Capítulo 4
SILVER LINING (1)
Durante los primeros días de los Avengers, no había faltado el periodista idiota que había preguntado qué tenía que hacer Clint, un tipo con un arco y unas flechas, en medio de un supersoldado, un semidiós que manejaba el rayo, un millonario en un tanque volador y, bueno, Hulk. ( Curiosamente nunca nadie lo había preguntado por Natasha) Clint había dicho relajadamente que alguien tenía que ir a comprar la pizza post batalla, pero el resto del team se había irritado majestuosamente y erizado como gatos. (2)
Clint no había hecho caso: el antiguo artista circense sordo tenía una panaché y una seguridad en sí mismo que Bruce nunca había tenido, y las que Steve y Tony se esforzaban en aparentar. Si se trataba de haber sido por años el mejor espía de SHIELD, de haber parado en ocasiones más de un superpoderoso dictador sin más que su ingenio y sus habilidades ( a ti te estoy mirando, Viktor Doom) y de saber que junto a Natasha casi no existía una situación de la que no pudieran salir, o quizá era simplemente que habiéndose enfrentado a tanto despelote en su vida lo hacía maravillosamente adaptable, al final Clint no se había ofendido en lo más mínimo. Pero a los demás les irritaba un poco no poder presumir de las habilidades del arquero, precisamente porque varias de ellas eran clasificadas.(3)
Incluso Natasha, más asesina que espía, solía ignorar cosas que Clint, en buzo y descalzo en la Torre, se las arreglaba para averiguar con la cara más poco inteligente posible. Su capacidad de arregla líos y de enfocar los problemas de un modo completamente distinto a todos los demás no tenía paralelo: si eso venía de su sordera infantil o de su entrenamiento, nadie lo sabía. Pero Clint había logrado convencer a la estrella del Red Room que desertara. Qué más había que decir?
Por eso, fue Clint, no ninguno de los demás, quien se asomó a la UTI en donde Libby seguía inconsciente y Steve, la cabeza apoyada en el borde del catre, roncaba durmiendo profundamente. Clint le palmeó la rodilla, y cuando Steve abrió los ojos azul celeste, le sonrió y le ofreció una taza.
- Gracias.- dijo él con la voz gruesa.- Bruce ya ha despertado? Saben algo? Está…?-
- Salió del coma, pero aún está dopada. Las heridas de bala se están cerrando, aunque no tan rápido como las tuyas. Bruce averiguó cosas, y yo deduje otras… quieres escucharlas?.- sugirió Clint con dulzura. En cierto sentido, Clint era el más experimentado y el más maltratado por la vida en el grupo, y Bruce, cuyo porcentaje de miserias no estaba tan lejos, sabía que si Clint encontraba el modo de ahorrarle una pena a Steve, a Thor, tan puro de corazón, al mismo Tony, con su fe inquebrantable en el poder de la voluntad, al mismo Bruce y su cansado altruismo, el cínico arquero lo haría.
Steve asintió rápidamente, y cojeó en piernas acalambradas hasta un rincón de la habitación, en donde Clint se sentó en el brazo de un pequeño sofá y habló tan calmadamente y claro como pudo.
- Bruce dice que tienes razón. Que la chica es Libby Bell, y que fue parte de un proyecto de Howard Stark que la llenó de Vita Rays.-
- Howard? Pero por qué no me dijo?- musitó Steve, el alivio dando paso un ceño confuso en su rostro. – Ella está saludable? Qué le han hecho?-
- Está muy saludable, excepto por los ocho agujeros de bala. Verás… - dijo Clint, su voz aún baja y conciliadora.- Creemos que el proyecto que Howard tenía era… de eugenesia. Bruce y Tony piensan que lo que Howard quería era ver qué pasaba si tú como supersoldado y ella como receptora de Vita Rays tenían hijos.-
La cara de Steve se fue no al blanco, sino a una inexpresividad que Clint no recordaba haberle visto nunca. Steve tenía una cara joven y móvil, pero por la forma en que su rostro se inclinó adelante y perdió todo gesto era inquietante: era un poco como un gran felino bajando la cara para atacar. La palabra " eugenesia" parecía tener ese efecto.
Claro, pensó Clint. Era un asunto muy personal: pero la verdad, si la eugenesia hubiera actuado en los años 30 como sus proponentes en Estados Unidos habían pedido, Steve antes del suero, con sus docenas de enfermedades, habría sido esterilizado, o quizá incluso recluido(4). Y el proyecto del supersoldado habría acabado en algo estilo Blonsky.
- Howard estaba metido en eugenesia? Como los Nazis?-
- Steve, creo que ya que no podían replicar el suero, creo que era la siguiente idea lógica. Y Howard puede haber tenido la idea, pero la llevó para que te conociera y esperó a ver si algo sucedía, no fue precisamente que te ordeñara para impregnarla.- dijo Clint, con cierta justicia. Steve sacudió la cabeza, como si le costara creer de todas formas, pero luego giró la cabeza y miró a Libby con intensa tristeza, una rabia profunda y antigua en sus ojos.
- La cantidad de gente que ha salido lastimada por el maldito experimento es demasiada. No ha traído más que dolor… Bruce, Howard, Burnside, el Red Room, y ahora Libby… malditos monstruos!- exclamó, y Clint vio en la tensión de sus hombros cómo ansiaba darle un puñetazo a algo y se contenía con todas sus fuerzas.- Ojalá nunca me hubieran metido en el maldito proyecto! Ojalá el maldito suero me hubiera matado y ya!-
- Estás siendo un idiota. Has salvado mucha más gente que…-
- Clint, crees que el poder bajar gatitos de los árboles me consuela de todo lo que Nat y Bruce han sufrido? Cómo quieres que no me sienta culpable? Y ahora Libby?- susurró, aún en su cólera tratando de no despertarla. Se dejó caer en el sofá de nuevo, y Clint vio las impotentes lágrimas en el borde de sus pestañas.
- No eres el único que ha salvado vidas.- dijo Clint, y su fuerte mano callosa oprimió el hombro duro y poderoso de su líder.- Cálmate. Tienes que estar calmado para ayudarla. Y nosotros te necesitamos, lo sabes.-
El asintió, cerrando los ojos. Clint le dio unos momentos para calmarse, y luego continuó en voz baja.- Imagínate cómo irritó a Howard que Libby se fijara en Bucky y no en ti. Claramente, a ella tampoco le había explicado para qué los estaba reuniendo.-
- Bucky tenía un talento para meterse en líos que hasta que te conocí, Clint, no tenía paralelo.- dijo Steve, y sonó como un halago. – Dios! Qué frustrado debe haber estado Howard!-
- Tony quiere comprar un monumento para la tumba de tu amigo. Un obelisco, creo. Algo fálico.- dijo Clint, y Steve estalló en risitas ahogadas un poco histéricas. Clint le rodeó la cabeza con el brazo, y continuó hablando.- Los tests de Bruce dicen que la han mantenido viva, y muy bien cuidada, estos años. El doc… el doc echó una mirada ginecológica, y dice que aparentemente nunca ha tenido hijos. Pero sí está flotando en unas hormonas especiales, y Nat… Nat confirmó que aparentemente, hay tres hits para sus huellas digitales. Parece que la capturaron los alemanes, y los últimos setenta años la condicionaron… le lavaron el cerebro para creer que era una simple chica alemana, trabajando para el gobierno en tareas mínimas. Nat calcula que se lo hicieron tres veces, y cada vez la convencieron de que era la hija de la versión anterior. Mantuvieron toda la historia anclada en la muerte de Bucky, y cada vez, ha sido una viuda que tras vivir veinte años entre los veinte y los cuarenta… pues la empiezan de nuevo.-
- Pero por qué? Qué ganaban? Tiene poderes de algún tipo o…?-
Clint asintió, pero no soltó los hombros de Steve.- Algunos. El doctor puede explicarte mejor, y habrá que correr unas pruebas, pero…como puedes ver, es inmune al envejecimiento, los Vita Rays perfeccionaron su genoma, y no sólo su recuperación celular es muy rápida, también parece ser más fuerte y rápida que la mayoría. Pero aparentemente nunca la usaron como espía o asesina. Nunca la usaron como nada, excepto…-
- Qué?-
- Cuando Bruce lanzó el reconocimiento de huellas con un 90% de seguridad, encontró 730 hits.-
- Qué significa eso?-
- Que durante estos años, la han mantenido viva y cuerda por un solo motivo.- dijo Clint en voz baja. – Nat había oído hablar del programa, pero no sabía lo que era. – el arquero lo sujetó del brazo, y se giró, para clavar sus ojos verdosos en los azules de Steve.- Prométeme que no te vas a poner loquito.-
Steve asintió, los dientes apretados, pero estaba blanco. Clint sin embargo sabía que no había forma que Steve Rogers pudiera prepararse para lo que iba a decirle.
- La han usado como banco de óvulos. Todos estos años… han estado inyectando en su sociedad su genoma para perfeccionarlo. Como su cuerpo se mantiene permanentemente joven, sigue formando óvulos, y ellos siguen sacándoselos. En este momento, Tony calcula que la penetración de su gen en Alemania es el del 42%. La mitad de Alemania es pariente suyo.-
- Le di algo para que acabara de vomitar, pero lo vomitó igualmente. Voy a tener que inyectarlo.- dijo Bruce, quitándole cansadamente el estuche a una jeringa.- Como diez veces, porque con su metabolismo menos de 50 ul no van a hacer el truco. Clint, no había necesidad de largarle todo a la vez.-
- Las cosas que traen dolor es mejor enfrentarlas de una sola vez, mi sabio amigo.-
- Cállate, Lord Pikachu (5).- dijo Tony, que se paseaba inquieto.- cómo es posible que en toda una base de SHIELD no hayan macarrones? Hay que meterle algo de comida o se va a desplomar.- agregó, mordiéndose el pulgar lleno de preocupación. Era un poco conmovedor cuando se enfrentaba al tipo de problemas que no podía solucionar tan fácil.
- Yo preferiría que esté calmado para cuando Libby despierte. Una parte de mí está preparado para que la chica grite secuestro y ahí sí nos vayamos a la mierda. Esta misión ha sido un desastre.- bufó Clint. Tras el vidrio, Natasha se había sentado junto a la joven, montada al revés en una silla y con el mentón apoyado en los brazos cruzados sobre el respaldo. Nat era tan pequeña que le colgaban los pies.
