CAPITULO 10

EARNED IT(1)

You make it look like it's magic

Cause I see nobody, nobody but you, you, you

I'm never confused

Hey, hey

Era más de medianoche cuando Jane dejó a un costado su bloc, en donde una veintena de caracteres sumerios que habían hecho maldecir, darse a la bebida y suicidarse a un montón de arqueólogos estaban lindamente traducidos, a veces en una palabra y a veces en un párrafo, Thor y ella sentados a la mesa de dibujo/escritorio/comedor que era el único mobiliario de la tienda, la noche ya volviéndose un poco más fría. Era tarde, y llevaban al menos cuatro horas trabajando cuando ella se echó atrás y estiró los brazos, mientras Thor, precariamente sentado en una de las banquetas plegables, esperaba pacientemente.

- Lo siento, se supone que ésta era nuestra cita romántica. No debería haberme entusiasmado… pero es que es maravilloso! Thor, soy la peor novia…- dijo Jane moviendo la cabeza, un poco culpable, pero Thor sonrió mirándola mientras le alargaba lo último de café con leche del hervidor.

- No es así. Cualquier momento en tu compañía es precioso para mí, y ya sea admirando la belleza de tu cuerpo o la agilidad de tu mente, sigo siendo tu más devoto amante.- dijo Thor, seriamente.- No podría amar una parte de ti más que otra, y es con pasión que admiro el poder de tu conocimiento, Jane mía.- agregó, ojos muy dulces cuando su mano fue a su rostro.- Me gustaría demostrártelo, con mi cuerpo si me permites ese goce, pero si hay algo en mi mente o en mis memorias que pueda ser carbón en la hoguera de tu mente, es todo tuyo, mi Jane.-

- Thor…- la voz de Jane era leve, pero sus pupilas estaban dilatadas: y se lamió los labios, antes de ponerse de pie, y con cierto nerviosismo, pero completa determinación, se montó sobre los muslos de Thor, el guerrero sosteniéndola fácilmente.- No sé… no soy como tú, no sé… pero Thor, te amo.- susurró, y su aliento se había agitado, sus ojos pardos yendo a los celestes de Thor, que nunca la habían mirado con más que absoluta devoción, más que con completa ternura. Jane sabía que había muchos que opinaban que estaba loca por ser la amante de Thor ( o su " prometida" como él la llamaba orgullosamente) y muchos otros opinaban que era un paso atrás que una convencida feminista como ella amase a un tipo que ciertamente parecía salido de la Edad Media. Pero quienes decían eso no la conocían, y sobre todo no lo conocían a él. Sólo veían al alienígena, al implacable guerrero, al ser hiperpoderoso que podía aplanar un automóvil con el puño, invocar el rayo, repelar balas, cruzar el aire, destruir amenazas con un salvajismo y una alegría que parecían decir asesino, bruto, salvaje.

No veían al Thor que se quedaba dormido con su Kindle aferrado, leyendo sobre el mundo que había adoptado como hogar incansablemente. No veían a Thor, que amaba todo lo vivo, todo lo luminoso, que amaba los parques, los niños, los dulces, los animales: que se quedaba fascinado en cosas tan simples como rascacielos y nuevas modas, que siempre quería probar nuevas comidas por extrañas que fuesen, nuevos idiomas, nuevas personas. Jane podía ver en esa inmensa necesidad de saber, de aprender, el reflejo de su propia curiosidad por el cosmos: veía al niño detrás del guerrero, y veía también un corazón puro y amante, que como los niños no graduaba ni fingía sus sentimientos, y que la amaba con la devoción de un niño y luchaba con la simpleza de un niño defendiendo lo suyo.

Y detrás de eso, estaba la antigua sabiduría asgardiana, que a veces fluía en frases entrecortadas, en decisiones que parecían tomadas por alguien mucho mayor, mucho más sabio. Thor, en jeans y camiseta, rodando por el pasto con el labrador de Erik Selvig, lamiendo al perro de regreso cuando el perro lo lamió a él. Thor, inmenso y terrible contra un marco de nubes, el relámpago rodeándolo, su capa como sangre desplegada en la tormenta. Thor, desnudo contra el amanecer, recitándole un largo poema narrativo en finlandés antiguo.

Jane veía todo eso, y se sentía demasiado afortunada, demasiado feliz para explicarse, a veces casi abrumada por la riqueza que era Thor, la improbable, imposible coincidencia de encontrarse.

Muchos no entendían cómo podía amarlo, y ella no podía entender cómo podría haber sido de otra forma.

Jane encontró las palabras por un momento, y tironeó su camiseta, descubriendo el torso musculoso, la enorme expansión de piel fresca y tensa.- Ambas cosas están juntas ahora, Thor. Quiero amar tu corazón, mientras amo tu cuerpo. Me dejas, Thor?-

- Tú sabes que te pertenezco.- dijo Thor dulcemente, y sus labios se encontraron.(2) Si alguien se había temido – Tony lo había dicho en palabras no muy sutiles- que su relación física acabara con Jane lastimada, esa inquietud había desaparecido después de su primer beso. Con la experiencia de siglos y el talento de un amante nato, Thor no sabía lo que podía ser la brusquedad en el lecho. Era más que tierno o considerado: Thor era seguro, seguro como un bote en un lago quieto al sol, seguro como un lecho en una tarde de lluvia. Jane no sentía ninguna aprensión a su toque, a sus caricias, y sí el hambre de quien se encuentra un festín servido tras una larga marcha, el saber que no lograrás comerte todo, pero tienes un hambre que casi dice que podrías, y que al menos, vas a tratar con todas tus fuerzas.

- Amada mía…- dijo Thor, la ternura en su voz dulce y posesiva cuando ella se sentó entre sus piernas y empezó a besar y acariciar el torso atlético y musculoso, la piel tan caliente, tan suave. Thor inspiró hondo y acarició los frágiles hombros de Jane mientras ella se saciaba de besos y caricias, su lenguita jugando con los lisos pezones masculinps, sus dientes rozando el arco de las costillas, su mentón rozando el vientre endurecido. Thor echó la cabeza atrás, pero cuando la lengua de ella hizo una espiral en su ombligo, el jadeo del semidiós se cortó y sus fuertes manos alzaron a Jane, recostándose de espaldas en la arena simplemente cubierta con un pedazo de lona que era el suelo de la tienda. Jane, recostada sobre su cuerpo, sonrió feliz, extendiéndose y buscó su boca, sus besos apasionados, largos y pacientes, los besos de dos amantes que se conocen y se saborean con familiaridad. Las manos de Jane bajaron impacientes a su entrepierna, acariciando el bulto palpitante, su silueta clara contra los flojos jeans que Thor llevaba puestos: pero aunque la respiración de Thor se entrecortó, y no la detuvo, fue con total atención que el asgardiano empezó a desvestirla, y al fin escapó de sus manos para quitarle los pantalones, la camiseta. Jane, sentada en la lona, era delicada como un pájaro frente al gran felino que era Thor, que en manos y rodillas de acercó a ella, enorme y cálido, y fue sin miedo ni timidez que ella le echó los brazos al cuello y lo llenó de besos mientras él la tendía en la lona y con mucho cuidado se acomodaba entre sus muslos, sosteniéndose en los codos para no aplastarla, el calor de su cuerpo cubriéndola como una manta lujosa.(3)

- Thor, tócame… Thor…- jadeó ella, ya sonrojada, y Thor sonrió a la invitación, su rostro cargado de alegría, aunque en sus ojos empezaba a aparecer una sombra de lujuria que era distinta por completo a su expresión habitual.

- Como bien sabes, querida mía, tus deseos son mis órdenes. Aunque éste coincide tan bien con mis propios deseos que no sé si llamarlo una orden feliz o algún contacto entre nuestras mentes…- dijo, quitándole el sostén que cubría sus senos pequeños y separados con un siseo de excitación. Jane ni siquiera tenía una posibilidad de inseguridad en sí misma bajo esa mirada adoradora: la forma en que los ojos de Thor brillaban, el modo en el que se lamía los labios, decían más que ningún halago o requiebro. Él se inclinó para besarla, y se soltó el cabello, antes continuar con besos por el centro de su pecho, dejando que los mechones rubios y sedosos acariciaran los pechos con cada movimiento.

- Thor…- gimió ella, pero él alzó el rostro, y llevó un dedo a sus labios. Jane se sorprendió un poco cuando el índice de él presionó contra sus labios, demandando entrada, pero de buena gana succionó y lamió el dedo calloso, los ojos de él oscureciéndose otro poco, pero entonces él deslizó el dedo mojado por entre los pechos de Jane, contra su clavicula, su cuello, y luego sopló despacio, haciendo que los caminos que trazara se llenasen de piel de gallina, los pezones irguiéndose.

Thor la hizo lamer su índice varias veces, trazando nuevos caminos, círculos alrededor de sus pechos, espirales en su vientre desnudo: y con cada soplido, Jane sentía su excitación subir otro peldaño, estremeciéndose, ansiando el siguiente toque, deseando que continuase. La deliciosa tortura continuó hasta que el dedo húmedo de Thor bajó, esta vez en línea recta hasta su pubis, y apartando algodón de sus pantaletas, se deslizó entre el sedoso vello castaño, rozó su clítoris y se hundió en ella sin dudar, haciendo que Jane se arqueara, no sólo por la penetración, sino por la mirada cargada de deseo de Thor, observando su mano entre las piernas separadas de ella.

Thor se llevó el dedo a sus propios labios, lo paladeó, y con un gesto inconfundible de hambre le quitó las pantaletas, llevando al mismo tiempo los muslos de ella a sus hombros, plegándola hábilmente para lamer y besar la parte de atrás de sus muslos. Sus manos buscaron sus pies, envolviéndolos por completo, masajeándolos mientras la acomodaba contra sí, las piernas plegadas contra sus fuertes hombros. Jane estaba sin aliento cuando él sopló entre muslos, dos o tres veces, hasta que hacerle emitir un gemido: pero fue un grito lo que se le escapó cuando él tomó su sexo en un beso profundo y posesivo, sus labios devorándola decididos y cálidos, el roce de su barba entre los muslos suaves haciéndola estremecerse, la experta penetración de su lengua profunda y dulce, pero contrastante con el modo en sus manos no cesaban de masajear, apretar y frotar sus pies. Era como si corrientes de placer que nacían en sus pies subieran por sus piernas plegadas y se enroscaran en la caricia de su lengua en su entrepierna: y cuando Thor empezó a apretar sus pies rítmicamente al mismo tiempo que succionaba su clítoris con firmeza, los jadeos de Jane se hicieron erráticos, el blush de placer cubriendo su pecho, su rostro, mientras sus gimoteos se volvían palabras sueltas e incoherentes.

