Pervinca se revolvió toda la noche en cama de su hermana, Babú abría un ojo ocasionalmente a pesar de su pesado sueño de bruja de la luz para vigilar el estado de su hermana, curiosamente Vi no estaba despierta, probablemente estaba sufriendo pesadillas.

-Felí – susurró la gemela despierta llamando a su hada niñera.

- ¿Pasó algo? ¿Despertaste? ¿Han tenido pesadillas?

-Creo que Vi está teniendo un mal sueño – mencionó Vainilla mirando a su gemela con preocupación.

-Ha sido un día duro para ella, besa su mejilla y vuelve a dormir, por la mañana mamá Dalia sabrá que hacer – Felí voló al lado de su niña y le acarició el cabello con ternura.

-Buenas noches – susurró ella y besó a su hermana en la mejilla antes de cerrar los ojos para volver a dormir.

Pervinca dejó de revolverse y se dio vuelta sobre su costado quedando de espaldas a su gemela, Babú la abrazó por la cintura y buscó su mano para tomarla, el anillo en su dedo había desparecido.

Al día siguiente despertaron con el ensordecedor sonido del despertador de campanilla de Vainilla, y no solo ellas sino también todo el resto de la casa, Felí había sido previsora a la hora del cuento y mamá Dalia había convencido a Cícero sin muchos detalles de cocinar panqueques para Vi, el aceptó un poco reacio pero mamá Dalia no le dio más detalles, si bien Vi y él eran muy cercanos los asuntos del corazón solo eran compartidos entre las gemelas, y ocasionalmente Felí quien se encargaba de transmitirlo a Tomelilla en la hora del cuento.

- ¿Tuviste pesadillas anoche? Parecías un poco inquieta – preguntó Babú volando a lavarse los dientes.

-Sí y no. No sé si era una pesadilla, yo diría… Que fue solo un mal sueño – murmuró Pervinca escondiendo la cabeza bajo la almohada.

No mencionaría que involucraba a Grisam, a Babú, a un chico que no conocía y a cierto bastón, un bastón-espada.