Un chico delgado, de cabellera rubia y ropas mal puestas corría con prisa atreves del espeso bosque.
Encontrar a los renegados, ese había sido la orden de su padre.
Apretó la carta que tenía en sus manos.
Su padre al fin le había dirigido la palabra, por fin había notado su existencia. Estaba feliz y atemorizado, ir con los renegados no era precisamente algo fácil o seguro, lo contrario estaba en peligro, podían matarlo, podrían torturarlo.
-Me matarán, si de seguro me están siguiendo y me quieren matar, eso hacen; ellos deben estar ya aquí -volteó tembloroso y alterado a todos lados.
-¡Váyanse! Yo no quiero molestar, no quiero que me maten -gritaba histérico y con miedo.
-Basta, basta, basta, basta -se decía a si mismo -recuerda lo que dijo, recuerda lo que dijo -se agachó y abrazo sus piernas, cerrando fuertemente sus ojos.
"Sólo lleva la carta Tweek...sólo hazlo, si lo logras, te dejaré volver a ver a tu madre"
-Mamá, por ti lo hare, enserio, enserio lo hare... aaah!... es mucha presión, mucha, mucha -las lágrimas rodaban por sus mejillas; su corazón latía fuertemente, su cabeza daba vueltas, su respiración se aceleraba.
-Sólo necesito, tranquilizarme, ellos no me harán nada, no pueden, yo, yo... yo puedo, yo llegaré -se levantó y vio frente a él el camino, y volvió a correr.
"Nada me detendrá, nada me detendrá" se repetía una y otra vez esa frase para si mismo.
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El aire que respiraba era realmente caliente, sentía su piel arder, no era precisamente fan de ese clima, pero no tenía de otra, órdenes eran órdenes, lo que más le molestaba era el hecho de que lo hacían esperar. Ya tenía un día de retraso, y sólo porque el Capitán Marsh puso la excusa de arreglar antes algo.
-Esto es una real mierda, ya entiendo porque Cartman lo odia -dijo con burla para sí mismo.
Se encontraba sentado en la habitación que se le fue prestada para pasar la noche. Esperaba con impaciencia al capitán; hasta había planeado mandar todo al diablo y regresar con la excusa de que Marsh no había aceptado.
-Señor McCormick, permiso -dijo una joven al entrar a la habitación, el rubio sonrió.
-Tranquila cariño, dime... ¿qué trae una hermosa dama como tú a mi habitación? -dijo de manera coqueta, sonrió con burla al notar el potente sonrojo en la joven.
-Amm... disculpe, pero el Capitán Marsh solicita su presencia -hablo algo tímida.
El rubio agradeció y salió rápidamente, tenía las ganas que le dijeran que por fin se iría de ese infierno.
Camino por los pasillos de la mansión, hasta llegar a la sala donde se encontraba el Capitán.
-Capitán -mencionó como saludo
-McCormick, perdona la demora, ya he reunido a mis hombres y podemos retirarnos -dijo aquel hombre parado con su impecable traje.
Ese hombre era Stan March, hombre alto de pelo negro y ojos azules, un capitán de alto rango, hijo de un famoso comerciante. Su apellido era bien conocido, su familia tenía dinero, fama y prestigio.
-Claro capitán, yo estaré preparado esperando sus ordenes -
-No hay nada que esperar, partiremos ahora mismo-
El rubio asintió y salió junto al capitán.
Se alistaron, y empezaron a cabalgar rumbo al imperio.
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Mientras tanto, el Capitán Cartman y sus hombres recogían provisiones para ir rumbo a las tierras gélidas.
Había decidido esperar un poco en ese pueblo, para descansar, necesitaba a sus hombres totalmente atentos.
Necesitaba actuar con rapidez y cautela.
-Bien, descansen lo posible, saldremos esta noche -hablo firmemente.
-Si capitán, lo que ordene -dijeron todos.
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-Señor...-dijo una joven con el rostro cubierto. -...encontramos a un intruso en las cercanías del bosque-
-¿Intruso? ¿Quién es tan imbécil para andar merodeando por nuestros terrenos? - hablo un chico de rostro y voz fría.
-Dijo que trae una carta para usted, de parte de la corte en el imperio-
-Tráelo Lexus- Contestó con frialdad, la chica de cabello naranja camino hacia la salida en busca del chico.
El chico que permanecía en su asiento. Serio. Sin ninguna expresión en el rostro. Era conocido como el rey de los renegados; un grupo de personas, hombres y mujeres, que rechazaban y negaban el control del imperio.
No aceptaban las leyes, no seguían órdenes, no tenían compasión ni misericordia. Ellos solo les importaba su bien, no les importaba robar, engañar, destruir y matar a sangre fría.
Él, el más temido y despiadado ser, quien se proclamaba ser el mismo dios del infierno, quien era temido hasta por los mismo dioses; o es lo que el mismo decía.
Trent Boyett, chico rubio, de mirada fría y penetrante.
-Señor, aquí esta –la misma chica había regresado junto a un rubio que temblaba.
Boyett miro con superioridad al rubio, por un momento su rostro expresaba curiosidad por ver al chico temblar y mirar a todos lados.
-¿Qué haces aquí basura? –hablo con firmeza
-¡Aah!...yo...yo me mandaron, yo no quiero estar aquí, pero debo, debo entregar esto –dijo asustado mientras estiraba el brazo, Boyett vio la carta que sostenía, y la tomo; empezó a leer cada párrafo y una sonrisa se ampliaba cada vez más.