-… supernova… es como… Thor, dentro de mí, te quiero… rómpeme… dentro… Thor, no puedo… te amo… te amo… no pares… es… espiral… es tan… Thor, duro… no pares… Thor, más, más, más…!- jadeó voraz, y Thor no sólo la complació, sino que hubo unos movimientos bruscos y rudos de su cabeza mientras succionaba el clítoris pulsante con delectación, y Jane gritó su orgasmo, sus piernas agitándose incontrolablemente, su mente estallando llena de estrellas. Thor la acurrucó en sus brazos, dejando dos dedos dentro de ella que seguían moviéndose suavemente, acariciándola por dentro, aún mientras tendida contra su cuerpo, su otro brazo rodeándola, Jane volvía lentamente de esa primera explosión: pero aún con los ojos cerrados, Jane lo besó largamente, saboreándose a sí misma, y sus manos buscaron el sexo hirviente y palpitante de Thor, que latía contra su cadera, y aún sin abrir los ojos buscó liberarlo, quitarle los jeans que aún tenía puestos.

- Un momento, mi dama.- dijo él con una leve risa, besándole los ojos, la frente. Jane abrió ojos cargados de placer, y Thor los estudió con una sonrisa de orgullo, y frotó su cara contra la de ella, antes de susurrar.

- Puedes continuar con esto mientras me quito las vestimentas que me quedan? No podemos permitir que las puertas vuelvan a cerrarse…- dijo él, llevando la mano de ella a su propia vulva. Jane lo miró algo sorprendida, pero cuando él le empujó la mano, Jane se recostó y asintió, viendo como el rostro de Thor se endurecía y sonrojaba de deseo al verla empujar sus propios dedos en su sexo.

- Más… puedes más, amada mía? Tus dedos son más pequeños que los míos…- dijo él, mordiéndose el labio. Jane amaba esa gesto lujurioso en Thor, y separó más los muslos, dejándolo mirar en detalle cómo al fin lograba acomodar cuatro dedos en ella misma, el placer, tanto del toque como de esa mirada, haciéndola sentir una ola de calor en la cara.

- Desnúdate, Thor, ahora.- ordenó, sin poder evitar ondular contra su propia mano.

Thor se puso de pie de un salto, incapaz de mirar a otro lado, y se quitó los jeans de un tirón, quedándose desnudo, las musculosas piernas separadas, su potente sexo erguido y palpitando visiblemente. Como era esperable, Thor no sólo era enorme: desafiaba el normal humano no sólo con su largo, sino con su ancho, que púrpura de ansia y alzado contra su vientre, parecía más un arma que un instrumento de placer. Pero Jane sólo sintió deseo al verlo desnudo otra vez, y le extendió la mano libre, dejándolo acomodarse sobre ella. Thor fue directo a sus senos, y tras besarlos y acariciarlos, los succionó con lenta fuerza. Jane gimió, y sus gemidos se volvieron extáticos cuando Thor colocó su mano sobre la de ella y le sugirió movimientos hasta que Jane, ebria de placer, dejó a su mano moverse y se masturbó allí debajo de él, la succión creando sensaciones casi insoportables, sus pezones hinchados, sensibles, tumefactos bajo el entusiasmo de Thor. El clímax llegó cuando entre sus dedos moviéndose frenéticos se colaron dos dedos más, gruesos y callosos, y frotaron las paredes de su vagina sin compasión: y Jane estalló gritando, revolviéndose bajo él, Thor haciéndola exprimir hasta la última gota de placer que podía antes de soltar su mano empapada, dejar sus pechos y tenderse tras ella, envolviéndola, acariciándola.

Ella repetía su nombre enajenadamente, y los besos en su nuca, los brazos rodeándola, eran apenas suficiente para anclarla, porque se sentía flotar en esa ola de placer: pero un momento luego sintió contra sus nalgas el hirviente sexo de Thor, que luego penetró el espacio entre sus muslos mojados y frotó la cabeza sedosa y dura contra su exhausto clítoris.

- Thor, en mí…- gimió ella, pero fue la mano de Thor la que fue expertamente entre sus piernas, volviendo a introducir sus gruesos dedos en ella, extendiéndola, dilatándola, y su pulgar sujetó la cabeza de su propio pene contra la carne sensible.- Thor, te amo, penétrame…-

- Aún no…- susurró él, su ronca risa vibrando contra su garganta, mientras le besaba el cuello y sus caderas daban un empujón experimental, la sedosa y dura carne de su sexo deslizándose en un roce líquido entre la vulva y los muslos empapados por sus jugos.- mi idolatrada, mi amor… cuánto deleite hay en tu piel para mí, cuánta embriaguez…-

- Thor!- exclamó ella cuando sintió el peso de él contra su espalda, el otro brazo cruzándose como un cadena contra su pecho, y con los jadeos de él, sus eróticos gruñidos, Jane halló un nuevo deleite en soportar el empuje de sus caderas, el fuerte cuerpo moviéndose en perversos embistes que le arrancaban gemidos de placer a ambos. Podía sentirlo sudando, jadeando, más por el esfuerzo de controlarse que por otra cosa: pero había tanto poder y potencia en el juego de sus músculos, en el modo como el enorme sexo se deslizaba entre sus piernas, cómo sus gruesos dedos seguían dilatándola, moviéndose dentro de ella, en cómo gotas de semen caliente se le escapaban a Thor con siseos, deslizándose contra su clítoris como gotas de cera caliente, que Jane creyó que podía volverse loca de placer y lujuria. Con ambas manos, al fin, desesperadamente, intentó arrancar la posesiva mano de Thor de su vagina para poder al fin empujarlo dentro, poseerlo: pero

Thor aceleró el paso, y con una gota de semen hirviente, emitió un quejido y aguantó, el rostro hundido en su cuello, mientras ella estallaba una vez más y su sexo se contraía contra sus dedos.

- Jane, ahora, amada mía, ahora… móntame… permíteme entrar en ti…- jadeó Thor, apartándose en un gateo tembloroso para derrumbarse en espaldas en la lona, su sexo tan erguido que dolía verlo. Y Jane era una bacante, una mujer enajenada, cuando se trepó sobre él, y encuclillada, alineó la pulsante cabeza contra su sexo hirviente, y dejó que la gravedad la empujase, la verga dilatándola hasta el límite cuando su propio peso la hizo acoger a Thor dentro suyo, centímetro a ardoroso centímetro.

La forma en que él se arqueó, y gritó, y agarró puñados de la lona, la hizo sentir poderosa y salvaje: Jane, dilatada y lubricada, y disfrutando su poder sobre un Dios, se apoyó en su duro esternón, y se movió con deleite sobre él, disfrutando cada roce, cada gemido, cada grito, cada sedosa penetración, cada tortuosa retirada. Thor, jadeante y sonrojado, al fin recuperó control para apoyarse en los codos, su cara alzada suplicando un beso, y Jane lo rodeó con los brazos, atrayendo su cabeza a su pecho mientras Thor empezaba a moverse bajo ella.

- Mi diosa… mi amor… mi dama… mi señora…- gemía él, incoherente de amor, rodeándola con brazos fuertes como la piedra pero que ahora temblaban, sus caderas empujándose dentro de ella.- Jane… Jane…!-

- Aquí estoy, mi amor…- susurró ella, sus manos yendo a la salvaje melena, besando su frente transpirada, sus labios temblorosos. Si hasta ese momento el autocontrol de Thor había sido sobrehumano ( porque era sobrehumano) si hasta ese momento su experticia y su habilidad como amante había sido la de alguien que había tenido milenios de tiempo y ningún restricción para explorar y aprender, éste era el momento en que el Dios y el amante perdían terreno ante el simple hombre que temblaba bajo su cuerpo y que perdía el control como arena entre los dedos. Jane amaba a ese Thor delirante más de lo que podía expresar, y se movió con más violencia, con más deseo, a pesar de su sexo empezaba a protestar ante tanto uso, por cuidadoso que hubiera sido.

- Jane…! Le irn habha nog…!- incluso el allspeak fallaba en esos momentos: la mente de Thor fallaba, su divinidad fallaba, pero Jane conocía las palabras, reconocía el te amo asgardiano. Y se movió contra él, buscando sus labios, las manos de Thor yendo a los costados automáticamente para aferrarse a la lona, a la arena, a cualquier cosa que no fuera ella y no pudiera lastimar, y se arqueó al correrse dentro de ella en una oleada interminable, todos sus músculos tensos en brutal esfuerzo, para luego derrumbarse en la lona, sosteniéndola contra su pecho, los ojos cerrados, todo el cuerpo latiendo.

Jane sabía que un día Thor tendría que verla envejecer y morir. Como en los poemas de Tolkien, él era eterno e inalterable, o al menos, así lo era a los ojos humanos, ojos efímeros y perecibles. Como Beren y Lúthien, como Idril y Tuor, su amor era una promesa de dolor, un desafío al sentido común, una desgracia a punto de ocurrir. Y sin embargo, era dulce y único, y Jane sabía que no podía amar a nadie más mientras viviera.

Jane era una realista, y sabía que no habían canciones mágicas o promesas a los dioses que pudieran garantizarle un final feliz: pero esas noches en sus brazos, su risa, su calor, eran más que suficientes para que no le importase nada. Era una mujer que amaba las estrellas sobre todo, que amaba lo inalterable, lo que la sobreviviría, y no tenía miedo de eso.

- Thor…- susurró, besándolo. Thor la capturó en un beso largo, dulce como la miel, y cuando se apartó, con ojos drogados de placer le acarició los lisos de cabello color miel.

- Está amaneciendo.- susurró él, y efectivamente, el sol de Kenya empezaba a teñir de anaranjado las sombras. Jane apoyó la cabeza en su pecho, la mano de él yendo a acunarla, y lo sintió manotear hasta encontrar el saco de dormir y echarlo encima de ambos de cualquier manera, sólo asegurándose que ella quedaba bien cubierta.- ha estado bien, amada mía? Mi adoración te ha complacido?- agregó, y había honesta pregunta en sus ojos, honesta preocupación. Jane movió la cabeza, enternecida, aunque también con humor.

