CAPÍTULO 6

The breathing gets harder (1)

La música latina rebotaba en las paredes enlozadas del laboratorio de física nuclear en donde Bruce pasaba su tiempo, y Clint, la tetera en la mano y ya vestido con su habitual combinación de jeans y camiseta, dio un respingo al ver al normalmente tranquilo doctor canturreando para sí, su cabeza quieta en un microscopio pero sus hombros moviéndose al ritmo levemente. (2) Debía de ser un espécimen muy interesante, porque Bruce Banner, que no era nada si no era educado, levantò un brazo y le señaló sin volverse un rincón del laboratorio en donde habían mugs y algunos papeles, incluyendo un sandwich vegano a medio comer de pepinos, lechuga y algo que parecía manzana rallada en crema.

- Qué me delató, doc?-

- No fueron tus pasos, Clint, fue el aroma del té. Puedo oler del cardamomo a kilómetros, con lo que me gusta.- dijo Bruce sonriente, al fin quitando la placa de vidrio del microscopio con un gesto rápido y yendo a sentarse en una alta banqueta, frente a él. Clint lo estudió con curiosidad mientras servía el té, porque Bruce parecía algo diferente: no mal diferente, ni extraño diferente, pero era muy distinto a lo habitual en su aspecto. Clint estaba acostumbrado a gente que dominaba sus rasgos al límite, y por eso Tony, Steve y Thor, que no podían fingir ni para salvar sus vidas, le eran tan refrescantes. En cambio, el científico, que sonreía pocas veces, a veces lo hacía con los ojos, aunque sus labios que mantuvieran quietos.

En cambio, ahora tenía una sonrisa dura y determinada, y sus ojos echaban chispas, vivos y agudos. Pero con nada de verde.

Hasta conocerlo, a Clint los ojos verdes, como los de Natasha, le habían parecido bellos, pero un color frío. Ahora, tras ver los de Bruce, el verde le parecía un color ardiente.

En cambio, los suaves ojos avellanas de Bruce en este momento tenían la pinta de ser avellanas congeladas, de ésas que puedes usar como postones.

- Doc... pasa algo?-

- Si te diste el trabajo de traerme té a esta hora, seguro que no es para preguntarme eso.- dijo el doctor gazmoñamente, y sí, Clint sabía cuándo alguien tenía un secreto.

- Quería hablarte sobre Libby.- dijo Clint. El doctor le dio un mordisco a su sandwich y masticó pensativamente, antes de gesticular con lo que quedaba de pan y verdura.

- Desde que ella llegó, la cantidad de gente que quiere hablar conmigo se ha quintuplicado. Literalmente. Debería comprarle un ramo de flores, así como vamos.-

- No quieres comprarle flores. El capi se las comería de la rabia. Diga lo que diga, se nota que siente que por fin alguien le bajó una pareja del arca de Noé.-

Bruce frunció los labios en una sonrisa.- sí, bueno, Steve es una prioridad, pero no mi prioridad en este momento. Qué averiguaron tú y Natasha? Porque es eso, verdad?-

- Todos esos rizos son parte de tu cerebro, verdad? porque si no, no me lo explico. O es para disimular las antenas extrasensoriales?-

- Las antenas extrasensoriales las tengo disimuladas en otra parte.- retrucó el doctor, sorbiendo el té con placer y un gesto de profundo alivio.- oh, qué bueno está esto. Nadie hace tan buen té hindú como tú, Clint.- halagó al arquero que reía.

H ubo una pausa, agradable mientras los dos sorbían el tibio y perfumado líquido , y cuando a Clint sólo le quedaron unos dedos en el mug, que grande y de porcelana blanca tenía estampado en un costado IM A PHYSICIST, FLIRT HARDER.(3)

- Nat está segura de haber conocido a Libby en el Red Room. O sea, no Libby. cree que algunos de los óvulos que le sacaron los usaron para crear candidatas al Red Room. Recuerda al menos ocho. Dice que ella misma mató cuatro.-

Bruce se quitó los lentes, los limpió en el delantal y se los caló con un parpadeo algo severo.- Clint. contéstame esto seguro. Te dijo si tenían poderes? si eran más rápidas, más resistentes, algo?-

- Dice que no. dice que se acordaría seguro.- dijo Clint, su mano apretando el otro tazón, que estaba estampado con un gato Pusheen verde y erizado (4).- Hace varios años leí algo sobre el programa Virgin Mary en la URSS. Comprenderás que con ese nombre me llamó la atención. Aparentemente, seleccionaban a las mujeres más hermosas, inteligentes y saludables para meter sus óvulos en probetas y luego fecundarlos con los espermios de los líderes del partido. Se rumorea que Stalin tuvo dos docenas de hijos así.- Clint flexionó la mano, que crujió.- Natasha piensa que si no tenían acceso directo, compraron óvulos de Libby y eso les dio la idea. Y que por eso enviaron los resultados al Red Room para ser entrenadas en el programa Black Widow.-

- Eugenesia, eugenesia everywhere.- dijo Bruce con irritación.- Siempre que piensas que la humanidad no puede caer más bajo...-

- Bruce, que pasa si Libby es un sleeper agent? Qué pasa si no es la original, es un clon o algo así, y la mandaron exclusivamente a ordeñar a Steve, a Thor o algo? Es fuerte y resistente, pero sobre todo... tú viste como reaccionó Steve a ella! Eso no es normal!-

Bruce lo miró largamente, y luego se hamacó en la silla.- Clint, tienes novia?-

- Ah? Algo ... así. Porqué...?-

- Cuánto es lo más tiempo que has pasado separado de Natasha, de tus amigos... undercover?-

- En misión? Pasé una vez cuatro meses encubierto en Chechenya.-

- Steve Rogers lleva cuatro años de guerra, setenta en el hielo y cuatro aquí encubierto. Hashtag, "perdona su alegría" al poder ser Steve con alguien y no el Capitán América. Clint... lo que le pasa es terriblemente normal. - dijo despacio, y luego lo miró a los ojos.- a mí me pasa exactamente lo mismo. -

Clint elevó una ceja, y luego bajó la vista azorado.- No tienes que contarme si no quieres. Caramba, yo pensé que yo y Nat ya éramos la telenovela de la torre, y resulta que nosotros...-

- Tú eres capaz de apartarte de Natasha por el bien de ambos, y eso lo admiro. Y es algo que yo no me creo capaz de hacer, sospecho que no podría sacarme del lado de Tony ni con espátula.- concluyó abiertamente.- Ahora, si tienes tanto miedo de que Libby de pronto salte e intente ahogarme con la pelvis como hacen las Black Widows, quédate a la sesión de la mañana. Voy a empezar con una regresión. No eres el único que quiere respuestas, Clint. Pero creo que yo soy el más dispuesto a sacárselas.-

Una hora luego, Libby estaba sentada en una oficina vacía que Bruce se suponía que usara como propia: la verdad, todas sus cosas estaban en el laboratorio. En la oficina sólo había un sofá que Clint había arrastrado de la lounge, un escritorio y tres sillas, además de un anaquel de libros pesados de física nuclear y ahora, una cámara en un trípode, para que JARVIS grabase la sesión.(5)

Clint estaba sentado en el escritorio, apoyado en las palmas como si estuviera listo para saltar en cualquier momento, como un pájaro de presa. Bruce se había sentado en la silla, a medio metro de la joven, sus codos en las rodillas mientras se frotaba las manos, con algo de anticipación: el nudo de su corbata, que ya había estado ladeado, se había deshecho con tantos tirones, y colgaba como una cinta sobre la camisa amarilla y su bata de laboratorio.

