Cartas de Amor.

Summary: Y sin darle tiempo le arrebato un beso que derribo varios pilares de piedra de aquella alma que sin verlo venir había comenzado a vacilar por cartas de amor.


"Hay una forma de amar de la que me he vuelto participe, una en la que me humillo ante la gracia y única mirada que me permiten sus ojos marítimos y llenos de seriedad bendita pueden ver a este caballero de armadura que se desarma con usted de protagonista. Que nuestro Señor me perdone por desear tener más que una mirada de su gran servidora, que mis pecados sean perdonados por desear tener entre mis brazos a la criatura de infinita bondad que sirve en su templo.

Puede que ya no estemos en aquellas épocas donde podría morir en la hoguera por desearla y quererla tener a mi lado, pero eso no quita que seré ahorcado con la infinita critica de aquellos que se burlan de los amores imposibles porque jamás serán capaces de vivir este sentimiento de desear a la mujer que con tan solo dos oraciones me vuelve una mujer persona, por la cual lucho día tras día con mis demonios para ser mejor persona y ser digno de ella.

Con un corazón anhelante, tu fiel servidor.

El caballero de la destrucción"

La joven novicia se encontraba con su rostro caliente y con la dificultad de respirar, ella que era una religiosa consumada a punto de hacer sus votos, una que jamás pensó que recibiría esto. Esta era la quinta carta que recibía desde que entró a la escuela religiosa a hacer su servicio y con el cual ganaría la experiencia que le permitiera ir al convento de santa Maria.

Pero fue hace un mes que las recibió, solo en un delicado sobre blanco con una rosa blanca y negra en su despacho y sin que nadie lo notara ahí aparecía, quizás esos no era lo preocupante, lo preocupante fue que para el corazón de la noble dama esta carta hacia estragos, revivía el corazón enamorado de una joven que deseaba olvidar el amor y dedicar su vida al señor.

¿Un escape?

Tal vez, pero era el único lugar donde se sentía a salvo, un lugar que dejo de ser seguro cuando esas cartas de amor comenzaron a mover los cimientos de piedra de aquella alma rota.

—Hermana Marinette.

El llamado a la puerta hizo que la azabache escondiera las cartas bajo llave y está la pusiera en el bolsillo oculto de su vestimenta religiosa.

—Si, superiora.

—Hermana Marinette, por favor, ayúdenos con las palabras de despido hacia los padres en el auditorio.

—Claro, deme unos momentos salgo.

Escuchando como los pasos se dispersaban la mujer se arregló un poco, sus ojos se veían brillantes por las lágrimas saladas y el destello de exaltación que le dejaban el leer tales palabras, del mismo modo esperaba que bajara un poco las mejillas carmín que tenía en ese momento al recibir el viento frio que corría mientras salía de su despacho y comenzaba su recorrido hasta el auditorio donde las señoritas de la entidad educativa la esperaban con sus familiares y colegas.

[…]

—Y esperando que nuestro Señor las acompañe en sus actividades el resto de la tarde, pasen un buen día entre familias y seres queridos.

La contestación unánime de "Amén" resonó en el lugar permitiendo así que padres e hijas comenzaran a juntarse y saludaran varias docentes y hermanas religiosas de la institución.

—Gracias hermana Marinette, estoy tan feliz de que me pueda despedir de usted antes de celebrar las fiestas decembrinas.

Marinette sonrió a la bella niña de cabellera rubio y ojos verdes encantadores.

—El gusto es mío, mi ángel, estuviste increíble en tu presentación.

Sonriendo con alegría y pureza la niña siguió.

— ¡Si! A papá le encanto y lo gro venir al menos un momento.

La joven religiosa abrazo a la niña que lo hizo más fuerte de regreso, como adoraba que la pequeña Emma fuera tan feliz, en verdad agradecía al cielo poder ver a una niña tan bella no perder su sonrisa, que esta la recuperara y no estuviera a punto de perderla como fue cuando recién llego a la escuela.

— ¡Eso es una excelente noticia, mi tesoro! Espero disfrutes con tu padre y tíos estas bellas vacaciones.

—Gracias hermana Marinette, ahora debo buscar a mi padre, salió a hacer una llamada, pero no lo encuentro.

—Ve mi corazón y si no lo encuentras vienes a mi despacho y ahí lo llamamos y lo esperamos juntas ¿sí?

— ¡Si hermanita Marinette!

