Bueno, es cortito, lo sé. ¿Qué quieren que diga? No sé qué pensaba cuando puse una temática así.
Pero bueno, hemos llegado al final niños. ¡Dobby es un elfo libre! (?)
Muchas gracias por acompañarme en este viaje. A los que comentaron, a los que no, a los que dieron follow/fav -que el follow es una mierda, en serio ¿de qué sirve ponerlo en un one shot? no tiendo las ganas de NO dejar un puto review... pero me rendí con ustedes- a los kudos, bookmarks... en fin, a todos y todos en AY, FFnet y AO3.
Tardé más de la cuenta no sólo porque me fallaran con los drabbles a mi, aunque una se acostumbra a esas cosas, sino porque realmente a veces falta motivación. Digo, inspiración tengo para aventar pa' arriba, 'palante y pa' todos lados. Pero realmente, y aunque muchos lo consideren inútil, sino hay comentarios, sino hay entusiasmo por parte de alguien más, una no lo puede mantener. En serio, no mantento ni el interés en mi vida, así que ya sabrás. No reviews no es sólo mi falta de motivación, sino que se desvaneciera el propósito inicial.
Duele que te fallen tantas veces.
EN FIN, que esto se me alarga más que el drabble
¡Gracias por todos niños! Nos veremos de nuevo. De mi nadie se pinches deshacen, hagan el puto favor.
(?)
15.- Iwaizumi x Oikawa: La guerra está muy lejos de terminar.
Cuando era niño, a Oikawa siempre le habían dicho que él estaba destinado a ser un rey, a realizar grandes cosas, a estar en la cima de todo y todos porque tenía el talento y la capacidad. Creció escuchando todas esas cosas, poniendo todo su esfuerzo en lograr sus objetivos sin que nadie se atravesara en su camino.
Sin embargo, conforme fue creciendo y conociendo a más gente y sabiendo cómo funciona realmente el mundo, se sintió miserablemente estafado. Ni hablar cuando tuvo de frente a Kageyama Tobio. Pensaba, seriamente, que Tobio era quien estaba destinado a llevar por lo alto el título de rey. Con su talento innato, su capacidad de superar a quien fuera con el mínimo de esfuerzo. Esos enormes ojos fácilmente impresionables y su rostro de no haber roto un plato en su puta vida le daban ganas de estamparle el puño en la cara.
Se sintió mucho peor cuando, creyendo que Tobio nunca llegaría a nada por su terrible personalidad, apareció Hinata Shouyo. Hinata y su enorme boca incapaz de sentir rencor por nadie. Hinata y su enorme boca capaz de traerlo de regreso a la realidad. Diciendo que el pasado no importaba y que tener un sobrenombre como "rey de la cancha" era genial sin importar el motivo. Hinata que era capaz de hacer que todos le miraran y trabajaran por y para él. Por mucho que a veces pareciera un bufón, Oikawa pensaba en Hinata como la reina del tablero, la que es capaz de hacerlo todo y defenderlos a todos porque tiene el poder. Quien era capaz de tener al rey, Kageyama en este caso, a su voluntad. Le enervaba pensarlo y no se molestaba ni un poco en ocultar su apatía.
Él, por otro lado, no tenía una reina. Era más bien un rey solitario destinado a comandar un ejército y ganar muchas batallas. No así la guerra.
Pero llegados a este punto, no le molestaba. Porque si bien no tenía a una reina, tenía a un ogro gruñón que le daba de golpes cada tanto. No tenía ese sol que acaparara la mirada, pero tenía al dragón del cuento a sus pies, regresándole a la realidad con sus golpes y sus palabras.
Oikawa podía verse a sí mismo reflejado en Kageyama. Sin Iwaizumi a su lado, habría hecho un montón de tonterías. Tendría un carácter mucho peor del que ya lo tiene. Sería más tiránico, frustrado por no ser el mejor, por no tener el talento. Se veía solo y abandonado porque nunca sería capaz de comprender que no tiene que resignarse a una lucha en solitario, sino que siempre habrá alguien ahí para ayudarle a levantarse, para darle ánimos y poder seguir luchando, sin nunca rendirse fuera cual fuese el resultado.
Pero Iwaizumi se lo dijo ¿no? En la cancha hay seis personas, no es una lucha que vaya a ganar solo. Así que hizo lo mejor que pudo. Entrenó y mejoró. Se tragó la frustración y le hizo ver al mundo que no es un genio, pero aun así puede llegar a ser el mejor y puede hacer que todos los que estén de su lado sean los mejores, que saquen lo mejor de sí y trabajen como nunca creyendo ser capaz de hacerlo.
Se alegraba de tener a Iwaizumi siempre gritoneándole al oído y aunque le molestaba, también se alegraba un poco que Tobio encontrara de alguna forma su camino.
Dejó de lado el título de rey que tanto le habían repetido de niño. Iwaizumi decía que era más una diva gruñona, la bruja mala del cuento. Nunca tenía palabras amables para sus enemigos, les deseaba generalmente lo peor sin tentarse el corazón. Le llamaba desalmado, basura, cretino.
Y aun así, seguía a su lado. Porque si hay algo que Iwaizumi entiende, es que Oikawa es así con sus enemigos. Desea verlos destruidos para que, al final, sean ellos -tooooodos ellos, porque son un equipo, juntos, siempre- los que se coronen como reyes. No son un rey y una reina. Son ejercito unido. Un ogro mandón, una diva frustrada, un puñado de caballeros con sus propios demonios, pero leales a la causa. Un engranaje que aprendió a moverse a la perfección, aunque a veces haya algún rebelde por ahí suelto.
La frustración no se va, por supuesto, pero Oikawa se aferra a su orgullo, se aferra a Iwaizumi quien, aunque no lo dice, siempre se mantendrá a su lado. Y sigue adelante porque, en realidad, la guerra está muy lejos de terminar.
Y eso...