- Estoy satisfecha, mi príncipe.- dijo con tanta majestuosidad como pudo, pero la sonrisa de orgullo de él era tan sincera que no podía molestarlo por ello.- Estoy… feliz.-

- Gracias, mi dama.- dijo él con un suspiro de felicidad.- Te amo…- agregó, su cuerpo envolviéndola. Los dos dormitaron un momento, la mano de Thor yendo por momentos a acariciar la larga cabellera de Jane: y entre sueños, ella sintió el susurro, la voz de él resonando en el pecho en el que estaba apoyada, las palabras suaves pero claras:

I will the moon to flight, I will the heavens bright

I will the earth delight…

Open your eyes with me, see paradise with me

Awake and arise with me… (4)

- Valdsen?- musitó Jane, los ojos cerrados, hablando de uno de los poetas asgardianos más famosos.

- No, Celtic Woman.- dijo Thor, los ojos también cerrados. Ella se echó a reír.

- Aún estás molesto conmigo?- dijo Tony en voz baja, su voz segura traicionada por la forma en que vacilaba en el arco de la terraza. La magnífica vista, llena de las luces de New York, era apabullante: Tony lo había diseñado de modo que el helipad bloqueara a las mismas luces de la torre, de las calles y del reactor que iluminaba los primeros pisos en su blanca luz, y por eso las luces parecían más hermosas y enjoyadas en el paisaje, más delicadas sin toda esa luz parásita. La bahía a lo lejos reflejaba toda esa luz, y la postal hubiera sido perfecta de no interrumpirse por la figura de Bruce Banner, sus rizos despeinados por la brisa nocturna, una rodilla abrazada en la que apoyaba su mentón, sentado en uno de los cubos de metal apenas acolchado que servían como elegantes, pero incómodos asientos, en el magnífico mirador.

Tony había esperado, con una paciencia que no parecía suya, a la hora fijada por Bruce. No ea que no lo hubiera espiado en las cámaras: nadie había dicho nada sobre eso. El enojo de Bruce, lo sabía, no tenía nada de orgullo o de irritación de que hubiera desobedecido sus órdenes: en ese sentido, Bruce era el hombre más humilde que conociera. La única cosa que podía molestarle era que un tercero saliera lastimado, y Tony, cuyo orgullo era del porte de su Torre, a veces se preguntaba cómo alguien podía tener tan poca autoestima.

No, no había tratado de doblar su mano o de infringir su espacio. Simplemente la curiosidad por Libby lo había devorado, y de repente lo había hecho, sin pensar, sin razonar, simplemente siguiendo su instinto. Tras todas esas portadas, no iba a negar que estaba un poco ofendido que ninguno de los seis Avengers hubiera merecido las portadas, después de salvar a New York de un segundo 9/11, más o menos.(5)

Pero en parte, sabía que se había metido en el asunto porque Bruce la había protegido, había corrido un riesgo, y eso, era inaceptable. Podía ser infantil, posesivo y engreído. Pero había querido verle la cara.

Y se había sorprendido. Después de los archivos de Howard, y a pesar de las horas en cámara y los comentarios de los demás, Tony esperaba de algún modo a una víctima, callada, temblorosa, asustada. La mujer que había visto, que era pura belleza americana, tenía algo anormal en los ojos, algo confuso y perdido, pero no era una víctima.

No se veía más perdida o confusa que cualquiera de ellos.

Y sus ojos agudos habían captado lo que Clint y Bruce ya habían captado: el cambio entre personalidades, como el cambio de filtro en un microscopio. De una muchacha simple y confiada, a una mujer sobreviviente, a una joven moderna con algo de humor y una mente ágil y educada.

Libby, Lydia, Lydice, Pero dónde estaba la otra…?

- Si estuviera enojado, tu Torre correría peligro, Tony.-

- Destrózala si te hace feliz. Puedes destrozar una docena de edificios, te compraré todos los que quieras…-

- No tu mejor intento de disculpa.- comentó Bruce, una ceja elevada.- pensé que venías a convencerme de que no me enojara, no de que me enojara de verdad.-

- Enójate si quieres. No podemos tener una relación de verdad si siempre tenemos miedo a que te enojes. Y seamos honestos, soy Tony Stark, por supuesto que me odiarás a veces. Mahatma Gandhi me odiaría a veces. Puedes enojarte y gritarme todo lo quieras, y hasta ponerte verde, aunque trataré de no enojarte tanto. Pero ni una docena de Torres va a hacer que no intente tener una relación real contigo.-

- No tengo intenciones de enojarme a ese nivel contigo. Pero lo que hiciste fue un poco innecesario. Un poco cruel. Y bastante riesgoso.-

- Sí, bueno, me dicen eso todo el tiempo.-

- Tony…- Bruce frunció el ceño.- Si estoy siendo cuidadoso con Libby, es porque sabemos casi nada de cómo tratar esto. Tenemos que elegir a qué personalidad darle preponderancia, y cuáles reprimir, y aún no me siento confortable con la idea. Para darle terapia de shock, mejor se la entregamos a SHIELD y ya está.-

- Dijo algo sobre unos alambres…-

- Lobotomía. Lo vi en su scanner. Aún tiene los puntos oscuros en su cerebro, aunque está mayormente curado (6).- dijo Bruce, helando a Tony. – Creo que se los hicieron cuando la capturaron, y ése fue el origen de Lydia. Pero hay unas zonas más antiguas, cauterizadas. Creo que ése fue tu padre y electroshock para borrar la memoria de lo que le habían hecho en el proyecto Lanchester. Sin duda no quería llevarle un producto dañado a Steve.- dijo, volteándose a las luces. El contraste entre la belleza del paisaje y el horror de sus palabras apabulló a Tony, que se dejó caer sentado a su lado en otra de las bancas de metal, una mano yendo a su reactor, como siempre que estaba dolido. Hubo una larga pausa, y de pronto Bruce dijo, rebuscándose un bolsillo de la camisa.

- Te tengo algo.-

- Ya cumplimos un año? Es nuestro aniversario y lo olvidé, querida?- musitó Tony, aunque no logró traspasar humor a su voz. Cuando Bruce le alargó un cordoncito de lana rojiza, con una cuenta de madera pequeña del tamaño de una pepa de naranja, parpadeó, confuso.- Es como un brazalete de la amistad? Es algo budista?- (7)

- Es algo tántrico.- dijo Bruce, sonriendo. En la brisa, Tony elevó cejas desconcertadas.

- Tengo que metérmelo en…?-

- No, idiota.- dijo Bruce, y con una sonrisa, tomó su mano y lo ató, apretadamente, en la muñeca derecha, el botón de madera contra el hueso exterior.

- Está apretado. Me va a cortar la circulación si…-

- Déjalo así.-

- Pero…-

- Déjalo y no te lo quites. No lo toques. En serio.- dijo Bruce, y hubo un destello en sus ojos. La curiosidad devoró a Tony, y cuando Bruce no dijo nada más, se imaginó que era algún tipo de castigo, o quizá Bruce testeaba su capacidad de tener paciencia, o de obedecerlo. Tony decidió sorprenderlo haciendo lo que nadie esperaba, que era ser dócil, y aguantó toda la noche y la mañana siguiente con la bendita tirita amarrada, molestándole a cada rato, demasiado apretada dejando un surco enrojecido en la piel, la maldita cuenta de madera chocando con su muñeca a cada movimiento, atrapándose en mangas, mesas, cortinas, tironeando aún más la maldita cosa. Ya casi se había hecho a la idea de quitársela cuando Bruce apareció en su garaje al mediodía siguiente, y al ver la tira aún en su muñeca, esbozó una radiante sonrisa.

- A las siete en mi oficina.- dijo, sus ojos llenos de aprobación. Tony, aún más curioso que antes, escaneó la cintita cuando se hubo ido, pero no parecía nada anormal, nada extraño: lana orgánica, madera de roble. De qué demonios se trataba todo eso?

Tony aguantó todo el día la cintita, aunque después de la conversación, no ayudaba a su paciencia que Bruce se encerrase a trabajar con los apuntes de Libby y sólo saliera para trenzarse con algunos experimentos agendados y tener larguísimas llamadas por Skype con varios expertos en la mente: lo oyó hablar con Charles Xavier, con Victoria Montesi, que le flirteaba de un modo que hizo a Tony apretar los dientes cuando JARVIS le coló la llamada, con Stephen Strange e incluso con Hugo Montresor, el terapista de New Haven que era una celebridad tras haber logrado devolver a Psylocke a la cordura. Incluso había llamado a Reed Richards para conseguir el número de Lady Deathstrike, y todos sabían que incluso para Bruce tratar con Richards era tragar veneno.

- Novedades?- preguntó Tony al entrar a su oficina a las siete, viéndolo al fin cortar una undécima llamada del día. Bruce tenía la cara severa y se mordía el labio, los lentes en su mano, que Tony ya había clasificado como PENSANDO INTENSAMENTE.

