Llego el capítulo 3 EDITADO!
En este momento, estoy escribiendo a ciegas. No sé cómo va a terminar este fic, no planeé nada. Así que voy a estar tan sorprendida como ustedes con cada capítulo! Jaja.
OTRO TEMA
Mi fic sobre Cyborg y Raven se está demorando, porque las casi cuarenta páginas que escribí SE BORRARON. No sé, mi computadora evidentemente me detesta.
Como sea, lo estoy re-re-re-re-escribiendo, y espero poder empezar a subirlo pronto.
Les dejo el cap y espero comentarios!
Saludos
Rae.-
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NIÑEROS
(Capítulo 3)
Abrió sus ojos lentamente, llenándose con la luz de la mañana...
Diablos, cómo odiaba la luz de la mañana.
Estiró sus brazos e intentó recordar cuándo había pintado su habitación de blanco. Y cuándo había cambiado su cama por una cama blanca. ¿Y esa decoración? O más bien, falta de decoración. El cuarto era claro, minimalista, ordenado. Era... era...
Era el cuarto de Robin.
Los hechos del día anterior -especialmente los de la noche anterior- la golpearon despiadadamente. Los niños, la siesta, la película, el parque, el llanto, los juegos...
Los ojos de Robin.
El beso.
Fue tan breve que casi dudaba si realmente había ocurrido. Pero no podía evitar rememorar su aroma a abedul y gel mezclados con café, la calidez de esos labios apenas rozando su chakra por un infinito instante...
El despertador del petirrojo estalló, y Raven sacudió su cabeza con fuerza, procurando enfriar sus pensamientos. No podía darse el lujo de caer en esas cuestiones y andar explotando cosas, no cuando los niños estaba ahí; sería peligroso.
Giró su cuerpo hacia el interior de la cama, buscando a los tres niños que seguían plácidamente dormidos.
Nada.
¿Nada?
¡NADA!
Raven se incorporó y empezó a palpar las sábanas, como si todo fuese un efecto visual, o los hermanos se hubiesen vuelto invisibles.
Para cuando comprendió que efectivamente no estaban ahí, las cortinas del cuarto habían sido arrancadas de cuajo y transformadas en millones de tiras que caían como lluvia.
Entró en pánico, corriendo fuera de la habitación sin siquiera molestarse en vestirse.
'¡¿Cómo puedes perder a los niños dos veces en menos de doce horas, pedazo de imbécil?!' recriminaron Rudeza y Valentía casi al unísono.
'¿Y si les ocurrió algo? Sería nuestra culpa; todo, todo nuestra culpa' Tristeza negaba con la cabeza y se aguantaba un llanto, hablando con esa depresiva voz que la caracterizaba.
- ¡No! -exclamó, parando en la mitad del corredor. Agradeció que Inteligencia hiciera acto de presencia-. Concéntrate, Raven. No pudo ocurrirles nada, Robin no lo hubiese permitido. Debo... debo buscarlos, debo buscarlos a todos.
Cerró sus ojos y buscó dentro de su mente por un atisbo de paz. No podía enloquecer, necesitaba hallar a los niños, y para eso debía tener el control de sus poderes.
Recitó su mantra casi una decena de veces antes de tomar una profunda bocanada de aire.
Los sintió. Sintió sus auras dentro de la Torre.
Traspasó los cuatro pisos hasta quedar en aquel rincón escuro de la sala, donde solía ocultarse cuando no quería ser notada. La escena frente a sus ojos le hizo acelerar el corazón por un instante.
Robin, Bobby y los tres niños estaban en la cocina, preparando el desayuno entre todos.
Melva exprimía algunas naranjas sentada en la mesada, mientras Timmy usaba un pote de crema batida para decorar los waffles que humeaban sobre los platos. Robin caminaba de aquí para allá, con Tommy sentado en la mochila a su espalda para mantenerlo lejos de las estufas.
- ¿Cómo va el jugo, Mel?
- ¡Ya exprimí como diez mil naranjas! Y Bobby se está comiendo todas las cáscaras -exclamó la niña, extendiendo sus brazos.
- Perfecto. Déjame ver, Timmy... -se acercó a los platos mientras el pelirrojo se lamía los dedos sucios- ¡Wow! ¡Se ven deliciosos! Buen trabajo, niño -dijo entonces, despeinando la cabeza del pequeño.
Tommy empezó a patalear en su espalda, y Robin le extendió una galleta.
- Tú tienes la tarea más importante, campeón: debes decirme cómo están las galletas. Así que, ¿cómo están las galletas? -Tommy comenzó a reírse y escupir, devorando el dulce-. Supongo que están bien, entonces.
