Voltron: Legendary Defender es propiedad de Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
Bizarre love triangle
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Estrella fugaz
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Klance
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–¿Qué fue lo que hiciste Keith?
–¿Qué? ¡No es mi culpa!
–Aja –dijo Shiro demostrando su claro escepticismo tanto en su rostro en la pantalla como en su tono de voz.
–¡Arg! ¡¿Por qué lo primero que piensas es que fue por algo que yo hice?! –bramó el joven de cabellera oscura desde otro lado de la pantalla donde se notaba con claridad el leve sonrojo de sus mejillas.
–Porque te conozco mejor que nadie –le aseguró su tutor con total seguridad y una sonrisa picara en sus labios –. Estoy al corriente de falta de control en tu temperamento.
Keith gruñó a la pantalla como una animal en lo que sus mejillas adquiría cada vez más un tono rojizo.
–Como ahora.
Un par de palabrotas se formaron en la mente de Keith como respuesta, pero se mordió los labios para contenerlas. Ya era suficiente saber que más de la mitad de los superiores de la academia Garrison observaban o escuchaban aquella transmisión, sino que quedaría guardada para la posteridad en los registros.
Finalmente había ocurrido, Shiro al igual que comandante Holt y su hijo Matt habían partido al viaje de exploración a través del espacio, hasta la luna Cerberus. Ya había transcurrido un mes y ni siquiera había llegado a Marte, dejando completamente claro que sería una travesía mucho más larga que simplemente surcar el horizonte como una estrella fugaz. Tal vez el único detalle positivo de ello, era que todavía a tal distancia se podía conseguir una buena transmisión con la tripulación para unas video llamadas. Un par de meses más adelante en su recorrido y solo mensajes en texto serían la única forma de comunicación, y probablemente con tiempo de retraso.
–Yo. No. Hice. Nada. Malo –puntualizó Keith tratando de mantener la calma para no pelear con Shiro en los únicos minutos que tenía disponible para compartir con él –. Él fue el que comenzó a molestarme, acusándome de no sé cuantas tonterías y otras estupideces.
–Keith, cuida tu lenguaje –le recordó Shiro lanzándole una mirada inquisitiva, pero tratando de tener paciencia. Todo había empezado con un simple "¿Qué tal tu día?" como para terminar con tal drama –. ¿Y de que te acusó?
–No tengo idea. Algo… de arruinar su momento. Hablaba demasiado… en realidad nunca se calló.
–¿Y quién es éste chico?
–No lo sé, ni siquiera lo conozco – admitió Keith encogiendo los hombros. Había sido su primer día en su segundo año en la academia y ya un sujeto se había declarado su acérrimo enemigo –. Te juro que no he hecho nada malo –agregó de ultimo casi haciendo un puchero involuntario.
Shiro no pudo evitar sonreír ante aquella expresión. Cielos, como amaba ese rostro. Tratando de contener la emoción y el deseo de compartir sus pensamientos con palabras, Shiro soltó un suspiro y agregó con seriedad y profesionalismo, a pesar del leve rubor en sus mejillas:
–Sea lo que fuere, debes dejarlo pasar… ¡No importa si tú no lo iniciaste! Recuerda: concentración… y mantén la clama. Has llegado muy lejos para arruinarlo por algo tan insignificante.
–Sí… –suspiró Keith resignado – lo sé. Tienes razón.
Con una leve sonrisa, Keith alzó sus ojos entre su largo copete y los clavó en la mirada dulce que le dirigía Shiro a través de la pantalla. Con un débil temblor de su mano, se contuvo de alzarla y tratar de tocar la imagen de su nov… mentor. Sin saber que del otro lado de la transmisión Shiro duplicaba su movimiento. En la mente de ambos se formaron las mismas dos palabras, aquellas que había confesado el uno al otro poco antes de que iniciara aquella travesía.
Resultaba terrible para ambos tener que ocultar su relación, pero había tanto en riesgo, sin olvidar que no era ético ante sus rangos; y mucho más estar separados por centellares de kilómetros que aumentaban cada día más, y en cuyo único método de comunicación no se podían expresar lo que sentían en consuelo.
Era difícil, pero podían soportarlo… hasta el regreso de Shiro.
–Creo que se ha acabo nuestro tiempo –rompió el viajante la débil burbuja de ilusión que se formó entre ambos durante esos leves segundos de silencio y de penetrantes miradas –. Tal vez podamos establecer contacto en un par de semanas más antes que sobrepasemos Marte. Por mientras, recuerda lo que te dije y no busques problemas.
–Yo no busco problemas –se quejo su protegido.
–Sí, claro –le sonrió Shiro –. Adiós, Keith.
–Adiós, Shiro.
Y se cortó la comunicación.
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Shiro soltó un suspiro en lo que se recargó en su asiento. Cerró sus ojos tratando de contener la última imagen de Keith que había visto en la pantalla en su memoria. Era extraño, ya tenían un par de meses juntos y nunca le había tomado una fotografía. Eso sería de la primera cosa en su lista al regresar, además de apretar contra su pecho a su joven e iracundo nov…
–Sí que estas enamorado –dijo de repente una voz detrás de él sacándolo de golpe de sus pensamientos.
