Hubo un punto en el que esto estuvo a punto de convertirse en una semi violación, pero eso sería alargar la trama y estoy más dormida que despierta como para si quiera pretender eso y meh, Hanamaki también tenía ganas. Yo también tengo ganas (?)
Pero no todo se puede en esta vida.
Bieñ, bieñ, uno más y Maribel será un elfo libre :3
Tema "tensión sexual"
14.- Matsukawa x Hanamaki: Matsukawa es frío, calculador, no gasta palabras, roza en lo arrogante y su orgullo anda por Plutón aunque este no sea más un planeta. Hanamaki es antipático, inteligente, retorcido de muchas maneras, altivo y su puta madre va a intentar pisotearlo. Y alguien creyó buena idea juntarlos.
1
Las cosas fueron mal desde el principio. Los dos eran jóvenes pero buenos en sus áreas. La empresa era nueva y contrataba a gente joven casi recién graduada a riesgo de que todo saliera mal pero deseosos por tener nuevos talentos puliéndose dentro de sus oficinas.
Pero las cosas iban realmente mal, no porque eso fuera mala idea –que, en cierta forma, lo era- sino porque en el mismo momento que Matsukawa Issei, el encargado del área administrativa de la empresa y Hanamaki Takahiro, el encargado del área de compras de la misma empresa, se conocieron, pareció estallar la mismísima tercera guerra mundial.
No podían estar de acuerdo en absolutamente nada. Si uno decía sí, el otro diría no. Así, nada más, porque no y punto y te callas. Si uno decía blanco, el otro diría azul porque "no me gusta el negro y mucho menos el blanco" y bueno, la cosa se entiende.
Cuando Hanamaki lograba tener un buen proveedor, buenos precios y ver todas las ganancias futuras, Matsukawa le pondría tantas pegas para no aprobar los pagos, alegar que podría esforzarse en conseguir mejores precios y que como empresa nueva no estaban para derrochar dinero que pondría a Takahiro al borde del colapso nervioso.
Matsukawa es frío, calculador, no gasta palabras, roza en lo arrogante y su orgullo anda por Plutón aunque este no sea más un planeta. Hanamaki es antipático, inteligente, retorcido de muchas maneras, altivo y su puta madre va a intentar pisotearlo.
La cosa es que no se llevan bien entre ellos y con nadie en general. La mayoría de sus colaboradores están tan asustados que prefieren mantener el contacto al mínimo. Así que de una u otra forma, ellos son sus mejores conocidos en esa empresa aunque sea sólo para putearse el uno al otro.
Fue como una conexión desde el primer momento que se presentaron. Se vieron de arriba abajo con una mueca de alguien que huele mierda y no ocultaron esa sensación de odio mutuo en ningún momento.
El malestar en sus estómagos era tal que aunque lo hayan intentando al principio, no pudieron fingir cordialidad en ningún momento.
Habían llegado a los golpes en una ocasión. Ninguno de los dos recuerda el motivo exacto y tampoco es como si necesitaran alguno. Fue un comentario fuera de lugar y lo que todos recuerdan es que estaban en el suelo de la oficina, rodando de un lado al otro soltando puñetazos a diestra y siniestra. Era Hanamaki aferrado al cuero cabelludo de Issei hasta arrancar mechones oscuros. Es Matsukawa intentando aferrar sus manos en el cuello de Takahiro hasta al menos dejar moretones que no olvide en un par de semanas.
Es el balde de agua fría que uno de sus compañeros les tira encima.
—¡Cálmense par de pendejos! —brama su compañero, Iwaizumi creen recordar, antes de jalarlos a ambos por el cuello de sus camisas medio destrozadas y darles el sermón más extenso de su vida. La vena de su cuello parece a punto de reventar y aprieta los puños en sus antebrazos intentando contener la picazón que le provoca el deseo de molerlos a puñetazos.
Es terriblemente imponente a pesar que ambos son mucho más altos que Hajime, pero ese fuego en sus ojos es capaz de acobardar hasta el más valiente.
Sus compañeros en un acto de bondad que ninguno merece, y porque el uno lejos del otro realmente los hace muy buenos en su trabajo, prometen no decir nada a los altos mandos si esa escena no vuelve a repetirse nunca y ellos prometan intentar llevarse mejor.
Y a veces la cura es peor que la enfermedad.
