CAPITULO 11
what my heart used to dream of (1)
- Hola, Steve.- dijo Bruce con calma, si bien había una aspereza en su voz que sonaba extraña. Steve, que seguía ahí boquiabierto de un modo nada delicado, mirándolos como si los hubiera encontrado destripando gente, trató de balbucear algo que sonó como "ughn".
- Sabes, es indelicado quedarte pegado mirándonos como idiota. No te enseñaron maneras en la era paleolítica a ti?- gruñó Tony, pero el rostro desconcertado de Steve no hizo más que exacerbar una irritación que llevaba hirviendo a fuego lento desde el día anterior, una irritación que ahora empezaba a burbujear de nuevo.- Steve? Largo. Acá sólo juegan los adultos.-
- Tony, basta.- dijo Bruce con suavidad, abriéndose paso hacia el Capi y agachándose para recoger su tapperware del suelo, tendiéndoselo con el mismo gesto con el que se arreglaba los lentes.- Steve? Está bien? Somos sólo nosotros.-
- Es…- Steve balbuceó, y tomó el tapperware, pero el modo en el que le clavó los ojos a Bruce disgustó a Tony, que finalmente dio un paso, todo su cuerpo tensándose como ante una batalla.- Está bien…?- (2)
- Los homofóbicos comentarios WWII que te mueras por hacer, te los guardas, Capsicle. No tengo porqué tolerar semejante cosa en mi propio techo, y si vas a insultarnos, puedes empezar por…-
- Tony, cállate.- dijo Bruce levantando una mano, sus ojos castaños fijos, curiosos en los ojos azules de Steve, que aún trasmitían shock.- Steve, qué pasa? No me digas que no sabías sobre la homosexualidad o bisexualidad, esto no se inventó este siglo. Te disgusta porque somos dos hombres o algo más?-
- No, no es…- Steve bajó la vista, sonrojándose, pero luego apretó los labios.- No es asunto mío. Lo siento. No esperaba encontrarme con algo así.-
- Detecto en tu tono que "algo así" es semejante a que alguien te haya vomitado la moto.- soltó Tony, cuyo enojo iba en aumento.- No te enseñaron en tu escuelita de Brooklyn la palabra sodomía, Capitán?-
- Tony.- dijo Bruce, ásperamente.
- No es eso!- soltó Steve, aunque hubo un rictus en su mandíbula, un gesto en su rostro que traicionó su disgusto.- No sabía que eras así, Bruce. Es… eso es todo.- Steve movió la cabeza.- No, me estoy… explicando mal…-
- Es mucho más simple que eso.- dijo Tony, ya harto, avanzando hacia Steve, y sus ojos chispeaban.- El hecho que Bruce y yo estemos juntos… tengamos sexo… nos besemos en público… y nos acariciemos encima de la puta mesa de la cocina si se me antoja… es un problema para ti, Rogers?- soltó. Steve se demudó, su rostro alarmado, y se volvió a Bruce.
- No pensarán hacerlo público?!- exclamó, y la ira de Tony estalló como una llama de gas.
- Lo gritaré de las azoteas si se me antoja! Qué te has creído para desaprobarnos? No necesito tu jodida aprobación, Rogers, quién te crees que eres…?- (3)
- Chicos, cálmense.- dijo Bruce, su voz seca.- Por favor.-
- Tony, no soy quién para juzgarlos.- dijo Steve, y hubo algo duro en su voz.- Pero considerando que Miss Potts terminó su relación contigo hace poco tiempo, y que el doctor no es siempre capaz de consentir, me preocupa que…-
- Lo que sea que estés insinuando, te lo tragas, o te vas con el escudo puesto.- dijo Tony, y su furia se afinó y enfrió como una llama se vuelve cortante en un soplete. (4)
- Bruce, de veras quieres esto?- musitó Steve, ignorándolo, y cuando Bruce alzó ojos que traicionaron irritación y sí, sentimientos heridos, a Steve, la mano de Tony agarró a Steve Rogers por el cuello.
- Eres… eres un jodido hipócrita. Hipócrita! Hipócrita y cobarde! No tienes ningún empacho en usar a Bruce para pararme cuando te conviene, pero nuestros sentimientos te asquean? Cuando tú no eres capaz de ni decir en voz alta lo que sientes por Libby! No eres capaz ni de reconocer lo que en realidad quieres hacerle! Toda la Torre lo sabe, joder, JARVIS lo sabe, y para que sepas, tiene mucho sentido…- exclamó, la voz furiosa haciéndose cada vez más fría, más cortante.- Para que sepas, mi padre…-
- Tony, no!- exclamó Bruce, pero era tarde.
- … mi padre la eligió de un grupo de cuarenta chicas para irradiarla. Para hacerte una novia, Rogers. Torturó y mató a cuarenta chicas antes de que una sobreviviera, le borró el cerebro a punta de electricidad y te la llevó para que te la follaras como el perro de raza que eres…-
- Tony…- dijo Bruce en un susurro.
- Estás mintiendo!- dijo Steve, sus manos aferrando la muñeca de Tony que le agarraba el cuello: pero para que lo soltara, habría tenido que romperle el brazo, porque Tony vibraba de furia.
- Quieres ver los archivos? Tengo todo! Mi padre la rediseñó y la irradió exclusivamente para que se lo metieras y la preñaras, pero ni eso pudiste hacer…-
- Stark! Suéltame!- soltó Steve.- Suéltame o te…!-
- O qué? Me vas a pegar bajo mi propio techo? O quieres que te explique un poco más lo que Bruce y yo hacemos, todo lo que parece que te da tanto asquito? NO VAS A VENIR A DESPRECIAR LO ÚNICO BUENO QUE TENGO EN MI VIDA…-
- No me importa lo que hagan ustedes dos a solas, pero no lo hagan en público, santo Dios, acaso no entiendes que lo pones en peligro?! Cómo eres tan hijo de puta arrogante que se ponen los dos en peligro, todo por un poco de sexo? Si lo quisieras, no lo harías hacer esto para … para satisfacerte…!- gritó Steve, sonrojado e incoherente de rabia, y la cara de Tony se desencajó un poco, y luego se volvió pétrea como porcelana.
- Vaya.- dijo con voz serena y cortante.- Mira, mi padre tenía razón. Siempre dijo que los que gritaban más fuerte eran los más pecadores. Y lo dijo de ti, Rogers. Con todos tus sentimientos por el difunto Barnes… bueno, mi padre siempre dijo que Tía Peggy era James Barnes con faldas.- soltó Tony.
El golpe iba: Tony lo vio venir, pero no se movió. Sin embargo, cuando el brazo de Steve se estiró, como por su propia volición, una mano verde y nudosa la aferró a medio camino, y los dos se voltearon, el shock, sacándolos de su ciega ira, para ver a Bruce, el brazo y los ojos verdosos, retroceder torpemente, golpear contra el muro y encuclillarse ahí, abrazándose a sí mismo. (5)
- Váyanse.- musitó, la voz temblorosa.- Váyanse! Ya! Déjenme solo!-
- No, no, Bruce!- gimió Tony, volando a su lado, poniendo las manos en sus hombros. Bajo la camisa, bajo la misma piel, los músculos se tensaban y destensaban, como olas de contracciones, vibrando, ansiosos por explotar.- No! Respira… Bruce estás en casa…!-
- No, por Dios, lo siento! Bruce, por favor, no…- balbuceó Steve, sus brazos fuertes sosteniéndolo, ayudándolo a ponerse de pie. La piel hervía, un gemido ronco y continuo en sus labios.- Te duele? Bruce, háblanos…!-
- Duele…- gimió Bruce, las manos cubriéndole la cara.- … duele…-
Los ojos de Steve encontraron los de Tony, y vio el amor y la angustia y el remordimiento, claros, intensos, tan inconfundibles como la luz del reactor en su pecho. Tony vio su gesto, y asintió, y el increíblemente fuerte supersoldado alzó la tembloroso doctor y con Tony en los talones se metió al ascensor y ladrándole a JARVIS que se acelerara, los dos se apresuraron a su habitación.
Steve lo depositó en la simple cama con su alegre edredón pintado mexicano, la habitación muy simple aparte de eso, un tapiz hindú en una pared y una alfombra para yoga de paja trenzada a un lado de la cama.(6) Tony encendió la lámpara de pie a un lado, la suave luz indirecta reflejándose en el cuerpo acurrucado sobre el costado, y se inclinó junto a la cama, tocándolo, tratando de traspasar por el toque su ansiedad, su preocupación.- Bruce… Bruce, dime qué sientes, qué hacemos…?-
- JARVIS, pon el mix relajante número 16. El con lluvia.- dijo Bruce, la voz ahogada.- Tony, Steve, salgan: necesito hacer yoga. Y por favor, contrólense hasta que yo pueda controlarme a mí mismo.-
Steve hizo un sonido de asentimiento, y los dos salieron, tensos y culpables, viendo antes de cerrar la puerta a un tembloroso doctor levantarse, y con piernas claramente acalambradas, arrodillarse en la alfombrita y empezar a tratar de plegar su cuerpo. La puerta se cerró tras ellos, y Steve suspiró, furioso consigo mismo, mientras Tony observaba el pasillo con los ojos vacíos, las manos impotentes en puños en los bolsillos.
- Nunca se había transformado sólo por una discusión…- musitó Steve, la culpabilidad mordiéndolo. Tony lo miró, pero no con odio ni furia, sino con los mismos ojos vacíos, el mismo remordimiento en su cara.
- No fue sólo la discusión. Ya había tenido que pelear conmigo… pararme… darme una clase de relaciones… ser el adulto en nuestra relación, y encima, aguantar estar excitado sin hacer nada… luego vienes tú y no sólo nos insultas, me amenazas… es un milagro que no esté en Soho rompiendo autobuses…-
- Tony, lo siento tanto.- dijo Steve avergonzado.
- Siéntelo menos y trata de humillarlo menos, maldito seas. De verdad insinuaste que no era capaz de tomar una decisión sobre nuestra relación libremente, Rogers? Porqué? Porque es pobre, porque necesita protección contra el gobierno o simplemente sugeriste que es un débil mental?!- siseó Tony.
- No seas idiota, no fue eso lo que dije!- soltó Steve, los dos caminando sin darse cuenta a la salita de la Torre, dándole a Bruce su privacidad, aunque a regañadientes. Sabían que JARVIS les alertaría de cualquier cosa, pero aún así…
- No? Y qué dijiste?-
- Que él te quiere tanto, que aunque sus sentimientos no fueran del tipo romántico, aceptaría!- soltó Steve, a lo que Tony lo miró extrañamente, antes de irse al bar.
- Le pasó algo a Bruce?!- dijo una voz, y los dos dieron un respingo. Era cierto que Natasha y Clint con frecuencia se fundían con las sombras, pero esta vez Clint realmente les había dado un sobresalto. Podía tener que ver con que estaba vestido más de oscuro que lo habitual, con una camisa elegante y corbata en tonos de cobalto, y formales pantalones de vestir color carbón, lustrosos, la chaqueta del traje encima de una silla. Incluso se había estilizado el pelo erizado, y Steve notó con sorpresa que incluso podía oler un deje de perfume que olía a tierra mojada y hoja de maíz.(7) - JARVIS dijo que estaban con él, que algo había…-
- Hubo riesgo de un incidente, pero ahora está descansando.- dijo Tony con sequedad.- Adónde vas tan bonito, Cupido?-
- A ver a Nat y a buscar a Libby. Tengo una cita con ella.- dijo Clint al desgaire, mordiéndose el calloso pulgar, ignorando el respingo de Steve- Seguro que el doc está bien? Fue algo que hicieron ustedes dos, par de idiotas?-
- Oh, por Dios.- dijo Tony, y con una maldición se dobló sobre el bar. Steve se sintió alarmado al ver el brillo de lágrimas en sus oscuras pestañas, a pesar de que apoyaba los ojos en la muñeca, y Clint guardó silencio un minuto, mirando entre uno y otro con esos agudos ojos verdosos observándolo todo.
