Capítulo 13
CHEAP THRILLS (1)
Ironstud a Bannermed
Vas a arder en el infierno por esto, Banner.
Bannermed a Ironstud
Vuelve a casa. Vuelve a casa. Vuelve a casa.
Era peor de lo que se habían imaginado. Los refugiados estaban exhausto, enfermos y heridos, cargados de niños de ojos enormes y aterrorizados y pequeños y patéticos bultos a los que se aferraban desesperadamente, porque era todo lo que les quedaba, y no tenían fuerzas más que la desesperación para empujar los botes que SHIELD había estacionado en la playa. Tuvieron que reforzar el operativo dejando caer un STRIKE team en paracaídas al agua, que tuvo que nadar a pulso hasta la playa para luego ayudar a los refugiados a subir a los botes, empujarlos y guiarlos: y Steve apretó los dientes con furia cuando los hombres de Idi Amin Dada ametrallaron a algunos miembros de SHIELD en el aire, indefensos, sin que pudieran hacer nada. Clint y él se habían asignado el perímetro que cubría la única entrada a la playa, y aunque los refugiados habían logrado bajar antes de que los soldados empezaran a disparar, ellos dos eran la única barrera entre su sed de sangre y los exhaustos desplazados.
- Hawkeye!- gritó el Capitán imperiosamente, pero no había hecho falta. El escudo se elevó en el aire cuando los soldados dispararon una docena de granadas al aire, intentando alcanzar a ciegas a los refugiados bajo el acantilado: pero cuatro flechas en una sucesión rápida explotaron la mayoría muy altas para hacer más que una presión en el aire, mientras que dos que rebotaron en el escudo rodaron hasta estallar entre los mismos soldados.
Los gritos de furia de allá abajo, en donde los mercenarios se habían parapetado tras unos árboles, hicieron sonreír a Steve. Al venir a toda prisa en motocicletas y jeeps, sin esperar nada más que unos indefensos y heridos vagrantes, los mercenarios no traían artillería pesada más que granadas, Uzis y unos pocos morteros: y ya habían descubierto, para su desánimo, que con el sol en los ojos, el terreno en contra y el cansancio de su persecución, intentar subir para poder dispararle a los dos guardianes, y sobre todo ponerse a tiro del escudo o de una de las flechas era una malísima idea.
Eran sólo dos hombres, recortados contra el acantilado de piedra pálida, visibles y tranquilos: uno en frente, vestido de azul brillante, aguardando sereno, y otro vestido de oscuro, encuclillado en lo más alto con el arco entre las manos, su expresión burlona y vivaz, antiparras amarillas sobre sus ojos.
Y ante ellos dos, casi veinte mercenarios dudaban, porque hacía diez minutos habían sido veintisiete, y ahora tenían dos muertos por el rebote de las granadas, otros dos por concusiones de ese maldito escudo al intentar atacar, y cuatro estaban fuera de combate con flechas metidas en lugares invalidantes.
- Crees que a Libby le guste ir a pasear a Coney Island? Podríamos hacer una salida grupal. Aprovechar de sacar a Bruce al solcito y lucir un poco a Thor: siempre queda deprimido al regresar de ver a la Doctora Foster. Además, sin Stark, es posible que no hagamos una escena y nos dejen volver a ir. – comentó Clint conversacionalmente, los codos en las rodillas, guiñando un poco al sol a pesar de las antiparras, y de vez en cuando, tensando una flecha de repente y soltándola, un gesto que siempre era recibido con un " ugh!" de entre los árboles, cuarenta metros más abajo.
- A Natasha le vendría bien un paseo acompañada, a ver si puede poner peso en esa pierna.- dijo Steve, manteniendo la vista en la costa.- Nunca se había tardado tanto en curarse, verdad?-
- Si estás hablando de Nat para que me retuerza como te estás retorciendo internamente porque salgo con Libby, Cap, es inútil. Tengo el cuero más duro que el lomo de Tony.-
- No estoy intentando…- Steve alzó la vista al cielo un momento, antes de devolverla a la línea de refugiados. – Clint, me pediste que confiara en ti, y eso estoy haciendo.- acabó, con firmeza. Podía sentir la mirada del sniper en su nuca, pero no sacó la vista del bosquecito, esperando el ataque.
- Gracias. Estoy conmovido.- dijo Clint sin entonación, soltando otra flecha.- Ahora, el que noquee más mercenarios, se mete con ella al Túnel del Amor en Coney Island.-
- HAWKEYE!- bramó Steve, su rostro marcial quebrándose en una expresión de exasperación.- Lo haces a propósito!-
- Me gusta verte gritar. Me hace sentir amado.- dijo Clint soltando otra flecha, que explotó abajo, el coro de maldiciones en congolés haciendo que la sonrisa de Clint se ensanchara.- llevo siete, te voy ganando.-
- Lo justo es que me dejes el Túnel del Amor. Tú puedes ir a lucirte a las booths de puntería y ganarle una docena de peluches.-
- Una vez le gané un Iron Man de peluche a Nat en una feria en la que estábamos encubiertos. Lo tiene colgado cabeza abajo en su bar, para recordarse que si bebe sola va a acabar como Stark.-
Steve ahogó la risa.- No deberíamos burlarnos de Tony. Nos lleva la ventaja, abiertamente correspondido. Además, no lo he visto beber desde que está con Bruce.-
- Billonario creído… suertudo… bastardo. Con un par de billones y una docena de Phd's yo también la hago…- musitó Clint con resentimiento, disparando otro par de flechas y frunciendo el ceño.- ocho, nueve. Si se pone a beber y hace rabiar al doc, yo personalmente le repateo el traste.-
- Clint, de veras te interesa Bruce?- dijo Steve curioso, agachándose para chequear que los botes con refugiados ya estuvieran embarcados. La cosa no iba bien: sin duda alguna los mercenarios ya habían pedido refuerzos, pero ni siquiera la mitad de los refugiados ya estaban embarcados, y SHIELD tendría que proeteger los que sperarían mientras la primera oleada era llevada a los portaaviones en el horizonte. La misión que supuestamente tenía que haber durado una hora duraría cuatro, quizá cinco.
- Pongámoslo así.- dijo Clint, tomando otro carcaj de su bolso.- Me imagino que te preguntarás porqué si partí como sniper, uso flechas en vez de balas. Es cierto que un MK-560 es aún más engorroso que un arco, y que tengo años y años de experiencia en el arco, pero no es el único motivo.-
-No?-
- No. Las balas son aburridas. Aburridísimas. Haces un hoyo, y ya está: un hoyo sangrante, le vuelas la cara a alguien, y ya. Tienes dos opciones: hacer un hoyo, o fallar. Eso es todo, no hay más. No hay mucho que puedas agregarle a una bala. Un poco de explosivo, quizá.- agregó, cargando nuevas flechas, esta vez de dos en dos, y empezando a dispararlas en parejas aparentemente al azar, mucho más cerca que a la línea de árboles.
- En cambio las flechas son… portadoras? Es eso?-
- Me cansé de hacerle hoyos a la gente.- dijo Clint con un suspiro.- Nat es mejor en eso que yo: ella tiene mucho más estómago para la sangre y los sesos. Yo prefiero las redes, explosivos, EMPs, todo lo que puedas imaginar. Me cansé de matar…- su voz bajó.- Al menos, me cansé de las sombras. Soy un artista circense después de todo: extrañaba el aplauso.- agregó, disparando una última flecha aparentemente sin sentido, en una roca sobresaliente cerca de la línea de los árboles.- El doc, y también Tony, Nat, tú, hasta Thor… es como las flechas.-
- No comprendo.-
- Llevo trabajando once años en SHIELD, Capi, y en todo ese tiempo, nunca he mirado a nadie dos veces. Todos son como balas.-
- Creo que te comprendo.- dijo el Capi tras una pausa. Entonces oyeron el sonido de ruedas y un motor, y de entre los árboles saltó el jeep que los mercenarios habían blindado de cualquier manera con chapas de metal, que trepó la ladera rocosa a ellos mientras les disparaban con la ametralladora montada en el vehículo y un grupo seguía a pie, también disparando. Steve los protegió a ambos con el escudo, y Clint se coló detrás, tendiendo el arco y disparandos dos flechas directo al mercenario que operaba la ametralladora. Luego, apretando un pequeño control en su guante, hizo que las flechas sueltas que disparase antes, formando un circuito, se encendieran en una descarga eléctrica y shockease a los mercenarios de a pie como una barrera electrocutadora.
Y el Capitán América corrió hacia el jeep esquivando las balas, se lanzó contra el vehículo en marcha, rodó con el escudo y como una piedra inamovible, se coló tras la rueda derecha.
El jeep dio un salto y se volcó, y un tiro de una flecha explosiva en el tanque lo hizo volar en pedazos, mientras el escudo y más flechas acababan sin piedad con el resto.
Cuando acabaron, los dos jadeaban, y Steve le sonrió a Clint por sobre el crepitar de las llamas, ciegas en el sol, del tanque del jeep.
- Diecisete, sigues perdiendo.- dijo Clint con una sonrisota, y entonces oyeron el whup whup whup de un helicóptero y el acantilado voló en pedazos.
Era tarde, y después de que hábilmente Tony pidiera para todo el laboratorio de Cho delivery de KFC y sopa de pescado, los científicos se habían largado soñolientos antes de las nueve. No todos le habían perdonado el hbaer interrumpido el video, y para añadir el insulto a la injuria, el video sólo le quedaban diez segundos, en los que Bruce se desabotonaba un botón más y murmuraba " Ven a casa pronto, Tony Stark".
Al menos, ese pedacito había quedado para él sólo.
Tony había se había instalado en un hotel cercano, y llamó a su conductor mientras ponía en marcha la replicación del Potatolímero en la Cradle, algo que tomaría al menos cuatro horas: y aunque le hubiera gustado llamar a la Torre, aunque sólo fuera para oír a Bruce, quería, que después de esa pesadilla, esta noche sí la descansara. En el camino no se privó de enviar un par de textos, y las respuestas lo hicieron sonreír.
Ironstud a Bannermed
Todo en orden en casa, querida? Los niños acostados? La cena en el horno?
Bannermed a Ironstud
Steve y Clint en misión, Thor llegó hoy de regreso y está con Nat. Libby y yo estamos jugando Wii en tu living, Stark.
Ironstud a Bannermed
Si usas el botón X con doble salto en Kitana ganas inmediatamente. Liu kang está handicapeado además.
Bannermed a Ironstud
No tengo idea de qué hablas. Estamos jugando ajedrez.
Ironstud a bojemoi
Lista para una noche de parranda cuando regrese, Stalin?
bojemoi a Ironstud
Yo y tus tarjetas la pasaremos de maravilla, seguro.
La sonrisa de Tony se ensanchó mientras el ascensor superrápido del Hilton Seoul lo llevaba a su penthouse. Allí se quitó corbata y chaqueta, sirviéndose inmediatamente un bourbon del minibar: y aunque la vista desde el penthouse era fantástica, extrañaba la vista de su propio penthouse en la Torre, extrañaba la vista de la sala en donde no se podía estar en paz, porque siempre había alguien paseándose a toda hora.
Dándole la espalda a la lujosa habitación de hotel, Tony dejó que el ardor del bourbon le calentara la garganta mientras apoyaba la frente en el vidrio y por un momento ansió poder creer que tras sus párpados esas luces eran las luces de New York, que detrás suyo, en vez del silencio podía oír la voz ronca y baja de Natasha hablando de algo, el rascar del lápiz en los blocs de Steve dibujando, el pasar de páginas de Clint en sus libros de fantasía, la forma en que Thor canturreaba para sí, perpetuamente escuchando música en su Starkpad con enormes auriculares casi perdidos entre su melena de león.
Y el sonido de las pantuflas de Bruce, que rara vez usaba otra cosa cuando estaba en casa, su silencio tranquilo mientras leía y bebía sus mezclas de té extrañas. La última vez que lo había besado, había sabido a toronja.
Tony se volteó, al cuarto de hotel vacío, y con una mezcla de superstición y enojo, supo que de algún modo, un día iba a voltearse y esa habitación de la Torre iba a estar vacía. Este estado de gracia no iba a durar para siempre: nada era para siempre. El, que trabajaba el metal y los circuitos, lo sabía. Rhodey se había alejado: Pepper se había alejado, y bien por ellos, sano alejarse del desastre natural que era Tony Stark. Pero esto no podía durar. Tony nunca había tenido a nadie que perdurase a su lado, nada que se quedara, y cada vez que casi lo había creído, había tenido un brusco despertar.
Excepto la armadura, y los robots, y JARVIS. Sólo lo que él creaba se quedaba. Lo demás…
Tony alargó la mano para llenarse el vaso, preparándose para una tranca monumental, dejando el Starkphone a un lado. No importaba cuántos mensajitos cutesy y bailecitos se enviaran, y Bruce podía ser un maestro zen, pero tarde o temprano se le iba a acabar la paciencia y lo dejaría. Si Hulk lo pateaba primero hasta reducirlo a un lata de sardinas aplastada, seguramente se lo iba a merecer, y excepto por la angustia que le daría a Bruce al despertar,
Tony casi lo prefería. Todo con tal de no volver a despertar solo.
Despertar solo tras Pepper había sido horrible, y había tenido a Bruce para consolarlo. Tony recordaba lo triunfante que se había sentido cuando, empujada por Nat, Pepper le había confesado que lo quería. Tony había tomado esa confesión y había arrastrado a Pepper en un torbellino de cenas elegantes, rosas, joyas, y el mejor sexo que darse pueda: Tony no tenía límites, era apasionado, y además, era ingeniero. Se había sentido triunfante cuando Pepper había gritado que lo amaba con su mano, ayudada por anillos vibradores, entera dentro suyo: se había sentido feliz cuando ella, asombrada y orgullosa en un Vera Wang, con un diamante invaluable al cuello, se había lucido a su lado en la fiesta de 2012 del Met.