- Tarde. Creo que está despertando.- dijo Bruce, cuando una de las máquinas junto a Libby empezó a dar bajos pitidos. Hubo un movimiento, y sin que nadie le dijera nada Thor partió a buscar a Steve mientras los otros tres se pegaban al vidrio y Natasha se inclinaba sobre la joven.
- Hey.- dijo la pelirroja cuando Libby abrió los ojos, que eran muy celestes.- Hola. Estás a salvo, todo está bien. Libby, verdad?-
- Dónde… estoy?- la joven se enderezó en los codos, y hubo un rictus de dolor en su rostro.- Qué pasó? Me desmayé… otra vez?-
Natasha negó, aunque algo pasó por sus ojos.- Te balearon, lo recuerdas? Steve te rescató.-
- Steve…- murmuró ella, y un temblor pasó por su cara. El temblor se incrementó, y Nat la sujetó en sus brazos y le gritó a Bruce por Haldol, mientras lo que parecía un ataque de sacudidas recorría el cuerpo de la joven. Bruce, tras apenas identificarse en un segundo, la inyectó, y los temblores se calmaron, Nat secándole el rostro transpirado.
- Estás a salvo. Steve vendrá en un momento. Estás recuperando memorias… eso es lo que te pasa…- susurró, echándole el cabello atrás.- Todo estará bien. No te fuerces en pensar en nada… todo vendrá solo.-
- No me dejes sola, por favor.- gimió la chica, y Bruce notó cómo el acento alemán se transformaba el suave acento de la heartland de USA. Natasha sujetó sus manos, y Bruce vio el destello de ira y compasión mezcladas en la mirada de Natasha, un destello impensable en la habitualmente insensible asesina.
- Tenemos que moverla de acá: me siento como un patito en tiro al blanco.- bufó Tony, cuando Bruce regresó a de atender a Libby y Thor reapareció, seguido por Clint y un pálido Steve. – Tenemos que llevarla a la Torre. Si le estamos quitando la gallina de los óvulos de oro a los alemanes, preferiría guardarla en un lugar defendible, caramba.-
- Tiene que aceptar ir con nosotros. No podemos llevarla contra su voluntad.- respondió Bruce, para quien el libre albedrío era un tema muy delicado.
- No sé si estoy siendo poco gentil en este tema.- dijo Thor, el cabello en un manbun y la expresión de pensativa duda que normalmente mostraba al hablar de los convencionalismos midgardianos.- Pero dado que su mente ha sido sometida a diferentes abusos, será capaz de decidir desapasionadamente en una decisión correcta? Creo que deberíamos asegurarnos de que su mente haya sanado antes de ofrecerle decisiones. En verdad, deberíamos confiar en el Capitán, que tiene sus mejores intereses en el corazón, decida por ella.- comentó con total confianza. Steve sintió una oleada de afecto por la fe que el asgardiano le tenía, pero Bruce parecía pensativo, y algo tenso.
-Thor tiene razón: la chica no está en su sano juicio, y aunque lo estuviera, me la llevaría igual.- dijo Tony con irritación, enfrentando la mirada de Bruce con firmeza. Si para todos Steve solía ser el compás moral del grupo, para el billonario hace mucho tiempo que era el sereno científico, pero eso no significaba que en ocasiones tuvieran peleas que hacían retemblar el piso de los laboratorios.(6)
- Y lo que ella opine, Tony?- repitió Bruce con reconvención.
- No voy a dejar abandonada a su suerte a una mujer en la que mi padre experimentó y luego dejó abandonada en manos de los nazis. La han estado ordeñando setenta años como si fuera una vaca! Lo menos que le debo es ponerla a salvo de esos monstruos, y averiguar exactamente qué le han hecho para ayudarla.- acabó ásperamente.- y cambia la cara. No estoy haciendo todo esto para recuperar un experimento perdido propiedad de Stark Industries. Si de veras piensas eso de mí…-
- Creo que es parte de ello, pero también sé que recoges todo tipo de experimentos interesantes, yo de testigo.- soltó Bruce sin acidez y un poco de humor. Tony lo miró herido, pero Steve, que tenía instinto para esos casos, habló con certeza antes de que pelea escalara:
- Doctor, si Tony no lo hace, lo haré yo.
- Deja que Clint la convenza, entonces. El tipo ha hecho cosas semejantes antes.- respondió Tony a la clara indecisión de Bruce.
- Esperemos un momento. Dejemos que Natasha hable con ella.- dijo al fin el doctor, a lo que Clint asintió, y los cinco hombres de acomodaron en la sala, esperando.
- Cómo te sientes?-
- Estoy bien.- dijo Libby, devolviéndole a Natasha el vaso que le trajera, y del que había bebido con total confianza.- Ya puedo irme a casa?-
- Dónde es casa?- murmuró Natasha, conciliadoramente.
- En… Berlín?- dijo Libby, sin ninguna curiosidad o reticencia.- Está bien eso?-
- No quieres irte con Steve?-
Libby parpadeó. Un momento había estado hablando tranquilamente, al siguiente su cuerpo había empezado a temblar. Nat le oprimió la mano, y ella la miró, aún con confianza, pero con las pupilas pequeñitas.
- Steve está aquí? De verdad? Él no…- Libby movió la cabeza y el temblor se incrementó. Natasha se sentó en la cama, ambas manos en sus brazos.
- Nadie volverá a hacerte daño. Steve sólo quiere protegerte. Por favor, ven con nosotros.-
- Adónde?-
- América. New York?-
- Una vez estuve en New York.- musitó ella, y su temblor se incrementó. Nat entrecerró los ojos.
- Allí estarás a salvo.- Natasha la observó respirar hondo, calmarse, antes de asentir obediente. Nat tenía un enorme control de sus emociones, pero incluso para ella era difícil sonreír cuando en verdad sentía ganas de vomitar.
- Bruce me encargó que les trajera sopa.- dijo Steve con Clint en la puerta. Libby miró a Steve y los temblores volvieron, aunque su rostro se mostraba totalmente calmo: era como si los temblores le fueran familiares, normales. Clint acercó una silla y se colocó a cierta distancia, pero Steve, tras colocar la bandeja que cargaba en una mesita, se volvió, y su rostro no podía evitar traicionar la profunda emoción con que observaba a la alta mujer rubia en la cama de hospital.- Libby?-
- Hola.- dijo ella, tan sencillamente como si lo viera todos los días. Como un niño, nada parecía sorprenderla. Steve se acercó para tenderle una mano, y ella la tomó sin dudar, aunque temblaba con exactamente la misma vibración, la misma violencia que había ignorado antes.
- Estás bien? Te duele? Estás temblando?-
- No lo sé.- dijo ella, antes de sonreír.- me hace muy feliz verte, Steve!-
- También a mí.- susurró él, voz ronca. – Vas a venir con nosotros?-
- Supongo que sí.- dijo ella, su rostro perdido calmándose, sus manos ahora con apenas vagos estremecimientos.
- Tienes alguien a quien avisarle? Algo que extrañes o…?-
- No, creo que no.- dijo ella, entrecejo fruncido por un momento.- No recuerdo… Steve?-
- Dime.-
- Por qué vas a llevarme lejos?-
- Porque aquí te han hecho daño, Libby.- dijo Steve, voz muy suave, pero los ojos súbitamente arrasados. – Si lo hubiera sabido, habría venido corriendo, hace mucho tiempo…!-
- No… no recuerdo que me hayan hecho daño.- dijo ella, y sus manos, ahora tranquilas, tomaron entre las suyas la de Steve, que parecía a punto de quebrarse- Pero está bien.- agregó, su rostro sereno. Un momento luego, sus manos acariciaron la de Steve, y Clint bajó la vista súbitamente conmovido al ver cómo la joven trataba de tranquilizarlo a él.
- Nos iremos esta noche. No hay más que un par de horas, y allá pueden verte los mejores psiquiatras.- dijo Steve, atrayendo una silla y sentándose a su lado sin siquiera un intento de recuperar su mano: se movía como si le hubieran cerrado un grillete.- Te prometo que todo estará bien. Todo…- su voz se quebró, y luego se recuperó, intentando ser animoso.- Todo estará bien.-
- Nat, acompáñame a buscar algo de ropa para Libby.- dijo Clint, con un saludo a la chica, y los dos salieron al pasillo, Nat mordiéndose el labio y la expresión del arquero dejando la sonrisa en cuanto dejaron la habitación.
- Le borraron hasta las más básicas defensas. He visto cachorros recién nacidos con mejor sentido de la autopreservación que ella.- musitó Nat en el pasillo. La forma rígida en que caminaba era una indicación de su furia: Clint sabía que en este momento, si alguien tocaba a la Viuda, iba a acabar con diez centímetros de navaja en las tripas. – creí que nada que hicieran podía sorprenderme, pero estos… urods…(7)-
- Lenguaje, Nat.- dijo Clint con su mejor imitación de Steve. Nat inspiró y logró una mínima sonrisa, que se vio más real, pero al reunirse con los demás sólo pudo hacer un gesto e irse por la ropa, porque no confiaba en su autocontrol para narrar detalles. Clint se apoyó en la pared, mientras que al otro lado del vidrio, Steve y Libby seguían hablando con las cabezas muy juntas.
- Bueno, no ha puesto ninguna resistencia. Se irá con nosotros sin chistar.-
- ninguna?- dijo Bruce, mordiéndose el labio.
- Eso es bueno, verdad?- preguntó Thor.
- La verdad, es útil ahora, pero no es muy bueno. Es muy anormal, ciertamente. Pero supongo que hay tiempo para ocuparse de eso en la Torre.- dijo Tony, igualmente preocupado.- Como sea. Al menos no tendremos que llevarla pateando y escupiendo. Porque la habría llevado igual.-
- Tony!-
- Qué?-
- Porqué tiene esos temblores?- preguntó Thor, que mirando por el vidrio vio a Steve nerviosamente tratando de calmar nuevos temblores en la joven.- Es acaso la memoria de batallas, o es el daño a su mente?-
- No estoy seguro.- dijo Bruce, quitándose los lentes y frotándose los ojos.
- Los temblores parecen venir cuando encuentra algo que no encaja con la versión de la realidad que debe haber vivido estos años.- dijo Clint, pensativo.- He visto cosas semejantes antes. Los agentes sleeper no tienen breakdowns hasta que empiezan a recordar. Ahí vienen las migrañas, las convulsiones y el vómito. Lo que le hayan hecho… fue muy bien hecho.- agregó, funerariamente.- Vamos a necesitar toda tu ayuda y la de SHIELD, Stark-
- La tienes.- dijo Tony con simpleza, sin pestañear.- vamos, si Natasha pudo regresar de todo lo que le hicieron…-
- A mí me torturaron. Sospecho que con ella usaron el otro acercamiento, y eso es algo que SHIELD no ha visto antes.- dijo ella, volviendo con un brazado de ropa, el rostro aún cargado de rabia fría.
