Desde que sacó la espada de la piedra, la amable joven siempre estuvo sola.

¿Fue por el haber sacado la espada? ¿Fue por ser el rey perfecto? ¿fue por el odio e insultos de sus súbditos que estos no se atrevían a decirla? ¿quizás fue su destino por ser literalmente parte dragón?

Nadie lo supo. Ni Merlín conoció la verdad.

Lo único que él sabía era que lo estropeó todo.

La chica había sido criada desde joven para ser el rey perfecto. Días enteros practicando con la espada sin parar y noches en las que entrenaba para su futuro puesto en sueños con él. Cualquiera podría decir que no descansaba en ningún momento.

Él y Uther trataron de salvar al país haciendo artificialmente a un rey parte dragón y parte humano, el rey más fuerte que defendería Gran Bretaña de los invasores. Uther tuvo un bebé en un matrimonio sin amor con la esposa elegida para llevar al futuro monarca, al que modificaron.

Y ahí estuvo su error.

Solo un humano puede entender a un humano. Y por lo tanto, Arturia no podía entender los sentimientos humanos.

Era el rey imbatido e inmortal, portador de la espada sagrada Excalibur y la lanza sagrada Rhongominiad. Era el monarca que conocía gran cantidad de estrategias económicas y políticas para ayudar al país.

El rey perfecto. Demasiado perfecto.

El único objetivo y sueño que tenía Arturia era llevar a Gran Bretaña a la salvación. En ningún momento tuvo ningún pensamiento egoísta. Incluso tras escuchar del Santo Grial, solo trató de conseguirlo para que las tierras de su reino pudieran ser idóneas.

Ningún deseo de avaricia ni codicia. Todo para el país.

Pero a la edad de treinta y cinco años, tras volver a su hogar tras una gran multitud de batallas, la última batalla de Arturia tuvo lugar.

En la batalla de Camlann, específicamente en la pelea final contra Mordred, el rey no solo perdió un ojo.

Su reino destrozado y soldados muertos estaban delante suyo.

Esa fue la única vez que el solitario monarca lloró.

Bevidere llevó a su mentalmente destrozado rey a un bosque donde este último podría sanarse.

Pero no lo hizo, y como última orden, Arturia pidió a su caballero que echara la espada Excalibur al lago para señalizar su fracaso.

Y cuando se aseguró de que Bevidere hubiera cumplido su orden, el rey murió y se fue a Avalon.

¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía salvar Gran Bretaña?

Arturia se sentía miserable. Su único deseo era salvar su reino.

Entonces escuchó la llamada del Santo Grial.

Y sonrió.

La primera vez que la llamó, los resultados fueron nefastos. No pudo salvar su reino, malgastando la que probablemente sería su única oportunidad.

Pero la segunda vez...

El re- No. Arturia encontró algo más bello que cualquier cosa que jamás hubiera visto.

Encontró el amor.

Sabía que las probabilidades de que se volvieran a ver eran mínimas. Pues la persona que amaba no podría entrar en el reino de Avalon por sí solo, ya que solo a aquellos completamente libres de cualquier pecado les era permitido la entrada.

Pero la joven seguiría esperando. Esperando eternamente.

Pues confiaba en que Harry lo conseguiría.

Jardín de Avalon

Harry entró en silencio al despacho de Dumbledore, ni siquiera molestándose a saludar al anciano director.

-Buenos días, Harry- el profesor le ofreció su típico caramelo- ¿sorbete de limón?

El superviviente de la guerra negó con la cabeza y miró a Dumbledore a los ojos.

-¿Por qué me ha llamado, señor?- Preguntó en un tono bajo.

-Esta misma mañana, el ministro me ha concedido un permiso especial, y me gustaría que vinieras conmigo, Harry.

-Estoy en quinto año, profesor. ¿No sería mejor que me lo contara en algún otro momento para que no me perdiera clase? Al fin y al cabo, este es el año de los TIMOs- contestó Harry, pero Dumbledore simplemente le echó una mirada amigable y le ofreció su brazo, a lo que el mago suspiró- vale...

