Voltron: Legendary Defender es propiedad de Dreamworks Animation.

No poseo ningún derecho sobre los personajes.

El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.


Bizarre love triangle

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Más allá de las estrellas

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Sheith vs Klance

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I feel fine and I feel good

I'm feeling like I never should

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Keith, quien había crecido en precarias situaciones, estaba acostumbrando a nunca sentirse seguro o cómodo, era un mecanismo de sobrevivencia, ni siquiera en las instalaciones vigiladas de Garrison; aún así es noche en particular estaba tranquilo a pesar de tener sus ojos cerrados. La habitación se encontraba increíblemente silenciosa, así como cálida y acogedora. No recordaba cuando fue la última vez que sintió… tan a gusto. ¡Oh sí! Lo recordaba… había sido a lado de Shiro.

El solo pensamiento de su difunto tutor y pareja provocó que los sentidos de Keith se despertaran de inmediato, así como su percepción de sus alrededores. Estaba metido en su cama, cubierto con las colchas recién lavadas y el aroma del detergente de telas llegaba hasta su nariz. A parte de su respiración pudo captar otro sonido en la silenciosa habitación, un leve susurro muy cerca de su oído; y en su cintura, una mano caliente reposaba inerte sobre su ombligo compartiendo su calor a través de la piel.

Keith abrió lentamente los ojos y en lo que se acostumbraba a la oscuridad de la habitación y su cerebro fue saliendo de su estupor. Estaba en su habitación de Garrison durante una de sus tantas noches, compartiendo la cama de nuevo… con Lance.

Ya era la tercera vez consecutiva que el joven moreno se escabullía a su habitación para acompañarlo en su sueño. Keith comenzaba a creer que Lance tenía muy buenas habilidades en sigilo para no haber sido atrapado de momento, pero eso aumentaba su arrogancia y se arriesgaba cada vez más seguido.

Pero Keith no podía estar más agradecido con ello.

Ya había pasado más de una semana de la mu… desaparición del equipo de Shiro en la luna Cerberos y Keith no tenía idea como había logrado sobrevivir hasta el momento. Bueno, sí lo estaba consciente de cómo paso; era por Lance, su constante compañía y su intoxicante afecto resultaban como un oasis de felicidad en la desolación de su dolor.

Aún Keith no podía creer como había quedado rendido ante los avances de Lance, pero para su favor, realmente el chico realmente se esforzaba cuando de verdad anhelaba algo. Y vaya, que quería a Keith. Ya en varias ocasiones se había arriesgado con él; ante su explosivo temperamento y los sucesos de los últimos días, Keith no estaba para soportar los lamentos de nadie y las recriminaciones de algunos instructores por sus acciones y opiniones. En más de una vez, el simple rose al cruzar por un corredor de la academia lo encendía lo suficiente para empezar una pelea.

Pero todas esas ocasiones, Lance estuvo ahí para protegerlo… salvarlo de sí mismo. Con su facilidad de palabra y su capacidad de disuadir a Keith, Lance había salvado la mayoría de las situaciones en que éste se había metido en problemas por su mal temperamento. Pero Lance, no era infalible y definitivamente no calmaba a Keith como lo hacía antes Shiro; en cambio le daba luz a su vida sumergida en la oscuridad.

Todavía recostado en su cama, Keith giró sobre sí mismo para quedar cara a cara con Lance. El joven cubano dormía profundamente y un leve resoplido salía de entre sus labios, esos experimentados que eran muy buenos besando. Keith algo sonrojado por sus pensamientos, se perdió un memento en eso hermosos labios Lance y recordando la primera vez que tocaron los suyo. Fue dulce, suave pero revitalizante a la vez; diferente a los besos de Shiro, lo cual es siempre fueron con mayor seguridad y afecto… como un briza fresca en una mañana tranquila. Mientras, los de Lance eran como un trago de agua fría en una tarde calurosa.

Definitivamente, Keith no sabía cual prefería más, pero como un chiste cruel, no tenía que decidir. Shiro se había ido… más allá de las estrellas y ahora tenía que aprender a vivir sin él. No era nada fácil, había sido la primera persona a que se aferró en su vida y amó más que nadie.

Pero ahora… tenía a Lance…

No podía negarlo, se había enamorado perdidamente de Lance ante su perseverancia y dedicación, y se sujetó a él con fuerza como a un salvavidas.

Keith se acurrucó contra su cuello, inhalando por completo su exótico aroma hasta que finalmente quedo dormido y protegido en sus brazos.