- Nat?- Thor, un poco confuso- No entiendo.-
- Yo era un perro de guerra. Me mataron de hambre y me enseñaron a morder bajo órdenes, a palos.- dijo ella bruscamente.- Y por supuesto, después de hambre y palizas me escapé en cuanto pude. Pero ella… ella era la perra de raza para conseguir buenas camadas. Le dieron comida, afecto, hogar… todo, todo lo que quisiera, mientras los dejara seguir usando su cuerpo.- agregó, y en su voz había una furia incontenible.- Hijos de puta! Al menos conmigo no fingieron ser un hogar! No me usaron mientras… mientras…!-
Thor se levantó de un salto, y rodeando a Nat con sus brazos, la oprimió, los delicados rizos rojos acunados contra su esternón. Nat inspiró largamente, sus manos apretando convulsivos puñados de la camiseta que apenas lograba tirante envolver a Thor.
- Gracias.- dijo, un momento luego.- Ya estoy bien.-
Thor bajó la cabeza y le besó la frente largamente, sus dedos masajeando los cabellos rojizos, y Nat, que habría peleado como un gato de espaldas normalmente a ese tipo de afecto, se dejó acariciar, un rictus en sus ojos que decía silenciosamente cuánto lo agradecía. (8) Fue, por supuesto, ese momento cuando se abrió la puerta de la salita UTI, y entraron dos metros de amenaza, por nombre, Lt Col. Nicholas Fury.
- Siempre, siempre, siempre.- bufó.- Si ustedes están todos desaparecidos a la vez, sé que tengo que empezar a prepararme para un incidente internacional. Comprendo que quieran matar al maldito Ross de un infarto, pero no estoy seguro de qué les he hecho, saben. – dijo, su voz, ya tan baja en registro, bajando un poco más, de un modo que hacía que Tony declarara que su laringe era un arma de destrucción masiva.- Qué le hicieron a los alemanes en la cena esa? El representante de Alemania en la UN tuvo que calmarse antes de poder seguir gritando.-
- No hicimos nada en la cena.- dijo Natasha, con su perfecta cara de póquer, pero Nick Fury sabía perfectamente lo que había adoptado.
- Noo? Y antes y después, entonces, agente Romanoff?-
- Bueno…- empezó Bruce, limpiándose los lentes en el delantal de médico que se había agenciado.- Es una larga historia… podemos ofrecerle café, Director?-
- No es una larga historia.- retrucó Steve desde la puerta, beligerancia en su voz.- Liberamos un prisionero de guerra retenido en Alemania contra su voluntad. Esa es toda la historia. Si alguien tiene algún problema, que hable conmigo.- acabó secamente. Había una amenaza tan clara, una determinación tan intensa, que habría sido inquietante, para cualquiera que no conociera bien a Steve Rogers. Pero de que era un terco obcecado de mierda con un complejo de protector del porte de la Torre, eso lo sabían.
- Gracias por el resumen, capitán.- le soltó Fury con la misma sequedad.- Agradezco que no me haya tirado el escudo de inmediato por preguntar, como Director de SHIELD, exactamente qué han hecho por lo que yo tengo que disculparme y razonar. Hawkeye? Algo más que agregar?-
- Nick… Steve, siéntate, parece que te hubieras tragado un poste de bandera… por el amor de Dios, no hay necesidad de todo esto. Qué está pasando en la UN? Qué dijeron de nosotros?-
- Que habían tenido una pelea en pleno Berlín con desconocidos y que en su huida, sin explicación, sin alertar a las autoridades pertinentes y sin permiso de absolutamente nadie se las habían arreglado para traerse un ciudadano alemán. No usaron la palabra secuestro pero está en el aire. Van a elaborar?-
- Si quieren que paguemos daños, yo pago daños.- ofreció Tony, los brazos cruzados, el ceño fruncido.- Pero, Fury… lo que dice el Capi es cierto. Tenían a un ciudadano americano prisionero.-
- Qué ciudadano americano?-
- Un ciudadano americano que no le vamos a entregar a SHIELD.- dijo Natasha sombríamente.- Lo siento, Nick. Sé que esto es muy confuso, porque estamos en tu base y necesitamos tu ayuda, pero creo sinceramente que SHIELD haría más daño que bien en esta ocasión.-
- Crees sinceramente?- dijo Fury, un deje de burla en su voz que hizo que Thor enderezara la cabeza y Bruce se tensara.
- Si intentas quitarnos a la joven, vas a tener que pasar por encima de mí.- dijo Thor, a lo que Nick Fury elevó una ceja.
- Ah. Es una mujer. Ya me extrañaba tanta preocupación…-
Thor bufó avergonzado por haberse dejado manipular. Natasha le oprimió el hombro (9) y habló con firmeza.
- Por favor.-
- Nat, no tienes que…- empezó Steve enojado, pero ella le hizo un gesto y repitió, sus ojos fijos en Fury.
- Por favor.-
Nick bajó la vista, aparentemente considerando sus opciones. Suspiró, claramente irritado, pero luego apoyó los codos en las rodillas y entrelazó los dedos.
- Muy bien. Solo por esta vez. No digo que esto no volverá a mordernos ( y digo nos) el trasero ni prometo nada. Pero qué quieren que diga?-
Tres horas luego, Libby estaba vestida con uno de los corrientes buzos grises de SHIELD y en una silla de ruedas era llevada dócilmente por Steve y Natasha hacia el hangar de la base, en donde Clint ya había puesto en Quinjet en marcha. Thor subió la silla completa con un simple tirón de sus brazos, y una vez estuvieron arriba, Steve y Bruce la acomodaron en una de las sillas reclinatorias de pasajero y le colocaron el cinturón.
- Tenemos tres horas de vuelo. Vamos a evitar el espacio aéreo europeo. Descansa, Libby.- dijo Steve con dulzura. Ella asintió, pero mientras volaban, Nat notó que había empezado a temblar de nuevo.
- Nunca habías volado antes?- susurró Natasha. Ella hizo un gesto con la cabeza que no era ni un sí ni un no, pero entonces Tony, que había estado sirviendo de copiloto y que estaba preguntando qué querían beber durante el viaje, se acercó y la cara de Libby se desencajó.
- Qué está pasando allá atrás?!- gritó Clint cuando la chica dio un chillido y una convulsión clónica completa la sacudió de pies a cabeza, con tanta fuerza que cinturón de seguridad se quedó trabado y la silla se bamboleó. Tony se echó atrás, pálido, mientras Bruce y Nat se abalanzaban y Thor, sus grandes manos cubriendo por completo los hombros de la joven, la sujetaba firmemente para que Bruce pudiera inyectarle más Haldol.
- No le hice nada! Juro que no le hice nada!- balbuceó Tony, auténticamente angustiado volviéndose a Steve, que apretaba los puños inútiles mientras Bruce le repetía a la joven que se tranquilizara, que siguiera su voz, que estaba a salvo. Las convulsiones de Libby acabaron tras unos momentos gracias al Haldol, aunque los ojos se le habían ido atrás.
- Creo que ha sido tu parecido a tu padre (10).- murmuró Steve sin voz, apoyado en la puerta.- No es tu culpa, Tony.-
- O sea me pongo una bolsa de papel en la cabeza hasta que… qué?-
- Se acostumbrará. – dijo Natasha, alzando los pies de Libby y abriendo la reposadera que convertía el asiento en camilla.- Pero por un tiempo sugiero que ustedes dos salgan de la vista. Es demasiado todo de una vez. Dénle un poco de tiempo.-
- Ven. Vamos a pilotar.- dijo Tony tras una pausa, llevándose a Steve a la cabina. Tras una mirada, Clint asintió y les dejó los puestos de piloto y copiloto. Los dos se acomodaron con la costumbre de bastante tiempo: aunque ninguno de los dos era el piloto que Clint era, podían llevarlos sano y salvo cruzando el mar a casa.
Tony pilotó un rato en silencio, mientras Steve chequeaba distraídamente las mezclas de combustible; tenía algo de dejá vu, ya que era Howard quien le había enseñado a pilotar hacía tantos años, y ahora Tony era quien había refrescado sus conocimientos. Eran un buen equipo, aunque sin duda Tony podía pilotar el quinjet solo: y la verdad, con todo lo sucedido, había planeado hacerlo, sobre todo porque entre el jaleo con Libby y volver a pilotar sobre el Atlántico Norte, daba para sospechar de dónde tenía la cabeza el Capi.
Hubo una larga pausa mientras los dos seguían escuchando la voz tranquilizadora de Bruce atrás, los susurros de Nat y una palabras de Clint, y luego, tras un buen rato, sollozos de Libby. Steve apretó la mandíbula, y Tony suspiró, cerrando los ojos, mientras Bruce hablaba suavemente hasta que los sollozos de calmaron, seguramente tras otra inyección. En el denso silencio que siguió, Tony echó una ojeada a su lado, sabiendo que Steve tendría que haber sido más que un supersoldado para no sentir angustia, pero entonces ronca y baja, pero extrañamente sedosa, una canción inundó el avión, su ritmo lento e hipnotizante, calmo y cálido.
White warm bread, bread white as honeymilk
Honeymilk fresh, fresh as clearwater
Bathwater warm, warm as the featherduvets
To the featherduvet, let's go to bed.
The Universe is chuck-filled with all nightstars
And the Dreaming is all ready waiting.
So if you would not sleep there will not be a morning
And the Sun shall not wait in your balcony.
Sleep as watchful I am, my lady
Lightbubble dreams are my prize:
You'll tell me about them, my darling
When you greet me tomorrow, love of mine.(11)
Los dos se inclinaron patéticamente desde la cabina para mirar, la cabeza de Steve casi en el suelo. Tony estaba boquiabierto.
Era como algo de una película de Tolkien. A pesar de la camiseta de SHIELD a punto de rendirse que le apretaba las axilas, Thor era una visión inclinado sobre el rostro drogado de Libby, sus grandes manos increíblemente delicadas mientras le apartaban el cabello desordenado y cantaba con esa voz tan sedosa una canción de cuna a la muchacha inconsciente. Fuera por la cantidad de drogas o por la canción, los temblores de acabaron: y Bruce la arropó cuidadosamente cuando acabó la canción, Thor ayudándole a recolocar los cinturones de seguridad encima.