Los dos se aparecieron en uno de los callejones de Londres, no tardando en entrar al ministerio y coger varios caminos hasta llegar a...

-Ahh, el departamento de misterios- soltó Dumbledore mirando a su alrededor, observando todos los orbes que se encontraban en sus respectivas baldas- es curioso que un lugar que nos puede dar tantos conocimientos esté sellado al público, ¿cierto?

-...¿Son estas profecías?- Preguntó Harry mirando alrededor asombrado.

Dumbledore asintió y empezó a caminar, su estudiante siguiéndole de cerca hasta al final llegar delante de un orbe.

-Las profecías solo pueden ser sostenidas por las personas a las que se refieren, por lo que me temo que yo no podré entregartela, Harry.

"Eso significa que..." El joven se acercó y leyó la inscripción que tenía junto a ella.

CREADA POR MERLÍN.

REY ARTURO Y ¿?

El corazón le empezó a ir a cien tras haber visto ese nombre. ¿Una profecía acerca de Saber? El joven tragó saliva y miró a Dumbledore, quien asintió.

Harry la cogió, y una voz le susurró al oído:

El solitario rey atado a su puesto,

Siempre solo y jamás amado.

Más cuando logró conseguir lo que en el fondo de su corazón más deseaba,

El destino procedió a quitarselo.

¡Ay, Arturo! Cuan triste te debes sentir.

Mas no te preocupes, ya que el rencuentro puede ocurrir.

Pues una vez por una eternidad espere el solitario

Y el marcado por el destino jamás deje de perseguir,

Podrán los dos reunirse en el paraíso donde el rey descansa al fin.

-S-Significa eso que yo puedo... ¿Puedo volver a ver a Saber?- Se preguntó a sí mismo Harry, con lágrimas de alegría brotando de sus ojos.

-Desde que deducí que tú eras la otra persona a la que estaba dirigida esta profecía, decidí que no debía entregártela- le interrumpió Dumbledore posándole una mano en el hombro- no quería que siempre estuvieras esperando algo que quizás jamás llegara... Ni siquiera sabía en un principio lo que decía la profecía, por lo que también podría ser algo que te podría destrozar... Lo mejor y lo quería era que te olvidaras de Saber y que vivieras una vida feliz.

-Pero eso jamás pasará- declaró Harry con firmeza mirando a Dumbledore a los ojos.

-Ya lo sé, por eso te permití cogerla- respondió asintiendo el anciano director- desde la guerra, no has sido tú mismo Harry, y todo el mundo lo sabe. Remus, Sirius, el señor Weasley, la señorita Granger, las señoritas Tohsaka...- Hablando de las Tohsaka, a Dumbledore le sorprendió cuando las dos decidieron ir a Hogwarts a estudiar, ya que Rin le tenía bastante rencor. Pero las dos estaban siendo estudiantes modelo de sus respectivas casas, Ravenclaw (Rin) y Hufflepuff (Sakura)- están preocupados por ti. Créeme cuando te digo que preferiría que dejaras atrás tus sentimientos por Saber, pero no tardé en darme cuenta que eso sería imposible... Y hablo con experiencia.

Los ojos de Harry se pusieron como platos.

-¿Experien-?- Harry se dio cuenta de quién hablaba- Grindelwald.

Albus asintió.

-Los dos éramos unos genios y los magos más poderosos de nuestra generación. Nos pasábamos tardes enteras hablando de cómo conseguir nuestros objetivos y al final... Acabé encontrando sentimientos que deseé no tener- Dumbledore parecía melancólico- entonces nos enteramos de la guerra del Santo Grial, y decidimos cuál sería nuestra estrategia desde el minuto cero. Yo invocaría a el rey Arturo con un catalizador, el cual mataría a todos los servants y al final moriría como sacrificio, y Gellert invocaría a Assassin, quien nos daría el Santo Grial... Y eso ocurrió. Gellert consiguió el Grial y deseó obtener un gran poder- el anciano se estaba poniendo cada vez más pálido- Después, él deseaba aún más fuerza y quiso que nos fueramos de viaje a conseguir unas reliquias mágicas muy poderosas... Pero mi hermano intentó hacerme entrar en razón, y un duelo empezó, el cual se cobró la vida de mi querida hermana, Ariana. Solo recuerdo una fuerza oscura que rodeó a Ariana... Y todo se acabó- Dumbledore empezó a llorar- tardé tiempo en pelear contra Gellert, demasiado tiempo... Tuvieron que pasar décadas para que decidiera enfrentarme a él y solo pude derrotarle gracias a el catalizador de Saber, mi querido Fawkes y mera suerte.