- Dónde está Libby?-

- Leyendo en el penthouse. Juro por Dios que Clint le ha traído la mitad de su biblioteca, el retrógrado pajarito. Cuando es tan fácil un Kindle. Papel, ugh.- dijo Tony apoyando la cadera en el escritorio y echando una ojeada en los papeles. Ya se había acostumbrado a descifrar la letra diminuta, aguda y apretada de Bruce, que contrastaba con sus propias grandes letras mayúsculas.- No me he vuelto a acercar. Pero he estado pensando sobre porqué no hemos visto a la cuarta personalidad…-

- Creo que la vimos en el Quinjet. Libby ha sido completamente controlada en todas las situaciones

Además, he estado revisando la ficha médica de Nat. Hay algo por lo que no está curando tan rápido como debería.-

- Puede que sea mi culpa. Le he dado peyote a Thor…-

- DROGASTE A THOR? AL DIOS DEL TRUENO? –

- Tú sabes que ni los opioides más fuerte le hacen nada, y esa vez que Kurt Wagner lo dejó caer sobre una reja puntiaguada y le atravesó la pierna le dolía mucho. No decía nada, pero le dolía… era eso o meterle dos litros de tramadol y fregarle el hígado.-

- Uno, haz visto el licor que bebe? Esa cosa noquea a nuestro American Pie. Honestamente no sé si los asgardianos tienen hígado. Y segundo, no sé si te escuché mal pero dónde consigues peyote? Estás traficando con drogas ilegales, mi correcto y formal doctor Banner?-

- Tengo mis contactos.- dijo Bruce, y sonreía.- Crees que voy a comer diez veces al mes al Barrio sólo porque me gusta la comida?-

- Dios mío, esto explica todo. Soy la esposa trofeo de un narco. Tiene sentido, soy tan guapo, tan estiloso… te vas a dejar bigote?- Bruce reía sin poder evitarlo a la charla de Tony, que seguía hurgando sus papeles.- Yo sabía que Breaking Bad era tu serie favorita… - (8)

- Te sorprendería lo que un aura de respetabilidad te puede conseguir. Requisionar mi maletín de narcóticos pondría a la DEA feliz por meses.- comentó al desgaire.- Pero estoy preocupado por Natasha. JARVIS me ha mostrado que se agita mucho en sueños, y el tejido no está reestructurando a la velocidad habitual. El suero que le pusieron no tiene la potencia del de Steve, es cierto, pero aún así, en cuarenta y ocho horas la herida debería estar firme, y aún está en etapa dos sin rastro de colágeno. Estoy tratando de averiguar si la dosis de peyote que le di para relajarla podría tener alguna interacción con su coagulación, factor VII específicamente, pero no he encontrado nada.- dijo Bruce tamborileando en la mesa junto su anticuado teclado portátil.- Pero sí he encontrado algo más que me preocupa en Nat, y que me da ideas para Libby, paralelamente.-

- De qué hablas?-

- El peyote tiene efectos alucinógenos en algunas personas, pero ha sido descrito como un potente reactivador cognitivo. Los mayas lo usaban para tratar a sus guerreros, para " sanar la mente" en sus palabras, dado que supuestamente, y esto es teoría, actúa como un disruptor que separa pensamiento reactivo de pensamiento impresionista.-

- No tengo idea de qué estás hablando, pero estoy tan excitado en este momento que no me importa. Sigue hablando, pero desabróchate la camisa, vamos.-

Bruce siguió hablando con total tranquilidad, pero los ojos de Tony se dilataron cuando el doctor alzó las manos y se desbrochó obedientemente dos botones de su camisa crema.- Piensa en el peyote como una papelera de reciclaje. Todos los pensamientos que tenemos asociados a la realidad, memorias, sensaciones, percepciones, están anclados a un disco duro. En cambio, los pensamientos asociados a vida interna, como dudas existenciales, angustias, ensueños, preocupaciones, flotan libres en… supón una carpeta de Temp de Windows. El peyote aparentemente es capaz de borrar estos últimos, liberando espacio para los otros, lo que te permite, supuestamente, no sólo acceder a memorias reprimidas, sino crear nuevas asociaciones y sentimientos hacia percepciones cognitivas, recuerdos, previos. Eso, por supuesto, en dosis mucho más altas que le que le di a Natasha.-

- Deshacer traumas y recuperar recuerdos. Suena bien.-

- Eso hasta que asumen que en gente como Nat y Libby expertos se ocuparon de poner seguros y cortafuegos para evitar que accediesen a algunas memorias. Posiblemente, porque son demasiado malas.-

- Oh.- Tony alargó la mano, y acarició el cuello de Bruce, sus dedos bajando al espacio expuesto en la v de su camisa, su rostro atento a pesar de que sus yemas tocaban el suave vello del pecho de Bruce, que era oscuro y rizado.- entonces, podría ser buena idea darle peyote a Libby, y no dárselo a Nat?-

- Tú quieres a Libby fuera de aquí como sea, no?-

- No tengo nada contra ella. Es sólo que verla me recuerda lo monstruo que era mi padre, y además, seamos honestos, es triste ver a Steve como un poodle en celo en una jaula de sexys rottweilers. El pobre lo intenta, pero…-

- Yo no quiero que se vaya hasta que tratemos esto. Pero voy a hablarlo a fondo con ella. Si quiere quedarse como está, lo menos que podemos hacer es ponerla en un sitio seguro y dejarla en paz.- dijo Bruce, su mano yendo a la mano que jugaba en su pecho y tomándola, se enderezó para quitarse el delantal de laboratorio, que enseñaba una mancha azul en un bolsillo.- Oh, no otra vez, el lápiz…-

- Estoy acá por mi cintita. Dijiste a las siete.- protestó Tony.- Ahora qué? Ahora hacemos un baile hindú y nos hacemos un ocho y luego…?-

- No, sólo quítatelo.- dijo Bruce, distraídamente tratando de desmanchar su delantal de un bolígrafo roto. Tony, un poco decepcionado, desató la cinta, y la dejó en el escritorio, y entonces Bruce dejó el delantal, cubrió la mancha de peróxido, y sentándose en la esquina del escritorio atrajo a Tony cerca, tomó su mano y llevando la muñeca con su raya roja a sus labios, la besó.

Tony respiró hondo mientras Bruce se concentraba en besar, lamer, acariciar e inspirar la línea enrojecida en su piel. Era… agradable, aunque algo extraño. Bruce se ocupaba de lamerlo y besarlo con tal fruición, que la zona estaba húmeda de saliva, y aunque algo desensitiva por la cinta atada tantas horas, la sensación húmeda lo hizo estremecerse, aunque más que sexy, la extraña caricia era más bien íntima y cálida.

Pero, bastante rara, la verdad.

- Eso es… sexo tántrico?- preguntó, un poco decepcionado.- Así se hace? Puedo lamerte entero sin cintitas…- empezó, pero entonces Bruce, que estaba sonrojado y despeinado, sus rizos deshechos, esbozó una sonrisa más grande, tomó la cintita de marras, y subiéndole la manga, la ató apretadamente alrededor de su bícep izquierdo, oculta por la camisa.

- Déjala ahí hasta mañana. No vayas a perderla, Tony, o tendré que empezar de nuevo. Hay 39 lugares para atarla, y tenemos mucho tiempo.- agregó, lamiéndose los labios. Tony se tuvo que sentar al comprender: le podrían haber fallado las piernas. (9)

La mañana había sido productiva, a pesar de la molestia de la bendita cintita en su bícep, pero Tony tenía que reconocer que aunque estaba consciente de ella de un modo físico, simple, podía olvidarla y concentrarse en la aleación que estaba fundiendo, una nueva mezcla que haría los googles de la armadura claros y enfocables aún siendo más irrompibles que antes. El día podría haber continuado tranquilamente, a pesar de que el recuerdo de su irritación del día anterior aún le molestaba a ratos, al igual que la cintita: pero cuando al fin se había hecho a la idea de ir a buscar a Bruce a su laboratorio para besarse, sobarse y sí, posiblemente, en algún momento hablar ( Bruce lograba que hablar no sólo saliera de él, sino que fuera sexy, incluso cuando hablaban de algo como ew, sentimientos, ew) lo llamó Pepper, con un bramido y promesas de dolor en el fondo de su voz educada, que le recordó que tenía una reunión con inversores en media hora, que ella estaba en Louisiana en ese momento inaugurando una planta, y que sí él no asistía, ella personalmente iba a hacer parecer una paliza de Hulk algo de kindergarten. Tony se metió en un traje, se puso la primera corbata que encontró y se metió a una limusina gruñendo, y gruñendo salió a su reunión y gruñendo volvió, no sólo por las horas perdidas, sino por la insoportable, exasperante, idiotizante charla de los millonarios que formaban parte del board de Stark Industries y no habrían diferenciado un clavo de un tornillo. Estaba quitándose la corbata a tirones cuando cerca de las seis, subió directo al laboratorio de química; y al no encontrar a Bruce allí, se movió con aumentada urgencia por la oficina, el laboratorio de fisiología, el de radiación: y cuando al fin oyó el ronroneo de un biotaladro en el de medicina, fue con la sensación de que le volvía el aire a los pulmones al ver a Bruce, con antiparras protectoras y salpicado de polvo de hueso, taladrando unos fémures de vaca con pequeños clavos de fibra blanca. (10)

- Eres una visión para ojos cansados, amado mío.- barbotó Tony teatralmente al entrar, pero lo decía con sinceridad. El doctor sonrió sin levantar la vista de lo que hacía, pero señaló con el pulgar a una pantalla. Tony echó su chaqueta formal a un lado sin que le importara donde caía, y se concentró en la pantalla, en donde habían varios ejemplos de mezclas de porcelanatos con sales inertes…

- Prótesis. Estás buscando una aleación que vuelva porosa con el tiempo y se ancle al hueso.- dijo, sus ojos admirados yendo arriba y debajo de las fórmulas.- Oh, Bruuuuucie… you sexy, sexy sexy doctor you.-

- Me ha tocado ver fracturas mal curadas por temor a no tener dinero para luego sacarte punzones y tornillos en países en vías de desarrollo.- dijo Bruce, que con un pinza aseguraba el hueso y luego lo sumergía cuidadosamente en una solución biológica, con células de médula fresca.- Sería una mejora.-

Tony sonrió, sintiendo que al fin podía estirarse, y con las manos en la nuca anadeó hasta Bruce.- Mira lo buen chico que he sido. Ni siquiera me he tironeado la cintita.- dijo riendo, subiéndose la manga. Bruce le sonrió, quitándose los lentes y pasándose la mano para sacar un poco de polvo de hueso de los rizos.

- Muy bien hecho, Mr Stark.-

- Esto me va a convertir en el perro de Pavlov, verdad?- dijo Tony conversacionalmente mientras Bruce le subía la manga, y despacio inclinaba la cabeza para desatar la cinta, acariciar el surco rojizo, y luego besarlo lentamente.- De a poco, todo lo que puedo hacer es pensar en que vas a besar el sitio en donde está la jodida…?-

- No es eso.- dijo Bruce, y sus pulgares trazaron círculos en el brazo de Tony.- Oh, Tony, no es eso. Y calma tu irritación: conseguí algunas ideas de Montresor y creo que estamos listo para tratar a Libby. Sé que aún estás enojado con Steve por venir a buscarme ayer. Y conmigo por hacerle caso. Pero, Tony…-

I'm so used to being used

So I love when you call unexpected

Cause I hate when the moment's expected

- No quiero hablar de nada que no sea nosotros ahora.- dijo Tony tercamente. Bruce asintió, y atrayendo a Tony se sentó en el escritorio, su rostro cómodamente a la altura de su brazo, para empezar a besarlo y lamerlo con fruición. Tony dio un respingo cuando Bruce lo mordió de súbito.