Clint se volvió a los pilotos, las cejas alzadas y una expresión de graciosa admiración en la cara. Nat, que era más práctica, sólo le dedicó una sonrisa a Thor, antes de buscar en uno de los lockers del quinjet y sacando una peineta, ocuparse del cabello desparramado de Libby para ajustarlo en una trenza que lo quitara del camino.
- Bueno.- dijo Tony.- Poderes élficos místicos asgardianos. Podría grabar un disco y tendría más dinero que yo.-
- Sospecho que como heredero de Asgard, ya tiene más dinero que tú.- respondió Steve, la voz gruesa, pero tranquilo.
- Bah. Yo le elijo los Calvins(12) cuando está acá. – Tony suspiró, antes de cambiar a piloto manual, observando una nubes al frente.- Justo lo que nos hacía falta; turbulencia.-
- Quizá sea bueno. Nos dará una mejor cobertura para llegar a la Torre.-
- Sí. Aunque cruzarlas va a ser una putada.- gruñó Tony. Su tono bajó a un susurro.- Qué crees que le hizo mi padre, para que reaccionara así?-
- Creo que todas las memorias que no son de esta vida la afectan. No sé si…-
- Córtala. A ti te vio y sonrió de oreja a oreja. A mí me vio y empezó a imitar a una banshee. Mi padre tiene que haberle hecho algo.-
- El tratamiento de Vita Rays duele, sabes. Quizá sea eso.-
- De verdad?- Tony le echó una mirada a Steve, sorprendido.- Nunca nadie dijo que doliera.-
- Duele como una bestia.- suspiró Steve.- Mira, me han disparado, acuchillado, electrocutado, quemado y congelado: y te garantizo que duele más que todo eso junto.-
- Eso es…- el rostro de compasión y disgusto de Tony se borró como si le hubieran pasado una esponja.- No, espera. Dejemos eso aparcado bajo "Información Apestosa" que no quiero lidiar ahora. Estamos hablando de mi relación Linda Blair/ Padre Merrin con tu chica. Nunca aparentó temerle a mi padre o algo así en la guerra, verdad?-
- Linda…?-
- Olvídalo. No es una película para tus ojitos.-
- Nada de miedo ni nada semejante. Bailaban juntos, Tony. Por un tiempo, pensé que era su chica. Compréndeme. Yo adoraba a Peggy, pero dado el historial de tu padre, esperaba verlo con una chica tan hermosa como Libby por lo menos.-
- Ajá! Entonces te parecía guapa.- dijo Tony, y por su tono era claro que intentaba aligerar las cosas.- Ni siquiera hiciste un avance? Con los poderes de manipulación de mi padre, me sorprende que no lograra que te fijaras en ella.-
- Mira, aún no me puedo creer lo que… se supone… lo que dijo Clint.- Steve inspiró.- Pero si crees que soy malo con las chicas hoy en día, tendrías que haberme visto en ese entonces. Una mujer hermosa bastaba para dejarme mudo media hora.-
- Es casi, casi lindo. Y lamentable. Muy lamentable.- Tony movió la cabeza.- Y con tu amigo al lado…-
- Bucky no tenía ese problema.- Steve sonrió nostálgicamente.- Tenía tres hermanas. Creció hablando con mujeres.-
- Le voy a hacer un monumento, lo juro. La cara de mi padre debe haber sido de foto. Quién sabe cuántos millones se gastó en encontrar a la chica perfecta, irradiarla, prepararla, llevarla al otro lado del mundo y ponértela al frente… un montón de esfuerzo, para conseguirle novia a Bucky Barnes.-
Steve soltó una risa sorprendida.- Pobre Howard!-
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Por supuesto, la tormenta se largó como la furia de Dios sobre New York justo cuando estaban entrando al espacio aéreo, y tomó toda la paciencia de Jarvis y la firme mano de Clint aterrizar el Quinjet en su pista sin estrellarse contra nada. Llovía a mares y caían granizos del porte de caramelos cuando entraron: la tormenta era tan violenta que Thor prefirió cargar a Libby en brazos en vez de empujar la camilla contra el viento. Una vez que la hubieron acostado y que Thor se ofreciera a vigilarla en una de las habitaciones de invitados, el resto de los Avengers se reunieron en la cocina común, ya en ropas secas y propias, Tony preparando café negro y Steve y Clint preparando y enrollando pancakes.
- Pedí un delivery de comida mexicana. Necesitamos las calorías.- dijo Natasha, la última en sentarse a la mesa. Bruce estaba absorbido en su tablet, tecleando velozmente con unos papeles al lado, llenos de su diminuta letra apretada, escritos durante el vuelo. Tras un poco de café y comida, y de que Steve regresara de llevarle algunos a Thor, fue Tony el que habló.
- Muy bien. Star Spangled Man with a Plan. Ahora qué?-
- Ya he abusado de su ayuda…- empezó Steve, pero Bruce alzó el índice, lo que era más amenazante que si cualquiera diera puñetazos en la mesa.
- Córtala. En esto ya estamos metidos todos, y Tony, Nat y yo tenemos intereses propios, eso sin contar lo que puede significar para el mundo esta versión de los Vita Rays. Clint?-
- El doc tiene razón, Capi. Pero más allá de los usos científicos de lo que… le han hecho a Libby, si no ayudamos a una persona a la que le ha pasado todo esto, somos una mierda de héroes.- acabó, alzando los hombros. Nat se mordió el labio con una sonrisa. La estupenda naturalidad de Clint calmó los nervios de todos, y aunque Tony no sonrió antes de hablar, sí le pasó el frasco de su mermelada favorita al arquero.
- Concuerdo con Angry Bird(14). Pero más que tú, Capi, el responsable de Libby soy yo. No tengo la menor idea de lo que hizo exactamente mi padre, pero me he pasado la mitad de mi vida limpiando sus desastres. Lamentablemente, aquí no soy el experto. Bruce? Nat?-
Bruce inspiró, se rascó la abundante cabellera rizada, y aunque no parecía tenerlas todas consigo mismo, apoyó los codos en la mesa y entrecruzó los dedos.
- Steve, estás seguro que quieres que sea yo quien coordine su tratamiento? Hay gente más capacitada en SHIELD. Como les he repetido, no soy psiquiatra.-
- Puede ser.- dijo Steve, y su cansado rostro era muy honesto, desnudo en cierta forma, y tan joven.- Pero no confío en nadie más, Bruce. No sólo con el bienestar de Libby…- agregó, y su mano cubrió con un gesto que en Thor podía ser casual y en Steve significaba mucho, mucho, la de Bruce.- Sino con el conocimiento de los Vita Rays y lo que puedas descubrir.-
Bruce asintió, y se tomó una pausa para limpiarse los ojos un poquitín húmedos. Steve confiaba en él, a pesar de su error de juicio, que había creado a Hulk. Sabía que una vez lo había cegado la ambición, y aún así, ponía en sus manos lo más valioso que había conseguido en mucho, mucho tiempo.
Tony, que en poco tiempo había logrado conocer bien a Bruce, supo por forma en que se calaba los lentes y gesticulaba con las manos al hablar que el buen doctor iba a curar a Libby, aunque tuviera que estudiar psiquiatría acelerada vespertina, por un año, sin dormir.
- En la base y en el viaje leí todos los papers que encontré en manejo de brainwashing y recuperación de pacientes sometidos a condicionamiento. No hay tantos expertos, lamentablemente: pero consultaré con los que me parecen más prometedores para su caso. Mañana realizaré algunas entrevistas, y Natasha entretanto se ocupará de un diagnóstico.-
- Nat?- preguntó Steve, un poco desconcertado. Nat era bastante poco científica en su acercamiento, pero por cómo le brillaban los ojos verdes, era claro que esta era una situación personal.
- Yo me quedaré con ella. No me es difícil empatizar.- agregó con aspereza.- Clint y yo tenemos varias semanas de vacaciones acumuladas: entre los dos averiguaremos todo lo posible, y nos reportaremos con Bruce.-
- Sugiero que ustedes dos se mantengan al margen por unos días. Quiero estabilizarla todo lo posible y tener una idea clara de quién es y qué quiere, con las menos variables posibles.-
- Por supuesto. Como digas. – Steve asintió de inmediato.- Pero si pregunta por mí…-
- la verás, por supuesto.- dijo Bruce.
- Lo que necesites, sólo pídelo. Ya secuestramos una asistente de la Premier alemana, secuestrar unos cuantos psiquiatras americanos es un detalle…- empezó Tony, provocando unas risas algo histéricas.
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DE LOS ARCHIVOS PRIVADOS DEL DOCTOR BRUCE BANNER.
BANNER, BRUCE, PhD, M.D, PHsD. Análisis de recobertura de personalidades sucesivas en POW. ( borrador)
Primera y segunda semana:
9:00-11:00
Natasha
Aseo, vestimenta, desayuno, análisis de estado matutino, terapia de asociación libre.
11:00-13:00
Bruce
Confección de timelines. Terapia de reacción.
13:00-16:00
Natasha
Almuerzo. Salida a las calles. Revisión de incorporación de cultura y situación temporal.
16:00-18:00
Clint
Terapia física y testeo de límites corporales.
18:00- 23:00
Thor
Cena y TV, intercambio social.
Ingesta de calorías: 2500? 3000?( aún perdiendo peso)
Paciente no come si no le es indicado.
Paciente no duerme si no le es indicado.
Paciente ignora sus necesidades biológicas si no se le indica que las avise.
- Tiene control temporal, sabe qué año es y entiende más de política que yo: ese grado en ciencias políticas no era falso. No tiene más cultura shock que alguien que viene de otro país, aunque no sabe nada de tecnología. Por lo que entiendo, nunca ha manejado un Smartphone.- comentó Natasha el lunes.
- Después de " Libby", la llamaron " Lydia" en 1947 y la ocultaron en Bavaria. Volvieron a renombrarla el 69 como "Liesl" y volvió a Berlín, aunque estudió en Sttugart. Finalmente, la trajeron de regreso como " Lydice" el 98.- informó Bruce el martes.
- La dama Libby tiene el mismo interés que yo en los programas de viajes.- comentó Thor.- Estamos viendo " La Ruta de Las Especias" en el canal de Discovery. Y también nos gustan la películas en que la gente canta.-agregó el miércoles.
