Capítulo 5:

Ash, Brok, Misty y Matt se dirigían camino a casa de Bill cuando, a lo lejos, vieron un gran edificio con la fachada repleta de dibujos infantiles de distintos pokémon, parecía tratarse de una guardería. Los tres muchachos decidieron acercarse.

Al mismo tiempo un globo con forma de Jigglypuff les seguía desde el cielo. En él viajaban tres mojabragas.

-Esta vez no se nos escapará, lo juro por mi nueva manicura "kawaii desu" - dijo una de las chicas. - ¿Preparadas para saltar?

Las tres chicas saltaron del globo al más puro estilo ninja, dejando ondear sus minifaldas al viento, y se escondieron tras una de las paredes del edificio.

Los entrenadores, por su parte, decidieron entrar.

-Hola, ¿Hay alguien?- preguntó Brock.

Acto seguido, apareció un chansey con una bata blanca y grandes gafas.

-¡Hola, bienvenidos! No suele haber visita por aquí, pero adelante – dijo el chansey en tono amable.

-¡Ah! ¡UN CHANSEY QUE HABLA! – gritó asustado Ash mientras corría en círculos. A los pocos segundos terminó estampado contra la pared.

Pikachu se puso la mano en la frente mientras murmuraba en señal de resignación:

-Pika, pika…

-¡Como si nunca hubieras visto un Pokémon hablar! – respondió Misty molesta por la estupidez de su compañero.- Ahora pensarán que todos somos iguales de idiotas que tu por ir contigo.

A los pocos segundos, la pelirroja propinó a Ash una patada con la que hundió su cabeza en el suelo.

Matt también estaba asustado por ver a un chansey hablar, tanto que se escondió tras Misty. Acto seguido la pelirroja le hizo una llave de judo al chico y éste quedó estampado contra el suelo junto a Ash.

-Espero que dejéis de avergonzarme.- dijo Misty ya en un tono más calmado.-Ash, ¿Es que ya no te acuerdas de Meowth? Él también hablaba.

Entonces chansey, un poco incómoda por la escena que acababa de presenciar, les dijo:

Si queréis podéis pasar y enseñar vuestros Pokémon a los niños. Estoy segura de que les hará mucha ilusión.

Los chicos aceptaron y siguieron al pokémon.

-Niños, hoy tenemos visita ¡Se trata ni más ni menos que unos entrenadores Pokémon! – exclamó Chansey a los niños.

Los pequeños fueron corriendo hacia los chicos y los rodearon por completo. Los niños parecían no tener más de cinco años y todos ellos vestían "kigurumi" con capucha de diferentes Pokémon.

¡Enséñame tus Pokémon! – gritaba uno

¡Quiero jugar con un Pokémon – insistía otro

¿¡Sois entrenadores Pokémon de verdad!? – preguntaba un tercero superponiéndose.

Uno de ellos, el que vestía un "kigurumi" de chansey, estaba sentado en el tobogán completamente solo. Matt se percató y se acercó para ver que le ocurría.

-Oye chico, ¿Por qué no estás con los demás? – preguntó el entrenador pokémon.

-¡Déjame! ¡A mí me gusta estar solo! – exclamó el niño mientras le daba una patada en la espinilla.

Acto seguido salió corriendo.

-¡Oye! ¿¡Se puede saber qué es lo que te pasa!? – exclamó Matt mientras cogía al niño por la capucha.

El chico empezó a llorar mientras insistía en que lo soltase.

- ¡Déjame! ¡Déjame! ¡No tienes ningún derecho a cogerme! – exclamaba el niño.

Matt soltó al niño y éste aprovechó para escaparse por un hueco de la valla. El entrenador salió tras él.

Cuando consiguió atraparlo, ambos se percataron de que se habían perdido y el chico empezó a llorar de nuevo. Matt intentó tranquilizarlo dándole unos dulces que tenía guardados en su mochila.

Ya más calmado y estando de morros, el niño preguntó a Matt:

-¿Se puede saber por qué quieres ayudarme?

A lo que el joven respondió sonriendo y de rodillas para estar a su altura:

-Porque me pareces un niño divertido.

El chico miró impresionado a Matt, era la primera vez que alguien decía que era divertido. Lo que provocó que volviese a llorar desconsoladamente.

-¡Eh, espera! ¿He dicho algo malo? - Preguntó Matt.- Deberíamos empezar por el principio ¿Cómo te llamas?

- Me llamo Chan-Shin- dijo el niño secándose las lágrimas.

-Chan-Shin, me gustaría saber porqué te quedaste solo y luego huiste de mí – respondió Matt.

-Po… Porque todos me odian allí. Hago siempre travesuras y la chansey gorda me castiga y entonces todos se ríen de mí – respondió el niño.

Al muchacho le resultaron familiares esas palabras.

-¿Sabes qué? Cuando tenía tu edad, yo también era así. Nadie me entendía e incluso llegué a pensar que jamás encontraría a alguien que lo hiciese. Pero un día conocí a una chica que creyó en mí y que me dijo que podría lograr todo lo que me propusiera. Pude cambiar gracias a ella. Cuando era pequeño yo también me metía siempre en líos, no tenía ningún amigo y mis compañeros siempre se reían de mí.

Chan-shin escuchaba atentamente cada una de las palabras de Matt. Éste, por su parte, continuó con el relato:

-Resulta que una chica, discretamente, me observaba y seguía todos mis pasos. Un día empecé a pelear con unos niños y no pude contra ellos porque me superaban en número. Cuándo creía que no aguantaría más, apareció ella para defenderme. Les pegó una verdadera paliza, ella sola, y luego me preguntó si estaba bien, con aquella sonrisa... Tenía dos años menos que yo, pero desde aquel día, nos hicimos inseparables, aunque ella siempre tenía que preocuparse por mí ya que era muy problemático.