Shiro no evitar soltar un grito en lo que se volvió sobre su hombro para encontrarse la imagen de Matt Holt flotando en la cabina.
–N-no… No sé a qué te refieres –trató de fingir indiferencia, pero sin mucho éxito.
Matt continuó su recorrido sin gravedad hasta alcanzar la silla de Shiro e indicarle con su dedo índice sus sonrojadas mejillas.
–Tu cara dice otra cosa –comentó su amigo y compañero de viaje con una diabólica sonrisa –. Tal vez puedas engañar a mi papá y al resto de los comandantes, pero a mí no Shiro. Estás terriblemente enamorado de Keith.
En horror, el piloto se cubrió el rostro con sus manos en vergüenza, mientras Matt reía a sus anchas.
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I feel fine and I feel good
I'm feeling like I never should
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Cuando Keith regresó a su habitación, dejo que su espalda se recargara contra la puerta al cerrarse tras de sí. Soltó un triste y decepcionado suspiro que retumbó en su solitario y seco cuarto.
Keith estaba feliz y desconsolado al mismo tiempo. Aquel viaje en el que se había embarcado Shiro había trastornado ya por sí su alterada vida. Estaba feliz por Shiro ante aquella maravillosa oportunidad y el logro de convertirse en todo un astro, un héroe de la historia, y surcar el espacia como una estrella fugaz. Pero como sentía enviada… ¡No! ¡No era envidia en sí! Lo carcomía el deseo de estar allá con él; principalmente, porque lo extrañaba… mucho.
El joven aspirante a piloto nunca pensó en llegarse sentirse así. Toda su vida había estado en completa soledad, nunca contó con nadie más que consigo mismo y nadie más le había preocupado. Ahora su vida había girado trescientos sesenta grados o mejor dicho, giraba completamente alrededor de Shiro.
Ante sus ojos, él era tan perfecto: valiente, dedicado, hermoso y el piloto en el que se quería convertir algún día. Pero sobre todas las cosas, el afecto de Shiro era reciproco.
Keith no pudo creerlo en un principio, aún así Shiro le demostró de mil manera lo importante de resultaba para él. Por primera vez en su patética y solitaria vida era amado por alguien sinceramente e igualmente, él lo amaba. Eso hacía sentir a Keith bien… como estar en las nubes… surcando el cielo como una estrella fugaz.
Como deseaba que Shiro estuviera con él en ese momento.
–¡Hora de apagar las luces cadetes! –se escuchó la voz de su instructor del otro lado de la puerta –. ¡A dormir todos!
Keith se enderezó de su posición y comenzó a prepararse para la cama, sabía que no podría consolar el sueño y pasaría toda la noche pensando en Shiro como desde el primer día en que se marchó. Solo esperaba no despertar muy cansado la mañana siguiente ya que tendría prueba de vuelo, y esperaba ese idiota que lo molestaba finalmente se mordiera la lengua.
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Lance se sentía en las nubes desde el momento que supo que entraría a la academia Garrison. Siempre había sido su mayor sueño convertirse en piloto de combate y sobre todas las cosas, viajar por el espacio, a lugares distantes y cruzar el horizonte como toda una estrella fugaz. Porque eso era lo que él era, una estrella.
Pero el joven cubano tenía un pequeño problema: siempre había sido una estrella pero en un mar de ellas. Lance venía de una familia numerosa y el llamar la atención entre tantos hermanos a competir era difícil; igualmente en una academia donde se buscaba y premiaba al verdadero talento. Y no era que Lance no lo tuviera, pero por sí solo no era suficiente para que destacara.
Por suerte para él contaba con algo llamado carisma. El muchacho moreno sabía de verdad como dejar su marca, una primera impresión y hacerse notar entre la multitud. Una habilidad de super vivencia adquirida desde su familia, lo que lo convirtió en el primo, hermano e hijo favorito. Luego en su vida estudiantil, el alumno, amigo y el compañero favorito. Y sin olvidar a las chicas y otros admiradores.
Lance era una estrella y solo le faltaba volar para convertirse en todo un astro. Pero la vida no siempre resulta como uno lo espera. Efectivamente había entrado al único lugar donde podría convertir sus sueños en realidad y aunque desde el primer día de clases en la academia trató de ganarse una reputación, una imagen para sus compañeros alumnos y otra para sus instructores, todo su esfuerzo se fue a pique al iniciar su segundo año.
Fue cuando entró Keith a la ecuación.
No tenía idea de cómo supo nada de él antes, pero Lance estaba completamente furioso que hubiera aparecido en su vida.
Ante los ojos de Lance, él joven piloto de cabellera oscura lo estaba arruinando todo para él, simplemente por ser…. Keith. En otras palabras, era todo lo que él no era, pero si lo que ambicionaba Garrison en un cadete. Keith era un piloto natural, con excelente instintos y habilidad que nadie más poseía. Los instructores solo hablaban de él maravillados y sus compañeros alumnos intrigados por su por su actitud misteriosa. ¡Y como la gota que derrama el vaso, tenía al mejor piloto y modelo a seguir que pudiera existir como tutor, Takashi Shirogane!
Keith tenía todo lo él que deseaba.