-Profesor...

-Lo que te quiero decir, Harry... Es que aunque Saber se haya ido y te hayas hecho incluso más famoso por haber derrotado a Voldemort de una vez por todas, deseo sobre cualquier otra cosa que vivas... Así que hazle un único favor a este anciano, Harry. No dejes que el haber perdido a Saber te consuma y te obsesiones con reunirte con ella. Por favor, vive- Harry asintió y el director soltó una risa- hay otra razón por la que conseguí derrotar a Gellert en ese duelo.

Albus puso sus manos en su pecho y... Un haz de luz prácticamente cego a Harry.

-¿Qué es eso?- Preguntó Harry observando la especie de vaina que tenía delante.

-Este es el catalizador de Saber, la vaina de la legendaria Excalibur y el lugar donde de dice que el rey Arturo descansa. Esta reliquia sagrada es Avalon- los ojos de Harry se volvieron a agrandar- solo fue gracias a que conseguí retener con magia algo de la esencia de Saber durante años que Avalon funcionó y pudo curar mis heridas en batalla. Desde entonces, la he guardado conmigo para asegurarme de que nadie abusaba de su poder, pero ahora... Y yo te la entrego ahora a ti Harry, para que, aunque solo sea por un poco, las posibilidades de que te vuelvas a encontrar con Saber aumenten.

Jardín de Avalon

-¿En serio piensas que puedes vencerme?- Preguntó Delphini Riddle a su oponente, el legendario mago de veinticinco años, Harry Potter.

Se encontraban en la caverna donde el Grial mayor se encontraba. Ron, Rin y Sirius se encontraban peleando contra varios miembros de los nuevos mortífagos mientras que Sakura, Hermione y Remus trataban de destruir la barrera creada por Delphini que impedía que pudieran acercarse al Grial.

¿Y Harry? Bueno, él estaba, como ya era lo habitual; enfrentándose al mago oscuro más poderoso entre los enemigos.

Cuanto daría por tener a Dumbledore con él, pero el anciano director murió tres años atrás por vejez.

-No pienso vencerte. Voy a vencerte- soltó Harry cogiendo su varita firmemente mientras esquivaba los latigazos del corrupto grial. No sabía lo que eran esas cosas, pero eran muy rápidas, no le dejaban acercarse a Delphini y no tenía ni la más mínima intención de ver que pasaría si lo tocaba.

Ah, Delphini. Y pensar que Tom tuvo una hija con Bellatrix Lestrange solo un poco antes de que él naciera... Más bien, lo extraño era que Riddle tuviera una hija, pero bueno.

Estaba tan loca como su padre. Deseaba utilizar el Santo Grial para revivirle. Pero justo antes de que empezara la guerra, él y su grupo de amigos decidieron desmantelar el Grial, lo que les llevó a la situación en la que estaban.

Con Delphini teniendo detrás atrapado al homúnculo de los Einzbern y utilizando el poder del Grial para tratar de acabar con él.

-¿Acaso no deseas que empiece una nueva guerra?- Le preguntó la chica de pelo plateado a Harry, quien estaba usando magia de refuerzo en su cuerpo para esquivar todos los ataques que se acercaran a él- así podrías volver a invocar a Saber... Tu Saber.

Pero Harry negó con la cabeza.

-Claro que me gustaría ver a Saber por encima de todas las cosas, pero... Estoy seguro que si la invocara en un mundo destrozado por tus acciones, estaría demasiado enfadada conmigo como para que tuviéramos una cita- contestó Harry rodando a un lado para evadir otro ataque.

