CAPITULO 9

digging deep deep down (1)

Había nieve en todas partes, y el suave fwooosh, fwooosh de correr en la nieve blanda. También un ping, ping, puk que era más familiar para Nat que ningún otro ruido: las balas. Y el dolor vago y sordo de una herida de bala en su costado, y sangre roja en la nieve.(2)

Era primavera, porque la nieve estaba blanda y difícil de cruzar. Habían contado con eso, pero no con que a ella le llegase una bala. Era una Black Widow: nunca le había llegado una bala, no en todo este tiempo.

Él la llevaba en brazos, a pesar de que también estaba herido. Corría con ella, ágil y diestro, y la llevaba tan apretada contra su pecho que sólo sentía su aliento, el roce de una mejilla áspera contra su frente. Podía sentir el miedo, un miedo espantoso, no por lo que los hombres que los cazaban como a animales podían hacerle a él, sino por lo que podían hacerle a ella…

Natalya, había susurrado él. No dejaré que nos atrapen vivos.

Déjame, había gemido ella. Déjame atrás y huye…

Nyet, había gruñido él, y con dedos ensangrentados había tomado su mentón y la había besado con una caricia dulce y sangrienta a la vez. Había sido su último beso: luego habían corrido, corrido, y de pronto bajo los pies de él, la nieve se había convertido en un risco y allá abajo, el río, negro de hielo, pero aún fluyente en su furioso torrente. El vacío, y el golpe del agua, y luego, negrura total, aferrada a él-

Natasha abrió los ojos, confusa, un gemido y la sensación del hielo aún apretándole el pecho, el aire en su nariz oliendo a nieve por un segundo. Pero el brazo que la rodeaba seguía allí, firme y musculoso, pero no era el hombre de su sueño: era el brazo poderoso de Thor, que se había sentado junto a ella en la cama de hospital y la tenía recostada contra su fuerte pecho, mientras en la pared contraria una de las pantallas tan ubicuas de la Torre Stark mostraba una reposición de Las Crónicas de Narnia: el león, la bruja y el ropero. A Thor le fascinaban esas cosas, a pesar de que Clint, sólo por ser odioso, le había dicho una vez que El Señor de los Anillos era un documental y Thor se había pasado tres días investigando.

- No quería despertarte del sueño sanador, querida mía, pero parecías inquieta.- retumbó la voz en el pecho contra su espalda. A ni siquiera le hacía falta el gigantesco bolso a los pies de la cama: bajo los jeans envejecidos grises y las zapatillas de gimnasia número 48, Thor arecía irradiar alegría.(3)

- Jane te ha pedido que vayas?-

- Ni siquiera la más temible herida puede afectar tus ojos, sólo inferiores a los de Heimdall, querida mía. Así es, mi lady Jane me ha invitado a visitarla en el sitio de sus investigaciones, en el país llamado Kenya. Mi retorno será dentro de tres días, y tengo el firme propósito de verte de pie y sonrosada cuando regrese. Le he rogado a todos los dioses para que cuiden a mi Jane: ahora que tengo el privilegio de cuidarla en persona, es justo y apropiado que traspase mis oraciones al otro objeto de mis afectos.- dijo dulcemente. Nat elevó una ceja.

- Acabas de llamarme objeto, asgardiano?-

- No!- exclamó Thor ofuscado, poniéndose rojo del modo que es la maldición de todos los nórdicos y abandonando sus maneras principescas para balbucear, poniéndose de pie de inmediato para inclinarse junto su cama.- No, no me refería a la versión peyorativa de la palabra acá en Midgard, la usé sin pensar, suplico tu…- rogó gesticulando.

- Thor, te estoy tomando el pelo.- dijo Nat, que había quedado recostada con toda comodidad y no podía evitar sonreír beatíficamente al sonrojo del semidiós.

- Oh.- dijo Thor, parándose en seco, un poco de desconcierto volviéndose un deje de irritación, y luego la chispa del humor asgardiano, una vena gruesa que corría por las venas de todos esos guerreros, lo hizo sonreír y finalmente gorgoritear.- Oh, mi dama. Juegas conmigo como jugarías con un gatito. Sabes perfectamente que mi temor a ofender las delicadas sensibilidades de una dama amada me es más temible que cualquier error en el campo de batalla.-

- Te adoro, Thor.- dijo ella, aún sonriendo. Thor inclinó la cabeza como si bastara esa sonrisa para endulzar su vida, y le rozó la pálida mejilla con su manaza, que sabía ser tan delicada cuando quería.

- Jugar contigo es como poseer la más bella de las navajas. Es un orgullo y un deleite para vista, pero tarde o temprano te hará un cortecito.-

- Estás implicando que juegas conmigo, asgardiano?-

- Yo nunca…!- empezó Thor, y luego hizo un mohín mirándola.- No caeré dos veces en tu truco, Gran Araña.- agregó con un guiño.- Puedo decirte adiós con un abrazo si soy cuidadoso?-

- Mejor me dices hasta pronto con un beso.- dijo Nat, los ojos muy dulces, y Thor se inclinó para rozar castamente sus labios antes de echarse el enorme bolso a la espalda.- Qué demonios llevas ahí?-

- La dama Pepper me encargó de llevar algunas cosas para Jane, y me mencionó que una de las marcas de un excelente prometido Midgardino es llevar golosinas dulces y objetos de primera necesidad a su amada y sus colegas en una visita. Además, Tony y Bruce me cargaron de objetos científicos para Jane, insumos médicos, y el doctor insistió en un saco de dormir triple. –

Nat se rió, aunque le dolía un poco hacerlo.- Si no te lo indicó, Thor, el saco es para que lo uses con Jane.-

- Ah. Me preguntaba cuál sería la tercera persona.-

- Es por tu tamaño, Thor, para que ella esté cómoda.-

- Tus palabras, como siempre, iluminan mi camino.- dijo él con una amplia sonrisa, resuelto el conundro.- Mis mejores deseos, mi amada Natasha. En tres días volveré a verte, en plena salud, espero.- agregó, con una reverencia, y una salida que habría sido majestuosa sin el absurdo bulto en su hombro. Sólo entonces los dos notaron a la silenciosa mujer en el umbral, que los miraba con afecto, una tablet en su mano y su perfecto traje chaqueta crema reflejando el sol de la tarde. Pepper Potts aceptó un beso en la mano de Thor, y le dijo adiós afectuosamente, antes de entrar en el dormitorio médico que parecía mucho más grande con el voluminoso asgardiano habiéndolo abandonado.

- Les diste un susto atroz, debo mencionar.- dijo Pepper poniendo a un lado su tablet, soltándose el cabello dorado del apretado moño y tras sacudirlo, su mano fina yendo a tomar la pequeña y mortal de Natasha en la colcha.- nunca había oído a Steve tan disgustado como esta vez. Salvaron muchas vidas y evitaron un desastre espantoso, pero el que salieras herida seriamente, y que el Doctor Banner y esa chica nueva salieran maltratados le echó a perder el genio por completo. Y Tony estaba preocupadísimo por ti. Te operaron siete cirujanos y dos especialistas en cirugía plástica: Tony los hizo jurar sobre las posibles tumbas de sus hijos que no te quedarían cicatrices.-

- No me hagas reír… me duele cuando me río.-

- Pensé que tu entrenamiento te hacía resistente al dolor.- dijo Pepper, tendiéndole el tablet.- Para que te rías. Le tomaron fotos a la chica nueva cuando la sacaron de debajo del Doctor Banner y trató de ayudar a un viandante… me ha llamado todo el mundo, desde Colbert a Jimmy Kimmel, pidiendo entrevistas, y TMZ ha publicado por todas partes que su nombre es Lady Liberty y que es un Avenger, y agárrate para ésta: que es la esposa secreta de Steve.-

Nat apoyó la cabeza en la almohada con un bufido.- Se me van a saltar los puntos si ya los han photoshopeado haciendo cositas…-

- Me da miedo buscar.- dijo Pepper, moviendo la cabeza.- Corrígeme si me equivoco, pero es la joven alemana que vio en los titulares, verdad?-

- Y con tres mil cosas en la cabeza, sigues siendo la chica más lista del hemisferio norte.-

- Nat, no…-

- Sólo lo digo porque Jane anda en Kenya.-

Las risas de ambas resonaron. Se habían hecho amigas en el tiempo en que Natasha posó como asistente en las industrias Stark, y Pepper había reaccionado mucho mejor al saber que la temible Black Widow había estado durante semanas trayéndole yogurth y manteniendo a raya a Tony, con una facilidad, reflexionaría Pepper luego, que debería haberle dado una pista si fuera de veras tan lista como todos creían que ella era.

- Y está viviendo con ustedes? Con él?-

- Tiene una larga historia detrás. Pero está… delicada y recuperándose.- dijo Nat tras una pausa significativa. No necesitaba ser más explícita con Pepper para decir que, con agentes de SHIELD rondando, no iba a ser más específica.

