SOMBRAS

Cuando abrí los ojos ya estaba claro afuera. Supuse que era temprano porque ninguno de los sirvientes había venido a ofrecerme el desayuno como usualmente suelen hacer todas las mañanas.

Desde mi habitación se puede ver el jardín de la mansión. Hay un gran árbol de cerezos afuera, cada mañana es lo primero que veo, y en las noches puedo ver su sombra. Esta ahí desde que recuerdo, plantado en el jardín, solitario, quieto. Es como un viejo compañero.

Ahora estamos solos los dos.

Suspiré y me vestí, me recogí en cabello en mi usual trenza a un costado y me puse algunas pulseras en las muñecas, para darle algo de color a mi ropa. Ese día mi kimono era negro, como si fuera a ir a un funeral, seguramente no se consideraría apropiado, pero me daba igual, no saldría de la mansión Kuchiki ese día, de hecho, usualmente no salgo nunca, me está prohibido salir sin permiso del señor de la casa, es decir, Byakuya.

No fue él quien me impuso esa regla, fue Ginrei-sama, él creía que si yo salía me metería en problemas (ya que ya había tenido bastantes), así que solo podía salir en compañía de alguien, o de lo contrario necesitaba que me lo autorizaran.

Pero hacía años que Ginrei-sama había muerto, pero nunca le pregunté a Byakuya si la regla quedaba anulada o seguía en pie. Algo me decía que a él no le importaba si me quedaba o no, pero de todas formas no tenía a donde salir ni con quien hablar, por eso me quedaba siempre en la mansión, jamás salía afuera, sin contar el jardín. La verdad esa regla no me había afectado en lo más mínimo, porque el objetivo de haber entrado aquí era precisamente no salir.

Miré afuera una vez más, detrás del árbol, un poco a lo lejos, veía figuras de shinigamis haciendo sus rondas. Eran miembros de la Sexta División que patrullaban la mansión Kuchiki.

Así que aquí era seguro.

"No puedes huir de mi"

Esa voz, la reconozco. Es él, sé que es él, pero no puedo verle la cara, esta de espaldas a mí.

También sé que solo estoy soñando.

"¿Dónde la tienes?"

Aizen busca la Hogyoku… pero no la encontrará nunca, incluso si entra aquí y me mata, no la encontrará, así que no tengo porque tener miedo. Todo estará bien. Cumpliré mi promesa. Los demás no se habrán sacrificado en vano.

"Está cerca ¿no es así?"

Aunque sé que solo es un sueño, ni siquiera puedo soportar oír su voz. El simple hecho de oírlo hablarme me da escalofríos y me provoca un odio inmenso.

"Está cerca…"

Empieza a darse la vuelta lentamente, poco a poco y me mira con una sonrisa falsa.

"Ya te encontré."

Me desperté repentinamente ante eso y por poco caí a un lado. Sin darme cuenta me había quedado dormida en la sala mientras leía.

" Kohana -sama" la voz del mayordomo me llama la atención "¿Tuvo una pesadilla?"

"¿Eh? No. Solo un sueño muy extraño."

"Solo le pregunto porque luce algo pálida ¿Va a cenar hoy?"

"No. Dime ¿ya llegó Byakuya-sama?"

"Un miembro de su división vino a avisar que le fue asignada una misión de última hora. No vendrá esta noche."

"Ah… bueno." Dije simplemente, estuviera aquí o no, Byakuya no iba a hacerme compañía "Estaré en mi habitación ¿puedes llevarme un té?"

"En seguida." El mayordomo se acerca para recoger la taza donde había bebido té antes de quedarme dormida. No me gusta mucho la comida, rara vez pruebo bocado porque generalmente verla me da nauseas, pero si bebo mucho té.

Supongo que era uno de los cambios que uno experimentaba después de morir.

Antes de que é se vaya recuerdo una cosa "Una cosa más" lo detengo "¿Sería posible que me trajeras flores?"

"¿Flores?" el mayordomo me mira como si estuviera loca. Afuera ya está oscuro, pero finalmente parece darse cuenta "Mmm No se preocupe, Kohana-sama, yo me encargo de eso."

"No, está bien, quiero hacerlo yo."

"Como guste. Enseguida veré si puedo hacer algo, lo había olvidado por completo. Con permiso."

Mientras él se dirige a la cocina, yo me dirijo en sentido contrario, pero no a mi habitación, si no a la de Byakuya-sama. Caminé sigilosamente por el pasillo, como si él realmente estuviera ahí y pudiera oírme, de igual manera abrí la puerta con sumo cuidado y asomé la cabeza.

No hay nadie, pero yo siempre he sido paranoica. Bueno, no siempre, pero ahora lo soy.

Miré por la ventana como si Byakuya-sama pudiera en cualquier momento entrar volando por ella, aunque sé que no va a hacerlo. En caso de que llegara temprano de su misión, entraría por la puerta y no le gustaría nada verme husmeando allí.

La habitación de Byakuya-sama tiene su olor.

Me puse en frente de un pequeño armario empotrado a la pared, lo abrí y saqué una vieja fotografía enmarcada.

"Hola, Hisana-san, lo siento, solo quiero cambiar tus flores." Y sé que es estúpido hablarle a una fotografía, porque Hisana ya no está en este mundo.

Según Urahara, las almas de las personas que morían aquí se reencarnaban en el mundo de los vivos, así que Hisana no podía de ninguna forma escucharme, ni a mí ni a Byakuya-sama, probablemente él lo sabía también, pero esa fotografía, esa simple fotografía era algo importante para Byakuya-sama.