Steve rodeó el bar y atrajo a Tony hacia sí, abrazándolo con todo y copa, casi sin saber lo que hacía, sintiendo sus propios ojos picarle.- Estará bien, estará bien, Tony…-
- S-suéltame… no creo que quieras abrazar a un maricón asqueroso…- gimió Tony contra su pecho.
- Mari… Nunca jamás dije eso!- repitió Steve indignado.
- Ustedes dos se pelearon y eso alteró al doc?- dijo Clint agudamente.- Porqué cuernos se pelearon esta vez?-
- Por la homofobia del Capitán América. Tú ya sabías que yo me follo lo que se deje, pero aparentemente el Santo Patrón acá no sabía que vivía con un…-
- Nunca dije eso! Basta, Tony!- dijo Steve, soltándolo y retrocediendo, su rostro rojo de vergüenza, pero los ojos destellando de furia.- Nunca pretendí hacer el más mínimo comentario homofóbico! No soy ese tipo de persona!-
- No, de hecho.- dijo Clint, entretenido, sentándose en el sofá, estirándose como si no llevara ropas tan elegantes, cruzando los brazos tras la cabeza.- El capitán América no es nada homofóbico y es ferozmente progre, yo lo sé, Nat lo sabe, Phil lo sabe, todo jodido SHIELD lo sabe…-
- De qué estás hablando?- dijo Tony secándose los ojos con una brusca frotada de su manga sucia, a lo que Steve le dio un manotazo y le alargó su pañuelo de tela limpio.
- Puede y no puede ser que se hayan filtrado… algunas… grabaciones del cursito sobre el siglo XX- XXI que le dieron cuando lo descongelaron… - Clint agitó sus dedos colocados en casita, chocando las yemas.- Puedo o no puedo haber tenido algo que ver…-
- Barton hijoputa.- bufó Tony.
-… puede ser que justo se haya filtrado cuando le explicaron sobre la liberación sexual de los 70 y los videos sobre los Mods y Queen…-
- Te refieres ah… oh.- Steve parpadeó.- Me estaban filmando?-
- Te filmaban todo el tiempo. Te puedo conseguir el footage, Stark.- dijo Clint, alzando el índice.- Pero el pedacito al que me refiero fue cuando, después de hablarte sobre los derechos civiles y las marchas en Castro, te dijeron que se había legalizado el matrimonio gay. Escucha esto, Stark: el Capi dijo, y cito:" Cuatro siglos para conseguir esto, y me perdí esa fiesta".- acabó, asumiendo una pose de héroe, una mano en el corazón.- Mataste bien muertos a toda la gente no het de SHIELD, te digo!-
- Pensé que les ibas a comentar sobre mi error cuando me preguntaron por David Bowie en vestido. Les dije que era una dama hermosa y talentosa.-
- Creíste que era una mujer?- preguntó Tony, curioso.
- Sí.- dijo Steve, sin más explicación, pero Clint pataleó para ponerse de pie, e imitó a Coulson, con la mezcla de adoración y timidez que el agente siempre parecía sentir ante el capitán América.
- " Pe,perdón, capitán, pero ése… ése es un hombre"- Clint cambió su voz a los tonos firmes y melodiosos de Steve.- " Igualmente hermoso y talentoso, entonces"-
- A la gente se le olvida que fui un artista en Brooklyn en los años 30, no un campesino en Iowa en los 20.- suspiró Steve.- mi vecindad era el lugar en donde vivía la mayor cantidad de gente de… la gente gay. Tenía amigos, Bucky tenía amigos…- hubo un blush en su rostro, pero continuó.- Tengo amigos homosexuales y estoy orgulloso de eso! Es sólo que cuando los vi juntos, por un momento…- agregó, cubriéndose la cara.
- Steve, entiendo que te hay producido un shock. Es distinto leer sobre ello que verlo de repente…- empezó Tony, avergonzado, pero Steve se levantó con el rostro cargado de amor, miedo y vergüenza.
- No, no lo entiendes. Ninguno de los dos lo entiende. Ahora es distinto.- dijo, y su voz se volvió baja.- Sabes a cuántos hombres… niños, eran apenas niños… vi apaleados hasta lisiarlos por la sospecha de que podían ser homosexuales? La sospecha, Tony! Los hombres del barrio se reunían a eso como un deporte! A algunos… a algunos incluso los… cortaron, los castraron. No habían antibióticos, casi todos murieron por la infección. La sola sospecha de eso bastaba para arruinar a un hombre, para costarle el derecho a mostrarse en público, podía costarle la vida. Yo… yo tuve que defenderme con puños, vivir con miedo: como era pequeño y delgado, muchos me acusaron de ser una " fucking fairy" y me amenazaron… amenazaron a Bucky. Si él no hubiera salido con docenas de chicas, nada nos hubiera salvado de… temía por mí, pero temía más por él, si le hubieran hecho algo… no habría podido detenerlos! No habría podido!- gimió, y hundió los dedos en su pelo, tratando de calmarse.- Fue sólo que los vi… todas mis pesadillas de lo que podían hacerle a Bucky… vi en mi cabeza a Bruce golpeado, a una muchedumbre hiriéndolos… cortándolos… Tony, aún hoy hay crímenes de odio, no puedes ponerlos en peligro, a los dos, Tony…- suplicó Steve, los ojos húmedos, y llenos de tanto amor y angustia que por un momento Clint y Tony no pudieron hablar. Fue sólo tras una pausa, y que Tony llenase un vaso, tras ofrecerle a Clint, que se negó mostrándole las llaves del jeep, y le alargase otro a Steve, que se secaba las mejillas con los dedos, que habló.
- Por eso mismo hay que mostrarlo, Capi. Para no tener miedo. Para que nunca más pase algo así en nuestro país.- dijo Tony, y sonó como si lo jurase.
- Además que tendrían que pasar por encima de mí para hacerle algo a Bruce.- soltó Clint, encogiéndose de hombros.- No te ofendas, Tony, igual te defendería, pero el doc es el favorito aquí sin discusión.-
- Yo los protegería con mi vida. Con mi escudo.- dijo Steve, la voz suave, antes de sonreír.- Y Clint tiene razón… Bruce es el favorito de esta Torre. Hasta JARVIS lo prefiere…-
- No les voy a criticar el gusto, pero me pregunto porqué.- Tony, conversacionalmente, se acodó en el bar. Steve puso cara pensativa, pero Clint los miró como si fueran idiotas.
- De verdad no se les ocurre? Y yo que pensé que eras el tipo más inteligente de este planeta, Stark…-
- No soy el más listo. Bruce me gana por 12 puntos de CI, y Jane, Mrs Odinson, tiene un punto más.- dijo Tony, sonriendo al fin.
- Bruce no puede ser más inteligente si está contigo. Si lo convenciste de aguantarte, no es tan listo…-
- Cállate, Barton.-
- Tú te metiste en una relación con un cerebrito cuyos problemas físicos hacen que los de Stephen Hawking parezcan un chiste…-
- me habías pedido unas flechas radar, verdad? Pues estarán listas el 2020!- soltó Tony.- No que era tu favorito?-
- Joder, sí lo es.- dijo Clint.- Considerando que hace años que no swingeo para ese lado, el doc me hace un gesto y…- Clint hizo un gesto muy, muy gráfico.
- Qué? No creí que los agarres de una noche fueran tu estilo, Barton.- dijo Tony con humor. No era raro que los dos charlasen así por horas: los dos podían insultarse mutuamente, imaginativamente, por la menos 24 horas.
- El doc nunca sería un agarre de una noche.- dijo Clint, y hablaba en serio.- Si el doc quisiera, yo sería suyo.-
- Manos fuera, pájaro descriteriado!- dijo Tony, haciendo gestos de espantarlo, mientras Clint reía.
- Dijiste que sabías porqué era nuestro favorito.- preguntó Steve, que se bebía pensativamente el licor.- Por qué?-
- Porque excepto Thor, todos hemos tenidos padres de malos a horribles a ausentes. Bruce tiene una vibra paternal que echa de espaldas… es lógico que todos nos peguemos como lapas al tipo que nos da la aprobación paternal/hermano mayor que siempre quisimos. Y como es generoso y bondadoso, confiamos en él. Una vez, Nick dijo que si de veras el consejo quería una tercera guerra mundial, el modo más rápido era venir a intentar llevarse a Bruce.- agregó, poniéndose de pie y yendo a la puerta.
- Y?-
- Coulson le dijo que había gente loca, pero no tanto.- completó, yéndose por el pasillo con su paso panteresco. Steve y Tony se miraron, aliviados y un poco avergonzados aún, y Tony palmeó el duro hombro de Steve, antes de ir por otra copa.
- Tony…-
- Dime.-
- Lo que me dijiste sobre tu padre y Libby…-
Tony se mordió los labios. Sabía que esa conversación venía, pero después del día que había tenido, la hubiera preferido con Bruce al lado, que era capaz de razonar con un tifón.
- Mi padre era una mierda de persona.- musitó, los dientes apretados.
- Tu padre no era…- empezó Steve.
- Mi padre le tiró dos bombas atómicas a civiles inocentes para acabar la guerra. Supongo que torturar y matar a cuarenta chicas ni siquiera registró en su sismógrafo moral.- bufó Tony, las palabras amargas.- Encontré sus registros del proyecto Lanchester, Steve, pero no iba a revelártelos así. La verdad, quería revelártelos así como nunca, y en su defecto, con Bruce al lado, y una docena de arcoíris y cachorritos. Al menos te ofrezco una olla por si quieres vomitar?-
- Tony.- dijo Steve, su voz firme, aunque algo ronca.- Dime toda la verdad.-
Normalmente, no soñaba: los sueños eran un gasto inútil de energía y hormonas que les habían enseñado a reprimir, a dormir sólo en tres horas toda una noche, sumergidas en el negro pozo de la inconsciencia o la vigilia. Natasha estaba confusa al comienzo, porque el paisaje onírico era claro y cristalino como la realidad, y por un momento se preguntó qué estaba viendo al ver a una figura roja y negra moverse, girar…
Era una memoria, no un sueño. En la primera gala de los Avengers después de la Batalla de New York, habían tenido que mostrarse a la prensa, a todos los que bramaban por respuestas y culpas, aún incómodos, aún nerviosos, con la gente alejándose de Thor, con Bruce perdido en la multitud e incómodo, con Steve rígido y tenso y Clint aún herido en cuerpo y alma, los ojos bajos y culpables. No parecían héroes esa noche, sino víctimas asustadas, incómodas, tres de ellos en trajes demasiado rígidos para estar cómodos, en una muchedumbre de desconocidos…
Tony y ella se habían mirado, y Tony, las cámaras en él, había avanzado, le había tomado la mano, y en su exquisito tuxedo, con su más desafiante sonrisa, la había sacado a bailar la primera, a abrir la pista de baile. (8)
Y Natasha, con una magnífico Karl Lagerfeld rojo sangre, (9) había tomado su mano, y había sido llevada, una experta y un experto, por la pista, atrayendo miradas y cámaras lejos de los demás, que aún eran frágiles y quebradizos, a ellos dos.
A ella, que estaba armada de sombras, y a él, que era puro acero.(10) Natasha recordaba el aroma de Tony esa noche, su sonrisa desafiante, su orgullo al llevarla del brazo al ritmo de For Once In My Life. (11)
For once I can say
This is mine you can't take it
As long as I know I have love we can make it
For once in my life I have someone who needs me
Habían electrizado a la concurrencia, pero sobre todo, le habían devuelto la sonrisa a los suyos.
Esa noche, había bailado con todos, dejando que los fotografiaran. Solo Clint sabía que Nat tenía esas fotos guardadas en un disco personal. Thor, risueño y animoso aprendiendo los pasos. Steve, azorado, tratando de no pisarla. Clint, en la mitad de un chiste, haciéndola reír mientras giraba sobre sí misma. Bruce, tímido y sin embargo hábil, atreviéndose a recostarla en su brazo con un gesto airoso, su rostro chispeante por una vez…
Sin embargo, en su sueño, tan claro, ahora había sombra. Podía verla: una sombra larga y fina, oscura y temible, negra y plata. Y una estrella roja como la sangre.