Lance los destetaba, casi sin razón. En un extraño e infantil pensamiento, Keith estaba arruinado todas las oportunidades de Lance de destacar y ser alguien, de ser esa estrella. Pero como lo podía saber, el chico misterioso nunca había enfrentado lo que era ser uno más del montón. Lance siempre tuvo que buscar la manera de destacar sobre los demás; y Garrison era su oportunidad para hacerlo… o al menos hasta que Keith acaparó toda la atención.
–Keith –masculló Lance para sí durante el desayuno mientras devoraba con furia su cereal.
–Wow –soltó su buen amigo Hunk a su lado –. Vaya que hoy si estas furioso.
Lance respondió con unos gruñidos ilegibles mientras su mirada llameante se enfocaba en la nuca peluda de Keith a un par de mesas delante de él. Como siempre comía solo, revisando algunas notas extras de algún plan de vuelo.
–Se cree… importante… maldito… copetillo… –gruñía para sí el joven moreno llevándose a la boca cucharada tras cucharada de su desayuno.
–Oye viejo –dijo Hunk –. ¿No crees que estas exagerando? – le preguntó a su amigo justo en el momento que unos de los instructores pasaba junto a la mesa de Keith, intercambiaba varias palabras, para luego alejarse con el pecho inflado y una sonrisa de orgullo.
Lo siguiente que supo Hunk fue la excelente curva que realizó la cuchara de Lance hasta aterrizar de lleno sobre la cabeza de Keith. El joven de cabellera oscura se levantó de inmediato de su asiento buscando al responsable, pero estaban algunas mesas lejos para que sospechara de ellos.
–No tengo idea a que te refieres –contestó Lance con amargura, mientras Hunk miraba nervioso los alrededores.
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–¡Lo hiciste a propósito! –bramó Lance furioso clavando sus ojos en Keith.
–No sé de que hablas –respondió éste con indiferencia y con sus brazos cruzados sobre su pecho.
–¡A parte de canalla, mentiroso! –rugió de nuevo Lance plantándose con ira delante del joven que insistía en ignorarlo. Keith lo sacaba de quicio, no solo por ser todo lo que él quería convertirse, sino porque tenía el descaro de ignorarlo.
Como el año escolar pasaba, las disputas entre ellos se volvieron más frecuentes, hasta volverse de rutina. Cualquier cosas, por significante que fuera iniciaba una pelea entre ambos y ninguno de los dos perdía la oportunidad para arrojarse a la yugular del otro. Su compañeros alumnos ya se habían acostumbra a las batallas de ambos jóvenes, pero los instructores estaban hartos de oír de ellos dos.
–¡Ya te dije que no tengo idea de que me estás hablando! –insistió Keith elevando su tono de voz y haciendo frente a Lance. Quedaron a una palma de distancia, con los ojos clavados el uno al otro y escupiéndose fuego como si fueran un par de dragones.
Hunk a un lado de ellos, pasaba la mirada de uno al otro sin saber exactamente qué hacer. Una posición en la que quedaba atrapado recurrentemente.
–¡Ve a contarle ese cuento a tu abuela, copetillo! –dijo Lance fulminado a Keith con la mirada. La distancia entre ellos era tan corta que Lance con sus palabras no solo bañaron de saliva a su rival, sino que pudo notar por primera vez la profundidad y vacio que existía en los ojos de Keith. Tan vastos como el espacio mismo, pero intensos y fugaces como estrellas.
–¡¿De qué rayos estás hablando?! –soltó Keith perdiendo finalmente la compostura y sacudiendo sus brazos sobre su cabeza, en lo que podía detectar un fulgor especial en el rostro de Lance mientras su imagen se reflejaba en sus ojos. Era como si Lance siempre resplandeciera –. ¡¿Acaso alguna vez tiene sentido lo que sale por tu boca?!
–¡Cadetes! ¡Separasen! –gritó finalmente unos de los instructores poniendo punto final a la pelea.
En aquella ocasión no paso a mayores, pero poco a poco los conflictos entre Lance y Keith aumentaban en temperatura y frecuencia que pronto requirió de otra estrategia para mantenerlos a raya. Llegaron los castigos y trabajos forzados, que por desgracia tenían que realizar juntos durante horas, y terminaban como una lucha silenciosa en la que intentaban matarse el uno al otro solo con miradas de odio.
Solo fue cuestión de tiempo para que tanto Keith como Lance, su el primer pasamiento en las mañanas y el último antes de dormir fuera, como odiaban al otro con intensidad.
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Lance se encontraba recostado boca abajo en su cama, refunfuñando algunas palabras ilegibles. Era la noche del sábado, la única en que se les permitía a los cadetes salir de la academia y visitar la ciudad más cercana. Generalmente era el día más esperado por Lance en la semana, pero aquella noche en particular no tenía el menor deseo de ir de conquista.
–Por favor, viejo –se quejo Hunk caminando desesperado por la habitación de su amigo –. Hace mucho que no como una buena pizza, y siento que moriré si no obedezco las ordenes de mis entrañas.
–Ve tú, yo no tengo ganas.
–¿Cómo no puedes tener ganas? Pizza de pepperoni ¡Pizza de pepperoni y doble queso! ¡Es tu favorita!
Pero no importaba cuanto insistiera Hunk, Lance continuaba con su mantra de odio y rechinando su dientes contra su almohada.