2
La cosa es que para evitar enfrentarse, comienzan a ignorarse. Y si todos en aquella oficina creían que antes el ambiente era tenso, ahora es mucho peor. El ambiente se siente cargado con deseos homicidas, muchos sientes hasta ganas de echarse a llorar sin motivo aparente y hasta el mismo Iwaizumi siente ganas de matar a alguien de vez en vez al pasar mucho tiempo encerrado en aquella oficina.
Pero siempre hay alguien inmune, o demasiado idiota, como para preocuparse por ello.
—Lo suyo es pura tensión sexual —comenta un día Oikawa, uno de los compañeros de Hanamaki en el departamento de compras. Y en realidad de lo dice a Matsukawa porque debe hacerle de recadero sino quiere verlos rodar de nuevo por la oficina.
Todo lo que obtiene es una mirada vacía, un alzamiento de cejas y un "cierra la boca" que nunca es pronunciado.
Oikawa no luce para nada sorprendido. Ni intimidado.
—Piénsalo detenidamente —juguetea con esos papeles tan importantes que Issei tanto necesita en ese momento, pero que parece que no podrá obtener hasta que el otro termine su monologo—. Desde el primer momento hay un deseo que les quema las entrañas a ustedes dos. Ese deseo de gritarse el uno al otro porque no pueden decir "quiero follar, aquí, ahora, sucio y duro en el cuarto de mantenimiento" así que van y se gritan, se pegan y se joden el trabajo el uno al otro. Todo muy adulto. Como si follar no fuera la solución a todo —asiente conforme con su explicación, muy pagado de sí mismo.
—¿Terminaste? —Gruñe Matsukawa, no queriendo ni considerar lo que Oikawa insinúa.
Una sonrisa gatuna se extiende en los labios del castaño, aunado a un brillo malicioso en sus ojos.
—Bueno —deja salir un suspiro derrotado, dejando al fin los papeles en el escritorio y volviendo a sonreír de forma predadora—. Si tú no lo quieres…
Deja la frase al aire, pero Matsukawa sabe leer entre líneas.
Me lo quedo yo.
3
Las cosas, sorprendentemente, no mejoran ni un poco.
Hanamaki no entiende porque de pronto Oikawa es demasiado empalagoso con él, haciéndole hasta la pregunta más estúpida con tal de no darle un segundo de respiro. Le sigue hasta para hacer una fotocopia y si no le ha soltado un golpe es porque no quiere más problemas.
También está la situación con Matsukawa que si bien sigue sin hablarle directamente, le lanza miradas afiladas cada tanto. Está seguro que si las miradas mataran el no estaría muerto aún, pero habría sido torturado de las formas más creativas que puede tener el ser humano. Todo eso le tenía enfermo y de malhumor y está seguro que en cualquier momento estallaría.
—No sé qué hacer —masculla un día que puede escapar de la molesta presencia de Oikawa y la venenosa mirada de Issei.
Iwaizumi, que está a su lado y desde la vez del sermón hace de terapeuta para que no se vuelva loco, sólo arquea un poco las cejas, sin entender muy bien.
—No he hecho nada para que me miré así y luego Oikawa… creo que quiero matarlo —tan concentrado está en sus pensamientos, que ignora como Hajime rueda brevemente los ojos ante la mención del castaño.
—Sólo ignórale, es idiota por naturaleza, como ustedes dos —contestó con fastidio Iwaizumi, prendiendo un cigarro.
—¿Qué quieres decir?
—Un idiota me lo dijo y por eso no quería creerlo, pero entre más lo veo, más me doy cuenta que es verdad.
—No te endiento —gruñó molesto Hanamaki.
—Lo que ustedes dos quieren es follar. La vez que los vi pelear mi primer pensamiento, en realidad, fue que estaban follando en medio de la oficina —dio una calada a su cigarro y expulsó el aire con pereza—. La forma en que se agredían no eran agresiva, más bien frustrada es una buena forma de describirlo.
—Eso no tienen ningún…
—Piensa un poco Maki, no eres estúpido. ¿Qué sientes cuando vez a Matsukawa? ¿Qué sientes realmente?
Iwaizumi levantó la mano cuando el otro parecía querer responder.
—No me digas. Ve a casa hoy pensando en ello.
Takahiro vio cómo Hajime volvía al interior del edificio. La hora del almuerzo había terminado pero él no tenía prisa alguna por volver.