Natasha supo con un oleaje de horror y pánico que el Soldat había venido, no por ella, porque ella ya era un fantasma, a ella la había matado, sino que venía por aquellos que amaba… él venía y nada los salvaría… nada podía detener al Soldat.
En su sueño, su propio vestido rojo estaba húmedo de sangre, y al levantar la vista y encontrarse bailando con Tony, la luz de su reactor estaba poniéndose roja porque había una herida de bala en su pecho y la sangre chorreaba sobre la luz… Clint… Clint tenía un agujero en la frente…
- CLINT!- jadeó, el grito en su sueño volviéndose apenas un susurro en la realidad.
- Shh, Nat, aquí estoy, aquí estoy…- dijo la voz amada en ruso, y Nat controló su respiración incluso antes de despertar, toda su consciencia puesta en sus manos, las manos que aferraban manos familiares, las manos de Clint en las suyas, apretadas. – Nat, sólo un sueño, un sueño…-
Nat respiró hondo, y soltó inmediatamente tal ristra de indecencias en ruso, en voz muy baja, que hicieron que Clint se partiera de risa silenciosa, sin soltarle las manos. Toda la debacle había sido tan silenciosa, que Libby, que se había quedado dormida a un costado de la gran cama acompañándola a ver una película tras que cenaran juntas, ni siquiera se había despertado.
- Pesadilla?-
- Sí. Estaba bailando con Stark.- dijo Nat sin expresipon, lo que hizo a Clint retorcerse de risa de nuevo.- Que haces acá?-
- Vine a verte, jeez… okay, también me llevo a la señorita de paseo.- Clint se sentó en la cama, una ojeada rápida en las máquinas que rodeaban a Nat que no se le pasó a ella para asegurarse de su estado.- Aún no cicatrizas? Normalmente a esta altura ya estás pidiéndome que practiquemos combate…-
- Me lo estoy tomando con calma.- dijo Nat, estudiadamente ligera.- No es malo estar de abeja reina acostada y a salvo. Todos me traen dulces, tengo Netflix, porqué debería levantarme?-
- Todos te traen dulces?-
- Tony me mandó toffees caseros, muérete de envidia. Y cuando Ms. Smith supo que estaba herida, me mandó un merengue del porte de una pelota de rugby.()-
- Nat, seriamente, tienes que mejorarte. Mientras tú comes dulces, todos estamos nerviosos, y seguiremos nerviosos, hasta que te veamos de pie.- dijo Clint, con seriedad poco característica en él. Nat, que lo conocía, vio la tensión en sus hombros, y le acarició las manos afectuosamente. Sabía que en otras circunstancias, Clint ya la habría besado. De hecho, seguramente ya estarían haciendo cosas contra las órdenes de Bruce, que le había indicado descansar. Nunca habían tenido mucho sentido común en eso, los dos.
-… james…- musitó Libby en sueños, volviéndose, aún perdida en sus sueños. Clint observó a la muchacha rubia despertar lentamente, y Nat lo observó a él. Sabía que Clint había visto algo que los demás no: pero eso, en cierto sentido, era habitual. Qué podía ser, no tenía idea: pero había algo en sus planes, algo en su mirada, que te recordaba porqué Clint había sido el más temible oponente de SHIELD en su momento, y porqué había quienes, al igual que con ella, aún dudaban de sus lealtades. Había algo en Clint que era indomable, imposible de poner riendas. Había algo en ella que era irrompible, intocable.
" james?" musitó Clint, por un momento desconcertado,y Nat iba a susurrarle " bucky", cuando algo la hizo callar. James? Porqué ese nombre tenía en su boca el mismo regusto que en sus sueños?
- Libby, tienes que ir a arreglarte. Esperaré abajo: tenemos una cita, recuerdas?-
Libby lo miró largamente, con esa expresión de conejo ante los focos, luego miró la pantalla, a Nat y la Torre, y su sonrisa volvió, asintiendo.
- No me tardaré mucho. Que tengas buenas noches, Natasha.- dijo Libby, apresurándose a la puerta. Nat y Clint intercambiaron miradas, pero ninguno de los dos dijo nada por un momento.
- Adónde la llevas? – dijo al fin Natasha recostándose.
- Cena, baile, paseo y besuqueo. The works.- dijo Clint.- Sugerencias?-
- No te pongas en plan Don Juan. Te conozco bien, Clint Barton.-
- No te atrevas a impugnar mi atractivo sexual, soy el puto James Bond pero con mejor cuerpo y más joven…- Clint rió, besándole la mano, y si aún había fuego en sus ojos al mirarla, ninguno de los dos se permitió reconocerlo. El orgullo de Clint, que podría haber sido de muy mal gusto, era claramente una broma; sobre todo considerando que la hacía con una mujer que lo conocía perfectamente.
Íntimamente.
Nat sabía algo que nadie había supuesto: Clint Barton, con toda su apostura y experiencia, no era un buen amante. No: había que detallar eso. No era bueno en la cama: Natasha Romanova, que había aprendido sobre sexo como se aprende sobre un ciencia, y que había tenido que acostarse con una cifra de hombres que parecía increíble, podía decir, abiertamente, que bajo casi ningún concepto, Clint era bueno en la cama. Sus coitos, generalmente sin nada de lo que se consideraba foreplay, consistían de una mecánica y frenética penetración, en la cual tras un espacio de entre dos a tres minutos, culminaban con una eyaculación brusca y nerviosa, cuyo placer se desvanecía rápidamente de los ojos verdosos del arquero y que solían dejarlo perdido por unos segundos, para darle hambre inmediatamente.
Posiblemente, la mayor parte de las mujeres hubieran llamado esos dos minutos y medio patéticos, y otras cuentas, más generosas, hubieran sugerido terapeutas y sexólogos. Pero Natasha, que sabía lo que Clint había pasado en su juventud, sabía que Clint podía ser absolutamente lamentable con su pene, y absurdamente increíble con todo lo demás.
Clint era el tipo que podía pasarse el fin de semana entero desnudo, jugando videojuegos y viendo cartoons mientras comía cereal directo de la caja y peleaba contigo por la última banana. Era el tipo que si no te levantabas cuando él decía, hacía la cama contigo dentro. El tipo que protestaba a hacerte una segunda taza de café, pero era capaz de hacer una cena de tres platos mientras dormías siesta para celebrar su fin de semana juntos, y luego aparecer con sirope de caramelo para declarar que eras el postre y llevarte a media docena de orgasmos rugientes con su lengua y sus dedos. Clint era un amante salvaje, travieso y nada convencional: igualmente podía desnudarte su alma y sus memorias en una intensa sesión de besos y caricias en el sofá a media tarde como hacerte reír hasta llorar a las tres de la mañana mientras bebían cerveza y veían películas malas. ( Bourne en particular era objeto de su ridículo)
Las pocas veces que la lujuria lo dominaba, ocasiones que Natasha había aprendido a anticipar, se quedaba callado, sus ojos se oscurecían, parecía disgustado, y al fin, una vez estaban solos y en privado, Clint se quitaba la ropa mínima a tirones, doblaba a su amante sobre el mueble más cercano y procedía a limar la aspereza de su pasión sin palabras, sin más que gruñidos y un deseo brutal por un par de minutos. Pero luego, venían los besos, la ternura: venían las manos mágicas y hábiles con las que podía dar placer por horas, y amaba hacerlo, con sus palabras tanto como con sus caricias. Natasha recordaba tardes y noches que habían volado mientras él la amaba incansablemente por horas y horas, hasta que se dormía con sus manos en el cuerpo y despertaba en medio de nuevas caricias…
- Vete y no exageres. Lo que sea que estás buscando hacer, hazlo ordenado y con sentido común, Barton.-
- Preferiría ir a cenar contigo, pero ya ves.- dijo Clint en un susurro, besándole la frente. Natasha le sonrió, pero apartó la vista de esos ojos que veían tanto cuando se clavaron en los suyos.- Nat? Algo está mal contigo. Qué está mal? No me mientas.- dijo él tras una pausa, certero como una flecha.
Nat podría haberle mentido, pero los dos se conocían demasiado para eso.
- Tengo pesadillas. Muy… muy claras. Estoy soñando sobre el Red Room.- dijo ella en un susurro. – memorias que había olvidado…-
- Quieres que me quede?-
- No, vete. Mañana.- dijo ella, y se recostó en el lecho.- Mañana hablaremos, okay?-
- Okay.-
- Aún no se han matado?- dijo Clint volviendo a la sala, y al encontrarla vacía, se movió a la cocina, en donde Steve, pálido, tenía la vista fija en su taza de té, y Tony, su rostro aún disgustado, servía mecánicamente unos waffles del microondas. – va a ser un duelo de waffles?-
- Te vas a llevar a Libby de cita?- dijo Tony, una ceja alzada. Steve se estremeció, y lo miró como si fuera a objetar, pero luego apoyó la frente en las manos, mientras Clint se sentaba a su lado y se metía un waffle en la boca.
- Con todo mi amor habitual, van a opinar al respecto? Porque fallo en ver porqué podrían opinar al respecto. A no ser que tengan alguna sugerencia de resturant?-
- No sacaste reserva? Eres una mierda de cita, Barton.- comentó Tony, mordiendo su waffle.
- Prefiero la aventura.- empezó Clint, pero justo cuando Steve iba a intervenir, hubo un movimiento en el umbral, y los tres se volvieron al ver a Bruce ahí, ojeroso pero tranquilo, su pijama gris a rayas que no habría favorecido a nadie colgándole desarreglado, y su rostro sereno algo gastado pero determinado.
- Bruce, estás bien, estás…?- empezó Steve, pero el doctor ya había entrado a la cocina en tres zancadas, y habiendo aferrado a Tony entre sus brazos, lo había besado con tanta fruición, tanta decisión, tanta intención en su beso, que Tony se quedó inmóvil, los ojos cerrándosele solos, quieto en sus brazos, sin más que poder aferrarse a su cintura más para no vacilar que por pasión. El beso siguió y siguió, apasionado e íntimo y cargado de tanto amor que Steve bajó la vista azorado, para ver a Clint, también la vista baja, un mohín en su rostro, haciendo pedacitos las servilletas de papel a su alcance. Ya había juntado un buen montoncito de servilletas destruidas.
- Esto cuenta como transformación, pero no te acostumbres. Iré a ver a Nat y en media hora, en tu habitación.- dijo Bruce, antes de volverse a los demás.- Clint, la traes antes de que amanezca. Steve, todo está bien. Lo pensé cuando desperté… nadie nos va a hacer daño. Esto no es tu época, así que no temas por nosotros.- dijo saliendo tan rápido como había entrado, un índice amenazando a Tony.- En tu cuarto en media hora, y no me hagas esperar!-
- Yup, figura paterna, todo el rato.- sonrió Clint.
- Eso es todo lo que le dices a Clint!? A mí me diste más instrucciones que para el quinjet…!- explotó Steve, pero Bruce se fue sin hacer caso.
Tony volvió a ellos, falsamente serio, alzó ambas manos haciendo V's de la victoria, (12) y Clint soltó una carcajada, agarrando todos los pedacitos de servilleta y bañándolo en confeti.
- Lo lograste, Stark, lo lograste! Te costó casi un año pero lo lograste, ensacaste al último ser humano decente de New York!-
- Ahora más te vale merecerlo.- bufó Steve, sin poder evitar sonreír.
Tony hizo poses triunfantes, y chocó cinco con ambos.- Todo mío, enterito, todo lo bueno y verde y enojado de este mundo…!- agregó, mordiéndose los labios.- Saben lo que he esperado para sacarle la ropa…?-
- Stark!-
- Quemársela y cambiársela por Hugo Boss?- sugirió Clint, aún echándole confeti.