–Amigo, acaban de levantarte el castigo –insistió Hunk arrodillándose junto a la cama –, deberías estar feliz ¿o no?
–Estaré feliz cuando Keith salga de mi vida –masculló Lance con veneno en su palabras y entre cerrando la mirada.
Hunk soltó un suspiro en resignación. Era la misma cantaleta que musitaba Lance todo los días y siendo sincero consigo mismo, Hunk comenzaba a fastidiarse.
–¿No crees que estas exa….?
–¡Sí te consideras mi amigo no terminaras esa pregunta, Hunk! –gruñó con furia el moreno levantando su torso de la cama. Su amigo acalló inmediatamente, antes de volverse a desplomarse sobre las colchas de su cama.
Resultaba extraño y casi innatural ver aquella faceta de Lance, quien generalmente era generoso, amable y muy alegre. Desde el día en que lo conoció, Hunk pensó que Lance era la persona más feliz del mundo y resplandecía como una estrella en el cielo; aquella nueva actitud lo consternaba terriblemente.
–Bueno… entonces ¿qué? –preguntó finalmente queriendo llegar a la verdad.
–¿"Entonces qué" qué? –fue la respuesta de su amigo clavando su irritada mirada en él.
–La verdad nunca me has explicado porque odias tanto a Keith –confesó Hunk con calma –. ¿Por qué no me lo explicas?
Lance se guardó para sí su primer pensamiento y se tomó su tiempo para contestar. Dando un largo suspiro, se enderezó sobre su cama y quedo sentado sobre sus colchas con las piernas cruzadas.
–Muy bien, quieres saber –dijo –. Aquí va: primero, es un pesado; segundo, se cree mucho; tercero ¡Es un cretino! ¡Cuarto! ¡ESTÁ ARRUINADO MI VIDA! –continuó contando con los dedos y cada vez elevando más su voz.
–Bien… –soltó Hunk decepcionado – eso ya lo has dicho mucho. ¿Pero cómo está arruinado tu vida?
El moreno le lanzó a su amigo una mirada ceñuda.
–Hunk ¿Tu sabes lo importante que es para mí ser un piloto de combate? –comentó Lance conteniendo su tono de voz –. Pero por culpa de Keith ya me han relegado a piloto de transporte de carga. ¿No crees por eso que es suficiente motivo para odiarlo?
El chico de gran tamaño se puso nervioso, ya que conocía la respuesta pero sabía que a su amigo no le iba a gustar. Haciendo tripas el corazón, dijo:
–Sí sé eso. Pero no creo que sea culpa de Keith que a ti te asignen a otra categoría. Él no puede hacer nada sí es mejor piloto que tú.
Hunk esperó el golpe.
–¿Qué? –soltó Lance primero sin dar crédito a su oídos –. ¡¿Qué?! ¡¿Qué rayos estás diciendo?! ¡Él no es mejor piloto que yo!
–Bueno… no puedes negar que… –balbuceó Hunk nervioso.
–¡No te atrevas a decir que tiene el talento natural! –se quejo Lance amenazando a Hunk con su dedo índice –. ¡Estoy harto de escuchar eso! ¡Que toda la gente lo idolatre por que puede maniobrar mejor que nadie! ¡Él no es mejor que yo!... Sí, tiene el record de despegue y mejores horas en el simulador ¡Pero eso no significa nada! ¡Cualquiera puede conseguirlo con dedicación!
Lance tragó saliva antes de continuar.
–Aunque la verdad ahora que lo pienso el solo se dedica a practicar su vuelo. No tiene amigos, ni novia o convive con alguien. Todos dicen que era muy unido a Takashi Shirogane, pero está en lo más lejano del sistema solar, no es que puedan convivir mucho. Sí yo estuviera así de solo y sin nada mejor que hacer, también podría superar records de vuelo.
Hunk intentó interrumpirlo, pero su amigo estaba muy motivado con su discurso para darse cuenta de ceder la palabra.
–Tiene la suerte de ser un amargado antisocial con copete con el suficiente tiempo libre para mejorar en sus habilidades, yo en cambio tengo una vida que quiero disfrutar más cosas además de volar. También quiero pasar tiempo con mis amigos, salir con chicas, conocer nueva gente, visitar lugares. Ahora que lo pienso, hasta da lástima. Todo mundo dice que Keith tiene una aura interesante y misteriosa, y aunque tienen la razón, está cerrado al mundo y no conoce nada más. Siempre perdido en las lecciones y datos de vuelos que nunca levanta sus ojos. La otra vez discutiendo con él finalmente pudo verlos claramente y me di cuenta que tiene un extraño tono purpura, además que brillan más una estrella de navidad, especialmente cuando me grita. Prácticamente resplandece…
Lance se había perdido tanto en su monologo que no se percató del momento en que Hunk comenzó a reírse. Fue hasta que soltó una sonora carcajada cuando se dio cuenta que algo pasaba con su amigo.
–¿Quieres hacerme el favor de contarme el chiste? –soltó Lance refunfuñando y con una mano en la cintura.
–Perdón… perdón… –dijo el joven de gran tamaño sacudiéndose una lágrima –. Es que por la forma en que lo dijiste, juraría que te gusta pelearte con Keith.
–¿Qué? –soltó su amigo alzando una ceja.
