OCTAVO CAPÍTULO

Sango estaba preocupada por su hermano, hacia días que lo veía. Sabía que ya era todo un hombre hecho y derecho pero aún así no podía evitar estar muy pendiente de él...después de haberlo recuperado por los pelos de la mano de Naraku ahora no iba a permitir que cualquier banalidad se lo arrebatara.

--Miroku!- llamó a su marido que jugaba con los niños en el patio trasero de la casa. Lo encontró en el momento en que uno de los 3 pequeños, Mayuko ,la mayor; se disponía a lanzar una estrella ninja a una diana preparada para tal eso.

La pequeña, de tan sólo 11 años, ya era toda una exterminadora de demonios, Sango estaba muy orgullosa de ella.

El monje dejó a los niños con su entreno y caminó hacia su esposa.

--hace días que no veo a Kohaku... estoy preocupada... esa idea... parece que está obsesionado con Rin.., esa muchacha que va con Sesshomaru.. sé que está tramando algo..- le explicó ella.

-- no debes preocuparte, Kohaku ya es mayorcito para saber lo que debe hacer.. tiene cabeza para pensar..no creo que haga ninguna locura.. después de lo de Sesshomaru creo que comprendió que debía desistir de su empeño.. si hasta ha estado totalmente centrado en expulsar a los youkais hienas!...- su sonrisa quería ser tranquilizadora pero Sango podía leer en el fondo de sus ojos.. él tampoco estaba tranquilo.

La mujer suspiró y abrazándose a sí misma miró al bosque donde quizás se encontrara su hermano.
Le daría unos días más, si no tenía noticias de él entonces iría a buscarle ella misma.
La expedición salió a mediodía, si Kohaku estaba en alguna parte debía ser en las lindes del bosque; estaba segura.

Sango y Miroku iban a la cabeza de un grupo de exterminadores, al no haber tenido noticias de su hermano en varios días la mujer ya no pudo esperar más. Las breves visitas que le había hecho a la aldea para buscar cosas necesarias o pedir la ayuda de algún mononoke la dejaban aún más angustiada que si no las hubiera hecho.

Pronto Sango supo que su intuición no la había fallado y dió gracias al cielo por haber llegado a tiempo de que su hermano cometiera una de las mayores estupideces de su vida.

Caía la noche cuando llegaron al claro donde estaba la cabaña de los exterminadores.Los gruñidos y ruidos que pronto se convirtieron en una conversación a gritos les alertaron.
La exterminadora se quedó unos instantes plantada como un árbol por la sorpresa al descubrir la escena.Por suerte su marido fue más rápìdo de reflejos. Cruzó el claro rápidamente, seguido de dos exterminadores más y apartó a Kohaku de un empujón de la muchacha que yacía en el suelo,con el kimono levantado hasta la cadera y que hasta ahora se había debatido inutilmente bajo él, sollozando y suplicando.

--qué..!- exclamó el joven exterminador mientras se ponía de pie, con la mente turbada, el pulso acelerado y el deseo aún en sus venas. Al ver a su hermana Sango en el claro todo aquello desapareció y se quedó callado, como si le hubieran dado un fuerte golpe en la cabeza.

No dijo nada cuando la mujer ayudó a incoporarse a una Rin aterrorizada, llorosa, magullada, temblorosa... y la consoló en un abrazo maternal.

--shhh..está bien..ya pasó...- la arrulló. Sango miró a Miroku significativamente y éste se acercó a Kohaku y con mano firme le arrastró fuera del claro hacia el bosque. Pronto se oyó un murmullo furioso en la espesura.

Por supuesto Rin no se dió cuenta de nada, sólo sentía dolor, ira y miedo. Kohaku la había atacado, sus pechos tenían marcas rojas por sus bruscas caricias, y sus blancas muñecas empezaban a adquirir un color amoratado.

Cuando sintió que Kohaku metía su sexo en ella había chillado con todas sus fuerzas, de dolor pero sobretodo de rabia.

A pesar de que el joven no había logrado acabar gracias la intervención de su hermana, Rin sabía que estaba herida y que si no le daban algo para reducir la hemorragia perdería al niño. Sango, evidentemente, también lo sabía, por eso en cuanto vió el estado de la joven y la sangre entre sus piernas reaccionó rápido. Había que ayudarla!

--Kawaki!-exclamó- rápido necesito que me encuentres unas hojas de sauce blanco para detener la hemorragia!- luego con voz que intentaba ocultar su miedo se dirigió a Rin- tumbate,no te muevas... el niño estará bien, no te preocupes...-

Al cabo de poco rato Rin estaba tomando una infusión de hojas de sauce blanco, se sentía un poco mejor, al menos el dolor intenso había desaparecido para dejar paso a un dolor más amortiguado pero más duradero. Y lo mejor era que la hemorragia estaba desapareciendo.

--estás mejor?- preguntó Sango. Una hoguera crepitaba cerca de ellas,los exterminadores estaban algo alejados..sabían que necesitaban intimidad. Rin asintió, aún estaba algo pálida.- el niño está bien?- de nuevo la respuesta fue afirmativa, el niño se movía dentro de ella con fuerza, como si también estuviera alterado por el curso de los acontecimientos.

