Buenas noches! Jeje antes de todo deseo agradecer a las personas que se detuvieron a leer este fic, en especial a aquellas que me dejaron saber sus opiniones n-n! Y también debo disculparme por el enorme retraso de este capitulo u.u, mis clases absorben un poco mucho de mi tiempo TTwTTUu, lo siento!
Agradezco además a Shion230 como siempre, por sus correcciones y su enorme paciencia a la hora de ayudarme a encontrar la forma de subir cada capitulo! Arigatou sempai!
Aprovecho además de advertir nuevamente que este fic tiene contenido Yaoi, siendo los protagonistas Kai y Rei (ya veremos quienes más se unen luego -w-*)
Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia pertenecen a Aoki Takao-sensei
Y sin mas retraso, ojalá disfruten de este capitulo! Nos estamos viendo!
2. Bryan
Tala fue el primero en darse cuenta que el bicolor no entendía el mensaje de sus miradas, pero era tal su orgullo que no tenía intención de preguntar, así que reiterando su posición como la persona más paciente y madura del departamento, el pelirrojo una vez más decidió ayudar a su amigo:
—Kai, ¿No te acuerdas de Kon Rei?
— … —Con los ojos cerrados Hiwatari negó con la cabeza.
Definitivamente el pelirrojo solo no podría. Sus ojos viajaron discretamente a su alto y macizo compañero pidiendo en silencio ayuda.
Sin embargo, Bryan se sentía tan perdido como Kai, aunque naturalmente por razones muy distintas. ¿En serio el bicolor se olvidó del individuo menos molesto de su antiguo equipo? Era en su opinión, uno de los miembros más fuertes del grupo (Y no era porque casi lo deja en coma la primera vez que pelearon).
—Hiwatari, hablamos de un beyluchador de tu equipo, venía de China, tenía pelo largo y ciertos rasgos felinos bastante curiosos. Debo confesar, el maldito me ponía nervioso...
— Porque te pateó el culo?
—Peor. Juro que en algún momento ese tipo me hizo sentir como un zoofílico… Ni siquiera gay… Zoofílico…— La última palabra la sujetó como si fuera esencial para entender su inusual problema.
—… Qué asco.
Un beyluchador de pelo largo y cara de gato.
Sonaba como una especie de fenómeno. Y si le pareció atractivo al ninfómano (si esque la ninfomanía era aplicable para los hombres) de Boris, el sujeto en cuestión debía ser todo un caso.
Mientras Bryan le hablaba a Kai de las llamativas facciones de su antiguo compañero, Yuriy pensaba como es que el bicolor no recordaba a una de las personas más importantes de su carrera en el Beyblade. Aunque de cierta forma, el mismo pelirrojo no recordaba muy bien a Kon, pero los vagos vestigios de su memoria lo dibujaban como un joven tranquilo y serio, que no subestimaba a sus oponentes y que sentía un profundo respeto por Hiwatari y su Dranzer.
—Oye Kai, ¿no tienes una foto de tu equipo o algo? –Quizás eso ayudaría a estimular la oxidada memoria de su amigo, pensó el dueño de Wolfborg.
—No. Mi abuelo quemó todo lo que tenía después del accidente.
—…— Eso no ayudaba mucho. Y que al bicolor pareciera importarle un huevo, tampoco.
Desgraciadamente ni su rostro, ni el tono de su voz reflejaban pesar o tristeza al decir que no quedaba rastro vivo de la etapa más feliz, o cercana a la felicidad de Kai. Tala no decía nada ya que no era su problema, pero en el fondo no le gustaba que el ojicarmín mostrara esa indiferencia. No después de todo por lo que pasó al lado de esos mocosos.
Y todo acabó hace cuatro años, mientras el heredero Hiwatari practicaba en el patio de su mansión nuevas técnicas con su beyblade Dranzer. Una exagerada y mal calculada maniobra bastó para mandar a volar el blade del ruso-japonés, provocando que chocara con el hombro dominante de Kai acabando automáticamente con su carrera profesional.
El impacto de un enorme fénix en el hombro de un minúsculo humano.
Hiwatari pudo haber realizado algún tratamiento que lo ayudara a volver a terreno, o quizás encontrar una forma distinta de usar el lanzador. Cualquier cosa, el viejo Kai lo hubiera hecho con tal de volver a pelear y burlarse de todos los individuos que se aprovecharon de su lesión (que, aunque era increíble, sí existían). Pero las beybatallas de esa generación podían convertirse fácilmente en una lucha cuerpo a cuerpo entre beyluchadores y bestias bit.