Y si era importante para él, yo lo cuidaría. Contrario a lo que las personas del Clan Kuchiki pensaban de mí, yo no le tenía ningún rencor a Hisana, no tenía por qué guardarle rencor a ella. Yo la conocí una vez, aunque no habló conmigo, solo con la Capitana Shihoin.

Y se parecía tanto a Rukia. Yo no podía entender como Byakuya-sama podía soportar la imagen de su adorada primera esposa caminando por la casa. Incluso yo cuando la vi por primera vez me llevé el susto de mi vida, eran tan parecidas que hubiera dicho que eran gemelas.

Hisana era la hermana de Rukia, me refiero a que era la verdadera hermana de Rukia. Rukia suele llamarme a mí "nee chan", pero en realidad debería ser a Hisana a quien le diga de esa forma.

Pero Hisana era solo un recuerdo que nadie quería mencionar. A pesar de haber sido la primera esposa de Byakuya-sama, el resto del Clan Kuchiki no la consideraba como tal porque jamás la habían aceptado dentro de la familia. Se opusieron hasta el final, la despreciaron e incluso hasta ahora era tabú el mencionar su nombre, como si quisieran borrarla de la historia de la familia, a la que según ellos, jamás perteneció.

Según las tradiciones, para casarte con un Kuchiki, primero tienen que aceptarte en el clan, pero no aceptaron a Hisana, ella se casó con Byakuya-sama sin haber sido bien recibida.

No puedo imaginar todo lo que tuvo que pasar, de hecho tal vez las actitudes de los nobles fueron lo que la enfermaron, porque nadie más que yo sabía lo chocantes que podían resultar algunos de ellos.

Yo no podía guardarle rencor a una muerta, tampoco podía odiar a alguien que había sufrido y tampoco tenía derecho a reclamar nada.

La mentirosa aquí soy yo.

"Kohana-sama, aquí están las flores. Le llevaré el té a su recamara cuando termine, para que no se enfríe."

"Gracias, ya puedes dejarme sola."

El mayordomo hizo una leve reverencia y se marchó.

Yo soy la mentirosa, así que solo quiero que Byakuya-sama sea feliz. Nada más.

Limpié el florero y tiré las flores casi marchitas por la ventana, para cambiarlas por las nuevas que el mayordomo había traído de quien sabe dónde. Era muy eficiente.

Luego, cuidadosamente, metí la foto de vuelta con las flores frescas y cerré el armario como si nada hubiera pasado.

Por lo general Byakuya-sama se encarga él mismo de ponerle flores nuevas a Hisana-san, pero a vece se encontraba tan ocupado que no podía hacerlo, como ahora por ejemplo.

Cuando volviera vería las flores nuevas y se preguntaría quien las había cambiado, probablemente pensaría que fue el mayordomo.

Quizá si descubre que fui yo pueda quererme, si quiera un poco.

Al menos mirarme.

Sería tan feliz.

Me despertaron golpes en la puerta. Sin darme cuenta, me había quedado dormida de nuevo, pero esta vez en mi alcoba, sentada en la mecedora.

Tardé un poco en despertar por completo a pesar de la insistencia de los golpes en la puerta. Parecía ser algo urgente.

"Pase" elevé la voz.

El mayordomo entró con una bata de dormir "Disculpe por despertarla, Kohana-sama, pero…"

"No importa ¿qué pasa?"

"Es un mensaje urgente de la Quinta División"

"¿De la Quinta División? ¿No sería mejor que se lo des a Byakuya-sama y no a mí?" pregunté confusa, hasta que recordé.

El capitán de la Quinta División…

"No es para Byakuya-sama, es para usted."

Yo miré la carta en sus manos como si fuera un animal venenoso.

"B-bien, gracias" extendí la mano temblorosa. "Vuelve a dormir"

"Si me necesita, solo llámeme" y salió cerrando la puerta.

Inmediatamente salió, dejé la carta en la cama rápidamente, como si tocarla me quemara, y creo que lo hacía de cierta forma. No quería abrir ese mensaje.

"No puedes escapar de mi"

Fue como si todo el mundo se me cayera encima, como si apretaran mi pecho y no me dejaran respirar.

El miedo.

No sé cuánto me quedé mirando esa carta en la cama, pero me decidí cuando vi que empezaba a clarear.

Estaba amaneciendo.

Tome el mensaje en mis manos y comencé a leerlo, dispuesta a afrontar lo que sea que fuera.

Yo sabía que esto algún día pasaría. Una persona no puede esconderse del pasado para siempre, porque en el futuro siempre la alcanza.

El pasado te alcanza en el futuro.

Kuchiki Kohana-san:

No me corresponde y tampoco me está permitido informarle de esto, pero considero que lo que está pasando es de su interés personal, así que digamos que lo hago por nuestra vieja amistad.

En ese momento apreté ese maldito mensaje, estrujándolo entre mis manos ¿a qué se refería con vieja amistad?

Claro, está jugando conmigo y seguramente escribió esto por si alguien interceptaba el mensaje o lo leía antes que yo.

Tomé valor y continúe.

Se acusa a la shinigami Kuchiki Rukia de permanencia fuera del tiempo autorizado en el Mundo de los Vivos y de transferir sus poderes ilegalmente a un humano. Esta noche ella fue arrestada en por el Capitán Kuchiki y su teniente y se ha decidido que será encarcelada hasta dictarle una sentencia… con probable riesgo de pena de muerte.

Atentamente: Aizen Sosuke.

En ese momento el mensaje se me cayó de las manos y temblé.

Los ojos se me llenaron de lágrimas "Rukia…"

Era como si él hablara en mi oído

"Te encontré"

uuuuuuh Se pone interesante...

Gracias por leer.