- Eso también.-
- Con que le quemes todo lo que dice Made in India, incluyendo el corte de pelo, estamos bien.- comentó Clint, y cuando oyeron pasos con tacones en el pasillo, se levantó, quitándose confeti de las mangas.- Buenas noches, caballeros. Tengo algo mucho más atractivo que ir a ver que sus feas caras. Traten de no morirse mucho de envidia.-
Tony iba a responderle con un chiste mientras pescaba el confeti de su taza, pero se calló cuando Libby apareció en la puerta. Llevaba un vestido muy sencillo de gasa azul marino, una de las pocas cosas que poseía: y sonreía con timidez, su cabello recogido, una carterita en sus manos.
- Me encontré con el doctor Banner en el pasillo. Dijo que evitáramos los mariscos, porque hay una ola de marea roja en Sudamérica.- comentó, antes de que sus ojos fueran a Steve, que la miraba fijo con cierto patetismo, y el rostro de Libby se volvió un poco confundido.- Steve?-
- Dime?-
- Donde está…?- musitó, antes de mirar alrededor y rehacerse.- No… no es nada.-
Tony miró de reojo a Steve, que apartó la vista, la culpabilidad de sus últimas revelaciones sin duda haciendo que le pesara el alma. No se le pasó la mirada confusa y casi suplicante que Libby fijaba en Steve, pero un momento después Clint la había tomado del brazo y esa expresión había desaparecido para volverse alegre y encantadora, la expresión típica de Lydice.
- No puedes dormir? Te duele?- preguntó Bruce al encontrar a Natasha despierta. Sólo la luz del pasillo iluminaba el cuarto médico, y la enfermera de turno aguardaba pacientemente ser llamada en su estación, pero aunque la luz de la habitación estaba apagada, la luz se reflejaba en los ojos de Natasha con en los de los gatos, su verde iridiscente, mientras la asesina descansaba recostada, quieta, los ojos abiertos. La inmovilidad de Natasha inquietaba a todos: su capacidad para pasar desapercibida se debía mucho a la forma en que lograba controlar sus movimientos, su respiración, hasta que inconscientemente la registrabas como algo no vivo. Después de haberla registrado así, una parte de ti siempre tenía un pequeño sobresalto cuando estaba a tu lado.
Natasha giró la cabeza, y Bruce se inquietó un poco al notar su palidez. Se había puesto su vieja bata de levantarse de tela de toalla encima del pijama, pero tenía la misma autoridad de cualquier médico al encender la luz y acercarse a la cama, incluso en zapatillas de levantarse. Natasha estaba pálida, pero tenía manchas rojas en las mejillas, y el brillo de sus ojos no le gustó nada.- Nat? Háblame.- ordenó, inquietándose más al ver la expresión perdida, desorientada de Natasha. La mano suave de Bruce fue a su frente y a su cuello, palpando su pulso y temperatura: y revisó las lecturas de los equipos que monitoreaban a Nat, antes de sentarse frente a ella, tomándole las manos.
- Natasha… Nat, háblame. Nat, soy yo. Natasha, por favor.- rogó. Cuando ella parpadeó, lentamente, como sonámbula, Bruce le palmeó las manos, la cara.
Nat volvió la cara a él, pero su expresión seguía perdida, ida. Bruce se inquietó en serio, y rodeando su cabeza con el brazo la recostó, inclinándose sobre ella, su mano yendo al espacio entre sus pechos sintiendo su respiración leve y superficial, los latidos súbitamente acelerados.
Por supuesto no se esperaba que Nat girase la cabeza y pegara sus labios a los suyos. (13) El shock lo petrificó un momento, el cuerpo de ella lacio y abandonado excepto por sus labios tibios y deliciosos, rojos y suaves, pero entonces la sintió moverse en el lecho, y supo, sin género de duda, que a la mujer que tenía en los brazos era la Black Widow, y que había separado los muslos para ofrecerse a él sin ninguna duda.
- Natasha, no, despierta. Despierta!- agregó, dándole un sacudón en los hombros. La cabeza de ella se fue atrás en la almohada, y de pronto todo su cuerpo se tensó como un resorte, listo para defenderse, sus talones buscando soporte en las sábanas, sus manos yendo expertas a agarrar su bata, y whoop, Bruce estaba de espaldas en la cama, las muñecas sujetas, y Nat, encima suyo, sus letales muslos sujetando los de él dolorosamente, una mano aferrando su cuello, la otra echada atrás para golpear…
Bruce no se movió, no luchó, no se defendió. Dijo su nombre, serenamente, y Natasha parpadeó, se echó atrás, y se hubiera caído de la cama si Bruce no se hubiera sentado y la hubiera sujetado.
- Bozhe moi…- gimió ella.- Bozhe moi, qué hice, Bruce, lo siento…-
- Está bien.- dijo él, amables arruguitas en la comisura de sus ojos.- Está bien, Nat, ahora puedo contar que me atacaste y me arrojaste a la cama… espérate que le cuente esto a Tony, va a gritar discriminación y va a iniciar una petición en .-
- Bruce…- gimió ella, y para el sobresalto de Bruce, se le llenaron los ojos de lágrimas, a ella, a la que nunca le pasaba eso. Sentándose, Bruce le acarició los hombros, y ella dejó que su cabeza cayera cansada en los fuertes hombros de Bruce, que la rodeó con el brazo, y aunque no sollozó, Bruce sintió la humedad de sus lágrimas en el hombro, incluso a través de la gruesa bata.
La bata era suave y gastada, y cálida. Cuando Bruce la rodeó con sus brazos, ella hundió las manos pequeñas en los rizos perpetuamente despeinados, e inspiró, sus lágrimas cayendo sin parar.
- Bruce… lo siento, podría haberte…-
-Nat, querida.- dijo Bruce, apartando el rostro, apoyando su mejilla contra la mejilla mojada de ella.- no podrías haberme hecho nada. En el peor de los casos, el peor de los casos para ti, habrías despertado al otro tipo… pero no podrías haberme hecho nada, no lo entiendes? Aparte de darme un beso y tirarme en una cama mullida, no me has hecho nada. Ni podrías aunque quisieras.- dijo suavemente. Nat lo miró a los ojos, sorprendida, aún con lágrimas en las pestañas largas y espesas que eran uno de sus atractivos, y Bruce le secó las mejillas con los pulgares, permitiéndose una sonrisa.
- Nat, que pasó? Dónde, estabas, en tu cabeza?-
- Estaba recordando algo. Pero no sé porqué estoy llorando. No recuerdo nada. Recuerdo… a un hombre?-
- Te hizo daño?- en los ojos oscuros de Bruce estaba claro a qué tipo de daño se refería. Nat movió la cabeza, pero luego cuando lo miró sus cejas se fruncieron, y una se elevó con algo que mezclaba humor e incomodidad.
- Te besé, verdad? O era parte del sueño?-
- Si. Me besaste.-
- Bruce, lo siento.-
- Oh, estoy destrozado. Fue terrible, terrible.- se burló Bruce, su sonrisa tibia cuando le acarició el cabello .- Espantoso. La peor tortura…-
- En el sueño, también…- Nat se mordió los labios.- Pero ahora no recuerdo, no logro recordar.- suspiró.-Bueno, supongo que he besado a demasiados para acordarme.- agregó con cierta amargura. Bruce, que sabía lo que había significado la lasitud, la entrega de Natasha en ese estado abandonado de fuga, y aunque se le apretaba el estómago y el Otro Tipo se removía inquieto ante lo que significaba- cuántos hijos de puta pervertidos la habían usado, cuántos?!- no permitió que eso se mostrara en su cara, que sólo mostraba la comprensión y nada de la cólera.
- Le hice lo mismo a Libby.- dijo Nat, frotándose la cara. El silencio que siguió la hizo levantar la vista a Bruce, y se le escapó una risa sorprendida, porque en vez del rostro preocupado que había esperado, o del disgusto que habría temido, lo que había en el rostro sereno de Bruce era un brillo pícaro en sus ojos que la mayor parte de la gente no habría notado. (14)
- Really?- dijo él, con toda inocencia.
- Sólo la agarré del cuello, no la besé!- aclaró ella, a lo que Bruce se lamió los labios, con una leve sonrisita que decía me siento privilegiado. – Y se defendió?-
- Nada. Fue como agarrar un cachorrito.-suspiró Natasha.
- Y estaba Steve presente?-
- Sí. Me pegó un grito que hubiera hecho que Red Skull diera media vuelta y corriera.-
Bruce asintió para sí, levantándose, sus ojos pensativos. Nat, en un gesto muy poco característico, lo agarró de la manga. No dijo nada, pero era obvia la tensión en su rostro.
Bruce le acarició los nudillos, y Natasha pensó, por un momento, en cómo esas manos suaves y descoloridas eran las únicas en la Torre que podían realmente pararla. Había combatido con Steve, con Tony, con Clint, lo suficiente para saber, en lo profundo de su ser, horriblemente, que podía matarlos. Thor, el ingenuo, habría sido siempre, siempre el primero en morir.
En cambio Bruce, sin importar lo que ella hiciera, sobreviviría. Ella era la asesina perfecta, pero él era más fuerte que todos los poderes que la muerte pudiera haberle dado. Por una vez, se había encontrado con algo que ella no podía dominar, enjaezar ni romper, y lo mismo que una vez la había aterrorizado al borde del PTSD, ahora le parecía, le parecía…
- Todavía estás despierta?- la voz afectuosa de Steve los interrumpió de la puerta, y Bruce no contestó la tácita pregunta de Natasha, volviéndose a Steve. Sin embargo, había una cierta severidad en Bruce que los sorprendió a ambos.
- Me imaginaba que estabas durmiendo.- dijo Bruce con cierta aspereza, notando que incluso el rostro perfecto de Steve Rogers traicionaba algo de ojeras y ojos enrojecidos.- Deberías irte a la cama, Steve.-
- Sí, bueno… no tengo ganas de acostarme.- Steve atrajo una silla, y cuando reveló que acarreaba una almohada y una caja de madera a cuadros que al desplegarse resultó ser un tablero de ajedrez tradicional, esbozó esa sonrisa irresistible de cachorro que tenía.- Vi luz y pensé que quizá Nat tendría ganas de patearme el trasero.-
- Deberías dormir.- dijo Bruce, volciéndose a Nat. – No te estás curando tan rápido como deberías.-
- Sólo un juego, doc. Me ayudará a pensar en otra cosa.- dijo Nat, soltando su bata y sonriéndole a Steve.- Además, es eso o habrá una matanza de bolsas de arena en el gimnasio hasta que vuelva Libby, no es así?- Steve tuvo la gracias de verse avergonzado, aunque había un dolor en sus ojos.- Rogers, qué pasa? Clint no le va a hacer nada que ella no quiera.-
- Sí.- dijo Bruce, y había un deje de preocupación en sus ojos.- Ahí está justo el problema.-
La cena había sido exquisita: el lugar, iluminado por las velas y las estrellas reflejadas en un magnífico techo transparente, con vista a la bahía, hermoso. Clint había hecho reír a carcajadas con sus historias sobre el circo: aunque era obvio que sus memorias habían sido adornadas para divertirla – ningún niño de ocho años que huye a unirse al circo tiene una linda historia detrás- la conversación había sido encantadora y variada. Cuando acabaron el postre, Clint la tomó de la mano sin siquiera preguntar y la llevó a la pista de baile, en donde la guió con la habilidad de un experto que además era artista marcial en pasos simples pero vistosos, que ella siguió sin ningún problema.
(15)
- Bailas bien.- comentó él, la mano de ella en la suya no extendida en el aire, sino apegada al bolsillo su chaqueta, contra su corazón.- Aprendiste en Sttugart?-
- Tuve profesoras.- dijo ella, tras una leve pausa.- Era un requisito del cuerpo diplomático.-
- Y antes?-
Hubo un parpadeo, un segundo de duda, y luego su mirada se paseó por el salón, con sus pantallas y la magnífica vista de New York iluminada, y musitó.- no, nunca.-
Clint la llevó por la pista con la destreza y el drama del artista circense que había sido: no era Tony Stark, que sabía atraer todas las miradas con un gesto, ni Bruce Banner, a quien sus años en los países cálidos le habían metido el ritmo en la sangre, pero se movía con la gracia de un gran gato, y habían muchas más cosas en Clint que se podían comparar a un gran gato, un gato, risueño, carnívoro, que podía parecer idiota en una siesta colgando sobre un árbol y luego romperle el cuello a una gacela y comerle las tripas sin cambiar de expresión.
