.
.
23
El segundo beso fue antes de llegar a ocho meses, luego de que ella salió de su trabajo. De nuevo robado, mientras caminábamos en las oscuras noches. Recuerdo que de su boca no iba a salir más que un insulto hacía mi persona por que le había prometido llevar sukunbu y se me había olvidado.
Yo la escuchaba en silencio, hasta que detuve el paso y la miré fijamente a los ojos, con una sonrisa de lado.
"¿Qué? ¿Ya te volviste más imbécil?"
Fue lo único que me preguntó, con un gesto de molestia.
"¿Acaso me estas pidiendo a gritos que te golpeé mald..."
Antes de que continuara hice lo que creí conveniente, besarla. Sabía dulce, es de lo que más recuerdo aún. Ella era inexperta, demasiado. También recuerdo haber notado que cuando yo abrí un poco los ojos noté sus párpados estar cerrados con fuerza. No quise intentar hacer movimientos raros aun, creí que no era tiempo.
Cuando me separé de ella sentí un frío en los labios, y ella continuaba con los ojos firmemente cerrados. Me tapé la boca para no estallar en risa, se veía demasiado graciosa.
Entonces, luego de unos segundos, ella abrió un ojo primero para que paulatinamente abriera el otro.
"¿Te lavaste la boca verdad?"
Había escuchado de personas que arruinaban momentos así, pero ella ese día ganó una medalla.
"Tal vez era parte de tu plan de venganza hacerlo con la boca sucia, pero yo te he descubierto. ¡Já!"
"Si, quizá. ¿Cómo supiste?"
"Por qué soy muy lista."
"Deberías estar entre las personas más inteligentes del mundo."
"Lo sé."
"¿Si sabes que esto es sarcasmo? ¿O te lo explico con manzanas?"
"Entonces no digas cosas que se puedan confundir con la realidad."
Solté un suspiro.
Le señalé un puesto de comida rápida.
"Vamos a comer. Esta vez trata de comportarte."
Ella bufó.
Si una chica estaba más feliz por una hamburguesa que por un beso, era ella.
.
24
La tercera vez que la besé fue en diciembre, un día cuando nevaba y el frío estaba a flor de piel. Ambos estábamos en el sofá de mi departamento con una cobija cubriéndonos y cambiando los canales de la televisión.
La había invitado argumentado que su departamento no estaba hecho para el invierno, y ella acepto venir con la condición de que le invitaría de todo lo que hubiera en el refrigerador.
Volviendo, continuamos cambiando canales hasta que al fin nos convenció una película. Las palomitas ya estaban en la mesa, las golosinas también.
Fue bueno para mí que la película fuese de suspenso, y malo también. Ella se acercó más a mi y tomó mi mano, para sólo apretarla con demasiada fuerza. Eso iba a dejar marca al día siguiente.
La vi muy concentrada en la película, tanto que dejaba abierta (sólo un poco) la boca. Me acerqué lentamente, y con una mano hice que volteara la cabeza hacia mi lado.
Primero rosé mis labios con los de ella, para luego comenzado a profundizar el beso. Traté de introducir la lengua, y cuando lo hice ella rió.
"Se siente gracioso."
Lo dijo sin más. Pude concluir, de nuevo, que ella era demasiado inexperta.
Ese día no lo volví a intentar, y los dos continuamos en esa cobija, como un refugio del frío.
(...)
Otro día en el que salimos nevaba en el parque de la ciudad, por esa razón ambos salimos con ropa que nos cubriera lo suficiente.
Ella estaba sentada en un escalón alto, y yo estaba parado enfrente de ella. Acabamos de tener una guerra de bolas de nieve.
"No puedo creer que una bola de nieve pueda dejar un moretón tan extenso en el brazo."
"Pues no te quejes, lo mismo me hiciste a mi. Aun me duele la cara. Te podría denunciar por domestic... Domestic..."
"Domestic Violens."
"Eso. Me darías la mitad de tus bienes y tu sueldo, y ya no tendría que trabajar."
Se rió como villana al terminar de decir eso.
"Claro, muy fácil. Y yo diría que esa chica que me acusa de Domestic Violens es la razón de los moretones de mi cuerpo. Tu trabajarías para mí y ya no tendría que estar robando impuestos."
