Aclaración: Ahora sí, se vienen aclaraciones... y lpm meimi me la pusiste difícil xD


Día 6: Caballete

No hubo consideración alguna al momento de entrar a la oficina. Ni siquiera el gigantesco gorila que custodiaba el acceso fue un impedimento para el rubio, quien con los ojos encendidos decidió encarar al artífice tras la errática conducta de su Lady.

—¡Padre!

Gabriel Agreste se encontraba, aparentemente, diseñando algo en su computador. Ni siquiera se hizo aludido, manteniendo en todo momento el contacto visual sobre la pantalla. El lápiz táctil bailaba de arriba abajo con trazos precisos, dando forma finalmente a un boceto sobre el que había estado trabajando desde hace meses y que al fin estaba dispuesto a adoptar la forma perfecta.

Era ese mismo estoicismo el que terminó por colmar la paciencia de Adrien, quien con tal de hacerse notar, pateó una de las patas del caballete que otrora era la base de las obras de su progenitor.

El mayor suspiró con cansancio.

—¿Esos son los modales que te enseñé todos estos años, Adrien?

Claro que tampoco lo vio al hablarle, pero al menos ya había captado su atención.

—¿Ocurre algo?

Hasta se sintió insultado con aquella pregunta.

—Sí, Marinette.

—¿Problemas en el paraíso? —Ironizó.

—¡Sabes bien lo que pasa!

Gabriel solo asintió con un sonido gutural.

—¿Por qué?

—¿En serio preguntas eso? —Adrien gruñó. Gabriel dibujó un par de trazos más, haciéndose a la idea de que no se libraría de su hijo muy pronto, así que guardó el progreso de su obra y apagó el equipo.

Su hijo le miraba expectante, cruzado de brazos y con el cuerpo apoyado sobre la pared más cercana.

—Por las reacciones de la gente, naturalmente —y sabiendo que el rubio no se quedaría satisfecho con eso, se vio obligado a explicar la gracia de su chiste. —En serio me parece rudo de tu parte que siendo un luchador de segunda generación, no seas capaz de visualizarlo. Me decepcionas.

—Al grano.

Gabriel se volvió hacia una vitrina, situada en el muro contrario a donde se encontraba Adrien. Y si el chico no conociera a su padre, hubiera imaginado que estaba evitando hablar con él a toda costa. Delante del mayor, una máscara cubría medio rostro de un busto, y a través del reflejo del cristal siguió atento a las reacciones de su hijo.

—Marinette y tu han desempeñado un papel más que destacable estos últimos años, sencillamente pensé que era tiempo de ascenderlos a las ligas mayores.

—¿Y esta fue la mejor forma que se te ocurrió? ¿Volviéndola una heel?

El mayor rio entre dientes.

—Dime si no es una idea brillante. Primero rompemos al tag team más carismático de todos para enfocar sus caminos por separado. Cat Noir conquistará su tan ansiado campeonato mundial mientras Ladybug labra su destino para conquistar el oro máximo de la división femenil.

Finalmente se giró, mostrándose confiado, incluso podría decirse que entusiasmado y lleno de expectativas.

Adrien no quería admitir que la idea era llamativa, sin embargo, aún había algo que necesitaba saber. Después ordenaría sus propias ideas.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

Y la sonrisa de Gabriel se esfumó. Nuevamente, la decepción asoló su mirada.

—Por la misma razón que solo lo sabían unos cuantos la noche que Ladybug traicionó a Cat Noir. Las reacciones salen más naturales cuando no sabes lo que está a punto de ocurrir, ¿estás de acuerdo? La incertidumbre es un factor importante del espectáculo. Sin sorpresas, bueno, ocurre lo mismo que un chiste sin remate.

Contra esa lógica no podía objetar nada. Sin embargo, aún se sentía dolido, pues se suponía que entre Marinette y él no existían secretos, ni siquiera los que involucraban su trabajo. Para su relación y confianza, fue un golpe muy duro.

—Yo le ordené a Marinette que no dijera nada —adelantó Gabriel, que había notado a su hijo decaído. —Ni a nadie más. Por el bien del negocio. Lo entiendes, ¿verdad?

Esperaba no tener que repetirlo, nada más. Gabriel Agreste era un hombre de poca paciencia y altas expectativas, mismas que involucraban a su único hijo y futuro heredero.

Adrien hizo una pausa a su tren del pensamiento. Por el momento creería en la palabra de su padre, pero sabía que no era toda la verdad.

—Aún tienes sorpresas, ¿no es así, Hawk Moth?

Fue lo último que dijo antes de darle la espalda y dirigirse a la salida.

Al saberse solo, Gabriel volvió a encender la pantalla de su computador para reanudar su trabajo. Y se sintió feliz de ver que su mano aún recordaba los trazos ideados por su mente antes de sufrir tan grosera interrupción.


—Llegamos.

—...

—¿Me dirás en serio que no estás impresionada por la ciudad de Paris, Kagami?

—... debimos quedarnos en Japón, Felix.

—¿Y perdernos toda la diversión?

—...

—Visitaremos a mi tío en la mañana. Vayamos a nuestras habitaciones a dejar el equipaje y luego te llevaré a cenar.

—... de acuerdo.


Notas finales: Se viene, pónganle condón porque se viene (?)