Y eso, le habría importado un huevo, pero ya con el trauma que cariñosamente le dejó grabado Brookling en el pasado, que además generó que cierto equipo de beyluchadores se sobre preocuparan por él, teniéndolos encima día y noche con tantas llamadas y vídeo conferencias que no lo ayudaban mucho.
En ese entonces, el Beyblade era un deporte muy violento y peligroso, sobre todo para los portadores de bestias—bit. Por eso, con el hombro hecho mierda, Kai no servía para nada. Solo sería una carga para sus compañeros, y para Suzaku.
No era una opción. Finalmente decidió retirarse con dignidad. Y por supuesto su abuelo supo muy bien cómo aprovechar semejante oportunidad.
Sus compañeros del antiguo equipo, los bladebrakers, intentaron animarlo a seguir y luchar, pero el bicolor con la decisión ya tomada, se esforzó (algo muy raro en él) en fingir cansancio y desinterés en el deporte que los unió, y manifestó que su retirada era absoluta.
Unos años más tarde, ese desinterés fue convirtiéndose en algo real. Y Kai se volvió más introvertido y solitario de lo que era antes con sus amigos.
Tala, uno de los pocos que tiene la paciencia y el valor para acercarse a la bestia de Hiwatari, fue testigo de todo ese proceso. Ese lento y decepcionante proceso. De hecho, él podía describirlo muy bien:
"Como una vela que se apaga porque se le acabó la cera, y no porque alguien la hubiera soplado."
Sencillamente la decepción terminó por consumir a su amigo.
Kai comenzó a estudiar medicina después de eso. Y a rehabilitarse para poder usar su hombro sin sufrir espasmos de dolor constantemente. Esa es la razón por la cual el muy bastardo puede mandar sillas a volar sin sentir culpa alguna.
—Oye amigo, ¿olvidaste a todos tus amiguitos o solo al neko-hombre?
Por supuesto que no.
—No seas imbécil Bryan.
—Y eso es un…?
—Me acuerdo del idiota de Tyson y del sonrisitas de Max. Y del enano con lentes que vivía enamorado de su computador. – En ocasiones ese mocoso lo perturbaba todo el día con su laptop.
¡¿Del enano con lentes…?! ¿De verdad se acuerda del enano de lentes y no de Kon?
Los dos rusos volvieron a mirarse. Ahora sus caras dibujaban una preocupación casi real, con muecas poco comunes en rostros tan entrenados como los suyos…. Una preocupación que medio segundo más tarde desapareció porque sencillamente ese tema no era asunto de ellos.
Unas tripitas comenzaron a sonar. Alguien tiene hambre.
—Lástima que te olvidaras de la única persona en la tierra que te podía ayudar a arreglar toda tu porquería. — Y con ese amigable comentario, Bryan se retiró a la cocina con esa sonrisa tan característica suya.
Kai lo maldijo en los cinco idiomas que su abuelo lo obligó a estudiar.
—A él no le vas a tirar una silla, ¿cierto? —Que rencoroso es este pelirrojo.
No era su culpa. Si olvidó a esa persona debió de ser por una razón. Tal vez su abuelo contrató a Valkov para lavarle el cerebro mientras se rehabilitaba, y solo logró borrar de su memoria a ese sujeto porque quizás no era tan relevante en su vida (incluso menos que Kyouju). Con todo lo que ha tenido que enfrentar, esa idea no sonaba en ningún caso alocada.
De hecho…
—A dónde vas?
—Afuera?
—Y tienes tiempo?
—El idiota de Ustinov me dio 3 meses Tala.
— Pensé que irías a buscar a buscar a Kon para pedirle ayuda.
—Tengo cara de saber cómo es un sujeto al que no recuerdo para nada? –Además, ahora que perdió su beca, el poco dinero que recibía mensualmente se esfumó rápido, pero dolorosamente.
— Además no tiene ni un peso…! – Brillante. Desde la cocina se puede escuchar como el idiota de Bryan aprendió a leer la mente de las personas. Un nuevo poder para joderse en él. Pero a diferencia del heredero (en esos momentos pobre), Tala pensaba más allá…
—… Tu abuelo sí tiene dinero. Suficiente para ir a China…
—Sí Tala. MI abuelo. Mi abuelo tiene dinero. – Bonito que se lo tengan que recordar.
Pero Tala lo miraba como si la beca se hubiera llevado parte de la inteligencia de Kai. "Como no te das cuenta?", decía su cara: —… Nosotros tenemos un Bryan, Kai.
—…
Una cabecita pelilavanda se asomó de repente: — ¿Alguien me llamó?
