7. Sueños
Muchos Años Después…
El aire suave del atardecer le trajo a Sátur el conocido aroma del tinte que usaba para las plumas rojas de sus queridos pupilos y abandonó el porche de la casa para recibirles. Entrando ya en el establo con su caballo blanco de la brida se hallaba Gonzalillo, embozo quitado y capa en la mano.
- Sátur voy a darle de beber a "Cabriola", el plan ha salido bien. Ahora necesitamos empezar con la segunda parte. Ahí llega Laura, en casa te contaremos los detalles.-dijo el chico que tanto se parecía a su amo cuando era joven, dándole una afectuosa palmada en el hombro y señalando al borde del camino, hacia otra figura esbelta embozada montada a caballo.
- ¿Pero mi niña está bien?-preguntó el criado de la familia algo preocupado.-¡Porque habéis tardao mucho, que mi Gianina le ha hecho ya dos tilas a tu madre!
- Lo siento, hemos tenido que dar varios rodeos para evitar que no nos siguieran a casa los guardias. Uy… tío Sátur… Que no te oiga mi hermana que la llamas "niña" que menuda te espera.-contestó el espigado joven negando con la cabeza.-Toma.-le tendió la capa del traje de "Águila Roja".-lleva esto a la guarida. Voy a avisar a mi padre para que suba. Necesitamos su consejo para la acción de mañana.
- Laurilla nunca se ha quejao de que yo la llame "mi niña".-protestó Saturno García quejoso.
- Pues debes ser el único a quién todavía se lo consiente…-rio el chico desde dentro de la cuadra.
Sátur hizo un gesto de negación con la mano y al volverse hacia el camino de nuevo, vio que Laura estaba ya a su altura, desmontando con soltura de su caballo cobrizo, "Fuego".
- Tío Sátur ya está hecho. Hemos irrumpido en ese almacén ilegal y hemos distribuido los alimentos entre el pueblo… Tenemos que trazar un nuevo plan de ataque contra esa gentuza, pero para eso mejor que nos ayude padre, él es el mejor estratega de la familia…-la chica de brillantes ojos negros caminaba a su lado, alegre.- Mi hermano se cree muy listo, pero todavía tiene mucho que aprender…
"Pluma Roja" pensó Sátur. De los piés a la cabeza heroína. Su niña querida. Todavía se le hacía extraño verla vestida como si fuese un hombre. Con pantalones de montar ajustados, el coleto de cuero, el embozo ligeramente distinto al de su hermano y la capa granate, en vez de gris.
Ajena a sus pensamientos, su Montalvo-Hernando preferida, la niña de sus ojos, se quitó el embozo y se bajó la capa dejando asomar su larga trenza de pelo azabache, exacto al de su madre, que cuando salía a pelear contra las injusticias, siempre llevaba recogido en una larga trenza.
- He dejado una de ellas en tu honor.-dijo mostrándole una de las plumas rojas de pato que él tanto se esmeraba en teñir para ella.
Gonzalillo no era muy de gestos. Había salido más a su padre: taciturno, de adentro, no muy efusivo… Pero Laurilla era más expresiva, más para afuera, más de demostrar su fuerza al mundo, igualita que su señora madre. Pero además con el entrenamiento en las artes orientales que le había proporcionado su padre durante tantos años, era una fuerza imbatible de la naturaleza. Espigada y rápida como un rayo.
El amo y la señora nunca hicieron distinciones entre ninguno de sus hijos. Los educaron a todos por igual, sin importar si les nacieron varones o hembras. A Sátur se le hizo un poco difícil comprender que su amo enseñara a Laura a pelear, a montar a caballo y las mismas artes orientales que primero hizo con Alonso y Gonzalo cuando tuvo la edad suficiente. Él pensaba que el lugar de una joven de buena familia era su casa, aprender un buen oficio, como el de costurera de su señora madre, y esperar a encontrar un buen hombre para casarse bien. Así era la pequeña Irene, que le gustaba cocinar y hacer trabajos manuales con flores. Pero Laura no parecía compartir su opinión y eso a él le preocupaba mucho. Porque la niña les había salido muy buena si, muy aguerrida, también, muy buena costurera y trabajadora de las telas si… Pero demasiado heroína. Salía todas las noches a ayudar a su hermano como compinche, escudera y ayudante. Y se hacía llamar la "Pluma Roja" manda narices que a él nunca se le ocurriera ponerse un nombre de guerra, pensaba el antiguo postillón.
A Laura le encantaba lo de dejar las plumas a su paso, su preciosa sonrisa se iluminaba bajo el embozo cuando los niños del pueblo las recogían del suelo y se las guardaban. Y todo lo que ella le pedía, a Sátur le faltaba tiempo para concedérselo. Había sido así desde que nació.
- Cuántas veces le pregunté a tu señor padre que de donde las sacaba y ahora soy yo quien me veo arrancándoselas a los patos del granero y metiéndolas en barrica de tinte rojo cochinilla para que estén a punto jajajajaja.- rió alborozado.-Que los pobres patos salen corriendo en cuanto me ven entrar…
Laura de Montalvo rió musicalmente ante la ocurrencia.
- Muchas gracias tío Sátur.-dijo pasándole el brazo alrededor de los hombros.- Cuéntame más cosas de cuando papá era el "Águila Roja" y tú su fiel escudero. Sabes que me encanta escucharlas. Son mis favoritas.