- La única cosa verdaderamente anormal que tiene es la stamina.- dijo Clint la noche del jueves. – Trotó cuatro horas sin siquiera sudar. Creo que podría agotarte a ti, Thor. Stark, deja de reírte, sé lo que estás pensando, pervertido.-
- Tiene excelentes reflejos. Hoy fingí darle vuelta encima un vaso de jugo y no sólo lo agarró, se las arregló para que el jugo cayera en la bandeja.- informó Natasha el viernes.
- Está preguntando por Steve.- dijo Thor el sábado.
Steve, y en menor medida Tony, que recibían los reportes por las noches ansiosamente, se mantenían aparte, pero a duras penas. No sólo era curiosidad, por supuesto: Steve en ese sentido, que era más paciente, se había concentrado en salir a correr, irse en misiones con el equipo Strike de SHIELD y dibujar al aire libre para calmar sus nervios y dar el espacio que Bruce pidiese. Tony, en cambio, que tenía el autocontrol de un poodle, se había sentado a espiar todo en sus cámaras secretas, y aunque había hecho algunas agudas observaciones (como que Libby claramente no sólo aguantaba más, sino que ciertamente corría más atléticamente que Clint) tampoco se había podido resistir de textear a Nat cuando la asesina había ayudado a Libby a cambiarse de un vestido azul al equipo de gimnasia que le comprase para sus test con Clint:
ESO ES UNA COPA C Y LO DEMAS SON HUEVADAS
SAL DE LAS CAMARAS, STARK. ESTO ES UN PUTO VESTIDOR
BUENO. PERO MI PADRE PUEDE HABER SIDO UN TOTAL HDP PERO TENIA BUEN GUSTO, JODER.
TE VOY A ACUSAR CON STEVE, STARK.
PERO SI LE ESTOY GUARDANDO SCREENS PARA ÉL SOLITO!
Bruce le indicó a Steve que se uniera al desayuno del domingo con Nat y Libby, y Steve, cansado tras la semana que había tenido, asintió con alivio. Se había sepultado en trabajo para tratar de no pensar demasiado en Libby y lo que los Avengers estaban haciendo: había ido cada día a los cuarteles de SHIELD en New York, y aunque sabía que su presencia no era totalmente justificada, se había colado en reuniones y entrenamientos, intentando poner la cabeza en algo útil.
Tras los días en que había despertado desorientado y lleno de PTSD en las manos de SHIELD, habían pasado un par de meses hasta encontrarse metido en el desastre el Helicarrier: y la desconfianza de Tony hacia SHIELD lo había sacudido de golpe. Hasta entonces había continuado, como si no hubieran pasado setenta años, con la idea mental de que tras obedecer las órdenes de SHIELD y contar con ellos para todas sus necesidades era la continuación lógica de alistarse en 1944: pero Tony, y la desconfianza de Bruce hacia SHIELD aún más, lo habían empujado a cuestionarse su obediencia de un modo que, sospechaba, Bucky habría hecho el día uno.
Había acabado por empacar, explicarle a Nick Fury que se tomaba parte de las vacaciones acumuladas en setenta años, y se había largado a la Torre. La paga retrasada que el ejército le había ofrecido en una ceremonia con el mismísimo Obama presente le había caído bien, la verdad: sus ojitos de niño de la Gran Depresión se habían mareado un poco con tantos ceros.
Pero no se podía ser un Avenger 24/7 ni ir con todo el equipo cada vez que Erik Lenhsherr o Viktor Doom tenían una pataleta: eso sería como matar mosquitos con el Mjolnir. Steve sospechaba que parte del trabajo de Clint constaba en lidiar en ese tipo de amenazas, y se había preguntado largamente si quería hacer ese trabajo, o como sugería Tony, podía dedicarse con más provecho a ver TV, tomar las clases de arte que siempre había deseado, y ocuparse de tratar su PTSD con la compañía de sus amigos. Había pensado, incluso, en tratar de conocer alguna chica: habría sido la primera indicación de Bucky, sospechaba. Que saliera y conociera gente.
Pero yo no soy tú, Buck. Quién te dice que ellos quieren conocerme a mí?
Steve rodó los ojos cuando entró a su apartamento ese sábado en la noche, tras las buenas noticias y un té con Bruce en la cocina común. El doctor tenía un don para aclararle la cabeza: aunque hubiera nacido en el 44, y Tony a veces le pareciera un odioso primito de la misma edad, Bruce, nacido en los ochenta, tenía un sentido común que le hacía considerar sus palabras con la misma seriedad que las de un hermano mayor.
Había sido una frase suya (15) la que hacía unas semanas lo había decidido a volver a SHIELD: eso, y un comentario de Clint, drogado para calmar el dolor de unas costillas molidas tras una misión secreta, quejándose de que había acabado teniendo que salvar el STRIKE team enviado supuestamente a rescatarlo.
Steve había enterrado sus vagas ideas sobre otra vida y había regresado a Fury con un plan detallado de lo que quería lograr: y con todo lo que había pasado, agradecía haber tenido en qué ocuparse esta semana. Tenía clases de estrategia, combate, armamento, política internacional, leyes e historia contemporánea: ya había acompañado a dos misiones a dos diferentes STRIKE teams, y estaba un poco agradecido de la alegría con los agentes de SHIELD habían considerado un honor trabajar junto al Capitán América. Hasta había conseguido un nuevo uniforme, bastante más discreto. Y esos combates con los STRIKE habían sido un placer: esos teams eran el equivalente a los SWATS del espionaje, y los enviaban cuando un agente necesitaba ayuda y había que entrar disparando y pateando traseros para rescatar a uno de los suyos. Una de sus misiones había sido con Clint, y aunque sabía que estaba muy mal, no podía negar que había sido un placer sentirse útil de nuevo. Luchar junto a Clint le recordaba mucho a luchar junto a Bucky: volver a tener un francotirador protegiendo su espalda era familiar y maravilloso, y aunque fueran flechas y no balas, se había volteado exactamente igual para darle las gracias con un saludo en la mitad de la misión.
Tony había tenido una rabieta al enterarse que había regresado con SHIELD.("COMO UNA PUTA ESTÚPIDA ESPOSA GOLPEADA! ESA WEA NO ES LEALTAD, ESA WEA ES SINDROME DE ESTOCOLMO, ADICTO DE MIERDA!") Luego, le había regalado una inscripción y curso pagado de arte contemporáneo, para que no le llenara la cabeza de pura estupidez militar, en sus palabras, porque Tony era así.
Los nervios y la preocupación complicaban concentrarse, y Steve estaba un poco avergonzado de su distracción esta semana.
Air raids y la misma presencia de las tropas nazis no habían logrado distraerlo en su momento – joder, Peggy con un vestido rojo lo había distraído sólo un rato- pero esa semana se le hizo eterna, y aunque sabía que Tony calmaba sus nervios espiando todo lo que ocurría a través de sus omnipresentes cámaras, le parecía un poco invasivo para sus gustos. Había prometido mantenerse a distancia y lo haría, aunque tenía que reconocer que le costaba: y cuando se encontró con que en vez de echarle salsa a sus tallarines (16) le había echado sirope de chocolate. Con un bufido, y la culpabilidad de alguien nacido pobre que odia malgastar comida, echó su comida arruinada a las basura y se fue a la ducha, maldiciendo mentalmente su distracción y por una vez, dejando la ropa tirada por el camino, con auténtica frustración.
Obviamente un minuto luego, desnudo como un gusano, estaba recogiéndola y dejándola sobre la banqueta del baño, porque su mamá lo había criado así de bien.
Steve se metió a la ducha, un leve reflejo deteniendo su mano antes de dar el agua y luego riéndose de sí mismo. Los años 30 y luego la guerra le habían enseñado a dejar correr el agua un poco en la llave de la tina para asegurarse que estaba tibia y no tener la sorpresa desagradable que les habían cortado el gas por no pago, que simplemente no había agua caliente en la base o que el agua estaba turbia: obviamente, en la Torre de los Avengers, no era una preocupación. Steve se metió al agua con un suspiro aliviado, y apoyó la frente en la baldosa que se entibiaba mientras el agua se deslizaba por sus anchas espaldas, caliente y agradable.
Había recuperado a Libby. Bruce y los demás estaban protegiéndola y recuperándola lo mejor que podían, y Tony estaba averiguando todo lo que podía sobre el proyecto Lanchester.
Sus Avengers habían hecho lo imposible estrictamente por él, y le habían traído de regreso una amiga de antes del hielo.
Qué demonios iba a hacer ahora?
Podía mantenerla, por supuesto. Ella querría? Qué podía ofrecerle? Ser una rata de laboratorio no, sin importar qué tan magnífico hubiera sido el trabajo de Howard, o qué tan agradecido estuviera con Tony. Lo que debía ofrecerle era libertad: libertad para hacer lo que ella quisiera, quedarse o irse, hacer su vida como prefiriese. Pero y si estaba demasiado dañada para eso? Una institución? Era eso seguro? Y si los alemanes volvían a buscarla?
Tenían que encontrar a los desgraciados que la habían tenido como banco de óvulos todos este tiempo, pero cómo? Hasta ahora no habían hecho, aparentemente, ninguna movida para recuperarla. Si se equivocaba e intentar vengarse los ponía en marcha?
Que habría hecho Bucky ante esto? Qué habría querido? Dios, Bucky se habría casado con ella tras la guerra si hubiera sobrevivido?
Steve no podía ofrecerle eso: no podía devolverle a Buck, ni sabía exactamente si ella lo querría en su vida o no. Había parecido tan feliz de verlo! Pero era un consuelo de todos modos el saber que Libby, debido a los VitaRays iba a vivir mucho más que la mayoría, mucho más incluso, pensó con un dolor en el pecho, que Tony, Clint, Natasha… Libby no iba a morir como Peggy moriría y lo dejaría solo. Libby estaría allí.
Ella recordaba a Bucky como él. Podrían recordarlo juntos.
Recordaba a la chica risueña. Recordaba cómo era un contraste con Peggy, Libby siempre parecía dulce y gentil. No era lo suyo rápidos sarcasmos y agudos giros de frase, que Peggy usaba como un estilete en las conversaciones: era tranquila, serena. Era una buena chica. Era eso lo que había atraído a Bucky? Qué había dicho sobre ella? Bucky tenía que haber hablado al respecto: siempre hablaban de todo. Pero Steve no lograba recordar esas conversaciones con Buck. Qué había dicho de Libby?
Recordaba con mucho detalle todo lo que hubieran hablado: los primeros días después de despertar en el siglo XXI, había pasado bastante tiempo de espaldas en el lecho, mareado y tembloroso, recordando con detalle los meses antes de la muerte de Bucky. Después de su pérdida, las últimas tres semanas eran borrosas.
Sabía, sin embargo, que tras ver a caer a Bucky, ni siquiera había tenido un pensamiento para Libby. Ni siquiera para Peggy!
Steve se enjugó el pelo bajo la ducha, un suspiro en sus labios. Siempre le iba a pesar haberla abandonado, y sin embargo… sabía que, realísticamente, no había tenido nada en la cabeza excepto la venganza. Bucky había estado allí desde que tenía memoria: perderlo había sido como perder un brazo. Había estado loco de dolor y angustia: y loco de dolor y angustia se había suicidado –sí, ésa era la palabra, no seas cobarde- poniendo el maldito avión Nazi en el Atlántico Norte.
No había llorado a Bucky. No había hecho nada de lo que los psicólogos decían que era enfrentar un duelo saludablemente. Y ahora que empezaba a hacerlo, Libby...
Cada vez que pensaba en Bucky, sentía el deseo de cubrirse los ojos y llorar interminablemente. Y pensaba en él cien veces al día. Una parte de él incluso sospechaba que había sido un error que fuera él quien despertara en el siglo XXI: Buck había sido tan amante de las historias del futuro, de la gente, del progreso! Bucky habría estado en la calle el día uno, metiéndose en todas partes, hablando con la gente, enamorándose de la tecnología, comprándose ropa, curioseando como un niño en una tienda de dulces ese radiante futuro. Habría estado fascinado por los cambios sociales, habría estado feliz de los avances en derechos civiles. Y habría estado extático con la revolución sexual, las minifaldas y los escotes!
Él, se había escondido en el rincón más resguardado posible y miraba desde allí.
Era un cobarde. Si había sido valiente y arriesgado, era porque Bucky, el eterno francotirador, lo tenía en su mira, protegiéndolo como un ángel de la guarda con pésimo lenguaje.
Ahora era un ángel de la guarda de verdad…
Cómo podría hacer algo estúpido? Te llevas todo el estúpido de esta amistad contigo…
Había quedado sólo, sin más que deber y lealtad. Sí había vuelto a sonreír, Steve sabía que era exclusivamente debido a los otros Avengers. Su team.
Steve acabó su ducha y mientras se secaba con la toalla, echó una mirada al espejo y no pudo evitar el respingo que aún le producía su cuerpo: era como si cada vez, al mirarse al espejo, esperase ver el efecto del suero deshecho. Bucky había bromeado sobre ello, pero Steve sabía que lo había desconcertado tanto como a sí mismo.
Con un bufido, Steve notó que estaba algo erecto, y con irritación se plantó un pantalón de pijama y una camiseta y fue descalzo a la cocina por un café. Una cosa que nadie le había dicho, o que al quizás no tenían como saber, era que el suero del supersoldado le había provocado un aumento intolerable de líbido. No: no exactamente líbido. No pensaba en sexo más que antes, y ciertamente había estado demasiado desconcertado y algo asustado de su propio nuevo cuerpo para intentar nada al comienzo, incluso rodeado de bailarinas tricolores en el tour USO. Pero la cantidad de erecciones que sufría se había multiplicado de un modo casi ridículo, sobre todo para alguien que tenía que pasearse en calzas con frecuencia: y aunque al comienzo había intentado controlarlo con masturbación y duchas frías, el problema se había vuelto tan insostenible que había acabado confesándoselo a Howard.
El cual, tras reírse y brindar por ello, le había conseguido unas pastillas que calmaban algo la molestia. Porque era una molestia: su cuerpo no sólo exigía placer en los momentos más inoportunos, sino que sus eyaculaciones eran tan absurdamente abundantes que las posibilidades de discreción eran nulas. Steve había disfrutado dos días, asombrado a su stamina tras años de no poder tocarse sin gatillar un ataque de asma, y luego había maldecido el no poder dormir en paz sin amanecer pegado a las sábanas por lo que parecía suficiente para alfombrar una habitación. No había podido controlarlo bien hasta después de reunirse con Bucky, que le había echado una mirada durante una marcha, le había enarcado una ceja y le había sugerido que pensara en la horrible casera que habían tenido en uno de los apartamentos que compartieran, una desagradable viuda de sesenta años que les había insinuado que por una muestra de " afecto" de los dos podía bajarles un poco la renta, y luego había rozado la entrepierna de Steve, que debía pesar un tercio de lo que pesaba ella.
Bucky lo había obligado a cambiarse de edificio dos horas después.
Serían esas porfiadas erecciones lo que le había dado la idea a Howard? Steve se odió a sí mismo si era así. Lo que le había dicho Clint lo había espantado, porque sabía cuánto dolían los malditos Vita Rays: pero ahora, también se sentía violento al pensar que Howard había planeado todo como quien planea una camada de perritos de pedigrí. Se había imaginado usarlo, como un perro de raza, para…
La idea le parecía repulsiva. Lamentablemente, la idea que disgustaba a su cabeza no parecía disgustar a su sexo, que ahora tensaba el pijama de un modo obsceno, suplicando por atención. Steve intentó disgustarse a sí mismo, llevando los manuales que estaba estudiando a su cama y su taza de té mientras se imaginaba la desagradable escena del laboratorio de Howard, y unos científicos rodeándolo, lleno de cables para medir su respiración, su pulso, su presión, mientras lo acomodaban encima de Libby, probablemente haciendo apuestas sobre su stamina como un semental. Pero la idea no funcionó: en vez de disgustarse, su mente traidora saltó a imaginarse el roce sedoso de los muslos de una mujer con sus costados, el rostro de Libby, que era hermoso, no podía negarse, contra el suyo, los pechos que habían parecido llenos y suaves contra el suyo.
Steve maldijo, y con un movimiento frustrado mandó los manuales al suelo. Su erección ya le humedecía el pijama. Era cierto que nunca había estado con una mujer: ninguna lo había mirado dos veces antes del suero, y después, simplemente no había habido tiempo o confianza. Había deseado estar con Peggy: había fantaseado con besarla, acariciarla, intentar darle placer. Sabía que era un absoluto inútil: después de su beso fallido con la Private Lorraine, y que no era la primera vez que una chica le echaba los brazos al cuello y se lo comía, tampoco, había tenido una rabieta que Bucky había tenido que escuchar y que había intentado calmar cuando Steve había descendido a las profundas e incoherentes profundidades de " nunca podré hacerla feliz, ni con el puto suero del supersoldado puedo aprender, esto es el colmo, ojalá me maten los alemanes antes de avergonzarme más, cambiaría todos los músculos sólo por poder portarme como un hombre normal…!"
-Steve, cállate y siéntate. Pareces una adolescente con retraso.-había dicho Bucky, un smirk en sus labios pero los ojos sinceros, porque aunque fuera por una idiotez, nunca le había gustado ver a Steve alterado por nada, incluso ahora que no tenían el asma y las palpitaciones de las que preocuparse. – Qué demonios te hace pensar que no vas a hacer feliz a una chica? Tú te has mirado al espejo? Y eso sin contar al monstruo que el suero te dejó entre las piernas? Steve, te he oído masturbarte ocho veces en un día. La chica caerá de rodillas dando gracias a Dios, y probablemente siga de rodillas.-
-Tú de veras crees que quiero que una chica me quiera por lo que me dio el suero?-gritó Steve.
- No he dicho eso.- lo aplacó Bucky. – mira, sabemos que lo de adentro está bien. Siempre ah estado bien, y si antes las chicas no lo veían porque el envase no era perfecto, era su problema, no el tuyo. Pero ahora eres perfecto adentro y afuera: si una chica que te quiera no es capaz de apreciar eso porque no tienes experiencia, no es la chica correcta, punto.-
- sólo quiero ser un hombre normal.- bufó Steve, sentándose enfrente suyo. Estaban en el pequeño dormitorio en la cuarteles que compartían, como capitán y sargento asignado, y aunque habían pensado salir a beber, Steve había regresado tan indignado de los testeos de su nuevo escudo que Buck había descartado la idea para sentarse a razonar con él.
- podrías ir con una dama de pago...-
- NO.-
- PORQUÉ CORNO NO? No es como si pudieras pegarte nada…-
- No quiero pagar porque me besen, maldita sea!-
- Eres un ser exasperante, Rogers.- dijo Bucky con un gruñido.- No quieres que te bese un desconocido, no quieres que te bese una experta, no quieres besar a Carter hasta que no sepas cómo hacerlo… se acaban las opciones, compadre.-
- Bueno, si soy tan exasperante, vete a bailar y déjame sólo.- gruñó Steve, en pleno plan de autocompasión. Bucky bufó y buscó su casaca, antes de inclinarse hacia el magnífico Adonis americano que hacía pucheros y daba pataditas con las botas sentado en su cama de campaña, y apoyar una mano en su hombro.
- Los chicos se preguntarán por qué no vas si es la última noche en base. Qué hago si aparece Carter? Vamos, Stevie. Vamos a beber y olvidarnos de todo. Quizá hasta aparezca una chica linda que quiera besarte y así recibes tu experiencia.-
- No voy a usar una chica sólo para aprender!- bramó Steve escandalizado, y Bucky miró el techo como si se fuera a poner a gritar, lo agarró de los hombros, apoyó una rodilla entre las suyas para sostenerse y bajó su cabeza sobre la suya, sus labios encontrándose con los de Steve en un beso que no tenía nada de espontáneo. Era un beso experto, dado por un experto: húmedo y caliente, un beso intenso que no dejaba duda alguna de las intenciones que llevaba, un beso con un roce de lengua en su labio inferior, un detalle de hambre al succionar el superior, una presión insistente que exigía toda tu atención. Steve respondió bajo su beso, sus labios abriéndose sin ninguna resistencia, sorprendida voracidad que se sentía como una línea de fuego que bajaba de sus labios directo a su entrepierna. Y entonces, Buck lo soltó.
El desaprensivo sargento apenas respiraba hondo: Steve se sentía a momentos de los ataques de asma que ya no le daban.
- Menos lengua, más despacio, y por el amor de Dios, no muerdas. Aparte de eso, estás graduado. Satisfecho ahora para que podamos ir a bailar?-
Steve recordaba ese beso con una claridad meridiana: el único beso que en su vida se había sentido responder sin una pausa de duda, y había sido con su mejor amigo. Bucky le había enseñado tanto: quizá tenía sentido que hasta eso hubiera tenido que enseñárselo.