- Vine dos veces mientras dormías y me encontré las dos veces a Thor acostado contigo viendo televisión y comiendo caramelos, y ninguna a Clint. Como no está herido, algo que me quieras contar?-

- No está herido nada más porque yo no estoy de pie. Ayer estaba borracho perdido y por eso no salió con nosotros. Una vez que me ponga de pie, le voy a mostrar exactamente mi opinión de eso.- dijo Nat con voz llena de amabilidad. Pepper movió la cabeza, pero sus dedos se mantuvieron envolviendo los de Nat.

- Estás bien con eso?-

- Sabes, para ser dos maestros asesinos misteriosos y amos del disfraz, todo el mundo en esta Torre vive pendiente de nuestra vida amorosa por lo que veo.-

- Tú me apoyaste cuando Tony…- Pepper bajó la vista, pero luego la miró a los ojos, azul pálido en verde intenso de gato.- Con… lo difícil que fue, yo…-

Nat movió la cabeza: no podía hablar. Pero Pepper se quedó allí un largo rato, y luego empezaron a hablar de sus viajes, de las responsabilidades de la CEO de Star Industries, de las novedades en el mundo: pero Pepper no soltó la mano de Nat, y Natasha, la fría asesina, tampoco intentó soltar su mano de la de la mujer que con tanta facilidad movía los millones y las personas.

- Buenas tardes, Pepper.- las interrumpió una voz, mucho más tarde. Era Bruce, que con su habitual traje castaño se había parado en el umbral, una taza de té perfumado de rosa mosqueta en las manos, una sonrisa en su rostro que era nueva y hermosa. (4) Natasha se la devolvió al verlo, notando con curiosidad el modo relajado en que se movía, la forma en que sus hombros parecían haber perdido algo de su invisible peso, y cuando él depositó la taza en el velador, Natasha no pudo menos que notar que se veía mucho más joven con una camisa anaranjada y los rizos despeinados.- Nat, vi tu ficha médica mientras dormías. Te han atendido bien, pero como tu médico, quisiera echarle un vistazo a la herida si me lo permites.-

- Me dijeron que habías sido un héroe.-

- Si le llamas a eso a no salirse del medio cuando se te cae un frontis encima. Considerando que Libby tiene la resistencia de una tortuga, me quedé atrapado literalmente entre una roca y la pared. Mis costillas lo sienten, créeme.-

- Ella está bien?-

Una sombra pasó por los ojos de Bruce.- Muy bien. Me han dicho que Clint la invitó a salir en cuanto se levante.-

- Qué?- barbotó Pepper, pero Nat sólo hizo un mohín.

- Bueno, Clint tiene containers de experiencia con nuestro tipo de issues. No lo dejes que la lleve a hacer bowling, eso sí. Es un tramposo asqueroso.-

Bruce asintió, como si se sintiera aliviado.- Me permites ahora?-

- Quieres que me vaya?- dijo Pepper.

- No, por favor. Espérame un momento: deseo hablarte, si eso está bien.- dijo Bruce, sacando su estetoscopio electrónico y colgándoselo al cuello. Con suavidad, apartó las mantas de Natasha, y ella se quedó tendida, a la luz de la tarde, su cuerpo maltratado fino y pálido en las sábanas celestes. Las cejas de Bruce se suavizaron, sus ojos muy dulces, y Nat lo vio entibiarse las manos antes de ponerlas en sus costados, y con habilidad palpar sus costillas bajo la camisola de hospital, rozar sus clavículas, sentir los huesos de su pelvis, deslizar los pulgares cuidosa y concienzudamente para sentir su páncreas, bazo, riñones. Lo vio pedirle permiso con una mirada antes de levantar el camisón, revelando sus pantaletas negras y el vendaje plástico que cubría el largo tajo sobre costado, su transparencia permitiendo ver los puntos solubles que cerraban la operación: y cuando las manos suaves de Bruce rozaron los bordes, Natasha tuvo un súbito flashback a su sueño, a ese extraño sueño, con la seguridad de que el hombre que había saltado con ella al río de hielo no había sido Clint, que siempre la cargaba a la espalda si tenía que hacerlo para tener las manos libres. No; ese hombre la había llevado en brazos, con la misma sensación de posesión y dulzura con que Bruce deslizaba sus palmas por su cuerpo, sin una señal de lujuria, sin nada más que ternura en sus ojos.

Había sido demasiado real para ser sólo un sueño…

Bruce le sonrió.- Se ve muy bien. Ya está deshinchándose. Por supuesto, tienes al menos un mes de reposo.-

- Yay. Los otros médicos dijeron dos.- dijo Natasha, con un gesto complacido. Bruce movió la cabeza, como si dijera que era imposible, y luego apoyó el estetoscopio entre sus senos, con toda delicadeza deslizándolo con dos dedos bajo el cuello del camisón.

Nat se preguntó si podía escuchar su corazón acelerarse. Había algo íntimo en sentir las manos de Bruce en su cuerpo, y se preguntó con curiosidad cuántos hombres en su vida la habían tocado así, por el deseo de hacerle un bien a ella, en vez de disfrutarla, usarla o dominarla. Excepto Clint, nadie la había tocado así: e incluso él, al mirarla, la había deseado. Natasha era una Black Widow, y sabía leer a los hombres.

Bruce era el primer hombre en su vida que miraba su cuerpo, y sólo veía sus heridas y su cansancio, y el corazón de Nat se conmovió cuando Bruce bajó la vista y se ocupó de ponerle una nueva gasa y un poquito de crema cicatrizante a una peladura en su rodillas, cuyo parche se había soltado por el roce de las sábanas.

- Lista. Estarás como nueva pronto. Esto me tranquiliza mucho…- dijo Bruce luego de taparla e ir a lavarse las manos.- El té que te traje ya debe estar listo… bébetelo todo. Calmará el dolor y te permitirá dormir quieta.-

- No es peyo americano?- comentó Nat.

- Cómo supiste?-

Pan duro en rodajas finas, tostado cuando podían pagar el gas. Manteca a veces, pero generalmente con los confites de fruta que Steve cocinaba: desde que había conseguido ese empleo en el almacén, podía traerse toda la fruta y verdura dañada, cortar los pedazos podridos y aprovechar los sanos. El anciano Mr. Stewart también le daba la leche y la crema a punto de echarse a perder, los restos de cecinas y encurtidos, y a veces, tarta de frutas sobrante o croquetas que no se vendían: con todo eso, se podía decir que Bucky era el trabajador del puerto mejor alimentado, con una dieta estable de verduras y legumbres que le había permitido ser fuerte y sano como un roble. Steve había aprendido a hacer maravillas con sus exiguos sueldos y aún menores ahorros, pero mientras él cocinaba y mantenía el mínimo apartamento limpio y ordenado, Buck cargaba la estufa de parafina en el invierno, peleaba con las sábanas, sus camisas y camisetas en la diminuta tina todos los domingos hasta dejarlas blancas a fuerza de frotar y rascar, y entre los dos lograban vivir en el mínimo espacio que era su cocina, pequeña sala de estar, dormitorio y escalera de incendios, que era extensión de su sala en el verano. Un espacio que ahora habría cabido completo en el pasillo enfrente de las habitaciones de Libby.(5)

Steve había soñado alguna vez con una casa blanca con un jardín, pero Bucky jamás había dicho nada al respecto. Nunca había hecho planes de futuro, de lo que haría cuando sentara cabeza o cuando encontrara a una chica guapa. En cierto sentido, la guerra había parecido predestinada; como sus padres, les tocaba ir a matar y morir, no a esperar la muerte en ese pequeño departamento cuando fueran viejos, después de una vida bien vivida. Todo había tenido esa sensación de impermanencia.

Porqué Libby lo hacía pensar en esas cosas?

De algún modo, tras despertar, era como si hubiera reprimido todas esas memorias. El mejor modo de dejar de atormentarse era asumir su vida anterior como un sueño, un sueño perdido, loco y lejano: y sin embargo aquí estaba esa chica rubia que había conocido la guerra, a Howard, que había besado a Bucky. Y con esa palabra vino a su memoria una escena que había olvidado, una escena de esos días, un momento en que había estado así, exactamente, con una puerta entre él y Libby, y la voz de Buck en la cabeza.

entretenla diez minutos, es todo lo que pido. Llegaré a las siete en punto. Haz que me espere. La locuela de Martha se vuelve a casa con su hermano y no voy a despedirla al tren hará una escena. Es más fácil así, Libby no tiene porqué enterarse que la dejé por ella. Se disgustaría. Dale un té, muéstrale tus dibujos… cántale tu canción del tour si es necesario…!

La puerta se había abierto, y ahí había estado Libby, arreglada para Bucky: una trenza cuidadosamente recogida en el costado, su vestido azul bandera nuevo y reluciente, su ajuste enseñando su elegante figura: una sonrisa pintada de un vivo carmín, los zapatitos con correas de charol abrillantados. Steve no sabía por qué le producía una ternura inexplicable pensar en esos zapatitos.

