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30
Recuerdo que el día que ella se mudó estuvimos trayendo y dejando cosas todo el día. Hacía calor, y esa máquina de caca y ladridos seguía odiándome. Agradarle no estaba en mis objetivos como supuse que de él tampoco.
Cuando por fin terminamos caímos rendidos en la cama. Ni siquiera tenía ganas de una ducha, sólo quería dormir hasta que dejara de sentir el tiempo. Ella por su parte, con tan sólo acostarse quedó profundamente dormida.
Le recogí el mechón que estaba en su boca, a pesar de que mi mano quedara con algo de saliva. No sabía que mierda había hecho al traerla a vivir conmigo, nunca pensé más allá que de la pregunta. Sin embargo, sabía que era algo de lo que no me arrepentiría.
Las comidas no eran lo más organizado, yo regresaba del trabajo, ella igual o de la universidad y optábamos por pedir comida hecha.
El agua para que uno se duchara quedaba fría porque el que se había bañado antes tardaba demasiado. Se optó por poner tiempo.
Cuando dormíamos juntos era una pelea constante por la sábana.
En ocasiones (O varias veces) quise acércame más a ella, pero siempre había algo que lo evitaba. Eran raras las veces que podíamos besarnos, nunca éramos lo suficiente románticos para estar acaramelados todo el día, era motivo de bromas que uno lo intentara siquiera. Así que los besos se limitaban cuando yo lo hacía con afán de "molestar" hasta que acababa cuando lo que tocaba ya no eran sólo sus labios y ella lograba separarse de mi por alguna u otra cuestión.
Recuerdo también las películas, series, animes o caricaturas en los cuales veíamos temporadas enteras en los días libres, con las golosinas en la cama.
Cuando veíamos luchas o carreras apostábamos para saber quién limpiaría el baño o haría los demás deberes. No éramos muy maduros para esas cosas aun.
Me pregunté esa vez si realmente vivían las parejas, era diferente como siempre me contaba mi hermana, Kondo-san, y otros amigos, y aun así sentía que estábamos bien así, no obstante, había algo que no me convencía.
Decidí dejar que las cosas siguieran de esa manera.
31
Cuando entramos en otoño (Me acuerdo porque los árboles dejaban caer sus amarillentas hojas el día que salimos), llevé ese anillo en el bolsillo derecho del pantalón, lo apretaba con la mano hasta que las marcas quedaban en mi piel. Mi hermana había estado insistiendo en que debía dárselo lo antes posible, y entre mis excusas, acepté.
La china estaba feliz porque había pasado todas las materias con calificaciones que ella consideró buenas, y por qué en el trabajo le había ido mejor. A ella, al jefe y al cuatro ojos les habían pagado de más, por esa razón ella insistió en invitarme la cena en un lugar caro, pero no tanto como para acabar con su economía.
Yo la seguí entre ese camino de hojas. No sabía que decirle acerca de ese anillo que llevaba. Entonces, al tratar de sacarlo se me resbaló, rodando por el suelo. El sonido llamó la atención de ella, quien lo recogió del suelo. Lo inspeccionó, para luego preguntar entre la gente si le pertenecía a alguien. Al no obtener resultados sonrió, pero no con dulzura.
"¿Cuánto crees que me den si lo vendo? Creo que ya no trabajaría un mes."
"No creo que lo puedas vender."
"¿Por qué?"
Protestó.
"Por qué... Es mio... Tuyo."
"Si, ya sé que es mío."
"Pero más mío que tuyo."
Explicarle la razón de ese anillo algo complicado.
"No. Yo lo encontré bastardo ladrón."
"Te estoy diciendo que es mío perra."
"No te lo daré. ¿Qué no te basta con robarles a los ciudadanos? Ahora quieres quitarle algo a esta pobre jovencita. Sádico idiota."
"La idiota es otra que se adueña de las adquisiciones de los demás."
"Yo no me adueñé de ninguna admisión maldito, lo encontré tirado."
"Adquisición, analfabeta. Sólo devuélvemelo."