Sonaba Love is a Losing Game.(16)
Clint la recostó sobre su brazo, la hizo dar vueltas, y no había una separación educada entre sus cuerpos, pero ella no protestó. No protestó cuando las manos de Clint bajaron para oprimir sus caderas contra suyas: no protestó cuando sus labios le rozaron el cuello, su aliento cálido, peligroso. Tampoco protestó cuando tras una segunda copa salieron del club, y llevándola por la cintura, rodeó el restaurant para salir a un pintoresco muelle de madera blanca, y desabrochándose la corbata, la llevó al final del muelle, deteniéndose para que se quitara los tacones, y una vez allí, la alzó y saltó a un pequeño yate anclado en la bahía, que llevaba el nombre de Maldito Budapest.
- Hay una botella de champaña allí. Destápala y sirve dos copas, linda.- dijo Clint, lanzando su corbatín a un rincón y quitándose los zapatos, antes de tomar el timón y echar a andar el motor.- Quítate los zapatos, también.- ordenó.
Libby hizo todo lo que él le dijo, sin chistar, mientras el yate se alejaba del muelle y cruzaba la bahía, el mar oscuro lleno de estrellas. Se había sentado en un rinconcito, las copas de champaña llenas en su mano, cuando Clint al fin apagó el motor, avanzó a ella y se encuclilló frente a ella, elástico y atlético.
- Tienes frío?-
- Estoy bien.- dijo ella, mecánicamente. Su rostro era muy bello y sonriente, pero parecía curiosamente superficial, inexpresivo.
- Bébete la champaña.- ordenó Clint. Libby se la bebió toda, y cuando dejó su copa a un lado y le entregó la suya, Clint la miró largamente, con una quietud que debería haber enervado a cualquier mujer.
- Te has divertido esta noche, Libby?-
- Sí, gracias.-
- Quieres volver a salir conmigo?-
- Sí, por supuesto.-
- Qué bueno.- dijo Clint con una sonrisa, y le dio un bofetón. No duro: un bofetón duro de Clint podía dejar al Capitán América atontado. Pero no era amistoso, en absoluto.
Libby jadeó, pero luego volvió a su sitio, y se quedó quieta, muda y obediente.
- Perfecto.- dijo Clint.- Así me gusta. Desvístete.-
- Rogers, tramposo asqueroso.-
- No es mi culpa que no le prestes atención a los peones.-
- No tengo ninguna duda que peón a reina es tu jugada favorita, cenicienta americana.-
- Es muy poco comunista que desprecies a los peones. Pobre proletariado.- se rió Steve, mientras su recuperada reina diezmaba las filas de Natasha.- Bruce… Bruce se veía un poco preocupado, lo notaste? Es culpa mía.- agregó, moviendo la cabeza.- Tuve una discusión con Tony y eso… lo afectó, sabes. Nunca he querido molestar aldDoctor.- suspiró.
- Bruce tiene más voluntad que todos nosotros juntos.- dijo Nat con calor.- Y está preocupado por Libby, no por nosotros. No debería preocuparse, Clint la devolverá tal como se la llevó, sólo que más contenta.- agregó con una sonrisa que en ella, podía ser considerada afectuosa.
- Tony me…- Steve se mordió los labios, pero siguió adelante, aunque su voz tembló un poco.- Natasha, no sé si hago bien en contarte esto. Pero eres la única persona que conozco que ha pasado por algo así, y… no confío en nadie más. Eres una de las personas más estables y ecuánimes que conozco…- dijo al fin, un deje de miseria en su voz, aunque trataba de sonreír. Natasha asintió, levemente, y mientras él buscaba las palabras, ella devolvió sutilmente al tablero una de las piezas que le había cobrado ya.
- Libby… Tony dijo que Libby fue una de… varias chicas que irradiaron para convertirlas en, en…- balbuceó Steve, frotándose el puente de la nariz.- Es que no puedo creerlo…-
- A Libby la irradiaron para tratar de que soportara embarazarse de ti, ojalá dar a luz a supersoldados?- dijo Nat suavemente. Steve cerró los ojos, y asintió.
- Es tan obvio? Todos lo sabían y yo sólo soy un idiota ingenuo?-
- No.(17) Sólo tu mamá te crió mejor que a todos los demás. A Thor tampoco se le pasaría por la cabeza.- dijo Nat, y hubo una pausa antes de que continuara.- Solo ella sobrevivió?-
- Tony dice que sí. Dice que Howard… dice la que las torturó y mató, y no puedo creerlo…-
- Tony siempre mirará lo que haya hecho su padre bajo la peor luz. Eran voluntarias como tú, verdad?- dijo Nat, la voz clara y cortante.
- Sí, pero…-
- Voluntarias como tú. Tú tenías las mismas oportunidades de salir fiambre de esa caja, Steve Rogers. Pero peleaste como un tigre por el derecho de meterte en ella, no es así?- ella sonrió sin humor.- Estás siendo sexista, o estás criticando las libertades individuales? Respóndeme eso o te acuso al escudo.-
- Natasha…-
- O a Coulson. Va a llorar a mares.- dijo Natasha, cruzando los brazos bajo los senos.- Steve, no sufrieron ni más ni menos que todos los soldados de esa guerra o de la mía. Intentaron luchar por su país y murieron por ese deseo. Admíralas si quieres, llóralas si quieres, pero no te culpes por ello: estaban buscando un modo de hacer supersoldados, algo que ha intentado cada potencia, pero no tiene que ver contigo, con Steve Rogers. Quienquiera hubiera sido el Capitán América los habría inspirado igual. Libby ha sufrido, pero el daño que le han hecho no tiene que ver con lo que intentó hacer Howard Stark. De hecho, él fue delicado. En Europa, te habrían dado órdenes claras y habrías tenido que actuar de semental sin ninguna consideración por tus sentimientos o los de ella. Sólo el hecho de que Howard Stark fuera MUY gente y les tuviera cariño a ti y a ella hizo que su único triunfo se lo callara cuando intervino tu amigo Bucky. Supongo que en cierto sentido, era un romántico.-
Steve miraba a Nat como si no la hubiera visto nunca. Tenía los ojos húmedos, pero daba la impresión que sus palabras le habían devuelto el aire, y cuando bajó la vista y le cayó una lágrima en la mano, sus labios temblaron como si quisiera decir algo que no lograba articular.
Pero no tenía que decirlo. Estaba escrito en cada línea de su cuerpo: ese hombre adoraba, adoraba, adoraba a Natasha Romanov.
- Nat…- susurró.
- Si la quieres, o si llegas a quererla, porque es obvio que ya sentías algo por ella en la guerra. Y ha cambiado, y tú también, pero si llegas a sentir algo, no tengas miedo.-
- Pero ella ha sufrido. No está… no podría…- susurró él.
- Estás diciendo que lo que sufrió la dejó demasiado rota para que pudieras amarla?- dijo Nat, y su voz tenía una vibración despreciativa. Steve dio un respingo.
- No dije eso!-
- Steve, si fuera por eso, yo estaría en una linda habitación acolchada, o bajo tierra. No subestimes de lo que capaz de regresar una mujer.-
Natasha alargó la mano sobre el tablero y le secó la mejilla.- Rogers, lo que sea, lo enfrentaremos como dices tú, como un equipo.-
El tablero saltó a la cresta.
(18) Nat se halló abrazada por el único hombre, aparte de Thor, que alguna vez la había tomado de sorpresa. Steve la abrazó: le besó el pelo, lo inspiró, la meció, y Natasha, la nariz enterrada entre dos duros pectorales, tuvo poco más que hacer que aguantar como se hace cuando un labrador entusiasta simplemente se ha vuelto loco.
- Aire.- gimió al fin, y Steve la soltó de golpe, retrocedió, pisó un alfil, y se fue de espaldas. Ahí tirado en el suelo era un póster erótico y a la vez una de las cosas más ridículas que Nat hubiera visto en su vida, y su risa cascabeleó, una risa hermosa y adorable, que Steve no le había oído nunca y que a pesar de lo mucho que le dolía el trasero, lo hizo feliz.
Steve se había echado a reír con ella locamente, la cabeza echada atrás en las baldosas, aliviado y tranquilizado, cuando oyeron el ascensor. Si no hubiera sido por el casi sielncio de la Torre, jamás lo hubieran oído: pero fue Nat quien alzó la cabeza.
- JARVIS, han llegado Clint y Libby?-
:: El agente Barton está escoltando a la enfermera Bell a sus habitaciones, agente Romanov::
- No están borrachos, verdad?- preguntó Nat con burla.
:: No, agente Romanov. Pero la enfermera Bell se encuentra empapada::
- Qué?- Steve saltó sobre sus pies.
- Dijiste media hora. Te has pasado en dos minutos, veintidós segundos.- dijo Tony, desnudo como el día que nació, recostado en su edredón rojo, bañado, arreglado y guapo, una sonrisa de oreja a oreja al verlo entrar. Excepto por la cintita en su cuello, no llevaba absolutamente nada encima más que una mirada salaz.
- Lo lamento. Estaba ocupado. Natasha me besó y me metió en su cama.- dijo Bruce con tanta pachorra que Tony parpadeó antes de sentarse en la cama, boquiabierto.
- Repite eso.-
- No sabía en donde estaba. Creo que estaba en un estado de fuga. De hecho, tengo la desagradable impresión que yo era uno de los tipos con los que alguna vez la obligaron a acostarse.- dijo Bruce con disgusto, quitándose la bata y la camiseta del pijama de golpe, buscando vagamente en dónde dejarlo entre todas las superficies modernas y brillantes, y finalmente poniéndolas en lo que parecía un banquito futurista.- Definitivamente el peyote le hizo muy mal. Había planeado usarlo con Libby, pero ahora no estoy tan seguro.-
- Robert Bruce Banner. Yo. Aquí.- Tony hizo señas direccionales como si fuera necesario explicar qué parte de él estaba ansiosa y más que lista para lo que fuera que Bruce tuviera en mente, pero Bruce, que sonreía, se sentó a su lado en el lecho, y se acomodó hecho un loto, con una mano cariñosa yendo al cabello de Tony.
Tony dejó caer la cabeza en la almohada.- El romance ya está muerto. Después de cómo me besaste delante de los favoritos de Fury, esperaba una sesión salvaje…-
- No te hagas expectativas. Disfrutarás más sin ellas.-
- Siempre disfruto más las expectativas. Soy un futurista!- exclamó Tony, manoteando el pijama de Bruce.- vamos, sácate eso ya…-
- Tony, soségate. Ya. Te dije que quería una relación formal y pública, y ya la hice formal y pública ante la gente que nos importa.-
- Me alegro que lo hayas hecho. Clint no deja de tirar indirectas de que ahora que Nat lo botó, a ti te aceptaría.-
- Clint está herido: sólo quiere afecto y compañía. Y eso lo tiene de mí sin necesidad de esto.- dijo Bruce afectuosamente, su mano acariciando con seguridad el vientre de Tony, que se contraía bajo sus dedos.- Clint es el tipo d persona que necesita alguien que lo ame. Steve, en cambio, necesita algo que amar él.-
- Y yo, Doctor no-soy-psicólogo-Banner?- dijo Tony, volviéndose a él
- Tu necesitas un compañero de viaje.- dijo Bruce en voz muy suave, y su boca fue a la de Tony.- Y yo quiero serlo, Tony. Déjame serlo…- susurró, y en recompensa, fue besado con pasión y abandono, el tipo de abandono que sólo se tiene cuando encuentras a alguien que te abraza por completo. Los dos se mecieron, besándose, acariciándose, por largo rato, hasta que las manos de Tony se engancharon en el pantalón del pijama y cuando Bruce lo mantuvo tercamente arriba, se metieron dentro y empezaron a acariciarlo.