- Buenas noches, Steve…- había dicho ella, algo confusa.- Perdona, esperaba a James…-

- Está ocupado. Me pidió que te escolte y se nos unirá en el bar.- dijo Steve, muy formal en su uniforme. Ella asintió, y recogiendo un bolsito de punto blanco se lo colgó al costado, cerró la puerta y se tomó de su brazo, su perfume de lilas llegándole a la nariz. Steve podía recordar el anticuado perfume ahora.

- No se tardará mucho.- le dijo, intentando que no se decepcionara.- Fue a dejar a un amigo suyo al tren, que vuelve a casa…-

Ella volvió a asentir, mientras desplegaba su paraguas. Londres era tan lluviosa como decían las historias, y el cielo había estado permanentemente encapotado los días que los habían estacionado allí, antes de partir a Francia. Bajo el cielo como aluminio, los ojos de ella eran chocantemente azules, su sonrisa roja como la sangre.

- Mira!- había dicho, unos pasos bajo la llovizna. Y Steve había alzado la vista para ver un arcoíris casi completo entre la lluvia, elevándose de la Londres devastada por el Blitzkrieg. Eran los únicos mirándolo: todo el mundo se había quedado seguía caminando, hombres con uniforme, mujeres con uniforme, moviéndose arriba y abajo con prisa, y ellos ahí quietos en la calle lodosa, la vista en el cielo, un rayo de sol en el hombro del uniforme de Steve. (6)

Steve se volvió para comentarle lo bello que era, y entonces alguien golpeó el paraguas al pasar y los empujó. Libby extendió las manos, y Steve las tomó, afirmando el paraguas. Y ella levantó la vista, y Steve se preguntó súbitamente a qué sabía el carmín de las mujeres. Se lo había preguntado más de una vez, pero nunca había tenido a una chica tan cerca. Una chica que se quedaba parada mirando los arcoíris, como él.

Había pensado claramente en ese momento: si no fuera la chica de Bucky, habría intentado besarla.

Y luego había reprimido esa idea ciegamente.

Ahora… Steve tocó la puerta. Libby había abandonado la salita médica: estaba en sus habitaciones, las que Stark le asignara en el piso de Natasha, que ahora estaba desierto. Cuando no hubo respuesta, por un momento se planteó pedirle a JARVIS que le abriera, pero luego se abrió la puerta y Libby se quedó de pie allí, vacilando un poco, con un buzo flojo pero ya claramente recuperada, una carpeta colgando entre sus dedos. Era un poco extraño acabar de recordar ese intercambio de los dos hacía tanto tiempo, los dos de pie en un umbral, mirándose nerviosamente.

- Libby.- dijo Steve, incómodo.- Puedo entrar? –

- Por favor, pasa.- dijo ella, apartándose para dejarlo pasar. Steve, que aún no había dormido, entró por primera vez a las simples habitaciones, que no habían sido personalizadas en absoluto. Excepto unos libros y unas carpetas, el tablet que Tony solía entregarle a todos ( Thor y Steve ya habían roto seis cada uno) y un poco de ropa en el closet, no habían más características de que era una personalidad quien habitaba en esos cuartos.

Steve por un momento no supo qué decir, y entonces se dio cuenta de que ella sostenía una carpeta con el logo de SHIELD.

- Qué es eso?-

- Le pedí a Clint que me hablara un poco de SHIELD.- dijo ella, volviendo al sofá, Steve siguiéndola para sentarse frente a ella.- El agente Coulson me envió algunos archivos.-

- Estás pensando en unirte a SHIELD? – dijo Steve alarmado. Ella no asintió ni negó, pero al juntar las manos y poner toda su atención a en él, Steve sintió que parte del nerviosismo y de la sensación de irrealidad que lo había alterado y no lo dejaba descansar, se calmaba. Nat se recuperaría, Libby y Bruce estaban a salvo, y ya habría tiempo para pelearse con Clint. Y los pasajeros de esos aviones estaban a salvo también.

Steve respiró hondo, y sintió como todo su cuerpo se relajaba un poco.

- Por qué hiciste eso anoche?- preguntó al fin, con calma.- Corriste un riesgo.-

- Nadie veía a ese hombre. Alguien tenía que hacer algo.- dijo ella vagamente, hasta mirarlo a los ojos y hablar con sinceridad.- La verdad, ni siquiera lo pensé.-

- Podrías haberte lastimado.-

- Él estaba lastimado.-

- Libby… no tengo moral para enojarme porque trates de hacer lo que nosotros hacemos. Pero no estás entrenada, y no quiero que nada te suceda. Dijimos que iríamos al MOMA, recuerdas? Y Bucky jamás me perdonaría si algo te sucede.- agregó, el tono suavizado. Ella asintió, pero allí quieta, con los ojos líquidos, había tanto que Steve hubiera querido añadir y no se le ocurría nada en ese momento.

- Steve, me salvaste del cautiverio. No es para tenerme encerrada, verdad?-

Él dio un respingo.- En absoluto! Libby, no pienses eso! Es sólo que temo… temía que algo te sucediera. Eres… eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.- dijo al fin, en un hilo de voz. – Y con nosotros estás segura.-

- Mientras no me meta debajo de automóviles.-

- Mientras no te metas debajo de automóviles y casi me des un infarto.-

- Lo siento, Steve.- dijo ella, sus manos apretadas en la carpeta.- Lo siento. No lo pensé bien.-

- Pero si lo hubieras pensado, habrías hecho lo mismo, verdad?-

- Seguramente Clint lo habría hecho mejor.- dijo ella, pensativa.- pero tampoco se me ocurrió pedirle ayuda. Sólo pensé en agarrar a ese hombre y ponerlo a salvo, era… era igual a un campo de batalla.-

- Era un campo de batalla. No es la guerra, es cierto, pero hoy en día las batallas con terroristas y supervillanos es iguales o peores que la guerra, Libby.- dijo Steve con cierta amargura.- No quisiera que te expusieras. Tus habilidades no son de combate, y aunque lo fueran… Natasha es una de las operativas más hábiles de SHIELD, y casi la perdimos anoche. Si dependiera de mí…-

- No depende de ti.- dijo Libby, pero había dulzura en su voz. – Steve, no tengo ninguna intención…- empezó, y entonces los interrumpió la voz de JARVIS.

- Capitán Rogers, enfermera Bell. Sir viene en camino a reunirse con ustedes.-

- Para una herida semejante, y una cirugía mayor, se ve bastante bien.- comentó Pepper mientras Bruce ayudaba a Nat a acomodarse y volvía a cubrirla con las mantas ligeras. A Natasha le habría gustado que Bruce se quedara un rato, pero era obvio que tenía cosas que hacer: y la verdad era una marca del científico el que siempre te dejaba deseando más de su presencia, siempre quedándose a mano sólo el tiempo necesario para cumplir sus funciones. Pepper sonrió a la delicadeza con la que esas manos grandes y morenas le entregaban su té tibio a la enferma, rechecaban las vías que la mantenían con analgésicos, antibióticos y un reponedor de volemia, y luego, con una timidez que no se condecía con el modo seguro en que se habían deslizado palpando su cuerpo, le echaba delicadamente los rizos atrás de la frente.

- Aún con tu versión del suero, y que el tejido está empezando a reformarse, es una capa muy delicada de mesodermis la que tienes. Si haces un movimiento brusco, la desgarrarás, y podrías desangrarte. Te ruego que te quedes quieta y no intentes nada arriesgado. Los cirujanos de Tony hicieron un bello trabajo para no dejarte cicatrices: no hagas que tenga que ser yo quien te cosa a las tres de la mañana, porque juro por Dios que te haré un smiley en punto cruz. Estamos?-

- Órdenes de mi doctor.- dijo ella sonriendo. Bruce se volvió a Pepper, y se detuvo, y la mano que Natasha había logrado atrapar se tensó entre las suyas. Pepper vio alarmada que Bruce bajaba la cabeza y cuadraba los hombros en un gesto que era mucho más Hulk que tímido científico, pero lo único que estaba en la puerta era Clint, ahora en jeans y con una camiseta gris de jersey que se tensaba sobre sus bíceps.

- Me temo que tu ejecución tendrá que esperar.- dijo Bruce, empujándose los lentes con un dedo sobre el puente de la nariz. - Natasha está imposibilitada de comerte la cabeza en este momento, pero yo puedo actuar de proxy...-

- Porqué todo el mundo me amenaza hoy? Primero Steve y ahora el doc.-

- Clint, si te amenazan tanto Steve como el Doctor Banner, me atrevo a decir que has hecho algo muy malo.- comentó Pepper, aceptando sin embargo que el arquero deslizar una mano en su cintura para darle un largo beso en la mejilla a guisa de saludo.

