¿Y si me conocieras?

Hi! Gente bonita. Sé que ya es un poco tarde, pero igual quiero decir que espero que hayan pasado unas estupendas fiestas navideñas y un grandioso año nuevo. Si el 2016 no fue un gran año, deseo que este sea el mejor para ustedes n.n Mis más presiadas bendiciones y ¡Éxito!

Sin más que decir, espero que disfruten la lectura y sea de su agrado. Gracias por esperar.


Capítulo 2

Boomer Him

...

Me sentia fatal. Jamás había sentido algo parecido, tenía un horrible escozor por todo el torso y en algunas aéreas de las piernas y brazos, ademas tenía un hedor insufrible. Era un asco, tal vez hasta un vagabundo estaba mejor que yo. Además, ya no podría soportar un minuto más esas incómodas almohadas, que por más que tratara de acomodarlas seguían igual de horribles. Lo mejor que tuve en ese momento fue estar ante la presencia de esa belleza de mujer.

La tal Miyako parecía tener un día terrible con sólo mirarme. Se había acercado a mí con pesar, con cara de fastidio y con un mohín en sus labios. No comprendía el motivo de su actitud, ni siquiera le había dirigido la palabra.

Con algo de pereza sacó algunos artículos médicos y unas tijeras afiladas de la bolsita de plástico. No lo niego, sentí un poco de nervios al ver cuan afiladas estaban. Ella podía hacer cualquier cosa con esas tijeras, aunque creo que la subestimaba demasiado pronto. No la conocía, podía ser que ella tenía algun hábito mañoso y eso era inquietante. Miyako a comparación de la señora Lumpkins, me daba a entender que mi presencia estaba de más.

—Voy… a—se interrumpió justo al comenzar a hablar.

Su rostro se había deformado en una divertida mueca y un sonrojo adornaba sus mejillas. Podía jurar que estaba avergonzada. Intenté reincorporarme lo más pronto posible después de que ella saliera despavorida de la habitación, pero al enterarme de que se trataba comencé a reír sin control. ¿Acaso ella jamás había visto a un chico en ropa interior? ¡Ja! Claro...

—Discúlpame...—dijo al momento que entró de nuevo.

Me cubrí con el cobertor intentando no incomodarla más pues a pesar de que tenía un semblante indiferente, noté que estaba algo nerviosa. Debía de ser una chica muy inocente. Por favor…

—Voy a…a cambiar tus vendajes—soltó con algo de molestia.

No protesté en lo absoluto, me encontraba algo mareado y sentía que en cualquier momento colapsaría. Ella me ayudó a sentarme, tomó asiento en la cama y comenzó a descubrir mi abdomen, sin dejar su sonrojo de lado.

Solté un quejido al sentir sus frías manos sobre mí, pero no pude dejar de mirarla. A pesar de todo era un chica deslumbrante. Rubia, delgada y con una hermosa mirada, era el estereotipo de la chica perfecta. Sin embargo no era para nada como aquellas chicas con las que había salido. Ella tenía algo distinto y no me refiero a su cabello lleno de heno, su vieja ropa de granjera, sus uñas llenas de tierra o su desagradable hedor a animales. Sentía que ella tenía un "no sé que" que la diferenciaba sin importar que era una campesina.

—¿De que te sorprendes si ya me habías visto antes en calzoncillos?—reté. Ella frunció el labio y me mostró una mirada llena de reproche.

—¿Tú cómo sabes? Yo no cambiaba tus vendajes antes—dijo sin nada de amabilidad. No pude evitar soltar una risilla nasal—...ni que tuvieras tanta suerte—

Comenzó a aplicarme un extraño ungüento verde en el costado, que por lo que miré allí tenía una grave quemadura. Cuando sentí sus manos en la herida, gemí adolorido e intenté tumbarme de nuevo a la cama, pero ella me acomodó de nuevo.

—¿Cómo te llamas?—preguntó distraída.

Desde que me había quitado el cobertor de encima no había apartado la mirada de una venda en particular, la de mi pierna izquierda. Creo que debía tener alguna herida grave o algo parecido, pues desde que había despertado sentía en ese muslo un dolor insoportable.

