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10


Dos semanas pasaron desde ese día. Ella no devolvió la llamada. Pensé que quizá la había asustado al sonar como un completo acosador.

Caminaba pensando, mientras las pisadas de las hojas secas de otoño me hacían dar cuenta que aún seguía en este mundo.

No espere de nuevo verla. Repartía volantes junto a un chico de gafas y un hombre de cabello plateado. Se acercó a mí para darme uno. Entonces me reconoció, y me dio un golpe en la espalda (algo fuerte), como si fuera un saludo, para luego irse a seguir en su trabajo.

No quise tirar el volante, y decidí leerlo.

"Los deseos se hacen realidad una vez que somos capaces de hacer lo imposible. Por eso esta navidad visita..."

Por alguna razón la primera frase me fue suficiente. Saqué una pluma y escribí en ese papel. Me acerqué a ella y se lo di.

"¡Oye idiota los volantes no se devuelven!"

Eran sus gritos histéricos que me hicieron reír a lo lejos.

"¡Está bien, tú te lo pierdes bastardo! La gran Kagura nunca se..."

Al parecer ya se había dado cuenta del mensaje.

"Te llamaré de nuevo y no me importa si quieres. El 'Bastardo sádico' volverá a aparecer en la pantalla de tu celular"

La octava vez que la vi me aseguré de volver hacer que hubiera novena, décima, y etcétera de veces.


11


La llamé y ella contestó adormilada. Le pregunté muchas cosas, y me respondía algo grosera—consecuencia de hablarle en la madrugada, pero a esa hora se me ocurrió hacerlo—y logró de nuevo a acabar con mi paciencia.

"¿Quién mierda te marca en la madrugada?"

"Yo lo hice, cabeza hueca. En lugar de reclamarme y desgastar tu tiempo de dormir deberías escucharme."

"Bien. Apresúrate que mi tiempo es valioso."

"Bien. Quiero ir al parque de diversiones..."

"Que bien. Yo también quiero ir pero no tengo dinero."

"Te dije que escucharas bien. Quiero ir contigo. Yo invito. Habrá una celebración de Halloween..."

Rió, interrumpiéndome de nuevo.

"Así que sólo tenías miedo. Patético. Está bien, te acompañaré. Estoy acostumbrada a lidiar con la gente miedosa."

Estaba bien para mí que lo entendiera de esa manera. Ya sólo quedó acordar la fecha y hora.


12


Llegué diez minutos más tarde. La china aún no estaba. Pasaron esta vez veinte minutos, y no había señales de ella. Una hora más y ella seguía sin venir.

Esa vez me pregunté la razón por la que continuaba esperándola. Hasta que pasaron dos horas comprendí que debía irme. Tenía la certeza de que ella no iba a venir. Entonces, la vi corriendo hacia mí con unas zapatillas en su mano.

Le reclamaría su impuntualidad, hasta que ella al llegar inclinó el cuerpo, como buscando aire.

"Ni siquiera me digas nada, tenía trabajo y creí que saldría más temprano."

"Pareces un payaso con el maquillaje corrido."

Comenzamos a caminar, y ella me miró con cierto resentimiento, hasta que habló:

"Primero: No se maquillarme, y era necesario. Segundo: ¿Quién no queda así luego de correr casi un maratón?"

"Está bien, está bien."

Dirigí la mirada hasta sus pies, no lucían nada bien. Le pregunté si quería regresar, ya era tarde además.

"¿Eres idiota? No vine hasta aquí corriendo para que regrese. Ya que tu invitarás sería un desperdicio irme."

Nos subimos a las atracciones que ella pedía, mientras se reía de mi rostro en todas. Estaba bien, no eran mi fuerte, pero esa china insistía e insistía.

En los juegos de fuerza, y demás era la mejor. Competimos, y terminamos por empatar.

El desfile de disfraces llegó pronto, y ella sonreía mientras lo veía pasar. De pronto me noté a mí mismo viéndola, me reí y decidí mejor prestarle atención al desfile.


13


Le volví a pedir que saliéramos.

Esa vez a una pista de hielo. Dudó unos segundos antes de responder, pero al final accedió cuando le dije en que pista sería.

Cuando llegué ahí estaba esperándome puntual.