Libby, con un pantalón recortado color rosa y una larga polera de punto blanca que se ajustaba a su cuerpo, estaba sentada, un poco hundida en el sofá, la cabeza reposando en el respaldo, los ojos cerrados. Respiraba hondo y tranquila: Bruce le había dado un sedativo suave, pero en gran cantidad, que se liberaba lentamente desde un suero enganchado a un costado de la pared. Llevaba zapatillas de gimnasia, y el cabello suelto: a Clint le sorprendió de nuevo lo hermosa que era, ahí bañada por la luz de la mañana.

Había dicho la verdad en el quinjet: la belleza, en su trabajo, era algo peligroso, un arma y una amenaza. Pero era difícil ver a Libby como otra cosa que una mujer joven y asustada, y allí radicaba su peligrosidad. A pesar de que todos sus instintos de años de espionaje le repetían a Clint que tuviera cuidado, en el fondo de su corazón, lo que quería hacer era tranquilizarla.

Bruce la miraba fijamente, en cambio, como quien mira algo horrible.

- Libby. Soy Bruce Banner. Tu médico. Estàs en un lugar seguro, y quieto. Puedes ver imágenes, pero nada puede lastimarte: es como ver imágenes en un televisor.-

-... televisor...-

- como en el cine. Libby, necesito que te concentres en cerrar los ojos. puedes hacer eso por mí?-

- Ya... están cerrados.-

- Hazlo otra vez. Sin mover los párpados. Sólo imagina tu cara, cerrando los ojos.-

- Ya...?-

- Otra vez. Mentalmente. Cierra los ojos. Otra vez. Otra vez. Otra vez. Te estás hundiendo el algo suave... estás tan segura. Otra vez. Otra vez... otra vez... siguen hundiéndote... otra vez... hazlo hasta que toques fondo, Libby.-

Hubo una pausa, y los ojos de ella bajo los párpados de movieron como en un sueño rem.

- Libby? me oyes? Dónde estás?- susurró Bruce. Ella movió el cuello, como si mirase a su alrededor, o se acomodara, y su voz fue muy tenue.

- Es el sol... es casa.- murmuró.

- Cuèntame cómo es, querida.-

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Steve tenía la vieja costumbre americana de atiborrarse los bolsillos de cosas, y en realidad no importaba, porque incluso una pequeña corchetera en sus bolsillos no lograba arruinar las perfectas líneas del cuerpo de adonis que poseía. Si hasta había puesto de nuevo las camisas a cuadros de tela delgada y los khakis pinzados, para la irritación de Tony. Sin embargo, esta vez era tan jodidamente enorme la cantidad de cosas que había decidido cargar, que acabó sacando la bolsa de mensajero que Peggy le regalase en su último cumpleaños, y que cuando su cara telegrafió que creía que ella estaba confundida por el Alzheimer y le estaba regalando una cartera de mujer, había soltado una enorme carcajada antes de mostrarle en fotos de modelos lo populares que eran para varones. Usarla ahora era práctico, pero una parte de él lo hacía sentir que si lo analizaba, encontraría una especie de justicia poética o algo así en el hecho.

Baby wipes: una peineta: caramelos para el aliento: una botella de Coke y otra de agua mineral: una pequeña mantita de tela polar, por si elegían sentarse en algún lado o ella tenía frío: unas pastillas para el mareo ( la primera vez en un mall le había pasado eso) unas galletas de perro por si algún caniche ataca- tobillos se iba encima y la asustaba: una cinta de medir, por si ella quería probarse ropa ( las tallas de vestuario definitivamente no eran lo que habían sido: sus camisetas L durante la guerra le habían quedado adecuadamente y no como pintura) un bollo de zanahoria suficiente para un par de supersoldados, y una barra de chocolate, porque Peggy decía que ninguna chica podía ser hostil con chocolate en la boca.

Eso, sin contar billetera, monedero, documentos, tarjetas de metro, de crédito, de débito y de identificación, pañuelos desechables de papel, unos clips y algo que su madre decía que nunca le podía faltar a un caballero: un anticuado pañuelo de tela, un alfiler de gancho y una diminuta aguja enrollada en hilo.

Sí, también llevaba un par de condones en la billetera, algo que si le preguntaban, había olvidado, que aunque hubiera checado la fecha de expiración dos veces.

Si no hubiera sido un supersoldado, seguramente no habría podido cruzarse el bolsito sobre la camiseta con cuello que se había puesto, de un agradable verde claro, sobre jeans muy azules y su mejor casaca Nehru color beige (6), que sólo usaba en entrevistas.

Steve, que sólo sabía que incluso Maria Hill lo halagaba cuando la usaba, subió la escalinata a la sala en el penthouse en donde solían bromear que todos vivían, que tenía escalera privada al pasillo de los laboratorio. Habìa prometido esperar allí a Libby, y se sentó allí pacientemente, haciendo saltar las rodillas en puntas de pie inquietas. Sí, tenía suficiente autoconsciencia para reírse de sí mismo, pero aún así, se tuvo que contener para no silbar.

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- El sol... es cálido en mi cara. Hay colinas alrededor... muy verdes. Hay trigo... trigo amarillo alto, y maíz. Y hay un glaciar a lo lejos- musitó, sus ojos contrayéndose y soltándose en un movimiento casi indetectable, pero los ojos de águila de Clint captaban claramente el temblor como el sol relucía en las pestañas doradas. Pero al escucharla bien, sus ojos se entrecerraron, y arriesgó una mirada a Bruce, que tomaba notas, su rostro inexpresivo.

- Es algún código? es absurdo...- murmuró, pero Bruce le hizo un gesto de silencio, y continuó con su voz más amistosa:

- Hay una casa. Cómo es la casa? Quién vive allí, querida?-

- Es... larga. Madera gris, ladrillo rojo. Paredes blancas... ventanales de rombos tallados... cristal y una fuente y césped... césped en círculos. Hay un árbol seco... y un árbol grande y verde con duraznos y un columpio.-

- Quién vive allí?-

- Padre, madre. Padre. Padre, padre. Padre.-

- Libby, ahora te vas de esa casa. Cuéntame qué edad tienes, querida.-

- Quince. Veinte. Veinte. Veinte.-

Bruce asintió, su mano trazando rápida escritura en su bloc. Clint sabía que excepto Steve, quizás, todos los demás ya casi habían olvidado lo que era escribir a mano: la mayoría prefería las pantallas táctiles y las grabaciones de Jarvis. Pero había algo íntimo e intrasferible en el garrapateo de Bruce, algo que parecía añadir aún más intimidad a esa sesión en la oficinita soleada.

- Adónde vas a ahora, querida?-

- Los Angeles... Berlín... Berlín... Sttugart?-

- Querida.- dijo Bruce con voz suave.- En Los Angeles conociste a Howard Stark?-

EL DOLOR EN INCANSABLE, INENARRABLE, INTERMINABLE

EL DOLOR ES PEQUEÑO

EL DOLOR PERMEA TODO, LOS CIELOS AZULES, EL SOL, LA RISA.

EN DOLOR ES INSOPORTABLE HASTA QUE EL ROJO GOTEA EN PORCELANA, Y EL CUCHILLO SE DESLIZA

SE CORTA EL CORDÓN DEL GLOBO Y SE ELEVA

SE ELEVA.