La chica, quien permanecía en silencio, solo veía a su señor.
-Bien, Lexus... debemos ir al imperio, ve a prepararte, saldremos esta noche– ordeno, la chica asintió, y antes de retirarse vio al pobre chico tembloroso que seguía ahí parado.
-¿Qué hago con el señor? -
Boyett miro al rubio y sonrió.
-Déjalo ir, no creo que valga la pena ensuciarme las manos por alguien tan patético – cruzo los brazos y cerró los ojos, mientras la chica se retiraba junto al rubio.
-Con que nuestro amado rey ha muerto... - rio con burla.
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Habían pasado 3 días desde la partida de Kenneth y el ejército de Marsh, habían decidido descansar esa noche. Después de todo eran humanos y necesitaban descanso.
-McCormick, no me creas un desconfiado, pero me has dicho que el capitán Cartman te ha enviado a buscarme, por orden del rey... sin embargo quiero saber las verdaderas ordenes-
El rubio levanto el rostro con duda, ¿verdaderas ordenes? ¿de que hablaba?
-Me ha llegado una carta antes de partir, y no había tenido tiempo de leerla hasta ahora – saco de su bolsillo el pedazo de papel –y dice que el rey ha muerto, sin embargo, no dice nada acerca de cancelar mi ida o algo por el estilo. Si el rey pidió por mí, ¿la corte no debió cancelar mi visita para poner en prioridad el control del imperio? – pregunto serio, el rubio se dedicó a verlo solamente.
No sabía que decir, ni el mismo sabía que el rey había muerto, y Cartman no le había dicho nada más que ir por Marsh y sus hombres. Miro incrédulo al pelinegro quien fruncía el ceño por la falta de respuesta.
-La verdad capitán, no sé qué pasa, Cartman solamente me dijo que viniera a informarle que se requería su presencia –dijo sin más, era la verdad.
El pelinegro seguía con el ceño fruncido, mirando al rubio no muy convencido.
-Capitán Marsh, otro hombre del Capitán Cartman ha llegado –anuncio uno de los hombres.
El pelinegro y el rubio dirigieron la mirada al chico; y fueron a ver quién era.
Un chico de piel oscura y cabello negro, montado aun en su caballo.
-Token –sonrió Kenneth para luego acercarse a él.
-Kenneth, Capitán Marsh – saludo –El capitán Cartman me ha enviado, pide que no es necesario dirigirse al imperio, los espera en las tierras gélidas y de ante mano disculpas por repentinos cambios- anuncio con voz firme.
Tanto Kenneth como Marsh, iban a mencionar algo, pero les llamo la atención un pequeño rubio que temblaba detrás del moreno.
-¿Token?... –miro a su amigo con duda; al igual que el pelinegro.
El moreno rápidamente entendió esa mirada, y volteo al tembloroso chico.
-Mis disculpes, Capitán, lo eh encontrado no muy lejos de aquí, asustado. Al parecer se perdió, y si no fuera por mí estaría muerto –comento sin más para luego bajar junto al pequeño rubio.
-Está bien, entonces se cambió el rumbo, tardaremos un par de días más en llegar así que atención a todos los quiero mañana por la mañana preparados –ordeno el pelinegro, todos asintieron.
Todos los hombres descansaban, el capitán Marsh dormía plácidamente.
Aunque tres hombres se encontraban despiertos, un poco alejados para no ser escuchados.
-¿Qué paso Token? – preguntó el rubio de ojos celestes
-Descansábamos, cuando de repente llego Cartman diciendo que nos teníamos que ir por un pedido especial del rey antes de morir –comento mirando a la nada
-Ya veo... ya él tendrá sus razones... -guio su mirada al pequeño rubio quien los miraba con miedo. -¿y el es...?-
-Ah, su nombre es Tweek- miro al chico
-Es inusual de ti ayudar a alguien durante una orden-
-En realidad, lo traje conmigo por otro asunto...-
-Anda, escúpelo – contesto altanero al moreno.
-Cuando lo encontré, me dijo que tenía miedo de que lo siguieran, que ya había hecho bien su trabajo pero que aun así lo seguirían para matarlo; la verdad no había entendido bien, hasta que me dijo que los renegados eran los que lo matarían -
El de ojos celeste miro incrédulo
-¿Los renegados?, ¿Qué relación tendría este chico con esos? -
-La verdad no le tome interés hasta que le pregunte su nombre y me menciono su apellido-
-¿Y eso que?-
-Su apellido es Tweak –vio al rubio mirándolo con la ceja levantada – estúpido, es hijo de Richard Tweak, es parte de la corte real. -
-¿Y...? -
-Serás imbécil, es hijo de uno de los más grandes personajes en el reino. Pero eso no fue lo que me impulso a traerlo conmigo; menciono un par de cosas que tal vez a Cartman le interesen. -
-¿Enserio? ¿Qué cosas? –menciono sereno
-No se tal vez que su padre lo mando para entregar una carta importante, o que escucho que los renegados irían al imperio -
El rubio miro al moreno con sorpresa.
-Oye, eso realmente le interesara a Cartman – menciono.
-Lo sé, ya quiero hablar con él y saber que mierda pasa -
El rubio solo asintió, y ambos se dedicaron a ver al pobre chico que solo se dedicó a oírlos, dormía plácidamente, no paso mucho tiempo para que ambos lo imitaran.