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Lance se sintió un poco extraño de encontrarse de nuevo en esa cabaña en el desierto, abandonada y perdida, pero requería llevarle las provisiones de esa semana a Keith. Ya habían pasado meses desde el incidente con la tripulación de Shiro y su relación con joven de cabellera oscura había florecido como margaritas en primavera. Pero eso no significaba que todo fuera perfecto, finalmente el temperamento de Keith y su falta de discreción le costó su lugar en Garrison. Efectivamente, su amado de cabellera negra había sido expulsado por un desacuerdo con uno de los instructores.

Lance se sentía algo culpable, no solamente de que no pudo protegerlo en esa ocasión, sino también por las ventajas que había obtenido con ello. Sin Keith en la academia, aumentaron sus posibilidades de convertirse en piloto de combate. Era su sueño hecho realidad y su oportunidad de alcanzar las estrellas y viajar más allá; pero no podía disfrutarlo cuando había sido a costa de Keith… su amado Keith, incluso cuando éste le aseguraba que ya no le importaba.

A él parecía no afectarle en lo más mínimo perder su sueño. Una extraña y nueva obsesión lo había absorbido por completo y lo tenía constantemente distraído de su propia situación. Keith había convertido la cabaña del desierto en una base de investigaciones, donde recopilaba datos e información de un extraño fenómeno que decía percibir en el desierto. Lance no entendía la mitad de lo que farfullaba y realmente le preocupaba todo ese altar que había creado ante su investigación; pero a pesar de toda esa locura, lo apoyaba, principalmente por su amor.

Keith le había correspondido sus sentimientos y Lance no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad, sin importar lo demente que se volviera o la constante presencia del fantasma de Shiro.

Sí, Lance descubrió por su cuenta quien era la persona de la que estaba enamorado Keith. No había sido tan difícil descifrarlo, Keith era tan solitario y solía alejar a la gente que no dejaba muchas opciones. Pero después de unas semanas de estar juntos, él mismo le compartió el secreto. Lance estaba agradecido por ello y en cierta forma (y se sentía un monstruo por eso) se alegraba de que Shiro ya no estuviera entre ellos. Claro su presencia siempre estaba presente en Keith, así como en sus recuerdos, pero Lance se sentía más seguro de compartir a su nuevo novio con un recuerdo que con el Takashi Shirogane de carne y hueso. En realidad, no era competencia en comparación, Shiro había sido un dios entre mortales.

A pesar de las incomodidades y la sensación de ser una terrible persona, Lance se armó de valor y le pidió lo inimaginable a Keith la primera noche que pasaron juntos:

–Déjame remplazarlo… déjame llenar ahora su lugar en tu corazón.

Nunca olvidaría como brillaron los ojos de Keith en ese momento. Como dos astros en el cielo nocturno.

Aunque no le dio una respuesta inmediata (y sufrió mucho por ello), al final el joven de cabellera oscura se abrió una vez a la posibilidad de amar y Lance era el siguiente en la fila.

Era por eso que se esforzaba… luchaba… no quería perder esa oportunidad que le había dado el destino, sin importar lo que sucediera…

–Lance, quiero que nos demos un tiempo –no se tardó nada en decirle Keith justamente ese día libre que había aprovechado para llevarle unos víveres a su refugio olvidado de la humanidad.

–¿Eh? –respondió Lance por insería.

–Solo… creo que… –masculló Keith evitando la mirada de su novio.

–¿Estas rompiendo conmigo?

¡Oh cielos! Lance podía sentir como las lágrimas se acumulaban en sus parpados.

–¿Qué? ¡No! –respondió para su alegría Keith completamente sonrojado y negando con las manos –. Solo… creo que es mucha carga para ti… contigo en Garrison y yo aquí… con todo esto –dijo de ultimo indicando una de la paredes que tenía llena de papeles y todo clase de idea loca.

Keith no estaba loco y estaba seguro de ellos, así como lo que sentía en ese desierto, pero era totalmente consciente de lo que podía parecer para otras personas.

–¡Al carajo que no! –respondió Lance para su sorpresa con una mirada autoritaria y con sus manos en la cintura –. Me esforzado mucho contigo copetillo para que me hagas a un lado tan fácilmente.

–Pero Lance…

El joven moreno dio un paso hacia adelante desapareciendo la poca distancia entre ellos. Tomó a Keith de los codos y lo forzó a verlo a los ojos.