"Híncate y di que soy mejor que tú, así veré si te lo devuelvo."
La reté con la mirada unos segundos. Entonces sonreí de lado.
"Cuándo naciste no recibiste suficiente oxígeno al cerebro, ¿Verdad? Maldita mujer."
Lentamente, y con algo de esfuerzo me fui hincando pero no de la manera que ella esperaba, y de la manera que más ridícula que pude haber hecho.
"Ese estúpido anillo es para decirte que te casarás... Conmigo."
La china miró un poco más de cerca ese anillo como si no entendiera.
"Hasta a mí me parece sumamente ridículo y más si te lo pido de esta forma, en serio. Así que si vas a decir el 'si', el 'no' o 'ni en mis pesadillas' hazlo de una maldita vez que ya me duelen las rodillas y la dignidad por estar así ante semejante bestia como tú."
Un silencio formado entre nosotros y el viento de los árboles fue lo único que escuché antes de que ella saliera corriendo. No entendí la razón por la que había hecho eso, ni por que el anillo había quedado tirado en el suelo. Yo me cree mis razones. Para mi ella había huido, no esperaba más. Nunca había esperado mucho de ella. Así que no dolió tanto como se suponía que debía hacerlo.
Logré escuchar su voz a lo lejos.
"¡Espera! Si te mueves te mato."
La miré corriendo, como las primeras veces que la había visto. Haciéndolo a su manera.
Recogí el anillo, y me senté en una banca poniéndome el antifaz. Miraba el reloj de vez en cuando, hasta que oscureció y yo comenzaba a cansarme. Pensé que tal vez había dicho eso con la intención de que no me suicidara, reí ante lo absurdo que era. Ella no era así.
Seguí esperando hasta que la vi llegando correr, como lo hice aquella vez en el parque de diversiones.
"Supongo que sí."
Hasta la misma contestación de la vez que le pedí que saliéramos.
"No soy buena para estas cosas."
Estaba cansada de correr.
"Ninguno es bueno para estas cosas."
Nos quedamos callados, y ella habló.
"Dame mi anillo. No cumpliste."
"Me hinque ante alguien como tú, para mi es suficiente castigo."
Sonreí.
"Pero no dijiste que yo era la mejor. Dame mi anillo."
"No. Quítamelo."
Frunció el entrecejo y fue hacia mí con una gran fuerza.
"¡Maldito sádico devuélveme mi estúpido anillo! Bastardo tramposo."
Corrí burlándome de ella. Era gracioso verla enojada. Me detuve y ella preparó los puños al igual que yo.
En la madrugada llamé a mi hermana, diciéndole que por fin lo que había hecho. Soltó un pequeño grito que calló casi de inmediato.
"¿En serio?"
"Si."
"Sou-chan, cuéntame por favor. Imagino que fue algo romántico..."
"Si... En un restaurante..."
Esa vez traté de imaginar todo, justo como la último película que había visto con esa china. No quería herir sus sentimientos.
"Ajá. Continúa."
"En el restaurante aparte una mesa para los dos, exclusiva, a lado de la ventana. Escondí el anillo en la comida, ella lo vio y gritó un 'si' tan fuerte que espantó a los clientes."
"Ya veo. Me hubiera encantado de estar ahí."
Sentí su dulce sonrisa iluminarse del otro lado de la línea, lo que me provocó una sensación cálida en el pecho.
"Hablamos luego, Sou-chan. Si sigo despierta Toshiro se va a levantar. Saluda a Kagura de mi parte y felicítala."
"Está bien hermana, duerme bien sólo tú."
"Nunca vas a cambiar, ¿Verdad?"
Rió.
"Descansa."
Colgó el teléfono. Miré a mi lado y la china dormía en la posición más extraña que había visto.
Le tapé la nariz para molestarla y comenzó a respirar por la boca. Intenté también con la boca y me mordió. Aun podía sentir sus dientes clavados en mi piel.
Tenía un gesto de molestia, y se volteó dándome la espalda.
"Sádico idiota."