Y entonces Tony tuvo su primera sorpresa de la noche, una sorpresa que no esperaba. Si el pacífico científico ya le había demostrado ser una fiera en la cama, no se esperaba que al tocarlo, todo el cuerpo de Bruce, a excepción de su pene pulsante y duro como piedra se aflojara, se relajase, se alaciara como un muñeco de trapo. Sus gemidos de placer eran claros e intensos: pero su cuerpo, en vez de tensarse, se aflojaba más y más, mientras más duro y caliente estaba el sexo en su mano. Tony lo masturbó largo rato, usando todos los trucos de su repertorio, acriciando sus testículos, deslizando los dedos por su perineo hirviente, pero Bruce parecía abandonado en un plateau de placer e incapaz de abandonarlo, y cuando a Tony se le empezaron a dormir las muñecas, las incansables manos de ingeniero rindiéndose al fin, fue con un poco de desesperación que usó su boca, que no había pensado poner en juego hasta el final.
Bruce se arqueó suavemente, y sus manos fueron a acariciarle el rostro, pero por más que Tony succionó, lamió, hizo hmmm, aaah y rrrrrgh, usó sus labios, su garganta, su lengua y la parte interna de sus mejillas, Bruce siguió disfrutando, y siguió sin correrse. Tony al fin se detuvo, jadeante y sudoroso, y Bruce le echó una mirada soñadora, complacida y humorística, a lo que Tony apoyó la cabeza en su vientre con un bufido.
- Qué estoy haciendo mal?-
- Nada, Tony. De hecho, estás haciendo varias cosas, muy bien.-
- Pero no te has…-
- Me he corrido tres veces. Pero sin eyacular, amor.-
- Qué?-
- Tantrismo.-
Tony lo miró incrédulo, sentado en los talones. Bruce se enderezó, y el sonrojo en sus mejillas, la intensidad de su mirada, todo decía placer, y abundante, intenso placer, pero seguía perfectamente erecto, a pesar de que estaba sereno.
- Este es el superpoder que me gustaría tener. Con qué hay que irradiarse?- balbuceó Tony.
- Es un superpoder que puedes ganar.-
- Sí, sólo hay que tener la fuerza de voluntad de un puto circasiano…- Tony movió la cabeza, y una risa lo hizo echar la cabeza atrás.- O sea que podrías follarme hasta hacerme trizas…-
- Precisamente por ese motivo, eso no lo haremos.- dijo Bruce, besándole la frente transpirada y luego los labios.- Qué quieres que hagamos ahora? No puedo penetrarte, ni tú a mí, no estoy suficientemente relajado, pero… haré cualquier otra cosa que quieras…-
- Cualquiera?- dijo Tony, su sonrisa demoníaca.
- Oh, Dios.- dijo Bruce con resignación.
- JARVIS; maldito autómata hocicón.- dijo Clint con una exasperación graciosa cuando las puertas del ascensor se abrieron, y él, goteando de pies a cabeza y muy sexy en su camisa formal y pantalones adheridos a su cuerpo atlético con el agua empujaba a Libby, que parecía una rata ahogada envuelta en su chaqueta, lo único más o menos seco de ambos. Steve, que los esperaba paseándose ante la puerta del apartamentito de Libby en la Torre, se quedó quieto mirándolos, y Clint lo vio tensarse, aunque su expresión no cambió, porque aún le daba el beneficio de la duda a Clint, claramente.
- Qué les pasó?- dijo, avanzando a trancadas.- Libby…-
- Deja que la chica se cambie, que si pesca un resfriado Bruce tomará el arco y me sodomizará con él.- dijo Clint con humor, empujándola hacia la puerta del apartamento, la cabeza baja, la chica sin resistencia ninguna. – Libby, anda a cambiarte, inmediatamente.-
- Se cayeron de un muelle o qué? Están bien?- Steve alargó una mano a ella, pero Libby, alzando de pronto vivos ojos azules, se echó atrás, los miró a ambos, y se metió en su habitación sin más, cerrando la puerta.
- Libby?- exclamó Steve.- Qué hiciste?- le musitó a Clint, el comienzo de un enojo en sus ojos claros.
- Linda, no quieres que te seque todita? Te enfermarás si no te secas bien entremedio de… los dedos de los pies.- dijo Clint con una risa, a lo que les respondió un silencio glacial, y luego una voz tensa e irritada.
- Buenas noches, agente Barton.- soltó la voz de Libby, y el click del sello de la puerta.
- Qué mierda hiciste?- exclamó Steve, y ahora sí sonaba enojado.
- las primeras citas siempre son incómodas.- dijo Clint, poniéndose las manos entrelazadas tras la cabeza.- no molestes, Capi.-
- Clint, si la has hecho rabiar, o algo…-
- Love is a losing game, Capi.- dijo Clint, y al mirarlo, había algo profundo y sin embargo conmiserativo en sus ojos verde claro.-No lo sabías? Lo dijo Amy Winehouse, y esa chica sabía de lo que hablaba.- agregó, volteándose, camino al ascensor, el movimiento de sus caderas exagerado por los brazos tras la cabeza. Pero apenas había dado tres pasos cuando una mano que era suficientemente fuerte para doblar metal le cayó en el hombro, inmovilizándolo.
- Clint.- dijo Steve Rogers, y no había nada de su tono paternal del Capitán América, nada del tonoclaro y exacto del jefe de campo de los Avengers, nada del tono afectuoso pero desafiante del maestro de combate que los entrenaba pacientemente a su nivel. No: el tono de un hombre, el tono en que hombre le hablaba a otro que le había agotado la paciencia y se metía con su chica. Una última advertencia antes del puñetazo.
Clint le atrapó la mano y se volvió, los reflejos legendarios del arquero demasiado rápidos incluso para el Capitán América. La muñecas de Clint ()se oprimieron en las sienes de Steve Rogers, y atrajo su rostro al suyo, sus cuerpos tan cerca que contra sus pectorales Steve podía sentir la presión de los mojados de Clint bajo la delgada camisa, apenas más bajo. (19)
- Tengo que pedirte que confíes a mí?- dijo Clint, su voz ronca. Steve inspiró, y clavando sus ojos en los suyos, los cerró, y apoyó su frente lisa en la marcada por las coquetas arrugas de entrecejo del arquero.
- No.- dijo lealmente. Clint asintió, y se fue, con una diminuta sonrisa. Y Steve, tras una mirada indecisa a la puerta de Libby, se fue a su habitación, y tras pedirle a JARVIS que le avisara de cualquier problema o cambio con Libby o Natasha, se metió en la cama, se tapó cuidadosamente solito, cruzó los brazos musculosos tras la cabeza y se puso a contemplar el techo.
*pensar que creciste con uno de ésos, y aún confías!? Rogers, eres un idiota.*
Libby puede salir con quien se le antoje ahora, Buck. Tu no estás aquí, y nunca dejaste de repetir que tú no eras de los que se casaban.
*Y en clásico Steve Rogers, saltas de la primera cita al altar inmediatamente en tu cabeza. Hay un nombre muy feo para las mujeres que hacen eso… creo que para los hombres, ni siquiera existe la palabra.*
Romántico?
*Estoy bastante seguro que empieza con algo así como psicópata… nah, es más bien stalker…*
No soy un stalker!
*Sólo porque recién lo definieron en el 62!*
Steve se recostó de costado, un brazo bajo la almohada sosteniéndole la cabeza. Una memoria le vino a la cabeza sin poder controlarla, y cerró los ojos con un bufido, porque no era exactamente una memoria que disfrutase recibir, menos a esa hora. Pero Steve era tan incapaz de controlar sus pensamientos como Bruce era capaz de dominar su mente y Natasha su rostro. La memoria era una de las más antiguas que poseía, y a la vez que más veces se había repetido en su vida anterior: Bucky desnudo, bañándose con una palangana de pie en la tina de latón pintado que era una de las herencias de su madre, el agua apenas tibia ya corriendo por su cuerpo con restos de jabón barato, su espeso cabello reluciente por el agua cayéndole en los ojos. En esas ocasiones, Steve podía haber estado envuelto en su propia toalla tras su propio baño, siempre el primero en el agua más caliente, ya que Bucky (20) insistía que prefería el agua más fría: podía estar haciendo desayuno en bata en años posteriores, estudiadamente ignorando al hombre que se bañaba en la sala, al tina sobre la alfombrita de goma ( su apartamento tenía un baño compartido, por supuesto), o podía estar acostado aún en la cama que con frecuencia compartían cuando helaba, espalda con espalda al comienzo al dormirse para siempre despertar con los brazos fuertes y desvergonzados de Bucky rodeando la frágil caja de huesos alrededor de los pulmones de Steve.
Steve recordaba con vergüenza, con una sensación de intensa injusticia, que de niño, varias veces al ver a Bucky bañarse se había encontrado estudiando su cuerpo como si una observación cuidadosa pudiera decirle porqué Bucky no se enfermaba, no sufría alergias, no caía cada tres semanas en cama con fiebre ni tenía vahídos como una chica. Cuando llegó la adolescencia, la diferencia en la transformación de sus cuerpos lo asombró al comienzo, y luego avergonzó y enojó: era imposible no comparar la espalda que se ensanchaba, el vello que sombreaba el mentón, las axilas, la línea en su vientre, que enmarcaba el desarrollo de su sexo, en donde acababan las atléticas piernas. Steve se había odiado a sí mismo con furia, había odiado su cuerpo débil, lampiño e infantil, mientras se esforzaba con uñas y dientes para no permitirse odiar a Bucky por su fuerza, su belleza, su salud: no podía envidiar a su amigo, no debía envidiarlo. Debía regocijarse de su vigor, admirar sin rencor esa salud envidiable. Nunca hubiera querido verlo pasar por lo que él tenía que pasar. No podía permitirse una brizna de rencor, no contra el niño-joven-hombre que le dedicaba su vida, casi todas sus horas despierto, el hombre que trabajaba como un caballo en los muelles para mantener un techo sobre sus cabezas, el hombre que se negaba los placeres más básicos de cigarrillos y alcohol para que él tuviera todos los medicamentos que pudiesen ayudarlo ( Y Steve se daba cuenta ahora, con amargura, que la mayor parte de esos remedios habían sido inicuos e idiotas)No: envidiar el cuerpo de Bucky se sentía como una ingratitud espantosa, casi un pecado contra Dios. El antídoto contra ese negro sentimiento estaba en los ojos acristalados, tan bellos de su amigo, tan sinceros y alegres siempre: pero Steve se forzó a admirar el cuerpo de Bucky con ecuanimidad, a notar sus anchos hombros, sus largas piernas, los atléticos músculos sin permitirse envidia: y pronto, Bucky fue toda la referencia clásica que necesitaba para dibujar el cuerpo de un hombre en su arte. Podía dibujarlo de memoria, atléticos pectorales, fuertes brazos, terso vientre, hermoso sexo pendulante y libre.
Podía amar su belleza y su fuerza, como si fuera la suya. No fue hasta que empezó a soñar con tocar esa carne lisa y atlética, que se dio cuenta que había ido demasiado lejos.
Steve hundió la cabeza en la almohada, mientras con los más simples tirones se llevaba a sí mismo a un orgasmo rápido y silencioso, los ojos apretadamente cerrados, recordando cómo se sentía despertar con sus hombros frágiles envueltos en la expansión del pecho de Bucky, que en ese momento se había sentido tan enorme y protector, su camiseta blanca sin mangas cálida y oliendo a él, sus bóxers arrugados sin disimular nada de su contenido pegados sin vergüenza contra sus nalgas en infantiles briefs blancos… su aliento, en el cuello, la sonrisa que sentía contra el pelo al oírlo darle los buenos días y decirle que la noche anterior había nevado…
Steve se corrió con un gemido inaudible: le era imposible quitarse la idea de que las paredes eran de papel, o como durante la guerra, nada más que tiendas de lona embreada. No podía hacerse a la idea que a no ser que se lo pidiese a JARVIS o tuviera una emergencia, nadie lo escucharía.
Tony nunca comprendería eso, niño rico de mansión. Pero el saber que habían mínimo setenta metros entre él y su vecino más cercano, lo hacía sentir solo.