DOLOR, LUEGO SUEÑOS, MÁS SANGRE, Y PARTIDA.

LUEGO PAZ.

- Y lo conocía?- Natasha ya se había vestido, pero aún estaba sentada en el sofá, las rodillas marcadas en el flojo pantalón de yoga que llevaba, los brazos rodeando sus esbeltos muslos. Clint sabía que sólo ante él Nat se permitía ser tan expresiva en su postura, en sus gestos:

- No lo sé. Primero dijo que sí lo conocía, y luego lo negó... dijo que nunca lo había conocido. No sé si el sedativo que le dio el doc era muy fuerte, pero parecía que hablaba sólo tonterías francamente. -

- Tú sabes lo confuso que puede ser desenredar una de esas marañas. Tú estabas ahí cuando desactivaron mis triggers.- dijo ella, la mejilla apoyada en las rodillas: con cada palabra que decía, parecía esforzarse en hacerse más pequeña. Clint se sentó a su lado y la rodeó con el brazo, y cuando ella apoyó la cabeza en el fuerte hombro, inclinó la cabeza y le besó los cabellos.

Nat levantó la cabeza, se miraron y ambos maldijeron sonoramente, ella en ruso y él en romani. Los dos se apartaron al mismo tiempo, pero era obvio que en el fondo, ninguno de los dos lo deseaba.

Los dos se amaban. Se amaban profunda y apasionadamente: Natasha Romanova, que no confiaba ni en sí misma, confiaba en Clint Barton con un abandono que bordeaba la adoración, mientras que Clint la amaba como ciertos hombres aman los lugares hermosos, inaccesibles, inhóspitos y asesinos.

- Lo siento.- dijo ella tras una pausa. Clint negó con la cabeza, sus cejas apenadas y enojadas a la vez, y se cruzó de brazos. En cierto sentido, los dos se abrazaban a sí mismos, tratando de consolarse cuando ya no podían consolarse el uno al otro por miedo de la línea que habían trazado.

- Es culpa mía, Nat.-

- Dijimos que no habrían culpas.-

- Tienes razón.- dijo él, y le sonrió con esos ojos color vino amarillo, que a veces eran casi verdes y a veces casi dorados. Nat no lo miró, porque podía perderse en esos ojos que parecían verlo todo en su humana sencillez, y se mordió los labios: y los dos, en perfecto paralelo, se contuvieron, antes de seguir hablando con calma.

- Y cuando Bruce terminó?-

- Fue bastante horrible. Había una memoria... una vez habló sobre sangre, mucha sangre, y un cuchillo. No sé si mató a alguien o no. Y sin embargo yo testeé sus reflejos, Nat. Podría agarrar un pájaro en vuelo, pero claramente nunca ha manejado un arma: no sabría por qué extremo sujetarlo. -

- No se necesita mucho para usar un cuchillo.-

- Se necesitan las ganas de matar o al menos de defenderte. Nat, cada vez que hice el gesto de invadir su espacio o amenazarla, se hizo bolita como un gatito.- Clint movió la cabeza.- no sé cuántos de sus óvulos fueron compañeras tuyas en el programa Black Widow, pero ella, ciertamente, no.-

- Ninguna se graduó. Y no éramos compañeras. No habían compañeras en el programa, Clint.- dijo ella fríamente.

- Cómo sabes que ninguna se graduó?-

- De primera mano.- dijo ella, y su rostro como siempre que hablaba del Red Room, se volvió más perfecto, más frío, más inquietante.

Su belleza era inhumana. Y no era un halago.

- Nat?-

- Yo fui su examen.- dijo ella, su cara helada. Era la expresión que Clint más odiaba. Era la cara con la que la había conocido.

- NAT. Nat!- dijo él, y avanzó, su mano yendo a su mentón.- Nat, helado de chocolate. Helado! De chocolate!-(7)

Ella dio un respingo y se apartó.

- Tengo que estar bien si voy a ayudarla.- dijo ella, con aspereza, su voz una amenaza contra sí misma. Luego asintió, su cuerpo relajándose mientras se frotaba la cara con las palmas.

- Tienes que estar bien si vas a ayudarla.- dijo Clint, y era la más dulce de las promesas.

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- Cómo estuvo tu sesión con la Princesa Prometida?- dijo Tony al entrar al laboratorio de física. Bruce, que estaba sentado enfrente de unas pantallas, estaba también rodeado de hojas garrapateadas, tachadas y rayadas de su bloc, y de un montón de papelitos de sus dulces de menta favoritos.

- La dejé salir a jugar con Steve. Se fueron de compras, creo.- dijo Bruce ausentemente, mordiéndose un pulgar sin apartar la vista de las pantallas.- De todas formas, cierra la puerta, Tony. JARVIS, nadie puede entrar hasta que yo lo diga.-

Tony enarcó las cejas: ésa era un orden que no le había escuchado jamás a Bruce. De hecho, excepto el gemido suplicando que se alejaran de él cuando estaba cerca de la transformación, nunca lo había oído emitir una orden. Ahora, era como si algo hubiera devuelto al asustado, amilanado científico la arrogancia y la firmeza de la que Tony había oído hablar, pero nunca había visto: era como si por un día, Bruce Banner volviese a ser el hijo de puta orgulloso que había dicho: he replicado correctamente el suero del supersoldado.

Era el Bruce que no caminaba de puntas, sino que modelaba, como le había sugerido Tony. Y ahora, Tony estaba un poquitín alarmado cuando Bruce finalmente levantó la vista de sus papelotes, se quitó los lentes, se puso uno de los soportes en la boca y entrecerró los ojos, mirándolo.

- Qué?-

- Qué drogas te metiste en el cuerpo? Tienes las pupilas como rupias.-

- Y después alegas que no eres mi médico de cabecera.-

- No soy tu médico. Sobre cabeceras, ya hablaremos.- dijo Bruce con un tono que no admitía réplica.- Cocaína?-

- no me meto cocaína desde el MIT. Todos los estimulantes fuertes me hacen cometer errores en los cálculos.- dijo Tony con derrota.- Es sólo codeína.-

- Cuánto jarabe te metiste?-

- Dos cajas.- confesó Tony.- Oye, mejor 400 ml de jarabe con gusto a plátano y ositos estampados que dos botellas de whisky de 1000... es simple matemática!-

Bruce frunció el ceño y se caló los lentes de nuevo.- La próxima vez que necesites calmar el dolor o lograr dormir vienes a mí. Dios sabe que he probado todos los remedios herbales del orbe. Yo te pongo a dormir, y sin necesidad de drogas que te destruyan el poco hígado que te queda.-

- Tú me pones a dormir?- dijo Tony, permitiéndose una sonrisa, acomodándose en una banqueta.- Tú sabes lo sugerente que suena eso?-

- No te estoy sugiriendo nada. No es una puta sugerencia. Vienes a mí por tus propios pies, o Hulk te va a buscar. Y créeme que el grandote encontrará a su querido " SHINY MAN" donde quiera que se meta, sobre todo si yo le indico que estás a punto de lastimarte.-

- El grandote de veras, de veras, de veras me quiere.- dijo Tony con una sonrisa.-

- Lógico. Uds. dos tienen la misma edad mental y el mismo control de impulsos. Son un id con patas, los dos.- dijo Bruce, pero sonreía, aún mientras Tony aparentaba haber sido herido por una bala al corazón.