"¡Já! Lo admitiste. Ladrón. Ladrón. Ladrón de impuestos menos los míos."
"A mi parecer la ladrona es alguien más que no paga los impuestos."
Hubo un silencio momentáneo causado por su tos fingida.
"Bueno, no deberías quejarte tanto de esos moretones. Agradece que no te golpeé en la cara."
"Y tu agradece que esos golpes puedan servirte más adelante para componer tu feo rostro."
La vi preparando agarrando un puño de nieve y frotármelo en todo la cara.
"Eso te favorece más."
Cuando dijo eso estalló en carcajadas.
Sonreí y con picardía le dije:
"¿Ah sí?"
Le tomé con las manos el rostro y la besé, juntando su cara con la nieve. Sentí sus puños golpeando mi pecho. Si, la nieve era horrenda en la piel del rostro.
Al soltarla, exhaló todo el aire que sus pulmones le permitieron y comenzó a tiritar, abrazándose a sí misma.
"Ma...maldi...dito ba...bastar...do."
"Tu... tu empe...pezaste pe...perra."
Eso fue suficiente para comenzar de nuevo con la guerra de bolas de nieve, mientras las demás parejas hacían muñecos de nieve. Ellos decían "Te amo" y ella me gritaba "muere", yo le respondía lo mismo y acabábamos en un interminable ciclo de insultos.
Siempre fue más cómodo así con ella.
25
Recuerdo ese día nublado. Los dos en el auto. Y yo, pegado al asiento.
"Este es el freno, ¿No? ¿O es el otro?"
Preguntó ella mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, mientras agarraba el volante. Le había prometido enseñarle a conducir.
"Si... Si, ese es el freno."
Encendió el auto y yo apreté las manos en el asiento, me aseguré de tener bien puesto el cinturón de seguridad y dejé todo a mi suerte.
"Pisa el acelerador. Despa..."
"¿Piso el acelerador?"
Eso hizo, pero de manera que salimos disparados, hasta que le ordené que debía pisar el freno.
"Despacio. Maldita sea, despacio."
La siguiente vez lo hizo mejor. Acelerar un poco, frenar (horrible pero hacía un intento), volver a acelerar. Era un poco brusca con el volante, pero no lo hacía mal.
"Soy grandiosa. Conducir es muy fácil."
"Acelera un poco más, y digo un poco nada más cabeza hueca."
"¡Já!"
Ese "¡Já!" fue la peor respuesta que pude recibir en mi vida. Me agarré mejor del asiento.
Su pie se hundió en el acelerador. Esquivaba todo bastante bien, y una enorme sonrisa le iluminó el rostro.
"¿Ves? No había nada de qué preocuparse."
Estaba por contestarle cuando un cachorro se atravesó en el oscuro camino.
Con un rápido movimiento llevé mi pie al acelerador.
Todo quedó en un profundo silencio, sepultando por intensidad de esa noche.
"Lo mataste."
Fue mi único comentario.
Desvíe la mirada y la vi afuera tratando de meter la cabeza en una expendedora.
"Só...sólo debo re...re...regresar el ti..tiempo."
Bajé del auto y fui a revisar el cachorro. Suspiré aliviado cuando vi que estaba bien, pero lastimado.
"China, el perro está con las tripas esparcidas."
"Só...sólo debo re...re...regresar el ti..tiempo."
Volvió a repetir lo mismo murmurando.
Deduje que no fue el auto la causa de que estuviera herido, su condición hubiera sido mucho peor, no obstante, estaba en un grave estado.
Tomé al perro en una mano, y con la otra encendí el auto. Le pedí que subiera, lo que entendió sin ninguna protesta.
Estaba más que pálida, la mano le temblaba. Deje al perro entre mis piernas, y con sostuve la mano de ella. No pareció darse cuenta de esa pequeña acción, y sin embargo, la apretó con fuerza.
Pronto llegamos al veterinario, donde lo atendieron. Entonces el doctor salió limpiándose la frente.
"Qué bueno que trajeron a este pequeño cachorro. Había sufrido una indigestión por comer de más, lo que habría derivado en una fuerte diarrea."