Tony Stark había hecho perder equilibrio a la más inteligente de las mujeres, y estaba perdonablemente orgulloso de eso. Había capturado a tan exquisita creatura, había logrado trastocar la más ordenada de las mentes, poner de cabeza el más formal de los mundos.
Pero no para siempre. Había bastado que por un momento alzara la vista, que por un momento se distrajese, y el buen sentido de Pep había despertado. Como una princesa hechizada, había roto el maleficio: y si bien bastaba unas horas de su experticia arrancándole orgasmos, si bien bastaba una cena y un evento para que volviera a mirarlo con esos ojos enamorados, cada vez que se separaba de ella, tenía que volver a empezar, porque cuando ella bajaba al garaje o al laboratorio y lo miraba a la distancia, sus ojos se volvían serios, preocupados, y lejanos.
Tony lo sabía. En el momento en que él dejaba de poner su 100%, perdía. Y era agotador. Bastaba un segundo, y…
Ahora se había ido, y había dejado a los Avengers solos. A Bruce solo. Cuando volviera, se iba a encontrar con las mismas miradas lejanas: si él como mago no estaba allí para tejer su magia, todo se deshacía. Pero una parte de él había querido irse, para acabar de una vez, para probar de una vez, porque quizá, sólo quizá, esta vez podía ser diferente?
No: era una ilusión.
Cuando estaba en el penthouse con los demás, se sentía invulnerable, poderoso, un Dios como Thor en las nubes. Los Avengers había hecho tanto bien! No le había dicho a Steve, pero llevaba la cuenta computarizada de cuánta gente habían salvado, aproximadamente. Iban en 22.390.450, 7 millones el solito con el jaleo de la bomba atómica en Manhattan. sólo superado por 11 millones por Clint y Natasha desarmando con sus instrucciones otra bomba en Mumbai, que habría dejado pelado e irradiado hasta Vladivostok.
Tony había esperado que ese bien bastase para parar la maldición que parecía seguirlo, su don para destrozar todo y acabar siempre al fin solo con una botella y un destornillador. Pero era una ilusión: era algo absurdo. Excepto poner dinero, y no que SHIELD y el gobierno no estuvieran dispuestos a poner dinero, lo que él ofrecía era un techo aislado, que habrían podido conseguir en cualquier otro rascacielos, un quinjet, que les habría podido dar SHIELD, y… el encanto de su compañía?
Cómo no se habían largado todos ya, Tony a veces no lo comprendía. Alargó la mano para llenarse el vaso por tercera vez, ya empezando a sentir el ardor en las sienes, y se paró en seco.
En la mano alargada a la botella, estaba atada firme y apretada la cintita roja.
Y la memoria lo inundó, clara como si estuviera sucediendo. La memoria de Bruce besando, húmedo y devoto, casi hambriento, sin ninguna prisa, su otra muñeca. La sensación de esos mismos besos en su cuello, en su bíceps. Tony respiró hondo, un temblor en su vientre, porque la memoria, sólo con rozar la cintita, era tan clara, tan fotográfica, que sintió una ola de excitación recorrerlo de pies a cabeza, la promesa de más de esos besos clara como la tira roja en su piel clara.
Bruce, que había sonreído para él y le había pedido que volviera a casa.
Tony dejó el vaso y se recostó en la cama, arrancándose la camisa de un tirón y quedándose sólo con la camiseta blanca que llevaba, por la cual se filtraba la luz del reactor en su pecho. Con manos apresuradas, se desabrochó el pantalón Dolce y apartó el algodón que lo separaba de su sexo, y con la mano derecha se acarició, sintiendo con un estremecimiento la cinta tocar la cabeza ya pulsante y caliente.
«Bruce,» gimió, mordiéndose los labios, y se tocó, al comienzo tentativo, luego con firmeza. Lo vería pronto, e iba a hacer la misma magia en su muñeca, la misma que ahora se frotaba contra su miembro. Podía recordar cada beso, cada caricia con ocasión de la jodida cinta… ése era la magia? Eso era tantrismo? Poder casi sentir a tu amante aunque estuviera a medio mundo de distancia, y vibrar y arder sólo con una memoria tan simple…?
… love's austere, humble offices…
Robert Hayden?
A Tony se le llenaron los ojos de lágrimas. Qué estaba haciendo? Su familia lo esperaba al otro lado del mundo. Bruce, que había bailado, sonreído, que le hacía el amor con una ternura irresistible a pesar de todos sus problemas, estaba al otro lado del mundo, esperándolo.
Natasha estaría comiendo bien? Steve habría recordado que CC significaba que le mandaba sus correos personales a TODO SHIELD? Thor no estaría triste tras separarse de Jane? Clint se habría acordado de llevarse el carcaj nuevo? Incluso Libby, la niña extraña esa, tendría mejoras en su tratamiento?
Con un esfuerzo, abandonó su placer, y quitándose la ropa en dos tirones se dio una ducha veloz, antes de ponerse jeans y camiseta y pedir, en su coreano aberrante, otro vehículo. Iba a patear esa Cradle hasta que acabara el trabajo: porque como fuera, y lo que le costara, Tony Stark tenía que volverse a casa pero ya.
La música de Jordi Savall resonaba en el estudio, el piso de mármol negro luminoso como el vidrio, las tres paredes de espejo sólo interrumpidas por la barra de ejercicio, y Natasha, un leotardo negro que se adhería a su figura exquisita, estaba realizando unos estiramiento, los tobillos cruzados, los pies en punta, los brazos en alto, con el dorso de las manos unido sobre la cabeza. Su figura era recta y fina como una aguja, y cuando realizó hábiles giros al ritmo de la música, los pivotes impecables, la suavidad de la viola parecía seguir sus movimientos y no al revés, como si las Folias de Espagna hubieran sido compuestas para si letal figura y su peligrosa belleza.
Natasha supo cuán fuera estaba de su juego, cuán mal estaba su cabeza, cuando al completar el último giro fue el reflejo, no pasos ni respiraciones, lo que la alertaron: y frenó, pero no antes de que Thor, que tostado y con el pelo revuelto había dejado caer su bolso en la entrada, la tomase por la cintura con mucho cuidado de no tocar la herida, y apoyase sus labios en su pelo.
- Bienvenido de regreso.- dijo ella, algo jadeante, no por el ejercicio, sino por el dolor: había forzado su cuerpo más de lo que debía, pero estaba harta de la demora en su recuperación.- Cómo quedó Jane?-
- La única forma de que mi partida me fuera menos dolorosa fue la seguridad de volver a la Torre de Acero, y volver a ver a mis queridos amigos.- dijo Thor, con su fantástica sinceridad.- Veo que has recuperado tu ligereza, pero estás forzando la carne aún rígida. Necesitas dos días más al menos de reposo.- dijo con certeza, sus ojos nórdicos pequeños entrecerrados. Como un guerrero de décadas, había poco que no supiera sobre heridas.- Crema y reposo, no danza, por muy hermosa y dotada que sea.- agregó, una sonrisa floreciendo al escuchar las bellas melodías.
- Acompáñame a cenar.- dijo ella sonriendo, aliviada al ver paz en sus ojos en vez de la angustia que solía atenazarlo cada vez que dejaba a Jane.- Clint y Steve están en una misión, Tony en Corea con un proyecto y Bruce tiene sesión con Libby esta noche. Tenía algo preparado para cuando volvieras.-
- El placer de tu sonrisa es más que suficiente para mí, mi bella amiga.- dijo Thor con dulzura, siguiéndola a su apartamento. La música también los siguió, cortesía de JARVIS, y cuando Thor se acomodó en el amplio sofá de Natasha, ella asintió como si la visión del asgardiano rubio y robusto en jeans y camiseta roja polvorienta ( que decía, GODS DO IT WITH MIRACLES)
- Dame la camiseta. Echaré a lavar esto… puedes ponerte una de Clint…- dijo Natasha, yendo al closet del pasillo y alargándole una polera sin mangas gris con Blondie estampada.- Acomódate y sirve el vino. Me doy una ducha rápida mientras se calienta la cena y estoy contigo.-
- Necesitas ayuda?- dijo Thor, y Natasha se hubiera derretido. Lo que en cualquier otro hombre habría sido una sugerencia y un flirteo, ( quizá Steve? que no lo hubiera sugerido nunca jamás de los jamases) en Thor era simplemente, «te duele y quiero ayudar.»
- Estoy bien.- dijo ella, metiéndose al baño mientras él se cambiaba. El sol había tostado el musculoso torso, y ella se dio un baño rápido antes de poner a lavar la ropa de ambos, no sin humor al notar que una simple camiseta de Thor abultaba más que todo su leotardo. Cuando salió de la ducha, secándose los rizos, Thor estaba exprimiendo pomelos en la mesa de la cocina sin más ayuda que sus fuertes manos, y ya había llenado un jarro, mientras que el aroma de la cena empezaba a permear el apartamento.
- Es meatloaf, verdad?- dijo él con una sonrisa. Uno de los pocos platos tradicionales asgardianos que tenía un equivalente, posiblemente por ser tan nórdico y antiguo, y la versión de Natasha, con zanahorias y cebollas, hacía muy feliz al guerrero.
- Te dejé vino en el mueble…- empezó ella mientras Thor echaba los pomelos exprimidos en el compactador con un barrido de su mano.
- Es para ti. No puedes beber vino con tus medicamentos midgardianos: Bruce es muy estricto en eso y Jane también. Compartiré tu zumo de frutas, que son muy refrescantes.- dijo él sirviendo dos vasos.- Jane te envió sus mejores deseos de una rápida recuperación. Estaba muy contenta; descubrió que mi Allspeak es útil para los símbolos dibujados de los primeros habitantes que estudia. Estuve feliz de serle útil.- agregó, una chispa en sus ojos, pero que luego se apagó.- Alas, su tiempo libre pasó como el verano y ahora se extienden largas semanas sin que pueda verla. Debo partir a Asgard antes del equinoccio, y ella estará reunida con gobernantes de los países del continente africano hasta ese entonces.- suspiró.- El tiempo se hace tan corto con mi amada, y aunque sé que su labor es lo más importante y admirable, a veces mis sentimientos no son todo lo nobles que desería.-
- Oh, Thor.- dijo ella, palmeándole una mano, en la que cabían fácilmente las dos suyas.
- CLIIINT!-
El escudo salió disparado contra el cielo azul, y golpeó seco en los rotores del helicóptero, que inmediatamente perdió el control y dando vueltas, se estrelló contra la línea de árboles. Steve ni siquiera se volteó a ver la explosión: la ignoró por completo mientras se asomaba al acantilado con la cara blanca como el papel, para ver a Clint, manchado de polvo de roca y con sangre en los brazos desnudos, aferrado a una saliente, colgando sobre el roquerío treinta metros más abajo.
- CLINT, NO! NO!- gritó Steve, completamente fuera de control. Clint alzó la vista, sucio y sorprendido, y aunque su agarre era firme, y había logrado encajar un pie en una grieta, preparándose para trepar de regreso al canatilado, no tuvo ninguna oportunidad de hacerlo, porque Steve Rogers, moviéndose como una cabra montesa histérica, se descolgó por la cara de roca vertical, lo rodeó con sus brazos, se trepó de regreso como si lo persiguiera Satanás en persona y arriba, apretó a Clint en sus brazos como si los dos agonizaran, dejándolo virtualmente sin aire.
- Capi, estoy bien, no tenía que… Capi… estás llorando?- susurró Clint aún más desconcertado, antes de comprender, y fruncir el ceño. Sus ojos agudos habían notado la facilidad con la que trabajaban los dos juntos: no se había dado cuenta en dónde estaba el origen de ese compañerismo tan fácil entre ambas. Había otro sniper al que Steve había perdido en un acantilado, y aunque hubiera sido nieve y no arena, la memoria había sido demasiado. Steve apretaba la cabeza rubia contra sí, sus manos temblorosas, y Clint levantó la cabeza, palmeándole la mejilla mojada.
- Hey. Hey, estoy bien, no me pasó nada, me salvaste.- dijo dulcemente, hundiendo los dedos en su cabello.- Mira, en ese helicóptero iban al menos ocho, ahora te ganaste tú el túnel del amor…-
Steve emitió una risa ahogada y lacrimosa, y los soltó, pero no antes de que Clint le aferrase las mejillas con sus muñecas, los puños callosos cerrados.
- Dios mío, tanto lo amabas?- susurró, en voz baja. Dos lagrimones cayeron de los ojos de Steve, que se los secó con rabia: pero cuando los abrió, sus ojos azules en los verdosos de Clint, que tanto sabían ver, los inundó una atontada sorpresa, porque Clint, la cara seria y enternecida, lo atrajo a sí y le dio un beso breve e intenso, labios expertos apoderándose de los suyos ingenuos en una succión que alertó todo su cuerpo y lo hizo emitir un desesperado y vergonzoso jadeo contra la boca de Hawkeye.
- Eso es por salvarme la vida. Es… de los dos, okay? Ahora no estés más triste. Yo arreglaré todo, te lo juro. No puedo tolerar verte triste.- dijo Clint, y había calor en su voz.- Ahora vamos a patear mercenarios. Deben de quedar unos cuantos, al menos para que se me pase la vergüenza de que me salvaras como una princesa Disney.-
- Estoy bastante seguro que las princesas Disney no besan así.- dijo Steve tras una pausa, recogiendo su escudo. Le había vuelto la vida a los ojos.
