El pelirrojo despertó, sentía una pesadez en sus hombros, vio a su caballo a un lado acostado. Bueno mínimo alguien había dormido bien.

Se levantó, no había tiempo que perder, se dijo a si mismo.

Tenía que ir de inmediato a conseguir las medicinas y volver con Craig.

Se armó paso entre los pueblerinos, las calles estaban frías y llenas de gente.

Su estómago gruño. Dios, le dolía bastante.

Entró en el pequeño consultorio y sonrió al hombre que se encontraba ahí.

-Disculpe, vengo de un pequeño campo más allá de las frías montañas... -empezó a hablar, el hombre quien al parecer atendía, mostraba rostro desinteresado. -...amm, necesito medicina para mi amigo, tiene fiebre-

-Bien...-gruño el hombre, quien volteó a una estantería y sacó un par de frascos -Dale esto, se repondrá -

Kyle estiró la mano para tomar ambos frascos, pero la mano del vendedor lo detuvo.

-Son 12 monedas de oro mocoso- gruño molesto, Kyle lo miro con sus ojos jade.

-Perdone usted, no pude sacar dinero antes de venir...- se excusó

El hombre frunció el ceño

-¿Me ves cara de beneficencia? Lárgate de aquí imbécil, sin mi dinero no hay medicina-

El pelirrojo lo miro, bien, a utilizar el segundo plan.

-Perdone usted mi atrevimiento -se disculpó y dio media vuelta; volteó un poco el rostro; cuando vio al hombre distraerse tomo los frascos y corrió fuera del lugar.

El hombre salió tras él.

-Detengan a ese maldito, me ha robado- Gritaba enfurecido.

El pelirrojo corría y corría, miro atrás y veía a lo lejos a ese hombre. Casi lo lograba, ya casi estaba lejos, ya casi sólo un poco más...

Y de repente paro en seco...abrió grandes sus ojos jade, y tragó grueso.

Si no se detenía, él hubiera...

Frente a él había una espada, a centímetros de su rostro. Subió la vista y vio a un hombre alto, de cabello y ojos castaños. Serio. Con mirada penetrante.

-Sabía decisión en detenerte- dijo con una gruesa y seca voz; logrando que al pelirrojo le recorriera un escalofrío en toda la columna.

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Las Armadas de Marsh y Testaburger habían salido por la noche; el decidió esperar un día más en el pueblo gélido antes de partir y empezar la búsqueda del heredero.

Había decidido caminar un poco por ese congelado pueblo; era placentero para él ese clima. Lo notaba realmente agradable.

Su caminata se vio interrumpida tras ver a un chico salir corriendo, a su dirección, de una tienda y un hombre tras el gritando.

-Detengan a es maldito, me ha robado- Gritaba enfurecido.

Bufo. Después de todo tenía que detenerlo ¿no?. Era su trabajo.

Desvaino la espada frente a él, y la estiró. Más le valía al mocoso detenerse o terminaría con la espada atravesada.

Y dicho y hecho, el pelirrojo se detuvo a centímetros de la espada, con cara de sorpresa levantó la vista hacía él, ojos jade y cabello rojo. Peculiar, pensó para si.

-Sabía decisión en detenerte -

El pelirrojo sólo se dedico en mirarlo. Con temor. Sonrió, era placentero que le tuvieran miedo.

El hombre que lo perseguía llegó y agarró al chico por el cuello de su abrigo. Dispuesto a golpearlo.

-Mocoso imbécil como te atreves a robarme -

-Yo...yo lo siento señor - trato de disculparse, cerrando los ojos y esperando el golpe.

-Le pido guarde la compostura -hablo el castaño guardando su espada.

El hombre miro al castaño con enojo, pero su semblante cambio al ver el traje.

-Ah, mis disculpes. Sólo que este mocoso me ha robado -bramó mirando al pelirrojo.

-Tú, devuelve lo que has robado -Contestó sin rodeos.

-No puedo. Por favor la necesito. En verdad - rogó el chico.

-Mira niño ya te dije, no soy beneficencia. ¡Perderé plata! -

-Cuanto... - el castaño miro al hombre.

-30 monedas -

El pelirrojo alzo la vista y frunció el ceño.

-¿30? Hace un rato me has dicho que eran 12 -

-Si niño, pero como te la has robado ahora son 30 -gruño altanero.