- Cruel! Cruel e inusual castigo! Llamando a Genova ahora mismo!-

- Oh, por favor, mr. " encontremos lo más peligroso de la habitación y pinchémoslo con un palito"-

- Como normalmente eso eres tú, debo considerarlo una insinuación?- dijo Tony, los ojos bailoteándole, un mohín completamente vulgar en su cara mientras se relamía. Bruce alzó la vista y lo miró largamente un momento en silencio, antes de ponerse de pie y avanzar hacia él, y Tony, que se temió haberlo ofendido de veras, empezó a balbucear una disculpa, una disculpa que seguramente iba a ser sexy, encantadora, experta y varias otras cosas, pero que se cortó cuando bruscamente el tímido y gentil doctor lo agarró del hombro, lo volteó, y lo empujó contra el mesón más cercano, sus manos yendo a su pecho, presionando a ambos lados del reactor para apretarlo contra sí, pegados del cuello hasta las rodillas, el abrazo firme y completamente desprovisto de vacilación.

- No.- dijo Bruce con su dicción profesoral.- Esto es una insinuación: le presento el ejemplo, Sr. Stark. Generalmente, cuando un sujeto realiza una movida como esta, la hipótesis de que hay un interés romántico en el objeto del experimento es superior al 70 por ciento.-

Tony emitió un gemido, que quería ser una risa, y al mismo tiempo un sonido de sorpresa, que al final sonó como " arghufuy"

Bruce lo apretó más fuerte contra sí, y la verdad era fácil olvidarse que bajo esas camisas a cuadros, el cuerpo de Bruce Banner no sólo era indestructible, sino que su fuerza y su vigor eran mucho mayor que el de un ser humano, el cuerpo de Tony apretado entre un lugar duro y una pared sin escape.

Extrañamente, Tony, que tenía motivos para sentir un ataque de pánico al verse retenido (8) no sintió nada excepto una inesperada y debilitante ola de lujuria, que como una aguja al rojo se le clavó entre las piernas, haciéndolo inspirar. Y sin embargo, se quedó quieto, quieto, aunque le saltaba el corazón, porque no quería hacer ni un movimiento brusco por temor a equivocarse y que Bruce se echase atrás.

Era de esperarse que solamente un eshpeshial shnowflake como Tony Stark se quedara inmóvil en los brazos de la fuerza más imparable y letal de la Tierra, y no porque quisiera que parase, sino porque no quería que lo soltaran.

- Santa María Purísima.- se rió Bruce, muy bajo en su oreja, su aliento cálido. Lo había dicho en portugués.- Te has callado? Todo lo que hay que hacer para callar a Tony Stark es arrinconarlo contra la pared?-

- Es técnicamente una mesa. Rectángulo horizontal con cuatro patas en los vértices de largo de 0, 75 de las hipotenusas aplicables. No plano vertical entre suelo y techo. Qué le pasa a su geometría? Se le cayó el CI en alguna parte, Dr. Banner?-

- Como la autoridad mundial en perder puntos de CI bruscamente, así como 0 a 100, de " permutaciones en electrones halógenos para influencia mitocondrial con aplicaciones en reconstrucción celular" a " smash!", me siento calificado para opinar. creo que deberíamos hacer un experimento...-

- Dime " permutaciones" de nuevo en el oído. Qué cosas me susurra, doctor...- su burló Tony, aunque su nuca se apoyaba descaradamente en el hombro de Bruce, su cuerpo tan relajado y entregado en su abrazo que casi parecía un pescado en una bandeja. Bruce alzó una mano para quitarse los anteojos, y cuando lo dejó en el mesón blanco ante ellos, la mano de Tony fue codiciosa a aferrarla, los dedos entrecruzándose familiarmente, ambas mano callosas, cuadradas y morenas. La de Tony estaba llena de arañazos de tornillos porfiados, quemaduras de soldar y las uñas perpetuamente sucias de grasa: la de Bruce, manchada de químicos y descolorida por los ácidos. Unidas, se apretaron fuerte, y Tony las llevó a sus labios, para poder besar los nudillos manchados de talco de guantes estériles con un gesto extrañamente tierno. Luego apretó su mejilla contra la de Bruce, su aliento todavía agitado, y Bruce sonrió contra su sien, con el cabello de Tony (9) rascándole el mentón.

- ya te pusiste vocal de nuevo. Algo no estoy haciendo bien.- dijo Bruce, y sin aviso, su boca cubrió toda la oreja de Tony, su lengua yendo profundamente dentro del canal. Tony sintió que le habían clavado un gancho electrostático en el cerebro: no era lo que le hacía, era que el que lo hiciera fuera el gentil científico lo que lo cortocircuitó, y se le escapó un gemido agudo que jamás se hubiera permitido, en nombre de su coolness, en condiciones normales. Se le doblaron las piernas literalmente: quiso agarrarse de la mesa, pero los brazos de Bruce lo rodeaban como un cinturón de seguridad, y lo sostuvieron sin esfuerzo.

Tony trató de calmarse cuando Bruce al fin se contentó con besarle la sien y el borde de la oreja, pero estaba temblando.

- Habrán sido 100 puntos de CI?- aventuró Bruce, tanto humor y tanto afecto en su voz que Tony, que apenas podía jadear, gimió:

- Sigue. Tengo más...!-suplicó esperanzado.

- No es el sitio, ni el momento. - dijo Bruce, y para la tranquilidad de su voz, había algo firmemente presionado contra Tony que desmentía su aparente calma. Claro que no había que olvidar de quien se hablaba, que era la mayor autoridad mundial en autocontrol.

- Pero yo quiero.- jadeó Tony. En realidad, era su filosofía de vida en tres palabras.

- Tony, concéntrate en el condicional. Tu fobia contemporánea hiperrealista, inmediatista es un poco limitante a veces.-

- Y dices que no eres psicólogo! Traduce, doc.-

- El que éste no sea el sitio ni el momento significa que en algún momento, en algún sitio, lo será.-

- A la porra con tus condicionales!-se quejó Tony cuando Bruce lo soltó. Los dos se quedaron de pie un poco incómodos físicamente, pero había un hilo de calidez entre ambos, una sensación que era algo ajena, algo extraña, y cuando Tony lo pensó mientras el doctor volvía a ponerse los lentes, los limpiaba cuidadosamente y se sentaba de nuevo frente a sus apuntes, tan gazmoñamente como si hacía un minuto no hubiera estado violándole la oreja con la lengua, el ingeniero tuvo la extraña sensación que en ese abrazo, cuyo calor aún podía sentir, había habido un intercambio, como dos fuerzas opuestas que se encuentran y se cambian la una a la otra irreversiblemente.

Como hielo y agua hirviente. Como sodio e hidróxido. Al tocarse, los dos se llevaban algo del otro, se transformaban: y era casi como si pudiera tocar esa parte de Bruce que había quedado en su interior, algo cálido, calmo, algo increíblemente satisfactorio y firme: como una buena comida, como una buena noche de sueño, algo que calmaba su eterna ansiedad.

En cambio, Tony podía ver la chispa en los ojos de Bruce, que habían parecido muertos tanto tiempo. Vida: amor a la vida, deseo, hambre, hambre de conocimiento, de amor, de sol. Parte de su hambre parecía haberse traspasado a Bruce, y Tony supo cuánto podía llegar a querer a alguien cuando se dio cuenta que el devolverle la energía al callado científico le parecía lo más valioso, lo más importante, de todo esto.