- Cabeza en mí, Stark. Memoriza esta sensación… recuerda esta sensación. La cinta es para recordarte tu cuerpo, tu propio cuerpo, todo el día. Tendemos a olvidar nuestros cuerpos… la cinta, su molestia, te mantiene consciente de tu cuerpo todo el día. Y con esa consciencia, viene la excitación de saber que donde quiera que esté la cinta, en unas horas, te besaré y acariciaré… haremos esto muchos días, muchas veces, hasta que te acostumbres a estar permanentemente consciente, permanentemente excitado… ésa es la base del tantrismo.- musitó.

So I'ma care for you, you, you

I'ma care for you, you, you, you, yeah

- Quiero follarte contra ese mesón.- gruñó Tony, los ojos cerrados.- O que me folles. Como quieras. No me importa. Sólo… no tengo paciencia para todo esto, quiero todo, ahora ya…-

- No puedo darte eso.- dijo Bruce, y Tony se odió al detectar cierta vacilación en su voz, cierta culpabilidad, un deje de esa frustración consigo mismo que había desaparecido tan maravillosamente esos días. – Lo siento, Tony. No puedo… no podemos arriesgarnos.-

- Arriésgate conmigo.- dijo Tony, sus manos yendo a su cara, atrayéndolo, besándolo con fuego, con hambre con necesidad. Pudo sentir a Bruce encenderse con el beso, pudo sentir su vacilación, y luego, como si un postigo se cerrara de golpe.

- No, Tony.-

- Bruce, podemos…-

- He dicho no.- dijo Bruce, y su voz sonó terminante, fría.- No voy a arriesgar todo lo que amo de esta Torre, tú incluído. Si intentas presionarme, me voy.-

Tony apartó las manos, los ojos oscuros suplicantes.- No es eso… no pretendía… - dijo, llevándose las manos a la cara.- Oh, joder. Ya estoy arruinando esto, verdad?- suspiró.- No tienes que huir porque yo intente abusarte, juro que…-

- Me refería a que me voy a mis habitaciones, idiota.- dijo Bruce, y le tomó la mano, acariciándole el cabello espeso.- No te librarás de mí tan fácil.- agregó, su voz suave, calmante.- Tony, ven acá.- susurró. Un momento luego estaban abrazados, y Tony inhalaba su pelo, palpaba su espalda con las manos, apretándolo, y Bruce lo acariciaba lentamente.- Ya, shhh. Ha sido un día difícil, verdad? –

Cause you're perfect

You're always worth it

And you deserve it

- Si pudiera llevar unos misiles a esas reuniones, sería tan feliz.- bufó Tony contra su pecho, rencorosamente.

- Necesitamos hablar. –

- Sabes lo odiosa que es esa frase cuando estás en una relación?-

- Lo lamento. Uno de los dos tiene que usarla.- dijo Bruce, un destello de humor en sus ojos.- He sido injusto contigo, y lo siento.- dijo Bruce, su voz serena y ecuánime como siempre. – Has comido?-

- Ah?-

- Yo tampoco. Llévame a comer a alguna parte. Me pondré una camisa limpia y todo.- dijo Bruce, y su sonrisa fue como si aclarara el ánimo de Tony.- Vamos, llévame a cenar. Aunque sea a un McDonalds. Te pediré en el menú como un McGorgeous.-

Tony soltó una carcajada, la tensión disipándose.- Eres tan malo en esto, Banner.- (11)

The way you work it

Cause girl you earned it

Girl you earned it

Efectivamente, previo cambio de camisa por una azul marino de tela discretamente sedosa, y de que Bruce aceptara dócilmente que Tony condujera su BMW con toda la circunspección que era capaz a Mama's, el restaurant más trendy de New York. Por supuesto, Tony Stark no necesitaba reservaciones, y los condujeron a una esquina en el segundo piso desde donde se dominaba toda la vista del Village, discretas cortinas castañas floreadas creando una especie de alcobita, dos amplios sillas forradas en tela suave arrimadas a la mesa con su lujoso mantel dorado, que junto con la pared pintada al óleo en motivos latinoamericanos reflejaba la luz de un modo suave e íntimo, aunque entre la lámpara de hierro suspendida sobre la mesa y las pequeñas velas en un rincón la luz era suficiente, pero suave y calmante. El olor a especias y a vino calentado llenaba el lugar, y cuando les trajeron los menús, Tony dejó el suyo cerrado, concentrándose en observar a Bruce que hojeaba el suyo, la luz dorando sus rasgos suaves, los planos de su cuerpo esbelto marcados por la luz en la camisa de tela sedosa. Sabía que tenía su apreciación escrita en la cara, pero le importaba muy poco. (12)

- Qué?- dijo Bruce sin levantar la vista del menú.- Ya sabías que leo español.-

- No es eso.- dijo Tony, moviendo la cabeza.- Quiero que me prometas algo.-

- Mmm?-

- Quiero que pruebes lo que te traigan, y si no te gusta, pidas otra cosa.-

- Ah?- Bruce frunció las cejas, mirándolo por encima de sus anteojos.- No comprendo. A qué…?-

- He notado que siempre comes todo lo que te sirven. Todo. Nunca te he visto dejar nada en el plato.-

Bruce asintió, comprendiendo.- Steve hace lo mismo.-

- Lo sé. Es porque él nunca tuvo suficiente de comer, y tú también pasaste hambre. Sé que están… que se han condicionado a no desperdiciar comida y todo eso.- dijo Tony bruscamente, y bajó la vista, su mano un poco trémula en el menú.- Pero déjame mimarte un poco. Todo lo que me has pedido alguna vez, el lab, tus arreglos en el apartamento, incluso tu exiguo sueldo de Stark Industries… ha sido para ayudar a otros, Bruce. Si no quieres mimarte, deja que yo lo haga. Déjame sentir que te doy algo, algo que te haga feliz.- acabó, con prisa. Bruce se quitó los lentes con parsimonia, y sus ojos oscuros parecían dorados a la luz de las velas.

- Todo lo que haces me hace feliz.- dijo Bruce, y su mano cubrió la suya.- Había olvidado lo que significa ser feliz. Y no quiero arriesgarlo, me comprendes? Quiero seguir a tu lado, como sea, mientras no le hagamos daño a nadie.-

- No le harás daño a nadie por devolver una paella. Okay, okay.- dijo, echándole una ojeada al menú y decidiéndose inmediatamente, mientras Bruce seguía leyendo. Cuando volvió el mesero, Tony se mordió los labios tras pedir su plato de ravioles fritos y salsa de nuez, al ver a Bruce pedir en perfecto español un plato de verduras sofritas y arrollado de queso de soya con hummus. Era sexy. Era muy sexy. No tenía la menor idea de lo sexy que era, y eso, era horriblemente sexy.

Con un vino suave y rosado, que Bruce escanció, los dos admiraron unos momentos el paisaje, antes de que Tony suspirase, y Bruce lo mirase con tanto afecto en sus ojos, que Tony se sintió pagado.

Se sintió mucho más pagado cuando Bruce se enderezó de pronto, inclinándose sobre la mesa para darle un largo, profundo beso que sabía al zumo de uvas suavemente fermentado que bebían, y luego volvió a su silla con un aire determinado, reuniendo sus manos sobre la mesa como en una entrevista de trabajo.

- Muy bien. Me he equivocado y he sido injusto contigo: deberíamos haber hablado esto hace tiempo.- dijo Bruce poniendo la copa a un lado e inspirando como para una larga perorata.- No está en ti dejarte fluir, esperar a que las cosas pasen. Eres rage, rage against the dying of the light, todo el tiempo. Y está bien: es quien eres. Si no fueras capaz de transformar las cosas con tu voluntad, no serías…-

- No, no!- interrumpió Tony asustado con voz ronca.- No, no tienes que decir nada, haré lo que…-

- Tony. Calla. Escúchame. Lo que estoy diciendo, es que debimos hablar esto antes.- dijo Bruce, y Tony sintió que se le volvía de plomo el estómago, pero Bruce continuó hablando con tranquilidad.- No estoy muy seguro de cómo se hace esto ahora, pero lo haré lo mejor que pueda.- agregó, antes de mirarlo a los ojos. La vela parpadeaba entre ambos, y Tony se imaginó que era su amor, tan reciente y novedoso, apenas vivo, latiendo, vacilando…

- Quiero tener una relación contigo. Quiero que sea exclusiva, formal, pública y definida. Quiero estar contigo, de todas las formas que te parezca bien. Mis… límites… incluyen el que no quiero ser visto por los medios de ninguna forma que me haga conspicuo o interesante para el ejército o para científicos locos ( con tu excepción) y que no puedo ofrecerte sexo con la frecuencia que desearías, o que yo desearía. Ahora, quiero oír lo que quieres tú.- dijo con la misma tranquilidad con la que hubiera explicado una hipótesis de radiación. Tony se lamió los labios, y se quedó callado unos momentos, mirándolo.

- Quiero todo.- dijo al fin.- Todo eso, y todo lo que puedas darme.- dijo Tony, su mano yendo a la de Bruce.- para mí, eres… IT. Esta es la última vez, mi última historia de amor. Si no te tengo a ti, no quiero nada.- dijo Tony, y tragó, antes de mirarlo a los ojos.- Todo mi ser se rebela a ofrecerse así, Bruce, pero no confío en nadie como confío en ti.(13)-

Bruce asintió, bebiendo su copa. Parecía extrañamente tranquilo, si Tony no hubiera notado una sombra verde en sus ojos. A pesar de su serenidad, algo intenso nadaba en sus profundidades, y eso… eso enorgulleció a Tony.

Era un terrible privilegio, saber que el hombre más controlado del mundo lo amaba con pasión a pesar de toda su calma.

- Hablamos de límites sexuales ahora? Quiero saber.- dijo Tony, su tono más ligero y curioso. Bruce sonrió, pero la mirada que le echó por encima de su copa era bastante sucia.