El té era dulce y especiado, y Libby lo bebió sintiendo la calma de ese extraño jardín en las nubes, un pequeño Olimpo más que complaciente con las diosas que solían utilizarlo. Alrededor de la fuente y sus muebles de acolchado hierro blanco, los parterres de flores eran mayormente de un vívido rojo y de un cremoso rosado, pero había una colmna de hibiscos lila, unos luminosos lilium amarillos y una de las flores más extrañas del mundo, un Jacinto punteado de blanco en su profundo púrpura (2): y los árboles que rodeaban el perímetro, verdes y oscuros, el más antiguo y clásico de los cortinajes en sus ramas cargadas de hojas y botones de flores frutales, creaban la impresión de un claro en el centro, la luz filtrada a través de la clorofila.
- No sueñas nunca?- preguntó Natasha, su figura gatuna relajada, una pierna sobre la otra con cuidado por la herida, el té sujeto con ambas manos cerca de la cara como si su calor y vapor aromático la complaciese. Su rostro era muy sereno, muy inexpresivo quizá: en su belleza estatuaria, muy pocos censores habrían encontrado algo que criticarle.
Libby, al contrario, estaba claramente tensa, su pies clavados en el piso, su mandíbula apretada, y había dejado la tacita en el platillo, porque claramente le temblaba la mano.
- No. O al menos no parecen sueños.- dijo Libby tras una larga pausa. – Natasha? Puedo preguntarle algo?-
- ya lo has hecho, pero adelante.- dijo Nat, sus ojos más verdes que todas las hojas que los rodeaban.- Dime.-
- Clint dijo que tú habías pasado por algo parecido. Me sugirió que hablara esto contigo.- dijo Libby, y parecía supremamente incómoda.- Lo que el doctor Banner descubrió, lo de mis personalidades…-
- Cuéntame cómo se siente, primero. – inquirió Natasha. No había viento dentro de ese invernadero, pero ocasionalmente los rociadores se activaban en patrones aleatorios, y al activarse uno no muy lejos, el aire se humedeció como si hubiera empezado a llover al otro lado de una ventana.
- Estoy aquí, sentada hablando contigo. Y en unas horas, sabré que he hablado contigo. Pero no lo recordaré: no realmente. No sabré como me sentí, o cómo olía el té, o el aroma de las rosas. Y luego, cuando volvamos a hablar, o justo en el momento correcto, recordaré. Y luego, parecerá un sueño, o algo que me han contado.-
- A veces recuerdas tu vida como Liberty Belle, y otras veces, parece algo que te han contado.- dijo Natasha, su voz clara, casi clínica.
- Cuando Steve mencionó el campo, fue como si pudiera sentir el césped bajo mis pies descalzos, y ver las montañas. Cuando hablo con Clint, a veces puedo sentir los pinchos de la barrera de Strutzelhossen en las yemas de mis dedos.- Libby bajó la vista.- Y a veces, cuando hablo con el doctor Banner sobre cómo me gusta el Starbucks, ambas cosas no parecen más que historias.-
Natasha se bebió el té, y apoyando los codos en las rodillas, dejó colgar la frágil e invaluable taza de porcelana en sus dedos, sobre el lujoso embaldosado.
- Cuál es tu memoria favorita, Libby? Ahora, simplemente. De las que recuerdes. Cuál te gusta más?-
- Bucky.- dijo Libby inmediatamente, y su mirada fue a la fuente. – Una noche en Londres, en la mitad del Blietzkrieg…-
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- Por el amor de Dios, si cede estamos todos muertos!- gimió una joven mujer, y como si algo hubiera querido demostrarle que efectivamente el riesgo se acercaba, una bomba cercana que hizo a todos encogerse(3), Steve aferrando contra sí protectoramente a Peggy y Libby, aunque ni siquiera su corpachón habría podido protegerla si la estación de metro en donde se habían refugiado del raid y las bombas alemanas. Londres entero parecía estremecerse bajo la furia de Hitler, y varios soldados, que habían estado bailando con WACs y londinensas, apretaban los puños con impotencia, porque una cosa era enfrentarte a las balas a la luz, y con espacio, y un arma en la mano, y otra muy distinta era simplemente esperar, esperar inermes como ganado, en un refugio que se estremecía y parecía capaz de derrumbarse en varios metros de piedra y cemento sobre las cabezas, sin más luz que unas pocas lámparas pálidas.(4)
El Metro londinense había dejado de correr, los rieles en las zonas abiertas demasiado dañados por las bombas: pero las estaciones habían sido puestas a fungir como refugios, y en la pequeña y antigua estación de Picadilly, la mampostería dejaba caer torrentes de polvo a cada vibración y el bajo techo arqueado sobre sus cabezas parecía ominoso, asfixiante…
- Deberíamos salir de aquí, e ir a ayudar!- susurró Bucky, urgentemente, los puños apretados, todo su eléctrico ser ansiando el movimiento: no había nada más antinatural para él que quedarse ahí atrapado, prisionero. Steve, sin embargo, que era normalmente el primero en demandar acción, alargó una mano su manga, atrayéndolo al estrecho círculo en donde tenía a Libby y a Peggy, la primera con una linterna de bolsillo en la mano y la otra con su Sig de reglamento a la mano.
- Buck, si salimos y un piloto alemán nos ve, sabrá justo en dónde bombardear el refugio. No podemos correr ese riesgo, y además, no hay mucho que podamos hacer…-
- Me puedo encaramar en la columna de Trafalgar y bajarlos a tiros…- gruñó Bucky, haciendo reír a Peggy.- Nazis bastardos…-
- Cállate, americano engreído. Cuando hayas ido al frente habla de pelear, ningún niño bonito como tú…- empezó un alto y barbado irlandés en uniforme, y aunque se le notaba el miedo en la voz, su agresividad estaba a flor de piel. Bucky se volteó inmediatamente, a pesar del esfuerzo de Steve para agarrarlo, pero ya era tarde.
- Vengo del frente para tu información, Paddy. Que no me hayan dejado la cara como la tuya no significa que no haya peleado, sólo que peleo mejor que tú!-
- Qué dijo ese americano?!- exclamó otro irlandés detrás, éste más alto y torvo.- Qué te dijo, Paddy?-
-Paddy? De verdad te llamas Paddy?- Bucky soltó una carcajada temeraria.- Se puede ser más cliché? Tu amigo se llama O'Malley, por si acaso?-
- Te vamos a dejar la jeta como para que no te pregunten más si vienes del frente, pendejo.- contestó Paddy, el clásico gesto de golpear la mano abierta con el puño ejecutado con toda fidelidad.
- De verdad?- dijo Bucky con incredulidad burlona.- Los alemanes allá afuera tratando de matarnos, y ustedes acá queriendo hacerles el trabajo? Donde está tu patriotismo, Paddy?-
Su aspereza detuvo al irlandés, que por un momento se vio indeciso, y luego frunció las gruesas cejas de nuevo de nuevo, haciendo un gesto de mastique.- No te voy a matar, pero voy a hacer que desees que…-
- Sorry, guapo, pero soy sniper, necesito todos mis deditos y ojos funcionando… el hombro…- Bucky hizo un mohín.- No puedo darte en el gusto, en serio.-
- Eres un cobarde!- empezó el segundo irlandés, y Steve dio un respingo, su temperamento ya alzándose, porque a él le habían dicho cobarde suficientes veces para que desarrollara un complejo, pero Bucky, que no sabía lo que era sentirse cobarde, se encogió de hombros.
- Digamos que ya tengo el carné de baile lleno con Hans y Fritzy… pero oye, no podemos no pelear, verdad? Porqué era que estábamos peleando? Ah, ya me acuerdo. Ya sé, hagámoslo con chicas.- dijo alegremente, echándole un brazo alrededor a Peggy, que le puso su cara habitual de estás-completamente-loco,-Barnes.
- Ah?- Paddy parpadeó. Todo el grupo de refugiados estaba concentrado en la pelea, ignorando los bombazos lejanos y no tan lejanos, ignorando el ruido de las ametralladoras: Bucky era así de magnético.
- Eres un irlandés no? Ustedes bailan bien. Pero yo, yo no lo hago mal, verdad chicas?- preguntó, haciendo que varias chicas del grupo rieran, porque venían de un club en donde varias de ellas habían tenido el gusto de dar vueltas de su mano mientras a Libby la entretenía Steve hablando en un rincón. – No hay un violín? Nadie se trajo los instrumentos? Bestias insensibles!-
- Yo tengo un violín, niño lindo.- gritó un escocés enorme, agitándolo sobre las cabezas.- Te lo meto en algún lado, chiquitín?-
- Te va a costar tocarlo después.- dijo Bucky con un mohín, agarrando a Peggy de la mano.- Paddy, elige a tu pareja. El primero en cansarse pierde!- gritó, y el grupo rió a coro, porque ya habían bailado la mayor parte de la noche en el club, y todos los que quedaban, WACs y chicas de apoyo, soldados y pilotos, estaban ya cansados, asustados, deprimidos. Pero el violín era alegre, y Bucky era carismático y contagioso al hacer girar a la incansable, incombustible Peggy Carter, y el irlandés con una atlética chica pelirroja dando vueltas a su alrededor electrizaron a ese grupo de exhaustos soldados. El miedo se había ido: la gente reía y apostaba sus pocas libras sobrantes, animaban, canturreaban cuando la melodía se hacía conocida. Y fue así como Libby recordaba el 16 de octubre de 1944, el peor ataque a Londres por los pilotos alemanes, con la risa de Steve en el oído y a Bucky con la mejor bailarina de las WAC ganando una apuesta absurda al ritmo de It will be a hot time in the town of Berlin ( when the yanks came marching in)
- James Barnes parece haber sido un tipo muy interesante.- dijo Nat sonriendo.- pero te das cuenta que tu memoria favorita es de Libby, no de Lydice, ni siquiera una reciente, aquí en New York?-
Libby se recostó en la silla, los ojos bajos.- Supongo que es… porque lo extraño.-
Natasha bebió su té sin decir nada más por un rato. Nunca había tenido una relación como la que Libby parecía haber compartido con el hermano de armas de Steve, y le costaba un poco comprenderlo: ni siquiera con Alexis Shostakov había tenido ese tipo de memorias, o quizá estaba demasiado entrenada como para eliminarlas. Su memoria favorita era de haber caído, un día de verano, en una operación en Sudamérica, tras cortar su paracaídas, en una laguna tan grande como un estadio completamente llena de nenúfares, entre los que había nadado un rato (5): pero la memoria de Libby había despertado de repente una leve sensación de añoranza, de haber alguna vez amado a un hombre con el abandono con el que Libby parecía haber amado a James Barnes.
Malas noticias para Steve, pensó cínicamente. Pero era injusta: ella misma tenía bellas memorias con los Avengers, quizás las mejores de su vida. Y Clint, claro.
Clint, que había aceptado su decisión sin más quejas y ahora se comportaba con toda normalidad, aunque había un deje de tristeza en él que no se iba y que dcsesperaba a Natasha. Tiempo, era cierto, era lo necesario: pero cuando se trataba de Clint, su tolerancia a verlo herido o dolido era mínima. Había tenido que sufrir tanto ya!
Clint Barton era el amor de su vida, con su sonrisa impía, los ojos cristalinos y esa capacidad de saltar a la acción sin un segundo de duda. Sólo un hombre, pero todo lo que hombre debía ser, en un envoltorio escultural al que había que recordarle cambiarse calcetines y que no podía vivir de pizza. Clint, en cuyos brazos y bajo su aroma, todas las pesadillas retrocedían. Natasha lo había usado por mucho tiempo como una mante o una carpa, y en donde dormía mejor era acurrucada con todo el peso de Clint sobre ella, la cara hundida en el cuello musculoso, sus brazos y piernas rodeándolo apretadamente, de ser posible su sexo firme dentro de ella. Completamente cubierta y llena de él, al fin podía dormir, envuelta como en una armadura, el cuerpo de él conteniéndola, ocultándola de todo y de todos, sin ningún espacio en donde pudiera colarse nada más. Sólo él, sólido, denso y firme. Cuando el mundo parecía moverse bajo sus pies, cuando todo parecía una locura, como durante la invasión Chitauri, todo lo que había necesitado era acercarse lo suficiente para pegar la nariz a su cuello, a su pelo, y olerlo… olerlo como un animal, ese aroma bajo el de la sangre, del sudor, de la gasolina, de la pólvora, y ese simple aroma lograba calmarla como si una mano sujetara su corazón y lo acunara. Natasha se había unido a los Avengers por una orden directa de Fury, porque era una brillante idea táctica, porque las circunstancias la habían empujado, porque sabía que el modo más efectivo de corregir los males que había hecho, el modo de salvar más gente a la vez, era coordinando a ese grupo de superpoderosos machos y evitar que se mataran entre sí. Pero no podía negar que una parte de ella sabía que aunque al resto del mundo le pareciera una locura que alguien con apenas poderes como ella y alguien sin poderes como Hawkeye lucharan entre dioses y supersoldados, era lo más seguro que había estado nunca el solitario sniper. Él cuidaba la espalda de ella: en misiones, ella estaba obligada a siempre dejarlo atrás. Nadie cuidaba la de él. Aquí, en cambio, a plena luz, no había posibilidad de que las sombras se lo tragasen sin explicación. Tantas veces Thor, Tony y Hulk lo habían agarrado en el aire cuando normalmente se habría matado, saltando al vacío como el loco que era, riendo y disparando en la caída…
Si viviera tres vidas más, como Libby, pensó, mi memoria favorita seguiría siendo de él. (6)
Natasha pegó un respingo al darse cuenta que se había distraído por completo, y había olvidado por completo a la mujer que se acababa el té y daba cuenta industriosamente de las galletitas.
