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27


Se suponía que saldríamos en San Valentín luego de que ella me mandara un mensaje pidiéndolo, sin embargo, esa china tonta se había enfermado de un resfriado. Tuve que ir hasta su departamento porque me contó que una vez que le venía un resfriado era terrible. Su escusa: casi no solía enfermarse.

Le llevé algo de sopa enlatada que compré en el camino, y unas pastillas. No era un gran experto en la materia, pero hice un esfuerzo.

Llegué y ella me recibió con una cara capaz de asustar hasta al más valiente. Era un zombie. Me abrí paso, ella me reclamó porque no le pregunté como estaba, y su perro también me reclamó porque ella me reclamó. Un lío total.

La cargué mientras me gritaba, el saco de pulgas me jalaba de la tela del pantalón gruñendo, y yo luchaba por mi auto control.

Caminé con algo de esfuerzo hasta que la dejé en la cama con poco delicadeza. Los ladridos de ese perro estaban haciendo estallar mi paciencia. Saqué un dulce que tenía en uno de mis bolsillos, se lo mostré y lo lancé fuera de la habitación para luego cerrar la puerta.

Ella me reclamó. Yo hice lo mismo, y un gran estornudo nos calló a ambos.

Le dejé las cosas en la cama y ella las revisó.

"Si compras algo por lo menos quítale el precio, no quiero ver que tan pobre estas sádico."

"No te quejes y come."

"Trae un plato y una cuchara. ¿Cómo pretendes que comeré así, uh?"

"¿Qué no puedes pasar un maldito día sin molestar maldita?"

"Tú haces lo mismo bastardo."

Al decir eso se cubrió con las sábanas y tosió.

Suspiré cansado.

"Está bien. Lo traeré."

Abrí la puerta y ese perro me esperaba gruñendo. Hice lo que tuve que hacer, y le llevé la sopa a ella.

La probó y escupió con la queja de que estaba demasiado caliente.

Pasé un rato con ella de esa manera logró dormirse. Fui capaz de escuchar mejor su respiración, y yo fui el segundo en quedar dormido, a un lado de ella. Tenía le día libre, y si no lo tenía pediría permiso.

Cuando desperté ella ya no estaba, y a quien cubría la cobija era a mí.

Supe que estaba en el baño cuando logré escuchar su voz.

"Entiendo... Pero... si, te escucho. ¿Él? Sigue durmiendo de seguro... Está bien, cuídate. Te hablo más tarde... ¿Eh? Si, lo sé. No evado nada...Bye bye Soyo-chan"

Toqué la puerta del baño y escuché como si algo se cayera.

"¿Qué?"

Preguntó nerviosa.

"Me voy a ir. Tengo cosas que hacer, llámame si estás muriendo para venir a festejarlo."

"Bien, bien. Procura cerrar con llave."

"Está bien."

"Y..."

Ella quiso decirme algo, lo supe, pero mi curiosidad en ese momento era sosa.

"Si te llamaré. Ya puedes irte sádico"

"Perfecto."

No necesité indagar más y continué con mi objetivo de irme. Ese saco de pulgas nunca dejó de verme con desconfianza, era protector y eso me hizo sentir más tranquilo.

Seguí pensando en ese anillo que me había dado mi hermana, y que esos planes a futuro se hacían más insistentes.

Estaba cediendo ante ella y ante todo.


28


En verano recuerdo que fuimos a la playa. Se lo había prometido luego de que ella dijera que era un buen lugar para ir de vacaciones. Lo que no supe fue que ella invitó a todos sus amigos, manifestando que era muchísimo más divertido. No le negué nada, yo también invité ciertas personas. El problema fue cuando su padre, que había vuelto de un largo viaje, pretendía conocerme. Había dicho que en la cena era probable que ya estuviera.

Quiero decir que me divertí en la playa, pero la mirada del jefe y el chico gafas era aterradora. Además, que siempre trataban de llevarse a la china en cada oportunidad que tenía para estar cerca de ella.

También podía decir que cuando lanzaban el balón de voleibol no era precisamente en mis manos.

"Un punto para nosotros Patsuan."

Era lo que siempre decía el jefe cada que el balón caía en donde querían y no en la arena. Luego chocaban las manos y se acomodaban las gafas oscuras de gansters.

Lo peor fue cuando hasta ella se ponía de acuerdo con esos dos para apuntar ahí, y celebrar con ellos cuando daba en el blanco mientras yo me retorcía en la arena.

No fue del todo malo, cuando ellos estaban distraídos pude agarrar cangrejos y meterlos en zonas no muy cómodas para ellos.

Fue música para mis oídos cuando gritaron como dos chicas y corrieron por toda la playa. Hasta esa china no puedo salvarse, y también Hijikata quien su simple presencia fue suficiente para que me dieran ganas de hacerlo lo mismo.

"Pobres... ¿Qué será que les pasa?"

Mi hermana se preocupó y yo le sonreí.

"Quizá es la arena, hermana."

Atrás de nosotros estaba Kondo-san y su mujer gorila.

"De seguro es la arena."

Comentó el con una sonrisa y una lágrima en el ojo mientras esa mujer le metía cangrejos en el traje de baño.

"Así que te gastaste un poco del dinero que era para el dojo..."

Siempre pensé que cuando esa mujer gorila sonreía era conveniente no acercarse. Así que con mi hermana decidimos hacer caso omiso y continuar hablando.

Oscureció, y el momento de ver a ese "calvo" llegó. Por órdenes de mi hermana, debía usar un traje e ir lo suficiente presentable. "No hay nada de qué preocuparse" me repetía con una amplia sonrisa.