El cuerpo de Raven irradiaba una calidez que pocas veces había sentido. Sólo quería unirse a aquella imagen, reír con ellos. Disfrutar, todos juntos.
- ¿Y a Raven le gustará el desayuno sorpresa? -preguntó la mayor de pronto, lanzándole algunas cáscaras de naranja a Bobby.
- Claro que sí. Estará muy feliz de ver lo que hicieron para ella -se detuvo un instante, de espaldas al rincón donde la hechicera se escondía.
'Aunque habría sido mejor si alguien no estuviese espiando'.
La voz del petirrojo hizo eco en la mente de Raven, sacándola de su trance. ¿Cómo rayos había descubierto que ella estaba ahí? Maldito hijo de Batman.
'No me culpes, Boy Blunder. Desperté y ellos no estaban, y yo ya tengo antecedentes de perderlos'.
'Estamos en la Torre, Rae', respondió él mientras retomaba su tarea, preparando unos huevos revueltos.
'Entré en pánico, ¿de acuerdo? Y no me llames Rae'.
'Pensé que yo tendría más libertades ahora'. Casi pudo imaginar la socarrona sonrisa en su rostro.
'¿Ahora que me asaltaste mientras yo estaba desprevenida?'. No se la haría tan fácil. 'Tienes suerte de seguir en esta dimensión, Grayson'.
'Que siga aquí me dice que mi asalto no fue tan desagradable para ti'.
'Sigue soñando'. Raven rodó los ojos.
'Como sea, esto casi está listo. Sólo... entra por la puerta y finge sorpresa, ¿sí? Estaban muy ilusionados con darte un obsequio'. El tono fue más serio de pronto; Robin en serio parecía estar preocupado por complacer a los hermanos.
'Ugh, um, de acuerdo. Haré lo que pueda'.
Raven se fundió con los muros y reapareció en su cuarto para cambiarse. Una vez en su uniforme, caminó tranquilamente hasta la sala, dándoles tiempo para dervir el desayuno.
La puerta de la sala se abrió frente a ella y dos niños saltaron a sus brazos, mientras Tommy gateaba rápidamente para llegar a su encuentro.
- ¡Buenos días, Raven! -exclamó Melva, besando su mejila.
- ¡Comida! ¡Mucha, mucha, MUCHA comida! -gritó Timmy señalando la mesa a su izquierda.
- ¡Mavi, Mavi! -Tommy extendió sus bracitos pidiendo que le alzaran el suelo. Su apodo era cada vez más extraño.
El aire comenzó a escasear cuando Bobby la envolvió entre sus brazos y la elevó tres metros sobre el suelo, lanzando un gruñido que parecía el ronroneo de un monstruoso gatito.
- B-Bob-by, a-a-aire...
Todos regresaron al piso y Robin, con el bebé nuevamente en su mochila, ayudó a Raven a ponerse de pie, guiándola a la mesa.
- A los niños se les ocurrió darte una sorpresa, para agradecerte por haberlos cuidado.
- Oh... Ugh, ¡oh! -intentó mostrarse sorprendida, y aunque su actuación era mediocre, pudo ver que los pequeños le habían creído y estaban enormemente felices de haber cumplido con su cometido.
- ¡Come, come! Yo hice el jugo, Timmy puso la crema en los waffles, y Tommy fue el... ¿Castor de galletas? -la niña alzó una ceja hacia el petirrojo, interrongando. Robin sintió un nudo en su garganta al ver el gesto de Raven reflejado en la cara de Melva.
- Catador -corrigió con una sonrisa-, catador de galletas.
- Pero... um, no hay galletas -mencionó la hechicera.
- Pues no -Robin sacó a Tommy de la mochila y comenzó a alzarlo por los aires-, ¡porque el catador probó toda las galletas! ¡Este enorme monstruo de las galletas se come todas las galletas!
Los ojos de Raven se ensancharon al ver las carcajadas del bebé y la enorme sonrisa de Robin.
Todos comieron juntos. Robin alimentando a Tommy mientras Raven ayudaba a los dos mayores. Todos hablaron, y todos -excepto Raven- rieron cuando los niños hacían una u otra monería.
Cuando al fin el abundante desayuno terminó, Raven envió a los hermanos mayores a lavarse los dientes y cambiarse.
- Hoy pude cambiarle el pañal -comentó Robin con orgullo, dejando a Tommy en el suelo mientras se sentaba en el sofá.