- Hay tratamientos que pueden ayudarte. Todos son bastante invasivos. Algunos pueden hacerte recordar todo, o al menos todo lo que sea factible, y luego… bueno, si puedes lidiar con ello, . Otro te borrarán hasta el mínimo posible, y te dejarán empezar de nuevo sin memorias. El intermedio es tratar de potenciar una sola de tus… personalidades… y apegarte a ella, si es normalidad lo que quieres.-
- Quiero ser normal.- dijo Libby, su voz enfática.- Cómo lo lograste tú?-
Natasha sintió el impulso de reírse.- Mira, es primera vez que alguien me llama normal, sabes.-
- Sabes lo que quiero decir.- dijo Libby, y había un deje de irritación en su voz.- Necesito poder… ser normal. Quiero una vida normal; no es para eso que me rescataron?-
- Libby, te rescatamos improvisando. Originalmente, Steve sólo quería saber si estabas bien, pero como no tiene la menor idea de cómo vivir sin tomar decisiones locas y absurdas en un segundo, en cuanto se olió algo raro salió corriendo contigo en andas.- dijo Natasha, y si había algo cálido en sus ojos también había algo exasperado en su rostro.- lo más probable es que lo que queda de Hydra en Alemania, y más grupos, si se ha corrido la voz, te estén buscando como locos. Si los la rama metida en el gobierno alemán de Hydra no ha hecho más show diplomático, es porque no quieren que se sepa qué fue lo que nos trajimos. En tus ovarios aún puede estar el secreto del supersoldado. No es como que podamos dejarte suelta en la calle con un departamentito, un trabajo de barista y esperar lo mejor, Libby. Necesitas protección, y mucha, posiblemente mientras vivas.-
- Y si me sacan los ovarios? Se acabaría, verdad?- dijo Libby, y había dolor en sus ojos. Natasha, una mujer que había sido cortada sin compasión de toda posibilidad de tener hijos, apartó la vista, fijándola en las flores.
- Quieres tener hijos, Libby?-
- Antes se daba por descontado. Pero sí, me gustaría…- susurró ella, sus ojos muy grandes y azules yendo al techo, mirando lejos.- Siempre quise… pero si pone en peligro a los hijos que tenga, si les harían daño, no puedo…- musitó, y suspiró, hundiendo la cara en las manos.
- No permitiré que pierdas tu elección, si es eso lo que quieres.- dijo Natasha rígidamente.
- Natasha… necesito salir de aquí. Quiero ser libre. Tiene que haber un modo en que pueda ser libre.- dijo Libby en voz baja.- No es que me vaya a ir… quiero ayudar, y seguir viéndolos… a todos. Pero quiero vivir mi vida, Nat.-
Natasha asintió, su corazón de granito un poco conmovida. Clint le había dicho palabras muy parecidas una vez, al llevársela caminando, aterrorizada, entre el aeropuerto de LaGuardia y SHIELD.
" Vamos a vivir tu vida, Nat… empecemos ahora, chiquita…"(7)
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- Este es un pequeño momento para el hombre, pero uno muy grande para las patatas.- musitó Tony, con un bufido de Helen Cho como recompensa ( la cual, para su cara de muñeca china, cuerpo delicadísimo y brillante intelecto, tenía una boca que ya se la hubiera querido un sargento ruso) y el Cradle emitió un último pitido, poniendo en sus manos la versión completa del polímero, reingenieriado en reversa para asegurarse que fuera estable y reproducible. Tony se permitió que la sonrisa se le expandiera hasta enseñar todos los colmillos, porque acababa de crear un nuevo estado de la materia dinámica.
- Es admirable. Y muy interesante. Y lleno de utilidades… me encantaría probarlo como antifriccionante en mis implantes de titanium en articulaciones.- dijo Helen, viendo a Tony echar la cajita al descuido en un simple bolso de viaje que, para ser un millonario, era todo lo que llevaba.- Te vas?-
- Tengo * excelentes* motivos para volverme lo más pronto posible. Pero gracias, Chun Li. Te mandaré una sample en cuanto la madre me apruebe.-
- Tienes motivos para volverte, sí? – dijo Helen con una mirada malvada, ya tomando su teléfono y texteando.- Motivos que bailan Sia para ti?-
- Helen, maldita gossip.-
- Jane y Sue están felices por ti. No tan felices por él. Sue dice que le digas que se lo piense, que si has hecho que una santa como Pepper brame como un tártaro te vas a encontrar más con verdes problemas que con nuestro físico favorito.-
- Oh, cuando hacía a Pepper bramar no era que le molestara, al contrario, pedía más…-
- Largo de mi laboratorio, Stark!-
-… supongo que Natasha te habló de las posibilidades de tratamiento.- dijo Bruce, quitándose los lentes mientras Libby, la vista baja, seguía estudiando en tablero, en donde estaban bastante empatados. Libby tenía sus dos torres, rey y un caballo aún, además de cuatro peones: Bruce había perdido sus torres, pero le quedaba el alfil negro, un caballo y su reina. El rey de Libby estaba fuertemente asediado sin embargo: Bruce tenía una hebra competitiva cuando se trataba de juegos que había sorprendido a todos.
- Me habló de su experiencia.- dijo Libby, los pantalones de track lila y la larga camiseta de mangas blanca haciéndola verse muy suave, muy hermosa, con la coleta recogida en la nuca, algo de esa fácil elegancia impermeable de las mujeres de los años 50 en ella. Bruce la observó dudar mientras movía su torre al otro extremo del tablero, en un riesgo mínimo, y aunque registraba su belleza, esa belleza de líneas y color tan WASP, su aspecto no despertaba ninguna curiosidad masculina en él.
Bruce sabía, ahora, años después, que era demisexual: no podía despertar su cuerpo por nadie por quien no sintiera una conexión romántica. Durante años se había preguntado qué estaba mal con él: al conocer a Betty, todo había parecido tener sentido, porque había esperado para su Unico y Verdadero amor, la mujer que sería… su mujer, madre de sus hijos, compañera de sus estudios, amante de su cuerpo. Habían sido amigos antes que amantes, amantes antes que pareja. Betty lo había amado y él no se había cuestionado nada.
Hasta Hulk. Hasta que comprendió que la casa con la verja blanca, los 2,5 hijos y las cenas de fin de semana con la familia nunca serían una opción. Se cuestionó qué tenía que ofrecerle a Betty, y qué podía ofrecerle él a ella, y como en una ecuación de álgebra, la respuesta era una suma cero.
Bruce, a diferencia de la bisexualidad rampante de Tony, nunca había logrado sentirse atraído sólo a un cuerpo o a un rostro. Para despertar su atracción, debías ganarte su interés primero: y por eso, Bruce jamás habría negado que era la curiosidad de Thor, la vulnerabilidad de Nat, y la inteligencia de Clint lo que veces lo hacía mirarlos y sentir algo. Eran cosas que no le mostraban al mundo, pero le mostraban a él: y su corazón les ofrecía tributo a cambio, un tributo en cuerpo y alma. Bruce sabía que no era el más demostrativo de los hombres: no era táctil como Tony ni amante de los abrazos como Steve. Pero aunque una parte de él los admirase, y otra parte de él no se hubiera negado a una mano tendida, a la ternura que empezaba a ver en los ojos de Nat o al interés en los de Clint, también era cierto que mientras que los hubiera abrazado y protegido con todo lo que poseía, había una persona de la cual deseaba ese abrazo por sobre todas las cosas.
Steve… era harina de otro costal. Pero lo apreciaba con todo su corazón, a pesar de todo. Y ése era el motivo principal por el que se afanaba con Libby, aunque su deseo de ayudarla fuera intenso, por lo que había sufrido, por lo que le habían hecho, pero no porque su belleza lo conmoviera de ninguna forma.
No como Tony. Bruce se había sentido como uno de esos scanner cerebrales toda su vida: una parte se encendía, otra se apagaba, placer, dolor, calma, curiosidad. Sólo el Huracán Tony había logrado despertar todo en él a la vez: sus sentimientos, su mente, su cuerpo. Todo en él se había encendido como un árbol de Navidad, y por ello, por ello, los celos o las dudas de Tony, eran ridículos. Lo tenía tan capturado como un lagarto en un terrario, y aún así era suficientemente modesto ( sí, modestia en un Stark) para no darse cuenta que lo tenía, y seguro para siempre si quería.
Pero no se lo diría, y no sólo porque no iba a creerlo a la primera. No: Bruce amaba la alegría en los ojos de Tony cada vez que tácitamente, recibía el mensaje de no, no me iré de tu lado. Cuando le veía un camiseta suya puesta, cuando ignoraba las noticias mundiales, cuando hacía planes para Navidad o su cumpleaños o el verano… Tony se iluminaba. Y era como un fogata, porque esa luz calentaba el corazón de Bruce como nada más.
Quería darle una chance de lo mismo a Steve, aunque personalmente opinaba que había otra mujer que podía amarlo más y mejor. Pero Libby era una parte del corazón de Steve que quería salvar: no una parte romántica necesariamente, sino algo que podía ayudarlo a completar su historia, a revivir, a ser feliz. Devolverle a esta joven su vida, o al menos darle una nueva vida, era algo que haría más feliz a Steve que todas las medallas y fiestas del mundo: y por eso Bruce se esforzaba, porque conocía lo suficiente del Capitán América para saber que nunca se sentía más completo o feliz que cuando ayudaba a los demás.
- Quieres hablarlo con Steve, Libby?-
- Me temo que él tendrá una idea un poco sesgada: querrá quedarse con la personalidad que conoce.- dijo Libby, bebiendo un poco de su té.- No estoy muy segura, Doctor Banner. Pero siento que la idea de Natasha es la correcta. La personalidad más adecuada a esta época, más adaptada, es Lydice: y si tengo que elegir una personalidad que emerja y convierta a las demás en subconscientes, creo que es la adecuada.-
- Es lo mismo que pienso.- dijo Bruce, ofreciéndole el plato de pastitas hindúes que Tony compraba por saco y siempre mantenía en la cocina.- Si es así, he estudiado las técnicas de Hugo Montresor y las que usaron con Lady Deathstrike y Psylocke. Puedo ayudarte, pero no es completamente simple: una gran parte tienes que hacerla tú misma.-
- Qué tengo que hacer?- dijo ella con voz suave, pero había una nota de ansiedad en ella, un deje de temor en sus ojos tan educados. Bruce giró la taza en sus manos, pensativo.
- La sublimación de personalidades, como se llama, es un proceso psicológico complejo. En primer lugar, debes mantener conscientemente la personalidad elegida según una directriz: por ejemplo, cuando estés en público, o lleves alguna pieza de ropa. Luego, te trato con psicotrópicos que te haces más susceptible a una sensación de bienestar mientras mantengas esa personalidad. Luego se realiza una terapia de sueños e integración con ayuda de otras drogas, y se refuerza a diario por un año, aproximadamente… es un proceso lento, Libby, y tienes que estar segura de querer hacerlo.- Libby asintió, pero cuando miró a Bruce a los ojos, a él le sorprendió la determinación en ellos.
- Necesito poder pasar un test psicológico completo bien, Doctor Banner. Si éste es el camino más rápido, estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario.-
- Puedo preguntar porqué sientes que el tiempo es importante? Comprendo que quieras recuperarte, pero el tiempo…-
- No me van a dejar salir de aquí hasta que esté sana, verdad?- dijo Libby en voz baja. Las cejas de Bruce se elevaron alarmadas.
- Libby, no eres una prisionera. Jamás hemos pretendido que lo seas.- dijo con firmeza, sus manos oprimiéndose.- Si te hemos tenido retenida aquí, ha sido para tu seguridad. Si te sientes prisionera, tenemos que buscar otro arreglo, pero….-
Ella movió la cabeza, y había tristeza y una especie de vieja decepción en sus ojos. Nunca se veía así cuando estaba en público: Bruce supo que miraba los ojos de Lydia, la mujer que había sobrevivido a la guerra y al horror del Berlín invadido.
- Creo que nunca dejaré de sentirme prisionera.- susurró.- Fui prisionera en una casa hermosa, en la mitad del campo. Fui prisionera en la mitad de Berlinplatz. Cómo dejas de sentirte prisionera, si hasta ahora, nunca supe, para mí era normal…?-
- Libby, una vez no fuiste prisionera. Antes de Howard Stark? Recuerdas? Puedes concentrarte en esa memoria?- la voz de Bruce era hipnótica, pero estaba llena de compasión. Ella asintió, pero no dijo nada más, su mirada en los ventanales.
- Tiene que ver con Clint que quieras recuperarte pronto?- preguntó Bruce tras una pausa.- Perdona que me meta. Pero como la persona que te está ayudando con tu salud mental, siento que debo preguntar si todo está bien.-
- Todo está bien.- dijo ella, sin entonación.- Y sí, en parte. Necesito estar sana y poder pasar un test psicológico, Doctor Banner. Podemos hacer esto?-
- Podemos.- dijo Bruce, asintiendo.- Podemos, si estás segura. Nadie puede tomar esa decisión por ti, pero piénsalo un poco más, si quieres. Tómate unos días, medita… estamos hablando de virtualmente borrar, o al menos difuminar, tus experiencias anteriores a 1980. Es posible que algunas reemerjan con el tiempo, se adapten o aparezcan en sueños, pero perderás esas memorias, y posiblemente mucho de los sentimientos y aprendizajes asociados. Piénsalo con calma.-
- No importa cuánto lo piense, las cosas no van a cambiar si no hago algo.- dijo ella con decisión.