–Sí y solo para tenerlo de cerca…
–¿Qué coño estás diciendo, Hunk?
–Lo haces parecer como si realmente te gustara Keith…
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Desde hacía mucho tiempo que Lance conocía a su buen amigo Hunk y probablemente sabía más cosas de él que su propia madre, pero sinceramente había perdido la cordura cuando se burló con la posibilidad de que al él le gustara Keith.
Decir que Lance soltó un gritó en el cielo al escuchar eso fuera poco, prácticamente perdió sus cabales. Gritó un par de cosas incomprensibles y salió de su propia habitación echando más rayos y destellos que una estrella fugaz en el cielo nocturno.
–Gustarme Keith… que montón de…. ¿Cómo puede pensar que yo…? –Lance mascullaba para sí furioso mientras recorría los solitarios pacillos de la academia. Con todos los cadetes aprovechando la salida del sábado para divertirse, ni un alma quedaba en la academia.
¡A él no le gustaba Keith! Ya que lo pensaba, sí, tal vez sentía un poco de lastima por el energúmeno de copetillo negro que no tenía a nadie en el mundo… y sí, admitía que él tenía un talento único para volar que admiraba en secreto… pero eso no significaba…
Al doblar una esquina en el siguiente corredor, Lance se detuvo en seco con lo que se topó al otro extremo de aquel pasillo. Junto un de los pocos ventanales que daban al exterior, se encontraba Keith vestido casualmente sin el uniforme de cadete y con la mirada perdida en el cielo nocturno que se podía apreciar a través del cristal.
La luz que provenía del exterior y una de la farolas del pasillo caían sobre él dándole un brillo único y casi místico que intensificaba su aspecto de chico misterioso. Sus ojos estaban perdidos en cielo resplandeciendo como dos astros y sus labios rosados se encontraban entre abiertos como a punto de pronunciar una palabra o un nombre. Aunque no había nada sorprendente en su postura contra el cristal, resultaba suficientemente sugerente para una mente activa.
De repente, Keith parpadeó y como si percibiera que fuera observado por alguien; y giró su cabeza en la dirección en donde antes pudo encontrarse Lance. Pero no había nadie. Creyendo que lo había imaginado, se dio media vuelta y regresó por donde vino, sin antes lanzarle una última mirada al cielo nocturno y las estrellas resplandeciente sobre su cabeza.
Lance, oculto en la vuelta del corredor, apretaba su manos contra su pecho en lo que sentía un terrible bochorno y calor que subía a sus mejillas.
¡Estúpido Hunk y sus estúpidos comentarios! ¡Ahora solo podía ver Keith de esa manera!
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Whenever I get this way
I just don't know what to say
Why can't we be ourselves like we were yesterday
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Después de eso, las famosas peleas entre Lance y Keith terminaron tan bruscamente que literalmente todo mundo en la academia estaba consternado, incluso Keith que no entendía en lo más mínimo que había sucedido, si debía preocuparse o estar agradecido. Era una lástima que Shiro no estuviera con él en ese momento o al menos a una distancia para hacer contacto, ya que Keith no tenía la menor idea de que acciones tomar en esas situaciones.
Fue por ello que hizo en lo que era mejor con sus pocas habilidades sociales, hacer nada. Actuar como si nunca hubiera discutido con Lance en el pasado. Los primeros días de aquella nueva tranquilidad resultó extraña pero gratificante al mismo tiempo, pero a como pasaba el tiempo un extraño vacio se apoderó de él. No sabía porque e incluso se lo atribuyó a la ausencia de Shiro y la falta de comunicación entre ambos, pero aún así sentía que algo andaba mal.
¿Acaso… extrañaba sus peleas con Lace? Fuera lo que fuese, la paz no tardó mucho en desaparecer…
Era una tarde tranquila entre clases, Keith tenía tiempo libre para visitar el simulador en privado y practicar un poco. Apenas realizaba los preparativos en los sistemas de vuelo cuando Lance aparición en la habitación. En un principio pareció que no lo había visto pero luego cuando sus miradas se cruzaron, se quedaron en un profundo silencio hasta que Lance ocultó su rostro y se encaminó de nuevo a la puerta.
–No sabía que estaba ocupado –dijo mientras se alejaba –. Volveré después.
Y sin más se marchaba con las manos en su bolcillos.
¡¿Eso era todo?!
–No lo hagas –soltó Keith sin siquiera saber porque –. No creo que cambies algo si lo haces.
Lance se detuvo en seco frente a las puertas automáticas que volvieron a cerrarse cuando no las atravesó. Lance se volvió de golpe hacia Keith revelando su mira intensa y llena de rencor, y al verlo el corazón de Keith se aceleró exactamente igual como cada vez que peleaban. Una emoción que no había sentido en días lo embriago.
¡Sí, era eso lo que buscaba!
–¡¿Cuál es tu maldito problema?! –soltó Lance furioso caminando hasta Keith y plantándose frente a él. Al verlo sonreír el moreno, se enfureció aún más –. ¡No vine aquí a pelear contigo! –Lance clavó su dedo un par de veces contra el pecho de Keith.