Eso sin contar que una parte de él, sospechaba, que no tenía el autocontrol de un puñado de malditos monjes budistas, se estaba poniendo azul.

- Lo que la gente no sabe es que el grandote es el buen tipo, verdad?... ésta faceta de torturador es la peor faceta que te conozco.-

- Eso es de las que conoces. Además, yo llevo años diciéndole a la gente que Hulk es el gemelo bueno, lo que pasa es que nadie me escucha... Ahora, te esperas.- ordenó Bruce, los ojos risueños pero la voz severa.

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Head under water

And they tell me to breathe easy for a while

The breathing gets harder, even I know that

- Te sientes bien seguro? El buen doctor dijo que tenías que descansar.- preguntó Steve por séptima vez mientras cruzaban la Cuarta Avenida. Libby asintió: tras la siesta, había emergido sonriente y refrescada, con un vestidito de verano y un chaleco que no habrían estado fuera de lugar en 1940, el vestido de diminutos lunares blancos en fondo verde enmarcando su piel sonrosada, el chaleco de lanilla blanca suave y acariciable cubriéndole los hombros cálidamente (10). Se había soltado el cabello, y se veía aliviada, como si la sesión le hubiera sacado un peso de encima. Steve estaba tan pendiente de mirarla que como un absoluto idiota casi se estrelló contra un tipo de color de dos metros de alto que le echó una mirada a él, otra a Libby y no se enojó, aunque su expresión al mirarlo parecía decir claramente " trata de ser menos obvio, hijo".

- me siento perfectamente y quería salir.- dijo ella, dando una mirada alrededor. Manhattan, el hogar de los Avengers, era el centro de una de las ciudades más emblemáticas del orbe, y por lo tanto, un sábado a las cuatro de la tarde las veredas estaban llenas y era por supuesto un muy mal sitio para una cita. La gente de compras o de paseo los separaba al pasar, y no fue hasta pasar la séptima que pudieron caminar juntos como para hablar, mirando a lo lejos el pulmón verde de Central Park.

Era un día soleado, tras una mañana neblinosa y fría. era un día justo lo fresco para caminar sin acalorarte y suficientemente tibio para sentarte en una banca y mirar la vida pasar con toda comodidad: una taza de café o un helado habrían sido perfectamente agradables. Era un día perfecto para una cita, y Steve se halló contando los segundos, sabiendo que ya le había preguntado si se sentía bien hasta el borde del retardo y que simplemente no sabía que más decir. Apenas la conocía, en verdad! Cuántas veces habían hablado en la guerra, a solas, sin Bucky o Peggy o Howard, todos habladores hasta por los codos, haciendo de buffer? Ella también parecía ser del tipo callado. Apenado, Steve se preguntó si ella se preguntaba por qué no le hablaba. Habían hablado tan a gusto la mañana anterior?

- Es un día bonito.- musitó al fin, desesperadamente. - Temí que lloviese.-

You made room for me but it's too soon to see

If I'm happy in your hands

I'm unusually hard to hold on to

(11) STEVE ROGERS MIND REPORT

( EN LA VOZ DEL COMENTARISTA BUCKY" CINCO CHICAS EN UNA NOCHE" BARNES)

" Yyyy con el comentario más trillado del mundo Steve Rogers se lanza al ruedo con una experiencia igual a cero y una habilidad que también se acerca peligrosamente al círculo, al huevo, al doble arcoiris, al CERO! Es el equivalente a un tipo tratando de nadar con un yunque en la mano! "

- Sí, pero...- Libby se detuvo en una esquina, y miró alrededor, en la intersección, su rostro vagamente desorientado, algo decepcionado.

"Alerta, alerta Rogers! Peligro de cita decepcionada y no llevas ni cinco minutos en esto! Rápidamente haz inventario! Te ves igual como se veía el tipo ese de las películas Tatum en esa sobre romances difíciles: el día está precioso: qué más puede haberla disgustado? Tu falta de interés? Tu menos que exhilarante conversación?"

- Tienes hambre? Tengo chocolate acá...?- rogó Steve, rebuscando en el bolso.

Blank stares at blank pages

No easy way to say this

You mean well, but you make this hard on me

"... no muy cool, Rogers. El chocolate es la última opción, pero en tu caso necesitas toda la ayuda que puedas. Te recomendaría cargar más o menos un kilo y medio..."

- No, no es eso.- dijo ella, y su sonrisa fue autonsciente, un poco tímida. - Es que estuve hablando con el doc... no recuerdo bien, pero me hizo pensar en... en el campo. Cuando dijimos que saldríamos... afuera... no sé porqué pensé que saldríamos... al campo. Es idiota, verdad? Quería ver las montañas, como en casa- susurró.

- Montañas? ehm... en Central Park hay árboles.-

"( facepalm) Te acaba de dar pie para que te hable de sus recuerdos. ROGERS, un poco de REPUTA SENSIBILIDAD HUMANA sería tu mejor superpoder ahora. Ahora! Con sutileza! te está abriendo sus pensamientos, Steve!"

- También hay carritos de comida. Por si nos comemos todo el chocolate.- Steve parpadeó, echando a caminar hacia Central Park.- Oye, no eras de Wyoming? Allá no hay montañas.-

"(Cabeza en la mesa, frente al micrófono, golpes con la frente.)"

- Tienes razón.- dijo ella, sin sorprenderse. - Oye, es muy bonito.- agregó, alzando la vista cuando pasaron bajo el arco y la alameda de ciruelos europeos de la entrada les dio la bienvenida. Ella caminó un poco hacia atrás, su rostro llenándose de alegría al ver el sol brillar a través de las hojas verdes y rojizas, sus pies en simples ballerinas verdes ágiles al girar (12).

"( sin levantar cabeza) No te quedes embobado como imbécil. Primero, tiene que creer que quieres lo de adentro, para que se sienta halagada cuando le muestres que te gusta lo de afuera. Al revés es receta segura para una cachetada y a tu casa."

- Vienes a correr acà con frecuencia? Clint dijo eso.- comentó ella. Steve asintió, buscando vagamente qué agregar al asentimiento, para barbotar en cambio.

- algún día podríamos ir a ver un lugar en donde se vea el horizonte. Conozco muy poco... es que nací en Brooklyn y aunque hice un tour por todo el continente, generalmente no pasábamos más de unas horas en cada ciudad, así que...-

"De verdad le vas a hablar de tu época de corista? de verdad es allá adonde quieres llevar esta conversación?!"

- ... pero dibujaste las líneas de los edificios... el skyline de cada ciudad desde tu hotel. Dijiste eso una vez.- dijo Libby, sus ojos pensativos. Steve dio un respingo.

- Tienes razón. Cómo te acuerdas...?-

- me pareció muy lindo.- dijo ella con una pausa.- Aún... aún dibujas?-

-A mano, como la gente antigua, nada a de computador aún, aunque Pepper hace que escaneen mis dibujos cuando los suelto.- Steve hizo un gesto, sombreando los ojos con la mano para mirar alrededor.- Antes del suero, era daltónico y seriamente miope y astigmático. Después, fue como si todo explotara en color... antes dibujaba mucho con lápiz y bolígrafo, pero ahora que puedo, he probado todos los medios. óleos, témperas, acuarela, acrílico y cera, carbón y sanguina, tramas... es maravillosa la cantidad de medios de expresión que hay, y eso sin contar los digitales que pienso aprender el pròximo año...-

"Zzzzzzzzzzz. En serio. Zzzzzzzzz."