-Pero que dices idiota -ya estaba enojado, ese maldito si que no tenía consideración.

-Ya basta. Toma. -hablo el castaño sacando una pequeña bolsa con monedas. Y entregándosela al hombre quien sonrió triunfante y se retiró.

-No debió haberle dado los 30... - comentó con desgano.

-Y tu no debiste a ver robado -dijo observando al chico. -Bien, tengo asuntos importantes que tratar. Deja de ser una rata inútil aquí y lárgate antes de que te quite lo que has robado -intimidó, para luego desaparecer en el camino.

El pelirrojo sólo lo observo irse. Bueno, mínimo ya tenía la medicina. Vio los frascos y lo guardo en su bolsillo.

-Vaya pueblo -camino al callejón donde había dejado su caballo, lo tomó y salió de la ciudad montado en el. Ya quería llegar, no comer realmente le dolía.

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Cartman se acercó al campamento de sus hombres. Todos al verlo se levantaron a oír órdenes.

-Saldremos dentro de dos horas, guarden todo y prepárense -ordenó, camino frente a su rubio amigo y el chico moreno.

-¿Qué piensan hacer con él? -pregunto refiriéndose al pequeño tembloroso.

-Si me lo permite señor, lo llevare conmigo hasta cuando volvamos al imperio.-Contesto el moreno

-Bien, tu serás cargo de su seguridad Black -Sin más se dirigió a su tienda, para empezar a guardar y dar marcha al próximo pueblo; donde deseaba al fin encontrar al joven.

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-Vaya mierda... -se quejaba el pelirrojo, un día completo sin comer, estaba cansado y realmente se empezaba a sentir mal.

-Debo aguantar para poder llegar - sólo faltaba un par de horas, pero sentía como su cabeza daba vueltas, sentía ganas de vomitar. Y tiritiaba de frío.

Como no, no descanso bien, no había comido; ni siquiera habia pensado bien que las tierras gélidas no bastaban en traer solo un pequeño abrigo. Ya estaba anocheciendo, y el viento soplaba más y más.

En un punto de su viaje, no supo en que momento había caído del caballo, ni en que punto había cerrado los ojos, volviéndose todo negro.

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-Capitán -hablo un hombre.

El castaño volteó a ver por donde señalaba el hombre.

Con la fuerte que soplaba el viento era difícil divisar lo que señalaba.

Se acercó más y para su sorpresa; era el mismo pelirrojo que había salvado hace apenas unas horas atrás.

Bajo de su caballo y lo cargó.

-Tomen al caballo y acarreenlo junto a los otros -subió a su caballo y puso al chico pelirrojo recostado en su pecho. Estaba helado e inconsciente.

-No falta mucho para llegar -

Todos los hombres asintieron y siguieron su camino.

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Calientito, cómodo, sonrió aun con los ojos cerrados. Estaba realmente cómodo y caliente; sin negar que olía bastante bien, frutos. Si, a eso olía.

Se removió para acercarse más y poder oler mejor esa esencia.

Y de repente... llegó a su mente, ¿había dormido? ¿Qué había pasado? ¿Porque se sentía movimiento? Abrió lentamente los ojos, y se topó con una mirada café que lo veía con curiosidad.

Tardó unos segundos en darse cuenta de quien era. Dio un brinco de sorpresa y se movió asustado, causando que el hombre que lo veía perdiera el control del caballo y ambos terminando en el suelo.

Kenneth que venía a un lado sonrió con burla y abrió la boca para decir algo; pero tan rápido sonrió, cerró la boca al ver al castaño verlo con una mirada fría.

-Abre la puta boca McCormick y hago que te arrepientas - se levantó del suelo y se sacudió. Miró al chico pelirrojo, quien lo veía con pena.

-Levantate mocoso -ordenó, y el pelirrojo lo hizo de manera inmediata. Vio al castaño subir nuevamente a su caballo y estirar la mano hacia él. La tomó y de un fuerte jalón lo subió y acomodo, tal y como venía hace un momento. Se sonrojo, como no hacerlo.

-Ya estamos apuntó de llegar -mencionó uno de los hombres que montaba junto al castaño.

El pelirrojo llevó su vista al frente, y sus ojos se iluminaron. Era su pueblo, estaban a unos cuantos metros de el.

El castaño tan sólo dio una pequeña mirada al pequeño chico. Torpe, pensó. Realmente ese chiquillo era un torpe.