"¡Esta es mi oportunidad!" Pensó el joven al ver a Delphini desprotegida. Utilizó magia de refuerzo para acercarse y...

Se cayó al suelo.

"¿¡EN SERIO, POTTER!?" Se gritó a sí mismo Harry, volviendo a levantarse para caerse una vez empezó a caminar "pero qué... Ah"

El grial le había cogido de los tobillos, los cuales ya no sentía.

Y el líquido producido por este le envolvió completamente.

ODIO... ODIO...

"¿Q-Qué?"

Muerte, Asesinato, robo, homicidio, violación, abuso a menores, abuso sexual, racismo, atraco, venganza, traición, codicia, rencor... MUERTE, MUERTE, MUERTE.

La oscuridad le cegó por completo.

MUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSA

"Oh, ya veo... Así que esto es todos los males de este mundo, Angra Mainyu" iba a morir, eso era algo seguro. Lo único era que antes sería torturado con todas esas imágenes. Con todas esas imágenes terroríficas que no paraban de venirle a la cabeza.

MUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREMUEREASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAASESINAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAVIOLAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSAABUSA.

Harry iba a cerrar los ojos cuando...

"No te rindas, Harry".

Escuchó una voz que conocía perfectamente en su cabeza.

Esa voz era de... Esa voz era de...

Una luz fue emitida en su pecho. Una luz que solo había visto una vez, que fue cuando Saber utilizó Excalibur en aquel castillo en medio del bosque.

Y entonces, Harry supo perfectamente lo que tenía que hacer.

Pues ella siempre había estado junto a él, cuidando de él en secreto.

Ella estaba en Avalon, por lo que siempre le había estado obervando.

-¡Avalon!- Gritaron a la vez Harry y Saber.

La prisión fue completamente destruida y Harry empezó a correr hacia Delphini.

-¿¡QUÉ!?

Harry ignoró su grito y lanzó varios hechizos al lugar donde se encontraba el homúnculo, liberándolo de sus ataduras y deteniendo a los tentáculos.

-T-Tú...

Depulso!- Gritó Harry, reforzando el hechizo y lanzando a Delphini con gran fuerza contra las rocas que tenía detrás suyo.

-Heh... Sé que no lo harás, Potter- soltó esta al verle apuntando su varita a su garganta- no tienes suficientes agallas para matarme.

En eso tenía razón.

-Desmaius- el rayo golpeó a la hija del señor tenebroso y la dejó inconsciente. Harry la lanzó un traslador encima y Delphini fue teletransportada al ministerio de magia.

Ahora solo quedaba una cosa por hacer.

Avanzando poco a poco, Harry se posicionó delante del Grial mayor, sus barreras habiendo desaparecido tras la muerte de Delphini.

Harry miró al orbe oscuro y se apareció encima de este.

-Por favor, ayúdame una vez más, Saber- susurró Harry mientras caía.

"Por supuesto. Ahora y siempre".

-¡AVALON!- Y la luz definitiva del paraíso chocó contra la oscuridad de todos los males existentes.

Pero la energía mágica de Avalon no era suficiente. Saber no estaba presente físicamente junto a él y por tanto no podía aportar la energía mágica suficiente.

La única opción era...

-¡AVALON!- Volvió a gritar Harry, poniendo toda su energía mágica en la reliquia sagrada.

Hubo una explosión y la visión de Harry se volvió blanca.

Jardín de Avalon

Ron abrazó a Hermione mientras la chica sollozaba, aunque él mismo tenía ganas de llorar.

Delante de los dos había una tumba que tenía colocadas cientos y cientos de ramos de flores. Esta tenía una inscripción.

Harry Potter

(1980-2005)

"Nunca dejes de seguir tratando de alcanzar lo imposible"

La batalla para destruir el Santo Grial había sido feroz. Los nuevos mortífagos eran increíblemente fuertes, mucho mejor entrenados de lo que lo estaban los antiguos, y encima tenían de su lado a varias criaturas mágicas. Ron estuvo en varias ocasiones convencido de que moriría. Y lo estaría de no ser por Rin.