Muy solo.
Decirle a un ingeniero que una solución espaciokinética era compleja era como ponerle un paño rojo a un toro. Bruce había protestado por su espalda, y por eso era quien estaba tendido en los edredones en la alfombra, una almohada tras de su cabeza, mientras Tony, en manos y rodillas, hacía entusiásticamente en resto del trabajo del 69, a pesar del profiláctico contra el que había protestado pero que Bruce le había obligado a ponerle, debido al riesgo de una eyaculación radioactiva en su boca. Ni el tantrismo aguantaba tras tanto rato, y Bruce estaba sudoroso y relajado por el placer sucesivo, mientras que el movimiento rápido de stacatto de las caderas de Tony, a quien le estaba estimulando al mismo tiempo la próstata con dedos expertos, le decía que el ingeniero estaba a segundos de su crisis.
Claro que Tony tampoco tenía ninguna timidez en decírselo mientras usaba una mano en frotarlo expertamente.
- Más duro, méteme otro… sí… así, Bruce! Duro, puedes hacer smash ahí… ahí, sí, así!- exclamó con toda voz, y Bruce hubiera sonreído de no tener la boca ocupada, considerando la pasión de su normalmente pasota amante. Al sentirlo cerca, succionó con más fuerza, y usando su mano libre, le dio un par de nalgadas, que hicieron que Tony hiciera un sonido de sorpresa e incredulidad, y luego se corriera con tal violencia que sus gritos parecían que alguien le estaba cortando una pierna.
Los dos se quedaron quietos luego, Tony derrumbado sobre un costado, la frente traspirada contra su muslo, Bruce limpiándolo hábilmente con una camisa descartada. Pero antes de que Bruce siquiera recuperase el aliento, yoga o no yoga, Tony se sentó de súbito, el ceño fruncido, la mano aún alrededor del sexo endurecido, aunque no totalmente erecto ya, de su pareja.
- Tony…?- dijo Bruce, algo confuso, porque la cara de Tony era intensa y seria.- Tony, pasa algo?-
Tony quitó el condón de su pareja, lo observó vagamente un momento, y lo descartó en la papelera, antes de ponerse de pie de un salto que no parecía tener relación su edad y pasearse, desnudo como estaba, el pulgar rozando su mandíbula ausentemente.
Bruce se enderezó, y se metió en sus pantalones de pijama, observándolo de reojo, hasta que tras recuperar los edredones de la cama, odenar las sábanas deshechas, eliminar las trazas de sus actividades y traer una vaso de agua del baño, Bruce se sentó en la cama y se caló los lentes antes de preguntar.- Muy bien, me estás poniendo ansioso. Qué pasa, Tony?-
- Hay alguna de tus micelas biológicas adoradas que pueda flotar en una solución a base de sílice?-
Bruce parpadeó a la pregunta.- De sílice? Bueno, tendría que ser una solución etérica. O fenólica. Pero para micelas, es mejor trabajar con elementos cargados, como fosfolípidos, que se mantengan neutros en las variaciones de protones.-
- Se puede enganchar sílice a un fosfolípido?-
- Con los carriers adecuados y un pool descente, puedes engancharle lo que quieras.- dijo Bruce, una sonrisa empezando a dilatarse en su cara.- Estás pensando en el polímero que se te había ocurrido...?-
- Estaba pensando en semen.- dijo Tony con un gesto amplio, aún ignorando su desnudez.- Cuando hiciste el bitchfest sobre el puto condón. Claro que no es inerte, el semen no es inerte ni estéril, para eso es, y maldita sea, quiero saber a qué sabes… pero…- Tony se rascó la nuca.- Era eso lo que estábamos buscando, no te das cuenta? No un coloide, sino una suspensión de aspecto coloidal. No un solo elemento, sino elementos en otra solución. Y si a eso logro encerrarlo en una membrana impermeable, bueno… tendremos el coloide perfecto: el anticoloide!-
Bruce parpadeó. Las aplicaciones… las aplicaciones eran miles, en medicina, en farmaceútica, en robótica e informática… sacudió la cabeza, y entonces se dio cuenta que Tony seguía hablando y a él se le estaba cayendo la cabeza de sueño.
-… podría usarlo como el acolchado perfecto, sería sintiente y reaccionaría a los protones de mi sudor, no te das cuenta…-
- Tony. Pantalones, café, laboratorio.- dijo Bruce con esfuerzo.- haz los esquemáticos y déjame dormir un par de horas. Cuando amanezca, estaré ahí para empezar las pruebas, de acuerdo?-
- Sí, voy a empezar de inmediato…- Tony se metió de cualquier manera en los jeans comando, se colocó la camiseta de Bruce al revés y estaba saliendo por la puerta casi en un trote cuando de pronto frenó y se volvió.- No te enoja que te deje solo?- dijo tras una pausa, confuso de repente.- A pepper…- agregó, y se mordió los labios. Bruce, ya recostado en las sábanas, sonrió soñolientamente.
- Qué haces aquí todavía? Largo, vete a ser brillante. Y si encuentro una sola falla en los cálculos, te spankeo de nuevo. Vete ya!-
Tony esbozó una sonrisa de oreja a oreja y salió corriendo.- Sí, Doctor Banner, como usted diga!-
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(10) . /a6e8c3dc02a2d18aef18e01b66407410/tumblr_inline_ CECTPA- Habían misiones en las que Maria Hill, como representante de SHIELD, actuaba como la guardaespaldas ( es un decir) de Thor, principalmente en aquellas en que Thor representaba a Asgard en su cruzada por calmar el pánico mundial al alienígena de dos metros. Habían misiones extremadamente brutales en las que el Capi y Clint como su sniper iban a repartir patadas y flechazos hasta que terroristas o una dictadura soltaban a los prisioneros o rehenes de turno. Habían misiones realmente densas en las que Bruce y Tony se encerraban sobre algún artefacto que Coulson dejaba caer en sus manos y les daba 72 horas para que le explicaran si era una bomba o alguna otro tipo de WMD.
Y habían misiones en las que Natasha, que solía pasar la vida en calzas y camisetas cuando estaba en la Torre, salía vestida como una diosa o una zorra, a veces tan disfrazada que les tomaba un buen rato reconocerla, y desaparecía por días. Esos días, la gente se ponía gruñona en la Torre: Thor preguntaba incesantemente por ella, Clint se emperchaba en algún lugar alto y no bajaba de ahí, Bruce estaba más callado de lo habitual y Tony hacía lo imposible por distraerlos.
Steve, por supuesto, partía a SHIELD y solía gruñir, apestar y perseguir gente hasta que tenía una idea si ella estaba a salvo o no, porque cuando el Capi hacía el conteo de cabezas a su alrededor y había menos que cinco, bueno, el Capitán América podía ser un ángel, pero Steve Rogers era hinchapelotas emérito y además tenía PTSD.
Pero de todos, Tony era el más preocupado, aunque nunca lo demostrase. Y si tenía alguna duda sobre cómo la Black Widow a veces jugaba su juego, o alguna sospecha, no la compartía con los demás.
Porque Tony sabía. Clint podía conocer las misiones en papel, pero Tony las había visto, y sabía porqué Natasha en esos casos, nunca llevaba a Clint. Ni a nadie más.
Había un par de cosas que Tony y Natasha nunca le habían contado a nadie más.
La primera vez, Natasha lo había encontrado ebrio en un rincón del garaje tras la debacle con Extremis. Pepper había estado en cirugía: Bruce, en containement tras que la supuesta " muerte" de Tony lo enviase a la Hulk-crisis más brutal que le hubiesen visto. Con Thor en Asgard y el Capi y Clint ayudando a contener el desastre, Natasha se había disculpado y había ido a SHIELD medical, y de ahí a la Torre, desierta y silenciosa.
Tony no estaba ebrio, no como podía estarlo, en que se volvía más chispeante y radiante si cabe. No estaba borracho perdido, como había estado varias veces durante la crisis del paladio, exhausto y peleador. No: Tony estaba intoxicado, intoxicado hasta arriesgar la vida, había perdido control de sus esfínteres y estaba echado en un rincón con espuma en la boca y los ojos vacíos, y cuando Natasha lo encontró y clavó la aguja de disulfiram que había traído, Tony volvió en una crisis de vómito y convulsiones que tomó toda su fuerza manejar. Lo metió a la ducha. Lo lavó, desvistiéndolo como a un niño: le lavó el pelo lleno de cenizas humanas, lo hizo tragar varios litros de gatorade, le dio los analgésicos que su hígado podía tolerar, lo acostó, repitiéndole que Bruce estaría bien, que Pepper estaría bien.
A la mañana siguiente lo encontró vestido, los ojos inyectados en sangre, dirigiendo a sus robots limpiando el garaje, y allí, en ese espacio, el maltratado, pero de pie, Tony Stark, había dado un paso incómodo, le había rodeado la cintura con los brazos y le había dado un casto, pero muy sentido, beso en la boca.
La segunda vez fue más simple y más siniestro. Estaba por amanecer cuando Tony sintió el pequeño comunicador que llevaba en muñeca encenderse, y como estaba dormitando en el laboratorio, el leve sonido lo despertó. Había estática: luego, un suspiro, una voz que conocía bien, y unas coordenadas. Tony, había dicho la voz.
Tony no había estado completamente despierto cuando ya estaba en vuelo con el traje de Iron Man recién ajustándose a su alrededor. Aceleró tanto que casi se llevó un avión por delante. Y cuando aterrizó en el desagradable pueblito colombiano, no tuvo que buscar mucho: se dirigió directo a los campos de coca en llamas.
Atada en cadenas, desnuda y herida, Natasha estaba en el centro del fuego, como una especia de oferta pagana. Los vapores la habían noqueado, y el metal del comunicador se había calentado y quemaba su mano, pero aún inconsciente, no lo soltaba.
Tony la cargó en brazos metálicos: Tony se la llevó en línea recta a la Torre. Natasha no despertó hasta que la metió en una tina llena de loe vera a temperatura corporal, y aunque el dolor debía ser atroz, no se quejó, no dijo nada más que " gracias".
Tony asintió, se arrodilló junto a la tina y le lavó el pelo con agua tibia. Con su suero de supersoldado ruso, Natasha sólo tenía manchas rosadas en la piel a la mañana siguiente: pero esa noche, debilitada y exhausta, había mirado a Tony al salir de la tina, y Tony la había envuelto en una bata ligera como un plumón de nube y la había acostado en su propia cama, sentándose a su lado con su laptop, leyendo sin decir nada.
Natasha había dormido y se había ido a la mañana siguiente sin decir nada tampoco. Tony entendía su orgullo porque entendía el suyo propio.
La tercera vez, una ducha de ácido le había comido la capa a Thor, parte del uniforme al Cap, y todo el peto a Clint ( Bruce, como de costumbre, ya no tenía más que los pantalones elásticos puestos) y Natasha, encuclillada en un rincón, se había cubierto los pechos con los brazos, pero estaba casi desnuda, y Tony había visto la tensión en sus hombros, el modo en que estaba lista para ponerse de pie, enderezarse, y sin sonrojarse…
- Fiesta nudista, yayy!.- dijo Tony saliendo de su armadura con una sonrisa, y para el desconcierto de sus compañeros, procedió a sacarse pantalones y camiseta, exhibiendo unos diminutos briefs rojos.- No puedo ser el único sin aire en sus partes… Toma, Nat.- dijo al pasar, arrojándole la camiseta de Black Sabbath y los jeans.- Si hacemos esto en serio, podríamos comerciar con un calendario… incluso shows de bachelorettes! Chippendales, move over! Sexy Avengers!- dijo con un bailecito, mientras su traje emitía alegremente los primeros acordes de you sexy thing.- Natasha puede ser nuestra manager, para que no se aprovechen de nosotros.-
- El porqué tengo yo que evitar que te hagan algo que te gusta tantísimo, Stark…-
- Pero es más sexy si nos llevas a todos con correíta y dices que no tenemos permiso de salir a jugar! Si eres la textbook dominatrix, Modesty Blaise!-
A esas alturas, Steve ya lo había mandado a la mierda. Thor y Bruce en cambio, sonreían. ( Clint estaba enseñando sus bíceps, por supuesto)
La cuarta vez, un agente de Hydra había logrado no sólo secuestrar a Tony y darle una golpiza brutal, sino que habían intentado sacarle el arc reactor, con bastante torpeza. Estaban dudando sobre si explotaría o no cuando el búnker en que se habían escondido dio un sacudón y una sombra negra y roja les cayó encima como la furia del infierno. La habitación parecía una pintura expresionista cuando Natasha terminó y se acercó a Tony encadenado: que deshidratado, y con la cara tan golpeada que no podía abrir los ojos, estaba temblando de dolor, l sensación de infarto haciéndolo gemir, y en pleno flashback.