- Dicho como la supersoldado que eres. Dios, son todos semejantes? On va voir y vamos adelante?- musitó Bruce con leve exasperación.
Ella sonrió, pero había una tensión en sus ojos.- Cómo empezamos?-
Bruce la miró largamente, y luego se levantó y fue a la cocina. Libby lo observó moverse, preparando un té con aroma a amapolas y pasto seco de una bolsita en su bolsillo, y dejarlo remojar, añadiéndole varias cucharadas de azúcar con una cuchara.
- Este es el pavo sorpresa?- dijo mientras el té reposaba, sacando un moldecito del refrigerador. En verdad, la mezcla de naranja, verde, transparente y cremoso del pavo, salpicado de pedacitos de queso blanco, no se parecía a nada tanto como a vómito congelado.
- Es una receta de Iowa…- dijo Libby, ignorando su mirada de desconcierto.- En como una ensalada. El tuyo es el que tiene más queso y nada de carne.- dijo con amabilidad. Su sonrisa era tan dulce que Bruce tuvo que buscar una cuchara y probar el moldecito, conteniendo su expresión.(8)
Era cierto que Bruce jamás desperdiciaba comida, y al igual que Steve, estaba dispuesto a comerse cualquier cosa que le pusieran por delante, mientras no fuera veneno o se moviera activamente ( y probablemente tanto él como el supersoldado habrían podido digerirlo de todos modos) Pero incluso él ponía freno ante semejante horripilancia, la verdad: el sabor no era malo, pero la textura era de algo muerto y baboso.
- Lo dejaré para la mañana.- dijo, buscando rápidamente un yogurth par lavar el gusto a cadáver.- Libby, ese té es peyo americano. Debería debilitar las barreras de tu mente, y preparar el terreno: es como azadear y desmalezar un campo antes de sembrar . No estoy seguro qué efectos pueda tener al comienzo, hasta que podamos ponerle riendas a tus memorias. Posiblemente perderás un poco el control de tus emociones, tendrás flashbacks, o pesadillas. Pero es el modo de empezar. Te repito: estás segura?-
- Estoy segura.- dijo ella, y con mano firme se sirvió una taza. Bruce la hizo detenerse por la mitad, y cuando ella la llevó a sus labios, vio un destello de pánico en sus ojos, y también, un firme voluntad de acero.
- Libby?-
- Quiero ser libre, doctor.- dijo ella, y se bebió la taza de golpe. El sabor del peyo era intensamente amargo a pesar del azúcar, e hizo una mueca: pero luego lo miró a la cara, y él le alargó la mitad del yogurth.
Era valiente, a pesar de todo: y Bruce, que sentía compasión por muchos pero amor por muy pocos, sintió el primer ramalazo de verdadero afecto por esa chica y su extraña historia.
- Ahora, a la cama, Libby. JARVIS?-
:: Sí, Doctor Sexy?::
- Tony te ordenó que me llamaras así?-
:: Eso me temo. Y no estoy autorizado a entregarle la override::
- Puedes añadirle algo, sin embargo?-
::Ciertamente puedo. Tengo prohibido cambiar las letras o eliminarlas, pero Mr. Stark no dijo nada sobre no añadirle otra palabra.::
- Entonces puedes llamarme Doctor Sexy Potts .-
:: Comprendido, Doctor Sexy Potts::
- Ahora, quiero que monitorees a Libby esta noche. Cambios en sus vitales, me avisas. Está bien eso, Libby?-
- Por supuesto.- dijo ella, asintiendo.- Te lo agradezco.-
- Entonces, a la cama, ahora.- dijo Bruce con afecto.- Mañana empezaremos con el desgaje, de acuerdo?-
Libby asintió, yéndose con la taza aún sujeta, y se volvió en la puerta.- JARVIS, me puedes avisar cuando llegue Steve de la misión? Sólo quiero saber que llegó a salvo.-
:: Le informaré en cuanto el Agente Barton y el Capitán Rogers regresen, Enfermera Bell::
- Gracias, JARVIS.-
- Dónde están, JARVIS?- preguntó Bruce cuando ella se hubo ido, sacando otro yogurt y bajando a los laboratorios. Era raro estar allí sin Tony: cada vez que entraba lo buscaba con la mirada, sintiendo el deseo de ver esos ojos vivaces, de escuchar su risa. Pero sabía que entre la inquietud por Libby, extrañar a Tony y la preocupación por Steve y Clint, no iba a dormir por mucho que se acostara.
No importaba: la solución se estaba sintetizando y además, Tony tenía suficientes proyectos retrasados como para entretenerlo por semanas si no tenía nada propio en lo que avanzar en el momento. Sonriendo para sí, sacó de los archivos un lector retinal en disco que mapeaba impulsos eléctricos que reflejaba lo visto, y se puso a trabajar sonriendo, indicándole a JARVIS que pusiera una de las playlist de Tony para que le hiciera compañía.
Estaba canturreando para sí con J.M. Moore so Bad (9)y forcejando con un modelo en 3D que se resistía a encajarse, cuando la voz de JARVIS lo interrumpió.
:: Doctor Sexy Potts, el quinjet de SHIELD acaba de depositar al Agente Barton y al Capitán Rogers en el helipad. Ninguno de los dos parece haber recibido heridas severas.-
- Infórmales que estaré en la cocina.- dijo Bruce, limpiándose las manos en un trapo antes de ponerse alcohol gel antimicrobial y guardando su trabajo prolijamente. Cuando subió, ya podía oír las voces en el pasillo, y fue con un alivio inconfesable que vio a Steve, polvoriento y sudoroso lavándose cara y manos en el lavaplatos mientras Clint, igualmente sucio, hacía una cara de horror al moldecito del que se había comido la mitad de golpe.
- Qué mierda es esto? Están tratando de matarnos? Esto está crudo, verdad?- balbuceó, dejándolo en el mesón como si fuera una granada sin clavo.
- Es el pavo sorpresa de Libby.- dijo Bruce con humor.- Dado que estás saliendo con ella, deberías comértelo sin chistar.-
- Es pavo sorpresa? Es gelatina, Clint.- dijo Steve, sin ningún disgusto, sacando uno del refrigerador y comiéndose varias cucharadas con hambre (10).- Me había olvidado… es muy refrescante.- dijo con una sonrisa. Bruce y Clint le pusieron delante los suyos inmediatamente, y Steve se los comió felizmente mientras los otros dos rebuscaban por alguna otra cosa que comer.
- Qué se supone que es eso?-
- Durante la guerra había escasez de comida, así que el gobierno intentó convencer a los americanos de que comieran gelatina en cada comida. Proteína barata, y asequible. Durante varios años, le pusieron gelatina a todo.- dijo Bruce, moviendo la cabeza mientras sacaba un pedazo de tofu del freezer.- Seguro que creciste comiendo eso, Steve.-
- Mi mamá decía que era muy saludable.- Steve sacó un cuarto moldecito.- Libby lo hace igual a como lo recuerdo!-
- Disfrútalo mientras puedas. Le pediremos que escriba la receta.- dijo Bruce, su gesto un poco desanimado mientras calentaba una sartén y ponía a tostr el tofu.- Hoy tomó la decisión de empezar el tratamiento para quedarse con un solo set de memorias. Empezamos con el peyo y unos psicotrópicos, según me sugirió Montresor. Ahora que está más estable, podríamos…-
- Espera, con qué set de memorias va quedarse?- dijo Clint, dejando de lado el sándwich-torre que se preparaba.
- Con las más recientes. Es la mejor adaptada para seguir adelante.- dijo Bruce con firmeza, pero Clint frunció el ceño y Steve dejó de comer, poniéndose pálido.
- Va a olvidar a Buck? Y a nosotros… la guerra, todo?- musitó.
- De qué le sirve recordarlo, Steve? En qué la ayuda?- dijo Bruce, removiendo la sartén.- No me gusta más que a ti, pero es lo más práctico, lo más útil para ella.- agregó, tras una pausa.- Se siente prisionera, y quiere ser libre. Quiere estar sana, y eso, es lo menos que se le debe.-
Steve asintió, pero había perdido el apetito. Clint abrió la boca para hablar, pero luego se mordió el labio, y prefirió servirse un café cargado de la cafetera.
- Nat está mejor?- preguntó, sin disimular la preocupación en su voz.
- Cenando con Thor. Asumo que nuestro semidiós residente traía muchos mensajes de Jane Foster, porque llevan horas…- empezó Bruce.
- Si es que están sólo cenando.-
- Clint, no seas amargo. Thor está con la Doctora Foster, él no…-
- Sí, bueno, alguien preguntó si a los Asgardianos les va a la monogamia o no?- soltó Clint, los brazos cruzados. Steve no supo qué responder a eso, pero Bruce no pudo evitar la ironía.
- Bueno, según la leyenda, Odín era como Zeus y se follaba todo lo se pudiera a tiro…-
- Bruce!- exclamó Steve, mientras Clint bufaba y maldecía: pero sus voces se interrumpieron por la voz de JARVIS, que aún en su tono frío y británico traslucía cierta urgencia.
:: Doctor Sexy Potts, Agente, Capitán, me temo que la Enfermera Bell se ha levantado y está en el ascensor del piso 60-90. No ha respondido a mis indicaciones, y sus vitales están elevadas. Creo que su estado es conherente con sonambulismo.-
- Oh, maldita sea.- Bruce sacó el tofu del fuego y limpiándose con un paño se apresuró a la puerta, los otros dos siguiéndolo, tomando las escaleras, aunque no sin que Clint murmurase " Doctor Sexy Potts?"
- Es una amenaza. Voy a dejar a Tony por Pepper si sigue cambiándome el nombre.- dijo Bruce mientras bajaban, Steve a la cabeza en su preocupación.- JARVIS, detén el ascensor en el piso que sigue, tenemos que devolverla a su cama.-
- Que dosis le diste?-
- Una muy baja, pero claramente es sensible a los psicotrópicos. No hay otra forma de saber que la empírica, Steve.- dijo Bruce, y se detuvo al atravesar la puerta de seguridad. El pasillo del piso 88 estaba vacío y oscuro: era uno de los pisos de R & D. Los laboratorios estaban oscuros, pero las luces de noche bordeaban el pasillo en un resplandor algo fantasmal: y al fondo del pasillo, las puertas del ascensor de abrieron, revelando en su cuadro iluminado a Libby, en su pijama blanco.
Tenía el cabello en la cara. (11)
- Libby?.- dijo Bruce con suavidad, alzando una mano para callar a los demás. Había algo ominoso, tenso en el aire, mientras los tres avanzaban por el pasillo en penumbras. Ella parecía vacilar sobre sus pies, y de pronto, dio un sacudón.
- Libby!- exclamó Steve, pero los tres se pararon cuando ella empezó a moverse. Pero no era caminar, ni tampoco cojear. El modo en el que avanzaba hacia ellos era el de una persona con las piernas rotas, el cuerpo rígido, cada sacudón torpe y doloroso…
No, comprendió Bruce. Bruce había vivido en la India. Clint había estado en las zonas de guerra más horribles del mundo. Steve era un veterano de WWII.
Los tres sabía cómo se movía una mujer cuya pelvis se había roto a fuerza de abuso, y de los tres, ninguno de ellos pudo evitar el sabor a bilis en la boca.
- Libby…?- gimió Steve, y Bruce fue quien avanzó, interceptándola en el pasillo. Libby alzó los ojos a él, pero parecía ciega y sorda,: y cuando Bruce la tomó de los antebrazos, dio un chillido y retrocedió cómo pudo, cayendo al suelo, arrastrándose atrás, un gemido animal y aterrorizado en su garganta.
- Libby, por Dios…- gimió Clint, pero se echó tras, para no levantar la voz cerca de ella.- JARVIS, llama a Nat, rápido!-
- Steve, ayúdame, va a hacerse daño!- exclamó Bruce, colocándose a un costado, su voz activando a Steve, que parecía petrificado mirando a la joven que gateaba jadeando de miedo. Steve y Bruce la sostuvieron de los brazos, alzándola, y la joven se retorció, intentando soltarse, para luego, de súbito, quedarse quieta e inmóvil, aunque temblando levemente.
- No!- gimió.- No, por favor! James!- gritó, y se le doblaron las piernas. Bruce, su voz calmante poderosa, empezó a hablarle en susurros, tratando de sosegarla, pero entonces Clint se acercó, al mismo tiempo que oían las voces de Thor y Natasha en el pasillo, y tomando la cara de Libby entre sus manos, habló con voz firme, cargada de dominio.
- Sie sind wir, gefunden ihnen!- ladró en alemán, su voz ronca.- Sie sind wir!-
La joven dejó de luchar, y alzó un rostro perdido, confuso. Clint echó el brazo atrás y le dio un bofetón, con fuerza, y en el mismo momento en que Steve exclamaba en rabia y Bruce se enderezaba quitándola de sus manos, los ojos verdosos, la joven balbuceó:
- C-clint?...?-
- Estoy aquí, Libby. Cálmate. Respira hondo. Cálmate, ya.- dijo él, orden inflexible en su voz. Libby inspiró con lo que parecía un sollozo, pero cuando alzó el rostro, su cara había recuperado la lucidez.
- Qué está pasando… Está bien la dama Libby…?- Thor desconcertado, los miró a todos ellos, la mano de Clint aún marcada roja y clara en la mejilla de Libby, mientras Nat se arrodillaba a su lado y le tomaba las manos.