Esperaba que no supiera patinar, tal vez se caería y tendría la oportunidad de burlarme, o podría intentar ayudarla y se resbalaría de mis manos. Sin embargo, yo fui quien resultó más humillado cuando la vi pisar el hielo. Lo hacía bastante bien. Entonces por acto del viento, su sudadera se alzó dejando ver que ella era una de las personas encargadas de ayudar.

Un nuevo empleo. Y la razón por la que había aceptado. Junto a ella pronto se acercaron dos hombres, uno era un inútil patinando y otro alardeaba cuando un niño de cinco años lo hacía mejor. Parecían estar trabajando ahí... Eran esos dos tipos de nuevo con ella. El jefe y el cuatro ojos.

Me concentré de nuevo en ella, y quise demostrarle que yo era igual o mejor que ella patinando. Por supuesto, ella no se quedó atrás.

Pronto me di cuenta que éramos la atención de todos. Me detuve, y ella rió declarándose la absoluta ganadora.

Esperé que saliera de trabajar. Me vio, y cuando se acercó a mi pude notar cierto resentimiento por parte de algunas chicas y chicos.

Le prometí acompañarla hasta su casa. Al principio quiso negarse, pero logre convencerla.

Me contó lo que había pasado en sus anteriores trabajos. De lo mal que ya estaba su carta de recomendación de empleo, y lo mucho que la apoyaban esos dos (Gin-chan y Shinpachi).

Llegamos más pronto de lo que pensaba. Era un edificio algo viejo dónde vivía. Ni siquiera tenía elevador, era subir escaleras sin fin. Vivía en penúltimo piso.

Entré, y no era un mal lugar. Era pequeño, algo falto de cosas, pero lo suficiente.

"Si quieres te puedes marchar. Sólo cierra, iré a dormir. Estoy exhausta."

Se quitó los zapatos, y escuche algo caer fuertemente. Se había tirado a la cama.

No quise quedarme más tiempo, sin embargo, había un montón de libros en la mesa. Mi conclusión fue que ella era una estudiante aun, universitaria quizá.


14


Mis salidas con ella se hicieron más frecuentes cada vez.

Siempre era la misma. La misma que la primera vez que la vi. No era para nada el ejemplo de una señorita, y aun así, no me molestaba tenerla a mi lado.

En año nuevo no le pedí salir, Kondo nos llevó a todos, hasta a los amigos de su esposa gorila estaban ahí, lo que significaba que ella estaba entre ellos.

Llevaba una Yukata, y el cabello recogido. Se veía bastante bien. Caminé junto a ella, quien parecía más centrada en las tiendas de comida que en lo demás.

Cuando me di cuenta había desaparecido, y reaparecido en algún en un puesto, la seguí, y ambos logramos perdernos de los demás. No parecía muy preocupada (Tal vez por la golosina que en ese momento devoraba).

Caminamos juntos, conversando de cosas sin importancia, bromeando, y discutiendo. Pronto los encontramos en el camino.

Alguna parte de mi deseo que el proceso de encontrarlos fuera más larga.


15


A mi cabeza se me hacía la idea de que el día San Valentín vendría pronto. Nunca se me hizo una fecha interesante más que para ver y reírme los múltiples rechazados, o en la secundaria disfrutar de los regalos que recibía.

En ese momento me importó más alcanzar un nuevo nivel de lo que jugaba.

"¿No deberías trabajar?"

Era ella con sus reproches. Traté de ignorarla hasta me dio una patada, y continuó sus reclamos acerca de por qué la delincuencia se hacía cada vez peor.

"Es mi hora de descanso, sabes."

Esa china se cruzó de brazos.

"Todas son tus horas de descanso bastardo holgazán."

"Y me pagan bien."

"Por esa razón yo no pago mis impuestos."

"Te podría meter a la cárcel por eso."

Ella se rió nerviosa, y me dio una fuerte palmada en la espalda.

"Tengo que irme. Se me hizo tarde."

No le contesté hasta que vi que caminaba ya lejos de mi.

"Te hablaré está tarde. Si no contestas prometo no pasar por alto tus faltas a la ley."

"Si, si."

Quizá debía hacer algo antes de quedarme atorado ese nivel.

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16


San Valentín ya había pasado, un día para ser exactos, cuando yo la cité. Era el parque en donde alguna vez le devolví su bolsa, sentados en la misma banca.

