una mala paja y ya está, nada nuevo. Muchos quizás y muchos posibles escenarios terribles. Pero ya estaba ahí, en la barra de aquel antro gay porque su cita de esa noche era un chico. La próxima vez que se dejara embaucar por Matsukawa se estrellaría contra una pared.

—Iwaizumi —escuchó a sus espaldas a duras penas por el terrible ruido que había en el lugar.

Su compañero de universidad y autoproclamado mejor amigo Matsukawa Issei le saludaba con una diminuta sonrisa que intentaba cortar sus malos pensamientos, su mano firmemente aferrada contra la cintura de otro chico con expresión igual de parca. Hanamaki Takahiro, su novio. Desde que ese par había comenzado su relación habían hecho alguna especie de simbiosis, era imposible ver a uno sin el otro. Más atrás, logrando ver a duras pena por la poca iluminación y la molesta luz de colores que parpadeaba cada tanto, un chico alto y castaño con una sonrisa medio petulante aguardaba paciente, según notó.

—Ya conoces a Maki —continuó su amigo, apretando su agarre en la cintura ajena.

Iwaizumi tenía un chiste en la punta de la lengua, pero no tenía muchas ganas de ponerse a discutir en ese momento.

—Este de acá es Oikawa Tooru, amigo de Maki —siguió con las presentaciones el moreno, intentando no dejar un silencio incomodo.

—Ey —fue su saludo general.

Aprovechó el que Oikawa, una vez presentado, se acercó un poco más hasta dejar que la poca iluminación le diera una idea de su aspecto. Más alto que él por unos centímetros, sin duda. Cabello castaño y bien arreglado, piel blanca y tersa a su parecer, músculos torneados que se adivinaban debajo de esa ropa algo ajustada. Unos ojos con un brillo malicioso y una sonrisa de labios rosados que le gustaría destrozar.

Tenía un aire petulante y travieso que de cierta forma le irritaba y le ponía caliente a partes iguales.

No iba a funcionar.

2

Repito, por si antes quedaba alguna duda, esto es una pésima idea. Se volvió a decir mentalmente una vez Matsun y Maki se perdieron en algún rincón oscuro para hacer sus cosas y les dejaron a solas. Al principio había sido una charla trivial.

—Ey hola.

—Aquí, todo bien.

—Lindo lugar, ¿eh?

—Eh…

Luego, durante un corto periodo de tiempo, se dieron cuenta que tenían en común el voleibol.

—Juego de armador.

—Yo de atacante lateral.

—Wow, todo un as…

Y ya… después de eso no pudieron hacer que la conversación fluyera de mejor manera e Iwaizumi comenzaba a cabrearse. No porque no hiciera el intento sino que Oikawa parecía tener un aire seductor tan natural que no cesaban de acercarse chicos para charlar con él, invitarle tragos o intentar que bailara con ellos. Y Oikawa parecía adorar toda esa atención y siempre respondía con una sonrisa coqueta, un pestañeo algo exagerado y aunque no salía a bailar, no cortaba la charla para recordar que pues… ¿Hola? ¿Alguien? Iwaizumi sigue aquí.

Era quizás el quinto -¿o el sexto? Qué más da- chico que se acercaba cuando Iwaizumi, al tope de su paciencia, se levantó del lugar de forma brusca.

—¿Iwa-chan? —Interrogó Tooru con una mirada confundida –el muy hijo de…- y con ese mote que no recuerda haberle dado permiso de utilizar.

—Voy al baño —mintió, porque ni siquiera disimuló su camino hacia la salida del antro aquel.

Cuando pudo respirar un poco de aire fresco –si por fresco entendemos a aire lleno de humo de carros y contaminación general, pero libre de olor a cigarros y sexo rancio- se sintió un poco más despejado y relajado. Había sido una mala idea desde el principio, ni siquiera debía estar sorprendido. Quizás era el mal trago al haber sentido al principio, aunque fuera por unos minutos, un poco de interés por parte de Tooru en su persona. Tenía ese brillo en la mirada y esa sonrisa no tan presuntuosa o coqueta, sino más bien emocionada. Pero, siendo sinceros, ¿qué tenía él para llamar la atención de un chico tan atractivo como lo era Oikawa? Nada.

Así que era mejor cortar por lo sano y pretender que ese mal trago nunca había pasado. Oikawa podría conseguirse a algún otro chico esa noche y todos contentos. Menos la mano derecha de Iwaizumi, que tendría trabajo extra esa noche, sólo por no perder la costumbre.

—¡Iwa-chan! —escuchó que le llamaban a gritos, ya a unas cuadras del antro aquel y sopesando la idea de entrar a algún otro bar más relajado para tomar una copa con tranquilidad.

Le sorprendió un poco ver a Oikawa darle alcance con aire agitado.

—¿Por qué te vas? ¡Dijiste que ibas al baño! —reclamó sin si quiera intentar recuperar el aire por su carrera. Iwaizumi era de paso rápido.

—No me sentía cómodo en el lugar —se encogió de hombros restándole importancia.