- Respira hondo. Te sientes muy mareada? Recuerdas lo que pasó?- preguntó gentilmente, ella asintiendo, apegándose a su costado, mientras Bruce y Steve se volvían a Clint, que rápidamente dio un paso atrás.
- Calmarse, dos contra uno no es justo…-
- Golpeaste a la dama Libby?- musitó Thor, sus cejas coléricas.
- Tres contra uno es peor!-
- Clint.- dijo Steve, su voz exhausta.- Confío en ti, pero ayúdame. Creo que todos necesitamos aclarar un poco todo esto.-
*********
Haldol, y Natasha cuidándola: las dos jóvenes se quedaron dormidas, la cabeza de Libby en el muslo sano de Natasha, la mano letal de la asesina en los lisos rubios, envueltas en suaves mantas frente a la pantalla de la sala, con las luces atenuadas. En la cocina, Steve y Clint se reunieron con thor y Bruce ya bañados, Clint en sus pijamas, Steve en el viejo set que usaba para ejercitarse, y mientras el agua hervía y Thor servía un poco de vino tibio para todos, Bruce se apoyó en el mesón, los brazos cruzados bajo el sweater, y habló con sequedad.(12)
- Okay, se supone que soy yo el que está a cargo de la chica. Podríamos compartir qué demonios fue lo que pasó en ese pasillo? Nos aclaramos?-
- Estaba sonámbula? Es por las drogas?-
Clint movió la cabeza.- Esas no eran las drogas. Era lo que habíamos estado esperando: la cuarta personalidad de tu chica, la simpática Liesl, salió a jugar. No sé exactamente cómo acabó, pero tengo sospechas: y lo que haya sido, no fue lindo.-
- Acabó?-
- El motivo por el que Liesl no había salido a la vista hasta ahora… creemos que es porque sufrió un trauma. Uno muy, muy intenso. Claro que estamos hablando de Europa en los 70, así que hay muchas opciones. – dijo Bruce con aspereza.- Lo que no entiendo fue lo que hiciste. Si crees que reforzando el condicionamiento le haces un favor, estás…-
- Estaba sacándola de un shock! Hice lo mismo con Nat en su momento!- exclamó Clint.
- No quiero que vuelvas a hacerlo.- gruñó Bruce. Clint lo miró con rebeldía, pero fue Thor quien habló con parsimonia.
- Pido perdón por no estar enterado de mucho y ser, por supuesto, completamente ignorante en este tipo de artes de la curación. En Asgard tratamos con heridas de la magia o heridas del cuerpo, pero no tengo ningún conocimiento de las heridas de la mente: y la situación de la dama Libby me es completamente ajena. También comprendo que está fuera de lugar que yo, un virtual desconocido para ella, hable sobre su aflicción sin más que mi simpatía como excusa. Pero, doctor, no es dañino que una personalidad tan traumatizada se enseñoree de su cuerpo y mente? No habría forma de borrarla, o al menos evitar que le haga pasar esa agonía y miedo? Lo que sea, no puede ser bueno para ella si la aterroriza tanto.-
- Lo que él dice.- dijo Clint, ambos brazos extendidos.
- Es riesgoso, Thor. Lo que estamos haciendo es tratar de sumerguir esas personalidades… al subconsciente. Pero para poder tratar la mente y darle forma, hay que doblegarlas, suavizarlas primero: es como tratar de darle forma al metal. Hay que calentarlo primero. Ahora que hemos visto a Liesl al fin, tenemos una idea de qué hacer.-
- Que sería?- dijo Steve. Estaba tenso como un arco, ambos puños en la mesa, ojeras que por una vez desfiguraban su rostro perfecto en la pálida piel.
- Más peyote, y una dosis más alta de antipsicóticos.- dijo Bruce, pero como fruncía el ceño, estaba claro que no estaba satisfecho.- E hipnotismo. Mañana mismo, para empezar a sumergir a Liesl antes que nada.-
- Vas a partir con Liesl?- dijo Clint, que parecía indeciso y se mordía el pulgar.
- Porqué, quieres otro show como el de hoy?- soltó Bruce, que estaba claramente irritado.
- Sería bueno que la mantengamos vigilada.- dijo Thor, las manos en las caderas.
- Creí que eso estábamos haciendo.- dijo Steve, frotándose el cabello de la nuca, su rostro tenso.
- No muy bien.- Bruce bufó.- Sabía que esto iba a ser difícil. No es muy tarde para pedirle ayuda a SHIELD, Steve.-
- No.- dijo Steve con firmeza.- No, Bruce, por favor.-
El doctor suspiró.- Okay….-
Ironstud a Bannermed
Así que una noche movidita con Sadako, no?
Bannermed a Ironstud
Fuck. You.
Ironstud a Bannermed
Promesas, promesas. Espero tener el polímero listo mañana, guapo. Con suerte estaré allí el sábado en la noche.
Bannermed a Ironmed
Te necesito, Tony. Vuelve pronto.
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La fotografía mostraba a Bruce, con gafas de sol, una bebida en la mano, jeans grises y una camiseta crema destacando su habitual tez morena, de pie a pleno sol en la escalinata del Museo de Historia Natural. El sol era luminoso, el mediodía refulgente, y aunque detrás suyo Libby se veía muy guapa con slacks blancos y una camiseta negra que destacaba su pelo claro, y Natasha era una belleza con un vestido lila a rayas riendo, el foco de la fotografía era más que obvio, la tímida sonrisa de Bruce dejando claro que sabía que Clint, reflejado en sus lentes de sol, lo estaba fotografiando.
La camiseta tenía un escote en V, y mostraba un poquitín de vello.
Ironstud a Bannermed
Nunca pensé que tendría envidia de ese arquero infeliz.
Bannermed a Ironstud
Ven a casa, Tony.
La mañana había sido extraña, por decir lo menos. Natasha había emergido pálida y desmejorada de sus habitaciones, lo que había alarmado a Thor, Clint y Steve lo suficiente para declarar que iban a sacarla de paseo al sol aunque fuera montada en los hombros de Thor, y Bruce había asentido, después de revisar la herida, limpia y seca, y sus vitales, normales. En cambio, Libby había despertado vivaz y alegre, y cuando los Avengers residentes habían entrado a la cocina en la mañana, se habían encontrado con que había cocinado panquecas, había preparado té y café, y estaba sonriente y dulce con todo el mundo.
Si a Thor el cambio brusco lo incomodaba, los demás se forzaron a ignorarlo. Steve ayudó a moler unas manzanas para las panquecas, y aunque la procesadora nueva funcionó perfectamente, se hizo un corte en un dedo con el cuchillo del queso, y Libby se lo parchó con tanta atención que Clint musitó si necesitaba anestesista para la cirugía a corazón abierto. Libby le soltó que el que ser supersoldado y curarse rápido no significaba que algo no doliese, y Nat asintió, con un gruñido para Clint, que no debería haberse visto tan satisfecho, pero parecía un gato que se había comido la crema. Le volvieron a gritar cuando, mientras revisaba panoramas en su teléfono para el día intentó comerse las panquecas de Libby, por las que la hizo forcejear, y finalmente anunció que harían brunch frente al Museo de Historia Natural, (13) en donde se irían a pasar el día.
Bruce iba a protestar, porque había programado unas pruebas y además pretendía empezar con el hipnotismo esa misma mañana: pero el deseo de sacar a Nat al sol y la forma en que las caras de Steve y Thor se entusiasmaron acabó con su resistencia y aceptó ir sin hacerse mucho rogar. Antes de partir tuvo unos minutos en la sala con Libby, entregándole una fuerte dosis de estabilizadores del ánimo y pidiéndole que recordase concentrarse en Lydice: y cuando salieron al sol, eligiendo tomar taxis como cualquier otro neoyorkino al Museo, que no estaba tan lejos, la dejó irse con Clint y Steve, mientras él y Thor se apegaban a Natasha.
Era un día hermoso. Era un día soleado y despejado, casi un poco caluroso, y por eso se sentía bien subir la escalinata de piedra del museo y entrar a su fresca sombra. Era un día de semana, por lo que no había mucha gente: algunos cursos de primaria, unos cuantos turistas y un puñado de ancianos, y todo el Museo de Historia Natural, con sus figuras de cera, sus huesos de dinosaurio y el asombroso display egipcio. Se reunieron en el gran hall, y mientras Bruce hacía de guía, explicando algunos de los descubrimientos y narrando con la historia del antiguo Oeste a Steve, Clint y Libby, Thor se inclinó junto a Nat, que leía curiosa las notas en plaquitas junto a unos trajes tribales.
- Qué pasa, Thor?- preguntó Nat, un poco sorprendida al ver a Thor tomarla de la cintura y mantener su mano ahí mientras caminaban por el gran hall detrás de los otros cuatro.- No me duele nada, tomé unos analgésicos, estoy…-
- No me gusta el comportamiento de esos muchachos.- dijo Thor con aspereza, y Nat miró por sobre su hombro, para ver a un grupo de tres hombres jóvenes y apuestos, que estaban, de un modo bastante obvio, juntando valor para acercarse a decir algo, la vista fija en el trasero de Natasha y los senos de Libby. Nat movió la cabeza, encogiéndose de hombros.
- Boy will be boys, Thor. No me ofende ni me importa. Y si se acercan, los mandaré a casa con sus propias pelotas en la garganta. Ignóralos-
- Ellos pueden ser unos idiotas que ignoran que es a una guerrera legendaria a quien están faltando el respeto.- dijo Thor irritado.- Pero hacemos bien en dejar pasar esta oportunidad?-
- De qué? Patear adolescentes? Son casi niños, Thor-
- Un hombre con edad de mirar así una mujer, ya no es un niño. Y ahora puede ser que incautamente posen su mirada en lo que es más fuerte que ellos. Pero cómo aprenderán, Nat? Acaso está bien que lo ignores porque a ti no te hace daño? Y qué pasa cuando en el futuro, posen su mirada en aquellas más débiles o vulnerables? No, no. Quizás tú puedas tolerarlo, pero como príncipe de Asgard, es mi deber solucionar esto. Se atreven a poner la mirada en damas bajo mi protección, lo que me insulta, así que es mi privilegio darles una lección.- dijo, dejándola junto a los demás que estaban parados junto a una momia atacameña, Bruce explicando con paciencia el proceso de desecación de los Andes.
- Thor…- musitó Nat, pero el semidiós ya se había ido a reunir con los muchachos, que primero parecían desafiantes, y luego alarmados. A Nat la distrajo un grupo de turistas arremolinándose alrededor para escuchar las explicaciones de Bruce, y antes de que pasaran diez minutos, ya habían treinta personas rodeando al doctor, mientras él dirigía una improptu clase de antropología y contestaba preguntas.
needmorearrows a Ironstud (23 kb)
El Doc en pleno Science Smash!
La foto, tomada por sobre las cabezas de un buen grupo de gente, mostraba Bruce, derecho y formal, el rostro vivo y enfático, las manos separadas gesticulando, autoridad en su rostro, expresividad en su mirada. La imagen era inequívoca: no podía ser nada más que una clase, y la sonrisa que le iluminaba toda la cara decía a gritos que ésa, ésta, era su vocación.
-… por lo tanto, si vuelven a mirar con semejante falta de educación a una dama, y me enteraré, créanme, voy a enseñarles las delicias del sexo, desde el extremo en donde deberían aprenderlo de primera mano, para ser capaces de empatizar con el rol de las mujeres. Espero que les haya quedado claro.- dijo Thor, mientras los muchachos daban media vuelta y huían blancos como el papel. Thor sonrió para sí. Era cierto que a veces Midgard le parecía extraña y horrible, con sus gazmoñerías y sus crueldades, mientras que otras veces le parecía un mundo de maravilla y asombro. Thor se tomaba muy en serio su rol como diplomático de Asgard, y aunque pasaba todo el tiempo que podía entre Jane, Erik, y la Torre, su hogar lejos del hogar, pasaba otro tanto tiempo intentando, a veces sin mucho éxito, de que al fin del miedo de los midgardianos a los otros Reinos, al menos a Asgard, se desvaneciera. (14)
- Se acabó la clase, es hora de los dulces!- palmoteó Natasha cuando Bruce tosió un poco, garganta esforzada por la improptu clase, y la gente se dispersó, aunque era obvio que hubiera seguido escuchando su chispeante explicación.- bebidas? Quién va por bebidas?-
- Nosotros vamos.- dijo Clint, partiendo con Libby. Cuando regresaron, y repartieron las latas, hubo unos segundos de desánimo, y una retahíla de quejas.
- Pepsi? En serio Pepsi? Le traes Pepsi al Capitán América?!-
- Dije té de jazmín sin azúcar, el té verde Lipton es un maldito postre…-
- Quién puede confundir un puto refresco de fresa con una Cherry Coke…?-
- Esto nunca pasa cuando salimos!-
- Nunca pasa.- dijo Nat, frustradamente observando su refresco de papaya y no mango.- porque siempre es Tony el que manda por bebidas, y él sí se sabe todos nuestros gustos.-
- Tony no…-
- Steve, Tony sabe incluso que te gustan las anchovitas aunque digas que las detestas. Y él sí me habría traído jazmín.- comentó Bruce, yéndose a ver unos papiros sorbiendo pacientemente su Lipton Ice tea.
Tony, quitándose las antiparras y sonriendo, porque el contendor de los polímeros estaba listo y sellado, tomó su teléfono y dio un respingo.
119 mensajes.
Bojemoi a Ironstud
Podrías dejar de jugar con tus estúpidos juguetes, Stark, y volver de una vez? No nos vinimos a vivir a tu Torre para hacer de cuidadores y que te puedas largar cuando te dé la gana.