La niña de gran vitalidad salió corriendo hacia donde estaban sus amigas y las llevo con ella a buscar a su padre. En verdad le parecía increíble que ese hombre haya logrado tener a una dulzura como Emma, no es que tuviera algo en contra del padre de niña, claro que no, solo que cuando se conocieron tuvieron un fuerte roce que llevo a los dos a terminar empapados en la fuente del colegio por buscar a Emma que se había escondido por no querer ir con su padre, terminado aquella aventura en risa de los dos y conociendo poco a poco al hombre.

Un hombre que, aunque no lo aceptara era muy apuesto y si Marinette lo hubiera conocido un poco antes de tomar la decisión de ser monja le habría gustado, sin embargo, al tener tales ideas se le vino a su mente los anhelantes versos de aquella carta que le había movido hasta los huesos.

Negando suavemente, la joven se dirigió nuevamente a su despacho mientras veía como padres e hijas salían felices, adoraba el concepto de familia y en verdad deseaba que su vocación le permitir ayudar a muchas.

Aunque sin saber estaba a punto de ser el miembro más importante para una, sumergida en aquellas sensaciones de paz que tenía llego a su despacho donde se disponía a calmar un poco su alma, sin embargo, antes de moverse un cuerpo masculino la intercepto entre este y la puerta, tapando sus labios sin permitir que esta diera la vuelta y gritara, sometiéndola mientras la tenía unida a su cuerpo.

—No intente luchar conmigo, hermana Marinette.

Esa voz.

Marinette que intentaba quitar con sus mansos aquella mano grande que tapaba su boca se paralizo, era imposible, porque alguien como él hiciera esto.

—Hermana Marinette me he visto en la necesidad de hacer esto, pero ya no puedo, mi deseo por usted está creciendo y sé que crecerá más con las maravillas que dice mi hija de usted, de cómo la abraza, de cómo besa su frente, de cómo esta con ella y la cuida ¿Sabe lo frustrante que es envidiar a tu propia hija por las atenciones que ella recibe de la mujer que anhela y de la cual se fue enamorando sin darse cuenta?

Marinette estaba temblando ante tales palabras, este hombre debía estar loco, El hombre hizo que la religiosa diera la vuelta y lo viera, siendo ella la atrapada en los ojos verdes deseosos de ella.

Pegando su frente y destapando los labios de la mujer que por la impresión solo tenía una O en su boca pego su frente a la de ella y continuo.

—Como peregrino avergonzado me siento ante los ojos puros de la servidora del señor, pero no niego mi deseo ante la mujer que me cautiva y a la cual deseo acudir para suavizar mi pasión por ella con un beso es sus labios rosas.

—S-Señor Agreste —tartamudeando, Marinette respiro fuertemente esto no podía pasar.

—Mi anhelo, mi lady, la princesa de mis sueños, este caballero de destrucción está conteniéndose tanto de agarrarla y besarla hasta dejarla sin aliento, con su ser tembloroso ante las caricias de este pecador que desea ser purificado con tu alma pura al unirme a ti y ser uno contigo.

Un jadeo ahogado salio de la joven, mirando directamente a ese verde brillante de amor y deseo ella encontró al dueño de cales cartas.

—Usted las escribía…

—Y no hubo día en el que me arrepintiera por lo que hacía mientras escribía esas cartas.

—Señor Agreste…

—Adrien, de su boca quiero escuchar llamarme Adrien, mi nombre en sus labios será la mejor dicha que tenga.

—A-Adrien yo —sin permitirle continuar, el hombre colocó un sobre en los labios de la mujer.

—Seguiré con ellas y ahora seré yo quien las entregue y haré esfuerzos sobrehumanos para ganarme su corazón, mi lady.

—En la primavera haré mis votos.

—No si puedo hacer que su corazón este tan embriagado de mi como el mío lo está por usted.

—Piense en su hija —asustada y nerviosa la mujer lo vio con ojos que estaba por derramar cristales salados.

—Mi adorada hija estará más que feliz porque la mujer a la que ella considera madre de instituto sea parte de su familia.

— ¡Adrien! —Marinette intento salirse de sus brazos, pero él fue más rápido y la aprisionó—, por favor no insista, esto es una locura, ni siquiera lo conozco bien, ni siquiera usted me conoce bien.

—Créame cuando le digo que haré lo posible por conocerla y usted me conocerá, y en ese transcurso haré que usted este tan perdidamente enamorada de mi como lo estoy de usted.

Pegando más su frente a la de la joven que no sabía que más hacer para que este desistiera y mezclando sus alientos mientras se acercaba más a ella finalizó.

—Hay bastantes cartas que aún falta por llegarle, mi señora.

Y sin darle tiempo le arrebato un beso que derribo varios pilares de piedra de aquella alma que sin verlo venir había comenzado a vacilar por cartas de amor.