El auror recordaba perfectamente cómo acabó la batalla.

Y cómo no hacerlo.

Una luz cegadora apareció encima del Grial mayor y este explotó. Esto distrajo a gran parte de los enemigos, lo cual fue utilizado por los magos y ejecutores para atacar con todas sus fuerzas.

Tuvieron suerte de que Harry en sus viajes hubiera conocido a distintos miembros de la Iglesia. Ningún mago normal tenía relación alguna con ese grupo y Ron no era excepción. Y menos después de haber conocido a esa monja diabólica que se hacía llamar Caren.

El joven Weasley sabía perfectamente que esa monja aún tenía ese vídeo. No dejaría que nadie le viera en un tutú tratando de...

En fin, que la batalla terminó y los agentes del ministerio les trajeron a Delphi, quien había sido capturada. Todo hubiera terminado bien si hubieran encontrado a cierta persona.

Harry Potter se sacrificó por todos ellos aquel día.

El funeral fue enorme, miles de personas atendiendo. Ese fue probablemente el día más triste y fúnebre de la vida de Ron.

Incluso habiendo pasado dos días, su novia, Hermione, aún no había podido parar de llorar.

-R-Ron- dicho hombre le dio un beso en la cabeza a Hermione para luego mirarla a los ojos- ¿c-crees que Harry lo ha conseguido?

Aunque esas palabras parecieran fuera de contexto, Ron supo perfectamente a qué se refería.

Saber, Arthur Pendragon... Aunque ahora se la llamaba por su nombre real entre los magos, Arturia.

Harry les había explicado con pelos y señales la guerra. Pero las interacciones entre él y Arturia era lo que más le dolía explicar.

Cuando les habló de Avalon, Hermione se metió en la biblioteca durante horas y horas tratando de buscar un método para llegar a ese paraíso, pero Harry la dijo que no se preocupase.

Que él lo conseguiría. Que volvería a ver a Saber y que no se preocupara.

Fue entonces cuando los dos mejores amigos de Harry se dieron cuenta de que el chico había sido el primero de ellos en madurar. Y no solo mejoró su actitud, sino que también sus notas.

Conseguir cinco extraordinarios (en defensa contra las artes oscuras, pociones, cuidado de criaturas mágicas, transfiguración y encantamientos) y lo demás con supera las expectativas era algo que nadie se podíra esperar del niño que vivió en su cuarto año.

¿Y él? Bueno, contando que su grupo de amigos tenía a los tres alumnos más inteligentes de su año (Harry, Hermione y el nuevo Ravenclaw, Rin), era normal que mejoraran sus calificaciones.

Estaba seguro de que su madre estuvo a punto de tener un ataque al corazón al ver que consiguió dos extraordinarios.

Después de graduarse, él se alistó en los aurores y Harry, sorprendiendo a todo el mundo, decidió convertirse en aventurero y recorrer el mundo, aunque solían verse bastante a menudo, incluso tuvieron varias aventuras juntos.

La caza de uno de los apóstoles muertos, atrapar dragones salvajes que quemaban aldeas, detener a magos oscuros, ir a capturar un yeti que causaba problemas en el Himalaya e incluso estaba esa misión con la mon- no iba a contar esa historia ni aunque le hiciesen tragarse un frasco entero de veritaserum.

Y eso solo fue con él. Harry tuvo un gran número de aventuras en solitario, haciendo cosas que mucha otra gente categorizaría como imposible o ficción.

Pero sobre todas las cosas, Harry nunca dejó de intentar encontrar Avalon.

Muchas veces les había confiado a Él, Rin y Hermione lo frustrado que estaba tras llegar a puntos muertos en su búsqueda, pero nunca paraba.

Siempre buscando cumplir un milagro.

Ron sonrió a Hermione.

-Conociendo a Harry, ya estará preparando el desayuno a Arturia.

Pues Ron sabía perfectamente que si alguien podía cumplir lo imposible, era su mejor amigo.

Harry Potter.