El chico de cabellera oscura se emocionó. Cualquiera inexperto lo llamaba masoquismo, pero Keith lo llamaba conexión humana. Para alguien tan solitario como él, no era común interactuar de cualquier forma posible con la gente, en especial con desconocidos. Pero desde que Shiro llegó a su vida algo terrible en él se había desarrollado, algo horrible que pedía interacción con otro ser humano. Shiro lo había descompuesto y ahora requería de entrar en contacto con otra gente para llenar ese vacío que lo carcomía dentro. Generalmente ese anhelo lo cubría su novio y mentor, pero como la distancia entre ellos se había magnificado y la comunicación muerto, Keith requería de otra conexión con otra persona aunque fuera negativamente.
Lance llenaba ese espacio y le traía la emoción a su aburrida vida. Nunca pensó que realmente extrañaría escuchar las infundías del joven moreno, su rostro resplandeciente y su penetrante mirada de odio.
–Perfecto, porque perderías –soltó Keith sonriendo casi diabólicamente y cruzando sus brazos sobre su pecho, dejándole claro a Lance que quería prolongar ese encuentro.
Pero para su sorpresa las mejillas del moreno se encendieron de color antes de alzar sus brazos sobre su cabeza.
–¡¿Qué coño quieres de mí?! –soltó más exasperado que furioso –. ¡¿Por qué carajos quieres seguir peleando?! ¿Acaso no estás feliz? ¡Entiende, tú ganaste, eres piloto de combate y yo de carga! ¡Todo terminó!
Keith guardó silencio, realmente esa no era el tipo de explosión que esperaría de Lance. Su desconcierto se reflejo en su mirada, por lo que el muchacho moreno se relajó, soltó un suspiro en resignación y trato nuevamente de retirarse.
–¡Espera! –sin tener el total control de cuerpo, Keith tomó a Lance del codo, impidiendo que se marchara –. ¡¿Eso es todo lo que vas a decir?! –dijo casi con desesperación. No podía simplemente marcharse, lo necesitaba… necesitaba ese emoción, necesitaba volver a sentirse vivo.
–¡¿Qué pasa contigo?! –Lance se libró del agarre de un tirón –. ¡Te digo que ya todo terminó, que tú ganaste! ¡No quiero seguir peleando contigo!
–¡¿Por qué no?!
–¡Porque me gustas, idiota! –soltó Lance a todo pulmón que retumbo con fuerza por la solitaria sala.
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I'm not sure what this could mean
I don't think you're what you seem
I do admit to myself
That if I hurt someone else
Then I'll never see just what we're meant to be
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Se volvió una prioridad para Keith el evitar a Lance a toda costa.
No tenía la menor idea de cómo había llegado hasta esa situación. Keith que era un inadaptado para relacionarse con la gente, tratar a la gente o simplemente conocer a la gente, la confesión de Lance despertó algo en él… algo que lo aterró. No era la primera vez que alguien le confesaba sus sentimientos, Shiro había sido el primero, pero lo de Lance resultaba tan inoportuno como inesperado. Y sobre todas la cosa, confundía terriblemente al pobre muchacho de cabellera oscura.
Por eso lo evitaba. Pero por desgracia para él era una difícil de cumplir al estar atrapado las veinticuatro horas y los siete días de la semana en la academia, y la peor parte de todas, era que Lance había vuelto su objetivo personal obtener una respuesta por parte de Keith.
¡¿Respuesta de qué?!
Pero no se detendría a averiguarlo o preguntarle, ya por sí tenía suficiente con la confusión que sentía y el sonrojo que iluminaba su rostro cada vez que lo veía acercarse, luego se perdía como estrella fugaz en el horizonte. Era una suerte para Keith contar con un arma secreta de su lado, tantos años viviendo en la calle lo prepararon para ello. Así que podía escurrirse por los pasillos sin ser visto, desaparecer a plena vista y sobre todo conocer escondiste y atajos que le dieran la ventaja. Precisamente uno de sus favoritos era el almacén treinta seis, donde rara vez alguien iba a buscar suministro de papelería.
Lo que Keith subestimó fue la tenacidad de Lance, especialmente cuando algo se le metía en la cabeza o en ese caso en el corazón, así prácticamente por una semana cazó a Keith como si fuera una bestia del bosque. Para el octavo día de constate persecución y espionaje en silencio pudo arrinconarlo en su escondite favorito que justamente tenía una sola salida.
–¡Aja! –soltó Lance en victoria cerrando la puerta automática detrás. Definitivamente Keith estaba atrapado y no huiría en esa ocasión –. ¡Ahora si me darás una respuesta!
El joven de cabellera oscura practicante dio un respingo cuando escuchó la voz de Lance detrás de él. Nuevamente su rostro se encendió y sus tripas dieron una pirueta que lo mareó un poco. Aún así, su carácter irritable sobresalió y enfrentó a Lance a pesar de lo abochornado que estaba.
–¡¿Respuesta?! ¡¿De qué?! –rigió el Keith haciéndole frente, pero al mismo tiempo buscando una ruta de escape.
–Aparte de miedoso, bobo –dijo Lance con calma posando sus manos en su cintura. Le lanzó una mirada a Keith que lo puso aún más nervioso, no había odió o rencor como en la ocasiones en que solían gritarse. Ahora lo veía casi embelesado y sus ojos destellaban como estrellas en el firmamento.