A pesar de la inseguridad de Steve, que temió por un momento haberse extendido mucho en su pasión por el arte, Libby se veía muy interesada y curiosa.

- Me interesa bastante el arte moderno... quizá la próxima vez podríamos ir al MOMA. Siempre he tenido curiosidad por verlo en persona. berlín tiene museos fantásticos, pero no les gusta tanto lo contemporáneo. A mí me encanta!- dijo ella, su temporal melancolía olvidada. Steve sintió una oleada de agradecimiento por la paz mental de saber que ella misma había fijado otra cita, otra salida: era como si desde ahora, sin importar que tan torpe fuera, ella ya había decidido volver a salir con él.

- No se supone que en la segunda cita tienes que ir a bailar?-

"Mejor, Rogers. Pero en realidad, la segunda cita es sexo si la primera no lo fue, o al menos así soy yo con mis chicas."

Libby es tu chica, Buck.

"Era."

- No se me da muy bien, como te diste cuenta en la recepción. No prefieres el museo?-

- Ciertamente prefiero el museo. nunca he sido muy de música popular y no bailaba bien antes, menos ahora. Era bastante sordo... -

"Estás convirtiendo esto en la Lista de Enfermedades de Steve Rogers. Ahora háblale de tu fimosis, también, ya que estamos. "

- me gustan algunas piezas, pero no sé los nombres de ninguna.- dijo ella con un suspiro.- No te tengo ninguna memoria, me temo. Pero podemos llevar una libretita y anotar las piezas que nos gusten del museo para después buscar sus historias!- dijo con sencillez. Steve soltó la risa.

- Hago lo mismo todo el tiempo, con todo. Hay tantas cosas que no comprendo, que las anoto para buscarlas en las noches. Google ha sido mi copiloto estos últimos dos años, la verdad.-

- Yo también trato de que no se note cuando se me ha ido la memoria. Trato... leía algunas técnicas de ayuda que usa la gente con Alzheimer. - dijo ella con la misma simplicidad. Steve sintió una oleada de compasión y le tomó la mano.

- Si te sientes perdida, puedes ir conmigo. No te dejaré sola, Libby. Sé lo que es despertar en un lugar desconocido, y aunque muchos quieran ayudarte, es difícil...-

"EESO! ESO! MUY BIEN, la mano, ahora la atraes, le echas el pelo atrás y tomas el otro hombro, con delicadeza, y...

Cállate Buck, esto es serio.

También tu vida sexual. Tienes el pico con telarañas, sabes. En venta, sin uso, aún en su empaquetadura original, mint condition..."

Libby movió la cabeza, y volvió a sonreír.- De verdad tienes chocolate?-

I'm not gonna write you a love song

'Cause you asked for it

'Cause you need one, you see

Steve asintió, y tras rebuscar unos momentos, le ofreció media barra de chocolate de leche. Los dos se sentaron en una banca, mordiscando sus respectivos cuadraditos en silencio, pero era un silencio agradable, tranquilo. Unos niños jugaban, una pareja paseaba un enorme Alsaciano peludo, y un poco más allá, un vendedor tenía unas docenas de globos flotantes atados a un carrito de algodón de azúcar.

Steve estaba lamiéndose los dedos, preguntándose qué más podía decir después de ese comentario, porque no quería ser invasivo, no quería preguntar de más, no quería hacerla pensar en todo lo que había perdido o en su memoria ni en nada de eso y sin embargo…

- Cuando despertaste del hielo, qué fue lo primero que viste?- preguntó ella de pronto, recostándose en la banca como para una larga conversación. Steve, que se había estado devanando los sesos pensando en algo útil que preguntarle, se quedó cortado, y barbotó sin pensar:

- Una habitación falsa. Me habían puesto en una habitación falsa, como un pez en un acuario.- al ver su rostro interesado, Steve continuó.- Trataron de aparentar que estaba en un hospital militar, pero tenían varios detalles mal. Creo que pensaron que no recordaba haber estrellado el avión, pero sí lo recordaba. –

- Y qué hiciste?-

- Salí corriendo. Corrí hasta Times Square. No te puedes imaginar lo asustado que estaba.-

- Qué estaba tan mal en el acuario?-

Steve sonrió. Esa historia no se la había contado ni siquiera a Bruce.- Tu también te habrías dado cuenta. El lugar era extraño, pero entró una joven que dijo que era una enfermera militar.-

-Ya?-

- Con el pelo suelto.-

- Eso no era…-

- (13) Sin medias. Con los labios color ciruela y…- Steve ensanchó su sonrisa, moviendo la cabeza.- La blusa era muy delgadita, no llevaba casaca ni delantal y, bueno… su brassiere era de copas, de esos flojos.-

- No!- dijo ella, y rió.- Tenía perforadas las orejas, aparte de…?-

- No: pero creo que ni aunque hubiera lucido un tatuaje. – Steve se encogió de hombros.- Sé que suena idiota, pero me asusté. Estaba demasiado fuera de lugar, y lo que más me asustó era porqué hacían todo ese teatro…-

- Sí, bueno, no fue muy buen teatro.-

- Creí que me habían capturado los enemigos. Cuando salí corriendo y vi New York, y de repente comprendí que estaba en este lugar imposible…- Steve alzó la cara al sol, y podía justificar entrecerrar los ojos porque le daba en los ojos, cálido como miel.- Por un momento, no podía entender. Fue como mi cerebro se paralizara.-

- Y después?-

Él la miró de reojo, pero habló con total honestidad.- Lloré por una semana, más o menos. No podía… no quería entender nada. Sólo quería que me dejaran solo.-

Steve había bajado la vista con vergüenza, pero luego la levantó, temiendo encontrar desprecio o filosofía en la cara de ella, porque sabía que quizá estaba siendo excesivamente dramático. Pero ella lo miraba con total atención, sin burla ni condescendencia, sino sólo con silenciosa comprensión, y un minuto luego habló, sus manos inconscientemente acariciándose la una a la otra en búsqueda de consuelo.

I'm not gonna write you a love song

'Cause you tell me it's

Make or breaking this

- Despertar de regreso siempre es muy extraño.-

- Cómo te pasó a ti?- preguntó Steve, sin poder contener su preocupación. Ella inclinó la cabeza al lado, y sus ojos eran lejanos, un poco fríos.

- Despertaba en la misma casa. La casa que decían que era de mis padres, en Bavaria. Es una casa blanca, con jardines, que mira a un glaciar. Siempre era igual: Despertaba, me bajaba de la cama en camisón, había un baño preparado. Luego, me vestía e iba a la biblioteca. Me enseñaban… me hablaban. Mucha gente me hablaba. Luego, comía y me acostaba al atardecer. Cuando despertaba, a veces mi pelo había sido recién cortado. A veces sangraba en la cama, las perforaciones a los costados. Pero no dolían nada.- dijo ella, y su voz inexpresiva de pronto se suavizó.- Creo que entre todas esas horas… Bruce dice que he vivido cuatro vidas. Tú, apenas has vivido treinta años…-

- Quizá entre los dos pudiesen juntarse un par de vidas decentes.- dijo Steve, la súbita profundidad de su voz luchando con las palabras dulces, porque la idea del cautiverio ciego y sin sentido de Libby lo había hecho sentir un ramalazo de ira.

