Nueve meses


Albert Wesker & Claire Redfield


Capítulo II: El hijo de un tirano

´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-

There she goes in front of me

Take my life and set me free again

We'll make a memory out of it

Holy road is at my back

Don't look on, take me back again

We'll make a memory out of it


Not today — Imagine Dragons


Descargo de responsabilidad: Ninguno de los personajes de Resident Evil me pertenece. Todos son propiedad de Capcom. Diviértanse con la infinidad de posibilidades de la imaginación.

Nota de la autora: El propósito de esta historia es provocar pequeñas sonrisas y ser el entretenimiento de esta autora que varias veces ha esperado enloquecer mientras escribe Cuerpo cautivo. Disfrútenla.

Dedicatoria: Especialmente en honor a Addie Redfield. La mafia y yo te apoyamos, queremos y admiramos, y esperamos a nuestro sobrino con muchísima alegría.

A mis betas Polatrixu y Frozenheart7. Niñas, son las mejores. Sin ustedes, probablemente sería un desastre. Un desastre, he dicho.

Vale, vale, es 7 de agosto. Me retrasé un día, no se molesten conmigo. Los quiero.

Bien, en cuanto a Cuerpo cautivo… me hacen falta dos escenas. La verdad espero que ustedes consideren que la espera está valiendo la pena. Por favor, no me abandonen. Debo confesarles que escribir una historia como esa no es sencillo. Sepan que hago mi mejor esfuerzo. Me considero una perfeccionista en ese sentido y quiero terminar esa historia como tal, cuidando el más pequeño detalle.

Por otra parte, este capítulo es corto porque actualizaré pronto. Diviértanse con las aventuras de estos dos. Buenas noches y nos leeremos más rápido de lo que creen.


´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-

Pantera negra, elegancia de felino, brutalidad de monarca medieval. Muchos adjetivos y figuras retóricas para describirlo, pero ninguno tan atinado en ese momento como muerto por dentro. A la orilla del río Moldova, respiraba el aire que le atacaba el rostro y visualizaba el agua corriendo, sus burbujas y movimientos producto de las ventosas que anunciaban la lluvia y la luna antojadiza. Estaba solo. Caería una enorme precipitación, por eso el abandono total de los puentes rústicos de Praga. Prefería disfrutar en soledad la calma antes de la tormenta, con las luces rojizas del alumbrado público como única compañía.

El antiguo capitán reacomodó las gafas oscuras sobre su nariz. Las nubes negras imitaban su humor actual. Y pensar que llegó a la casa dispuesto a complacer a su mujer en cualquier actividad banal y entretenida que deseara; ver una película, jugar a las cartas, acurrucarla a su lado y comer palomitas, armar un rompecabezas, hacerle el amor…

Pasó la mano enguantada sobre su frente. Como pocas veces en su medio siglo de vida, se sintió exhausto. Albert Wesker no huía de las encrucijadas; sin embargo, tampoco perdonaría que sus instintos violentos sacaran lo peor de su cuerpo y maltrataran a Claire. En algún momento de su relación habían caído en los manotazos y el remordimiento después de cada pelea casi acabó con su cordura.

Explicarle a Claire todo lo que había pensado después de recibir la noticia de que sería padre le habría tomado, al menos, hasta el amanecer. Era normal que ella se emocionara por convertirse en mamá, ¿qué mujer en sus cinco sentidos no lo haría?, pero… Redfield, despreocupada y cegada por su espíritu adolescente, no mantenía presente en su memoria la identidad de su pareja y su papel en aquel mundo caótico y en llamas. Era mujer; su impulso natural no era preocuparse por cómo proteger a su familia. Esa era misión de Wesker y, a pesar de sentirse más que apto para cumplirla, ciertas variables estaban fuera de su control en este caso en particular. Variables, riesgos que no estaba dispuesto a correr.

¿Cómo decirle a su esposa que perderla no era una opción válida para él? ¿Cómo admitir ante ella —y ante sí mismo— que no quería que nadie más le importara, porque de esa manera no incrementarían su debilidad ante los demás? ¿Con qué palabras explicarle el hecho de que ese embarazo podía hallarse al borde del precipicio a causa de las múltiples inyecciones que alteraron su código genético y evitaban, hoy en día, volviera a su condición de mortal?