–¡No soy miedoso!
–Sí, tienes miedo.
–¡NO TENGO MIEDO! –gritó Keith enseñando los colmillos. En su rabia y poco autocontrol, se abalanzó hacia Lance y lo tomó del cuello de sus ropas para dejar su rostro a un palmo de él. Las mejillas del joven moreno se sonrojaron levemente, pero en ningún momento perdió su mirada lasciva y su sonrisa prepotente.
Y antes de Keith pudiera detenerlo, Lance le besó la punta de la nariz.
El chico moreno no pudo contenerse de la risa cuando dueño de sus afectos dio un salto hacia atrás aterrado y se cubrió la nariz con ambas manos. Por un minuto hasta pudo asegurar haberlo escuchado soltar un leve chillido como un perro herido.
–¡Eres adorable! –soltó Lance entre carcajadas y sacudiéndose una lagrima de los ojos –. De haber sabido que así reaccionabas al afecto debía hacerlo desde hacen mucho tiempo.
–Déjame salir –masculló Keith tratando demostrar su enojo, lo cual fue difícil al estar más rojo que un tomate.
–No, sin que me digas que sientes por mí.
–¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡No tengo por qué decirte nada!
–Mirarlo desde de este punto de vista, sí me dices la verdad y no quieres saber nada de mí… te dejare en paz.
Keith lo miró de soslayo, inseguro con lo que tramaba. Lance se mostraba completamente tranquilo con sus palabras como si ya supiera de antemano la respuesta de Keith. Eso lo enfureció. Él no lo conocía ¡Nadie lo conocía! ¡Solo Shiro podía entenderlo! ¡Nadie más!
Entonces lo recordó, las palabras que su tutor solía usar en él para serenarlo.
Concentración… calma…
Pudo escucharlo su voz susurrándole al oído.
–Está bien, quieres una respuesta aquí va –dijo Keith finalmente con el tono seguro que deseaba y una mirada desafiante –. Yo no puedo corresponderte porque ya estoy enamorado de alguien más.
Prácticamente pudo verlo como en cámara lenta, como si un balde de agua helada cayera sobre Lance. Sus ojos se abrieron tan grandes como platos ante la sorpresa y la sonrisa de sus labios se perdió lentamente. Era como presenciar en carne propia como una persona se le rompía el corazón.
Keith se sintió terriblemente mal al verlo tener aquella reacción, que comenzó a arrepentiste de haberlo hecho. Inconscientemente, bajo la mirada sin poder soportar la decepcionada de Lance. Era como si el resplandor que lo caracterizaba hubiera eclipsado.
–Lance.. yo… –comenzó a decir sin estar muy seguro exactamente qué. Pero antes de que formara una oración clara, el joven moreno lo interrumpió:
–Está bien –dijo con tal calma que provocó que Keith levantara la vista y lo encontrara nuevamente sonriendo… casi lleno de esperanza –. Puedo manejar eso, no es el fin del mundo, sabes copetillo. Además –agregó dando la media vuelta y encaminándose a la puertas automáticas que se abrieron para darle paso –, no dijiste que no te gustaba. Eso quiere decir que aún tengo oportunidad –y sin más dejo a Keith en la soledad de su escondite.
La mente del joven de cabellera oscura quedo en blanco, pero su rostro volvió a tomar color.
–¡¿Qué?!
-0-
Every time I see you falling
I get down on my knees and pray
I'm waiting for that final moment
You say the words that I can't say
-0-
Keith creía que era peor evitar a Lance, pero cambió de idea cuando descubrió cuáles eran sus intentos de cortejo. Sí, el joven cubano dejo de asediarlo con su presencia y cazarlo como un animal, para en cambio actuar como una especie de admirador secreto que le enviaba con amor todo tipo de obsequios.
El joven de cabellera oscura sintió el horror en carne propia y la vergüenza cuando recibía flores y animales de peluche en símbolo de su amor. Por suerte, Lance tenía discreción necesaria para hacerlo en anonimato y la mayoría de sus compañeros solo intuía que se trataba de alguna admiradora secreta bastante melosa.
Pero eso no calmaba al totalmente confundido Keith, quien los afectos de Lance comenzaban a desconcentrarlo hasta llevarlo a la irritación. Finalmente, el joven moreno captó la molestia que estaba siendo cuando Keith descaradamente arrojó todos sus regalos en un gigante contenedor de basura.
Solo que esa era la fase uno de las técnicas románticas de Lance, la siguiente consistió en una más silenciosa pero más intima. Cartas.
De repente un día, Keith encontró la primera debajo de la puerta de su habitación. La pésima redacción del cubano como la melosidad de sus palabras no impresionó a Keith, por lo cual Lance tomó un enfoque diferente. En lugar de tratar de alagar a Keith o impresionarlo, comenzó a escribir detalles sobre su propia vida, su familia, sus sentimientos y pensamientos. Quería que Keith lo conociera, cada detalle de su ser, como un libro abierto y supiera que no era un juego sus intenciones y que sus sentimientos eran completamente sinceros. A como abría su corazón con cada una de sus cartas, poco a poco Keith comenzaba a devorarlas con los ojos sin importar cuanto aumentaban en largo. Lance dejo de agregar dibujos y adornos, y pronto cada centímetro de las hojas se llenaba con su caligrafía, que Keith le pareció hermosa cuando escribía con sinceridad.