La escuché suspirar tranquila. Y en un casi inaudible susurro dijo:
"No fue mi culpa entonces."
"¿Disculpe señorita?"
"Nada, nada."
Ella se había puesto a la defensiva. Quise reírme pero su mirada afilada como cuchillos se dirigió a mí.
Pronto nos entregaron el cachorro. No tenía collar ni nada que nos indicara si tenía algún dueño. Sonreí, se me había ocurrido algo.
26
La idea que mencioné había sido viajar junto al cachorro que pronto descubrimos que era hembra. Yo manejaba porque a cierta chica aún no se deshacía de su trauma.
Ella era feliz jugando con el cachorro. Y yo molestándolos en ocasiones, hasta que ambas se ponían de acuerdo para dedicarme una mirada nada agradable.
Llegamos y le puse un moño de regalo a la perra. Tomé a la china de la mano, y cargué al cachorro con la otra cuando bajamos.
Toqué el timbre de la casa donde habíamos quedado enfrente estacionados.
La puerta se abrió y sonreí.
"Sou-chan."
Era esa dulce sonrisa que nunca me cansaba de ver. Ella fue hacía mí y me estrechó entre sus cálidos brazos.
"Cuanto tiemp..."
Sus ojos inspeccionaron al cachorro y luego a la china. Le extendí el perro y ella lo recibió.
"Es un regalo."
"Gracias... Es muy linda. ¿Quién es?"
"La encontré en el camino. Pero es una perra muy buena cuando quiere. Es obediente y juguetona."
Mi hermana se puso cada vez más pálida, y la china no hizo más que asentir entusiasmada.
"¿So...Sou-chan?"
En ese momento no entendí el motivo de su preocupación, ni del malentendido que ella se había creado en su cabeza.
"¡Si! Es una perrita muy linda."
Eso lo añadió la china, haciendo que mi hermana se tocara el pecho, aliviada y una sutil risa escapó de ella.
"Yo me refería a la hermosa chica que esta tu lado, no creo que la tengas agarrada de la mano por que si."
"Vamos entrar y te digo."
"Oh por supuesto. Entren."
Nos sentamos en el sofá y mi hermana no dejó de vernos con una sonrisa.
"Ella... Ella es..."
Esa vez recuerdo lo difícil que era decir que salíamos, nunca lo había dicho antes. Si la gente no lo asumía nosotros nunca les aclaramos nada.
"Salimos."
Fue lo más rápido que pude decir.
Una palmada en la espalda y ese terrible olor a cigarrillos hicieron oscurecer mi semblante.
"Felicidades, no creí ver esto algún día, pero felicidades."
"Gracias Hijikata-san."
Hice un gran esfuerzo para no vomitar, y fue peor aun cuando ese idiota se sentó a lado de mi hermana cubriéndola con el brazo.
"Felicidades Sou-chan, y..."
"Kagura."
Respondió ella rápido.
"Suenan lindos sus nombres juntos."
"El nombre de ese sad..."
Antes de que ella continuara hablando le tapé la boca.
"Yo también creo que suenan bien juntos hermana. Kagura, ¿Me acompañas al auto? Creo que olvide algo."
La jalé de la muñeca, mientras dejamos atrás a mi hermana con su dulce sonrisa y a un bastardo tratando de reír. De alguna forma me las iba a pagar en el día.
Al llegar al auto ella me preguntó que había olvidado.
"Se me olvido decirte que trata de no decir cosas innecesarias de mi a mi hermana, como sobrenombres, insultos. En lugar de eso di cosas como: "Que genial es mi novio.", "Él es perfecto y bueno." O cosas por el estilo."
"Pero me va a crecer la nariz por mentirosa."
"Maldita perra. Sólo trata ¿está bien? Prometo llevarte a comer dónde quieras."
Ella suspiró.
"Está bien, además ella parece una buena persona. ¿En serio es tu hermana?"
"Si. Aunque ella no merece alguien como yo como hermano."
"Bien dicho. Por fin te aceptas como eres."
"¿Sabes? Estoy arrepintiéndome seriamente de haberte traído."
"Espero que sea buena comida."
