Suenan campanas en flor
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.
Esta historia participa en el Reto #14: "Amortentia al azar" del Foro "Hogwarts a través de los años".
3
Clavel
Merlín se despierta de su inconsciencia cuando comienza a clarear por el este, deteniéndose a reconocer las figuras y los colores que le rodean.
Techo de madera añejada, una telaraña perfectamente tejida inundando el rincón, paredes sin vida y una superficie cómoda debajo de su espalda.
«¿Dónde me encuentro?»
Lo último que recuerda es la expresión regia de Morgana mientras los soldados de Camelot lo arrestan, un impacto en su cabeza y después todo volviéndose oscuridad.
Descarta la posibilidad de encontrarse en Camelot al contemplar el paisaje dibujado en la ventana. Las siluetas de las casas se proyectan recortadas contra el amanecer, son casas humildes construidas a base de lodo y paja entretejida.
Si no se encuentra en Camelot, esposado a la espera de la resolución del Rey Uther, significa que —por alguna irónica razón del destino que todavía desconoce— pudo salir airoso de la encrucijada orquestada por Morgana para ponerlo en lugar de victimario.
El crujido de la puerta sirve para ponerlo en alerta.
—Veo que ya has despertado —comenta una voz femenina que Merlín no reconoce. Desde luego, no es Morgana—. Y por lo que veo, en excelentes condiciones.
La mujer tiene el cabello negro como la noche acomodado en un moño casi perfecto, la piel del rostro clara y pómulos tallados a mano. Perfectamente puede tratarse de Morgana, dentro de algunos años, pero la diferencia radica en sus ojos, los cuales son dos zafiros bajo la luz dorada del sol.
—¿Quién es usted?
—Lo primero que debes saber sobre mí es que soy una amiga —dice con una sonrisa envolvente—. Una amiga que narrará lo acontecido pero que debes confiar en sus palabras, aunque tus instintos te digan lo contrario.
Merlín, desconfiado por naturaleza, asiente.
—Mi nombre es Rowena Ravenclaw, y lo más probable es que nunca haya llegado a tus oídos ni mi nombre ni mi apellido. Pero tú me conoces, Merlín, a través de rumores que viajan desde los puertos a los mercados —dice, pero él no comprende a qué se refiere—. Has oído de la obra que junto a mis amigos hemos creado.
Una idea ilumina su mente como una estrella fugaz. ¿Puede ser que el rocambolesco destino le haya hecho terminar al cuidado de la fundadora del colegio mágico? ¿Puede ser posible tamaña coincidencia?
—Hogwarts, así se llama el colegio donde todos los niños con magia son recibidos —continúa con voz calmada, dándole la impresión que no es la primera vez que brinda ese monólogo—. Las puertas del colegio están abiertas a todo aquel que quiera aprender a expandir su poder mágico. Tengo entendido que tú estabas en su búsqueda.
—En efecto —responde Merlín, eligiendo sus palabras cuidadosamente al sentirse reducido por su presencia—. Provengo de un reino donde está prohibido hacer magia y se ejecuta por ello.
—Camelot, ¿así se llama? —Él asiente—. Ella me confió la historia, hablándome de la travesía de su viaje y de cómo nunca abandonaron la esperanza de que fuera real.
«Morgana.»
—¿Cuándo habló con ella? —interroga, nuevamente en alerta—. Morgana no es lo que parece, ella me traicionó.
La puerta se abre repentinamente, revelando una figura esbelta cubierta por una capa roja como la sangre.
—Yo no te traicioné, Merlín. Solamente hice que pareciera así.
Merlín no cree sus palabras, no se deja enredar por el hechizo de su voz. Rowena Ravenclaw, detectando la tensión entre los dos muchachos decide retirarse de la estancia, les brinda intimidad para ponerse al corriente.
—La emboscada de Lancelot fue planeada —revela Morgana—. Le envié un mensaje en la última aldea en que nos detuvimos para que nos brindara suministros y caballos descansados. Él no podía salir de Camelot sin levantar sospechas, por lo que convenció a Uther de saber nuestro paradero.
—¿Cómo explicas mi inconsciencia?
—Tenía la impresión que usarías tu magia para reducir a los soldados y no podía permitir que dejaras en evidencia tu poder. De haber sucedido, Uther en persona querría tu cabeza. —Merlín no le cree del todo, pero escucha su relato—. Luego intenté borrarles la memoria a los soldados y a Lancelot, y fue mi hechizo fallido lo que atrajo a la señora Ravenclaw.
Le habla sobre los fundadores de Hogwarts y de cómo van de aldea en aldea en busca de niños mágicos a los cuales educar.
—De verdad existe…
—De verdad existe, Merlín —corrobora ella—. Nos fuimos de Camelot ansiando un futuro donde comprendiéramos y aprendiéramos a utilizar nuestra magia, y lo hemos hallado.
Intenta acercarse pero él se mantiene reticente y Morgana lo comprende.
—¿Sabes qué fue lo más doloroso de todo? El poder leer tus pensamientos y sentir cómo te rompía mi traición.
La sinceridad se vislumbra en sus ojos y congoja en su voz. Merlín le toma la mano, deleitándose con el contacto de su piel. Entonces, lo detecta. Flotando sutilmente en el aire pero invadiéndole todos los sentidos.
—¿Qué es ese aroma?
Morgana le señala el ramo a los pies de la cama. Son flores de matiz amaranto, bañadas por el rocío de la noche, las que desprende ese aroma tan cautivador. Las flores, también conocidas como claveles, son las predilectas de Merlín.
—Las traje para ti como forma de pedir disculpas por lo acontecido. Disculpas por haberle enviado un mensaje a Lancelot sin tu conocimiento y por las consecuencias de ello.
Y Merlín la perdona.
La perdona porque es Morgana y le resulta imposible estar enfadado con ella; la perdona porque los catapulta a ese futuro tan ambicionado.
Tiene la imperiosa necesidad de besarle los labios, pero deposita un beso tímido en su mejilla y le provoca una sonrisa. Los dos, tomados de la mano, recorren el camino que los separa del colegio, un castillo que se alza sobre las montañas escocesas.
—Hogwarts los espera —dice Rowena Ravenclaw.
Morgana se recuesta en su hombro, con el viento trayéndole el perfume de su cabello.
«Si el amor tiene un aroma, huele a Morgana.»
No sabe cuándo se enamora, solo sucede.