"Sé que es estúpido, patético, y lo que quieras, pero, ¿Te gustaría algo más serio?"

Pude notar su rostro confundido. No me había entendido.

"Algo así como... Como la relación de... de un perro y su dueño (más o menos)"

"Tu serías el perro, ¿Verdad? Sadaharu necesita un compañero."

"No idiota. Yo me refiero a otro tipo de relación entre los dos. Algo más serio."

"Te digo, por mí no hay ningún problema, aunque claro, Sadaharu seguiría siendo el favorito."

Por más que tratara de ser claro ella seguía sin entender. Para mí era más esfuerzo que para ella dar una respuesta.

Me levanté algo cansando.

"Espero tu respuesta hoy en la noche. Aquí en este mismo lugar"

Fue lo único que pude decir antes de comenzar a irme.

Esperé decirle ese día, no en San Valentín, ni un día antes. Si lo hacía en esas fechas, podría responder con un certero no, y a parte de solo, lo pasaría rechazado. Y si decía que si estaba obligado a darle un regalo o hacer algo especial. Lo mejor fue un día después de San Valentin, un no o un si ya no pesaban tanto.

Ese día me la pase durmiendo, estaba cansando. No estaba tan ansioso por saber su respuesta, era como si en el fondo ya la supiera.

Mi celular sonó, era un mensaje.

"¿¡Dónde estás!? Te estoy esperando, así que por favor ven."

Vi por la ventana, ya era noche. Ni siquiera me cambie de ropa, y me dirigí hacía allá. Corría, tratando de llegar antes.

Y ahí estaba ella, sentada algo cabizbaja, comiendo alguna golosina.

Me acerqué, y me senté a su lado.

"¿Y bien?"

"¿Bien qué sádico?"

"Tu respuesta"

Miró un punto fijo, y luego tragó saliva. Cada uno de sus movimientos se me hicieron lentos.

"Supongo que está bien..."

Sacudió la cabeza.

"No supongo, está bien."

Tardé un rato en procesar su respuesta. Hasta que entendí.

"Ah... Bien."

"Si... Bien."

El ambiente podía ser de todo menos cómodo. Estuvimos un rato en silencio, hasta que me levanté.

Sin voltearla a ver, le dije:

"Te llamaré más seguido."

Ella sólo inclinó la cabeza en signo de aprobación.

Me marché sin decir más. Cuando me alejé lo suficiente, creí escuchar otra voz. No decidí hacerle caso, mi mente daba vueltas en ese momento.


17


No pasó mucho tiempo cuando recibí un mensaje de ella.

"¿Cuándo salimos de nuevo? ^^ Espero tengas una linda noche. Te quiero."

Revisé si ese era su número varias veces, hasta el punto de sabérmelo de memoria. Estaba completamente seguro de que no era ella. Si nunca devolvía las llamadas, ni mandaba mensajes, era menos probable que mandara uno siendo tan cariñosa.

Me senté en la cama analizando si se había vuelto loca. No era malo el mensaje, pero me causaba una extraña sensación en el estómago parecida a un golpe fuerte.

Le devolví el mensaje, dándole la fecha más próxima para salir y verificar que no estuviera dañada de la cabeza.

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18


La china llegó a la cita más puntual que de costumbre, y bastante formal.

Caminamos un rato en silencio, entonces un fuerte golpe en el estómago por parte de ella me hizo sacar todo el aire. Ella me señaló un puesto de ramen, donde quien acabará el enorme plato primero, sería capaz de comer por una semana gratis ahí.

Me tomó de la mano y corrimos hacía ahí, como un cachorro hambriento que arrastraba a su dueño a través de la correa. Le dije mi comparación, y ella continuaba segura de que en ese tipo de relación yo sería el perro. Era inútil convencerla.

Entramos al lugar, y en las mesas se veían soldados derrotados por la nación del ramen, otros estando en las ultimas cuando el plato apenas estaba a la mitad, y unos cediendo ante la derrota al principio. Y esa china sólo pudo decir "Pan comido" totalmente segura de sus palabras.