Por Dios, cómo lo extrañaba.
Libby debía haber conocido bien esos besos. Y más: tenía que haber conocido el cuerpo esbelto y atlético de felino que Bucky poseía, que no tenía nada ver con sueros de ciencia ficción y sí con un trabajo duro en los muelles por años para mantener a Steve vivo y bajo techo. Tenía que haber probado su pasión, su experticia, esa hambre con la que parecía vivir. Quizá con ella se había reído después de amarla, había despertado en ella en sus brazos. Quizá ella había sabido cómo era el rostro de Bucky cuando el placer lo arrebataba, algo que Steve se había preguntado alguna vez.
Con un gemido de derrota, Steve buscó un pañuelo de papel y poniendo algo de lubricante en su palma, apagó la luz y deslizó la mano en su pijama. Desde despertar en el siglo XXI, pocas cosas lo habían sobresaltado tanto como las bromas de Tony sobre lo que él habría llamado sodomía: no era que eso no existiese en su época, pero nadie jamás se hubiera atrevido a expresarlo así. Steve nunca se había atrevido a enfrentar sus sentimientos por Buck, a quien sabía que las mujeres le fascinaban, de todos modos: pero despertar en este siglo, en donde Tony podía abiertamente admirar el torso de Thor y declarar en voz muy alta que cómo era posible que Bruce no quisiera casarse con él, si eran el uno para el otro y él era el hombre más deseable de la Tierra.
Bucky habría amado el siglo XXI y su libertad, y la segunda oportunidad era malgastada en él, que ni siquiera había tenido valor para responder a la confianza de Tony, que se había identificado como pansexual ( y le había hecho un diagrama explicativo, con figuritas)
Bisexual.
Steve suponía que era eso. Como fuera, aunque de ser sincero, posiblemente no se habría negado a alguna invitación, tenía demasiado miedo aún, y demasiada PTSD. No iba a echarle setenta años de traumas y problemas a alguna chica inocente si podía evitarlo. Respecto a estar con un hombre, Steve suponía que el hecho que no pudiera dejar de pensar en Bucky hacía imposible e injusta la sola idea.
No mientras siguiera tocándose en la oscuridad, pensando en ese húmedo beso, en el olor de su mejor amigo. No cuando ahora se había añadido a sus fantasías la imagen de Libby: no de Libby bajo él, como seguramente había querido Howard, sino que la idea de Libby bajo Buck, gimiendo a su entusiasmo, el cuerpo atlético moviéndose incansable, su cabeza morena echada atrás en un quejido, los músculos de su vientre tensos… Buck, con todos los trucos que le había detallado para evitar embarazos, dejando el cuerpo satisfecho de Libby para arrancarse el profiláctico y correrse sobre sus suaves senos, sus bocas uniéndose en un beso apasionado…
Steve explotó con tanta violencia que le tembló la mano y empapó su pijama a pesar del pañuelo, un quejido que era casi un grito escapándosele mientras su cabeza golpeaba una, dos, tres veces contra la almohada. Se quedó ahí echado, odiándose con una ferocidad que le daban ganas de golpear cosas. Y sin embargo, si fantasías de Bucky eran todo lo que le quedaba, junto con Libby, ahora, pues iba a aferrarse a eso y a la mierda lo que opinaran los psicólogos sobre si era sano o no.
Libby dormía en esta misma Torre, a salvo. Y mañana la vería.
Si alguien intentaba quitarle lo único que le quedaba de Bucky, iban a saber de lo que era capaz un supersoldado llevado al límite. Y quizá, protegiéndola y ayudándola al fin podría superar su duelo. Porque era lo que él habría querido, verdad?
(1) watch?v=1JuU1YhgxRI
(2)
Steve: Hawkeye es mucho más que un arquero. Además de ser el mejor sniper del mundo y el agente de SHIELD más astuto que conozco, es un buen hombre y un buen soldado. ( inflada de pectorales, que en Steve equivalía al gesto de un cobra)
Tony: Porque es listo. Más listo que ningún periodista que conozca.
Thor: No comprendo la pregunta. Estamos hablando de Hawkeye? Pero no saben? Es un Avenger. No tienen esas grabaciones de video para comprobar o algo así?
Bruce: Esa pregunta… saben, creo que esa pregunta me enoja. ( huida de todo el mundo a dos metros de radio)
Natasha: Tiende un arco de 100 libras y después hablamos. Y me puedes dar tu nombre? Estoy segura que a Hawkeye le puede sobrar una flecha.
(3): Entre ellas, experto en explosivos, cocinero, interrogador, infiltrador, outdoorsman, alpinista, bailarín de salsa, piloto de cualquier cosa, espía, niñero y experto en política internacional, eran algunas de los campos en que el antiguo asesino los superaba a todos.
(4) watch?v=IaH0Ws8RtSc
(5) post/BHLcFmMBQtN
(6) A pesar del griterío, y de los demás huyendo como conejos (Nat y Clint habían establecido un sistema de señales con JARVIS que les avisaba cuando, en sus palabras, PAPÁ Y MAMÁ ESTÁN PELEANDO) la verdad es que había sido increíblemente satisfactorio ver que sin importar qué tanto las tonterías de Tony hicieran enojar a Bruce, nunca se había acercado siquiera a una transformación. En cierta forma, Bruce sospechaba que la primera pelea había sido a propósito: un modo de demostrarle que no tenía miedo de contradecirlo, que no tenía miedo a discutirle, que confiaba en él lo suficiente para olvidarse del monstruo-verde-irradiado y pelear con él de igual a igual, como amigos y colegas. Después de la mayoría del mundo orinándose si él tosía, era refrescante.
En todo caso, Tony había hecho que la imperturbable Pepper Potts casi se diera a la bebida. La primera pelea había sido quizá un experimento: el resto, era definitivamente parte del encanto de Tony Stark.
(7) . ?term=urod
(9) Trató de oprimirle el hombro es la palabra. El tamaño del deltoides de Steve, Thor o Clint hacía que dado el tamaño de mano de Nat, era como tratar de apretar una pelota de volleyball
(8)
WHITE KNIGHTS - Por supuesto, no era que Natasha fuera siempre una hierática, invulnerable figura. Era sólo que a los Avengers les había tomado un poco de tiempo leerla, pero cuando lo habían hecho, una parte de ellos se habían horrorizado de lo que había sufrido mientras que otros habían sentido una oleada de proteccionismo que no podían demostrar de ninguna forma.
Por un tiempo, Steve, el más anticuado en algunos sentidos, se había sentido completamente confundido sobre cómo reaccionar y cómo expresar su preocupación sin ser sexista o insultante, algo que le tomaba muchísimo manejar incluso con las mujeres normales, qué hablar de una posición tan compleja como la de ella. Tony, el futurista, no la tenía mejor: él era de los pocos en entender a cabalidad lo que la Black Widow era y a temerla como debía. La temía, habiéndose encontrado una vez al otro lado de sus habilidades, una vez visto los ojos verdes de asesina dominándolo, y eso lo había asustado más que los Chitauri y Hulk. De hecho, sospechaba que el momento en que la encantadora Natalie Rushman se había transformado en Black Widow ante sus ojos, le había dado un poco de PTSD.
Le había costado superarlo. Le había costado ver a Natasha como una amiga, no por sus asesinas habilidades sino por la mano de acero y cristal que mantenía sobre su cordura, y tampoco había sabido cómo ser atento con ella al comienzo.
Bruce había sido, sorprendentemente, el primero en romper el hielo. Sintiéndose culpable por haberla herido en la debacle del Helicarrier, se había acercado con la cansada y experimentada disculpa de quien está acostumbrado a tener que darlas.
(Qué clase de grupo eran, que se daban PTSD unos a otros?)
Bruce sospechaba que la insistencia posterior de Nat de que él la parchase después de las misiones tenía que ver con desensibilizarse a su miedo a Hulk. Después de todo, cualquier entrenamiento que ella tuviese, cualquier habilidad que ella hubiese adquirido, eran nada para Hulk: en ese sentido, si había podido engañar a Tony, si hubiera podido derrotar a Clint, y seguramente era capaz de seducir a Steve o estafar a Thor fácilmente, contra Hulk no servían sus estudiados encantos, su entrenamiento de combate, o su habilidad con las armas. Nada servía: ante Hulk, estaba indefensa.
Y ese miedo primordial, quizá una muestra atávica de la brutalidad masculina más simple que ella había enjaezado tantos años, había roto por un momento la máscara perfecta de Black Widow. Bruce recordaba como en sueños lo que pasaba enfrente de Hulk cuando perdía el control, pero recordaba esos ojos verdes enormes de pánico.
Miedo no de morir, no de ser herida, sino que simplemente el miedo a él.
Por eso, cuando ella empezó a acercarse para que él atendiera sus cortes y raspaduras, lo hizo con total profesionalismo, a pesar de su insistencia de que era pediatra, no médico de urgencias.
Bruce había visto recompensados sus cuidados con Natasha a veces esperando pacientemente en el Helicarrier a que regresara de sus Hulk-outs para ser el único que la atendiera, y pequeños, delicados y pensados regalitos encontraban luego su camino a su laboratorio, cosas que no tenían la practicidad de Pepper o la flashiness de Tony. Un estuche de acero para sus lentes absolutamente irrompible que podía cargarse al cuello: caramelos de toffee: una sedosa bufanda para los días fríos, o una cajita de diminutas cuentas budistas que llevaba como pulsera en las fiestas formales para calmar su ansiedad. Ninguno de los dos lo mencionaba nunca, pero había una sonrisa de alivio que Bruce sabía que era sólo para él cuando Natasha se sentaba a su lado y le mostraba sus rodillas peladas y sus nudillos raspados.
Clint, que era su más antiguo amigo y originalmente, el único que se había ganado su confianza, había visto con alivio a Natasha abrirse a los demás Avengers, y si el orgullo se había mezclado con unos leves celos, la verdad era que la tenía para él más que suficiente en sus diferentes aventuras. Sin embargo, le calmaba el corazón saber que Natasha no estaba sola cuando él estaba en alguna misión: lo alegraba, ver que Nat no mostraba ojeras cuando regresaba. Incluso que sonreía. Incluso, a veces la oía reír.