Meditó mucho sobre esas palabras, en la oficina, en los intervalos que Oikawa no pululaba por ahí. En su camino a casa, en la ducha. Con la erección entre los dedos y el producto de su orgasmo secándose en su estómago.
—Mieeeeeeeerda —jadeó al darse cuenta de la realidad.
4
—Que incómodo es esto —lloriqueó Oikawa en el hombro de Iwaizumi, ambos en el cuarto de descanso sirviéndose un poco de café.
—Fue tú idea —gruñó su compañero—. Plantar una idea y dejar que germine. Ahí están los resultados.
Oikawa nunca esperó que funcionara tan bien. No esperaba que funcionara, punto. Lo que esos dos tenían era odio puro, sin duda. Pero intentar desviar su atención a otros rumbos más productivos sólo por diversión y para intentar aligerar el ambiente ahora parecía bastante contraproducente.
Mientras Matsukawa se empeñaba en sus miradas asesinas desde la distancia, Hanamaki se esforzaba como más podía para no estar en su rango de visión, no hacer contacto visual y, en general, no tener contacto con Issei.
—Mira, como terminen follando en medio de la oficina, te castro —amenazó Iwaizumi antes de abandonar la habitación dejando a Oikawa con un sudor frío. Es que a ese paso o follaban o se mataban, ya no había de otra.
5
Matsukawa estaba tan poco concentrado en su trabajo que la última semana no le había quedado de otra más que hacer unas cuantas horas extras para lograr terminar y que todo cuadrara. Más que cansado estaba frustrado. Las estúpidas ideas que Oikawa le había metido en la cabeza no dejaban de taladrarle, todos los días, hora tras hora. Verle tan pegado a Hanamaki hacía que algo hirviera en su interior y juraría que nunca antes se había sentido de esa forma. No se le había pasado ni remotamente por la cabeza esa opción y ahora era lo único en lo que podía pensar.
Le jodía ver que Hanamaki podía poner esa expresión tan relajada, que su ceño fruncido no era perpetuo y que hasta se le podía escapar una que otra sonrisa si se hacía el comentario adecuado. Algo que nunca sucedió cuando estaban sólo ellos dos. No es de extrañar dada la naturaleza de su relación y aún así no era capaz de comprender de dónde venía ese sentimiento tana agobiante.
Iba caminando por los pasillos de la oficina, decidido a sacar esos pensamientos de su cabeza cuando la luz de una oficina le distrajo. A esas horas se supone que era el único ahí, por lo cual no supo cómo reaccionar al ver a Hanamaki tan concentrado en su trabajo. Sentía que tenía días sin verle y se detuvo un momento para recrearse en su imagen, tan serena, con un aire tranquilo y maduro que nunca mostraba frente a él. Sus cabellos un poco desordenados de tanto pasar su mano entre ellos, de ese color tan único. El perfil de su rostro a contra luz le daba un aire etéreo y que se mordisqueara de esa forma los labios provocaba que sus pantalones de pronto se sintieran muy ajustados.
Respiró hondo porque sabía que eso iba a terminar muy mal pero si seguía solamente aguantando las ganas iba a morir de frustración.
—¿Trabajando hasta tarde? —se dio un diez por lograr que su voz saliera tan tranquila y pausada, aunque no evitó sentirse nervioso hasta la medula.
Takahiro dio un respingo en su asiento, sorprendido por tener compañía.
—Es lo que hay —contestó encogiéndose de hombros de forma casual, aunque escuchaba a su corazón latir en sus oídos.
El silencio fue algo pesado después de aquello, ninguno sabía muy bien cómo continuar sin pullas. Era terreno desconocido y no sabían cómo enfrentarlo. Ambos se llevaron un susto de muerte cuando el celular de Maki comenzó a sonar.
—Maki-chan, Maki-chan —chilló la voz de Oikawa al otro lado del aparato.
—Oikawa —medio suspiró, medio gruñó Hanamaki, agobiado por la llamada.
Algo en el estómago de Matsukawa volvió a retorcerse de coraje. Pudo escuchar claramente el "Maki-chan" del otro lado de la línea. Esas eran demasiadas confianzas para los compañeros de trabajo.
No escuchó ni notó cuando el otro cortó la llamada con un seco "Oikawa, no". Solamente se quedó con el inicio de la misma y el mal sabor de boca.