—Soy Boomer Him—contesté con un intento de sonrisa.

Miyako abrió los ojos a más no poder y alzó una ceja como si se sorprendiera, aunque no era de extrañar. Sonreí mostrándole todos los dientes, eso pareció molestarla.

—Date la vuelta—ordenó seria. Obedecí sin protestar, esa mezcla extraña comenzaba a doler y quedarme quieto hacía que me ardiera la piel. Frunció el ceño y en silencio, uno muy largo a mi parecer, terminó de cambiar mis vendajes—listo—

—¿Tú eres quién cuidas de mí, preciosa?—pregunté seductor.

Ella infló sus mejillas, molesta. Al parecer era de las chicas difíciles a las que no podía sacarle ni siquiera una sonrisa, y eso era interesante. Digamos que de donde venía era difícil encontrar mujeres así.

—No me llames preciosa, idiota—contestó muy secamente.

No supe si era el dolor o el coraje de que me contestara así, pero sentí como todo mi estómago se apretaba violentamente. Cielos, ¿Acaso esa chica no sabía quien era yo realmente? Me trataba sin nada de respeto y apenas nos conocíamos.

—Perdona pero no soy tu nana, Him—sonrió con sorna.

No dijo nada más, guardó unas cosas en su bolsita usada y salió de la habitación . Realmente sería genial saber que pasa por la cabeza de esa mujer.

oOo

Increíble. De todas las personas que existen en el planeta tuvo que ser él. Boomer Him era uno de los hijos de un importante empresario, uno de los actores juveniles más reconocidos internacionalmente y uno de los adolescentes más ricos del mundo. En pocas palabras, Boomer era realmente importante.

Era increíble que él acababa de sufrir un terrible accidente aéreo y que mi familia lo estuviera cuidando. Era increíble que alguien como él estuviese en esa situación y peor aún, varado en un pueblito lejos de "la civilización", pero lo más increíble era que me tocaba a mí cuidar al riquillo más nefasto del espectáculo. Era lo peor que podía haberme pasado.

Si no podía soportar con esos estúpidos escándalos o dramas clichés que salen en televisión, mucho menos podría soportar lidiar con personas falsas que por que dinero y fama hacen lo que fuera. Así como él. Pero ahora… Boomer llegaba a mi vida y algo me decía que no se iría pronto de ella.

—¡Miyako!—escuché la chillante voz de Bonnie, estaba acercándose hacia mí—¿Cómo está, Boomy?—preguntó preocupada.

Rodé los ojos al escuchar de nuevo ese apodo, me tenía harta tener que escucharlo a cada momento. Para mí mala suerte, Boomer era uno de los actores favoritos de Bonnie. Him era algo parecido a su ídolo, bueno él y sus hermanos.

—El actorcillo ésta mejor, hace un rato despertó—dije sin prestarle mucha atención. Ella suspiró aliviada y comenzó a hablar, sin dejar de seguirme al establo.

—Me alegra tanto saber que está mejor, ¿Sabes lo mucho que sufrí al saber que se trataba de él y que...—hablaba y hablaba y hablaba. Estaba segura que si no dejaba de decir algo más sobre él explotaría. Y eso no es algo bueno, al menos no para Bonnie. Daba tanta pena que ella no dejaba de decir cuanto se preocupaba, cuando estaba casi segura que a él no le importaba.

—Cómo sea—le interrumpí como siempre—ayúdame—

Bonnie dio un respingo, lo que más odiaba era ayudarme en los trabajos del campo pero al final de cuentas me ayudó a cargar un costal de semillas. Tenía que preparar el tractor rápido y con sus chillidos no dejaban concentrarme. Bonnie era todo un caso.

Sentía un poco de lástima por ella, había sufrido tanto y solo era una niña. Había sido rescatada de la calle por la señorita Keane cuando sólo tenía siete años. No había nada más que decir, Keane era era una mujer maravillosa y su esposo, Fuzzy, también lo era. Se encargaban de mantener las cosas en su lugar y eran como una familia para nosotras. De alguna manera habíamos llegado a conocerlos y nos ayudaron cuando nadie más lo hizo. Para mí, eran las mejores personas del mundo.