–Si necesitas tu tiempo para sobrellevar ese foso oscuro y emo en el que te siente atrapado, estoy de acuerdo. Si requieres darte unos días para analizar estas ideas desquiciadas que pasan por tu cabeza, no me molesta mientras no sean voces que pidan sangre. Pero por ni ningún momento pienses que podrás desacerté de mí, Keith.

Lance acercó aún más a él. Su respiración se volvió algo acalorada en lo que pegó su frente contra el copetillo melenudo y oscuro de Keith.

–No importa si estamos separados, tu puedes contar que siempre estaré ahí para ti –agregó casi en susurró e inalado el aroma salvaje de los cabellos de Keith.

–Lo sé –respondió este clavando sus profundo ojos en los suyo. ¡Cielos, como adoraba su color!

–Te amo –le dijo Lance acercando sus labios a los suyos.

Como si una corriente eléctrica que los atrajera o como dos polos opuestos de un imán, sus labios se pegaron, disfrutando de la sensaciones, el calor y la humedad del otro. Fue reconfortante y sumamente lento casi deteniendo el tiempo; querían disfrutarlo todo lo que pudieran ya que no sabía cuando tendrían otra oportunidad para disfrutar la compañía del otro.

Después de vario húmedos minutos, en que su bocas y lucharon mutuamente, y su manos exploraron sobre la ropa el cuerpo del otro, se separaron completamente sonrojados y mirándose algo adormilados a los ojos.

–Yo también te amo –le susurró Keith en respuesta.

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Every time I think of you

I feel shot right through with a bolt of blue

It's no problem of mine

But it's a problem I find

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El corazón de Lance palpitaba con fuerza en su pecho mientras corría a lo máximo que le daban sus largas piernas. El esfuerzo excesivo de la bomba en su pecho no era por el agotador ejercicio, sino algo más que había visto y le helaba la sangre las implicaciones.

–¡¿Quién es?! –preguntó Pidge detrás de él tratando de alcanzarlo en la oscuridad de la noche y las escarpadas rocas del desierto.

–¡Keith! –dijo. Lo reconocería donde fuera.

–¡¿Keith?! ¡¿Aquí?! –soltó Hunk con tono exhausto ante el repentino ejercicio. El buen amigo también entendía que estaba pasando.

Lance siguió corriendo hasta alcanzar las carpas estériles que habían instalado los encargados de Garrison en el desierto. Las instalaciones estaban solas ante la salida repentina que había provocado las explosiones y los pocos que habían quedado atrás permanecían inconscientes en el suelo.

Obra de Keith sin duda.

Lance entró sin titubear en la carpa más grande y si detener su acelerada marcha por el largo corredor de goma y pastico, finalmente llegó a una sala de investigaciones… operaciones… algo aterrador. Y ahí estaba, su tan amado Keith tan impulsivo como siempre con un brazo al cuello de Takashi Shirogane.

Finalmente el corazón de detuvo en lo que su pies se clavaron al final de pasillo. Lo había visto a través de la pantalla de la computadora de Pidge, pero era más real tenerlo a unos cuantos pasos de él. Shiro estaba vivo… Shiro estaba vivo… ¡Shiro estaba vivo! El héroe del espacio, el viajero más allá de las estrellas, la leyenda, el piloto por excelencia y el primer amor de Keith.

Los pasos de Hunk y Pidge detrás de él lo sacaron de su estupor, haciéndolo gritar:

–¡Keith!

El dueño a sus afectos, finalmente reparó en su presencia. Alzó la vista en su dirección y Lance pudo apreciar en sus hermosos y profundos ojos como la confusión se apoderaba de él. Sorpresa, pena, vergüenza, en cuestión de segundos su rostro le expresó el millar de ideas que pasaron por su cabeza.

Luego bajo la vista a Shiro que colgaba de su hombro y de nuevo volvió a Lance casi con una expresión de lastima. Sabía lo que podía estar pensando: traición, engaño, dolor. Pero aunque esas ideas llegaron a cruzar por la mente del joven cubano, fue tan solo en leve destellos. Lo que dominaba en su mente era ¿Cómo era posible?

–Lance… yo… –musitó tratando de equilibrar el peso inerte de Shiro. Tenía que sacarlo de ahí y rápido, pero no podía… si Lance le bloqueaba la salida.

El joven no fue ausente de tal dilema y a pesar de la duda, la confusión y las preguntas en su cabeza, caminaron seguro hasta Keith y se colgó el otro brazo de Shiro sobre sus hombros.