- No recientemente. Nat? Dame unos minutos y te dejo descansar. Me imagino que ya te llegó el chisme de Libby…-

- Sí, tu capacidad de guardar intel siempre ha sido baja - dijo ella, con cierta reluctancia, pero que era claramente no a quedarse con Clint, sino a soltar a Bruce y a Pepper.- ustedes tenían que hablar?-

- Pero vendré en la noche a traerte algo bueno de comer.- dijo Bruce asintiendo, dándole una palmadita en la mano. Cuando salió, alzando una ceja al pasar junto a Clint, el arquero rodó los ojos al rostro del doc, que aunque no estaba desprovisto de humor poseía un algo protector que era levemente amenazante.

- Jodido Jesús. Le has dicho a todo el mundo que me abandonaste por abuso? Esta Torre entera me ha ofrecido patearme si te ven derramar una lágrima. Si te dan ganas de llorar por las heridas, por favor especifica porqué estás llorando, porque entre Thor y Hulk me van a dejar como para meterme en un frasquito y venderme por mermelada.-

- No he dicho una palabra. Y Thor se ha largado a Kenya a ver a Jane.- dijo Nat, moviendo la cabeza, cómoda en su lecho.- Además, los médicos de Tony me tienen en drogas buenas y el doc me trajo una de sus raíces… estoy drogada hasta el pelo.-

- Entonces, si estás tan drogada, es un buen momento para sentarme aquí y tener esta conversación, verdad?- dijo Clint, acomodándose a los pies de la gran cama, las piernas cruzadas, flexible y ligero como una gran ave.

Natasha inclinó la cabeza, mirándolo, y aunque sus pupilas estaban dilatadas, sus ojos verdes lo miraban con dulzura, sin nada de la estudiada inexpresión de la Black Widow.

- Nat, anoche, cuando te escuché hacer ese ruido…- dijo Clint tras una pausa, y se le quebró la voz, pro se rehízo de inmediato.- No lo soporto. No soporto la idea de que algo te suceda y no esté ahí. Te voy a volver a oír haciendo ese ruido de cuando te hacen daño, en mis pesadillas. Nat, porqué no quieres estar conmigo? Sé cuánto me quieres. No puedes dudar cuánto te amo. Porqué, entonces…?-

Natasha lo miró largamente, y le tendió la mano. Con la habilidad que da una larga práctica, Clint cambió de posición, tendiéndose a su lado, y sin dudar sus manos fueron a sus cabellos, su hombro, como si quisiera asegurarse que estaba bien, estaba viva.

- Es lo mejor para los dos.- dijo ella, apoyando el mentón en sus dedos.- No confías en mí, Clint?-

- Confío con todo mi corazón. Pero no tiene que gustarme.- susurró él, apretando su frente contra la de ella, y había tanto dolor en su voz.- Nat? Qué hice mal? Lo que sea, lo arreglaré, lo juro.-

- No has hecho nada mal, amado mío…- musitó ella en ruso, y besó los dedos callosos por el arco.- Te juro que no es nada malo. Pero confía en mí, por favor.-

- Yo te amo.- susurró él, y su voz era áspera, cargada de necesidad y amor.- Nat, por favor, dame una chance…- gimió, y su boca fue a la suya, sus labios buscándola ciegamente.

- Por favor, no me toques si te digo que no.- susurró ella. Sus palabras cayeron como una piedra en una poza, y Clint se congeló, su mano soltándola, y Nat vio claramente los grandes ojos tan cerca suyo inundarse de dolor y pánico. Si a ella la habían acuchillado la noche anterior, ella misma acababa de destripar a Clint con una palabra.

- Lo hice alguna vez?!- susurró él, quieto, su voz cargada de espanto.

- No.- aseguró ella, enfáticamente.- No, Clint, te lo juro. Nunca.-

Él la soltó, pero cuando quiso ponerse de pie, ella lo retuvo con una mano en su costado. Los ojos de Clint se habían llenado de lágrimas, pero Natasha, que lo amaba y lo conocía más que nadie en el mundo, lo vio rehacerse, lo vio endurecerse y apretar la mandíbula como había hecho ante tantas pérdidas en su vida, lo vio ser fuerte y aguantar el dolor y no dejar que esas lágrimas cayesen, porque la amaba.

Ella nunca lo había amado tanto como en ese momento.

- Así que… una cita con Libby? Un clavo saca otro clavo?- dijo burlonamente tras una pausa, y Clint la miró con el rostro desnudo y adolorido antes de que su máscara cayera en su sitio y se aferrase a ese intento de humor, a la tácita declaración de Natasha que seguían siendo, excepto amantes, todo el uno para el otro.

- Yup.-

- Un gusto haberte conocido. Si Bruce está protector conmigo, imagínate cuando se va a poner cuando seduzcas Libby.- dijo ella. Bromeaba. Los dos lo sabían. Nadie más habría detectado el humor, quizás.

- No es por Bruce por quien lo hago. Él y Steve tienen buenas intenciones, pero no los dejaré que la tengan aquí encerrada como su juguete hasta que al fin se les calmen los miedos, que va a ser nunca. Libby tiene habilidades, ayer las usó y exitosamente, debo añadir, y además… -agregó.- Si yo no hacía una movida, el Capi no la hacía nunca. Si basta con verlos juntos… -

- Y tu paciencia de sniper?-

- El Cap me la agota.-

- Sé que estás jugando, pero ten cuidado que no te salga la flecha mal puesta.-

- Ah? Eso es un chiste de doble sentido ruso?-

- Ten cuidado de que Libby no se vaya a interesar demasiado en ti. Eres un sniper, como su llorado difunto Bucky, y es tan fácil para una mujer enamorarse de ti.- dijo Nat con suavidad. Clint sonrió, girándose para besarle el pelo, aceptando sus palabras como la rama de olivo que eran.

Aunque no dejaran de ser ciertas por eso.

- Ah, sí? Dime más.-

- No te voy a sobar el ego. Pero por favor no le hagas esa movida de ponerte al otro extremo de la habitación y quitarte la casaca mientras la miras fijamente. Esa movida tuya es devastadora.-

- Really?- Clint se echó a reír.- Devastadora, ah? Después de todo lo que hemos hecho, me vas a salir con que ésa es mi movida devastadora?-

- Asumo que no vas a hacer ciertas cosas con Libby si sólo pretendes jugar al cattle prod con Rogers!-

- Tomar decisiones en el momento es lo que mejor se me da.- bromeó él, y sonreía.

- Qué hizo Tony ahora?- fue la pregunta de Pepper inmediatamente cuando salieron al pasillo, pero en vez de reírse, Bruce le echó una mirada que tenía un poco de reproche.

- Es un poco ofensivo que siempre ésa sea la hipótesis popular.-

- Es popular porque es cierta.- dijo Pepper suavemente, cogiéndose de su brazo con familiaridad mientras bajaban la escalinata hacia la segunda columna de ascensores de la Torre. Los dos eran casi de la misma estatura, y la sólida figura de Bruce enmarcaba muy armoniosamente la esbelta delicadeza de Pepper, su anguloso rostro hermoso a la luz, el rostro suavizado por los años de él gentil en contraste a su viveza. Los dos se detuvieron para hablar en el balcón acristalado que daba al hermoso efecto nevado del lobby del piso 20, azul un lago veinte pisos más abajo.- Por favor, dígame qué ha hecho y cómo puedo arreglarlo.-

- No hay nada que arreglar. Esto es algo entre Tony y yo…- empezó Bruce, algo incómodo, quitándose los lentes y empezando a limpiarlos en el faldón de su camisa, pero Pepper le quitó los nuevos marcos italianos color acero, que lo rejuvenecían mucho, y sacando un sobrecito especial con un paño específico para lentes de policarbonato, los limpió eficientemente.

- Lo que haya sido, me disculpo en su nombre. Estoy seguro que no pretendía ofender. Por favor, no me pida que arregle las cosas para que pueda irse sin que él lo detenga. Tony no pretendía…-

- Pepper, de dónde sacas todo esto?-

- Años de práctica!- dijo ella, y había una chispa de pánico en sus ojos claros y bellos.- Doctor Banner, por favor, le rogaré si quiere… por favor no se vaya. Me he pasado años sacando del lado de Tony a fuerza de influencias y dinero a un montón de gente poco recomendable, no es posible que no pueda sujetar a su lado a la única persona que conozco que le hace bien…-

- Pepper, soy un Avenger, no me iré fácilmente de la Torre.- dijo Bruce, y su sonrisa fue suave y afectuosa mientras alzaba las manos para sostener los frágiles antebrazos de la joven CEO y calmaba su ansiedad con su estupenda inmovilidad.- Tony, no ha hecho nada, ni tengo intenciones de irme. Lo contrario, en verdad. Es otra cosa lo que necesito hablar contigo.- dijo tras una pausa, antes de recuperar sus lentes y calárselos.