—¿Crees que Momoko llegue temprano hoy?—preguntó emocionada. Como buena hermana menor, esperaba ansiosa a su hermana todos los días. Posiblemente su relación de hermanas era más fuerte que Kaoru, y eso ya es mucho decir.

—Espero que si—le di una sonrisa sincera, la mejor que pude darle en ese momento, Bonnie sonrió y empezó a ayudarme con lo que hacía.

oOo

—Hola De nuevo, cielo—dijo la señora Lumpkins, sonriendo, al entrar a la habitación.

Hacía ya bastante tiempo que me había despertado, no podía seguir durmiendo cuando escucho toda clase de animales domésticos gruñir y hacer ruidos insoportables, era imposible.

—Buenos días, señora—repondí con un intento de sonrisa.

—Traigo tu cena—se acercó con una enorme bandeja hacia la cama. La dejó sobre el buró—y tus medicamentos—batió un frasco lleno de pastillas y cápsulas.

—Gracias—

La señora Lumpkins era muy buena conmigo, me trataba como si ella fuera mi nana. Aunque sus tratos me hacían sentir como un anciano, uno que parecía una enfermedad terminal y eso si daba mal rollo. Las empleadas que habían cuidado de mi jamás habían sido tan atentas conmigo.

—No me has dicho tu nombre, cariño—dijo sonriendo.

La señora Lumpkins se sentó al borde de la cama. No había dejado d mirándome fijamente, como si esperase que una respuesta sorprende. Era algo indignante que no supiera quien era yo.

—Me llamo Boomer Him—contesté. Ella se me quedó mirando, como si esperase que dijera algo más—soy... un actor—

—Realmente pensé que eras modelo—dijo algo ¿decepcionada?

Apenas había salió de su extraño trance se levantó de la cama con una enorme sonrisa. Se acercó a mí y comenzó a apretarme las mejilla con sus manos mientras hablaba como si le hiciera cariños a un bebé. Eso era humillantemente incómodo. Seguro era peor que los gritos de Brick al enojarse.

—Claro, señora—aparte sus manos de mi rostro lentamente. Me sentía un poco perturbado—¿Usted sabe donde...donde esta Miyako?—

Ella comenzó a reír mientras asentía. No sabía como sentirme al respecto, solo había preguntado por ella y la señora Lumpkins parecía burlarse.

—Hmm ¿Te duele algo?-

—No...no me duele nada-mentí.

Obviamente me dolía todo, apenas estaba recuperándome de un accidente que pudo haberme matado. Pero no quería parecer un debilucho, no acostumbraba aparentarlo. Cuando tienes dos hermanos extremadamente atléticos, es mejor estar a su nivel.

—De acuerdo, si te duele algo me llamas a mí o...a Miyako—sonrió de oreja al oreja.

Se levantó de la cama y salió dejándome completamente solo en esa pequeña habitación. Sólo observaba esa decoración tan femenina y llamativa, digan a de una mujer mayor . Cuando di con la ventana, mis nervios se calmaron sólo un poco. A pesar de tanta hospitalidad, deseaba regresar a casa.

A pesar de lo que pasó extrañaba a mis hermanos. Ellos no tenían nada que ver con eso y creo que sería genial tener su compañía, a estar solo en una habitación desconocida con cremas y ungüentos extraños sobre mí. Sin contar el dolor insoportable que me atravesaba todo el cuerpo.

—Debo regresar pronto…—


Segundo capítulo ¡listo!

Okay, gracias por llegar hasta aquí ; ). Sinceramente espero que les hay gustado, aunque sea un poco. Lamento haber tardado tanto en actualizar, pero al fin ¡Aquí está!

Si tienen algún comentario "bueno o malo", si les gustó o hay alguna parte que no les pareció sería genial que me lo hagan saber, cualquier crítica es bien recibida. Un abrazo empalagoso y ¡Hasta luego!