A pesar de ser un caballero de discurso pretencioso y facilidad de palabra, la comunicación no era su fuerte, como tampoco era un tipo de miedos y titubeos, pero tratándose de Claire… ya no podía ocultarlo: su mujer era base de su actual actitud moderada. Wesker ostentaba el título de amo y señor del poder y la gloria de una farmacéutica de orden mundial, la cual estaba próxima aliarse económica y científicamente con otra que dominaba el oriente. De no estar presente la joven motociclista retirada para controlar sus impulsos, un país, un continente, la mitad del globo terráqueo ardería en llamas.

Si ella moría en el parto, su intento de corazón le diría que en nadie más cabía la culpa salvo en él; debió de prevenir la desgracia y arrebatarle a la pelirroja la ilusión de tener un hijo suyo, con tal de salvarle la vida. Quizá su mente le dictaría que no; las tragedias pasan y en general no existe fórmula para evitarlas. Y él, en medio, terminaría por convertirse en un monstruo que hasta el más valiente de los soldados temería; una máquina sádica y fría, indiferente, sedienta de venganza ante la arbitrariedad del universo que le habría arrancado el único tesoro en su infierno.

Era suya. Sus piernas largas y tersas; sus ojos de un verdeazul singular y sus pestañas de gitana; su cabello indomable, espirales cuyas sacudidas eran otras de sus muchas curvas hipnóticas, adictivas; sus pechos, hinchados en excitación, mojados por la regadera, campos de algodón donde sus labios eran bienvenidos. Le pertenecía entera y cada parte; sus berrinches, impulsos románticos, abrazos y personalidad melosa. El líder del comando de policía de Raccoon City se negaba rotundamente a verla resbalar entre sus dedos cual arena, después de los doce meses turbulentos durante los que aprendió a soportarla, necesitarla y, aunque no lo dijera en voz alta, a amarla. No pensaba sufrir, dañarse mentalmente y guardar luto por una Redfield, pues dicha ironía sonaba más a blasfemia.

La lluvia incrementó. ¿En qué momento había empezado? Las gotas eran de tamaño desproporcionado y caían en sinfonía musical, dándole al ambiente una tonalidad monocromo. Vio el puente y recordó la primera vez que recorrieron Praga, meses antes de mudarse a su residencia definitiva. Contempló a Claire Redfield en su memoria lanzando piedras al río para hacer patitos. Esa tarde logró cuatro seguidos y se hallaba tan contenta que se arrojó a sus brazos y, por primera vez, inició con valor prestado un beso francés.

El rubio exhaló largamente, sintiendo las gotas lavar la cólera y el resentimiento que le dejaron en el pecho las últimas palabras de Claire: "No puedo leerlo, pero conozco tu falta de respeto por la vida". Era cierto. No cualquier idiota merecía su respeto. Sin embargo, había ciertas vidas que poseían para él un valor único e irremplazable, por el que estaría dispuesto a pagar cualquier precio, sin la menor contemplación: la de ella, la propia y la de su futuro hijo. Sólo necesitaba una oportunidad para demostrarlo.

¿¡En qué diablos estaba pensando!? Contemplar los inconvenientes no significaba que tuviera que encogerse. La mente analítica jugaba en su contra, paralizándolo. Te estás haciendo viejo, pensó con amargura. Temer era un comportamiento irracional que Albert Wesker no iba a permitirse. Cuidarla fue una de sus promesas durante su boda íntima, y era exactamente lo que haría, sin importar el accidente, organismo, enfermedad, o simple mortal que tratara de dañarla. Si no lograba proteger a una joven de veintiocho años durante su embarazo, y frente a su nariz la tocaban con el pétalo de una rosa, entonces debería meterse, con plena obligación, un tiro en la sien. Cielo santo, era un poder fáctico, un científico prestigioso, genetista, virólogo, experto en armas y arte marcial; vigilaría de cerca al embrión, a la joven, y esperaría hasta las doce semanas para verificar que se trataba de un cigoto "normal". Tan normal como su madre, por supuesto, y eso era ya decir mucho. No sería sencillo, pero para él no existía el término imposible. En alguna ocasión, Claire le confesó saber que sus manos ocultaban la habilidad de cumplir milagros oscuros. Y él creía y confiaba en las palabras de su dearheart por razones que aún no terminaba de digerir.

Era incapaz de verse como un padre de familia por ahora, así como no había podido imaginarse como amante y esposo. Pero de eso se trataba la vida junto a Claire: un reto para el que no estaba preparado, fuera de su zona de confort; un rol para el cual contaba con las habilidades necesarias, y una constante sensibilización de todo lo que pensó enterrado luego de Raccoon City. Después de todo, nueve meses eran suficientes para pensar en pañales, pesadillas, leche, deberes de la escuela, juegos de pelota y lecciones de afeitar.