—Parecen llevarse bien —escupió Matsukawa al ver que Hanamaki recogía sus cosas.
—Lo normal —le restó importancia, continuando su tarea.
No se dio cuenta cuando Issei entraba a la oficina y cerraba la puerta con cerrojo.
—¿Ya lo han hecho? —continuó Issei una vez dejó sus cosas en el suelo y se acercó lo suficiente para atrapar el cuerpo de Hanamaki entre el escritorio y su propio cuerpo.
—¿De qué…?
—No dudo que ya te haya jodido en esta oficina —interrumpió, cegado por el enojo.
—No sé de qué me hablas, pero aléjate.
Hanamaki levantó ambas manos en un intento por empujar el cuerpo contrario. Intento que se vio frustrado cuando Matsukawa, en un simple movimiento, tomó ambas muñecas y las dejó sujetas contra el escritorio.
—Qué más da que me dejes joderte yo también —besó el cuello del otro, logrando un escalofrío y un suspiro medio reprimido.
—Sabía que eras un idiota —comentó Hanamaki intentando ignorar la corriente de placer que atravesó su cuerpo—, pero no pensé que a este punto.
Issei, molesto por el comentario, hizo chocar su pelvis con la de Takahiro, arrancando en ambos un jadeo de placer al chocar también sus entrepiernas, ya listas y dispuestas para todo.
—Tu cuerpo parece opinar de otra forma —continuó moliéndose contra el miembro del otro, abrumado por la sensación. Sus manos que antes retenían las muñecas de Hanamaki, ahora se dedicaban a acariciar sus manos e intentar colarse por las mangas de la camiseta. Sus labios se debatían entre marcar la piel de su cuello, mordisquear su oreja o ir de una vez a sus labios.
—Mi cuerpo también es medio idiota —jadeó ante una nueva embestida, anclando sus piernas a la cintura de Issei hasta no dejar casi ninguna separación entre ellos—, pero si pusieras realmente atención notarías que con quien anda jodiendo Oikawa no es conmigo —se interrumpió un momento cuando el ángulo de los movimientos cambiaron, ahora en vez de ser embestidas continuas, Matsukawa había optado por dejar los miembros juntos y balancearse de forma circular—. Joder, Issei —lloriqueó su nombre sin poder evitarlo—. Iwaizumi es quien se jode a Oikawa… muévete más rápido.
Es todo lo que necesito Matsukawa para poder hacer movimientos más brutales con sus caderas, para meter sus manos entre la ropa de Hanamaki, sacando la camisa de entre el pantalón y tocar toda esa piel que se antojaba tersa entre sus dedos. Fue también como si fuera lo que necesitara escuchar para al fin asaltar esa boca que tan loco lo volvía. Mordisquear esos labios hasta dejarlos más rojos y húmedos, chuparlos un poco hasta por fin colar su lengua y probar todo ese calor que Hanamaki le entregaba tan de buena gana.
Las manos de Hanamaki se perdieron en el cabello de Issei, sintiendo la textura suave del enmarañado cabello oscuro que antes había querido dañar. Sus caderas se movían al compás de las contrarias y su miembro se sentía tan húmedo y duro a pesar de las capas de ropa.
El orgasmo les sobrevino fuerte y duro, abrazándose con más fuerza, las piernas y manos de Takahiro uniéndolos hasta no dejar un milímetro de distancia, ahogando sus gemidos en la boca contraria.
Cuando al fin pudieron dejar de besarse, largos minutos después de haber terminado, ambos se observaron con la respiración jadeante, los labios húmedos y rojos y la ropa incómodamente pegadas a su cuerpo.
—Vengo en auto —comentó Hanamaki, como quien no quiere la cosa—, y tengo lavadora en casa… por si quieres ir un rato.
Por supuesto que Matsukawa quería ir. Pero su mejor respuesta fue hundir nuevamente su lengua en la calidez de la boca de Maki, tomando su rostro por las mejillas, en un beso más tranquilo pero no menos apasionado.
Issei tampoco comentó que él también hacía ido en auto ni contestó a las provocaciones de Oikawa al día siguiente de porque traía la misma ropa. No cuando ahora que siempre que mirada hacia Takahiro, este le regresaba la mirada con una sonrisa.
Y pues eso, cuando me despierte termino el número 15 y alá, byebye.