- Ésta parece bastante buena. Mira, hay helados.- dijo ella levantándose, al ver un carrito.- De qué sabor quieres?-

- Deja que yo…-

- No, no. Clint dijo que tengo que aprender a usar dinero americano.- dijo ella con una risa.- Vamos, te gustan los helados de limón, verdad?-

- Cómo sabes eso?-

- Buck dijo eso una vez. – dijo ella retrocediendo y luego yendo por la golosina. Steve, aún un poco sacudido por el recuerdo, la miró ir a comprar los vasitos de plástico con hielo saborizado, y clavado ahí en la banca, sintió la presencia de Bucky como si hubiera estado sentado allí a su lado.

If you're on your way

I'm not gonna write you to stay

If all you have is leaving I'm gonna need a better reason to write you a love song today

"Tengo tan jodido buen gusto."

Cuántas veces te he dicho que no hables de mujeres como si fueran sombreros en mi presencia?

"Considerando que son lindos y estilosos y puedes meter tu…"

Buck, si fueras corpóreo, te molería a palos por ese comentario, ahora que puedo.

"Lo vas a intentar? Esto ha sido agradable. No finjas que no."

No había necesidad de ser tímido con su propia consciencia. Steve Rogers se recostó en el banco, los brazos en el respaldo, el sol tibio en el pecho, viendo a Libby volver, paso seguro, el viento en el pelo, con los dos vasitos, uno de helado de limón y otro de manzana, y asintió para sí mismo, sabiendo aún que esa sonrisa ladeada no existía desde hacía setenta años, que Buck, en alguna parte, sonreía.

Veremos.

"Vamos mejorando! Ya no es un "no!""

Buck?

"Yup?"

Cállate ya.

- Una orden de helado de limón, según lo ordenado, Capitán!- bromeó ella, alargándole el vasito. Steve lo tomó, sus dedos rozándose.(14)

- Misión cumplida, oficial WAC. Será condecorada con la medalla Pretzels Salados próximamente. Ahora, descanse.-

Libby se rió y se aplicó con su helado de manzana. Steve se comió el suyo, disfrutando el anticuado y ácido sabor, y luego estiró las piernas, sintiéndose más relajado que en mucho tiempo.

- Con todo lo que ha pasado, no te preguntado por qué aceptaste seguirnos. No te he preguntado nada, en realidad, y no sé nada de lo que quieres o cómo te sientes. Sospecho que hasta Thor sabe más de ti que yo.-

Ella se relamió los labios, enrojecidos por el frío del helado. A Steve no se le pasó cómo entrelazaba los dedos, nerviosamente, y ese mismo nerviosismo lo conmovió y calmó: si estuviera mintiendo, si fuera una agente, se habría buscado algo más creíble, y con menos nervios. Natasha no habría sido pillada muerta dando señales tan obvias.

- Todo era… más suave, más borroso. Tenía la sensación de que te había visto antes, pero eso me pasaba con mucha frecuencia. Cuando me mostraste la foto, de James, me… todo se volvió más claro. Casi me había olvidado cómo se sentía… que doliera. Y entonces de repente te vi pelear, te vi… darme órdenes, y recordé. Te recordé así, recordé al Capitán América, y fue como si se me llenara la cabeza de ruido. Lo siguiente que recuerdo es ver tu cara en ese lugar donde me tenían acostada, y de alguna forma eras lo único real, lo único que conocía. No podía dejar que te fueras de mi vista…- agregó, con voz un poco temblorosa. Steve se hubiera contenido, pero con una súbita sensación de decir " fuck it", extendió la mano y le acarició la cara. Tenía los dedos helados y algo pegajosos, pero ella acarició sus dedos con los suyos igualmente pegajosos y apoyó la mejilla contra su palma.

- Natasha ha sido muy buena conmigo. Ella me enseñó a respirar así, y dejar que mi cabeza… se aclare. Y Bruce dice que si te concentras en la realidad inmediata, los recuerdos retroceden, y funciona.- agregó, enderezando la espalda. Steve sintió un poco de afecto y un poco de alarma al darse cuenta que ella de veras creía que se podía derrotar años de condicionamiento con poses de yoga, pero vio en sus ojos un poco de esperanza y mucho de miedo, y todo lo que quiso fue sacarla al sol y al calor, en donde pudiera olvidarse de esas sombras…

Babe, I'll walk the seven seas when I believe that there's a reason to

Write you a love song today

- Clint dijo que eras muy rápida. El primero en llegar a la fuente elige los pretzels.- dijo, la chispa viva en sus ojos. Libby puso una cara absurda de sorpresa, y el saltó sobre sus pies, y trotó de espaldas, atrayéndola con la mano: y con una risa, ella lo persiguió, como dos niños pequeños, esquivando a los paseantes y riendo hasta la fuente en donde el agua relumbraba al sol.

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(2) CON FUOCO - Bruce amaba la música. Tony mismo tenía una intensa aficiòn por el rock y el metal, Clint tenía una catálogo de hip hopero que se remontaba al origen del rap, Steve, bueno, Steve era Steve, y Nat amaba el ballet. Pero Bruce amaba la mùsica, toda la música en absoluto, y cuando Tony habís descubierto que su afición a las piezas clásicas lo había hecho quedarse en pleno monzón sentado afuera de una tienda de electrodomésticos en Jakarta en donde no lo dejaban entrar, simplemente para poder escuchar El rapto del Serallo, que emitían en un televisor de muestra ( Bruce lo contó como chiste. nadie se rió. pensó que lo había contado mal hasta que Steve mencionó en su época haber ahorrado centavos del pan para poder visitar el museo de bellas artes de new York y lo había abrazado a punto de echarse a llorar) inmediatamente habìa hecho que Pepper le comprase un palco en el Teatro Guggenheim. Todos habían utilizado el palco en algún momento, pero nadie tan asiduamente como Bruce y Thor.

La leyenda contaba que había sido Darcy Lewis quien le presentara el milagro de Youtube a Thor, que aunque se había sentado a ver videos de gatos con capa roja y casco con alitas, se había quedado dos días enteros adherido a la pantalla viendo videos musicales. Le había tomado varias horas comprender a Jane y a Erick Selvig que la música Asgardiana no había evolucionado nada en milenios, constando de los básicos cuernos, voces y timbales de lo marcial, pero sin más variedad que a veces acompañar soldados o fiestas, y aunque Asgard se destacaba en larguìsimos poemas narrativos como entretenciòn, que eran preciosos, no poseìan nada que se pareciera siquiera un poco a la mareante riqueza de la música midgardiana.

Thor se había aplicado a estudiarla con una esperanza conmovedora, y sólo la perspicacia de Bruce y Pepper habían prevenido que Tony le regalase de inmediato toda la biblioteca de iTunes. en cambio, cada Avenger le había mostrado sus colecciones personales, le había explicado sus gustos y había revelado algo tan privado como sus playlists personales: y por eso, Thor se había enamorado platónicamente de Billie Holliday, tenía una saludable interés en Nirvana, se sabía toda la letra de Baby Got Back y canturreaba, para la diversión de Jane, canciones mamonas de los 80 en la ducha." I CAAAAAN'T FIIIIGHT THIS FEEEEEEEELING ANY LOOONGER!"