Recuerdo que vi a la amiga de la china, Soyo, o la pequeña princesa, por lo delicado de su ser y modales exquisitos. Me saludó con una sonrisa, y fue directo a su amiga, a quien parecía reprenderla por algo.

Me arreglé lo suficiente, y bajé hasta donde se suponía sería la cena.

Ahí estaba mi hermana, bastante elegante y más nerviosa que yo, junto a esa sandijuela con olor a mayonesa.

Esperamos, y en la puerta apareció ella con un vestido rojo, junto a un hombre mayor y calvo. Era él.

Se sentaron junto a nosotros. Quise comportarme bastante bien a los ojos de mi hermana, así que le ofrecí la mano a ese hombre, quien la rechazó de inmediato. Ante eso sonreí. Luego de pasar de mi fue hacía mi hermana saludándola cordialmente, lo mismo con Hijikata.

Se sentó, me miró directo a mí y se acomodó la voz.

"Seré franco, si le haces o hiciste algo a mi hija prometo acabar con tu descendencia."

Mi hermana soltó una pequeña risa, quizá creyendo que ese hombre bromeaba. Y el idiota de Hijikata quiso reír porque notó que no era broma.

"Que cordial de su parte señor."

Sonreí.

"Calvo, si él me hiciese algo yo sería la primera en acabar con su descendencia."

"Kagura, eres el orgullo de tu viejo padre. Eres tan independiente como tu madre."

Ese hombre puso los ojos llorosos, repitiendo lo mucho que admiraba a su hija.

Yo tosí, el ambiente era demasiado incómodo para mí. Entonces sus afilados ojos volvieron a mi.

"Cómo ves mi hija es bastante especial. No creo que alguien como tu sepa lo especial que es, ¿O no?"

Él continuó lanzándome todo tipo de indirectas, y mi hermana y Hijikata seguían riendo. Ella se volteó hacia mí y me dijo en voz baja y entre risas.

"El padre de Kagura es gracioso."

"A que si lo es."

Remató Hijikata disfrutando el momento. A ese calvo no le caí bien desde que me vio.

"Kagura es algo vulgar, un poco tonta."

Volvió a hablar el padre de la china.

"Mal hablada, algo agresiva... Aun así, ella es linda, tierna y mi princesa."

"Eso lo sé."

Respondí, tratando de no arruinarlo todo.

Continuamos hablando hasta que la cena por fin culminó. Cuando estábamos por salir ese calvo me detuvo. Fui hacia él, y su semblante cambio a una más oscuro.

"Está vez no te hablaré como padre de Kagura, lo haré como hombre. Creo que deberías pensar muy bien lo que estás haciendo, y también tener en cuenta a ella y a todas sus acciones. Sólo eso puedo decirte, lo demás queda en manos de ustedes dos. Espero equivocarme rotundamente."

Al decirme eso se adelantó dejándome detrás, como si una enorme barrera se interpusiera en alcanzarlos... Y sobre todo de ella.

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29


Un día recuerdo que fui a su departamento, sin una razón alguna, como siempre. Ordenamos pizza, y decidimos jugar uno que otro juego de mesa. El perdedor tenía que ir por alguna bebida, y por desgracia ese perdedor fui yo. Ella festejó con burlas su racha de ganadora.

Me negué, dije que ya no tenía nada de sed. Me puse el antifaz y fingí dormir. Sin más, me echó, diciendo que cumpliera. Suspiré cansado y fui por las bebidas.

Bajé las escaleras y una llamada me hizo detenerme. Era un viejo amigo. Contesté; el me preguntó como estaba, y lo último que había hecho en mi vida. Le dije entonces que había quedado estar la noche con la que se suponía que era mi novia.

"Oh amigo, perdón por interrumpir. Tu y ella deben estar ocupados. Me cuentas que tal les fue."

Con eso colgó.

No fui tonto, sabía a qué se refería.

No era como si no lo hubiera intentado, pero ella nunca estaba en la misma sintonía.

Compré las bebidas y regresé. Ahí me esperaba ella comiendo pizza. Preguntó por la razón de mi atraso y le expliqué lo de la llamada. No siguió con las preguntas, nos sentamos, comimos y vimos una serie que de casualidad pasaba.

No era malo pasar los días así, era algo cómodo. Ya no quería que los planes a largo plazo continuarán en esa categoría.

"Tu viejo departamento se cae a pedazos."

Comenté tragando un pedazo de pizza.

"Ajá."

"De seguro la renta no te alcanza. El baño es muy pequeño. Tienes que subir muchos escalones. Tu saco de pelos no parece cómodo aquí. No es bueno para el frío de invierno"

"¿Y?"

Preguntó algo enojada con la boca repleta.

"¿Quieres ir a vivir conmigo?"

No esperé una después inmediata, pero ella lo hizo.

"¿Por qué?"

"Por qué sí."

"Dijiste que te gustaba vivir solo, además sólo tienes una habitación, ¿Dónde piensas que voy a dormir?"

Inhalé y exhalé, estaba seguro que ella no era tonta a propósito. Nunca lo fue, le salía naturalmente.

"En la misma cama."

"Pelearíamos por quien se queda en la cama."

"Ya no pongas más excusas y di que sí por un demonio estúpida china"

"Está bien, Sadaharu necesita más espacio."

Su respuesta no fue la más perfecta, pero fue suficiente.


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Gracias por leer :3 Y si hay algun error estaria muy agradecida que me dijeran :'v

Saludos :D