El general de sus propias fuerzas armadas sonrió de medio lado, elevando su mano hasta el cabello empapado que empezaba a escurrirse.

Tonta, pecosa, exigente pelirroja. Demandaba tanto y tan poco de su persona. La artista debió sentirse destrozada cuando lo que recibió de su esposo fue un brutal silencio. Molesto consigo mismo, pensó en que quizá no podía darle la felicidad simplista de un sujeto cualquiera, pero sí estaba a tiempo de corregir el error.

´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-

No era un experto en el tema. No estaba ni cerca de estar seguro de lo que hacía —¿el mundo se va a cabar? Albert Wesker no sabe qué hacer—. Ridículo era poco para describir su plan, pero fue lo mejor que pudo diseñar en su mente; sabía que en esa ocasión el perdón infantil de Claire no lo obtendría por la vía fácil. Mejor entrar a la plaza y acabar con aquello pronto. La lluvia había terminado por arruinar su peinado y sus ropas, pero la pose altanera y los aires de preponderancia con los que se desplazaban eran testigos fieles de su estatus económico.

Fue directo a los locales para maternidad e infantiles. Respiró hondo; sus pulmones jamás le parecieron tan inmensos. Moderar su temperamento era clave para tratar con los vendedores. Ya Claire se había encargado de reducir su paciencia con la discusión de esa tarde por lo que si algún comerciante quería pasarse de listo no dudaba que correría sangre. Entró al establecimiento que parecía más costoso. La marca era la palabra Mariposa en checo.

Lámparas de cristal labrado, suelos encerados, paredes crema cuya pintura parecía recién retocada. Era el palacio de fantasía que cualquier madre romántica podría desear para las compras esenciales de su retoño. Wesker estaba completamente asqueado de sólo pensar en la clase de mujeres adineradas que frecuentarían el lugar. Sintió un escalofrío. Definitivamente no dejaría a la pelirroja acercarse demasiado; podía ser contagioso.

Una mujer vestida de traje sastre negro se aproximó a él con rostro de fingida preocupación.

—Caballero, está empapado —mencionó la mujer escandalizada. —Iré por una toalla.

Albert observó el lugar sin responderle a la edecán. Era la primera vez que se paraba en un establecimiento del giro. La intriga era justificada, junto con su mareo provocado por el olor a flores y talco. Fijó su vista en los espacios bien distribuidos: una sección para muebles miniatura, carritos, taburetes, carreolas y cunas; zona de juguetes con muñecas, osos de peluche, pequeñas casas, guitarras, violines y hasta pianos; área de ropa de maternidad con overoles, vestidos casuales y de noche; sillas de plástico muy altas, colguijes de pared, marcos de fotografía, móviles musicales, lámparas de noche; tecnología de crianza, radios, cámaras de vigilancia; mamilas, baberos, platos de plástico fantasía: la materia prima de la cotidianidad del ser padre. El mayor de ojos bermellón volvió a recurrir a las aspiraciones profundas. ¿¡Qué diablos hacía allí!? La mitad de las cosas en venta le parecían demasiado horribles como para siquiera tocarlas con sus colores pastel, olores suaves y brillo artificial. ¿¡Cómo esperaba tener un hijo, un heredero de su sangre, si no soportaba la idea de ver esos artefactos dentro de su casa? Y peor aún, sintiéndose limitado para darle un espacio dentro de su forma de vida…

Entonces, como en una alucinación, observó a Claire Redfield andar enfrente de una de las cunas en exhibición. Cargaba un pequeño bulto rosado; las cobijas eran algodón. Su esposa observaba a la criatura, acariciándolo de cuando en cuando y brincoteando como venado alegre. Parecía cantar. La veía radiante; los cabellos pelirrojos como olas de miel sobre la tierra menuda de su espalda; el cuerpo irresistible, aunque distinto a como lo recordaba; pasos de bailarina y canto de sirena; divina fémina con capa de reina. Volvió a ser consciente del porqué se encontraba allí, dispuesto a regalarle a Claire con un objeto lo que no era capaz de decirle con palabras.

Enseguida regresó la mujer con un par de toallas. Él tomó una con un leve movimiento de cabeza, en reconocimiento al gesto, y comenzó a andar hacia el centro de la tienda.

—Y dígame, caballero, ¿en qué puedo ayudarle? —cuestionó la mujer en checo.

—Quisiera comprar un regalo para una futura madre —respondió Wesker en la misma lengua.

— ¿Es usted el padre?