Pero, de todo lo que había conocido, aún más que los conciertos de rock a los que los había arrastrado Tony o las sesiones de jazz de Erik Selvig, lo que lo había shockeado en un silencio absoluto primero, lágrimas espontáneas luego y finalmente sollozos había sido la música clásica, en particular la Primavera de Haendel, de la que lo habían tenido que sacar y Tony había tenido que comprarle un violín nuevo al director del Guggenheim para hacerse perdonar por el numerito. Desde entonces, Thor solía escuchar con Bruce las obras a las que irían, los dos entuxados de pies a cabeza, y era toda una imagen verlos en el palco, Thor con los ojos brillantes, agarrado del borde como para no perderse un momento, una sonrisa feliz en su apuesto rostro quitàndole años de batallas y dolor de la cara, y Bruce recostado en la silla aterciopelada, los dedos entrelazados en el regazo, por una vez su cuerpo temeroso flojo y relajado, los ojos cerrados, la cabeza echada atrás como si absorbiera la música como una esponja. Uno de los màs caros sueños de Thor era el de poder llevar una orquesta de visita a Asgard algún día: y aunque aún no lograban encontrar un modo en el que Thor pudiera llevar consigo un iPod que no se friese en el viaje, Tony y Jane se habían abocado de cabeza a la lucha por crearle algún tipo de portador de música que pudiera pasar el Bifrost.

Y fue precisamente en uno de esos viajes que hizo que Thor se perdiera un especial de Dvórak que el Guggenheim puso como estreno de la temporada el año de la invasión Chitauri, y Tony, aunque no tenía ningún amor perdido por la música clásica ( demasiadas funciones de beneficiencia obligado a ir con su madre, probablemente) se puso tuxedo para acompañar a Bruce, ya que sin su compañero habitual, Nat detestando a Dvórak, y el resto de los Avengers unos filisteos ignorantes, sino iba con él, iría solo. Pepper era una cínica que aparentaba ser cultivada pero en realidad disimulaba bostezos mejor que la media, ya que se aburría soberanamente en esas cosas: así que los dos fueron solos al palco, en donde, por mucho que Tony odiase toda esa parafernalia, tenía que reconocer que ver a Bruce ponerse un buen tuxedo sin chistar, barbotar todo el camino excitadamente sobre cómo nunca había visto la triunfante obra maestra en vivo, e instalarse sonriente y feliz mientras bajaban las luces y los músicos preparaban sus instrumentos, pagaba sobradamente el coste del palco, y el coste de vestirse y el aguantar lo que para él se parecía a llenar el traje de Iron Man de gatos, poner micrófonos y tirarlo Torre abajo. A Tony el Adagio lo dejó frío, y cuando Bruce le quitó el Starkphone en el que jugaba Candycrush en modo silente, lo apagó y se lo guardó, Tony apenas aguantó hasta el Allegro molto para largarse al pasillo y sacar el Starkphone Mini de repuesto.

Sin embargo, la conciencia lo hizo regresar, aunque no debería haberse preocupado: en el Largo(15), Bruce estaba sentado con los brazos cruzados, una suave sonrisa en su rostro mientras movía la cabeza lentamente con la melancólica música, y había cerrado los ojos, perdido en su mundo, estuviera Tony o no allí-

Bueno, ya se había regresado: Tony se dejó caer ahí sentado, y aunque hubiera querido sentir algo de resentimiento, era imposible, al ver a Bruce tan feliz. Resultaba extraño, por lo menos, que el viejo aforismo de que la música calmaba a las bestias resultara tan literalmente cierto en el caso de Bruce, y Tony, que no era nada sino inventivo, se pasó todo el molto vivace calculando estructuras de sonidos y apreciando, aunque fuera fríamente, las capas y capas de sonidos y vibraciones que formaban una sinfonía: el retumbar casi subliminal de la percusión, el agudísimo extremo del violín, la melodía del oboe. Quizá había una forma de separar las partes, disectarlas: quizá había una vibración, una onda de sonido, que pudiera calmar así a Bruce, ayudarlo. Si la aislaba con algo que se pudiera implantar, quizá Bruce podría controlar...

Y entonces empezó el Allegro con fuoco, (16 ) Bruce inesperadamente le tomó la mano que sin darse cuenta había empezado a tamborilear en su rodilla y cuando entrelazó los dedos de ambos juntos, Tony perdió el hilo de lo que estaba pensando. Bruce le apretó la mano, y Tony sintió bajo la piel el pulso de su... cómo llamarlo? Mejor amigo? Obsesión? Modelo a seguir?

Latía. Latía vivo: latía vibrante, como otro instrumento más que siguiera la música, y ese pulso hechizó a Tony con su fragilidad, su fuerza, su ritmo porfiado y apasionado. Podía sentir la pasión en bruce, en el calor de su piel, en la fuerza de sus dedos, en el ritmo que vibraba contra su palma: y Tony supo de repente que nunca podría olvidar las frases musicales, que armónicas y posesivas, acompañaban la primera vez que había sentido el latido de Bruce contra su propia piel. Parecía latir en su sangre: la música y él era uno solo, y Tony se sintió por primera vez humillado por su pequeñez al darse cuenta que había estado tratando de encontrar un modo de disectar la música de un modo no muy distinto en que los militares quería disectar a bruce y sacar sólo lo que les fuera útil. Bruce era como esa música, una sinfonía de un millón de sonidos en que se mezclaban la humildad y la arrogancia, la parsimonia y la ira, la desesperación y la alegría, el miedo y éste latido, esta pasión secreta y retenida. Tony se sintió privilegiado de pronto, de un modo que ni el dinero ni el nombre ni el genio nunca lo habían hecho sentir, cuando se dio cuenta que nadie excepto él habían visto la sinfonía de carne, furia y alma que era Bruce Banner, y que él, como un violinista tímido, ofrecía este espectáculo a él, sólo a él.

Tony sintió algo húmedo en la mejilla y supo que se le había caído una lágrima.

Con fuoco. Su madre había sido italiana. Tony sabía perfectamente que eso significaba con fuego. Aunque no lo hubiera sabido, lo habría entendido. Por un segundo, los dos estaban suspendidos en ese capullo de música y latidos, y Tony, cuyo corazón latía con el mismo ritmo, se preguntó si ya que unos momentos de música con las manos entrelazadas podían hacerle esto, qué podía hacerle el fuego de Bruce Banner si alguna vez se lo encontraba desprevenido.

(3)

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(6) /images/paul_black/41jpTa2VcUL._SY576_CR0,0,430,576_.jpg Pepper se la había elegido, diciendo que con eso sus hombros se veían más que esculturales. Subtitulado, se veían como para que a todas las mujeres se les hicieran agua los muslos de deseos de ponerlos allí.

(7) Hacía ya bastantes años, Clint había tomado de la mano a esa muchacha de ojos verdes como el veneno, encerrada en un motel, esperando morir, y le había puesto delante un cartón de dos litros de helado de chocolate. Ese día, ella había conocido dos cosas distintas: a alguien dispuesto a arriesgar la vida por tí, y el sabor de algo dulce y frío que se derrite en tu boca como la nieve en primavera.

(8) todos tenían eso. Basaba decir que excepto Thor, hacerle a ninguno de ellos algo estilo sujección erótica era una muy, muy MALA idea. Era lógico que dadas sus historias, la idea de BSDM no les atraía en lo más mínimo y todos habían puestos diferentes versiones de la cara de meme ( . ) de Tony con el éxito de 50 Shades of Grey)

(9) Que sin importar cuánto estilista, químicos caros y expertos pasaran por allí, seguía siendo una maza pinchuda italoamericana completamente indócil y vulgar.

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