- Lo sé mi niña, lo sé…-continuó Sátur haciendo aspavientos.-Ay si tu difunta abuela te viese ahora mismo… Desciendes de una Reina francesa, con esa estampa que que que… Tenías que salir guerrera, mi niña… Con tanta sangre Montalvo de Montignac esa corriendo por tus venas y la sangre Hernando que tampoco se queda atrás… Es que te miro y…-se tapó la boca visiblemente emocionado.-Es que hace cuatro días que te llevaba al caballito y mírate ahora mi guerrera heroína que da gusto verte…
La chica volvió a esbozar una sonrisa y sus ojos oscuros se iluminaron.
- Mi abuela habría estado tan orgullosa de mí… Me habría encantado conocerla. Mientras vamos a reunirnos con padre cuéntame más cosas de ella…
- Claro. Mi Laurilla claro… ¿Tu qué quieres saber?
Laura de Montalvo Hernando levantó la vista al cielo y suspiró.
- Tantas cosas, mi querido Sátur. Tantísimas cosas…
De pronto, Pietro García Girandelli irrumpió corriendo en la cuadra, justo cuando Laura terminaba de meter al caballo y sacar todas sus cosas de las alforjas. El chaval espigado, de dieciséis años se quedó quieto mirándolos.
- ¿Qué hacéis aquí de cháchara con lo tarde que es…? Tu padre y Gonzalo os están esperando arriba desde hace rato…
- Ay hijo mío, es que se nos ha ido el santo al cielo…-se disculpó Sátur.
Laura esbozó una sonrisa en dirección al muchacho y éste se quedó como embobado mirándola. Sátur se percató de ello de inmediato *ya estamos echándole miraditas a la niña* pensó taciturno. No es que él tuviese nada en contra de que su hijo se empezara a fijar en las mocitas, pues al fin y al cabo estaba entrando en la adolescencia. Su muchacho era gallardo, alto y moreno. Era incluso guapo, porque se parecía más a Gianina que a él. Pero a Saturno le hubiera gustado que se fijara más en Irene, que era más tranquila, más dulce, más de su edad y encima le hacía ojitos a su chico. Cosa que él se empeñaba en no ver, obsesionado como estaba con la hermana mayor. Sátur sabía que Laura era un espíritu libre y que no miraba a su hijo como él querría que hiciera y en cierta manera, eso le apenaba. Pero para Laura, Pietro sólo era un chiquillo, seis años menor que ella. Así que le propinó un pescozón en la nuca al tonto de su hijo para ver si así lo hacía reaccionar.
- Vamooooooooos atontaooo desensilla a los caballos, ponles agua y dales de comer ¿Qué pa eso has venío, no? ¡Espabila, que es pa hoy!
- ¡Ya voy padre!-dijo el zagal como saliendo de golpe de su ensoñación.
El chico pasó al lado de Laura y le dedicó una última miradita, frotándose la nuca para aliviarse el dolor del pescozón.
- Ay que joerse…-musitó Sátur por lo bajito.
- ¿Qué dices tío?-preguntó Laurilla mirándolo con interés.
- Na, digo. Ná de ná. Venga vámonos pa la guarida... Que me está entrado un dejais vuus de esos que…-dijo cogiéndola del brazo para encaminarla a la salida.
- Se dice "Dejà vu" tío Sátur…-apuntó Laura solícita.
Lo del médico, la señora y el amo no iba a ser nada, comparado con lo que se le venía encima a esta juventud pensó Sátur. Y encima dos chiquillas para un chiquillo, con lo complicadas que son las mujeres para lo del amor.
- Y tú y yo ya hablaremos.-le dijo a Pietro enfadado.
- Pero yo ahora ¿qué he hecho?- preguntó el chico confundido, mientras desensillaba a "Fuego" y le soltaba la brida.
- Ná, de momento...-terminó su padre críptico.-Pero ya te estaré yo vigilando de cerca…
Pietro siguió cepillando al caballo sin comprender que le había dado a su padre ahora, pero pensando que lo mejor era callar. Laura los miró a ambos alternativamente sin comprender nada. Y después empezó a caminar hacia la puerta de la cuadra.
- Bueno, yo voy a ir entrando…
- Y yo también. Anda vámonos…-dijo Sátur.
Cruzaron juntos la puerta que daba al salón y dejaron a "Fuego" y "Cabriola" en compañía de Pietro. Después continuaron hasta el piso de arriba, a la guarida del desván.
Los jóvenes Gonzalo y Laura, con la inestimable ayuda de su padre y de Sátur seguían preservando vivo el legado del "Águila Roja", el héroe del pueblo, ayudando a todo aquel que lo necesitaba. Luchando contra la injusticia allí donde y cuando se encontrara.
Un legado que siempre sería eterno, que se transmitiría de padres a hijos durante generaciones, porque los grandes sueños son así, eternos.
FIN
Dedicado a Josepa y todas las chicas de "Gonzalo y Margarita" en Facebook y a Lorena y todas sus "Aguiluchas Team" porque ha sido un placer conoceros, y porque si no me hubieseis animado a poner mis pensamientos por escrito, nunca lo habría hecho. Muchas Gracias ^^