-¿Qué pasó luego? – preguntó Chan-shin expectante.

-Lo que sentía por ella se hizo cada vez más fuerte. Sentía que tenía que protegerla pero en el fondo sabía que era ella la que me protegía a mí, al final estaba a gusto con mi vida. Pero poco después, me tuve que ir con mis padres a vivir a Sinnoh. En aquel momento, al despedirnos, le juré que cuando volviese sería yo quien le cuidase.

-¿Y lo hiciste? – pregunto el niño con impaciencia por oír el desenlace.

-Cuando cumplí la mayoría de edad volví a Kanto para ayudarla a llevar el gimnasio Celeste. Actualmente, sigo sin poder ser yo quien la cuide a ella, pero me reconforta saber que lo intento con todas mis fuerzas – afirmó con los ojos brillosos.- Así que ya sabes, alguien te hará sentir especial, más pronto que tarde. Hasta entonces tienes que creer en ti mismo.

El chico no había comprendido mucho pero entendió que quizás entre sus compañeros había alguien a quien mereciese la pena esforzarse en conocer.

-Bueno, ¿Volvemos a la guardería? – preguntó Matt.

Chan-Shin asintió con la cabeza y cogió a Matt de la mano. Ambos volvieron a la guardería donde se encontraron con una sorpresa, el grupo de las mojabragas había cogido como rehenes a los niños para intercambiarlos por Ash.

-Os juro por mis Manolo Blahnik que me dais al quesito saladito o no respondo ¿Eh? ¡No respondo! – afirmó histérica una de las mojabragas.

El nadador, sin perder un segundo, sacó a su Starhe.

Ash, que no había visto nunca a este pokemon, sacó su idex para identificarlo. Del aparato surgió una voz robótica: "Starhe, pokémon acuático y evolución masculina de Starme. Cuando se enfurece, crea fuertes ciclones que hacen naufragar a los marineros".

El nadador le ordenó a su Pokémon que realizase el ataque "hidrobomba". Las rubias quedaron totalmente empapadas, con la ropa algo trasparente y todo el maquillaje corrido.

-¿Crees que esto nos parará? ¡Nos encanta el día de la camiseta mojada!- gritó una de ellas mientras sacaba a un Jigglypuff al campo de batalla-. Ahora te las verás conmigo ¡Jigglypuff, canto!

El pokémon rosado comenzó a cantar una melodía que adormeció a todos los presentes incluída su entrenadora. Por su parte, Chan-Shin había conseguido taparse los oídos antes de que comenzase a cantar.

El pequeño se dio cuenta de que el Jigglypuff estaba dibujando en las caras de todos los presentes y quiso enfrentarse a él, tenía que creer en sí mismo y proteger a sus compañeros.

El Jigglypuff intentó alcanzarlo con doble-bofetón pero el niño lo esquivó y consiguió agarrarle de la pata. Comenzó entonces a girar sobre sí mismo para ganar impulso hasta soltarlo. Cuando consiguió el suficiente impulso lo soltó.

-¿Jigglypuf? – preguntaba el pokémon al tiempo que se alejaba por los aires.

Se transformó en un destello en el infinito.

Acto seguido, ató a las tres chicas para que al despertar no pudieran escaparse.

En unos instantes, todos despertaron y se dieron cuenta del trabajo que había hecho el pequeño Chan-shin mientras ellos estaban bajo el efecto del canto de Jiglypuff. El niño cayó rendido al suelo del esfuerzo.

Matt se sintió orgulloso de él e intentó despertarlo.

A los pocos segundos despertó y se dio cuenta de que estaba rodeado de todos sus compañeros. Una chica se acercó vergonzosa y le regaló una flor que había cogido del césped. Chan-shin estaba realmente feliz, al fín sus compañeros le habían aceptado. El nadador dejó a los niños solos y estos comenzaron a jugar juntos, todos querían estar junto a su nuevo héroe.

La profesora chansey, impresionada, agradeció a Matt el trabajo que había hecho con Chan-shin.

Poco tiempo después los chicos decidieron seguir su viaje, mientras los niños y chansey se despedían de ellos a lo lejos. Su próximo objetivo sería visitar la Casa del Mar, hogar de Bill.

Mientras tanto, totalmente a oscuras, las mojabragas se retorcían en un saco medio roto de la ruta 25.

-¡Ayuda, que alguien nos ayude por favor! – exclamaba una de ellas desesperada.

Pero nadie acudía a socorrerlas. Poco después apareció un Ursaring de entre las sombras.

Las tres chicas gritaron al verlo, pero el pokémon las recogió delicadamente y las llevó a la cueva donde vivía con su familia.

-Chicas… Esto… Es mejor no negarles nada, tienen muy mala pinta.

-No te preocupes, mañana antes del amanecer saldremos de aquí aunque sea a rastras. Si las rebajas no pudieron con nosotras, esto tampoco lo hará- respondió otra de ellas con determinación mientras uno de los Usaring, que parecía haberse enamorado de ella, la abrazaba insistentemente.

Las tres jóvenes gritaron a la par:

¡Las mojabragas perdidas de nuevo! ¡Oh seh!

Por otra parte y no muy lejos de allí, el Jigglypuff de la mojabragas, malherido y desorientado caminaba hacia ninguna parte en por la orilla de un río. Tenía mucha hambre y comenzaba a tener frío… Pero eso es sin duda otra historia.