SRogers a Ironstud
Está todo bien? Llevas varios días fuera.
SRogers a Ironstud
Si hay una emergencia, cuánto te tardarías en llegar? Lo pregunto como capitán.
IAMTHOR a Ironstud
HE REGRESADO Y ESPERABA CELEBRACIONES. COMO HAREMOS CELEBRACIONES SI NO ESTAS?
needmorearrows a Ironstud
Tengo al doc de la manito y no se ha dado cuenta.
Bannermed a Ironstud
Vuelve a casa. Te extraño, Tony.
needmorearrows a Ironstud
Y no te extraña nada.
needmorearrows a Ironstud
Yo tampoco, de paso. A no ser que me traigas flechas nuevas?
Bojemoi a Ironstud
Steve y Libby andan del brazo. Te mandaré foto si no me crees. Ven a verlo tú mismo.
IAMTHOR a Ironstud
TU AUSENCIA ES NOTADA Y SENTIDA. SI ES UNA DAMA O UN ARMA LO QUE TE RETIENE EN OTRO LUGAR, PUEDO IR A AYUDARTE A REMOVERLO Y TRAERLO ACÁ SI ESO DESEAS.
IAMTHOR a Ironstud
ASUMIENDO QUE EL ARMA SEA TUYA Y LA DAMA CONSIENTA.
Bojemoi a Ironstud
Acabamos de ver una docena de tallados en forma de falo tribales y NADIE hizo un chiste. Dónde estás cuando haces falta, Stark?
Bannermed a Ironstud
Sabías que los cheyennes conocían la existencia y sabían preparar NaOh? No lo sabía
needmorearrows a Ironstud
Stark, vuelve a casa. No hay quien haga rabiar al Capi si no estás.
SRogers a Ironstud
Hay una posibilidad de que regreses pronto? Es muy factible que acabemos estrangulando a Clint y alguien tendrá que atraparlo cuando Thor lo arroje por la ventana.
IAMTHOR a Ironstud
ES EXTRAÑO NO OÍRTE: NORMALMENTE SE TE OYE DE LEJOS. ES COMO UNA ORQUESTA SIN UN INSTRUMENTO. PUEDES REGRESAR DE PRISA, POR FAVOR?
Ironstud a Bannermed
No los puedo dejar solos unos días sin que se vuelvan locos? Como madre soltera te mueres de hambre. Además, Fury me está dando las gracias por unos propulsores verticales para sus helicarriers que si mal no recuerdo, me pidió el 2010.
Bannermed
De nada. Vuelve a casa, Tony.
- El doctor me dijo que ya habías iniciado tu tratamiento.- dijo Steve. Llevaban un rato separados en diferentes salas: Nat y Clint se habían ido derecho a la de armamentos precolombinos, Thor escuchaba la explicación de Bruce sobre los dinosaurios ( "de verdad, eran pájaros!") y Steve se halló junto a Libby, que se había tomado naturalmente de su brazo en la escalinata y había vuelto a hacerlo en la aglomeración por la clase de Bruce. Ahora, ella estaba inclinada sobre la réplica de la oficina de Lincoln, con el gran hombre ahí reproducido en cera, y Steve, apoyado en una columna cerca, la miraba. Había luz y curiosidad en su rostro, alegría: y Steve sonreía a esa sonrisa, sin poder entender porqué respondía sin poder evitarlo. Algo en ella le aligeraba el pecho: era como una bocanada del aire puro de esos años.
- Lo empezamos ayer, y me siento bien. Sé que tuve una especie de crisis ayer, y lamento la escena. Espero que con las nuevas grajeas, pueda controlarme mejor-
- - No fue nada. Pero, Libby…-
- Sí?-
- Es cierto que planeas quedarte sólo con una personalidad? Que el doctor te va a ayudar, a no sé, desaparecer a las demás? Sus memorias y todo eso?- dijo Steve. No quería sonar desaprobatorio, pero había un rictus en sus labios.
- La gente normal tiene una sola personalidad y un solo set de memorias. Yo quiero ser normal.- dijo ella, y parecía una ambición tan simple, una mujer tan simple allí de pie entre cosas antiguas.
- Casi ninguno de nosotros…- empezó Steve.
- Pero yo no soy un Avenger ni un héroe, Steve.- dijo ella, suavemente.- Todo lo que quiero es ser normal.-
- Antes querías ayudar.- dijo Steve, cruzándose de brazos, y había algo inquieto, casi suplicante en su rostro.- En la guerra, querías ayudar, por eso te irradiaste… no prefieres ayudar? Hay tanto que puedes hacer.-
- Quiero ayudar. Pero para eso, necesito ser normal.- dijo Libby, con determinación.
- Y vas a olvidar todo para eso? La guerra? Yo? Buck?- murmuró Steve, y había resentimiento en sus ojos. Libby se lamió los labios y bajó la mirada, avergonzada, pero aún así su voz era clara y determinada.
- No le sirve de nada a nadie, Steve.-
- Me sirve a mí.- dijo Steve, y había emoción en sus ojos.- Libby, por favor… no está bien, no es una buena idea, tiene que haber otra forma…-
- No sé que pasó anoche, pero vi la preocupación en los ojos de Thor está mañana.- dijo Libby, y echó a andar por el brillante piso de mármol iluminado, buscando reunirse con los demás, y el gesto hirió a Steve: ella no quería quedarse a solas con él?- Steve, no quiero más recuerdos borrosos ni ideas extrañas. No quiero más pesadillas, ni medias memorias, ni… no quiero nada de eso, por favor. Es tan difícil de entender? De qué me sirve recordar lo que me hicieron, lo que…- ella sacudió la cabeza, como si le doliese, y Steve vio con alarma un temblor en sus manos: pero entonces ella alzó la vista a sus ojos, y azul en azul, fue como si se calmara, como si mirar su rostro la centrase.- Steve, quiero una vida normal, es todo lo que quiero.-
Él asintió.- La decisión es tuya, Libby. Pero siento que olvidar… que olvidar todo lo que pasó, es como perdonarlo, ignorarlo… y no puedo perdonarlo, Libby, no puedo.-
- El rencor tampoco sirve de nada. La mayor parte de los que me… usaron… deben estar muertos o ser bisabuelos.- dijo ella con un suspiro.- Steve, sólo quiero volver a empezar.-
- No quieres recordar a Buck, Libby? Al menos a él?- dijo Steve, sus dedos entrecruzados en los de ella. Había una súplica en sus ojos, y ella se mordió el labio, como si no supiera que decir.
- Steve, déjame olvidar que me hicieron daño.- dijo ella despacio al fin, y cuando habló apretó las manos en las de Steve. Él podía notar como Thor y Bruce, que aunque no estaban lejos, esperaban cortésmente que terminasen su conversación: Nat y Clint, a pocos pasos, los ignoraban discutiendo sobre curare en la escalinata. Sin embargo, aunque hubiera debido controlarse, y toda su crianza del siglo XX le decía a Steve que hacer una escena era de pésimo gusto, soltó sus manos para tomarla de los antebrazos, y habló con absoluta determinación:
- Te juré que nadie volvería a hacerte daño y lo mantengo. Anoche rememoraste cuando te lastimaron y gritaste… le gritaste a Buck, por ayuda. Él no pudo salvarte. Créeme que si hubiera estado vivo lo habría hecho, Libby! Si yo hubiera sabido…! Pero te juro que nunca más pasará algo así. Buck no puede ayudarte ahora, pero te prometo, por él, por mí, por ti, que estaré allí. La próxima vez que tengas miedo – susurró, y entonces, mágicamente como ocurre en esas ocasiones, hubo una pausa en las conversaciones a su alrededor.-
- … quiero que sea mi nombre el que grites.- dijo Steve con voz definitiva.
En el silencio subsecuente, se habría oído caer un alfiler. Pasaron tres, cuatro, cinco segundo, y Steve dio un bufido.
- Oh,fucking hell.- musitpó, y sumerguió la cara en las manos, una cara que empezaba a tomar el color que todos llamaban " rojo capa de Thor".
- PERDÓOON?- se oyó resonar la voz la voz de Clint, los labios rojos de Nat distendidos en una sonrisa que intentaba contenerse y no podía, las cejas de Thor alzadas educadamente y Bruce, que Steve espió entre sus dedos y bufó al darse cuenta que era el único que lo ignoraba educadamente, ocupado con su Starkphone.
- No era lo que sonaba…- protestó Steve al fin, mientras Libby, que había parpadeado confundida, de pronto había comprendido y estaba igualmente cereza.
- Te dije que el Capi es BDSM todo el rato.- le comentó Nat a Clint, que asintió enfáticamente.
- No se supone que antes de esos… juegos de amantes… se asume que debe ir una relación consumada antes? Hay una relación consumada entre el Capitán y la dama Libby de la que me he perdido? Por eso no me gusta irme de viaje, siempre pasan cosas interesantes cuando no estoy…-
- Por el amor de Dios, no sean absurdos! Bruce!- protestó Steve desmayadamente, mientras Libby al fin empezaba a reír.
- Un momento. Tengo que mandarle esto a Tony.-
- BRUCE!-
La noche, de delivery, la trilogía de Héroe/La casa de las Dagas Voladoras/Crouching Tiger Hidden Dragon y compañía fue agradable y relajada, y aunque Natasha y Libby se fueron a acostar temprano, las dos aún bastante drogadas, y Bruce se quedó dormido tendido cuan largo era en el sofá texteando con Tony, los otros tres aguantaron la trilogía y lograron terminarse las cajitas de comida como para un regimiento. Nadie mencionó que habían puesto especial atención en quedarse juntos por si Libby tenía otro episodio: nadie mencionó que con suerte, Tony estaba en camino.
***********************
Era un hombre, un hombre alto y atlético, aunque de contextura esbelta. Natasha se despertó confusa, la cabeza pesada, la sensación de un vientre vacío y dolorido de hambre aunque estaba segura, sí, estaba segura, de haberse comido dos cajas al menos de picadillo tibio de pulpo. El hombre entró por la ventana, y aunque todo en su entrenamiento, todo en su crianza, todo en sus nervios gritaba que se levantara, que lo parase de las veinte formas originales que podía ejecutar con sólo las manos, y eso sin olvidarse que una palabra suya iba a despertar a toda la Torre a través de JARVIS, Natasha se quedó quieta y silenciosa como si estuviera muerta, inmóvil como si estuviera dormida.
El hombre se agachó a los pies de su cama, y lo sintió destapar sus pies, sus piernas. Luego, el roce de un mentón que necesitaba una afeitada, y luego labios, besos húmedos, en sus tobillos, en la cara interna de sus piernas, en sus rodillas, manos enguantadas bajo sus muslos acariciándolos, masajeándolos, atrayéndolos, separándolos. A los pies de la cama, la figura no era más que una sombra informe, el brillo de unos ojos en el absoluto silencio, el roce disímil de una melena sedosa, la barba de tres días de un hombre y una lengua aún más sedosa: y luego, un tirón, sus muslos separados en alto, y el hombre había devorado con su boca ardiente toda la carne sensible entre sus piernas. Natasha le sintió hacer el primer ruido que le oía, un " MMhMHHMMh" largo y sostenido, la vibración contra su clítoris indefenso bajo su lengua, y se le fue la cabeza atrás, sumergida en un orgasmo insoportable tan súbito como caer al mar desde una altura, el súbito sonido magnificado en su cabeza, en su vientre, en su sexo…
El ruido de un quinjet la despertó del sueño, un sueño tan real, tan apabullante, que Natasha se despertó temblorosa, jadeante, los muslos húmedos. Miró por la ventana, y vio otro paisaje: techos nevados y góticos, agudos contra un cielo lluvioso: y luego, New York, como debía.
Se llevó la mano a los ojos, tratando de calmarse, pánico y los restos del sueño acelerándole el corazón. En el sueño, sólo recordaba dos cosas con claridad: los ojos de ese hombre, de un gris tan claro que casi eran traslúcidos, y tras la ventana, una iglesia nevada que había visto alguna vez.
- JARVIS…- empezó, con voz temblorosa, pero entonces recordó el ruido que la despertase, e inspiró, tratando de calmarse.- JARVIS, ha regresado Stark?-
:: Sir acaba de bajar el quinjet, Agente Romanoff.:: dijo JARVIS con su urbanidad habitual.:: puedo ofrecerle alguna asistencia?::
- Sólo dile que lo voy a destazar por despertarme.- dijo Natasha, sin calor.- Y que me prepare un latte si quiere vivir. Bajaré en unos minutos. Qué hora es?-
:: Tres y veinte de la mañana, Agente Romanoff::
- Honeybun, ya llegué! Espero que los niños estén acostados, te traigo una sorpresa enorme, enorme y toda para ti…- canturreó Tony al entrar a la sala, en donde los Avengers estaban despatarrados en diferentes estadios de la ebriedad por comida y relajo que puede dar una noche de parranda.- Querida, eres la peor reforzando la disciplina.-
- Oh, guardo la disciplina toda para ti, cariño.- contestó Bruce sin levantarse del sillón, en donde estaba recostado con la cabeza de Clint en el regazo.- Qué tan grande es lo que me trajiste?- preguntó al pasar, aunque sus ojos chispeaban y sonreía, los ojos fijos en los ojerosos de Tony.
- 0, 22 micras. Está listo. La solución?- dijo, enseñándole un contenedor metálico autorefrigerado del tamaño de un vaso de Starbucks.