Una mujer se acercó a mí y con una sonrisa me preguntó si participaría, y su sorpresa fue grande cuando le señale que la chica que venía conmigo sería quien en realidad participaría. Le expliqué que ella era una bestia atrapada en el cuerpo de una jovencita, que si se lo proponía era capaz de acabar con la ración de un mes de un hogar numeroso. De alguna manera la apoyaba. Si ella era reconocida como un talento devorando yo me ofreciera como su representante, y las ganancias, claro, irían a mi cuenta.

Saqué unas bandas rojas de mi bolsillo, le di una a ella y una lo amarré a mi cabeza.

Pronto la cuenta regresiva comenzó, y yo la apoyé repitiéndole "comida gratis", funcionaba por que el plato comenzaba a quedarse vacío, hasta que todo rastro de comida desapareció.

Una sonrisa de parte de ella y el asombro de los espectadores fue el resultado. Yo la rodee con el brazo diciendo que era el responsable de su entrenamiento.

Así fue como conseguimos una semana entera de comida gratis. El rostro del dueño del lugar sería gracioso de ver cuando se enterara de que una semana era mas que suficiente para dejar en bancarrota su tienda.

Mientras, ella se hurgaba la nariz alardeando de sus grandiosas habilidades.

Había sido un buen día. No todo el tiempo obtenías comida gratis.


19


Ya hacía tiempo que no la veía desde esa ultima vez.

Ella había dicho que esos días estaría ocupada. Supuse que quizá estaba en exámenes.

Ya llevábamos un mes de salir, y seguíamos comportándonos como dos amigos, y que sus discusiones más que de pareja parecían caprichos de dos niños, o bien, eso decía Kondo-san cuando me sacaba información.


20


A los tres meses continuamos con la misma actitud. Supuse que a ninguno le molestaba, aunque en algunas ocasiones quise avanzar un poco más, pero siempre lograba dar un paso atrás. Se suponía que estábamos mejor así.


21


Cuándo llevábamos cinco meses eran las mismas discusiones sin sentido, acompañadas de los golpes y burlas.

Kondo-san me preguntó si estaba bien con eso. Afirmé, con una excusa vana de que de los dos, ninguno era lo suficiente romántico para avanzar al siguiente nivel.

Sin embargo, no era como que me era indiferente el hecho de que cuando ella se acercaba de más en alguna pelea, no sentía algo.

Y así estábamos mejor.


22


En una cita (si se le podían llamar citas), ella apareció mejor vestida que muchas veces. Me argumentó, mientras caminamos, que el trabajo que se había conseguido requería que fuese más formal.

Nos sentamos en una pequeña banca cuando nos sentimos más cansados. Le dije que esperara, ya que iría por unos pasteles. El suyo quizá llevaría algo especial, debía ser una buena venganza luego de que un día anterior ella en su naturaleza tramposa me lanzó tierra en los ojos.

Comimos, hasta que noté sus ojos llorar y aventar el pedazo de pastel lejos.

"Sabía que eras un maldito sádico, pero esta vez rebasaste tus propios límites. Juro que te arrancaré las bolas."

Sonreí. Me había vengado y eso era mi mayor satisfacción en ese momento, o eso creí, las palabras que Kondo-san me había dicho una vez resonaron, dejándome un sabor amargo. "Si ninguno dos da el siguiente paso es probable que queden estancados en el primero." Lo entendía, pero era bastante difícil cambiar una relación como la que ambos teníamos. Ella no parecía bastante interesada en avanzar.

"Prometo que vas a pagar..."

Murmuró como si lo que dijera fueran sólo maldiciones.

"¿Quieres de lo que tengo?"

Dije aquello para provocarla aún más, y funcionó cuando volteó de poco en poco la cabeza.

Era ahora o nunca, eran mis pensamientos en ese instante.

La tomé de la barbilla, y con un suave movimiento trate de llevarla a mi boca. Entonces resultó. Luego de seis meses llevando ser una supuesta "pareja" pude darle un beso.

Quizá no fue el mejor beso del mundo, ni el más largo, ni el más tierno, pero para mí fue un gran paso, que si no me hacía tropezar me haría avanzar.

Al fin y al cabo era un primer beso.


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Nota de autor: Gracias por leer :D Y por los reviews, en serio los aprecio :3

Cualquier cosa que este mal o haya una incoherencia me gustaría que me dijeran. Gracias c: