CAPÍTULO 5
BETTER(1)
Natasha, radiante con el descanso de la semana, sin ningún moretón en la cara disimulado con maquillaje – y eso era bastante novedad- se asomó la mañana siguiente con Libby a remolque, sonriendo al ver al capitán América, el ícono de una nación, perfectamente peinado y arreglado en camisa a cuadros y jeans planchaditos, dando vuelta en el aire uno de los pancakes que eran su especialidad por las mañanas. Ya tenía una montañita respetable que humeaba delicioso, y cinco tipos de sirope en la mesa: y Nat sonrió más todavía, porque había recordado su favorito de blueberry.
- Gracias por el desayuno!- dijo alegremente, observando de reojo a Libby. La joven ya se había acostumbrado a tomar decisiones básicas, pero estaba claro que tenía un serio problema con lo que "estaba permitido" y lo que " no estaba permitido". Libby no había hecho nada por sí misma hasta recibir la indicación de que podía hacerlo: y una vez recibidas, parecía tan normal que costaba identificarla con la joven "antes" del permiso. Sin embargo, una orden dada por ABSOLUTAMENTE cualquier persona la paralizaba y la obedecía, por absurda o peligrosa que fuera. Bruce había pasado un susto horrible, cuando al pedirle que contuviera la respiración para auscultarla, había olvidado decirle específicamente que volviera a respirar y Libby había acabado azul antes de que se diera cuenta.
-Buenos días. Por favor, sírvete.- había dicho Steve amablemente, pero esa tácita orden, que no habría notado de no saber del problema, bastó para que Libby le deseara unos buenos días sonrientes y se sentara a comerse cuatro pancakes seguidos. Natasha le hizo un gesto para que eligiera sirope, y la vio fruncir el ceño: le era muy difícil elegir entre varias opciones semejantes. Después de una pausa, eligió miel, y ese pequeño triunfo hizo que Nat se levantara un momento para textéarselo a Bruce.
Steve estaba un poco incómodo después de sus razonamientos la noche anterior, pero el alivio al ver a Libby de nuevo, y aparentemente tan sana y tranquila, sirvió mucho para calmar sus nervios. Además que estaba hermosa. A Steve aún le costaba apreciar la figura femenina moderna, que había puesto de moda lo que en la Gran Depresión hubiesen llamado tuberculosa: pero Libby, su rubia belleza curvilínea cómoda en jeans muy claros y una camiseta estampada con hojas verdes de varios tonos, se veía fresca y reluciente, sin nada de maquillaje y el cabello rubio recogido en un moño simple.
A Steve le parecía muy hermosa. No tenía la belleza estupidizante de Natasha, era cierto, pero era bella en un sentido sereno, atemporal, delicado, más de pintura clásica que de modelo de alta costura. Los dedos de Steve ansiaron sus lápices y cuadernos de dibujo cuando ella inclinó la cabeza para beber su jugo de naranja y el sol sacó destellos de su pelo.
- Bruce dijo que querías verme.- dijo Steve, al fin acabar con los pancakes y servirse una taza del café gourmet de Tony, mientras ella, posiblemente con medicamentos, se conformaba con un té herbal. – Para lo que necesites, Libby, estoy aquí.-
- Gracias.- dijo ella, tras una pausa.- Quería verte porque… tú me conociste… antes. Y no recuerdo tanto de esa vida como quisiera.- agregó, alzando ojos muy celestes a los suyos, tan parecidos.- Steve. Bruce me ha explicado… mucho. Y parece que, por ahora, recuerdo esta vida… y la anterior. Pero poco de las dos primeras.-
- Lamento todo lo que pasó. Si hubiera podido hacer algo…- murmuró Steve, sonrojándose de culpabilidad. Ella movió la cabeza.
- recuerdo muy poco de lo que pasó.- dijo ella.- Creo que tú puedes ayudarme a llenar algunos vacíos. Bruce quiere que recuerde yo misma todo lo que pueda, pero quiere darle tiempo, y yo… no… - la voz de ella bajó, y parpadeó. Steve se quedó mirándola: Libby parecía inmóvil, fija, como un muñeco al que se le acabase la pila. A él le costó un momento entender lo que pasaba, y cuando entendió, su rostro se desencajó.
Bruce había dado una orden, expresado una preferencia, y ella estaba desobedeciéndola. Su cuerpo, automáticamente… se paralizaba.
Quién necesitaba rejas o guardias con un prisionero así?
Gracias a Dios con todas sus fuerzas, que había tenido alguien en quien confiar que la ayudara! Por Dios, si Bruce quería comer curry indio tradicional, él mismo se lo iba a buscar… a Calcuta! De rodillas! Al próximo que dijera algo sobre " el monstruo" Hulk, lo convertía en yogurt a escudazos!
-Ya acordamos que podrías hacerle todas las preguntas que quieras a Steve.- dijo Natasha volviendo a su asintiendo. Eso pareció tranquilizarla, y un momento después, musitó:
-Nos conocimos en Londres, verdad…?-
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- Qué fue eso?-preguntó Tony bostezando al bajar a la sala común y encontrarse con Bruce y Natasha sentados, ignorando un noticiero y susurrándose conspiradoramente. El sonido que lo había sacado de su estado de zombie matutino ( 11:45 am) se repitió, y Tony dio un respingo, mirando a Bruce con curiosidad.- Tenemos visita? Ése es…?-
- Te presento la risa del Capitán América.- dijo Bruce teatralmente en un susurro. – Lo que ni siquiera tu aparición en Saturday Night Live (2) logró. Para que veas.-
- Está con Libby?- preguntó Tony con un deje de frustración. – Quiero ver! Déjenme ver!-
-Con cómo reacciona a ti, no, no lo arruines.- dijo Natasha severamente.- vuelve acá, Stark, o te rompo las piernas.-
- De qué se están riendo? Si ese tipo tiene menos sentido del humor que Reed Richards!-
- qué importa. Es bueno oírlos reír.- dijo Bruce, y sus ojos se suavizaron. Natasha asintió, su rostro gentil por una vez.
Tony los miró con sospecha.
- Estoy detectando mucho amor por el supersoldado acá, saben. Muchas miraditas. Están pensando en un sándwich patriótico con él al medio? Los veo venir!-
- Cómo se te ocurren…?- empezó Bruce, para girarse con una sonrisa distendiéndose incrédula al ver que Nat no protestaba.-Nat!-
- Es porque no está Clint. Cuando Clint está, me da un palmetazo si me quedo muy pegada.- bufó Natasha frotándose los ojos.- Pero es que es tan lindo… oficial superior, oficial superior, oficial superior!-
- Qué vergüenza, agente Romanoff! Mirando pervertidamente a su capitán de equipo! Debería disciplinarla!- canturreó Tony inmediatamente, pinchándole las costillas con el índice.
- No estás ayudando, sabes!-
- Disciplina por insolente con su Capitán… le digo a Spangles, en serio. Muy kinky, uy qué kinky…-
- Tú de veras te estás buscando que le dé algo al pobre tipo.- bufó Bruce.
- Además tú eres mucho más insolente que yo. Le digo que te discipline a ti primero? - se defendió Nat con humor.
Tony Stark dejó de reírse de inmediato.- no. Eso no es nada kinky. Capi más Amenaza Roja, sexy. Capi más Iron mí, nada sexy, full nope.-
- Tus manías con Steve son raras a veces, Stark.- dijo Natasha levantándose para ir a la cocina. Aún se oían risitas y susurros: en una mesa de desayuno bastante despelotada, Steve gesticulaba y narraba en voz muy alta alguna historia que tenía que ver con una gallina, un carro de bomberos y aparentemente él mismo cuando medía medio metro menos. Libby se reía bebiendo té: los dos estaban sonrojados, los ojos brillantes, idénticas sonrisas mientras charlaban, y Natasha se quedó quieta escuchando, aunque casi no necesitaba la confirmación.
Hablaban de Bucky Barnes.
-… entonces él me empujó al carro de la basura y se metió detrás de mí: todo el mundo pasó de largo, junto con el carro de bomberos. Durante meses se habló de que habían escuchado a una mujer pidiendo ayuda en nuestro piso, pero nunca averiguaron que había sido yo atacado por la gallina del tendero de enfrente. La verdad, cuando al fin la cocinaron, compramos un pedazo de pechuga y la comimos en venganza por todo el mal rato…- acabó Steve entre resoplidos de risa, haciendo que Libby emitiese otro gorgorito.
- Cómo logró Bucky meterte en el carro de la basura? Eran muy altos!-
- Él era fuerte como un toro y yo pesaba menos de cuarenta y cinco kilos. Me dio un envión y bastó. Salir de ahí, en cambio, fue un desastre.- completó Steve con más gorgoritos. Natasha casi lamentó interrumpirlos.
- Libby? Tenemos que irnos. Recuerda que quedamos de reunirnos con Clint y Thor en Macy's.(3)-
- Sí, por supuesto.- dijo Libby levantándose de inmediato. Steve miró a Nat suplicante.
- Puedo ir? Quiero ir.- rogó.
- No, tienes que ayudarme ya que Thor ha salido. Tengo bastante equipamiento nuevo que colocar en el laboratorio.- dijo Bruce desde la sala. Steve hizo un mohín, pero no dijo nada, entendiendo la tácita negativa; pero Libby se volvió con los ojos brillantes, le dio la mano para darle las gracias y expresó el deseo de verlo pronto. Nat se apiadó, lo que no pasaba jamás.
- Volveremos a cenar, nos vemos ahí.- dijo apretándole el brazo antes de salir con Libby. Steve se quedó un momento sonriendo para sí mismo, moviendo la pierna que había cruzado sobre la otra en los cómodos asientos de la cocina, y luego se levantó de un salto, para empezar a ordenar.
- Qué pasó con el Capitán "me habla una mujer y me trago la lengua"? Sonabas casi, casi, casi tan smooth como yo, sabes. Cuando una chica se ríe así de lo que yo digo, está a veinte minutos de ponerse horizontal-
- Perdón, que estás diciendo? Sólo escucho el sonido de tus celos, Stark.- dijo Steve riendo por sobre el hombro, (4) empezando a lavar los platos a mano aunque había dishwasher, como era de esperar. (5)
- Miren a este insolente! Una chica se ríe de sus bromas paleolíticas y se le sube el ego! Bruce, ven a ver, el Capitán América se ha puesto engreído!- bramó Tony teatralmente.
- Es bueno escucharlos contentos. Intercambiaban historias sobre Bucky, imagino.+ dijo Buce, ignorando los aleteos de Tony para ir directo a buscar unas pancakes sobrantes ya frías.
- Deja que te haga más…- dijo Steve amablemente, las manos hundidas en espuma hasta el codo. Bruce hizo un gesto dismisivo, mientras se echaba una segunda a la boca con sirope de mantequilla de maní.
- He estado siguiendo los cambios de carácter de Libby según las vidas que recuerda. Algo malo le ocurrió siendo Liesl: recuerda muy poco y son las memorias que más la hacen temblar. De Libby también recuerda muy poco. Pero Lydice y Lydia, las recuerda perfectamente.- dijo Bruce, el rostro pensativo.- Estoy trabajando en una terapia que reduce el impacto de memorias anteriores y las traduce a un factor onírico. Con eso, deberíamos poder integrar su personalidad. Lydia es más severa: Lydice, más temerosa.-
- No parecía nada tímida riéndose con el Capitán Dorito.- protestó Tony.
- Es porque en ese momento, era Libby. Bastante distinta a la que Nat y yo estamos tratando. Ella y yo tratamos principalmente con Lydice: Clint y Thor, en cambio, se han relacionado más con Lydia. No he conseguido hablar con Liesl aún. Pienso tratar con hipnotismo esta semana.-
- tiene cuatro personalidades?-musitó Steve, poniéndose serio.
- No es tan extremo como suena.- dijo Bruce amablemente, tomando una taza recién lavada de su mano para servirse té.- Tú mismo no eres la misma persona todo el tiempo. Hay una diferencia entre el Capitán América y Steve Rogers: hay una diferencia también entre el Steve Rogers que conocemos nosotros y el que oímos recién. Me gustó oírlo, sabes. Me gustaría que tú también integrases tu personalidad, ya que estamos.- sugirió Bruce con una sonrisa. Steve tragó, sonrojándose y mirando a Bruce con afecto, pero por supuesto, Tony tenía que arruinarlo.
- Saben qué? Duele reconocerlo, pero parece que mi padre tenía razón.-
- ah?-
- Encontró a la única mujer sobre la tierra con la que puedes hablar sin atorarte! Dos charlas más y te la llevas… con razón quería que te reprodujeras con ella! Mi padre puede haber sido un asshole, pero era un genio asshole! Te la irradió encima para que no la mates si te entusiasmas! Deberías, no sé, hacer una donación en nombre de mi padre o algo… acepto tarjetas.-
Steve salpicó espuma por todos lados, Bruce incluido, al volverse indignado.
- Te crees que estaba hablando con ella porque…? Cómo podría tener esas intenciones…? Cómo puedes tener tanta porquería en la cabeza? Estábamos hablando de Buck! Y ella …! Y yo no estaba…!- Steve empezó a balbucear furioso, y Bruce hizo un mohín, bebiendo su té.
- Ya lo atoraste. Era demasiado bueno para durar.-
- Venga! Tu amigo está muerto, tú estás vivo, y claramente te entiendes con la chica más de lo que te he visto entenderte con nadie! Por qué no considerarlo, eh? Unos pocos arrumacos sin compromiso, y segunda base al menos…- continuó Tony, disfrutando ver a Steve ponerse rojo bandera.- Es bastante guapa, y bueno, si no quieres, me la quedo yo!-
- Tony, déjalo en paz.- aconsejó Bruce, que no necesitaba salir del refrigerador que rebuscaba para saber que Steve estaba a punto de reventarse una arteria.- Steve, sólo lo dice para encocorarte. Hala, atrás sin golpes, cada uno a su rincón. (6) Cena aquí a las nueve, y el que llegue tarde, me verá enojado. Estamos?-
- No necesitabas ayuda en el laboratorio?- preguntó Steve, respirando hondo, claramente irritado. Tony bebió su café con un gesto burlón, pero Bruce lo ignoró para asentir al Capitán.
- La verdad lo dije para que no las siguieras, pero sí, me llegaron los amplificadores del nuevo microscopio de electrones y apreciaría que me ayudes de moverlas. No es que no me pueda algunas pero si me cae una en el pie ya sabemos lo que puede pasar.- agregó filosóficamente. Steve sonrió, apreciando el intento de humor, y siguió al doctor a su laboratorio.
Tony se acabó el café con una vaga irritación: Bruce era el más discreto de los hombres, pero la forma en que lo había desconectado (como Bruce, por sentido de la preservación respecto a Hulk, se desconectaba de todo lo que le molestaba inmediatamente) le decía más claro que cualquier mirada irritada que su amigo se había molestado con él por su modo de hinchar al Capi. Tony estaba acostumbrado a que la mayor parte del tiempo alguien estuviera enojado con él, pero que fuera Bruce, el único que normalmente parecía genuinamente entenderlo, lo ponía de muy mal humor. Del mal humor que lo hacía considerar la posibilidad de explotar cosas.
Y Tony Stark tenía un pellejo de acero a que le gritaran, pero a que lo ignoraran, nope.
Además, el ser el único al que aparentemente la nueva adición a la Torre (su torre!) no podía tolerar, le había echado a perder el genio aún más. Tony Stark siempre era el centro de atención: Tony Stark siempre era el que hablando, simplemente hablando, lograba resolver, seducir, convencer. Aparentemente, sus habilidades se habían tomado un jodido día de vacaciones.
Con una maldición, Tony abandonó su taza en el lavaplatos y emprendió el camino al garaje, pensando en sacar el Corvette (7) a dar una vuelta a 200 km por hora para que el aire fresco le despejara la cabeza. A diferencia de su casa en Malibu, había que abandonar el estado de New York para poder correr de verdad: incluso en la antigua casa de sus padres en Boston existían caminos rurales en los cuales se podía acelerar. Tony estaba pensando en eso cuando las puertas del nivel estacionamientos se abrieron, y no supo si fue el sol de la mañana dándole en los ojos, la memoria de la vieja mansión Stark en Boston o su irritación por el tema de Libby lo que súbitamente le despejó la cabeza: pero de repente supo exactamente lo que tenía que hacer, y buscando sus gafas en la cajuela, de las que tenía un par en cada automóvil que poseía, se plantó el bluetooth en la oreja y le ordenó a JARVIS:
No vendré a cenar. Si alguien pregunta, estoy en Boston por el día.
- Si bien no puedo felicitar a Tony por la forma, parte de lo que te dijo en la mañana no está desencaminado del todo.- dijo Bruce cuando, a media tarde, Steve trajo unos sándwiches de jamón de pavo y mayonesa casera para él, y una ensalada de frutas y té para Bruce, que sentado en el suelo, se ocupaba del cableado de sus equipos (8), los mismos que Steve le había desembalado y ayudado a instalar. Habían ocupado gran parte del día en ello, porque Bruce era tan preciosista al respecto como cualquier dueña de casa con sus muebles favoritos, y Steve aguardaba que acabara con el cableado para darle las movidas finales, después de asegurarle varias veces que no le molestaba esperar.
- me temo que tengo que pedirte que elabores esa frase.-
- No estoy diciendo que tu meta… deba ser la que sugirió Tony o lo que pretendía Howard. Lo que quiero decir, es que, como todos notamos hoy, claramente congenias muy bien con ella. Y si lo que queremos es que recupere su personalidad, su verdadera personalidad, no las tres que le hayan dado los alemanes, tú eres lo único tangible que posee para recordarse a sí misma.-
- Qué puedo hacer? Haré lo que me indiques.- dijo Steve, dejando su sándwich de lado, el rostro concentrado.-Quiero ayudarla, pero no sé cómo…-
- Hoy te interrumpimos porque aunque quiero que hablen de sus memorias, quiero que tengas cuidado en implantarle alguna. No le des detalles de nada que hayan compartido: deja que recuerde sola. Mientras más la hagas hablar, mejor. Pero además, mientras más tiempo pase contigo hoy en día, aquí, más fácil le será integrar la Libby de 1940 con la Libby del 2013. Comprendes?-
Steve asintió, los ojos por un momento suaves y juveniles.- No me está spidiendo que haga nada que no desee hacer, sabes. Hoy, mientras hablábamos, por un momento me sentí transportado a… - Steve calló, y Bruce adivinó lo que el buen capitán no quería decir, porque no quería sonar desagradecido.
Mi casa. Mi tiempo. Mi vida.
Eso y tanto, tanto más. Steve bajó la vista por un momento y se mordió el labio, y Bruce apoyó la cabeza en el panel que conectaba.
- Seguro que puedes hacerlo?-
- Por supuesto.-
- Entonces ve y ordena sushi para esta noche. Ya que Clint ha analizado tan a fondo sus habilidades, te dejaré las tardes con ella para que la saques al aire libre. Está bien eso con tu agenda?-
Steve sonrió y se le iluminó la cara.- De veras? Gracias, doc.- dijo Steve, antes de partir obedientemente a revisar menús delivery en la cocina y pedirle a JARVIS que hiciera las llamadas. Antes de que Steve se decidiera, sin embargo, Bruce, sin alzar la vista de las delicadas conexiones que hacía, murmuró:
-JARVIS?-
:: Cómo puedo servirle, Doctor Banner? ::
-Donde está Tony?-
:: Mr. Stark señaló que se encontraría hoy durante todo el día ocupado en asuntos en Boston, doctor. Me pidió que expresara sus excusas por no poder asistir a la cena de esta noche::
- Y tú sabes qué se le perdió en Boston?-
:: no me encuentro en libertad de discutirlo, doctor::
Bruce asintió, los labios tensos. Lo que fuera que a Tony se le hubiera perdido en Boston, esperaba sinceramente que no fueran una botellas de whisky.
A las siete en punto estaba todo el mundo sentado a la mesa formal acomodada con una magnífica vista de New York, y Clint, que no podía evitar notar que Steve se había puesto su mejor camisa, afeitado perfectamente y hasta, juraría, puesto un poco de mousse con poquísima habilidad en el pelo, (9) le echó una mirada de reojo a Bruce, que charlaba relajadamente con Natasha sobre tazones de hirviente sopa de miso. Thor estaba explicándole a Libby sus opiniones respecto al Oriente y las profundas diferencias entre países midgardianos, versus la confortable uniformidad entre los pueblos asgardianos: y Steve metía a veces su cuchara con opiniones sobre Europa, y sus clases sobre política internacional.
Clint se había echado atrás y disfrutaba sus galletas de la fortuna junto a una taza de té de jengibre en silencio, estudiando la escena y disfrutando un poco el murmullo de las voces familiares. Después de la semana que había dedicado a analizar las habilidades físicas de Libby, tenía que reconocer que si una parte de él había desarrollado cierto afecto por la formal y simplona chica, otra parte de había sentido un poquitín alarmado. Su obediencia tenía un trasfondo inquietante, y lo que los Vita Rays le habían dado, que podían parecer insignificantes frente a la perfección física de Steve, los poderes de Thor o el entrenamiento de Nat, Clint sabía que más de una y más de dos agencias matarían por reclutarla. Y ése era uno de los motivos por los que no le había informado a SHIELD ni palabra.
En primer lugar, el vigor: la resistencia: la stamina. La chica parecía uno de esos conejitos Duracell de los comerciales: simplemente, su cuerpo parecía incapaz de agotar sus reservas de energía. Podía trotar, sostener peso o saltar la cuerda por horas sin cambios. Ese aguante inhumano parecía traspasarse a su resistencia: si bien sus puñetazos, que no sabía dar hasta que él le enseñó, tenían apenas poca más fuerza de lo normal, ante la oposición de una fuerza igual, como la de empujar una pesa o tirar de una cuerda contra la fuerza de Clint, su vigor era inhumano. Con menos de 250 kgs, y con eje de soporte, recién podía empezar a moverla.
Su coordinación ojo/mano era muy buena: su habilidad para bloquear ataques, mejor. Tenía un auténtico don para deslizarse fuera de tu alcance, encontrar un lugar seguro, y quedarse allí. Y sin embargo, en su prisa por probarla y testear su energía, Clint la había agarrado de un tobillo, había hecho una movida de judo y había bastado un palmetazo para dejarla fuera de combate. En un combate físico, Libby duraría cinco segundos después de que la agarraran.
Y sin embargo, parecía acostumbrada a soportar castigo sin pensar en quejarse ni temerle al dolor. Cuando le ofreció, un poco culpable, crema para los moretones, ella lo había mirado como si no supiera lo que era.
Era extraña: muy extraña. Natasha había sido un animal feral, desconfiado, un lobo de la tundra que miraba de lejos, que estaba listo para sacarte la mano de un mordisco si te acercabas y que era casi imposible de domesticar. Thor había sido un ingenuo inocente que creía que todo el mundo era su amigo, hasta que le probaban FEHACIENTEMENTE lo contrario- y entonces, sin enojarse, los mataba a palos. Libby era una mareante suma de ambos, con los condicionamientos extraños y siniestros de Natasha y la radiante sonrisa despistada del semidiós, y Clint tenía un mal presentimiento, algo que le disgustaba de todo esta ensalada.
- Donde está Stark?- preguntó tras una pausa, cuando Bruce se inclinó a su lado para tomar dos platitos de lo mein y pollo a la tailandesa, para seguir compartiendo con Nat.
- Tiene un poco de gracia que me preguntes a mí y no a JARVIS.- dijo Bruce, añadiendo con palillos muy hábiles y entrenados algo de arroz sobre el pollo para Natasha.- tenía cosas que hacer en Boston.-
- Asumo que no lo corriste de su propia Torre para que no molestara a Libby.-
- La Torre tiene ciento dieciséis pisos, Clint. Supongo que estamos de acuerdo en que es espacio suficiente para convivir sin estorbarse?-
- no sé Libby, pero el ego de Tony ocupa noventa de esos pisos.-
Bruce se rió, moviendo la cabeza, y le alargó la caja de rolls californianos, - Come algo. Estás muy callado, Clint.-
Clint miró por sobre el hombro de Bruce, y él siguió su mirada al rincón en donde Steve, Thor y Libby reían. Los tres eran muy rubios, los tres tenían los mismos ojos claros iluminados y los tres tenían voces claras y serenas: podrían haber sido hermano, o al menos próximos parientes, con esa dedicación, esa energía, cierta pureza en sus rasgos. Libby parecía una copia de Steve en femenino, con el mismo rostro sencillo y honesto y esa serenidad calma. Bruce frunció el ceño, sin saber por qué.
- Estás seguro que Howard Stark no la retro-ingenierió de una costilla de Steve?- susurró Clint.- El parecido es demasiado. Hoy en la tarde unos niños se acercaron a pedirle autógrafos a Thor y Libby fue adorable.- agregó, su voz haciendo que " adorable" sonara como un sinónimo de " anormal".
- no existía el clonaje en esos años, Clint, si eso estás pensando, menos con cambio de alelos no autosómicos.-
- yo digo nomás.- Clint al fin se interesó en su sushi, con un bufido. Bruce, que sabía que los instintos de Clint raramente estaban desencaminados, volvió pensativamente a sentarse junto a Natasha, que se comía todas las pasas que él detestaba del lo mein sin chistar: pero de vez en cuando echaba una mirada al trío que reía junto al ventanal, y cuando alzó la vista, vio que los dos asesinos también miraban al trío con idénticas expresiones inquietas.
Decía mucho sobre el grupo que eran que no hubiera uno solo de ellos que alguna vez no hubiera pensado al menos seriamente en acabar consigo mismo: pero sin contar la culpabilidad de Natasha o Bruce, la desesperanza que alguna vez sintieran Thor o Steve o las ansiedades de Clint, el que realmente podía ser acusado de tener un death wish era Tony. Y es que había que tenerlo para despertar al tipo de que albergaba a Hulk a las cuatro y pico de la mañana dejándose caer en su cama vestido, apestando a scotch y con el golpetazo de unas carpetas cayendo en el velador.
- Pero qué…?! Tony, maldita sea, podrías haber…!- barbotó Bruce en la oscuridad (10), el corazón latiéndole a mil, el sobresalto volviéndole los ojos verdes por un segundo, su mano yendo automáticamente al interruptor de la luz: pero Tony le sujetó la muñeca, y en el silencio sorprendido que siguió, Bruce oyó unos jadeos, un gemido bajo.- Tony? Estás herido? –
No, Tony Stark no estaba herido: Tony Stark había llorado. La comprensión de ese hecho heló a Bruce, cuya mano fue en la oscuridad al rostro de su mejor amigo, y Tony oprimió la cara contra su mano, antes de susurrar en voz ronca y ebria, pero sin embargo trágicamente lúcida.
- No enciendas la luz.-
- Qué pasó? Qué está pasando?- barbotó Bruce, ansioso de hacer algo, de ayudar, lo que fuera. Por toda respuesta, Tony se dejó caer de espaldas en la cama, y en la oscuridad palmeó el lecho, con Bruce tendiéndose un momento luego, desconcertado.- Tony?-
- Recordé que en la casa de Boston mi padre tenía una caja fuerte empotrada en el sótano. Detrás, encontré una segunda caja empotrada.-
- Tony… el proyecto Lanchester, verdad?-
Hubo un susurro de tela en la oscuridad: Tony asentía. Hubo una larga pausa, y luego habló en voz muy baja, engañosamente serena.
- Mi padre documentó todo. Todo. Su búsqueda de chicas perfectas físicamente. Las reclutaban entre atletas y reinas de belleza. Luego, las sometían a un programa de " educación doméstica" en donde les enseñaban a ser la perfecta esposa de los años treinta. Cocinar, planchar, lavar… cuidar niños, arreglarse, mantener un hogar… con especial atención a ser encantadoras para un hombre. Ser irresistibles. Encontré los panfletos: " nunca le hables a un hombre de tus propios pensamientos, no son importantes, deja que él te hable de los suyos. Sólo comparte tus opiniones si son halagadoras para él…"-
- Así las educaban en esos años, Tony.-
- Sí. Pero seguro que sin electricidad.-
- QUÉ?-
- Respuesta incorrecta, bzzzt. Sonrisa incorrecta, bzzt. Labial no simétrico, bzzt. Bzzt! Bzzt! (11) Era las jodidas Stepford Wives del infierno… todo para Steve!- hubo una risa amarguísima, un jadeo que fue casi un sollozo, y luego, la voz de Tony febril en la oscuridad.- Hay videos de ellas desnudas, sonriendo y dando gracias mientras les miden el ratio cintura caderas y revisan que tuvieran himen… supongo para que Steve tuviera el gusto de rompérselo, supongo, no veo para qué más… -
- Cuántas… eran…?-
- Los videos no son claros, pero los archivos son muy exactos. Mi padre era muy exacto para todo. Setenta y tres candidatas, doce rechazadas por belleza física insuficiente, cinco por encanto insuficiente, once por fallas en sus modales y dos por falta de himen. Quedaron cuarenta y tres. Mi padre mató a cuarenta y dos.-
- Tony…-
- Las metía en una caja de metal y las irradiaba mientras gritaban. Les decía que el Capitán América había aguantado, que ellas debían aguantar. Ví los videos y las fotos. De las cuarenta y tres, veintiuna eran pollo frito cuando abrieron las cajas. Trece murieron poco después con todos los síntomas de envenenamiento por radiación. A cinco les falló el corazón simplemente. El resto, sobrevivieron pero se volvieron locas y las exterminaron. –
- Dios mío, Tony…-
- Sólo Libby sobrevivió. Salió sonriente y rosada de la cajita. Aguantó 420 terarads de Vita Rays, Bruce. Aguantó más radiación que tú. Esa radiación debería haberla frito. O haberla transformado en Hulk o la Abominación o algo así. Y ahora está sonriente y bonita en mi Torre, sin más que un poco de Alzaheimer. Después de todo eso… bailaba el lindy hop con mi padre…!- la voz de Tony se ahogó, y se movió de la cama como un rayo, para meterse al baño en suite de Bruce, en donde lo oyó vomitar el whisky. Bruce se levantó, y encendió la luz, para ir a ayudarlo, pero cuando se puso de pie, se quedó paralizado.
Al moverse, Tony había derribado la mesita y la carpeta que traía se había desperdigado en la alfombra. Ahora, el piso de Bruce estaba alfombrado con cadáveres quemados y retorcidos, semejantes a las víctimas de Hiroshima, (12) sus bocas abiertas en gritos silenciosos, mezcladas con hermosas fotos de estudio de chicas jóvenes en blanco y negro que sonreían con ojos brillantes a la cámara. (13)
Fiel a sus costumbres, Steve había saltado de su cama a las cinco y media, y le había tomado un momento recordar porqué estaba tan contento. Cuando lo hizo (Libby y yo podemos pasar tiempo juntos ahora, la veré en la tarde, todas las tardes, está tanto mejor!) se halló sonriendo con lo que hasta él llamaba cierto nivel de estupidez al espejo mientras se lavaba los dientes y se plantaba el buzo de correr. Salió de la Torre en el habitual trote ligero con el que empezaba sus carreras, un hoodie cubriéndole los hombros, y mientras bajaba por Long Avenue y cruzaba la 42 para acercarse a Central Park, iba mentalmente haciendo inventario de los lugares que pasaba que le eran familiares y los que le gustaría traerla. El restaurant de Giorgio, que sabía que detestaba las anchoas y siempre las sacaba de la paella que le gustaba comer cuando hacía frío. La galería de Burnes y Smith, que siempre tenía interesantes trabajos de artistas desconocidos y a veces retrospectivas de autores consagrados dedicadas a sus primeros trabajos. Lennys, un rib joint en donde podías sentarte y comer cuantas costillitas se te antojara por treinta dólares.(14)
Podía traerla a Central Park, quizá a un picnic. O era una idea muy atrevida? Excesivamente romántica? Las palabras de Tony lo habían sacudido, era verdad, y disgustado, no porque Tony se las dijera a él, sino porque alguien podía decírselas a ella, o peor aún, ella pensarlas. No era idiota: Steve sabía que mucha gente lo consideraba algo retardado por su culture shock y sus anticuados valores, pero ni él, ni Thor, ni Bruce se molestaban en corregir a los detractores que les atribuían poca inteligencia: esas subestimaciones podían ser útiles en batalla. Estaba bastante consciente de cómo se veía la idea, de lo raro que iba a ser no sólo para los medios, sino incluso para los otros Avengers, verlo divirtiéndose con una chica.
Por Dios, si hasta a él le parecía raro. Pero Libby lo necesitaba: lo merecía. Steve era consciente que muchas veces, incluso mucho antes del suero, se había paseado por New York solo o con Bucky, mirando vitrinas, mirando a las parejas pasar de la mano, y se había preguntado " si tuviera una chica, adónde la llevaría? Que le regalaría? Qué cosas lindas le diría?" con la absoluta desesperanza del soñador. Ahora, en el siglo XXI, tenía que reconocer que una de las primeras cosas que había pensado al conocer los malls, era: éste es un buen lugar para traer una chica y vagar todo un día mientras afuera llueve.
Ahora ya no era una idea hipotética: tenía una chica, aunque sólo fuera una amiga, a quien sacar de paseo y divertir, y se sentía como un atleta que de tanto entrenar y soñar acaba con pánico escénico justo antes del gran partido. Había soñado demasiado con esto, algo que todos los hombres normales experimentaban antes de los quince!
Bueno, al menos tenía pistas, pensó deteniéndose por unas flexiones, caminando bajo los árboles. Libby había amado a Bucky: por ende, adónde la habría llevado él? Si las palabras de Tony habían despertado una vaga sensación de estar traicionando a su amigo al salir con su chica ( "Como amigos! Como amigos! " bramó la voz de Skinny!Steve en su cerebro) parecía más justo intentar darle el tour por New York que Bucky no había podido darle. Cómo habría empezado Buck ese tour…?
Un par de tragos, una baile y a un hotel, bufó la misma voz en su cabeza. Santo Dios, pensó moviendo la cabeza y dejándola caer. Bucky era un tipo directo, y para ser sinceros, nunca le había fallado serlo. Pero no, no iba a usar el método Bucky Barnes de entretener a una chica, que solía empezar con su nombre, un par de palabras dulces, y luego, hala, a la tarea. En eso, Steve Rogers nunca había estado a la altura de Bucky.
Pero podía estarlo? La imagen que lo asaltó de bailar con Libby en uno de esos hoteles caros que tanto le gustaban a Tony, decirle cosas sensuales, besar su rostro hasta que ella le permitiese llegar a sus labios… luego, un Steve Rogers con la smoothness de Bucky Barnes llevársela en el ascensor besándola todo el camino hasta llegar a una habitación, ofrecerle una copa de champaña y luego, besos y más besos y ropa siendo descartada mientras…
Alto ahí. No estaba planeando para eso. En absoluto. Además que Steve Rogers no era ningún Bucky Barnes, capaz de seducir a una chica en cinco minutos. Lo más seguro era que se tropezara, se quedara sin palabras o tras setenta años sin besar a nadie, acabara por morderla o hacer alguna otra barbaridad. Yyyyyyy ésa no era ni siquiera la principal razón por la que no estaba intentando, no tenía en la cabeza ningún deseo, ni SIQUIERA se le había pasado por la mente la idea de un romance con Libby. NO. nada de eso. Sin importar las tonterías de Tony. Era casi la viuda de su mejor amigo!
Pero Howard la hizo para ti, dijo esa voz en su cabeza. Libby fue hecha… para tí.
El calor en la cara lo hizo detenerse y buscar una fuente para salpicarse agua fresca y beber. Tonterías. Libby no había sido " hecha" para nada. No había sido más que un experimento de Howard que seguramente había salido fortuitamente bien, y si los Vita Rays tenían aplicaciones médicas y podían dar ese tipo de vigor, sin duda Howard lo había hecho con las mejores intenciones. Quizá hasta tener a Libby a su lado no se le había ocurrido la idea de presentársela: quizá la encontró tan encantadora, tan gentil, que su mente aguda y a veces algo perversa había hecho las matemáticas de cómo una chica así no sólo quizá podía llegar a amarlo, sino que podía… podía aguantar tener relaciones sexuales con él. En un sentido físico. Steve había estado horrorizado la primera vez que masturbándose había retorcido la guarda de acero de su cama de campaña en la mano sin darse cuenta: la idea de lo que en la pasión, podía hacerle a una chica sin querer lo había espantado tanto que era una de las preocupaciones que le había comentado a Howard,
Quizá eso le había dado la idea, y por eso, cuando conoció a Libby y su experimento salió bien, Howard había decidido presentársela, sin decirle nada, a ver qué pasaba. Y Libby era tan encantadora! Ayer, charlando con Thor, la había escuchado explicar sus opiniones en política internacional, que iban al lado de del proteccionismo, clara y sucintamente. Era generosa y altruista, pero realista, y además de sus obvios conocimientos, tenía un suave humor y un modo de escuchar, mirándote fijo, que te hacía sentir el tipo más importante de la Tierra. Y su sonrisa! No era raro que Bucky la hubiese amado!
Quizá, si Bucky no hubiera estado allí, Libby lo habría mirado a él dos veces y qué increíble podría haber sido…
Los pasos de Steve, que había vuelto a correr, se enlentecieron, a la vista ya de la Torre en su regreso. EL pensamiento que lo atravesó ahora no estaba lleno de la desesperación habitual, sino que de una traidora, diminuta esperanza.
Bueno, Bucky no estaba aquí ahora.
Tonterías. Sólo amigos. Ella venía saliendo de un cautiverio, por Dios! Sólo amigos.
Steve se espió en una de las tiendas que abría temprano, no muy lejos de la Torre, y distraídamente, revisó tener suficientes dólares en el bolsillo. Luego se acercó a la peluquería que abría recién, sus persianas levantándose, y la peluquera que con su delantal planchado, colocaba el signo en la puerta de OPEN.
- Buenos días, ma'am.- dijo con su mejor sonrisa.- Necesito un corte de pelo más moderno. Cree que podía atenderme ahora?- agregó, su cara algo avergonzada volviéndose pícara. Qué extraño, qué increíble decir estas palabras, él, Steve Rogers.- Tengo una cita hoy.-
" no me hagas irme, por favor…"
La voz de Tony, tan seguro de sí mismo, tan sarcástico, tan invulnerable normalmente, tan protegido en sus armaduras, había sonado deshecha, culpable, nauseada, exhausta. Bruce le había ayudado a meterse a una ducha tibia: le había inyectado un fuerte calmante para que durmiera, lo había ayudado a secarse, y lo había envuelto en la enorme bata gris felpa que Bruce tenía colgada en el revés de su puerta. Tony había sido dócil como un niño, finalmente aceptando meterse en la cama, arrebujarse en las mantas y caer dormido más por efecto del calmante que otra cosa, el pelo aún húmedo apoyado en una toalla. Bruce, en la penumbra de la luz del baño, había recogido todas las horribles fotos, había rearmado en archivo y se había sentado a estudiarlo junto a la ventana, con una luz baja: pero Tony había temblado en sueños como un perro con pesadillas, y dejando de lado los crueles gráficos, se había ido a sentar a su lado, y al fin, sintiendo frío, se había metido en el lecho junto al billonario.
Que ahora parecía un indigente, la verdad, tiritando en sueños y aún oliendo a alcohol, aunque fuera caro.
La furia de Hulk se parecía mucho al sordo rumor del mar. Cuando te acercas a la orilla de una costa brava, mucho antes de verla pueden sentir el cambio en el aire móvil, el sonido del viento, y luego, la ronca vibración bajo tus pies, aún lejano, el romper de las olas. Bruce sintió el cambio: sintió su ira despertar, una ira que como siempre era inputil, pero nunca más inútil que ahora. Sentía rabia por algo que había ocurrido antes de que naciera. Sentía furia, porque un leve vistazo fortuito de Steve Rogers al televisor una mañana había puesto en marcha unos hechos que ahora enfrentaban a Tony Stark con las más profundas oscuridades del hombre que había llamado padre y había amado y detestado a la vez, que si bien no había herido a Tony físicamente como el suyo propio lo había hecho, sí lo había marcado de por vida con la falta de su afecto como a él mismo le pasara.
Pero Tony no era él. Tony no tenía a Hulk para dejar salir su furia y su dolor: Tony la forjaba, la martillaba, la convertía en energía y armadura. Pero esto era demasiado. No sólo un asesino, sino un torturador? Un monstruo?
Revelárselo a Steve iba a ser como pegarle un tiro en el corazón. Revelárselo a Tony ya había sido como una cuchillada en las tripas.
Podían no revelárselo? Había una salida mejor de todo este embrollo? Y ni siquiera podía seriamente desear que no hubieran encontrado a Libby. Lo que le habían hecho, lo que le habían estado haciendo en Alemania, era injusto y horrible. Pero acaso la habían tratado mejor en América? No era raro que hubiera visto a Tony y se hubiera largado a chillar!
Bruce, sentado junto a Tony, lo oyó gemir en sueños, y supo que ni con todos los calmantes del mundo podía espantar sus pesadillas. Lo arropó, y se acurrucó a su lado, sintiendo una inmensa compasión por ese hombre que había aguantado lo inaguantable y seguía levantándose y volviendo a golpear con ingenio, con chispa, con furia y vigor. Pero esto era demasiado.
Cuando se acurrucó a su lado, Tony abrió ojos pardos asustados, dilatados, cargados de tanta angustia y vergüenza que le partieron el corazón. Bruce hundió los dedos en el rebelde, indócil cabello oscuro, y Tony balbuceó algo, apretando la cabeza contra su mano, respirando entrecortadamente, antes de hacer un gesto torpe y apegarse a su pecho liso de físico. No, Bruce no tenía, al menos en esta forma, el cuerpo atlético e impresionante de Clint, Thor o Steve, pero Tony no parecía querer otro consuelo, otra protección. Ignorando la formas, ignorando orgullos y convenciones y reglas, Bruce lo apretó contra su pecho, y Tony alzó la vista, mirándolo un momento antes de suspirar y volver a dormirse exhausto. Bruce comprendió: podía sentir el ardor en sus ojos: los tenía verdes de cólera.
Tony ahora dormía tranquilo, velado por un monstruo. Decía mucho sobre ambos que eso fuera así. Después de tantos años de miedo y destrozos, Bruce se quitó los lentes, los dejó en el velador, y apoyó la cabeza en el respaldo, sintiendo la respiración de Tony. Por una vez Hulk era un guardián, una amenaza silenciosa que protegía, y que protegería con sus nada despreciables fuerzas, al hombre en sus brazos. Tony Stark le había tendido la mano, le había devuelto la vida, lo había sacado de las sombras: Bruce, a su modo poco demostrativo y discreto, ya habría puesto su vida en juego por él. Pero ahora que lo necesitaba, todos sus instintos de protección se habían alzado gritando: y si no había comprendido antes cuán pivotal era para él la sonrisa de Tony Stark, ahora le había quedado muy claro. Tan claro como el contraste entre sus ojos, aún de un verde radioactivo, y la oscuridad de la habitación. (15)
- No me dispares. No me quedaba cardamomo en la tetera y no puedo vivir sin él.-
- En la cocina principal no hay?-
- Ya me lo comí.- dijo Clint sin ningún remordimiento, rebuscando entre los especieros de Natasha, que contrariamente al estereotipo, no sólo tenía una cocinilla muy completa e impecable, sino que en ocasiones especiales la usaba para preparar auténticas delicias rusas. Clint, en un pantalón de pijama a cuadros y una ajustadísima camiseta que Natasha creyó reconocer como suya, había separado varias especias y hervía el anticuado samovar ruso que era la piece de resistence de la cocina de la asesina.
- Qué te ha dado por té gourmet a las siete de la mañana?-
- Es para el doc. Tengo intenciones de tener una charlita con él ahora en su laboratorio. No necesariamente una charlita muy agradable, así que llevo ofrendas: un buen té de hierbas suele distraerlo lo suficiente para que no se ponga verde y me smashee.-
- Si es sobre Libby, llévale también unas galletas de crema que tengo en el segundo estante.- dijo Natasha tras una pausa. Estaba apoyada en el ventanal más cercano a la cocina, una botella de agua mineral en la mano que había sacado del refrigerador en medio de su charla con el arquero, y mirando hacia la ciudad a los pies de Stark Tower, se veía esbelta y algo siniestra, a pesar de llevar una simple cola de caballo deshecha en mechas rojo claro desordenadas, una camisola de satín azul claro arrugada y sandalias de yute.
Clint, en cambio, se veía tan despelotado como ella elegante: pero mientras que los ojos de ella estaban nublados y reflexivos, los de él chispeaban, determinados y claros. Cuando el agua hirvió, Clint se bajó de un salto, descalzo del mueble de cocina en el que estaba sentado, rellenó el samovar y tras remover un poco la mezcla, lo dejó reposar, antes de volverse a Natasha.
-Estás preocupada por ella?-
- Por ella. Por Rogers. Por Stark. Por Banner. – dijo Nat sin expresión (16).- De rebote, por ti y Thor también. Oh, bozhe moi… mira a ese idiota.-
Clint, que tampoco sabía lo que era el vértigo, se asomó al ventanal, que era toda una pared del departamento llena de sol, y allá abajo, efectivamente, una mancha azul brillante que corría más rápido que algunos automóviles se movía hacia la Torre. No, no daba saltitos, pero ésa era la impresión general.
- Lo escuchaste reír ayer?-
- JARVIS tuvo la amabilidad de grabármelo.- dijo Clint, abrazándola por la espalda. Natasha suspiró y se apoyó en él, su nuca contra el fuerte y abultado hombro. Clint le besó el hombro, pero cuando ella cambió el peso de su cuerpo para apoyarse más en él, Clint se mantuvo firme, sin responder.
Natasha suspiró. Hacía dos meses, habían dejado de ser amantes, por mutuo acuerdo. La decisión había sido adulta, y llena de buen sentido, y lógica. Y sin embargo, nada de eso era tan consolador como los fuertes brazos y los firmes besos. Clint besaba con la absoluta concentración con que hacía todo, sus labios leyendo su cuerpo con la habilidad con que otros hombres nunca consiguen ni siquiera con las manos. Era imposible no extrañarlo: era imposible no amar a Clint, la firmeza de sus manos ásperas como guantes de cuero.
- Sé honesta. Temes que sea un agente sleeper? Que ni siquiera ella lo sepa, pero esté condicionada para en un momento pegarnos un tiro a todos? O específicamente a Steve?-
- No te parece sospechosa la coincidencia? La han usado tres generaciones. Y ahora, súbitamente, reaparece el supersoldado, vamos a rescatarla, y aparte de un hissy fit, nada? No creo que los alemanes nos tengan tanto miedo como para dejarla ir así como así. Lo que sospecho es que cuando se dieron cuenta que la tenemos nosotros… creo que están sacando las mismas cuentas alegres que Tony y Steve, aunque Capi lo niegue.-
Natasha guardó silencio un momento, y luego se soltó de Clint para darle la espalda a la luz.- anoche recordé algo más. En el 63, oí hablar del proyecto Virgin Mary. Lo oíste alguna vez?-
- Creo que no.-
Natasha pasó a su lado, y se sentó pesadamente en uno de los sillones, recogiendo las piernas. Era hermosa, así, y la mayor parte de los hombres se habrían quedado fascinados observando sus suaves piernas, los senos libres bajo el satín, la curva de sus nalgas. Pero Clint no era ese hombre, y sólo veía el dolor en sus ojos.
- Dime. No tienes que decirle a nadie más, sólo a mí.- musitó, sentándose en la alfombra a sus pies, sus manos yendo inmediatamente a masajear el pie tan encallecido como sus manos: pies de bailarina clásica.
- Su rostro me era familiar. – suspiró Natasha.- Clint, la maté varias veces.- musitó.
Era un privilegio, y también una experiencia que te devolvía la humildad. Bruce se despertó con un aroma suave a pino, mezclado con algo que olía carísimo. Trasnochado, aunque no demasiado somnoliento porque estaba acostumbrado a arreglárselas sin mucho sueño, se enderezó en el lecho para encontrarse solo, la habitación llena de sol, y la puerta del baño abierta, de donde venía el zumbido de una afeitadora. Tras unos momentos, Bruce pudo enfocar la vista, y entonces Tony Stark, a medio vestir, pero ya bañado y peinado, volvió a la habitación, su energía tan efectiva para despertarte como una jarra de café.
Lo vio elegir una camisa, la mejor de las suyas, violeta vivo. Lo vio seleccionar unos pantalones planchados que tenían lujosos pespuntes de hilos broncíneos entre la tela de un color ceniza castaño. Lo vio anudarse una corbata gris plata con detalles azules en un exquisito Windsor, y meter los pies en zapatos lustrados con alzas que el día anterior habían quedado abandonados en un rincón. Bruce, fascinando, vio al hombre que la noche anterior había sido un desastre traumatizado silbar para sí mientras colocaba en su lugar cada pieza de vestuario como si fuera una armadura, y levantaba sus muros con el orgullo y la experticia de quien lo ha hecho una y otra vez. Bruce tuvo el privilegio de ver a Tony Stark reconstruirse como pieza de cibernética, y tuvo el dejá vu de haberlo visto antes ingeniar increíbles piezas de guerra, pero ninguna tan perfecta como él mismo.(17)
- Espero que puedas perdonar mi numerito de anoche. No puedo prometer que no volveré a hacerlo, porque llevaba meses con unas ganas locas de meterme en tu cama, pero trataré que la próxima vez sea más sexy y menos dramático. De todas formas, para quedarnos con una nota positiva, no roncas, no pateas, y no te despiertas cuando uno te manosea un poco.-
- Lástima. La última vez que miré, no manosear de regreso era considerado un comportamiento muy poco educado.- dijo Bruce, alzando una ceja, y dejando que su sonrisa se expandiera, aunque no podía borrar el afecto en sus ojos.
- Y tu modestia sigue durmiendo por las mañanas! Ése sí que es muy buen detalle! Haberlo sabido antes!- Tony rió con deleite, clavándole los ojos, algo inyectados en sangre pero claros.- Voy a considerar eso un avance mejor todavía!- agregó, yendo al baño por su reloj y la muñequera cibernética que rara vez se quitaba. – Ahora tengo un montón de papeles que hacer digitalizar, pero te veré al mediodía en el lab para que… ufff!- exclamó sorprendido, porque sin ruido y descalzo, al volver a salir del baño se había encontrado con Bruce de pie, en pijama con sus rizos hechos un nido, la cara llena de determinación, y su figura, normalmente tan discreta, bloqueándole el paso.- Qué pasa? Vas a ponerte a hablar de límites y eso? Te mandaré otra afeitadora…-
Era raro que Tony se callara, pero eso sucedió cuando las manos de Bruce se colocaron a ambos lados de su cara, sujetándole las orejas y la mandíbula, y el físico nuclear llevó su cara a la suya, besándolo en la frente, en la nariz, y un segundo en los labios. Sus ojos castaño avellana se clavaron en los de Tony, que eran más chocolate, con una pregunta, la misma atención que le ponía a un experimento peligroso: y Tony, que en condiciones normales saltaba por ello, que en ocasiones corría antes de caminar, se quedó quieto, para luego dar un paso atrás, mover la cabeza, y calarse las gafas con una mano que temblaba un poco.
- Te veré a la hora de almuer—z-zo.- musitó, y salió a toda prisa. Bruce movió la cabeza, y aunque cerró los ojos, preguntándose qué había hecho, se negó a pensar en eso en ese momento. Había mucho que hacer.
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(5) El problema con los electrodomésticos de la cocina de la Torre era que con frecuencia en sus noches insomnes, esperando que se hiciera el café, la mirada de Tony solía caer sobre alguno de las desgraciadas maquinitas, las cuales eran violadas, abiertas, desarmadas y vueltas a armar por un genio insomne, a veces borracho y otras veces zombie de sueño. Por ello, en ocasiones el microondas sintonizaba Radio Tokyo, la batidora tenía Candy Crush incorporado y el refrigerador anunciaba el clima, entre otras cosas. Por eso, si algo se podía hacer a mano, Steve prefería las menos sorpresas posibles.
(6) Bruce, Bruce… dónde estabas para Civil War?
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(14) Thor y Steve, dos carnívoros convencidos, siempre se habían negado a aprovecharse de eso y pedía plato a plato con toda urbanidad
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(18) FADE AWAY.-El aroma de la ceniza estaba en todas partes, incluso en el hospital, en donde se mezclaba con el olor penetrante del alcohol, del yodo, de las heridas putrefactas, de la sangre, de hombres heridos y sufrientes. Pero ya no quedaban pacientes: después del último raid y la liberación, todos los pacientes habían sido trasladados al cercano hospital de St Honoré, en donde los suministros alemanes habían sido requisados y los heridos tenían una esperanza de si no recuperarse, al menos morir bajo los efectos de la morfina y no gritando.
El pequeño hospital cercano a la base había sido originalmente un convento y dispensario, planeado para albergar veinte camas de pacientes. Desalojando a las monjas, el convento había tratado más de 150 soldados a la vez, y habían tratado de proteger el edificio, la retirada de los alemanes había provocado un raid en venganza. A pesar de la cruz roja pintada en el techo, una bomba había sido arrojada, y el gran patio del convento, varias de sus salas y la capilla habían volado en pedazos, incluyendo 43 pacientes, 11 enfermeras y médicos y 8 asistentes.
Libby era una de las pocas enfermeras que quedaban en el vacío edifico, recogiendo los pocos insumos que habían quedado atrás: sulfa, vendas, gasa, yodo, aceite de ricino. Los pasos resonaban en el viejo edificio de madera y cemento a medio derruir, y en un segundo piso que crujía ominosamente, Libby estaba de rodillas metiendo la mano cuidadosamente en una anaquel derrumbado, sus puertas de vidrio agudas como dientes, mientras recogía unos paquetes estériles de agujas y cordón para sutura.
Pasos en el pasillo, con botas. Libby alzó la cabeza, y entonces se asomó a la puerta un rostro joven, que necesitaba una afeitada, pero tan cargado de buen humor a pesar de las ojeras y las mejillas pálidas que parecía apuesto, aún en un uniforme bastante maltratado.
- Ma'am? Oh, Libby! – dijo James Buchanan Barnes, su rostro distendiéndose en una gran sonrisa.- Qué bueno que seas tú… quería verte. Estaba ayudando a limpiar el patio, y encontramos unas cajas de medicamentos… estaba buscando a quién entregárselas. No sé si servirán o si están dañados, pero… - agregó, colocando dentro de la sala varias cajitas de cartón azul, algunas manchadas de ceniza. Libby, que había estado arrodillada en el suelo, se levantó y fue a verlas, su rostro iluminándose al notar que eran tubos de picrato.-
- Esto es fantástico, Sargento Barnes. Con los remanentes prepararemos cajas de primeros auxilios para todas las unidades que alcance… el picrato vendrá muy bien para quemaduras. Muchas gracias por traerlos!-
- Morita estará feliz… sólo demando que una caja le llegue al médico de mi unidad. Nos hieren con tanta frecuencia que es casi ridículo. Y el que Steve se cure no significa que no le duela.- agregó con acidez, antes de recuperar la sonrisa.- me llamaste Sargento? Pero no te dije anoche que me llamaras James? Y todo el mundo me llama Bucky!-
- Bueno, eso fue cuando nos presentaron en el bar.- dijo ella con cierta timidez.- Como esto es parte del trabajo, pensé…-
- Buena, una chica guapa como tú puede llamarme como le dé la gana. Si te olvidas de mi nombre sólo silba.- bromeó Bucky, dejando su quepis en una mesa e inclinándose junto al anaquel volcado.- Estabas metiendo las manos aquí? Es peligroso, hay mucho vidrio… se desarmará si lo enderezo? Así al menos verás lo que haces.-
- No creo que soporte, y además la base está forrada en metal. Pesa mucho.- dijo Libby, nerviosamente tendiendo las manos, pero Bucky, en el modo honrado por los hombres a través de las generaciones, se quitó la chaqueta, se arremangó las mangas de la camisa, y sujetando el costado del mueble volcado, dio un tirón brusco, ignorando a la mujer.
El anaquel fue alzado en vertical, y parecía imposible que el cuerpo del sargento, fuerte pero sólo un hombre. Pudiese sostener ese peso. Sin embargo, lo logró, con una aspiración brusca, y lo apoyó en la pared, sus contenidos resonando dentro como cascabeles, y entonces, para horror de Libby, un pedazo de vidrio se desprendió de la puerta rota y aunque no más grande que una aguja, cayó directo en el muslo de Bucky, en donde se clavó como un dardo.
El sargento maldijo, su acento de Brooklyn clarísimo, pero no soltó el mueble hasta dejarlo firmemente apoyado contra el muro, y antes de prestarle atención al corte, sacó con las manos el resto de los pedazos de vidrio de las ventanitas, dejando los insumos dentro revueltos, pero asequibles sin riesgo.
- James, estás sangrando!-
- Libby, es un rasguño-
- No, hay que desinfectarlo!- dijo la muchacha, reabriendo una de las bolsas de tela a un costado. – siéntate en la camilla… tengo que sacarte ese vidrio…-
- Me va a doler?-
- No que era un rasguño?- . ,
- La verdad es que soy bastante cobarde.- dijo James, sentándose obedientemente en la camilla. Libby atrajo un pequeño taburete y se sentó entre sus rodillas, su cabeza a la altura de sus costillas, e intentó colocarse en un ángulo con la mejor luz.- Libby, de verdad no tienes que…-
- quítate los pantalones.-
Bucky se levantó, soltándose el cinturón y luego bajándoselos hasta las rodillas sin mucha autoconsciencia, pero al ver que Libby no sonreía, buscando pinzas, encontró su mirada y aparentó quejarse.- Pero sí sólo nos conocimos ayer! De verdad le dices lo mismo a todos?-
Libby se puso roja, parándose en seco, y Bucky soltó la carcajada.
- no… no es…-
- Libby, te pareces a Steve. Ya sé que ayer no hablaron nada, pero en serio, tienen que conocerse mejor. Ese sonrojo de las sienes al pecho es igual al suyo.- la joven bajó la vista, apún más violentamente roja, y Bucky alargó la mano para echarle un mechón rubio que se había escapado del apretado moño de rodete trenzado atrás.- No te enojes… es sólo una broma. Eres muy guapa sonrojada. De hecho, eres muy guapa de cerca… la mayor parte de la mujeres no son tan bellas de cerca, pero tú, caray…-
- Tengo.. tengo que desinfectar.- musitó ella, aún roja y ocultando los ojos en el flequillo: pero su mano era firme y eficiente al aplicar un algodón en una pinza empapado en yodo a los costado de la herida, y Bucky siseó, su voz coqueta quebrándose en una maldición.
- Eso duele!-
- Dolerá más si se infecta y hay que rasparlo.- dijo ella compasivamente. - Ahora sujétate del borde de la camilla, voy a extraer el vidrio.- agregó, tomando la pinza después de sumergirla en alcohol. Bucky inspiró por la nariz, pero cuando la punta rozó el pequeño triángulo de vidrio, se tensó y sus manos fueron automáticamente a aferrar la muñeca de Libby con amenazante fuerza.
- No me gusta el dolor, Libby.- dijo de súbito con voz ronca. Ella clavó sus ojos claros en los suyos, y en el profundo azul Bucky creyó ver algo familiar, una especie de fe, de seguridad, de incorruptibilidad. Ella dejó la pinza apoyada en tela estéril, y tomando sus manos, las llevó a sus hombros, sin dejar de mirarlo, y luego recuperó la pinza, y deslizando dedos bañados en yodo por los costados de la herida, usó las tenazas y retiró el vidrio.
Las manos de Bucky se tensaron , yendo a su cuello, pero tras respirar un momento, se relajaron, los pulgares despacio acariciando la piel sobre las arterias carótidas. Libby no dejó de trabajar, conteniendo la sangre, aplicando sulfa, y luego un parchecito, asegurándolo con espadrapo en el fuerte muslo, colocando sus utensilios con mucho cuidado de regreso en la mesita. Sólo entonces volvió a levantar la vista al hombre que no había soltado su cuello, y que la miraba con tanta atención, tan cerca.
- James? Dolió mucho?-
- No, es… es una tontería.- dijo él, y aunque había algo en sus ojos, una vieja memoria de horror, de pronto sonrió, sus cejas elevándose burlonas.- le vas a contar a todos que hice un show?-
Ella movió la cabeza.- No haría eso. A nadie le gusta el dolor.- dijo ella, y su rostro fue muy suave.- ustedes salen a exponerse a cosas mucho peores sin miedo… James, si pudiera, me gustaría salir a los campos de batalla, a ayudar a verdad, a hacer más que esto…-
- No, por favor.- pidió James, aún sin soltar su cuello.- no me hagas tener otra preocupación más. Sería horrible que algo te pasara. Pensé que ibas a volver con Howard Stark a casa, no que pretendías quedarte acá…-
- Cómo podría volverme? Es lo menos que puedo hacer, ustedes están haciendo todo esto por nuestro país, yo también quiero hacer mi parte…-
- Oh, por la recontra mierda, hay más de uno y me tocan a mí…- bufó Bucky, echándose a reír. La mirada de ella era ofendida, un poco dolida, un poco desconcertada, pero eso cambió cuando de súbito, aún sin acabar su risa, Bucky Barnes cerró las manos en su cuello y la atrajo, su boca cubriendo la suya con una presión cálida, sus dedos sosteniéndole la nuca mientras lo profundizaba.
- James…! - Balbuceó ella contra sus labios, pero no fue hasta unos momentos más que Bucky, sin soltarla, retrocedió unos pocos centímetros. Sus ojos se abrieron, y tenía las pupilas dilatadas mientras sus ojos recorrían su rostro inquisitivamente, aún cuando sus labios casi se tocaban. Sus manos le acariciaban la cabeza, los cabellos, la mejillas, sin detenerse, pero su voz era gentil.
- Está bien esto? Quiero hacer esto desde anoche… Libby, quieres esto? Dime que puedo seguir…- repitió, su aliento un poco alterado. Unos besos más, y Libby asintió ciegamente bajo sus manos, los labios de Bucky abriéndose para succionar su labio inferior, deslizar su lengua contra él con firmeza, sus manos yendo a envolver su mandíbula para empujar los pulgares en sus pómulos y abrirla a su invasión, su lengua encontrando la suya. Libby emitió un gemido quebrado cuando él succionó la lengua de ella, y cuando Bucky se puso de pie lo siguió ciegamente, sus manos agarradas del pecho de su uniforme con torpeza. Bucky deslizó las manos por sus costados, y rodeándola con los brazos demostró de nuevo su asombrosa fuerza al alzarla para depositarla en la camilla, pero como era de esperarse, olvidó que tenía los pantalones en los tobillos, y con un uff de sorpresa perdió el equilibrio cayó encima suyo, su cabeza golpeándose con fuerza contra la pelvis de ella
- aww… ouch.,.!-
- … joder… - la voz de Bucky sonó ahogada contra su vientre.- Libby, lo siento, me haré perdonar…- musitó, frotándose la frente con una sonrisa culpable. Libby, que se había sentado bruscamente al dolor del golpe, movió la cabeza, e iba a decir algo, cuando la mano de Bucky fue sin demora a cubrir el lugar golpeado, mientras subía una rodilla sobre la camilla.
- Bucky…!-
- Ssssh. Haré que te guste, lo prometo.- dijo él, su mano arqueándose expertamente. Libby jadeó, y se agarró de sus hombros, lo que él aprovechó para apoderarse de su cara de nuevo con su mano libre y volver a besarla con toda su habilidad. Cuando sus besos se enlentecienron, su mano se movía firmemente entre los muslos de ella, y sus ojos estaban nublados de deseo, las mejillas rojas.- Eres tan bella… te ví anoche y quise que fueras mía…-
-No… deberíamos… alguien puede venir…- susurró ella, aunque su pelvis tembló, ansiosa, contra la mano de Bucky. El sargento dilató su sonrisa y se lamió los labios enrojecidos por los besos, para luego empezar a desabotonar con su mano libre la blusa de Libby.
- Entonces deberíamos darnos prisa.- sugirió, llevando las manos de ella a su pecho, en donde empezó a desabotonar obedientemente su camisa. Para su deleite, cuando la tuvo completamente abierta, lo que hizo fue acercar su rostro y besar su pecho, sus dedos ayudándole con los puños para liberarlo por completo, y en cuanto la camisa cayó al suelo, sus manos fueron a sus costados, a sus pectorales, besando, acariciando…
- Oh, Libby.- dijo Bucky, su voz burlona siendo reemplazada por algo más ardiente, más definido.- te gusto? Quieres ser mi chica? Dí que sí… no me digas que prefieres al idiota de Stark…-
Ella negó la cabeza, una sombra en sus ojos, y aunque hubo una pausa, lo siguiente que hizo Libby fue quitarse su propia blusa de un tirón, y tenderse en la camilla con una expresión determinada, tendiéndole una mano. Bucky entrelazó los dedos con ella y tendiéndose sobre su cuerpo, besó el tibio vientre, suave y femenino, deslizando su nariz por él: besó el algodón que cubría sus senos, y frotó sus mejillas contra los firmes montículos hasta que los pezones se hicieron obvios y turgentes, y con un "ah!" burlón de sorpresa, los acarició con la boca, sin dejar de mirarla, hasta que la vergüenza de Libby pudo más y se cubrió la cara con las manos mientras Bucky succionaba y mordisqueaba sus pezones, y su mano se liberaba para bajar los tirantes del sostén, desnudar sus pechos lentamente y luego volver al espacio entre sus piernas.
- Dime qué te gusta… no me dejes que te folle mal… ésta es nuestra primera vez, no puedes esperar perfección enseguida… guíame, Libby… dime qué se siente… quiero saber todo de mi chica…-
Libby se arqueó contra su mano cuando Bucky usó su lengua para empujar el sensible pezón contra su paladar, al mismo tiempo que dos dedos acariciaban el borde de su ropa interior y haciéndola a un lado, se deslizaban determinados contra los suaves labios de su sexo.
- James! Sí… sigue… sigue… en mí… tócame…-
Bucky hizo un sonido de excitación y triunfo cuando un dedo encontró un punto húmedo y pudo hundirse, penetrándola: la vibración de su voz contra su seno hizo que Libby emitiera un gemido agudo, y su cuerpo se tensara bajo él, el orgasmo contrayendo su sexo contra su mano.
- Libby… te ha gustado? Más? Deja que te dé más…- susurró él con fervor, el placer y el orgullo mezclado en sus ojos. Libby asintió con los ojos cerrados y él se movió sobre su cuerpo, sus manos yendo a desvestirla de la falda y la ropa interior, las medias y la faja con una habilidad asombrosa, y un momento luego estaba tendido sobre ella, su cuerpo caliente como un horno presionándola contra la camilla, acunado entre sus muslos, sus brazos rodeándola, los codos apoyados junto a los hombros de ella para no echarle encima todo su peso.- Está bien así? Quieres que siga?- preguntó él, aunque estaba sonrojado y Libby podía sentir su erección, la carne dura y pulsante, recostada entre sus piernas, insistente contra su vientre.
- James…- dijo ella con una dulzura que parecía tierna y hambrienta a la vez, la mano de ella buscando su mentón para besarlos, yendo a su hombro, oprimiéndolo contra ella. Bucky emitió un jadeo excitado, le aferró la cara para profundizar esos besos, y luego deslizó la mano abajo para volver a hundir sus dedos en ella, aún mientras su sexo caliente se frotaba entre ambos, erecto y listo, la ancha cabeza presionando su vientre, los testículos apretados meciéndose contra el clítoris enrojecido de ella.- James, en mí…- pidió, sus muslos alzándose contra las caderas de él, cálidos y sedosos.
- En un momentito…- dijo él, una sonrisa aunque apretó los dientes. Y se meció contra ella, sus dedos preparándola, acariciándola por dentro, moviéndose hasta que su sexo dejó gotas viscosas entre ambos, pero nada comparado a la humedad que empapó la mano de Bucky cuando ella se tensó por segunda vez contra él, la contracción en su vientre haciéndola gritar contra su cuello.- Ahora… ahora…- jadeó él, acomodándose caliente como un ascua contra la entrada húmeda.- Libby, voy a meterme en ti… dí que puedo… Libby, dí que quieres que lo haga… tienes que decirlo ahora, después ya no podrás decir nada…-
- James? Ha… hazlo…- susurró ella, y su cuerpo se arqueó cuando él la penetró lento, pero sin detenerse hasta el mismo fondo.- ah… aH!-
- Eso. Después, si puedes hablar, es que lo estoy haciendo mal.- musitó él con una risa contra sus pechos, para luego empezar a moverse, los empujes lentos y profundos.- Dios! Es delicioso!- jadeó. Se detuvo un momento para apretar las piernas de ella alrededor de su cintura, dejando que sus pies apoyaran los talones en sus nalgas, y le acarició los senos, sus pulgares jugando por los pezones antes de bajar la cabeza y succionarlos húmedamente, rodándolos entre los dedos en una pausa, aún latiendo dentro de ella.
- James… muévete…- exigió ella en un resoplido tembloroso, sus piernas oprimiéndolo. Los ojos de Bucky estaban negros de lujuria, pero aún había humor en su voz cuando habló mientras le besaba los pechos.
- Dame un segundito… no me patees… sólo necesito un momento… o será muy rápido…- jadeó, hundiendo la nariz contra su cuello.- Está tan apretado… tan sedoso… Libby… no lo repetiré nunca más pero… no me pegues pero… es el coño más delicioso al que se lo he metido… follarte se siente increíble… tengo que tenerte… mía… - jadeó, y en contraste con la pornografía que susurraba, sus ojos eran honestos en su deseo, su cuerpo vigoroso empezando a moverse sobre ella. En algo no había mentido: ella no podía hablar, no podía casi pensar, cuando sin ninguna elegancia Bucky onduló sus caderas, su ritmo haciéndose más frenético y violento a cada momento, una sonrisa triunfante en su rostro sudoroso mientras se balanceaba en manos y rodillas. Cuando ella empezó a retorcerse ciegamente, sus jadeos casi sollozos de placer, Bucky acortó la distancia, sujetándola con el peso de su cuerpo, aferrando sus hombros tras pasar sus manos tras la espalda de ella, el corazón de ella claro en sus latidos enloquecidos contra los brazos de Bucky, Sus caderas se movieron en un stacatto enérgico, y todo el cuerpo de ella se contrajo: él vio venir el grito, y lo devoró en su boca mientras el cuerpo de ella se convulsionaba violentamente a su alrededor. Quiso aguantar, quiso resistir, pero su voluntad no fue suficiente, y la vagina de ella, insistente como una boca, contrayéndose como una mano, le arrancó un grito y el semen se escapó de él como agua hirviente de una tetera, el grito de él ahogado contra sus senos mientras todo se volvía del rojo tras sus párpados. Era delicioso, insoportablemente delicioso…