- Por supuesto. Hard limits? No puedes… intentar enloquecerme o hacerme perder el control. No podemos tener full intercourse, penetración, excepto si me he transformado en las últimas 24 horas, y eso si no estoy muy agotado. A veces, quedo con una sensación de dolor y no podría…-

- Eso está bien, no te voy a follar mientras estás adolorido, qué monstruo crees que soy?-

- Por eso mismo, ni ataduras ni sujeciones. Ni dom/sub, ni dolor de ningún tipo. Necesito tener el control, Tony, excepto justo después de las transformaciones, y eso sin abusar.-

Tony abrió los brazos.- juro por Dios que me apegaré a eso como spandex al trasero del capi.-

Bruce se rió.- Y, finalmente, nada de terceros o juguetes en nuestra cama, ni sorpresas. Con eso, me doy por…-

- Dijiste nuestra cama.- dijo Tony, como un sabueso salta sobre una liebre.- "Nuestra " cama. Desde hoy, se te acabó el dormir solo! Tengo osito Teddy nuevo!-

Bruce se sonrojó.- No quería decir… no tienes que admitirme en tu cuarto todo el tiempo si no…-

- Bruce, almohadas equimétricas. Lino egipcio de 12.000 hilos. Memory foam con micelas de algodón en el colchón! (14) Ya era hora que alguien más que yo aprovechara todo eso! Todo lo mío es tuyo, si tú eres mío…-

Bruce parpadeó, pero luego miró su copa, como si escondiese su emoción con humor.- Esa afirmación es ilógica y concluye en un corolario espiral de mi propia autoposesión, creo.-

- Gracias por eso, Sr. Spock.-

- De nada, Scotty.-

Tony alargó la mano y la sujetó.- Te quiero en mi cama, día y noche, todo el tiempo que puedas, todo lo que quieras. Quiero dormir contigo. Prometo… me va a costar pero juro que no te tocaré si no me invitas, Bruce.-

- Quiero que me toques.- dijo Bruce, inmediatamente.- Quiero que me toques, pero no siempre… no para excitarme. Puedo pasar días excitado sin peligro, sin riesgos… pero si intentas forzarlo, lo que sería muy sexy y totalmente consensual en otra circunstancia, es… peligroso. Tony, tienes que jurarme que respetarás eso. Si acabara con una crisis y lastimara a alguien, no sé lo que haría.-

- Te lo juro.- dijo Tony, con firmeza. En ese momento llegaron sus platos, y Tony se calló, aunque sus ojos brillaban maliciosamente mientras el mesero colocaba los platos y Bruce le daba las gracias profusamente en castellano.

- Entonces?- preguntó Bruce mientras se echaba un trozo de verdura asada a la boca con un gesto de placer.- Tus límites?-

- No tengo.- anunció Tony alegremente.

- Really.- dijo Bruce, observándolo empezar a comer con entusiasmo sus ravioles.- Eso me hace sentir una solterona quejosa. Realmente, al menos invéntate algo.- dijo, y su aire fue estudiadamente ligero.- Qué hay del arc reactor, por ejemplo?-

Tony tragó, y se lamió los labios, antes de seguir hablando con ligereza.- Qué hay con él? No querrás follarte el hoyo en mi pecho, verdad?-

- Si quisiera acabar con el pene electrocutado, me acostaría con Thor.-soltó Bruce, haciendo que Tony soltara la carcajada.

You know our love would be tragic

So you don't pay it, don't pay it no mind

We live with no lies

Los dos estaban relajados y satisfechos cuando salieron del restaurant, sus voces vivaces mientras seguían discutiendo ya en el BMW, de regreso a la Torre.

- Es por la puta ley de conservación de masa! Ya sé que tú la infringues todo el tiempo, pero Thor y Tiny Foster es francamente imposible. Lo he visto sin ropa, y le daría complejos a Hulk. Es un maldito extintor…-

- Tony, concéntrate en la ruta.- dijo Bruce suavemente, y Tony dio un respingo cuando la mano de Bruce fue a su entrepierna, incluso mientras cruzaban New York por la pista rápida. Tony abrió tamaños ojos cuando Bruce inclinó la cabeza hacia su regazo, y de un modo loco y riesgoso, y constreñido con todas las leyes del tránsito, Bruce se tendió a través del asiento del copiloto, y desabrochando sus pantalones, liberó el sexo de Tony, ya erguido y duro ante la sola idea.

- No tienes que…- balbuceó Tony, los brazos rígidos en el volante. Bruce sonrió, se lamió los labios, y un minuto luego, Tony estaba buscando desesperadamente dónde estacionarse y que no los vieran, porque Bruce lo paladeaba con tan fruición que todo su cuerpo parecía a punto de entrar en combustión. Ciegamente, metió el auto en un callejón entre dos supermercados, (15)y se mordió el dorso de la mano, tratando de ahogar la sensación que lo hacía arquearse y temblar.

- No tienes que hacer esto…- gimió.- No si no quieres, Bruce, si no puedes… yo puedo aguantar… Bruce… BRUCE!- gimió Tony, porque la lengua de Bruce deslizándose con fuerza, enroscada bajo su palpitante vena, era la prueba que no, no podía aguantar y era un mentiroso. Estalló, el deleite haciéndose salvaje cuando lo sintió tragar de buena gana, sus dedos hundidos en los rizos, esas manos hábiles acariciándole los muslos temblorosos.

Cuando Bruce se enderezó sobre él y lo besó, su propia esencia en el beso, la sonrisa del doctor iluminaba todo, pero sus ojos estaban oscuros e intensos, aunque completamente castaños.

- No habías entendido, verdad? El tantrismo me permite a mí hacer cosas… algunas cosas… sin transformarme. Puedo, y quiero, darte placer, Tony. No quiero que nunca dudes de mi amor, o desees a otro. Pero tienes que acatar mis reglas. Puedes hacerlo?-

Hey, hey

You're my favorite kind of night

- Quiero hacértelo a ti.- protestó Tony, sus manos yendo ciegas y codiciosas al exquisito sexo que se le negaba, aunque estaba duro y pulsante contra los jeans tan cerca de su cara.- Puedo?-

- No. Pero podemos hacer otras cosas… haremos otras cosas una vez en casa.- dijo Bruce, y había tanta lujuria en su promesa.- Quiero eyacular… lo necesito.- musitó.- No puedes tocarme, pero quiero que mires…- susurró, y si Tony se saltó todos los límites de velocidad para llegar a la Torre, Bruce ni siquiera pensó en detenerlo. Dejaron el BMW mal estacionado, la puerta abierta, mientras cruzaban el garaje a tropezones, besándose, desabotonándose las camisas mutuamente: y Tony reía, reía feliz en el beso, cuando Bruce se quedó quieto de pronto, y Tony alzó la vista para encontrarse con la expresión shockeada y boquiabierta, el casco de su motocicleta en una mano y un tapperware de comida en la otra, (que cayó al suelo con un golpe seco) de Steve Rogers.

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(2) .

(3) THE HANDS DEALT watch?v=JR0SQ_1IEEA

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(5) (Había costado semanas de ruegos y de periodistas clamando que Pepper lograse, un par de meses después de la invasión Chitauri, que los Avengers aceptaran una serie de entrevistas para el Times. Pepper tenía periodistas en los que podía confiar, y había hecho una selección cuidadosa para que durante seis domingos, se publicasen las entrevistas de cada uno de los Avengers, con excelentes y supervisadas fotografías, y contenido editado por ellos mismos. A Steve, el primero, lo había entrevistado un famoso historiador judío: a Natasha, un experto en la URSS. Para Thor habían traído a un escritor de fantasía, para Clint, un periodista deportivo. A Tony lo había entrevistado un experto en robótica, y a Bruce, que costó una donación a un hospital de niños convencerlo, uno de los tipos que reporteaban el acelerador de neutrones europeo.)

(6) .

(7) 065/1/8745832/il_340x270.784023369_

(8) Era cierto: la serie favorita de Bruce era Breaking Bad, lo que era dolorosamente obvio cuánto se identificaba con el protagonista. De un modo bastante lógico, aunque todos disfrutaban Homeland y House of Cards, Clint arguía que era como ser médicos y ver Grey's Anatomy. Obviamente, la serie favorita de Tony era Arrested Development, que lo hacía gorgoritear por horas: en cambio Steve, sorprendiendo a todos, seguía fielmente The Good Wife mientras que Clint adoraba Game of Thrones. Lo que no era una sorpresa para nadie era que Thor se sentaba con DVDs de Downton Abbey ( y Coulson) por horas, y menos sorprendente aún, que Natasha amaba Hannibal.

(9) Al día siguiente, Tony se halló en los momento más inesperados, al sentir el tironcito de la cinta en su brazo, rozándola con los dedos y recordando cómo Bruce había besado y lamido húmedamente la línea roja resultante. A las siete no podía esperar, y fue ansiedad que se fue a la oficina de Bruce a las seis y treinta, quitándose la camiseta en el pasillo y demandando sus besos a las siete clavadas. Bruce obedeció, y llenó de besos y lengua toda la circunferencia de su bícep, la piel sensibilizada por la ligatura de un modo que se le antojó excitante. Cuando Bruce le ató la cinta al cuello, apretada como un choker, a Tony se le pasó por la cabeza doparse para que ya fueran las siete del día siguiente.

(10) . /tumblr_

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(13) HARSH LIGHTS.- La misión en Somalia había dejado a Bruce exhausto, pero satisfecho: la primera aplicación de su multivacuna MTD ( malaria, tifus, dengue) había sido un éxito, y Médicos sin Fronteras se había mostrado patéticamente agradecido de la generosidad de Starktech/Bannermed, el sello conjunto que donase dos dispensarios móviles para tratar de salvar de las invalidantes enfermedades a todo niño que se les cruzara. Bruce había insistido en ir en persona a pesquisar la data, y aunque estaba cansado, moreno como una nuez, picado de mosquitos y con un hambre brutal por algo que no fueran legumbres, también sentía la paz que solía acompañar un buen trabajo.