—Pues, me hubieras dicho y habríamos ido a algún otro sitio más tranquilo —no quería si quiera pensar que eso en el rostro de Tooru era un puche, ni dejar correr su imaginación por lo adorable que era.

—No parecías querer irte —continuó con el mismo tono desinteresado—. No es como que te falte compañía —agregó al final con más acritud de la que quería.

La mueca de Oikawa fue algo entre vergüenza, dolor y un poco de bochorno.

—Nunca había ido a un bar gay —admitió al fin el castaño, dejando de lado su sonrisa y dejando caer sus hombros. Todos parecen siempre tan seguros de a lo que van que me sentía un poco fuera de lugar. Supongo que por eso intentaba ser amable con todos. Tampoco quería que vieras tan rápido mis lados malos.

El alzamiento de cejas por parte de Iwaizumi fue todo lo que Oikawa obtuvo como respuesta. Pero en ese simple gesto se englobaban muchas cosas y pedían… no, exigían respuestas a todo lo que había dicho.

Tooru soltó un suspiro cansado y apuntó a un café cerca de ellos.

—¿Nos sentamos a charlar?

3

Si alguien pidiera la opinión sincera de Hajime, diría que eso no lo usaría ni para trama de telenovela barata.

Oikawa había admitido conocerle de hace tiempo. Y por hace tiempo nos referimos a años de saber de su existencia. Le había visto en algunas competencias de voleibol en sus años de escuela y aunque nunca llegaron a enfrentarse, Tooru tenía conocimientos generales sobre él y sobre su carrera en el voleibol también en la universidad aunque fuera más por hobby. Y por mucho que usara la palabra "admiración" para referirse a todo eso, Iwaizumi sólo tenía en la mente la palabra "acosador" rodando de aquí y allá. La verdad no es que le molestara en absoluto, tampoco es que se hubiera puesto a buscar su dirección, su tipo de sangre y esas cosas raras. Pero el día que se enteró que Hanamaki, uno de sus amigos de la escuela, era novio de Matsukawa, el algo así como mejor amigo de Iwaizumi, las cosas parecieron encajar y exigió, amenazó y chantajeó para lograr conocerse de alguna forma. No fue hasta que Matsukawa le conoció y dijo que quizás no era mala idea presentarle a Iwaizumi.

Y ahí estaba, rojo como un tomate dejando salir su lado más lamentable ante la persona que menos lo deseaba.

—Y estaba tan nervioso, y cuando estoy nervioso soy más idiota de lo normal y no sabía qué decirte y había tanta gente interrumpiendo y antes de mandarlos a la mierda tenía que ser amable y tú parecías tan desinteresado y oh por dios, sólo tírame al hoyo más profundo y mátame —la mayoría de las cosas las dijo con su rostro enterrado entre sus manos, dejando ver la punta de sus orejas tan sonrosadas que parecían dos cerezas. A Iwaizumi le daban ganas de morderlas y saborearlas hasta dejarlas más rojas y brillantes.

Debía concentrar mejor sus pensamientos e intentar no pensar en lo mucho que Tooru le ponía y en la poca importancia que le daba a toda su historia porque se sentía ridículamente halagado y no estaba él también rojo como un tomate de puro milagro.

—Debes pensar que soy raro, y un acosador, y debes odiarme, ¿y podrías decirme algo antes de que me dé un ataque o algo?

Iwaizumi se dio cuenta que se había perdido demasiado en sus pensamientos y su mutismo se había extendido por largos minutos.

—Creo que eres adorable.

4

La verdad es que aquella noche sí que folló. Folló como loco, como hacía años no lo hacía. Se corrió casi en cada parte del cuerpo de Oikawa y este parecía pedir más a cada rato.

Se durmieron –o quizás desmayarse era una mejor forma de describirlo- en algún punto de la noche sólo para despertar y volver a follar. Pidieron comida a domicilio porque cuando Tooru intentó ponerse algo de ropa para preparar algo Iwaizumi le empotró contra una pared y arremetió tan duro que le fue imposible volver a intentar pararse. Cuando Iwaizumi hizo lo propio porque los dos tenían casi un día sin comer, Oikawa se aferró a su polla con la boca y tocó llamar a la pizzería mientras le hacían la mejor mamada de su vida.

Si no le abrieron al pobre repartidor medio desnudos o aún follando fue puro milagro o casualidad, porque habrían sido capaces.

Era como si los dos tuvieran la idea de no volverse a ver después de eso y dejar el encuentro como algo raro y fuera de lugar y continuar con sus existencias.

Pero los días pasaron, los días iban y venían, las noches se extendían a días de sexo desenfrenado, confesiones bajo la manta y arrumacos viendo películas de terror.

Sólo cuando un día Iwaizumi se vio acomodando las cosas de Tooru en su departamento y hasta exudar felicidad en cada poro, se preguntó si todo había sido premeditado.

Las sonrisilla estúpida de Matsukawa le dio la respuesta.

Quién que tu mejor amigo –aunque sea autoproclamado y que se olvide de su título si debe follar con su novio- para conocerte mejor.

Al final no fue tan mala idea.


Sí, les aventé todo como meh, follada y mudanza al mismo tiempo, porque sí y ya.

Feliz año nuevo beibis.