— ¿Insinúa que mi esposa me es infiel? —. A Albert Wesker a veces simplemente le encantaba joder a la gente por su pobre uso de mente y del lenguaje.

La mujer, rubia y algo desabrida, enrojeció. —No, señor, por supuesto que no, pero la información nos ayudaría a elegir algo apropiado para…

—Olvídelo. Por supuesto que soy el padre.

—Y… ¿tiene alguna propuesta? ¿Qué le gustaría obsequiar?

—Esperaba recibir consejo. Soy…

— ¿Novato? —completó la odiosa asistente de Mariposas.

—No usaría esa palabra, pero sí, en teoría.

— ¿Sabe si será niño o niña?

—El embrión debe tener el tamaño de una mora. Sigue siendo complicado verle el aparato reproductor.

La vendedora estaba por perder el color o desmayarse. El rubio supuso que no estaba acostumbrada al trato hosco. Aunque no pensaba que las personas quienes frecuentaban esa plaza fueran especialmente delicadas y amables.

—De a-acuerdo. No hay problema. Tal vez quisiera ver… ropa para la madre, un par de móviles para cuarto. O… ¿por qué no una cuna?

Imaginaba que la cuna y la carreola eran cosas que compraban las parejas en conjunto. Deseaba con todo su ser no tener que regresar a un sitio como ese, pero… era un pensamiento demasiado maravilloso y optimista. Luego, esperaba evitar el tema de la ropa de maternidad el mayor tiempo posible. En su temprana juventud, Claire había ostentado la cintura más estrecha, las piernas más torneadas y musculosas, las caderas más sedosas del mundo, y en su adultez la situación no cambió demasiado. Si bien la madurez le restó vitalidad a su seducción, ahora era orgullosa poseedora de una belleza veraniega que cualquier mujer de su edad envidiaría. Sin embargo, a raíz del embarazo, la muchacha iba a empezar a contemplar la ampliación de esa cintura y esas caderas; su estómago se dilataría inevitablemente, borrando las líneas de músculo y sus piernas tenderían a hincharse para las últimas semanas del embarazo. En consecuencia, no podría utilizar sus vaqueros ajustados ni sus vestidos de cola de sirena, lo que seguramente transformaría a su tranquila dearheart en la dearheart berrinchuda que tanto detestaba. Ya la estaba escuchando en su cabeza: "Albert Wesker, mira lo que me hiciste", "Albert Wesker, soy un mamífero inflamado", "Albert Wesker, ¡ya no me queda la ropa que usé en la secundaria!", "Albert Wesker, cómo te atreves a regalarme ropa para un elefante, ¿acaso esperas que me ponga así de enorme? Voy a llorar". Mejor esperar. Quizá ella lo tomaría por el lado amable. Después de todo, sólo serían nueve meses…270 días en promedio.

Mierda.

´¨)

¸.-´¸.- ´¨) ¸.- ¨)

(¸.-´ (¸.-` ´¨) .-´¯`-.-


Respuesta a los reviews:

GeishaPax: ¡Hola, cómo estás! Lo sé, yo también grité de la emoción terriblemente. Es lo más lindo y esperado por la mafia (estoy segura de que por las hermanas malvadas también). Muchas gracias por pasarte a leer, querida, espero sea de tu agrado. Entre el drama y la comedia, supongo.

Abrazos y besos para ti. Nos leemos muy pronto, espero, en Cuerpo cautivo.

Frozentheart7: ¡Querida! Espero que ya te sientas mejor. Muchas gracias a ti por estar siempre al pendiente de mi trabajo. Intento ser buena para nunca decepcionarte. Me gusta mucho la tragedia, la angustia y el hurt/confort, pero ciertamente la monotonía empieza a pesar cuando no te dedicas a escribir otra cosa (por eso espero poder dedicarle tiempos a ambos y mantener el equilibrio en la balanza). Más o menos habíamos platicado del egoísmo y de que Claire suele ser toda emoción mientras Wesker peca de ser todo razón. Claire siempre se va de la lengua, pero creo que eso forma parte del encanto de su personaje. Creo que una de mis partes predilectas es esa reflexión de Wesker respecto a la culpa que siente de dejarla sola en la mansión. Él sabe quiénes son sus enemigos, y que está colocándola en una situación muy precaria. Y aun con todo eso, no puede dejarla porque la necesita.

Por otra parte, querida, creo que tienes mucha razón. El sufrimiento que causará Cuerpo cautivo tendrá que verse balanceado con algo de romance y comedia. Tú has visto el capítulo, estoy cerca de terminar, pero… soy minuciosa, no quiero dejar cavo suelto.