–Hay que irnos de aquí.

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¡Más de un año! ¡Más de un año había estado perdido!

Shiro no lo podía creer. Había pasado más de un año perdido… atrapado en una prisión en el espacio por una especie que parecía haber conquistado el universo. De los detalles no estaba seguro. En realidad recordaba muy poco de ello. Desde el momento que despertó de la anestesia su memoria estaba confusa y bloqueada, principalmente de los hechos ocurridos en ese año y medio desaparecido.

Resultaba extraño para él, podía estar parado ahí en aquel desierto de la tierra contemplando la salida del sol y sentir que había sido a penas el día anterior cuando le enseñó a Keith aquella cabaña en el desierto. Y todo se vía igual como lo recordaba, pero mucho había cambiado.

Incluso él mismo había cambiado. Podía sentirlo hasta el punto de encontrarse ajeno a su cuerpo, en especial con aquel brazo de platino que no pertenecía, pero obedecía sus pensamientos ¿Qué le había ocurrido? ¿Qué paso más allá de las estrellas?

–Shiro –escuchó la inconfundible voz de Keith detrás de él.

Pero definitivamente si algo no había cambiado era el joven de cabellera negra. Shiro, a pesar de tiempo transcurrido, lo veía tan maravilloso como siempre especialmente bajo los primeros rayos de sol de la mañana que caía sobre él. Su rostro inexpresivo, su mirada profunda, su hermosa cabellera azabache y esa actitud de niño malo que le encantaba. Sí, nada había cambiado en Keith durante ese año y medio, y daba gracias a ello. Era tal cual recordaba, como esa flama que lo mantuvo con esperanza todo ese tiempo y con el deseo de regresar.

Espera… ¿Cómo sabía eso?

Como destellos de luz, imágenes resplandecieron en su mente de él mismo como un despojo humano, simplemente manteniéndose con vida por el simple hecho de volver a ver a su amado. Volver a tenerlo en sus brazos, sentir su cálido aliento contra su rostro y besar aquellos suaves labios que lo volvían loco.

–Keith –soltó Shiro.

El dueño de su corazón le sonrió y Shiro se perdió en su relajado semblante. Algo dentro de le indicó que todo iba estar bien. Estaba en casa.

–Es bueno tenerte de vuelta –dijo Keith apoyando su mano en su hombro sin perder su suave sonrisa. Él también estaba feliz de verlo.

Shiro tomó la mano de Keith que posaba sobre su hombro y entrelazó sus dedos con los de él.

–Es bueno estar de vuelta –le respondió casi en susurro en lo que daba medía vuelta y poder deslizar su otra mano por su cintura y asirlo.

El semblante de Keith cambio de golpe y la sorpresa en sus ojos no era nada nuevo para Shiro. Los acercamientos repentinos no eran el punto fuerte del joven de cabellera negra.

Teniéndolo sujeto, Shiro lo atrajo hasta sí. Rápidamente su olfato fue invadido por su intenso aroma y sus ojos se perdieron en el oscuro espacio que eran las pupilas purpuras de Keith. Por último, se enfocó en sus labios… aquellos que estaba tan deseoso de besar de nuevo… y estaba por hacerlo.

Pero lo que se encontró en el camino fue el dedo índice de Keith, que lo detuvo en su lugar en lo que la yema de su dedo se sentía como fuego en los labios de Shiro.

–Antes que nada –dijo Keith con seguridad, liberándose de su agarre –. Hay algo que debes ver.

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Every time I see you falling

I get down on my knees and pray

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Lance entró en pánico.

No solo Takashi Shirogane estaba vivo, también no recordaba nada de lo sucedido y no sabía absolutamente nada de los cambios en la vida de Keith. Específicamente, la llegada él… Lance. Claro que había cosas más importantes de momento para preocuparse como la nave extraterrestre que apareció en la atmosfera de la tierra, el misterioso león azul robótico y mágico que por alguna razón él solo podía pilotar y el repentino viaje más allá de las estrellas en que habían quedado atrapados.

Había muchas cosas que no entendía en un principio y mucho menos tenía idea de cómo habían llegado a ello, desde la aparición de Shiro, las investigaciones de Keith en el desierto y las señales captadas por Pidge. Pero eso era mínimo comparado con la duda que se acumulaba en el corazón de Lance.

¿Qué pasaría ahora que regreso Shiro? Nada cambiaría entre él y Keith ¿verdad?