- Ya era hora. No soportaría una semana de cambiarlos sola -se sentó junto a él, mirando a Tommy que intentaba ponerse de pie sosteniéndose de su rodilla.
- Pronto va a caminar.
- Mmhm...
- Y a hablar.
- Mmhm.
- ¿Crees que lleguemos a verlo? Digo, sus primeros pasos, o su primera palabra.
Raven volteó a verlo. La voz de su líder había sonado algo acongojada, como si pensar en la posibilidad de perderse esos momentos lo entristeciera. Y a decir verdad, ella también lo sentía así. Si bien había visitado regularmente a los niños durante el par de meses desde que los conoció, sabía que esos pequeños pero tan importantes momentos podían darse cualquier día, y muy probablemente no tendría la suerte de presenciarlos.
Ella abrió su boca para responder, cuando el ruido de la puerta abriéndose los interrumpió.
- ¡BOO-YAH! ¡Y EL CAMPEÓN DEL TORNEO INTER-TITÁN DE ZOMBIE WAR 2000 ES...!
- ¡Viejo!¡Eso fue trampa y tú lo sabes!
- ¡Ya deja de llorar, Cabeza de Brócoli! Eres pésimo, asúmelo.
- ¡Yo no soy pésimo! ¡Tú eres un grandísimo tramposo!
- Temo decirte, amigo Chico Bestia, que nuestro amigo Cyborg ganó limpiamente, e hizo lo que creo ustedes llaman "limpiar el suelo con tu trasero" -acotó Starfire con una sonrisa-. ¡Amigos! ¡Qué alegría es volver a verlos!
La tamaraneana voló hacia ambos titanes y les ofreció uno de sus asfixiantes abrazos.
- ¡Star! -exclamó Robin con el poco aire que quedaba en sus pulmones-. ¡El beb-é!
- ¿Huh? -la pelirroja soltó a sus compañeros y miró hacia el suelo, donde Tommy mordía felizmente el final de la capa de Raven.
- ¡Oh! ¡Tú eres mi nuevo amigo Timmy!
- Tommy -corrigió Raven.
- ¡Tommy! -Starfire lo tomó en brazos mirándolo con curiosidad-. Con que así se ven los cachorros humanos... ¿Y sus cuernos?
- ¿Cuer... qué?
- Cuernos. Protuberancias que suelen salir en el rostro o cuello de un ser vivo -Starfire se señaló su frente.
- Sé lo que es un cuerno -siseó Raven; diablos, su padre los portaba con orgullo, y a ella le crecían cuando su lado demoníaco salía a flote. ¿Cómo rayos no iba a saber lo que es un cuerno?
- No, Star. Los niños humanos no tienen cuernos -explicó Robin con calma.
- ¡Ahora que recuerdo! -interrumpió Cyborg-. ¿Qué diablos le ocurrió a las ventanas del séptimo piso? ¡AGH! ¡¿Y QUÉ DIABLOS LE OCURRIÓ A ESTE VENTANAL, Y LA CONSOLA, Y...?!
- Lenguaje -dijeron Raven y Robin al mismo tiempo.
- ¡Él robot dijo "diablos"! -acusó Timmy en un grito, mientras entraba por la puerta.
- Viejo, ¿por qué los niños siguen aquí? -preguntó Chico Bestia, mientras intentaba quitarse a Timmy de encima. El niño estaba obsesionado con sus orejas puntiagudas.
- Los monjes sufrieron... contratiempos, y tenemos que cuidarlos unos días más.
- Hola, eres muy bonita -dijo Melva de pronto, parándose frente a Starfire.
- ¡Hola, nueva amiga Melva! ¿Te gustaría asociarte conmigo en una actividad ociosa que involucra cosméticos químicos de diversos colores, pinceles y cepillos, y la típica "charla de chicas"?
Melva volteó a ver a Raven con una ceja alzada, haciendo que a la hechicera le corriera un escalofrío por la columna.
- Maquillarte.
- Oh, ¡claro!
Raven recibió a Tommy en brazos mientras Star, Melva y Bobby desaparecían del comedor. Al instante, pudo sentir algo húmedo en su pecho.
Que no sea vómito, que no sea vómito, que no... Agh, demonios.
- Cy, toma al niño -dijo ella, separándolo de su cuerpo.
- Muy bien, muy bien, ¡venga con el tío Cy!
- ¿Desde cuándo te gustan los niños, viejo?
- No me subestimes, Bestita; ¡me encantan los niños! -exclamó con una enorme sonrisa mientras hacía a Tommy volar por el aire.