Kai giró su cabeza en dirección a esa voz, y de repente sí consideró en darle "el trato especial" al pelilvanda. No se notaba pero estaba muy, muy jodido.
Y así, los tres se fueron caminado hacía el sector acomodado de la blanca ciudad, donde las casas parecían palacios victorianos y las personas hablaban con un simpático y petulante acento.
Ojalá esta vez no los reciban con los doberman.
En una elegante y colosal mansión de titánicas proporciones, el rey del castillo quería cortarse la cabeza como si de la revolución francesa se tratase, siendo él en este caso, María Antonietta.
—… Es broma?
—Si pierdo mi beca y tengo que volver a este lugar, Tala y Bryan se vienen conmigo.
La desesperación. Oh, la maldita desesperación.
Y apenas termina de hablar, una mole albina y robusta atorada de abundante comida entre sus brazos (traída directamente de la enorme cocina), se acerca lentamente a su escritorio sujetando una oscura e irónica sonrisa, mientras sus ojos se agrandaban peligrosamente. —Hola abuelo!
Una transparente gota resbala y se camufla en la arrugada cara del sujeto.
Nuevamente Tala, quien acompañó voluntariamente a su amigo para cuidar que el más alto de los tres no se acomodara demasiado en la mansión (aunque se admitía a sí mismo que las discusiones de los Hiwatari eran muy entretenidas en sus momentos), se colocó en un rincón de la habitación tratando de conservar la calma y frialdad que durante años la abadía le ayudó a construir.
Hiwatari Voltaire, el abuelo de Kai, era un hombre frío y compuesto de larga cabellera gris. Desde que su hijo lo abandonó a él y a su nieto por ir a jugar con trompos mutantes, decidió que el pequeño heredero recibiría una educación y formación que lo alejaran de las típicas debilidades humanas que atraparon en algún momento, al ingenuo de su hijo.
Esa formación los terminó alejando a ellos también. Vagamente recuerda haber jugado con su nieto.
Quizás nunca lo hiso y su mente fabricó un recuerdo falso para consolar al desgastado magnate.
En ese momento, el líder del imperio ruso-japonés más importante de la región, trataba de sentir la frialdad que su rostro falsamente mostraba. Sus ojos inyectados de odio escondían el carmín de sus iris detrás de un negro intenso: —Tú me odias cierto?
—Con cada milímetro de mi seco y podrido corazón. — Decía sonriendo orgullosamente su nieto.
Y mientras la pelea subió de nivel, ahora atacando con las miradas, el par de jóvenes rusos que se tomaron la molestia de acompañar a Kai, miraban aburridos la escena familiar.
—Estos dos hacen que sienta alivio de no tener familia
Tala asintió, apoyando en cierta medida la opinión de su alto y ahora muy satisfecho amigo.
—Ya te dije que no tengo nada tuyo ni de ese malnacido juego de perdedores al que tú y el inepto de tu padre solían jugar. — Todo lo que alguna vez cayó en las manos del viejo, hoy estaba en una de las chimeneas de la mansión, aunque no recuerda realmente en cual.
—Pero sí sabes porque olvidé a uno de los ineptos de mi equipo?
—Si crees que traté de lavarte el cerebro otra vez, eres más torpe de lo que pensaba cinco minutos atrás.
…
Dos horas más tarde, un trío de apuestos jóvenes rusos esperaban abrigados la llegada de un avión privado con el emblema de la familia más excéntrica de Rusia.
—Al menos conseguimos el avión, deberías tener mejor cara.
El bicolor solo se limitó a mirarlos. Sus queridos amigos decidieron que estaban muy cansados luego de sus exámenes, y así anunciaron que acompañarían a su querido amigo bicolor a cumplir su misión para brindarle todo su apoyo en lo que necesitase. Las maletas repletas de ropa y revistas porno, eran solo acompañamiento que Bryan dijo, serían muy útiles para despejar la mente en algún momento.
La cámara fotográfica de Tala era para tomar registros gráficos. Nada más.
El ojicarmín cada segundo se sentía más y más molesto.
— No los necesito. Voy solo
—Nosotros sí recordamos al chino.
—Existe internet
—Hay millones de Reis en el mundo.
No lo dirá en voz alta… Pero es verdad.
De pronto le surgió una duda, el hombre en cuestión, ¿tenía un equipo? Porque Max era un bladebreaker pero al mismo tiempo era miembro de los All-Stars. El mismo cambiaba de equipo según su estado de ánimo: —El nekojin tenía un equipo propio?
—Sí tenía. Se hacían llamar los White Tigers. Y si lo pienso, todos parecían felinos… de alguna forma…
—… Uno de ellos parecía un monito de mierda. —
—Te… acuerdas de alguno? — Pregunta Tala.