Thor había tratado con todas sus fuerzas entender a Natasha, de un modo que era conmovedor porque el semidiós nórdico y la pequeña asesina tenían muy poco en común. Natasha había sido sorprendentemente paciente con sus torpes avances, y Clint se había dado cuenta con sorpresa que Nat no le tenía miedo, ni sorpresa, ni desconfianza al Dios del Trueno. Thor había intentado ser amable con ella como lo era con sus hermanos de Asgard, pero dado que apretujarla era bastante peligroso y palmotearla se había ganado casi en un tiro, el semidiós, posiblemente tras una consulta con la Dra. Jane Foster, había aparecido con una fuente cubierta de guiso danés, había destapado un flask de licor asgardiano, y había procedido a emborracharla y llenarla de comida como a un hermano.
Clint había elevado las cejas, pero el afecto que Thor destilaba por la asesina se había vuelto obvio, intenso y protector: y su habilidad en hacerle lattes, su atención a ella en batalla y su rápida ira a todos aquellos que alguna vez le hubieran hecho daño hizo que el arquero supusiera que parte del afecto rechazado que Thor sufriera con su complejo hermano menor le había hecho traspasar parte de ese amor a la sarcástica, lista y tramposa Nat. Se parecía mucho a Loki, en más de una forma.
Además, los dos eran los más propensos a matar en batalla. Clint sabía que al menos una vez Thor había agarrado a martillazos a un desgraciado fuera de la vista del Capi, y Nat había sonreído y se había sentado a mirar con un asentimiento mientras un secuestrador de niños acababa hecho carne molida.
Tony era aún menos sutil que Thor, todo eso sea dicho. Le temía a Nat como al fuego, porque era una de las pocas personas que en su momento había logrado engañarlo: pero había decidido ganársela con una persistencia conmovedora, para hacer que Nat fuera como los demás, considerando la Torre como un hogar, no sólo como una de sus muchas bases seguras.
Y lo hizo con una atención al detalle y un deseo de lujo que sólo podía compararse a intentar envolverla en seda y pieles hasta hacerla sonreír. El apartamento de Nat era más lujoso que incluso el suyo propio: Tony no había escatimado en ninguno, pero con ella había ido kilómetros más allá de la línea del deber. Una tina inmensa, un closet atiborrado, el colchón más cómodo que el dinero pudiera comprar: su sala de ballet, una cocina completamente llena de artilugios e ingredientes para comida rusa, un ícono fabuloso en la entrada de una virgen pelirroja, un sofá enorme, que luego tuvo un uso especial.
Tony sabía al comienzo que ella usaba el apartamento, pero rara vez la veía pasar. Nat iba y volvía con la misma ropa, la misma cara: y si a veces aparecía herida, era a Bruce a quien iba a buscar. Tony se dedicó al problema como si fuera uno de ingeniería, y fue al cabo de varias semanas, después de un comentario de Bruce, que Nat encontró en el botiquín del baño un estuche celeste bastante grande, con un post it con una araña.
Era un estuche de maquillaje. De maquillaje carísimo, sí, pero con cremas y bases especiales: Nat leyó los frascos con curiosidad y sus ojos se suavizaron. Maquillaje para calmar hinchazones, disimular moretones, cubrir cortes y enrojecimientos. Una armadura, como la de Tony, que entendía de armaduras: una armadura para su orgullo, la reparación de su belleza, una atención a la femineidad que normalmente tenía que ignorar o que era simplemente parte de su trabajo. Tony había sido tan certero, tan delicado en esto. La había comprendido tan bien.
Poco después, Nat había aparecido en buzo y descalza en el piso común, para sentarse junto a Tony con un bol de palomitas saladas rusas y ver con él un montón de televisión diurna mierdera, criticando ferozmente juntos todo lo que se pusiera a tiro. Desde entonces, Tony había sido varias veces su cobertura o su entrada en misiones: y Natasha jamás había protestado a tenerlo a su lado.
Quizá el más difícil de comprender de alguna forma, había sido Steve. Como oficial superior/soldado, era obvio que ambos se habían dado cuenta en segundos que el otro era un verdadero asset en batalla, y habían trabajado juntos como una máquina bien engrasada, sin necesidad de muchas palabras ni muchas indicaciones. Eran dos soldados encontrándose y comprendiéndose: y Natasha, para sorpresa de Clint, que había mencionado varias cosas poco amables sobre el famoso Capitán América cuando las noticias de su regreso habían corrido por SHIELD, no había vuelto a tolerar un solo chiste en su presencia ( a no ser que fuera Tony, y no siempre)
El silencioso aprecio de Natasha había sido claro e inmediato, pero Steve, que era a veces un pobre confuso cuando se trataba de situaciones sociales que no involucraran dar órdenes y conseguir un objetivo, había tropezado tan patéticamente con sus propios pies intentando ser atento con ella ( la primera vez que le abrió una puerta la cara de ella había sido tan confusa que Clint no había sabido si explotar en risa u ocultarse para que no lo salpicara el gore inevitable) que había sido Natasha quien se había movido, intentado hacer que se relajara. Era ella quien había hecho el esfuerzo, dejándose caer por su apartamento, comiéndose sus galletas caseras, explicándole con eterna paciencia detalles de la cultura moderna, intentando conseguirle una cita a toda costa. Y Steve le había agradecido su afecto con una intensidad que era obvia y descarada, porque si algo Steve no podía nunca jamás ocultar, eran sus verdaderos sentimientos.
Pero había habido algo más : algo simple, pero intenso, algo íntimo. Algo que había cementado una tregua eterna entre ellos, un secreto inmencionable.
Había sido todo culpa de Jarvis.
Jarvis le había avisado a Tony que una noche, había escuchado gritos desde la habitación de Natasha en la Torre. Tony había agarrado su guantelete y había bajado la escalera bromeando con Jarvis sobre qué tipo de gritos se trataba, pero sabiendo que Clint no estaba en la Torre, Tony le pidió a Jarvis que encendiera las luces en el apartamento y que lo dejara entrar.
En cuanto entró, sabiendo que posiblemente ella le arrancaría la cabeza o quizá nunca más querría quedarse en la Torre, el volumen de los gritos- de un llanto- lo había petrificado. Había golpeado la puerta del dormitorio, primero con golpes suaves, luego con más furia: y al fin, había escuchado movimiento, unos pasos, y la voz de Natasha.
- …Stark?-
- Ábreme. Tengo alcohol. Vodka.-
- … no. Vete, Stark.-
- Dejaré el vodka aquí.- dijo Tony tras una pausa frustrada.- Puedes pedirle a Jarvis que te despierte si pasas unos decibelios, sabes.- agregó, con un susurro más íntimo.- Yo lo hago.-
- Largo de mis habitaciones, Stark. Si hubiera sabido que me espiabas no me hubiera quedado.- gruñó ella con amargura. Tony apoyó la frente en la puerta.
- Te sirve si te digo que haría esto hasta por el Capitán Barritas?-
( pausa incrédula) – No te creo eso.-
- Claro que tú te ves mucho mejor en babydoll, sospecho.-
- qué te hace pensar que estoy vestida?-
Tony rió. Tras una pausa, ella también rió.
Tony tuvo una larga e incómoda conversación con Clint después de eso. Y si Nat creyó que todo eso había quedado allí por un tiempo, estaba completamente equivocada. Con el tiempo, empezó a notar detalles a los que ella, incluso afilada como un cuchillo, no se había dado cuenta.
Notó que en ocasiones, cuando las pesadillas la despertaban, en el edificio de enfrente, en la noches claras, a veces Thor montaba guardia, su capa una mancha roja como sangre, flotando en el viento. Que a veces, al despertarse de golpe, Clint estaba hecho una pelota en el sillón de su living, comiéndose sus barras de cereal y viendo televisión. A veces era Tony, con vodka frutilla que compartir: otras veces, el aroma de jazmín la sacaba de su habitación para encontrar uno de los tés herbales de Bruce como un solitario testigo en su cocina.
Una vez se había encontrado a Steve tendido en su sofá, y cuando fue a explotarle, harta de tanta violación de su privacidad y tanto machismo, Steve había abierto ojos enrojecidos, y le había pedido perdón porque había tenido una pesadilla, no lograba dormir en su apartamento y ella le había parecido el único lugar seguro en la Torre, no había pretendido despertarla.
No había logrado enojarse. Había tratado, había tratado con todas sus fuerzas, pero sólo había logrado bufar y echarle una manta encima antes de volverse a su cama. Y custodiada por alguno de esos tercos caballeros blancos, dormir con el sueño más reparador que hubiera conocido.
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(11)Pan tibio blanco, blanco como leche
Leche fresca, fresca como el agua
Agua tibia, tibia como el lecho
Al lecho suave, vamos a la cama
Las estrellas llenan el universo
Y los sueños están esperando
Si no duermes no habrá mañana
Ni vendrá el sol a tu ventana
Duerme en paz mientras te velo
Mi recompensa será la burbuja delicada de tus sueños
Que me contarás cuando despiertes, mi alegría
Duerme ahora tranquila, niña mía…
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(13)
(14)No vivía de la caridad de Tony ( ninguno lo hacía en realidad), de la que todos se quejaban en voz muy alta y todos aceptaban al final en emergencias.
Thor le había traído un puñado de gemas asgardianas que habrían comprado la Torre probablemente. Bruce ya llevaba tres innovaciones en los reactores y una, que seguramente para él contaba como trabajito secundario, en vacunas antirradiación patentadas a nombre de Stark industries que debían ser invaluables: Clint y Nat, a sueldo de SHIELD, preferían pagar en intangibles (en el caso de Clint, hints de política: en el de Nat, deshonesto espionaje industrial) y Steve había hecho una de sus rabietas en que se plantaba como árbol hasta que Pepper Potts le había diseñado un contrato y cobrado una renta por su apartamento.
(15)
Bruce: Es difícil compaginar tu vida después de lo que te sucedió: no creo que haya ningún precedente anterior ( "Rip Van Winkle! o Cher!" había gritado Tony desde su laboratorio) Pero quedarte quieto nunca ayuda. En mi experiencia, si no puedes hacer lo que quieres, o no sabes exactamente qué quieres, lo mejor que puedes hacer es algo que sepas hacer bien y que ayude a los demás.
(16) Steve era, junto con Bruce, el único con gustos frugales que insistía en cocinarse en su apartamentito en la Torre, al revés de los demás ya acostumbrados a pedir delivery o encargarle a la gente de Tony lo que deseaban. Bruce al menos cocinaba muy bien; Steve seguía rascando ollas pegoteadas y quemadas después de cada comida. Clint era un entusiasta del Food Network, pero sus preferencias eran más bien de ser un cheerleader de Gordon Ramsey que de intentar hacer un pato a la naranja él solo, aunque sin duda podía.