Murmuró eso entre sueños y yo reí. Traté de hacerle cosquillas para continuar molestándola, pero mis dedos al sentir su piel producía una corriente en todos lados. No me conformaba con sólo verla, ni siquiera los abrazos abundaban, y aun así lo disfrutaba.
No quise tocarla más y también le di la espalda, tenía sueño.
Pronto escuché que ella se movió, y sus brazos me rodearon. Sentí su aliento chocar contra mi espalda, y su cuerpo más tibio que de costumbre.
"Sadaharu..."
Que me confundiera con el perro al principio fue incómodo, luego agradecí que no fuera otro nombre que pudiera susurrar en sueños.
No me podía quejar. Hacía menos frío con ella de esa manera. Al día siguiente sería un buen tema para burlarme de ella.
32
Cuándo llegó navidad pasamos la celebración con todos los amigos de ella y los míos.
Y Cuando anunciamos el compromiso pude sentir unas cuantas miradas perforándome el alma. Mi hermana estaba más que feliz, y lo celebró dándonos unos cuantos regalos que la china recibió sin dudar.
El jefe se acercó dándome unas palmadas en la espalda (Esa vez entendí la razón por que cuando la conocí a ella hacía lo mismo). Esos golpes me hicieron sacar el aire, mientras que con una falsa sonrisa me felicitaba entre amenazas.
"Si llegas a hacerle algo a ella sus padres se encargarán de cortarte en trozos, ¿Si?"
El hombro me dolía porque su mano no dejaba de apretarlo.
"Jefe, ¿Podrías quitar tu mano?"
Unas falsas carcajadas se escaparon de su boca a la vez que se rascó la cabeza.
"Que descuidado soy. Espero no serlo tanto cuando le toques un cabello de más a Kagura."
El cuatro ojos por fin se acercó.
"Mientras Kagura-chan este feliz creo que todos podemos serlo, ¿Verdad?"
"Tú lo has dicho, sólo Kagura. Eres unas gafas muy listas, ¿Sabias?"
Decidí alejarme de ellos y agradecer que el calvo no hubiese venido, si no ese lío jamás hubiera acabado.
Intercambiamos regalos y la china había recibido algo que trató de sacar a la vista de todos pero las demás mujeres no dejaron que lo hiciera. Yo recibí esa vez unos cuantos calcetines y agradecí la gentileza de todos.
Recuerdo esa vez que estaban ahí las amigas de la china, por quienes me había dejado. Las vi de reojo, una me sonrió y otra me dedicó una mirada asesina. Decidí ignorarlas y concentrarme de llenar de "ciertas cosas" el ponche de alguien que fumaba.
Fue una buena velada. Los borrachos de siempre discutían cosas sin sentido alguno, mientras mi hermana observaba al suyo entre diminutas risas cuando peleaba con el jefe.
Al terminar todo, me llevé a la china quien ya se había dormido y sus amigas detrás.
"Kagura-chan se durmió. Y eso que parecía tan animada."
Se quejó la princesa de cabello azabache.
"De seguro se aburrió de su novio cabeza de hongo."
Esa vez fue la chica dona y tenía mis dudas en lanzarla del auto a plena madrugada.
"No creo que haya sido eso Nobume-san."
Rió nerviosa.
"La universidad la dejó cansada, así que aprovechó que ya no tenía nada que hacer para descansar. Espero que Okita-san sepa comprenderlo."
Bufé.
"Por supuesto que lo hago."
"Y Okita-san... Esperó no ser inoportuna... Pero, ya sabes..."
En ese instante no tenía idea de lo que ella me quería preguntar.
"¿Qué?"
"Emm... Cuando, no, no, no pregunto cuando... Digo, amm..."
Balbuceó.
"Si ya tuviste sexo con Kagura."
La chica dona fue demasiado brusca con la pregunta, tanto que una "princesa" como Soyo se ahogó y comenzó a toser sin control.
Me detuve en el semáforo, aplastando de más el freno.
"No creí que alguien como tu, Soyo, tuvieras tanta curiosidad en ese tipo de cosas. Y si es así, ¿No deberían mejor preguntarle mejor a ella?"
