Epílogo
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—Soyo-chan...—Negó Kagura con la cabeza—No quiero aceptar
Soyo sonrió y la vio con ternura, para luego acariciarle la mejilla.
—Vamos, es apuesto—Insistió esta—De seguro te invita a comer
Esa pelirroja suspiró, resignada y contestó con un desanimado sí. No le hacía mucha ilusión salir con ese chico, más su querida y adorada amiga no dejaba de insistir por qué le pareció el correcto. Por fin podría ver a Kagura enamorada y, eso, seria digno de recordar.
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Kagura vio las llamadas perdidas de él y no supo si contestar. Recostó su cabeza en la mesa, pensando en decirle de una vez por todas que quería terminar con aquello. Estaba más que decidida en hacerlo, pero, por alguna extraña razón, no podía siquiera contestar una llamada suya.
Entonces contestó, aceptando de nuevo estar en una cita con él.
Esperaba que eso no durara mucho.
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¿Cómo era enamorarse? Se preguntó. El primer novio que había tenido era simplemente como una broma—Pero era una niña en ese entonces—y ahora, siendo mayor, continuaba con la misma incógnita.
Se había dejado besar por aquel sádico-bastardo. Y no era malo, pero a veces se sentía tan confundida que quería dejar todo por la borda y huir. Si, y también escapar de las presiones de su amiga Soyo.
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Papi le había dicho que se enamoró de su madre cuando la vio inalcanzable para él. Casi como el sol recordó las palabras de su padre.
¿Mami se había enamorado de papi cuando lo hizo él, o después?
Hm... No lo sabía, pero ver el anillo que brillaba en su dedo la hizo sentir un poco nostálgica. Tanto, que besó la mejilla de quien dormía a su lado.
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Se refugió en las sabanas. Sougo había prometido que traería golosinas y ella esperaría ahí, para verlo llegar y pedirle que le regalara todos los dulces y el sukunbu que llevara en la mano.
No fue como lo esperó. Él simplemente se tiró en la cama, sin decir ni una palabra y cerró los ojos, profundamente dormido.
Lo detestaba por eso ahora. Sin embargo, se detestaba más a ella misma por obligarlo a permanecer a su lado, a pesar de que su corazón no dijera doki, doki, como tantas veces le dijo Soyo. O eso pensaba, porque, desde quien sabe cuándo y quien sabe cómo comenzaba a sonreír al verlo.
Le dio un beso casto en los labios, y volvió a meterse en su cobija, avergonzada.
No era como si ella fuese un príncipe y él la bella durmiente que esperaba despertar, pero le gustaba cuando había calma y podía observarlo cuando parecía en verdad alguien inocente.
Así que esa noche fingió estar dormida cuando lo escuchó levantarse en la madrugada y tomar sus cosas, aun cuando el sonido de la puerta cerrarse con fuerza la hicieran dar un brinco. Quizá, algún día, volvería a encontrar a un tipo lo suficiente idiota como para aguantar sus insultos y golpes. Lo encontraría en una cafetería, y fingiría conocerlo solo porque la lluvia está fuerte y su paraguas se había roto.
También, lloraría cuando el decidiera alejarse de ella porque la comida que había mandado su hermana era demasiado picante para no hacerlo.
Y comería helado—que él dejó—mientras veía una película, porque ya no había nadie que se lo quitase.
Ah, a veces era demasiado tarde para darse cuenta de ciertas cosas, que lo único que quedaba hacer era recostarse en el sofá y suspirar hasta que los latidos se mezclaran entre los suspiros.
Entonces, en su buzón—lleno de revistas sosas y encargos aún más sosos—encontró una carta, la cual no tenía nombre. Creyó que podía ser una bomba, por lo cual fue cuidadosa en abrirla.
Sus ojos se humedecieron cuando supo la identidad del dueño. Era una sentimental de lo peor, y le importaba muy poco en esos momentos si alguien lograba verla así. Así que lo continuó siendo los siguientes días, cada tarde (cuando el sol estaba por ocultarse) y sonreía cada que sus recuerdos hacían acto de presencia.
Fue que recibió la última de todas aquella cuando por fin se dio cuenta de su error y del que tanto temió.
Tomó el celular y marcó a ese contacto que había quedado olvidado entre esa lista, y el sonido de la espera la volvía más ansiosa. Hasta que él contestó.
Escuchó su voz detrás de la línea y se sintió extrañamente feliz, como no lo había hecho antes cuando aún lo conservaba a su lado. Por eso mismo, decidió, ahora, ser la primera en dar un paso.
—Quisiera verte...
La llamada se había cortado, pero sus palabras no quedaron en el aire.
Esperaba un nuevo comienzo, y ella daría todos los pasos que fueran necesarios.
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Nota de autor: Primero, gracias por leer :3
Y, de nuevo, gracias por los reviews que recibí en el Fic. En serio que fueron muy bonitos, por esa misma razón me anime a subir un epílogo (Aunque haya tardado un monton :'v)
Así que espero sea de su agrado, gracias por todo :'D
¡Saludos!