Porque no importaba que Shiro estuviera al corriente o no, pero su Keith, ya no era su Keith, sino de Lance ¿verdad? Sí, se habían dado un tiempo por petición de Keith, pero eso no significaba que hubieran roto su relación ¿o sí? Habían quedado claros con eso ¿no?

Lance estaba desesperado por saber que pensaba Keith al respecto, pero ante la nueva situación y como las cosas seguían una tras otra, nunca hubo una oportunidad para que ambos hablaran. En cambio, su amado de copetillo negro actuaba con tal familiaridad con Shiro que lo sacaba de quicio; peor aún, Shiro nunca quitaba sus ojos de él.

¡¿Acaso no conocía el concepto de ser discreto?!

Él lo hacía mucho mejor, ocultando detrás de su sonrisa confiada la inseguridad que lo carcomía por dentro. Tanto para aparentar tranquilidad cuando estrechó la mano de su rival de amor. ¡Hey! ¡Después de todo él era Takashi Shirogane, el héroe que viajo más allá de las estrellas! ¡Era un privilegio conocerlo!... además de robarle el novio.

¡Oh carajo!

Pero la situación no parecía mejorar y mucho menos que se daba un momento para que pudiera hablar con Keith a solas. Se encontraron con un misterioso castillo en un planeta olvidado, después de un extraño viaje a través de un agujero de gusano. ¿Qué más cosas raras podían pasar? Bueno, estaba la hermosa princesa congelada en el tiempo que cayó en sus brazos.

En otro tiempo, Lance le habría agradecido a dios por aquel ángel caído del cielo, pero ese momento solo tenía corazón y cabeza para el iracundo y poco paciente chico de copete negro. Que por cierto no pudo evitar levantar una ceja cuando la princesa Allura se recompuso en sus brazos… ¿Acaso eran celos? Tal vez no estaba perdido después de todo.

Las cosas están lejos de terminar ahí, desde recuperar más leones, creer que Hunk había muerto, pasar por otro ataque alienígena, pensar que todos moriría y ser parte del robot más genial y ultra poderoso de todo el universo, realmente no estaba ayudando a Lance para tener ese momento para hablar con Keith sobre su relación. Finalmente, cuando todo pasó y regresaron a su nuevo al castillo de leones, las cosas comenzaban a tomar forma en la cabeza de Lance.

Mientras permanecía en los jardines frente a la entrada principal del castillo, apreciando como el sol de la atardecer matizaba su nuevo hogar, el joven moreno pudo darse cuenta de muchas cosas estaban por cambiar a parte de su relación con Keith. Era un paladín de Voltron y sobre sus hombros caía la mayor responsabilidad del universo, salvar y liberar a todos aquellos conquistados por el terrible emperador Zarkon y su poderoso ejército.

Era aterrador ya que lo analizaba con cuidado. Solo eran cinco joven e inexpertos pilotos (con excepción de Shiro) con la arma más poderosa del universo en sus manos, contra el tirano que conquisto la galaxia.

Pero ¿qué más podían hacer? no existía nadie para llenar el puesto y ellos había sido seleccionados místicamente para tal misión; pero las implicaciones de su fracaso eran terribles por no decir catastróficas, estaba en juego el futuro del universo, sino también el de la tierra... su hogar… su familia.

¡Su familia! ¿Qué estarían pensados ellos de él ahora? ¿Qué le habrían dicho sobre su paradero?

En sentimiento de nostalgia lo lleno de repente, haciéndolo sentir cabizbajo. Vaya, defensor de la galaxia y más allá era él.

–Lance –fue sacado de sus pensamientos pesimistas cuando escuchó que lo llamaban a su espalda. Se volvió para encontrarse nada menos que con Keith.

Claro, también está el problema de su relación con Keith.

–Hey.

–Hey.

–¿Qué haces aquí?

–Yo puedo preguntarte lo mismo.

–Es que… –murmuró Lance bajando la mirada – aún es mucho que procesar. Los leones, Voltron, la tierra, esta guerra contra Zarkon… y… –masculló levantando lentamente sus ojos hacia los de Keith, quien le devolvió la mirada de su forma seca y característica – y Shiro.

Keith dio un leve respingo. Pronto sus ojos se desviaron de los azules de Lance, en lo que parecía un ademán de darse media vuelta y alejarse de él. Pero Lance ya había esperado suficiente tiempo y necesitaba al menos sacarse una duda de la cabeza, como de su corazón; de todas las locuras que ahora en que se había convertido su vida, quería acabar su tormento al menos de una... la más importante.