Sin embargo, volver a casa, a la Torre, siempre tenía un componente extraño: era muy raro mirar la enorme Torre desde nievl calle, bajándose del taxi ( porque Bruce se oponía ferozmente a las limosinas de Tony y los despliegues de billones, sobre todo cuando venía llegando del Tercer Mundo y no podía dejar de contabilizar dólares en su mente en referencia a necesidades básicas) y pensar que era, como nada había sido en tanto tiempo, un hogar. Atravesar el lobby, usar su huella y el scan facial/retinal para entrar al ascensor privado, la voz de JARVIS dándole la bienvenida, todo, al igual que quitarse la chaqueta vieja, dejar su bolso polvoriento, dejar sus mocasines sucios en los cestos de lavandería, todo conspiraba para hacerlo sentir en casa: y mientras entraba a sus habitaciones para darse una ducha y cambiarse la camisa arrugada y los pantalones manchados por un simple pantalón de track y un canguro gris, podía sentir como dejaba atrás al Doctor Bruce Banner y volvía a ser simplemente Bruce.

- JARVIS? Estatus de los Avengers, por favor?- preguntó mientras se secaba el pelo.-

:: El Sr. Odinson está en Nome con la Dra. Foster por todo el fin de semana. El agente Barton y el Capitán Rogers se encuentran en una misión con SHIELD en Europa. La Agente Romanoff se encuentra en los Emiratos Árabes, aunque desconozco su paradero exacto. Sir se encuentra en la sala.-

- No está en el laboratorio?- dijo Bruce, algo sorprendido, mientras observaba con alguna curiosidad unas nuevas zapatillas de goma slip on que estaban junto a su cama, de un alegre violeta. Se las puso y sus cansados pies sintieron el alivio de inmediato: Bruce emitió un sonido de placer, respirando hondo.

Eran tan claramente un regalo, que su sonrisa duró hasta el ascensor. Pero la verdad, ya sospechaba que algo andaba mal: Tony sólo utilizaba la lujosa sala cuando estaban los demás a mano, gente a la que molestar, entretener o atender: el que la usara solo, era una mala señal.

Después de todo, lo único que podía interesarle de ahí era el bar.

- Tony?- dijo al entrar a la amplia habitación ovalada, la vista estupidizante de New York de noche al fondo en sus pared acristalada.- Gracias por las zapatillas. Tengo ampollas en otras ampollas…-

- Nadie te manda a irte a ayudar huerfanitos al Culo del Mundo.- soltó Tony, que efectivamente estaba en el bar, y realizaba una mezcla de dos licores en un vaso, con una botella en cada mano.- Su Santidad quiere un trago o prefiere algo más adecuado a su estilo de vida? Creo que hay agua pura de manatial, de la que bebe el Capitán América, con bondad extra, en la cocina.-

- La armadura XXII está portándose tan mal, o pasa algo más que quieras contarme, Anthony? Qué, la prensa se enteró de que estabas solo cuidando la Torre?- comentó Bruce, sirviéndose dos dedos de dulce licor de toffee. Le gustaban esas cosas dulces, que Tony llamaba " alcohol para niños".

- Y cuál sería la novedad?- dijo Tony, su gesto burlón, pero duro en sus ojos, la voz metálica sin señales de abriedad aún.- Es mi Torre. Mi casa. Que todo el montón de aprovechadores se largue a tomar el fresco de vez en cuando no es más que dejar en bendita paz lo que nunca…-

- Sí, claro, y los apartamentos se construyeron solos.- dijo Bruce con igual aspereza, sin hacer caso a las protestas de Tony.- Tuviste reunión con tus inversores? Qué, Pepper te dejó solo enfrentando las quejas esta vez?- agregó, dejándose caer en el sofá. El hundirse en algo tan suave y agradable casi lo distrajo lo suficiente para no notar la sombra que pasó por la cara de Tony, pero tras una pausa se quedó mirándolo, y fue con una desagradable sensación ominosa que notó las arrugas en la ropa de Tony, la falta de afeitado de varios días, el cabello sin lavar y las profundas ojeras no del exceso del trabajo, sino de varias borracheras sucesivas.

- Tony…-

- Se supone que tienes como 50 puntos más de IQ que yo. Asumo que no tengo que explicártelo.- dijo Tony secamente.- Y agradecería que te largues a tus habitaciones. Tienes 250 mts cuadrados construidos para ti, seguro que puedes dejarme una simple sala para mí solo en este momento.-

Hubo una pausa, y luego Bruce se levantó y llegó hasta el umbral, antes de dar media vuelta, y apoyarse ahí, el mentón en la mano. Tony gruñó, pero no levantó la vista de su vaso lleno de scotch, acunado contra el reactor.

- Pepper te dejó a ti o a la empresa?-

- Solo a mí. La empresa aún le da un cheque más grande, supongo.- dijo Tony con voz cargada de veneno. Bruce se cruzó de brazos y guardó silencio, y Tony finalmente levantó la vista de su vaso para clavarle los ojos enrojecidos e iracundos.- Sabes, no sé qué es mejor, que me preguntes qué hice o que no digas nada porque en obvio que quien arruinó esto fui yo.-

- Le fuiste infiel?- preguntó Bruce, despacio, pero Tony no se alteró.

- Apenas logro manejar una relación… no, mejor dicho, soy totalmente incompetente en manejar una, no voy a intentar manejar dos. Soy engreído, pero incluso yo tengo límites, y el día no tenía suficientes horas para mi vida y Pepper, no alcanzaba ni a respirar, qué hablar de…-

- Hiciste todo lo que pudiste.- dijo Bruce con sequedad, y Tony cortó su perorata con un deje de sorpresa.

- Ah?-

Bruce contó con los dedos.- En los últimos tres meses, ocho cenas a beneficio. Cuatro ceremonias de premios, incluyendo la Forbes y los Golden Globes. Dos fines de semana en Aspen y uno en Malibú. Los planes para ir a Fiji. Dos visitas con su familia, y al menos cena día por medio. No, Tony. Las relaciones se rompen cuando ambas personas no ponen de su parte: y no me digas que en ninguna de esas ocasiones no lo hiciste por ella. Tú pusiste mucho de tu parte.- acabó con un gesto definitivo, sentándose en el sofá enfrente de Tony, mirándolo a los ojos. Tony se veía desconcertado: era una expresión que no solía usar.

Era cierto que nunca, en toda su existencia, alguien le había dicho que el 110% de la culpa de las cosas que le pasaban no era suya.

- Bruce… tú sabes que la esquivaba a veces…-

- Sí. Y creo que sabes por qué.- dijo Bruce, y para la renovada sorpresa de Tony, le rellenó el vaso y se sirvió uno a sí mismo.- En primer lugar, fue tu asistente por años y luego tu CEO. Ambos se acostumbraron al papel de ti esquivándola, como tratabas de esquivar tus responsabilidades, y de ella persiguiéndote como una madre. Lo que puede ser muy divertido para hacer como amigos; pero como pareja, no necesitas una madre o un carcelero. Era lógico que la asociaras con todo lo que no es divertido, todo lo que dejaste atrás. La hiciste tu CEO para librarte del trabajo de la empresa, es cierto, pero también porque sabías que ella amaría ese trabajo. No te parece extraño que ella ame tanto lo que tú detestas?-

- La hice CEO porque era la más capacitada. Sabía… sabe todo…-

-Pepper es maravillosa, eso no te lo discuto.- dijo Bruce enfáticamente.- Pero siempre tuve mis dudas sobre si ella era maravillosa para ti. Ama su trabajo, y es el mismo trabajo que a ti te aburre mortalmente. Y tú amas tu trabajo, un trabajo que ella mira con desinterés. No hay duda que se quieren, y pueden, y deben ser amigos. Sé que siempre querrás protegerla, pero no puedes hacerla feliz, y del mismo modo ella no puede hacerte feliz a ti.- acabó, y cuando Tony dejó apresuradamente la copa en la mesa y se cubrió los ojos con las manos, apretando como si quisiera reventárselos, su tono se suavizó, se hizo apologético.- Lo siento. No pretendía entremeterme. Pero no soporto verte sufrir, ni que te hagas daño a ti mismo.-

- De veras piensas todo eso?- dijo Tony con voz ahogada. Los ojos que miraron a Bruce un momento luego estaban rojos, pero secos, y el rostro cansado traicionaba el dolor y la esperanza a la vez.

- Por supuesto que pienso eso. Ahora, dame el vaso.-

- Tú mismo lo serviste.-

- Me equivoqué. Dámelo.-

- No voy a tolerar un sermón sobre responsabilidad ahora. Fuiste tan agradable conmigo recién… no lo arruines, Green Boy.-

- Nadie piensa en darte un sermón sobre responsabilidad ahora. Lo que estoy diciendo es que estás siendo demasiado responsable para mi gusto.- dijo Bruce muy airosamente, recostándose en el sofá.

- Ah?- Tony estaba de nuevo desconcertado. Otra cosa de la que jamás lo habían acusado era de ser demasiado responsable, eso estaba claro.

- Estás bebiendo, solo, en un sofá, con,.. ésa es Amy Winehouse? De fondo. Emborracharse, o tratar de emborracharse, con música llorosa, es algo que podría creer de Steve. Es una actitud tan emo!- dijo Bruce con aparente desprecio.- Y lo digo yo.-

- Entonces, cuál es su sugerencia de lo que yo debería estar haciendo, para no ser despreciado, Doctor Banner?- dijo Tony, el ceño fruncido en disgusto pero un poco de curiosidad.

- Deberíamos estar haciendo explotar cosas.- dijo Bruce, quitándole la copa de la mano y vaciándola de un trago.- No vienes conmigo al lab de biochem? Te voy a mostrar algo sexy.- agregó, tendiéndole la mano. Tony dudó un segundo, pero Bruce lo agarró de la manga y lo puso de pie con la fuerza que ocultaba su cuerpo adelgazado, llevándoselo de un tirón por el pasillo a las escaleras, tropezando. Tony apenas había logrado recuperar su dignidad cuando Bruce lo soltó y fue a su mesón favorito, sacando de uno de los anaqueles un gran matraz con un polvo blanco, y una cantidad de matraces pequeños. Buscó en uno de los refrigeradores industriales, y sacando una jarra de gel, colocó una gota en uno de los pequeños matraces de vidrio,y usó un scoop para tomar un par de gramos del polvo.

- Nos vamos a poner en plan Walter White?- dijo Tony con una risa ebria, acercándose a mirar.