Finalmente, quiero agradecer de todo corazón el apoyo que me has brindado. Eres increíble, en verdad. Sin ti no habría aprovechado las vacaciones para mantener a flote los proyectos en fanfiction, y eso es invaluable.

Bueno, me retiro, no sin antes mandarte un fuerte abrazo y decirte que seguiremos en contacto a través del chat. Te quiero, linda.

Nos leemos muy, muy pronto.

Elizabeth Abernathy: Lo de la cocina lo hice con plena conciencia. Una pequeña broma local con quienes me siguen de la otra historia. Una forma sutil de decir: "Aquí hablamos de lo mismo, pero diferente".

Es 7 de agosto, lo siento, ja, ja. Se me hizo un poco tarde. Mi hora favorita para escribir fanfics es, justamente, la madrugada. No sé… tiene algo mágico, je, je.

Hablaré de cómo llegaron al matrimonio un poco más adelante, pero puedo adelantarte que sí se trató de una boda muy íntima y personal, al filo de la cama... Y tienes mucha razón, los anillos son lo más significativo. No te apures, habrá un capítulo exclusivo para explicar su matrimonio un poco más adelante.

Ambos, Claire y Wesker, suelen ser unos cabezotas. Es parte de su interacción. Si no se portan necios y testarudos es como si no fueran ellos. Y tienes toda la razón, Wesker debió ser más condescendiente e hiperventilar menos. Pero bueno, su mente analítica suele traicionarle. Habría que agregar más emociones a la mezcla.

Habrá muchos dramas de embarazada a lo largo del fic, ja, ja. Nos vamos a divertir mucho, te lo prometo.

Morí cuando pusiste: "¿Sentiste algo feito en tu pecho?", ja, ja, me dio muchísima ternura.

Y claro que enviaron invitaciones, ja, ja. Chris llevará el ponche…

Muchas gracias por el mensaje, el apoyo, la espera. En verdad, me alegra mucho saber que disfrutas de mis historias, querida. Espero leer muy pronto tus comentarios acerca de esta entrega.

Un enorme abrazo y mis mejores deseos.

Nos leeremos antes de lo que piensas en Cuerpo cautivo. Saludos.

Mia-wesker: ¡Hola! ¿Qué tal? Rodar a Claire será uno de los pasatiempos favoritos de Wesker (¿?) Ja, ja, no te creas. Muchas gracias. Considero que la idea de relatar el embarazo es medianamente original, aunque se ha hecho con otras parejas o en otro fandoms. Muchas gracias por el halago, en verdad, eso me da ánimos para actualizar lo más pronto posible. Estaré esperando tus percepciones de este capítulo.

Juliana Kennedy: ¡Hola, cómo estás! Siempre es genial leer mensajes de nuevos lectores. Sí cambiará por el bebé, en la medida en que su personalidad lo permita, por supuesto. Agradezco tu comentario y la atención a la historia. Si tienes la posibilidad, puedes pasarte a otras de mis historias, la mayoría de ellas sobre la pareja Weskerfield. Saludos y que estés muy bien.

Cerceidany7: ¡Hola! ¿Cómo estás? Creo que nunca antes nos habíamos saludado. Por supuesto que continuaré Nueve meses, al igual que Cuerpo cautivo. Lamento si tardo más de lo esperado, pero lo hago vertiendo en ello todo el corazón. Agradezco la visita y deseo que ambas historias estés disfrutándolas al máximo. Un enorme saludo. Nos leemos.

Ariakas DV: ¡Querido! Un gusto saludarte por este y todos los medios. Me encanta tener las cosas equilibradas, aunque espero poder agregar más comedia a la mezcla (ya sabes, relajarme un poco de CC). Gracias por dejar tu mensaje, siempre es esperado y bienvenido. Nos leemos trabajando en Cuerpo cautivo (por cierto, gracias mil). ¡Muchos besos para tú!

Y esos son todos.

Los pensamientos de Wesker y su decisión ya tomada. Tan solo nos falta echarle un vistazo a la decisión y el paradero de Claire, pero eso será en la próxima entrega:

Recuerden que estoy abierta a cualquier tipo de crítica o comentario, así queo, por favor, háganlo llegar a través de un MP o un review. Si les gustó la historia, agréguenla a favoritos y si esperan estar al pendiente, denle follow.

Los quiero.

Muy sinceramente, AdrianaSnapeHouse.


Título preliminar de la siguiente entrega: Lo que ella piensa.


Fecha de la siguiente actualización: 27 de agosto del 2016.