Sin darse cuenta, el joven de cabellera oscura comenzó a sentirse cautivado por esta forma de conocer a Lance, descubrió las diferencias entre ambos, como el hecho de que él venía de una familia larga y numerosa; así como sus similitudes, como las inseguridades que lo carcomía por dentro.
Resultaba extraño pero agradable, era una forma idónea de conocer a una persona sin sentirse abrumado por su presencia. A como pasaban los días, pronto Keith se volvió dependiente de las palabras de Lance y comenzaba a esperar con ansias la próxima carta, tanto que olvidaba que tenía un tiempo sin escribirle a Shiro… o saber de él.
Hasta que…
–¡Ya lo escucharon!
–¡¿Es enserio?!
–¡Oh dios mío! ¡Qué tragedia!
Keith levantó la vista de la última carta de Lance ante el constante bullicio en el comedor, la mayoría de los jóvenes cadetes se amontonaron junto a las pantallas al parecer ante una noticia importante. El chico de cabellera oscura rara vez le interesaban las noticia pero esta parecía ser sumamente transcendental como para llamar su atención.
Al verlo acercarse, sus compañeros se apartaron para darle camino libre a la pantalla, muchos ellos cubriéndose el rostro en horror. Keith debió darse cuenta de la terrible señal que eso significaba, aún así su corazón dio un vuelco cuando encontró la imagen de Shiro junto con la de los Holt en un llamativo anunció que indicaba que su nave se había perdido. Al parecer chocado por un error del piloto.
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Tan pronto Lance se enteró del incidente no perdió ni un segundo en buscar a Keith. Sabía que debía ser un golpe duro para él la desaparición de su tutor. Era una noticia que también al él lo conmocionaba; no había conocido a Takashi Shirogane pero sabía la celebridad que era en Garrison como lo importante para Keith.
Después de tanto buscarlo, finalmente encontró a su chico de cabellera oscura oculto en su escondite favorito. Keith estaba simplemente recargado contra la pared, con la frente pegada a la fría superficie dándole la espalda a la puerta. En cambio la habitación se encontraba en decadencia, víctima del dolor del joven oculto en ella. Aquella imagen de él sacudió el corazón de Lance.
–¿Keith? –lo llamó el joven débilmente.
–Lárgate –dijo éste casi en susurró –. Déjame solo.
–Keith en este momento no puedes estar solo, acabas de perder a alguien importante para ti –insistió el joven moreno adentrándose más en la habitación y acercándose a Keith –. Sé lo que debes estar sintiendo…
–No lo sabes…
–Sí, lo sé. No eres el único que ha perdido una persona…
Pero antes de que pudiera terminar la frase, cayó al suelo de bruces ante el fuerte puñetazo que Keith le propinó en una de sus mejillas.
–¡No, no lo sabes! –rugió éste como una bestia herida dejando visiblemente las pesadas lagrimas que se acumularon en sus ojos.
En el suelo, cubierto por la sombra del joven que amaba, Lance pudo darse de cuenta de algo mientras frotaba su mejilla lastimada, un detalle que había permanecido ciego hasta ese momento, y ahora podía ver en el dolor y sufrimiento de Keith. Shiro no era solo su tutor… era la persona de la que estaba enamorado.
–Keith… yo…
–Déjame solo –insistió éste dándole la espalda.
Estaba haciendo una rabieta, justamente como antes.
–No –tajo con fuerza Lance poniéndose de pie.
–¿Qué?
–No voy a dejarte solo en este momento.
–¡¿Qué no lo entiendes?! –rugió de nuevo Keith casi como un animal herido enfrentando a lance cara a cara. Él no se movió ni un centímetro.
–No –se mantuvo firme hasta cubriendo la salida con su brazos.
–¡Te dije –gritó Keith comenzando a forcejear con él – que te largaras!
Los dos lucharon en lo que uno trataba de sacar al otro de la habitación, quien no cedía ni un centímetro. En plena lucha la desesperación de Keith fue en aumento y sus movimientos más desesperados. Finalmente comenzó a perder las fuerzas en lo un mar de lagrimas comenzaron a surcar su rostro. Se apretó contra su pecho de Lance cuando finalmente perdió la fuerza y quedo tan decaído como una muñeca de trapo.
Lance acarició su cabello negro sedoso por varios minutos y le dio uno que otro beso en las sienes, en lo que Keith sollozaba levemente contra su camisa. Era tan fuerte y débil a la vez.
–Vamos –le dijo Lance con calma ayudándolo a caminar –. Busquemos un lugar más privado –con ternura guió a Keith por el pasillo, quien no opuso la menor resistencia a sus afectos.
Gracias a aquellos que han leído este fic, se que encontrar historias de Voltron Legendary Defender en español es raro, así que estoy consciente que hay poco público. Aún así, gracias.
También cuento con un sideblog en Tumblr donde publico ideas de mis universos alternos de este fandom. Es todavía algo pequeño pero dense una vuelta si pueden, solo pongan: vldfanenesp en el buscador de Tumblr.
Un saludo a todo.
Basado en la canción de New Order : Bizzare love triangle.