- Pero… entonces no comprendo.- dijo ella, dudosa.- Si es sobre Tony, porque… de qué más querría usted hablar conmigo?-

- He sido tan hostil contigo que te sorprende que desee charlar? Si es así, te debo una disculpa. No ha sido mi intención ser grosero.-

- Doctor Banner, se ha limitado a las cortesías habituales. Considerando que trabajo para un tipo que le dice buenos días a sus robots pero nunca a mí, toma mucho más que eso que me ofenda. Digamos que nunca hemos estado tan cerca, eso es todo.-

- Me gustaría remediar eso.- dijo Bruce, y esbozó una sonrisa que Pepper jamás le había visto. El doctor solía parecer amargo, sarcástico, triste o azorado, pero nunca… nunca tan sereno.

Sus ojos suavizados eran bastante bellos, de un castaño más claro que los de Tony: avellana, pensó Pepper un poco desconcertada.

Repasando la conversación en su cabeza, por un momento Pepper se preguntó si acaso el doctor estaba preparándose para invitarla a salir, pero no pudo evitar un mohín a sí misma. Nah. No tengo tanta suerte.

- Me escuchas ahora?- dijo Bruce, un poco de humor en la voz.

Pepper sintió su calidez, y no pudo sino devolverle su sonrisa, notando con sorpresa que de alguna manera sus manos habían acabado ambas en la mano suave y gastada del doctor.

- Perdóneme, Doctor Banner. Soy yo quien ha sido maleducada y no lo he dejado hablar. En qué puedo servirle?-

- En primer lugar, dime Bruce de una vez, Pepper. Te lo he pedido varias veces.- dijo él, su rostro cargado de humor y un deje de atrevimiento. Parecía algo nervioso, pero muy decidido, y ella parpadeó a la mano que aún no soltaba las suyas, su contacto cálido y nada invasivo.

- O…kay?-

- De lo que quiero hablar, tiene que ver con Tony. Y contigo. Sé que es hace menos de seis meses que tú y él ya no…-

- Doctor Banner, eso es privado…-

- Tony y yo estamos juntos.- dijo Bruce directamente, mirándola a los ojos. Pepper abrió la boca y la cerró, y luego pareció pensativa, bajando la vista.- Eso… puede ser un problema de alguna forma?-

- Ciertamente. Pero no para mí, ni para Stark Industries.- dijo ella, y de súbito le apareció una sonrisa pequeña pero vivaz.- Aunque ayudaría que te vistieras mejor y le viera un estilista, si vas a presentarte como su novio, porque sino dirán que Tony mantiene a su pareja en la miseria y es un bastardo tacaño.-

- No soy su… "novio"- dijo Bruce, como si la palabra fuera algún slang extranjero.- Apenas estamos empezando esto. Pero quería estar seguro de que estuvieras de acuerdo y en conocimiento de ello.-

- Eso es muy maduro. No tienes que decirme que no fue idea de Tony. Es… muy sano emocionalmente, algo que le hace falta a esta Torre.- dijo Pepper con un gesto amplio, pero no pudo disimular que la mano le temblaba.

- Pepper.- dijo Bruce despacio.- Te he herido? Perdóname.-

- No, no es…- balbuceó ella, y se llevó una mano al puente de la nariz, cerrando los ojos un momento.- Lo siento, es, sólo es que…-

- Pepper.- dijo Bruce, despacio, y la atrajo contra sí, y el rostro de ella se ocultó en su hombro un momento, mientras ella inspiraba fuertemente. Podrían haber sido dos amantes, abrazados así: había algo dulce y muy íntimo en su abrazo. (7)

- Sabía que nunca… que no volveríamos. Pero… pero una parte de mí…- susurró Pepper, y Bruce habló en su cabello.

- Aún lo quieres?-

- Siempre lo querré, pero…- ella tragó, y luego se apartó para mirarlo a los ojos. Su mano subió como por su propia voluntad para acariciar sus rizos, y se detuvo en el cuello de la camisa.- La verdad, debí haberlo visto venir. Debería alegrarme por él, verdad? En verdad, me alegro…- susurró, aunque sus ojos estaban húmedos.

- Pepper, si aún lo quieres…-

- Lo querré para siempre. Lo protegeré, siempre. Pero sólo puedo quererlo desde el otro lado del vidrio, Bruce. No como tú.-

- Qué quieres decir?-

- Tony… es como un tiburón. Un escualo… un Gran Blanco en su acuario. Puedo admirarlo, incluso amarlo, pero no puedo nadar con él. No soy como él. Siempre fui consciente de la separación entre él y yo, entre su mente y la mía… puedo amarlo, y mantener el acuario para él, pero no puedo nadar con él. En cambio, cuando tú llegaste, fue como si hubieran soltado una orca en su acuario y nadasen juntos. A mí me hace feliz verlos juntos.- dijo ella, mirando hacia las nubes al otro lado del ventanal. Lo había soltado, y parecía tan segura, su voz tan evocadora.- Tú y él… son felices juntos, incluso en silencio. Nunca había visto a Tony tan feliz…. – agregó, moviendo la cabeza y secándose delicadamente los ojos.- Cuando los miro a través de las puertas del laboratorio, siempre me recuerdan a un acuario. Se mueven tan bien juntos, y Tony pasó tantos años solo en ese espacio, como un animal solo en su jaula en el zoológico. Ahora, cuando estás ahí con él, es tan armonioso. Escucharlo reír contigo es maravilloso.-

- Nada ocurrió mientras estuviste con él.- dijo Bruce, en voz terminante. – Ni siquiera se me pasó por la cabeza hasta hace muy poco.-

- Nada pasó, excepto que te enamoraste. Y él de ti, mucho antes.- dijo ella, la vista baja, su sonrisa un poco triste.- Estaba celosa de ti, un poco, aunque no de esa forma, cuando recién llegaste. Tony se pasaba los días pendiente de todo lo que podías necesitar, y cuando sacaste la primera patente, esa sobre el uso de esa luz infrarroja en músculo dañado, estaba que reventaba de orgullo. Nunca lo había visto interesado en el proceso de patente y registro, pero se preocupó de que tu patente saliera perfecta…- Pepper movió la cabeza. – Era tan obvio. Debí darme cuenta en cuanto llegaste. Para Tony… todo lo demás se volvió irrelevante, excepto trabajar contigo.-

- Lo siento.- susurró Bruce.

- No lo sientas. No, no te atrevas a sentirlo!- dijo ella, y irguió la cabeza, los ojos brillantes.- No lo sientas, porque nunca lo he visto tan feliz, y si eso no me pareciera bien, significaría que nunc lo amé, verdad?-

- Si te sirve de algo, Tony se ha vuelto todo para mí.- dijo él suavemente. Pepper, la formal y distante Pepper, le echó los brazos al cuello, y Bruce la rodeó con sus brazos como un amante, estrechándola con fuerza. Su cuerpo sólido era un apoyo maravilloso, y Pepper dejó que él sostuviera su peso por un momento, sus mejillas unidas, sintiendo su aliento en el cuello.

- Gracias, Bruce.-

- Gracias a ti, Pepper. No nos abandones, por favor.-

Ella asintió, y luego hubo una chispa en sus ojos.- Voy a reclamar tu compañía ahora, con mis privilegios de ex novia. Vamos a comer algo juntos? Tengo unas cuantas historias indecentes de ex novia que solamente puedes compartirle a la novia actual, así que vamos para que te cuente porqué Tony detesta los bar mitzvah.-

- Pero… Tony? Bruce sabe que…?- Steve balbuceó, poniéndose de pie ansioso. No era peligroso? No había afectado ya una vez a Libby la presencia de Tony?- JARVIS, pregúntale si está seguro…-

- Ábreme la puerta, Rogers. Si intentas atrincherarte ahí adentro con la chica, me pongo el traje y entro por la ventana.- resonó la voz de Tony al otro lado de la puerta. Steve se tensó para volverse a Libby, pero ella sólo asintió, aparentemente tranquila.

JARVIS abrió las puertas, y Tony estaba allí, en uno de sus trajes de track, que se veía engañosamente simple y hipster. Por un momento no dijo nada, sólo mirando de arriba abajo a Libby, y luego se volvió a Steve.

- No veo señales de histeria ni me ha vomitado sopa de arvejas. Libby? Estás bien?-

- Estoy perfectamente, Mr. Stark. –

- Dime Tony. La única gente que me dice Mr. Stark es gente que me cae mal. Malísimo. Normalmente cuando me dicen Mr. Stark es porque hice algo.-

- Todo el mundo te dice Mr. Stark.- comentó Steve mientras Tony entraba sin dudar, se instalaba en el sofá y agarrando la taza de Libby, se la bebía, hacía una mueca, y ordenaba sin sacar la vista de la joven que se sentaba enfrente suyo.

-JARVIS, tres cafés como Dios manda, dos para simples supersoldados y uno para mí, de esos con palito para despegarte los dedos de la taza. Rogers, estás aprendiendo el arte del sarcasmo, pequeño saltamontes. Ahora, a tu rincón. Liberty Belle MontJohn es con quien hablo, verdad? Hola. Hola a las otras tres también, mi mamá me enseñó s ser educado con mis mayores.-

- Hablas con Liberty. Pero todo el mundo me dice Libby, y no… no me doy cuenta cuando hay cambios… en mí. El Dr. Banner dice que hay tres personalidades más en mí, pero cuando ocurre, para mí sólo es como si me hubiera quedado dormida y soñara.-

- Cuándo fue la última vez?- preguntó Tony, haciendo chasquear los dedos. Steve supuso que era la señal para que JARVIS grabase, pero Tony no lo especificó.