Jardín de Avalon

Harry se despertó en un verde campo.

-¿Dónde estoy?- Murmuró el mago mirando a su alrededor.

Campos verdes infinitos le rodeaban, un cielo azul libre de contaminación adornaba el cielo, había algún que otro árbol con aspecto imposiblemente bello y-

Su corazón se detuvo al divisar a cierta persona.

Puede que sus ropajes hubieran cambiado, pero esa era la misma mujer que él recordaba. La misma hermosa mujer que él amaba.

El veinteañero empezó a correr hacia su amante con una gran sonrisa en la cara y la chica hizo lo mismo.

Y los se abrazaron con gran fuerza.

-Arturia... Arturia...- Harry empezó a llorar de alegría.

-Bienvenido, Harry- dijo ella con la sonrisa más grande que jamás hubiera portado.

Jardín de Avalon

Harry frunció el ceño confuso durante unos segundos al sentirse como si se fuera a desvanecer.

-¿Qué demonios..?- El mago sacó su varita y se lanzó un acuamenti en la cara, pensando que estaba medio dormido. Miró a la parte derecha de la cama y vio a Saber observándole con una sonrisa- esto no es un sueño, ¿verdad?

-No, Harry- negó con la cabeza Arturia para luego cogerle las manos- estás siendo invocado, probablemente para una guerra del Santo Grial.

-¿Q-Qué? Pero si destruimos el Grial.

-Así es- le dio la razón la mujer- pero tienes que recordar que el el trono de los héroes existe más allá del tiempo y del espacio. Y no creo equivocarme al decir que tú ascendiste al trono después de todas tus azañas en vida.

Harry soltó una corta risa y se llevó una mano a la frente para quitarse el sudor.

-Tuve que haberlo sabido. Bueno, entonces nos vemos en unos días, Arturia.

Se dieron un beso y Harry se levantó de la cama mientras estiraba sus brazos y piernas.

-Hasta pronto, Harry- y desapareció.

El joven sintió como pisaba piedra de gran calidad. Claramente la invocación había sido un exito.

Apocrypha.

Yggdramillennia.

Grial robado.

Batalla entre dos bandos.

Catorce servants.

¿Quién era él?

Él era Harry Potter, por supuesto.

O como sería llamado desde ese momento en adelante, Caster negro.

El humo que había sido liberado por la invocación se desvaneció con un simple movimiento de mano, dejándole ver a las personas a su alrededor.

Llevándose discretamente la mano al bolsillo, Harry se dio cuenta de que estaba vestido en sus antiguas ropas de viaje. Su larga túnica cubierta de decenas de hechizos protectores, un cinturón del que le colgaban pequeños frascos con pociones, una hombrera cubierta con armadura de escamas de dragón y botas de cuero... ¿Qué? No todo podía ser increíblemente poderoso. Las cosas así costaban demasiado y su presupuesto no podía con todo.

Había decenas de personas, pero él solo se fijó en un chico pelirrojo que jadeaba. Este parecía no haberse dado cuenta aún de su presencia.

-¿Eres tú mi master?- los ojos del joven se abrieron como platos y le miraron fijamente a la cara- tu servant, Caster negro, ha respondido a tu invocación. De ahora en adelante, mi magia estará junto a ti y tu destino será mí destino- Harry sonrió nostálgicamente- ¿sus órdenes, master?

N/A Epílogo cortito, pero espero que os haya gustado. He usado a una Delphini más mayor (no es OC. Es un personaje de Harry Potter y el legado maldito) porque necesitaba un oponente para Harry y Malfoy no pegaba.

Y este es el final. Muchas gracias a todos por leer mi fanfic y espero que lo hayais disfrutado tanto como yo lo he hecho escribiéndolo.

Por cierto, la información de Avalon y el origen de Saber (primera parte) viene todo del CD drama Garden of Avalon. Si os gusta Saber, os recomiendo que os lo leáis con subtítulos o, si no tenéis tiempo, que simplemente leáis todo sin música ni voces (aunque os aseguro que con estas la experiencia es mucho mejor).