- JARVIS, apaga las luces.- ordenó Bruce. Y entonces hubo una explosión y un flash cegador, y Tony dio un respingo, porque sin cambiar su expresión, Bruce había estrellado violentamente el matraz contra la pared, en donde ahora parpadeaba una llamarada blanca como una estrella, consumiéndose sin gas ni calor, iluminando todo el laboratorio.

- Whoa. Whoa!- exclamó Tony fascinado, apenas tropezando un poco para acercarse a ver la luz y luego volverse al gran matraz.- Luz de magnesio?-

- No, el magnesio se deshace muy rápido. Es un compuesto de fenol calcificado y antimonio sulfatado, pero al reunirse la luz dura hasta que se consume el antimonio. Vida media de 20 minutos: ecualización de luz de aproximadamente 300 mwatts. Necesito encontrarle aplicaciones, y contenedores, pero…-

- Luz en gel. Eres tan jodido genio, Brucey, esto podría revolucionar industrias enteras… sin contar que va a ser jodidamente útil en misiones. Crees que Capsicle se enoje si lo pintamos en su escudo? Va a parecer uno de esos yo yos luminosos…-

- Pensaba más bien en las flechas de Clint.- dijo Bruce, mientras JARVIS encendía las luces.- Te das cuenta lo fácil que sería agarrar villanos en la oscuridad si los tageamos con luces?-

- Y si todos tuviéramos este tipo de bengalas… incluso podría funcionar para búsquedas marítimas… joder, las aplicaciones… no se nota porque estoy ebrio pero estoy eyaculando mentalmente a chorros, a chorros, Bruce Banner eres un maldito genio…-

- Nah.- dijo Bruce, moviendo la cabeza y pasando una esponja por el gel que aún goteaba iluminado de la pared.- No es eso, Tony…-

- Sí, lo eres… desde que estás acá han producido 28 patentes. 28! Yo en 20 años he producido 112, contando el reactor… eres una jodida máquina, y tu cerebro es tan pero tan hermoso que apuesto que cada vez que Xavier le echa una mirada se excita…-

- Tony…- dijo Bruce encogiéndose de hombros, sentándose en uno de los stools de laboratorio y desplegando en pantalla la fórmula química, con dos fenoles y un largo grupo NH3 para completar.- No es que sea tan veloz. Pero me he pasado estos últimos años… los últimos diez años pensando, y sin tener mucho más que pensar, pues…-

Tony se sentó más cerca, tomando uno de los matraces pequeños.- Qué?-

- Eran muchas horas vacías. Así que pensaba en experimentos. Trazaba todo: la hipótesis, los protocolos empíricos, los coeficientes de aceptación, las variabilidades, los puntos de corte de las hipótesis. Tuve mucho tiempo para razonarlos… cada idea que tenía la archivaba y diseñaba, refinaba… las ideas para la vacuna las tuve mientras estuve encerrado unas semanas en una cárcel de Bangkok, y cuando salí, ya estaba listo para el testeo. Ahora ha sido cosa de recordar y poner en el papel.-

Bruce levantó la vista para encontrarse con Tony mirándolo fijamente. Había admiración y dolor, angustia y compasión en los ojos castaños tan expresivos: pero antes de que la pausa se hiciera muy larga, Bruce le alargó a Tony otro de los matraces pequeños, y la jarra de gel.

Tony agarró una pipeta y empezó a echar en cada uno gotas del gel, una cantidad mucho más generosa que las que había echado Bruce al comienzo, y Bruce, una sonrisa diabólica en sus labios, comenzó a suspender en la boca de cada matraz un pedazo de papel filtro con una decena de gramos del polvo…

- JARVIS, las luces!- gritó Tony, y un momento después, riendo como unos retardados, los dos habían agarrado los matraces y el laboratorio se llenó del estallido del vidrio y de inundó de la luz de estrellas que con explosiones retumbantes quedaban fijadas a las paredes, al techo, a los mismos mesones, hasta inundar todo de una luz plateada, brillante y potente. Bruce reía, y Tony gorgoriteaba, y los dos dieron vueltas sobre sí mismos admirando su trabajo, aunque la habitación apestaba a fenol y la luz era demasiado intensa.

- Deberíamos tomar fotos y venderlo como instalación artística. Banner y Stark, Estrellas En Pared.- dijo Tony, los ojos brillantes.

- Quizá podríamos suavizar el tono con un poco de cobre. Un tono más azulado para pesquisar detalles, o quizá con algo de radio, que rebote, podríamos señalar radiación.-

- O fuentes de calor, con sodio y un halógeno… un puto halógeno.-

- Eso dejaría en el polvo a todos los lentes de visión calorífica del mundo.- dijo Bruce, riendo. La dura luz destacaba todos sus detalles: no podía ocultarse nada, y Tony lo observó, el dolor de las resacas en sus ojos, en su cabeza bajo esa luz violenta, pero no parpadeó, no apartó la vista. Bajo esa luz, Bruce parecía brillar, las sombras negras, breves y cortadas a cuchillo subrayándolo, la luz en sus pómulos, en sus ojos, enceguecedora a la vez. Bajo esa luz, nada podía ocultarse, y Tony se sintió súbitamente expuesto, desnudo.

Pero era Bruce. Era sólo Bruce, mirándolo, y no le molestaba que le miraran esos ojos color avellana que tan bien sabían enjuiciar a las personas y a las cosas. – Dios mío, es oficial, tenemos 14 años entre los dos.-

- Mmm. Estamos entrando a la pubertad, ya.- dijo Tony sonriendo, alzando una mano para echar atrás cabello rizado y salvaje que le había caído en los ojos Bruce. Las luces empezaron a parpadear y a apagarse, y el momento entre ambos pasó, aunque aún con menos luz, Bruce podía ver el rostro de Tony, cansado y sin embargo vibrante de interés…

- Necesitamos diseñar contenedores, quizá un sistema de esclusas y piolets que la hagan penetrar en la roca con efecto fuelle…- empezó a balbucear Tony, yendo directo al gran matraz, ya bastante disminuido.- Probamos el cobre ahora?-

- Primero quiero comida.- dijo Bruce, y levantó la cabeza, mientras sacaba el azul sulfato cúprico de un anaquel.- JARVIS, una bandeja de frutos secos, otra de pickles y una de ramitas saladas. Y café. Tenemos varias horas por delante.- agregó, su voz cargada de determinación.- Clint se va a babear tanto… qué le pediremos a cambio?-

- La camiseta autografiada de Joe Cocker con la que se pasea tanto. Tú pídele ese libro de Terry Pratchett que tanto quieres, es más divertido quitárselo a Clint que comprarlo.- dijo Tony, echando un scoop generoso de sulfato en un matraz, con el gel y el polvo. Por un momento no pasó nada, y luego una espuma luminosa empezó a generarse como un manatial, superando con mucho el volumen original, y avanzando como una marejada hasta sobrepasar el matraz, y chorrear por la mesa.- Oh, oops.-

- Oops? Maldita sea! El azufre! Échale un carbonato!- grtó Bruce, y los dos buscaron frenéticamente en anaqueles y muebles, hasta que Tony encontró el frasco ámbar, y derramó encima, salpicando gotas por todas partes, la arenilla blanca. La reacción paró, y tras una pausa, los dos genios se rieron sin control, antes de empezar a buscar halógenos aún más divertidos.

Boom!

- azul!-

Boom!

- Amarillo!-

Boom!

- más localizado!-

BOOOOM!

- Te dije que le bajaras el dosaje!-

Había amanecido hacía mucho rato cuando los dos trastabillaron al salón, cubiertos de espuma antiincendios, pedazos de magnesio y salpicones de antimonio que aún olían pésimo, y ambos se dejaron caer en el sofá, con el estómago adolorido de tanto reír y lleno de comida chatarra, virtualmente ciegos por el exceso de luz sostenida.

- Por el amor de Dios, no me siento capaz de llegar a mi cama sin tropezarme con algo… estoy ciego como en una novela latinoamericana…- se burló Tony, la cabeza colgando en el sofá, su risa incontenible.

- No debimos haber hecho eso…-

- No debimos! Ahora! Cínico de mierda! A quién se le ocurrió lo del xenón!-

- Espero que no salga tan caro reemplazar ese mesón…- Bruce se estaba riendo. – Se nos van a olvidar los cálculos… JARVIS, graba por favor… 2,3 metilhexano, 2,7 heptapenteno con enlace tripe a un grupo radical libre Nh3…-

Tony se quedó dormido, oyendo a Bruce repetir los cálculos y los dosajes para Jarvis, el agradable sopor convirtiéndose en sueño profundo antes de que diera cuenta. Cuando despertó, la luz estaba baja, sus ojos ya podían ver, y estaba cubierto con una manta en el sofá, apoyado en algo sólido y denso.

Bruce dormía a su lado, roncando suavemente, su hombro sirviéndole de almohada, un brazo rodeándolo flojamente. Normalmente, Tony habría saltado sobre sus pies, se habría quejado por dormir en el sofá, habría protestado sobre la falta de clase y el tiempo perdido, o al menos habría hecho una broma audaz sobre el despertar en los brazos de Bruce Banner, el tímido genio: pero vio que en la alfombra, dormido el doctor se había quitado los slip ons de goma, y en las plantas de los grandes y huesudos pies podía ver las señales de grandes ampollas curándose.

Y Tony se mordió los labios, porque una enorme cantidad de gente había sido amable con él para conseguir dinero, fama o renombre. Incluso a aquellos a quienes había amado, habían tomado cosas suyas, ya fuese un traje de Iron Man, una casa en Malibú, una empresa, un diseño. No había nadie a quien no hubiera conquistado, con encanto, con regalos, con poder.

Y sin embargo, precisamente a este hombre, a quien súbitamente deseó no ver jamás partir, no tenía como retenerlo. Podía ofrecerle todas las comodidades y todo su dinero y poder, pero éste era el hombre que cruzaba Somalia a pie hasta llenarse de ampollas para ayudar a niños africanos, y que podía vivir sin techo, sin agua, sin comida, alguien para quien lo material era un lujo y no una necesidad. Tenía ese cerebro increíble: qué más necesitaba? Cómo podía retenerlo?

Tony apoyó la cabeza, cerrando los ojos, en el pecho que latía bajo su oreja. El brazo de Bruce lo aferró con más fuerza, y Tony se halló susurrando.

- No te vayas.-

- Me iré.- dijo Bruce, con voz suave.- Pero siempre, siempre, volveré.-

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