- Y sin embargo, tú los dejaste a mi cuidado -siseó la ocultista a su líder, antes de emprender su marcha hacia el baño.
Robin se quedó mirando hacia la salida con confusión.
¿No habían superado ya esa discusión?
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Decidió darse un gran baño de inmersión que relajara sus músculos y mente, de modo que tardó casi una hora en salir de su habitación. Pasó por el cuarto de Starfire y pudo oír a Melva riendo mientras la tamaraneana cantaba algún extraño cántico de su planeta. Siguió camino preguntándose dónde estaba los demás.
Los encontró en la sala, Cyborg viendo televisión y Chico Bestia transformado en oveja, con Tommy durmiendo tranquilamente sobre él.
- Hey, Sunshine -susurró Cyborg-. Creí que te había ahogado en el baño.
- Hmp. ¿Cuánto lleva durmiendo? -preguntó de pie tras el sofá. La oveja verde comenzó a roncar mientras babeaba.
- Media hora, algo así. Haré el almuerzo pronto; deberías buscar al resto.
- ¿Dónde están Robin y Timmy?
- Creo que fueron al gimnasio.
Raven asintió y salió de la sala, dirigiéndose al cuarto de entrenamiento. Una vez ahí, no intentó ocultarse - no tenía sentido considerando que Robin la descubriría de todos modos.
El petirrojo colgaba de un trapecio, con sus rodillas firmemente sujetas a la varilla metálica mientras sus manos se extendían para tomar las de Timmy, de pie en el piso. Sus articulaciones parecían ser de goma, era una imagen bastante impresionante, debía admitir.
- Bien, ¿estás bien sujeto? Ahora yo te acercaré a mí, y cuando tus pies dejen de tocar el suelo, tendrás que ponerlos en mis axilas para impulsarte hasta la barra, ¿de acuerdo?
- S-sí.
- Tú puedes hacerlo. Uno, dos, ¡tres! Bien, eso, pie derecho arriba... pie izquierdo... Ahora suelta mis manos.
- ¿Soltar?
- Confía en mí. Yo te estaré sosteniendo de los pies, no dejaré que caigas. ¿Listo? Eso, eso, toma la barra y trepa, yo te impulso con mis manos... Eso... Así...
- ¡Llegué! ¡Estoy en la hamaca!
- Ja, ¡claro que sí! Mantente de pie y sostén con fuerza las cuerdas, que yo me... incorporo, eso es. ¿Te quieres sentar en mis hombros?
El pequeño asintió con un nuevo entusiasmo, trepándose hasta quedar en posición.
- Genial, ahora subiré un poco el trapecio, ¿te parece?
Robin tomó un pequeño control que colgaba a un lado de ellos y presionó un botón, elevando el trapecio a cuatro o cinco metros del suelo.
- A la cuenta de tres, ¿listo? ¡Uno! ¡Dos! ¡TRES!
En menos de un instante Raven vio cómo Robin se lanzaba de espaldas, con sus manos tomando los tobillos de Timmy, hasta quedar nuevamente colgando por el doblez de las rodillas.
El pelirrojo carcajeó extendiendo sus brazos mientras el líder Titan comenzaba a columpiarlos.
La conexión entre ambos comenzó a llenarse de recuerdos. John Grayson enseñándole a su hijo los mismos movimientos, mientras Mary los observaba con orgullo y entusiasmo. Mary bajando a su niño para comer, mientras el mayor hacía una voltereta en el aire y caía junto a su esposa y hijo, y ambos adultos bromeaban al respecto.
- ¡Hola, Raven! -dijo el niño de pronto, notando la figura azul en la puerta-. ¡Estoy en el circo!
- Lo noté, Timmy. Buen trabajo -la hechicera caminó un par de pasos y envolvió a Timmy en energía, bajándolo hasta el suelo-. Es hora de almorzar.
- ¡Esa cosa hace cosquillas! -exclamó el niño, sacudiéndose como si tuviera insectos caminándole por el cuerpo.
- Tú también baja, Boy Blunder.
- En eso estoy -dijo antes de lanzarse en un espectacular giro, cayendo limpiamente en la colchoneta.
- Arrogante -murmuró ella mientras salían del cuarto.
- Talentoso -corrigió él con una sonrisa.
Raven tuvo esa sensación de dejá vù y se detuvo un instante en sus pasos, consiguiendo que Robin volteara a verla. Él se sonrió, comprendiendo lo que le ocurría automáticamente, y la tomó de la mano, guiándola hacia la sala.
Robin también lo sentía: el mejor dejá vù de su vida.