- Cuando salí con Steve. Después de que me… me abrazara junto a-al lago, fue como si… todo se quedó borroso hasta que desperté aquí, con Clint llevándome abajo. Y siguió borroso hasta que vi a ese hombre atrapado bajo el automóvil..-

- Hablaste con la prensa. Parecías muy segura.- dijo Steve, y su rostro traicionó la vergüenza de no haberse dado cuenta del cambio. Había estado demasiado lleno de sus propias preocupaciones.

- Sí, bueno, parece que ésa es Lydice.- dijo Tony.- Aparentemente, ha sido Lydice quien ha pasado todo este tiempo en la Torre con nosotros, con Thor y Clint y Nat. Libby sólo es realmente Libby cuando está contigo.- dijo Tony, recostándose en el sofá.

:: Sir, su café ha llegado.::

- Gracias, Jarvis. Steve, a ve a buscarlo, por favor?- dijo Tony poniéndose de pie. Cuando Steve fue a la puerta, notó que Tony lo seguía: cuando recibió la bandeja humeante de un asistente, Tony tomó en las manos dos de los cafés, le sonrió, y luego dio dos pasos más, efectivamente dejándolo fuera de la habitación, sin poder detenerse so pena de volcar la bandeja.- Gracias, Steve, tan lindo. JARVIS, cierra la puerta.- agregó, volteándose ignorando la protesta de Steve cuando quedó fuera de la habitación y esbozando una sonrisa dientuda para Libby.- Ahora, conversación no apropiada para nenes. Liberty, recuerdas algo de lo que te hizo mi padre? JARVIS, insonoriza la habitación. No estoy de humor para oír las puteadas de los años 40. Muy bien, Regan, empieza.-

Libby movió la cabeza, pero su expresión modosa y dulce cambió a una expresión más alerta y pensativa. Era como ver a alguien envejecer de golpe, pero sólo los ojos.- Podrías haberle pedido amablemente que se retirara.-

- Una lección que aprendí de mi padre es que ser asertivo es ser lo que eres, y nací asshole.- dijo Tony.- Además, mientras más le interrumpimos el acceso a ti, más ganas te tendrá, no es así? No es para eso que te hizo mi padre?-

Hubo un destello de reconocimiento en los ojos de Libby, y entonces Tony apuntó entre sus ojos.

- Eso. Ahí está el cambio. No me sorprende que Cupido lo viera con esos ojos que tiene. Es sutil, pero… ahí está. Cuando eché a Steve, inmediatamente revertiste a Lydice, una mujer moderna. Ahora que te mencioné los experimentos, algo más pasó. Con quién estoy hablando?-

- Creo que con Lydia…- dijo Libby pensativamente.- me siento… me siento un poco distinta.-

- Como qué?-

- Más fría.-

- Bien!- dijo Tony.- Necesito hablar con un adulto. Lydia, qué sabes de lo que te hizo mi padre?-

- Que estaba loco como Mengele pero tenía más dinero para jugar?- respondió Libby con voz más profunda.

- Eso!. Te acuerdas de todo?-

- Cuando llevaba unos años como Lydia empecé a recordar. Pero no recordaba nada mientras fui Libby.- dijo la mujer, que parecía tan adulta de repente.- Era por el alambre.-

- Qué alambre?-

Lydia guardó silencio, e inclinó la cabeza a un lado, mirándolo a los ojos.- Qué planeas hacer conmigo, Stark?-

- Si no planeas hacerle daño a nadie ni a ti misma, darte lo que quieras. Una casa en la playa? Una pensión? Universidad? Un debut en la alta sociedad y un marido guapo, moreno y fresco como el tipo que te gustaba? Te puedo conseguir todo eso. Te lo debo. Eso, y un ejército de psicólogos. Pero no pretendo, ni permitiré, que juegues a la heroína, no cuando Clint dice que un par de colegiales con bates de ganarían sin transpirar. No era como arma que te reconstruyó mi padre, Lydia.-

- No tienes que hacerte cargo de mí, Stark. Ya hiciste más que suficiente en ayudar a liberarme.-

- Y un cuerno. Según mis cuentas, estuviste bajo las órdenes de mi padre entre julio 44 y octubre 45, verdad? Esos son 15 meses. La paga del ejército era, para los soldados especializados en alto riesgo, que era lo que tú eras, cerca de mil ochocientos dólares mensuales. Mil ocho por quince son veintisiete mil: extrapolados a dólares 2016, es medio millón de dólares, y eso sin sumar tus fees de enfermera y los bonos por no morirte. No me estoy haciendo cargo de ti, estoy pagando lo que te deben. Así, que dime qué quieres hacer. Ahora, si lo que quieres es dejarte hacer por el Cap o Barton, es asunto tuyo, no mío.-

- Lo que quisiera ahora es ver a Natasha.- dijo ella, y la voz de Lydia era serena, casi fría.- Supe que fue herida.-

- Sí.- el rostro de Tony se oscureció.- Sí, fue herida. Tengo como una alergia a eso. Puedes rascarme la piel con una agujita mojada en esencia de Natasha herida y verás cómo me enroncho. Apreciaría que…-

- JARVIS, overrride SHINEDOWN, SO YOUARE SIX FEET UNDERNEATH ME I HEARD A PULSE I HEARD YOU MOVE (8).- dijo una voz, lenta y firme afuera de la habitación. Tony se enderezó de golpe, su taza vacía volcándose en el sillón, y la puerta se abrió para mostrar allí a Steve, las cejas fruncidas, el rostro sonrojado de rabia, y a Bruce, sin lentes, los ojos entrecerrados y un mano aún apoyada en el panel para el override.

- Eres un absoluto hijo de puta cobarde, Rogers.- murmuró Tony, sin sacarle la vista encima a Bruce, que parecía levemente más grande que de costumbre.- Sólo quería tener una conversación con la señorita…-

- Debería preocuparte un poco más la conversación que vas a tener conmigo en un ratito.- dijo Bruce con voz engañosamente calma (9).- Libby. Libby, concéntrate en Steve. Libby, me oyes?-

Tras una pausa, la joven parpadeó, y bajó la vista. Tony la vio abrazarse a sí misma y estremecerse, y vio, sorprendido, como la joven se alejaba de él, apartándose nerviosa como si su cercanía le hiciera daño.

- Sí, Doctor Banner.- dijo ella obedientemente.

- Libby, quiero que comas algo y duermas un rato.- dijo él, con un tono que aún amable no admitía réplica. Mañana tendremos otra regresión. Pero por ahora, descansa tranquila, ve televisión o lo que prefieras.-

- Quería ir a ver a Natasha.- suplementó Tony, a lo que Libby pareció algo perdida, pero luego asintió.

- Yo te acompaño.- dijo Steve, su rostro aún cargado con un deje de irritación. Tony le echó una mirada envenenada, pero Bruce se hizo a un lado en la puerta, permitiendo a Steve reentrar a la salita y dejando muy claro por su postura de que esperaba que Tony Stark saliera con él.

Tony, tras una mirada a Steve que estaba cargada como un láser, se largó detrás de Bruce, y Steve sintió un ramalazo de inquietud. Tony era áspero y agudo en sus discusiones, pero era cuando tenía tiempo para pensar con tiempo sus insultos y masticar su rabia cuando realmente podía ser cruel. Y la crueldad de Tony, que parecía despertar sus más atávicas y antiguas iras, furias incontrolables de adecuación, de injusticia, del resentimiento de un muchacho pobre, casi inválido y sensitivo, que no eran fáciles de controlar cuando despertaban. Sólo Bucky lo había hecho callarse, y no siempre.

Bruce tiene razón. Necesito que me traten, pero ya.

- Thor?-

- Estoy afuera, querida mía.- dijo la voz ronca, muy tenue. El campamento dormía: prendido entre las colinas de Kenya, la lejanía era maravillosamente verde y lujuriosa como una pincelada de esmeralda en el atardecer, pero en donde estaban, quebradas de luminosa piedra blanca, el sol poniente brillaba como en porcelana, inundando todo de blancura. A pesar de los días calurosos, las noches eran frías, y Thor estaba preparando una fogata entre rocas, a unos pasos de la tienda. Un poco más allá, zonas acordonadas en rojo y turpalinas demarcaban el espacio en donde un afortunado masai había encontrado las ruinas de una antigua cámara tallada en la roca, llena de maravillosas pinturas rupestres que, según la datación de Selvig, eran anteriores a los bosquimanos. (10) Con el respeto habitual en las instalaciones danesas por las costumbres locales, Selvig había declarado que los tres días de fiesta nacional kenyana serían respetados, no que le hubiera molestado al personal, ya que tanto los kenyanos como los investigadores extranjeros habían partido a los pueblos más cercanos a disfrutar el carnaval y las celebraciones: y Jane Foster, que prefería trabajar casi a cualquier otra cosa, había decidido quedarse sola cuidando el campamento y la zona arqueológica. Podría haber sido una mala idea quizá, el que una mujer de metro y medio se quedara por todo custodio de un sitio con una importancia histórica tan enorme: pero claro, el novio de esa mujer, que pasaría con ella esos días, era Thor, Dios del Trueno.