Bruce saltó sobre sus pies, los ojos brillantes.- Listo y activado?-
- Pst. Se activa cuando abra esto, soy un showman.- dijo Tony con una sonrisa que era un montón de colmillos. Los dos se apresuraron al laboratorio, y Steve miró a Clint con humor, que dejaba colgar la cabeza del sofá, y a Thor, extendido en la alfombra.
- Eh… hola, Stark.-
- No se queden ahí, vengan a ver el descubrimiento de bio robótica del siglo! Con un acompañamiento de romance sexy!- canturreó Tony de la escalera, y los tres Avengers se enderezarion, riendo y bufando, para seguirlos. En el laboratorio los tres ya estaban manejando pantallas y repitiéndose valores el uno al otro, y Steve, al mirar del uno al otro, no pudo evitar pensar que si tuviera que dibujarlos, así es como lo hubiera hecho: dos hombres en su elemento, conectados en tantos niveles, Bruce con sus rizos imposibles revueltos enfocado y activo como un gran animal tras su presa, Tony eléctrico y agudo como una navaja, y los dos en sintonía increíble, con manos que se alargaban en las que se colocaban cosas sin preguntar, números que eran repetidos aparentemente sin sentido de uno a otro en total comprensión.
- Qué estamos mirando?- preguntó Clint, en camiseta y pantuflas, frotándose los ojos.
- El nacimiento del primer anticoloide del mundo. Suspensión biorobótica con cargas… opuestas… perfectas, o como dijo mi estimado colega Dr. Banner, agua que se puede coser. Solución lista?-
- Portadores listos, cargas listas.- dijo Bruce, y en lo que parecía un contenedor transparente de cienia ficción sobre la mesa, diferentes cánulas y bombas pusieron en movimiento un líquido opalescente y azulado. Tony, con mucha prosopeya, y contoneándose como una modelo de programa de juegos, colocó su caja metálica encima, la giró, y hubo un click, para que el líquido en las cánulas empezara a brillar y a volverse lila.
- Amigo Stark, hay posibilidades de que explote?-
- Nah, menores al 70%, no te preocupes, Cobain.-
- 70%?- murmuró Steve, a lo que Clint esbozó una sonrisa burlona.
- Eso es un buen margen de seguridad para ti, eh?
- Si funciona, es aceptable.- dijo Bruce, que se había quitado los lentes y tenía una sonrisa feliz y feroz.
- Si funciona! Hombre de poca fe! Dónde está tu confianza! Es conmigo con quien estás hablando, cómo es posible, yo * siempre* funciono, pensé que lo sabías…!-
Un pitido los interrumpió, y la solución dejó de emitir luz, fijándose en un lila oscuro, de aspecto untuoso. Los dos científicos se abalanzaron a una pantalla, y la voz de JARVIS resonó aún mientras los dos prorrumpían en una carcajada triunfante.
:: La estabilidad de la solución es de 99,6%, con miras a ascender cuando se enfríe. Si me permite extender mis felicitaciones, Doctor Sexy Potts, Sir, por el éxito en la creación de un nuevo elemento.::
- Doctor Sexy POTTS?-
- Ah, sí, me casé mientras no estabas.- dijo Bruce, una sonrisa de oreja a oreja, leyendo fascinado las estadísticas de la fusión.
- Cuáles son las aplicaciones?- preguntó Steve, mientras Clint y Thor se acercaban más a la solución. (16)
- Piel sintética. Protección contra accidentes de impacto. Envoltura operatoria. Contenedor de medicamentos, extensor muscular para prótesis… las posibilidades son muchas.-
- Para empezar, voy a forrar todas las armaduras con esto.- dijo Tony, - Banner, pequeña mierda, me abndonas con nuestro hijo recién nacido? Nuestro pequeño P-límero? Qué tiene Pepper que no tenga yo?-
- Sentido común? Curvas? Clase? Estatura?-
- Nadie te habla a ti, Angry Bird.-
- Los felicito en su descubrimiento. Es una alegría poder ver sus mentes brillantes en acción y no sólo en batalla, sino para ayudar a la humanidad.- dijo Thor, palmeándolos a los dos a la vez en la espalda con alegría.- Esto sí que amerita una fiesta, sin duda.-
- La presentación en sociedad de nuestro pequeño!- dijo Tony riendo.- JARVIS, organicemos una fiesta! Comida, y música, con gente simpática por una vez. Avísale a Rhodey inmediatamente… el viernes, el viernes ponemos esta Torre de cabeza…-
:: Llamaré al Coronel Rhodes en cuanto sea una hora apropiada para ello, Sir. La Agente Romanoff viene bajando, y ha encargado que se le prepare un latte de inmediato.::
- Yo lo hago.- dijo Thor, yéndose a la cocina, y Steve y Clint lo siguieron mientras Bruce guardaba amorosamente la caja en un estabilizador de temperatura y Tony se cruzaba de brazos, echando una ojeada alrededor.
- Qué bien se siente estar en casa. Le mandaré una sample a Cho en cuanto se estabilice: se lo merece por dejarme jugar con su sintetizador. Muy buen trabajo con la solución, doctor Banner.-
- Muy buen trabajo con la membrana permeable, Mr. Stark.- dijo Bruce sonriendo, y enderezándose.- Cómo se siente haber creado el primer anticoloide?-
- Casi tan bien como volver a verte.- dijo Tony, y sus ojos eran muy suaves. Bruce avanzó a su lado, pero en vez de abrazarlo tomó sus manos en las suyas, y las miró, como si nunca las hubiera visto, sus dedos entrelazándose.
- Te extrañé.- dijo el doctor en voz baja, y su pulgar fue a la cinta en la muñeca de Tony, acariciándola. Tony la llevó a sus labios, expectante, y Bruce la desató cuidadosamente, y llevando la muñeca a su boca, la besó y acarició con tanta fruición, tanta ternura, que cuando sus ojos se encontraron había algo que ardía y se removía entre ellos, algo que amenazaba una conflagración.
- Bruce…- gimió Tony, los ojos cerrándosele contra su voluntad al contacto de esos besos que tanto había extrañado.- Bésame de una vez.-
Bruce sonrió contra su muñeca, y dio un paso, su cuerpo presionando a Tony contra el mesón, apoyado entre sus muslos. Cuando sus bocas se encontraron, había hambre, pero también una extraña pausa: en vez de ferocidad, era como si los dos estuvieran disfrutando, descubriendo, catalogando cada sensación, lenta y pacientemente.
Bruce lo besó, sus bocas dilatándose, la caricia volviéndose de a poco más apasionada, más urgente, y cuando Tony emitió un sonido de deseo, Bruce los soltó, se arrodilló, y atrayendo un pie de Tony entre sus rodillas, ató la cinta en su tobillo, para luego alzar la vista, lamiéndose los labios, una promesa en sus ojos.
- JARVIS.- dijo Tony con la boca seca.- Cierra el lab, vamos a estar un poco…-
- Stark.- dijo una voz, y los dos se volvieron, para ver a Natasha de pie en el umbral. Estaba un poco pálida, pero no había ninguna expresión en sus ojos, y sin embargo, por algún motivo, Tony sintió una oleada de preocupación. Algo estaba mal en su rostro.
- Nat? Hey, como está la herida? Cómo va la patita? Tienes siete más, así que no creo…-
- Vengan a la sala. Fury nos está llamando. Hay algo que tienen que ver.- dijo ella, dando media vuelta.
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(En especial, en una aparición oficial que había hecho junto a los diminutos Obama y Putin, lo habían criticado tanto por su exceso de seriedad, su falta de humor y su severidad, que había sido dicho que era más lejano que Putin, más aterrador que Chávez y más orgulloso que Hillary Clinton.
Clint lo había encontrado al otro día con los periódicos, amargado y culpable. La verdad, sólo había estado serio porque una golpiza luchando con los artefactos de destrucción de Grood había acabado con una exquisita construcción africana de piedra se le desgajara encima, y era tal masa de moretones que sólo la resistencia asgardiana y y la terquedad que era tan de él solito lo había hecho no romper el compromiso político. Pero ahora lo criticaban ferozmente, y Thor sentía vergüenza de fallar como representante de Asgard, de ser una vez más el palurdo torpe y brusco cuando no podía olvidar que seguramente, su hermano habría sido insuperable en la tarea.
Thor tenía mucho más pánico de avergonzar a Asgard ante Midgard, y de avergonzarse ante Jane y su padre Odín, del que tenía a la muerte o al dolor.
Clint lo había oído, le había dado pizza a montones, y luego había partido a buscar a Tony. Era muy raro que los dos trabajasen juntos, principalmente porque sus habilidades eran totalmente opuestas- Tony era un combatiente de primera línea, un big bruiser, un científico, una distracción con todo y patas, un apoyo aéreo: Clint era un francotirador, un asesino en las sombras, un ninja, un piloto, un soldado. Y sus personalidades eran demasiado semejantes: los traviesos, los arriesgados, los locos. Pero cuando tenían una meta común, ya fuera proteger, encocorar o alegrar a sus compañeros, los dos eran imparables complotando y llevando a cabo planes. Ni siquiera Natasha los veía venir siempre: y era una verdad a la que los miembros más poderosos del grupo ya habían aceptado, y era que los dos simples humanos – si es que a Tony Stark y Clint Barton se les podía aplicar la palabra simple- unidos, habrían podido barrer el piso con cualquiera de los demás.
Tras escuchar sus temores sobre ser un representante inadecuado de Asgard, Clint había llamado a Tony, que había llamado a Colbert, y que a su vez había llamado a James Corden. Esa noche, Thor, envuelto en el mejor Christian Siriano de seda negra que pudiera comprar el nombre de Tony, se había presentado en el late show de Corden, había mostrado uno de sus moretones, había respondido con enorme sinceridad algunas preguntas difíciles ( "Qué es mejor en Midgard que en Asgard, Thor?" " La variedad en los paisajes, la diversidad racial y cultural, la música, la comida, y la moda femenina. Involucra tanta menos tela. Oh sí, eso me gusta mucho de midgard. Es… ahorrativa") y conmovedoras ) "Qué te traerías a Midgard desde Asgard si tuvieras que venir y traerte sólo una cosa?" " Mi mamá, por supuesto" hasta que James Corden llegó a la pregunta que Tony había preparado ( Antes de eso, por supuesto: "qué opinas de los otros Avengers?" " Oh, en Asgard, el Capitán sería aclamado como un gran estadista y un gran guerrero. Igualmente, Hawkeye sería el objeto de admiración de todos por su habilidad con el arco, que es un arma admiradísima allá, y Lady Natasha los deslumbraría a todos con su cultura y belleza. El Doctor Banner tendría tanto que enseñar y aprender allá que creo que pasarían años antes de los estudiosos y él terminasen de disfrutar la tarea. Y Anthony Stark…"
" No lo llevarías a Asgard verdad? Así como para evitar una guerra, por si las moscas?"
El público había reído, pero había seguido una pausa. Thor pensativo, el mentón en los nudillos, aguardó a que las risas dieran paso a la expectación, y luego había hablado con claridad:
" No, no llevaría a mi amigo Anthony a Asgard, aunque sé que ambos lo disfrutaríamos. No, a él le traería a mi padre, si pudiera. Si hay un hombre inteligente de sobra y sabio de sobra para poder explicar, realmente explicar, Midgard a un extranjero como yo, es Anthony Stark, y bendigo a Iggdrassil por llevarme a su camino" )
Clint, tras bambalinas, le había dado un codazo a Tony, que lo había ignorado estuadiadamente. Pero cualquier posibilidad de emocionarse se había acabado cuando james Corden le preguntó a Thor si de verdad le gustaba tanto la música de Midgard, si se sabía alguna canción que tuviera de favorita o que pensara llevarle a su gente. Thor le había dicho que no había nada tan universal como las canciones de fiesta, e inmediatamente y sin hacerse rogar había tomado un micrófono, se había ido al centro del escenario y había empezado a croonear la más indecente, sugerente y sugestiva canción que se le podía ocurrir cantar. Y aunque la versión de Queen Latifah ( a quien Thor le había decepcionado mucho enterarse que no se traba de una reina de verdad pero la había tratado como si lo fuera cuando la conoció posteriormente) era hot, la de Thor era positivamente filthy. (15: watch?v=YwOy-BnlhXM)
Bring on that pecan pie!
Pour some sugaron it sugar
Don't be shy
Scoop me up a mess of that
Chocolate swirl
Don't be stingy I'm a growing boy
I offer big love with no apology
How can I deny the world the most of me?
I am not afraid to throw my size around here
Inch by Inch by Inch.
Because I'm big, blond & beautiful
Face the fact it's simply irrefutable!
No one wants a meal that only offers the least
When girls, we're serving up the whole damn feast
Slice me off a piece of that hog head cheese!
Take a look inside my book of recipes
Now don't you sniff around for something fluffy and light
We need a woman who brings a woman-sized appetite!
I use a pinch of sugar and a dash of spice!
I'll let you lick the spoon because it tastes so nice! (wink)
We'll keep in the oven till it's good and hot
Keep on stirring till you hit the spot!
Obviamente al día siguiente Fox News estaba bramando sobre que Thor estaba usando sexo para vender la causa Asgardiana, tras acusarlo 24 horas antes de ser " frío, inalcanzable y tan ALIEN". Al menos, esta vez Thor había podido reírse y brindar con Clint y Tony al respecto. Thor era un príncipe, lo que también significaba, en Asgard, un showman. Sabía hablar en público: sabía capturar la atención de la gente, despertar su simpatía, hablarles a su mismo nivel, ganar su fidelidad. Había sido entrenado para ser un rey, y aún en este mundo extraño que había llegado a amar, aún descalzo en briefs y sweater viendo partidos de baseball con Steve, te hacía recordarlo.)
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