Bajamos del auto, y nos metimos de nuevo a la casa. La comida ya estaba servida, y ella no pudo evitar que un brillo le iluminará los ojos.
Cuando mi hermana volteaba a hablar con la china, yo aprovechaba a lanzar todos los chicharos directo al rostro de Hijikata, quien no se podía quejar. Yo hice mi esfuerzo para poder convivir con él.
"¿Y tienes hermanos?"
Fue lo que preguntó mi hermana a ella.
"Si, uno. Salió de la universidad por tener algunas peleas. Honestamente mi padre hizo lo que pudo para que él continuara, pero mi idiota hermano decidió meterse en otras cosas."
Un silencio incomodo sobrevino, entonces Hijikata decidió hablar:
"Me imagino que tu estas estudiando, ¿No?"
"Aja. Quiero que el calvo tenga alguien con quien sentirse orgulloso."
"¿Calvo?"
Preguntaron mi hermana y Hijikata al mismo tiempo.
"Su padre."
Aclaré.
La charla continuó, mi hermana estaba más que feliz hablando con ella.
Cuando se hizo de noche ellos insistieron en que quedáramos, el problema fue la única habitación disponible. Hijikata mencionó que no podía haber ningún problema si éramos pareja.
Al final acepte cuando mi hermana me lo pidió.
Agradecí que hubiese una televisión en la habitación. Yo veía cualquier programa que pasaba, mientras ella no soltaba el celular, escondiéndose debajo de la sábana.
Luego como un gusano se movió entre las sábanas y comenzó a hacerme cosquillas. Sentí una corriente recorrer de la punta de mis pies hasta la cabeza. Ella continuó, mientras yo le pedía que parara. Hizo caso omiso, hasta que me caí de la cama golpeándome la espalda, y ella rió.
"Declaro la cama mía y el suelo tuyo. He ganado en una partida limpia."
Me molestó, y subí de nuevo. Consideré esa mi oportunidad para sacarla. Y así, comenzamos una pelea para saber quién se quedaba en el suelo y quien la cama.
Al día siguiente ninguno logró sacar al otro, y antes de que amaneciera quedamos dormidos entre el desastre que nosotros mismos creamos. El despertador sonó. Estábamos hechos un desastre.
"Te ves horrible."
Se burló, pero ella estaba igual.
"Tu también."
Salimos y mi hermana me preguntó si estábamos bien. Le contesté que sí, sólo que no habíamos dormido bien y ella sonrió diferente de otras veces. En ese momento lo pasé por alto.
Desayunamos, para que pronto nos fuéramos. Al terminar mi hermana me llamó a la cocina.
"Antes de que marchen quería darte algo."
Sonrió.
"Me dijiste que llevabas casi un año con ella, ¿Verdad?"
Asentí.
Sacó algo de su bolsillo y lo puso en mi mano. Lo revisé, era un anillo con dos pequeñas piedras azules. Miré a mi hermana sin decir ni una palabra.
"Mamá dejó este anillo, y yo esperé el momento en que crecieras y pudieras usarlo. Ella te gusta mucho. Tú sabrás el momento para usarlo."
"Gracias hermana..."
Ella sonrió con esa dulzura que siempre la caracterizó.
Luego de eso nos despedimos de ellos y emprendimos la partida. Hasta nos despedimos del cachorro.
Conduciendo veía de reojo a la china, e inmediatamente pensaba en ese anillo. No creí estar listo para ese tipo de compromiso y ella mucho menos.
En esos breves instantes comencé a pensar en los planes a largo plazo que la gente se hacía con una persona en específico. No lo entendí hasta ese momento. Las palabras de Kondo-san diciendo que cuando comenzabas a estar enamorado los planes a futuro con esa persona se volvían recurrentes.
Aun pienso en eso. Ese tipo de planes era como las montañas en el camino, estaban bastante lejos, y una vez que llegabas a estar lo suficiente cerca piensas en el camino que recorriste para llegar a ellas y se te hace corto y a la misma vez tan lejano, entonces eres capaz de comparar esos planes con lo que llegaste.
En ese pequeño lapso la vi a ella nada más.
.
.
Gracias por leer :D