- Encontré los bizcochitos. Dile a Steve lo mucho que aprecio las cajitas de mermelada hecha por él. Este tipo de receta ya no se hace… se parece a la que hacía mi abuela, con toneladas de azúcar.- dijo dejándose caer naturalmente en una de las sillas de lona, sus pies descalzos hacia el fuego. Con pantalones arrugados y una camiseta con los dobladillos deshechos, a Thor le parecía más bella que ninguna danzarina asgardiana. Relajada y risueña ahí mientras comía quequitos de bolsa con él. (11)

Thor le acarició la pantorrilla, tras limpiarse las manos con un trapo, y se sentó a sus pies, apoyando la rubia cabeza en su rodilla. Jane le acarició los cabellos rubios sujetos en la nuca, algo transpirados por el calor del día, y él cerró los ojos y frotó el rostro contra la tela del pantalón como un gran gato.

- Estás preocupado.- dijo ella, que lo conocía. Thor se acomodó entre sus pies, sus grandes manos masajeando las pantorrillas suaves bajo el algodón, y la miró hacia arriba. Cuando estaban juntos, fuera debido a la inmensa mente de Jane o el enorme corazón de Thor, las diferencias de mundos, vidas, tiempo e historias desaparecían. No eran sino un hombre y una mujer, y en ese privado pequeño mundo de los dos, rodeados de Kenya intemporal, podría haberse encontrado en el mismísimo Asgard o en las profundidades del Metro de Londres. El amor entre ambos creaba algo más poderoso e irrompible que el Bifrost: con la mano de ella en sus cabello y la suavidad de su piel bajo los dedos, el eterno guerrero sólo podía pensar en paz.

- Ha habido… nuevos desarrollos en la Torre. Las cosas han cambiado un poco desde la última vez que nos visitaste, y además, como te conté en la aplicación telefónica que llaman What's App?, mi lady Natasha fue severamente herida. Debí preverlo: yo estaba a cargo de proteger la zona en la que ella se encontraba, y sin embargo, fue apuñalada vilmente por un malhechor.-

- Pero se recuperará, no es así? Clint estaba muy angustiado? No te culpó, verdad? Si lo hizo, tienes que entender que no estaba en su sano juicio…-

- Ciertamente no estaba en su sano juicio. Pero eso se debe a que mi lady Natasha ha terminado su asociación romántica con él hace unos días, y mi estimado arquero había decidido beber para ahogar su tristeza esa misma noche. Por ello, no estaba con nosotros en ese momento, sino en la Torre con el buen doctor y la joven de la que te hablé, la dulce Libby.-

- Estaba borracho…? Y Nat terminó con él? Por Dios, debe estar destrozado, qué hizo?-

- Mi dama tiene motivos de índole muy personal que la enaltecen, pero no se debe a ningún mal acto de parte de mi amigo Clint. De ser así, ya habría tenido unas palabras con él, a pesar de nuestro lazo.-

- Creo que a ese respecto, estarías contraviniendo leyes sociales modernas. Thor, hoy en días las mujeres no aprecian ese tipo de actitud sobreprotectora…-

- Tony y Bruce hablaron conmigo, juntos y por separado, cuando supieron de nuestra relación amorosa.- interrumpió Thor, humor en sus ojos.- Bruce, que admira mucho tu trabajo, quería asegurarse que no te hiciera daño emocionalmente con mis idas y venidas entre los mundos.-

- Bruce es tan lindo. Nos hemos escrito por varios años.- dijo Jane Foster sonriendo.- Sin su teoría antielectrón, nunca habría podido completar mi teorema.-

- Y Tony quería asegurarse de que fuésemos físicamente compatibles. Me dio una clase con preguntas tan increíblemente invasivas que el Capitán tuvo que hacer abandono del salón.-

Jane soltó la carcajada.- Tú sabes que lo hace sólo para molestar a Bruce y a Steve, verdad?-

- No estoy tan seguro de que su deseo actual sea molestar al doctor. Si no estoy muy equivocado, creo que al claro acoplamiento de sus brillantes mentes se ha sumado algún tipo de encuentro en sus sentimientos.

- De veras?- dijo Jane fascinada.- Me alegro mucho por Tony. Sólo espero que no haga a Bruce transformarse todos los días…-

- Los dos se comprenden muy bien. Supongo que hay que tener la brillantez del doctor para entender a cabalidad al amigo Stark.- dijo Thor, aceptando la taza de té que Jane le tendía.- Supongo que es por eso que me dan tantas ganas de golpearlo a veces. Es como los primeros hombres de los que me hablabas, cuya primera reacción esa golpear y destruir los objetos que caían del cielo, todo aquello que estaba más allá de su comprensión. En ese sentido, no soy mejor que esos primeros midgardianos, excepto quizá en estar consciente de ello.-

- Eres mucho más que eso.- dijo ella, con dulce adoración, y besó al hombre recostado a sus pies, cuyos hombros se sentían sólidos como la roca bajo sus manos y cuyos labios eran calientes, ansiosos, inesperadamente dulces. Todo en Thor decía guerrero, excepto su beso, que era inesperadamente tierno y necesitado: y Jane habría seguido felizmente besándolo por muchas horas más, si de pronto la mano que acariciaba tan suavemente su pantorrilla no le hubiera sujetado firmemente el muslo, y los labios de Thor no se hubieran separado de los suyos para hablar con su boca en la suya.

- No te muevas. No te gires. Sólo quédate quieta, men liebe.- musitó, moviéndose muy fluidamente, muy serenamente, hasta clavar sus talones en la arena y enderezarse lenta, majestuosamente.

Jane no se movió, pero oyó detrás suyo el susurro de aire caliente, el aroma a sangre y carne fresca, el gruñido bajo.

Hubo otro gruñido, esta vez de Thor. Cuando él se movió, avanzando hacia el sonido, Jane no pudo evitarlo y se giró despacio, apenas de perfil, para ver a dos leones machos enormes, uno olfateando lo que parecía un babuino muerto a pocos pasos que su compañero debía haber dejado caer, el otro con los ojos oscuros fijos en Thor, que avanzaba a ellos con paso tranquilo.

Eran unos leones enormes, unos verdadero cuto bag bursagh. Jane sintió su corazón acelerarse, sabiendo que el único rifle del campamento estaba detrás de la tienda, y entonces oyó la voz tranquila de Thor.(12)

- No tienen necesidad de atacarnos, grandes gatos. Acaso no es suficiente esa cena? Hay más de donde vino ése, en la jungla. Mi lady Jane tiene muy poca carne, y aunque yo les sería abundante, mi carne es dura y les costará demasiado caro cada bocado. Porqué mejor no irse adonde la presa es fácil y suya por derecho? Vayan a reclamar sus derechos de reyes a su reino. Yo, Thor de Asgard, los saludo.- dijo con una inclinación. Por un momento los dos depredadores miraron a Thor directamente, y algo ocurrió entre ellos, una comprensión. Luego, los dos leones agarraron su cena y se largaron, no sin un poco de desprecio en sus traseros bamboleantes de gato, un deje de " demasiado pomposo para comérmelo, y al cabo que ni tenía hambre" en sus pasos suaves e inaudibles en la arena.

- Los documentales de Nat Geo no te dicen lo mal que huelen, pero son muy bellos.- dijo Thor con una sonrisa volviendo a ella.- No nos molestarán más, querida mía. Creo que comprendieron bien mi petición.-

- Qué fue eso?- balbuceó Jane.- Tu poder de allspeak asgardiano también se extiende a los animales?!-

- No siempre los entiendo, pero puedo darme a entender.- dijo Thor como si fuera lo más normal del mundo.- Por qué? Hice mal?-

- Entiendes pictogramas?-

- Qué es eso?-

- Quédate ahí. Tengo unos apuntes por acá, piedra de Rosetta con bíceps!-

Bruce y Tony habían cruzado apenas dos pasillos cuando Tony, que hervía de rabia, comentó con voz falsa y ligera:

- Y el Capi tuvo que rogar mucho para convencerte? Qué pensaron que le estaba haciendo a esa chica, seduciéndola?-

- No sé qué estabas haciendo. Qué hacías, Tony?- dijo Bruce, y no había nada más que tranquila curiosidad en su voz.

- Me mostraste esos archivos, verdad? Cuatro personalidades, y una a la que le da por jugar a la heroína. Pensé que si había gritado al verme, cabía la posibilidad que fuera sólo una de las cuatro. Tenía curiosidad… quería verla de cerca.- balbuceó Tony, hablando rápido, sus razones apelotonándose.