—…hmpf— ¡No se acordaba de ninguno de esos fenómenos! ¿Cómo es posible que olvidara a todo un equipo de beyluchadores? ¿Por qué olvidaría a un equipo completo de beyluchadores?
Tala leyó de inmediato el débil gesto que nació en el rostro de Kai. Cansado, pasó su mano sobre su cara para despejarse un poco: —Tu cara me asusta porque no dice nada y aun así siento que no te acuerdas de ninguno.
Cuánta razón tenía el pelirrojo…
—Llegó nuestro avión niñas!
Y así Boris se tomó la molestia de ser el primero en subir al gigante transporte.
Cuando el avión despegó, el sol se estaba escondiendo para alumbrar un nuevo cielo… Y los tres jóvenes más fríos de la madre rusa, iniciaron su aventura para evitar que cierto bicolor se ahorque en la plaza de Moscú después de maldecir a cada ser viviente e inerte de la tierra.
Y mientras la travesía de unos empezaba, otros seguían con la cómoda rutina que la monotonía les regalaba.
En los vestidores de un sencillo pero colorido restaurante chino, un joven de morena piel, escondía sus delgadas hebras negras en un lazo blanco, formando así una correa que se extendía desde su cabeza hasta sus tobillos.
Había terminado su horario de trabajo, así que el ojiambar salió del local para esperar el último bus que lo dejaría cerca de un sendero que conecta la selva china con su escondido pueblo.
No tuvo que caminar mucho para encontrarse con ella. Tampoco se sorprendió demasiado al verla.
Una pelirrosada de atractiva figura lo esperaba apoyada en una pared detrás del paradero cerca del local donde trabajaba.
Ambos se saludaron con la mirada y fueron a esperar el bus juntos.
Rei no decía nada. Mao tampoco. Pero el silencio no le gustaba a la joven, así que decidió romper un poco el hielo…
—Escuché que te quieren promover a chef, ¡Felicidades!
El joven le respondió con una sonrisilla algo cohibida. –No es seguro todavía. No soy el único mesero aspirante. El jefe dice que cuando el chef jubile, nos pondrá a prueba a los interesados.
—No me preocupo por tí en eso. Eres el mejor cocinero del pueblo.
—La opinión general se inclina a favor de la comida que hace la abuela Tao, pero ¡gracias por tu voto!
La joven iba a responder pero el transporte llegó justo a tiempo.
Cuando subieron, la conversación murió. Ella deseaba seguir, pero el pelinegro estaba perdido en el paisaje que ofrecía la ventana, perdido de todo y todos.
Cuando eran niños, los dos estaban siempre juntos. Jugaban y practicaban con sus blades todo el día y la noche. Hablaban de las cosas más triviales, pero nunca se habían quedado sin nada que decir. Hasta ahora.
Iban a casarse. Debían estar juntos, pero cada día se veían a sí mismos más distanciados.
Rei dejaba el pueblo bien temprano en la mañana y volvía muy entrada la noche. La joven pelirrosa ya no recordaba un momento de sincera diversión con su amigo de la infancia y futuro marido. Ni siquiera cuando los viejos anunciaron el compromiso de ambos, el ojiambar nunca intentó acercarse a ella. Nunca intentó besarla tampoco.
Tal vez todavía la veía como a su amiga de la infancia. Pero ella sabía que en el fondo, esa repentina frialdad nació en el pelinegro luego de que el beyblade cayera de su apogeo.
Y Rei nunca iba a perdonarse por haberlo permitido.
El trabajo era una distracción. La cantidad de horas que le consume el viaje y sus jornadas solo mantienen a la bestia dormida. Pero ésta se está aburriendo de dormir. Y ella solo había estado observando a la distancia, paciente y quieta.
Debería moverse un poco más entonces. Darle a entender que estaban juntos. Ellos dos. Que el beyblade fue una etapa muy hermosa en la vida de ambos, pero que no era todo.
Ellos tenían un futuro que construir y gozar.
"El Beyblade murió Rei. Y todos se fueron con él"
Con ese pensamiento, la nekojin apoyó su cabeza en el hombro del moreno. Éste sin embargo, no pareció darse cuenta.
Continuará.
Si llegaron hasta acá muchas gracias y ojalá lo hayan disfrutado n-n!
No duden en dejarme un comentario para conocer sus opiniones, criticas constructivas, recomendaciones o algún saludito hermoso!
Le voy a poner más empeño para no atrasarme más TTwTT, hasta entonces nos estamos viendo!
Un abrazotote y un saludotote!
Kano-kun