"Es un no, ¿Verdad?"
De nuevo fue la chica dona. Nunca fue de mi completo agrado y ese día lo reafirmé.
"Esperaba que dijeras que si... "
Suspiró esa princesa, pero luego su rostro se tornó de un carmesí intenso.
"N-no quería saber del todo... Simple curiosidad. ¡Ah! Mi casa está ya cerca, Nobume-san te vas a quedar a dormir, ¿Cierto?"
"Si, ya casi llegamos."
Llegamos y ellas dos bajaron, pero llamé a Soyo antes de que se fuera por completo.
"A mí también me gustaría que fuera un si, pero siento algo que en ella lo imposibilita. Esto todo lo que diré. La próxima vez pregúntenle a la china, no a mí."
Terminé de decir eso, y arranqué.
Al llegar dejé el auto estacionado, y esa tonta no parecía querer despertar. Suspiré agotado, y la levanté llevándola como un saco de papas.
Caminé, y en una esquina escuché como su cabeza se golpeaba con algo y aun así no logró despertarse.
Agradecí que no hubiera gente cerca y confundieran a ella con un cadáver o a alguien a quien acababa de dormir con algo.
La dejé en la cama, y su respiración se volvió más espesa en mis oídos, y la mía se detuvo. Decidí alejarme e irme al otro lado de la cama.
Me mantuve sentado en la cama viendo la ventana que llevaba a la ciudad. Escuchaba los sonidos del tráfico, el sonido que la madrugada traía. No tenía sueño aún.
Ese día esperé hasta el amanecer. Sentía que ella tocaba una melodía diferente a la mía, y en diferente tiempo. Aun así, entendí o entiendo que me atrajo como se escuchaba, y caí como una abeja a la miel.
33
El día que fuimos de paseo a la ciudad, porque a ella se le había antojado sukunbu, nevaba con fuerza y aun así le importó nada que saliéramos así.
Un copo de nieve cayó en su nariz y rió.
Ese día me contó que su "mami" era la persona más maravillosa cuando se ponía a hacer muñecos de nieve con ella y su hermano. Su madre siempre era maravillosa en todos sus recuerdos.
Pisaba el espeso suelo blanco con sus enormes botas divertida. Sin embargo, nunca logró olvidar su objetivo: comida. Al verla corrió, llevándome detrás de ella con prisa.
Compró tantos como pudo, ya que el jefe le había dado un bono de año nuevo. Estaba más que feliz.
Ese mismo día salimos de compras, y ella siguió llenando el carrito con comida y unas cuantas cosas para su perro.
Hacía que los billetes de su cartera se cayeran, haciendo que yo los viera mientras contaba su dinero. Yo aún no recibía nada y ese fue motivo suficiente de burla para ella.
Recuerdo que también fuimos a rezar al templo. Los puestos que estaban fueron vaciados por ella y su insaciable apetito.
Y cuando comenzaba a anochecer y a nevar corrimos rumbo al auto y maldecimos dejarlo tan lejos. Al llegar, la puerta no abrió. El frío era capaz de helar hasta los huesos.
"Vaya que mierda..."
Fue lo único que pude decir y ella se rió de mi frustración.
Estaba tiritando de frío. Ella sonrió, y se acercó a mi, y haciéndose de puntas dio un pequeño beso en la comisura de mis labios. Era un total mentiroso si decía que eso lo venía venir. No era de ella hacerlo.
Fue torpe como siempre.
Se despegó, y con su tono de siempre me dijo:
"Hazte un lado."
Le hice caso, y con un poco de esfuerzo ella abrió la puerta.
"Já, deberías ir más al gimnasio maldito sádico debilucho."
"No, tu deberías conseguirte algo de feminidad."
Ella chasqueó la lengua y después de darme un fuerte golpe en el estómago se subió al auto.
Ya adentro nos lo pasamos discutiendo por cualquier nimiedad que ella creía tener la razón.
El trayecto se hizo corto. Demasiado corto.
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Gracias por leer y espero que sea de su agrado :D
Cualquier error estaría feliz que me dijeran :3