- Soy yo, Stark. Soy yo.- dijo Natasha, y al verlo no responder, cambió al italiano, al idioma de la madre de Tony.- ti amo, Anthony, ti amo. Tu o securo… tu o securo, caro mio, mio ragazzo… tu o forte, io sabere tua forza…-
Tony le agarró la muñeca, y su mano luego fue ciegamente a aferrar su muslo mientras ella cambiaba el reactor roto por uno nuevo, sin equivocarse, sus manos ligeras y hábiles realizando las conexiones, hasta la luz azul pálido brilló de nuevo, intensa y firme. Hubieron varios segundos en los que Tony sólo pudo respirar, ciego y tembloroso, y Natasha le acarició la frente sin decir nada más.
- Romanoff?- tosió él, luego de un rato.
- Stark?-
- Nos… tenemos que mover, verdad…-
- No es urgente.-
- No…?-
- No. Los maté a todos.-
- Ah.- dijo Tony, y ensangrentado y pálido como la ceniza, se permitió una sonrisa feroz.- Bien. Prometo no contarle al Capitán Arcoiris.-
- Gracias. No me importa que sepa pero me irritan los sermones.-
- Sí, se hace fácil de odiar, el saco de pelotas, verdad?-
- Yo no le contaré esto a Bruce. Ya está bastante angustiado.-
- No debería angustiarse por mí, mi arvejita…-
La quinta vez, Tony había estado en una de las más caras y más desagradables fiestas europeas, a las que normalmente ya no iba, y en la que no le había costado nada notar que no sólo se estaban traficando armas y drogas bajo la mesa, sino que la debauchery estaba a niveles de ver a un lindo mozo siendo follado por dos líderes mundiales, uno en cada extremo, en la escalera. Tony ya se había bebido todo el Chateau de Yquem que podía tolerar y estaba buscando su chaqueta para retirarse cuando vio, en uno de los espejos, a Natasha, tinturada de rubio, con un vestido violáceo que no dejaba absolutamente nada a la imaginación y que se reía como una colegiala tonta del brazo de un dictador con la edad de ser su padre, haciéndole ojos a un tipo que Tony sabía de buena fuente que era la mano derecha de un terrorista africano.
La sorpresa lo hizo mirarla fijo un momento: luego, dándose cuenta que estaba arruinando su cobertura, apartó la vista y fingió lo mejor que pudo. Pero estaba claro que había sido demasiado obvio: Natasha un momento luego cimbreó hacia él, y agarrándolo el brazo se lo llevó al balcón, la mano que apenas aparentaba sujetarse de su manga en realidad pellizcándolo dolorosamente.
- Maldito seas, Stark!- susurró, y sus ojos ardían.- Llevo dos semanas en esto! Ese tipo tiene una bomba EMP y está en plan Pol Pot! Va a devolver África a la edad de piedra!-
- Lo siento…?- gimió Tony, aunque no se atrevió a soltarse aunque estaban solos en el balcón, a pesar de que sentía que se le formaría un hematoma espectacular.
- Urduk, ya había comentado mi parecido con la " Avenger Girl!" Tú y tus malditas ruedas de prensa!-
- Qué hago?- musitó Tony, impotente a su furia.- Lo mato y corremos…?-
- Quédate ahí y finge que lo disfrutas!- siseó ella, y Tony, que tenía un IQ sólo inferior a Bruce y Jane, lo que no lo molestaba, y que a Richards, lo que lo volvía loco, no comprendió lo que estaba pasando cuando ella se arrodilló, no entendió cuando ella llevó las manos a su cinturón, y sólo cuando ella lo sacó hábilmente de sus briefs y bajó el cierre entendió con un gemido de shock, pero ya era tarde, porque ella ya lo había envuelto con su boca masajeaba sus testículos con la otra mano.
Tony sintió que las piernas se le hacían agua: el bamboleo de la cabeza rubia entre sus piernas era enloquecedor, era excitante, era demasiado delicioso. Natasha claramente conocía todos los trucos para dejar a un hombre sin mente ni voluntad, y Tony se halló por un momento incapacitado de nada más que gemir y jadear mientras la succión de esos labios rojos, el paladeo de una lengua experta siguiendo su vena, el roce de sus dientes en la cabeza, los dedos que presionaban sus bolas con la más exquisita técnica, volvieron todo rojo tras sus párpados.
Dios, si Clint tenía esto, era un bastardo con más suerte de la que merecía en la vida!
Y fue la memoria de Clint la que trajo su mente de vuelta: el hombre que quizá, quizá, era su hermano, era su amigo, y ésta era su amada, la que de rodillas lo felaba para salvar vidas. Tony se preguntó si él habría sido suficientemente fuerte para prostituirse por el bien mayor, si alguno de ellos era capaz, y lo dudó, lo dudó mucho.
Sus manos fueron a la cabeza teñida de rubio que se movía contra su entrepierna, y aunque para los voyeurs que los miraban el gesto pareciera posesivo y dominante, en verdad sus dedos se hundieron en los rizos, y acariciaron la cabecita tan dulcemente como pudo.
Luego, Tony procedió a tener el orgasmo más escandaloso que pudiera, jadeando y gruñendo, gritando al final y arqueándose como una gata en celo, para luego quedarse deshuesado en el balcón, estrábico mientras ella se levantaba.
- Joder, te pareces a ella, pero eres mucho mejor, chica!- exclamó con una carcajada, antes de buscarse en los bolsillo y entregarle cinco billetes de cien dólares.- guarda el cambio, nena… te contrataría por la noche, pero creo que me mataría… not man enough por esto…- agregó, dándole una palmada en el trasero cuando se fue.
Cuando Natasha acabó su misión, y dejó el cadáver del terrorista y su teniente en la habitación de hotel, estaba bajando por la escalera de incendios del hotel en Oslo cuando vio discretamente estacionada en una esquina un Audi con placas inglesas. Se dejó caer con suavidad, y la Black Widow, su traje negro aún salpicado de sangre, se subió al asiento del copiloto y Tony enfiló directo a la carretera que los llevaba a un aeródromo discreto.
- Muertos?-
- Bruce toma té?-
- Okay.- Tony, que manejaba con una sola mano a 120 km/hr, alargó la otra a Natasha.- Mi dinero.-
- Qué?-
- Devuélveme mi dinero. No me mantengo millonario dejando caer verdes billetes everywhere, sabes.-
Natasha, que se limpiaba las manos en un trapo, lo miró con curiosidad pero luego se encogió de hombros y sacándose los cinco billetes del escote, se los alargó, Tony echándoselos al bolsillo de la casaca sin mirar.
- hay agua y un sándwich en la cajuela. Es de tofu frito, está bastante bueno.-
- Le diste una mordida, Stark.- se quejó Natasha al sacarlo, echándole una mirada irritada.
- Como si no iba a saber de qué era?-
- La gente normal pregunta.-
- No hablo noruego.-
Nat emitió un bufido y empezó a buscar música en la antiacuada radio digital del auto, y cuando encontró a Brahms, lo dejó allí. Tony le dio unos manotazos intentando cambiarlo, y ella inmediatamente tomó su brazalete y lo taseó.
- PERRA RUSA LOCA!- bramó Tony, a duras penas manteniendo el control del auto.- Estoy manejando, loca psicópata!-
- Tu concentración es un mierda, Stark. Bruce aguantaría.-
- Aguanté bastante, para que sepas.- dijo Tony con orgullo, mirándola de reojo con ojos chispeantes. Nat pareció por un momento ponerse seria, y se volvió a la ventana, un bufido en sus labios.
Tony, que seguía manejando con una mano, atrapó su mano y le dio un beso. Ese gesto dulce y tierno descolocó a Natasha, que se quedó mirándolo de reojo, sorprendida.
Tony le dirigió una mirada dulce, sin soltarle la mano. Un momento luego, sin embargo, su sonrisa se había dilatado, a tal punto que le arrugaba la nariz.
- Stark…- Natasha empezó a tratar de soltarse, pero Tony se agarró a su mano con todas sus fuerzas a 120 km/por hora empezaron con manotazos de nuevo hasta que Nat empezó a buscar su brazal de nuevo para tasearlo, Tony los agarró y los tiró por la ventana.
- STARK!- bramó Nat.- Son mis armas, hijoputa!-
- Te hago unos nuevos… con memoria y reproductor mp4… toda la música clásica espantosa que quieras… y termoradar! Deja de pegarme, pelirroja descriteriada!-
- No te voy a volver a felar por eso.- dijo ella sombríamente, pero Tony se limitó a elevar una ceja como si la idea ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza.
- Lo que quiero es que le des tips a Pep, Nat. Amo a la chica pero me chupa como si fuera una berenjena cruda. En serio, me han cortado el pelo con más devoción que eso...- dijo Tony con toda seriedad. Sus ojos bailoteaban.
Natasha lo miró de arriba abajo, ahí ensangrentada al amanecer en un auto en una carretera perdida de Noruega, echó la cabeza atrás y soltó una carcajada.
(11) For once in my life I have someone who needs me
Someone I've needed so long
For once unafraid I can go where life leads me and somehow I know I'll be strong
For once I can touch what my heart used to dream of
Long before I knew
Someone warm like you
Who have my dreams come true
For once in my life I won't let sorrow hurt me
Not like it's hurt me before
For once I have someone I know won't desert me
I'm not alone anymore
For once I can say
This is mine you can't take it
As long as I know I have love I can make it
For once in my life I have someone who needs me
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(18) vi/nvIGyv_
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Clint solía ocultar sus manos cuando podía. Una infancia y adolescencia con el arco, una juventud con un montón de armas blancas adicionadas, y un montón de peleas de bar y misiones de infiltración a través rejas, alambres de púas y caídas en concreto habían hecho que todo su cuerpo escultural, pero en especial sus manos, fueran una masa de cicatrices, callos y marcas. Sus manos estaban tan dañadas que a veces Steve se había preguntado cuánto más podrían seguir dependiendo de ellas, de su destreza inconcebible y la coordinación mágica con sus ojos penetrantes: pero a Clint le avergonzaban en situaciones sociales, y solía dejarse los guantes puestos, al menos los de motorista, puestos todo el tiempo, e incluso, al comienzo, había intentado hacerle el amor a Natasha usando sus manos lo menos posible en ella, temiendo que la repeliesen.
Natasha había captado en segundos y le había dicho, no en términos ambiguos, qué era lo maravilloso de sus dedos rugosos y desiguales en sus zonas erógenas. Poco después, Bruce, que captaba las vergüenzas de los demás como si fueran propias, le había alargado una crema a base de picrato y una raíz china que, al ver que Clint se burlaba, le había acabado aplicando él mismo tres veces al día a pesar de las quejas del arquero que olía a dentista.
Ahora, meses después, aunque los callos de arquería lucían iguales, el resto de las manos tenían que ser vistas a fuerte luz para apreciar todas las marcas. El dorso ya se veía casi normal, y Clint no protestaba a los masajes en sus manos con la crema, hechos paciente y constantemente por el doctor.
Pero aún, si podía evitarlo, no tocaba a la gente con las manos. Solía usar sus muñecas, o el puño cerrado. Sólo Natasha y Bruce solían sujetarlo, abrirlo, y colocarlo en donde iba, con una caricia.
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