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37
Recuerdo que un día siguiente llegué ya noche. Entré a la habitación y la vi a ella cubierta por la cobija. Era un bulto en medio de la cama.
Como una oruga sacó la cabeza, y me invitó a meterme con cierta vergüenza. Le respondí que no tenía ganas de jugar a nada y caí rendido a la cama, y ella por su parte siguió bajo esa cobija, entonces con el dedo comenzó a punzarme.
No le presté atención, hasta que me alzó la cobija y me metió en ella. Le reclamé, y ella tomó mi mano llevándola a la parte de su cuerpo. Entre la oscuridad pude sentir encaje. Sabía lo que significaba.
Tragué saliva.
"¿Estas segura? No quiero que..."
"Si, es bueno probar cosas nuevas."
Contestó segura de sí misma.
Traté de tocarla y se retorcía. Era como un erizo, y yo era quien osaba interrumpir su tranquilidad. Quería seguir haciéndolo y haciéndolo, seguir sintiendo esa corriente atravesar todas partes.
Mi mente se puso en blanco, en cada movimiento que hacía.
Era como moverse entre la neblina, y la oscuridad que ella había creado.
Sentí que esa melodía que ella soltaba era hermosa, pero aun distante. Me conformé con eso. Era más de lo que yo podía recibir de ella.
Y al culminar, la neblina se hizo más pesada y más agradable. Mi memoria logró tener amnesia todo ese tiempo y estar sólo para esos instantes.
Cuando desperté era aún madrugada, y apenas los rayos del sol comenzaban a asomarse.
Ella estaba profundamente dormida boca abajo, con la sabana cubriéndole medio cuerpo. Su piel blanca resaltaba más con las tenues luces que lograron colarse por la extensa ventana.
Estaba cansada. Y lo deteste por mis motivos.
Desde entonces, ese impedimento se abrió, y ella me dejó entrar siempre que quisiera.
Le agradecí internamente eso, no el hecho que me dejara hacerle el amor, si no que me permitiera hacer algo que sólo yo pudiera disfrutar.
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38
Una vez llovió tan fuerte cuando pensábamos ir de campo, en el momento que íbamos a bajar del auto.
"Yo ya tengo hambre."
Comentó fastidiada, y sacó el sukunbu que siempre guardaba.
Vi el anillo en uno de sus dedos, lo conservaba bien a pesar de ser ella. Sonreí y le pedí la mano.
"¿Para qué?"
Estaba confundida.
"Sólo dámela."
Eso hizo dudosa, y del dedo le quité el anillo, a lo que ella quedó mirando y trató de evitar que siguiera.
"¿Por qué mierda hicis..."
"Tómalo como un nuevo comienzo."
"Pero el anillo es mío..."
"Lo sé. Pero cuando empezamos no lo tenías."
Quedó pensativa un rato.
La lluvia cada vez se volvía más fuerte.
"¿Me lo darás de vuelta después?"
"Si."
Contesté con una sonrisa de lado, y me acerqué a ella y le di beso, más largo que algunos.
Quedamos así mientras las gotas caían al auto, y las ventanas se nublaron.
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Bueno, gracias por leer y por los reviews que han dejado :3
Amm... Respecto, a lo de Kagura (Lo que siente), preferiría que la historia les permita aclararlo. Y como saben, este tipo de narración esta de un sólo lado, así que únicamente se toma el punto de vista de un personaje en lo que cabe a pensamientos. Diré eso nada más por ahora. *Se vuelve a esconder entre las sombras*
Saludos :3