- Te pedí que te mantuvieras lejos de ella.-

- Eso fue la semana pasada.- dijo Tony airosamente, deteniéndose en una intersección, las manos expresivas en las caderas, preparándose para discutir. – La chica tiene cuatro personalidades, lo que es fascinante, pero ayer se fue a salvar a un repartidor de diarios y casi se muere y te mata a ti para colmo. Aunque sea mi responsabilidad por lo que hizo mi padre, no puedo mantenerle el juguete acá a Rogers si eso significa que nos va a poner a todos en riesgo, ella incluida. Así qué tal si apresuramos un poco las cosas y la mandamos a Malibú a tostarse mientras…-

- Tony.- dijo Bruce, y su sonrisa era ácida.- No puedo seguir hablando contigo. Pero comprendo tus razones.-

- Sabía que entenderías, tú eres…-

- Tony.- dijo Bruce, y alzó una mano.- No puedo seguir hablando contigo, porque entiendo sus estúpidas y egoístas razones, y como no puedo pasar del nivel de enojo en el que estoy, no me busques hasta después de la cena. Adiós.- dijo, echando a caminar por el pasillo. Y Tony Stark se quedó allí, en un estado que le era sumamente novedoso, sumamente desagradable y aparentemente, traceable a la aparición de ese doctor en su vida: sorprendido.

En el sueño, había sentido las hebras del pánico como los hilos de una telaraña pegarse, untuosos y fríos, a su cuello, el roce del fantasma en su nuca, detrás de sus orejas. Natalia, una Natalia de quince años, que ya sabía de matar y de engañar, de seducir y de mentir, estaba encaramada en los alto de un pino nevado en plena tundra, soportando el frío, manos y pies negros por el congelamiento, insensibles y torpes. Pero era mejor la hipotermia que lo que le pasba a sus compañeras, cuyos gritos podía oír, ahogados en el bosque. Quizá alguien los hubier asumido sonidos de pájaros: pero Natlia sabía que eran los gritos de muchachitas pálidas, semidesnudas, sorprendidas en sus camisones por una ráfaga de ametralladoras, que huían dejando gotas de sangre en la nieve.

Como un monstruo de cuentos, el Soldado seguía esas gotas. Sólo había que esperar el amanecer: dos horas más. Si sobrevivía al amanecer, habría pasado el examen. Si lograba evitar que el Soldat la atrapase.

Decían que el Soldat podía hacer cosas imposibles. Imposibles e indecibles. Decían que era un demonio, una antigua leyenda rusa, el descendiente de Stalin, el mismo Stalin redivivo… Y era a ese fantasma aterrador, cuyas historias habían crecido oyendo, a quien habían traído para probar a esta generación de Black Widows.

No importaba si no sobrevivía ninguna. Habían más.(13)

Natalia vio con ojos incrédulos a dos de sus compañeras huyendo, desnudas y sangrantes, intentando alcanzar la protección de los árboles. El Soldat estaba allí de repente: estaba allí como una sombra, algo que caía de un árbol tan súbito, tan pesado que la tierra retembló a pesar de la colcha de la nieve, a pesar de su silencio. El Soldat dio un puñetazo, y atravesó el torso de la jovencita con la mano plateada como se atraviesa una hoja de papel, el grito de la chica apagándose inhumano en la mitad. Luego, alargó la otra mano, aferrando a la segunda niña que huía, la mano de metal ensangrentada cayó en el hombro correspondiente, y le arrancó el brazo de cuajo, lanzándolo un lado.

Natalia, incrédula, se apretó más contra el tronco de árbol, forzándose, a no temblar, a no gritar, a no…

-… you make me happy… when skies are grey…- musitó una voz, y Natalia miró hacia abajo del árbol, y vio al Soldat con el rostro levantado mirándola, los ojos tan enormes y de un gris tan vacío como un espejo…

- NAT, PARA!- la voz de Steve, la voz del Capitán, una de las pocas voces en el mundo que podía aspirar a detenerla, resonó, y Nat se encontró medio incorporada en la cama, una mano agarrando el cabello de Libby, la otra aguzada con el pulgar guardado, lista para clavarse cruelmente en la carne. Jadeante, Nat la soltó, y con desánimo se dio cuenta que al igual que en su sueño, había mojado la cama.

- Llamaré una enfermera…- dijo Steve, levemente incómodo cuando la situación de Natasha se hizo obvia. Pero para su sorpresa, Libby, que aún tenía la marca roja en la mano de Nat en el cuello, extendió la mano, y aferró las mantas.

- Nada de eso. Sólo ve a conseguir otro juego de sábanas. Tendrías que buscar mucho para encontrar una enfermera más capacitada que yo para esto.- dijo sonriendo, el rostro de Libby ( dulce y amable, el rostro de una enfermera paciente y femenina) tranquilo. Le tendió la mano a Nat, que aunque esperó a que Steve saliera para levantarse de su cama manchada, la tomó y aceptó que la llevase al pequeño baño adjunto, le ayudase a quitarse la camisola y pantaletas mojadas y la ayudase a ponerse de pie en el drenaje de la ducha, para luego enjugar con una esponja cuidadosamente alrededor del parche de la herida su piel, su intimidad, los sedosos muslos.

Nat estaba un poco pálida.- Yo… yo lo hago.-

- Está bien.- dijo Libby con voz suave, y hubo un destello envejecido en sus ojos.- A mí también me bañaban. Es muy….- agregó, tendiéndole la esponja, y Nat se aseó rápidamente. Cuando el agua tibia se hubo llevado todos los restos de espuma, Libby le entregó una nueva camisola y pantaletas blancas, y la dejó ponérselas mientras iba a rehacer la cama con las sábanas que Steve le trajera. Afortunadamente, los colchones médicos eran de gel impermeable.

- Está bien…?- murmuró Steve preocupado, apilando las sábanas sucias. Libby asintió, con esa sonrisa calmante de madonna enfermera que tenía.

- Estoy bien, Rogers. Podemos culpar a que me han metido suero como a una momia.- dijo Natasha con voz firme, saliendo de la ducha para irse directo a la cama y taparse sin timidez ni gestos de dolor. Steve intentó ayudar a acomodarla, pero temía tocarla: y fue Libby quien la arropó y volvió a colocar el saturómetro en su dedo, recostando a la joven con la fácil familiaridad de un experto.

- Estás cómoda? Tienes sed? Según lo que veo en tu chart, puedes comer sin problemas siempre y cuando no sea aceitoso.-

- Estoy bien. Thor me dejó mandarinas y Tony hizo que me trajeran caramelos.- dijo Natasha con un gesto que era un poco patético, y la verdad, Steve sintió una punzada al ver a la temible Black Widow con pantaletas blancas, ojeras, apenas capaz de dar unos pasos, tratando de pelar una mandarina con el saturómetro interponiéndose.

Steve se la quitó y la peló, antes de dejarle otra lista.

Libby atrajo una silla y se sentó junto a la cama, sonriéndole a Nat. Ella la miró largamente, y luego inclinó la cabeza a un lado, porque incluso dopada y exhausta, Nat era la más observadora de todos, aunque no tuviera los ojos de Clint.

- Estás… distinta.- dijo curiosa, antes de volverse a Steve.- Es por él?-

- El Doctor Banner ha detectado que cuando está Steve presente, me es más fácil ser Libby y sólo Libby. Me toma un poco de tiempo recordar cosas modernas.- dijo ella, sin ningún disimulo. Natasha se quedó mirándola un momento, su rostro completamente inexpresivo, y Steve sintió que su inquietud subía un poco: cuando Nat colocaba esa cara totalmente inexpresiva, solía significar que algo iba mal. Qué detectaba Nat? Qué intuía?

- Pero Lydice está mejor equipada para tratar con esta época.- dijo Nat, y su voz era engañosamente suave.- No tendría más sentido, y sería más sano, quedarte siendo ella?-

- No estoy segura de cómo podría hacerse eso. Pero confío en el Doctor Banner.- dijo ella, tranquilamente. Steve sintió un peso en su vientre.

(1) watch?v=Z7r4jtEaRG0

(2) . /tumblr_lycum5m0pL1qlydfjo1_

(3) .

(4) .

(5) . /aa57b8c6428fb391b797276953163007/tumblr_inline_

(6) system/files/images/Rainbow_in_

(7) /files/thumbor/WjmdiRkaiOxwJrd-PUx8-rKzw-g/fit-in/2048xorig/filters:format_auto-!-:strip_icc-!-/2013/09/26/879/n/1922398/33f65eb3712b0fa7_151611620_

(8) watch?v=Z7r4jtEaRG0

(9) .

(10) .

(11) videos/young-couple-playing-guitar-in-a-forest-malshej-ghat-maharashtra-video-id157295887?s=640x640

(12) wp-content/uploads/2016/05/pair-of-lions-1200105_960_

(13) .