De un solo impulso, Lance lo tomó de la muñeca y lo formó mirarlo a rostro.

–¡Solo necesito que me digas algo Keith! –prácticamente le gritó ante la desesperación que reinaba en su corazón –. ¡¿Aún amas a Shiro?!

La sorpresa fue presente el rostro de su amado, en lo que un leve suspiro escapó de sus dulces labios y sus mejillas adquirieron algo de color. Keith tragó saliva antes de contestar con completa sinceridad:

–Sí, aún lo amo.

Con esas palabras el corazón de Lance se rompió mil pedazo, su agarre sobre la muñeca de joven de cabellera oscura se fue debilitando en lo que la desilusión se apoderó de su semblante. El joven moreno quería llorar más que nada en el mundo, pero hizo un esfuerzo descomunal para contener sus lágrimas. Keith había tenido la cortesía de ser brutalmente sincero con él, lo menos que le debía…

–Pero también te sigo amando a ti.

Lance volvió alar la vista y se topó con los ojos vidriosos de Keith. No mentía y al igual que él, se daba cuenta del problema en que estaban metidos.

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I'm waiting for that final moment

You say the words that I can't say

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Shiro entró una vez más en la sala de controles del castillo antes de ir a dormir. Ya había buscado por todo el castillo y ese era el último lugar que le faltaba por revisar. Como proceso de eliminación, justamente se encontraba ahí. Keith estaba solo en aquella sala, admirando el mapa estelar del castillo desplegado ante sus ojos.

Acercándose silenciosamente hacía él, Shiro se aproximó tratando de no perturbar sus pensamientos. Muchas cosas habían pasado últimamente y muy rápido, era normal que estuviera perturbado y Keith no era bueno con los cambios. Además, deseaba admirarlo unos minutos más, bajo aquella luz de las estrellas del mapa que lo hacían resplandecer como el astro que era.

Por la estrellas, como lo había extrañado y añorado regresar con él. Ahora estaban juntos y podían recuperar el tiempo perdido.

–Keith –lo llamó dulcemente tomándolo por encima del codo y volviéndolo lentamente hacia él. Su cara de perturbación alteraba sus bellas facciones y lo consternó terriblemente. ¿Qué era lo que lo acongojaba? ¿Qué tanto atormentaba su mente? –. ¿Qué sucede?

–Debemos hablar –dijo con sequedad, pero mirándolo firmemente a los ojos. Eso no le gustaba.

–¿Qué pasa? ¿De qué quieres hablar?

Algo no andaba bien y lo hacía sentir inquieto, había cierta lejanía entre él y Keith que llegó a percibir desde la cabaña en el desierto. Esperaba que no fuera lo que temía.

–Antes que nada necesito hablar yo primero –le pidió –. Y no me interrumpas por ninguna razón.

–Está bien.

–Durante todo este tiempo… mientras todos me decía que estabas muerto… no pude… no quise… dejarte ir.

Keith desvió su mirada y clavo su bellos ojos en sus zapatos. Nunca había sido bueno con las declaraciones, en especial las de amor.

–Nunca, por ningún momento te deje de amarte Shiro –soltó de golpe aún esquivando la mirada de Shiro.

El corazón de su tutor estalló en alegría ante la desaparición de sus temores. Tomó a Keith de los hombros e intentó abrazarlo.

–Keith… –pero antes de que digiera algo más, el joven moreno colocó una mano contra su pecho y mantuvo el espacio entre ambos.

–Tengo una relación con Lance –dijo finalmente levantado la mirada y clavando sus ojos vidriosos en los oscuros y pasmados de Shiro –, desde hace varios meses somos pareja y también estoy enamorado él.

El tiempo se detuvo para el hombre mayor, quien ni un momento soltó los brazos del dueño de sus afectos. Su corazón dio un vuelco y su estomago se revolvió como un piloto novato en un simulador. Keith lo miraba con la misma intensidad de siempre y con esa expresión implorándole ayuda ante lo perdido y confundido que se encontraba. Pero Shiro no sabía qué hacer…

Vaya que estaba en problemas.


Y aunque no lo parece, aquí se acaba esta historia. Sé que parece que no es el final, pero sí lo es. Desde un principio era la intención que terminara aquí.

Muchas gracias por leer y pronto la versión PDF de este fic estará disponible en mi galería de DeviantArt (la dirección se encuentra en mi descripción de autor).

Un saludo.