--Kohaku..?.- musitó Rin sin mirarla a la cara..una pregunta sin acabar.

--tranquila, no te preocupes por él. No volverá a molestarte. Se ha ido ya.- Sango estaba aun aturdida por todo aquello. ¿cómo era posible que su hermano hubiera llegado a aquellos extremos? Sentía lástima por Rin, era tan joven! De momento debían llevarla a la aldea para cuidar de ella, en su estado no se podía mover mucho. Se veía claramente que a penas le quedaban uno o dos meses para dar a luz.

--Mañana por la mañana te llevaré a la aldea, allí te curarás y te ayudaré en lo que sea cuando llegue el momento- le explicó sango intentando consolarla. No sabía cómo había llegado Rin hasta allí pero estaba segura de que no había sido por voluntad propia.

-- pero mi señor Sesshomaru me espera! Debe estar preoupado.. él luchaba contra las hienas..quién sabe si...- no expresó su mayor miedo. No podía estar muerto, era imposible!

-- Rin, estará bien, Sesshomaru es uno de los youkais más poderosos que conozco..pero las hienas también son fuertes..debe centrarse totalmente en ello.. tú sólo dificultarías su avance en tu estado. Además ...ese cachorro..él seguro que desea que viva..- Sango había adivinado que el bebé era de su señor, la comprendía y quería ayudarla.

Rin entendió su intención y supo que tenía razón. Tenía que ser fuerte para dar a luz ese cachorro; su señor tenía que estar orgulloso de ella.


Sesshomaru se estaba volviendo loco de dolor y desesperación..pero sobretodo de furia.. podía sentir su presencia cerca, por fin había localizado el olor de Rin y le estaba diciendo a gritos que estaba en peligro. Su aroma estaba mezclado con un intenso miedo y la ira...y eso le preocupaba y enfadaba sobremanera.

Pero lo peor de todo era que no podía llegar a hasta ella, silenciosamente, mientras esquivaba un nuevo ataque del líder de las hienas, lanzó un ruego al aire: Aguanta!

Ese maldito youkai había escogido el peor momento para atacarle por sorpresa; tras llevar días buscando por el bosque rastros de Rin se encontró con un numeroso ejército de hienas, aunque sólo hubiera sido eso las habría aniliquilado con penas y pesares; pero se añadía además que allí estaba su cabecilla ...que no era enemigo al que subestimar.

La debilidad de los últimos días le hacía mella, estaba agotado, tenía numerosas heridas... en resumidas cuentas, no era su mejor momento para acabar con aquella molestia youkai. Para colmo el repugante monstruo no le dejaba ninguna salida, era un combate a muerte, uno de los dos acabaría allí sus días.

El tiempo apremiaba, sabía que no le quedaba mucho, todos sus sentidos le gritaban que estaba al límite de sus fuerzas, si no acababa con aquella tontería nunca llegaría junto a Rin.

La impotencia de conocer este sentimiento le hacía luchar de manera desesperada, muy impropia de él; por eso no lograba acabar con el youkai.

Si seguía así aún podría aguantar unos días antes de que llegaran refuerzos, pero quizás para su Rin sería demasiado tarde..

Apartando ese pensamiento odioso lanzó otro mordisco a las patas de la hiena, dispuesto a luchar hasta el final.


Rin se instaló en casa de Sango y Miroku, no había vuelto a ver a Kohaku desde aquel fatídico día, y tampoco deseaba hacerlo. Se estaba recobrando poco a poco de sus heridas y sentía cómo el cachorro crecía dentro suyo. El viento frío hacía caer las hojas, el tiempo era deprimente, como su ánimo.

Si todo iba bien en poco menos de un mes traería a su hijo al mundo...y si conservaba la esperanza, Sesshomaru estaría con ella para verlo.

Pero los días pasaban y el youkai no aparecía y Rin temió lo peor. Confiaba plenamente en él pero las dudas la corroían. Las hienas eran poderosas, y el clan de los perros a pesar de ser fuerte, era poco numeroso..

Tenía que ser fuerte, la vendría a buscar!- pensaba la joven, apartando los negros pensamientos, acariciando su vientre.

Sango y Miroku estaban de viaje, les habían llegado noticias de que Kagome, su amiga de hacía años, acababa de dar a luz su tercer cachorro. Sango le prometió estar pronto de vuelta, puesto que sabía que Rin no tardaría en dar a luz.

Corrían rumores por el pueblo de que una nueva horda de enemigos venía hacia el poblado y estaban organizándose para la lucha. Kohaku estaba al mando de los exterminadores. No se había vuelto a dirigir a ella; ni acercado, estaba demasiado ocupado preparando la defensa, .. casi parecía que lo hubiera tomado como un asunto personal.


Cuando por fin la hiena cayó Sesshomaru gruñó de placer, pero no tuvo tiempo para nada más. Sus hombres habían llegado al cabo de unos días y por fin había podido centrarse en el jefe.

Había sido muy dura la lucha, aquel cretino se regeneraba constantemente, y sus dientes eran endiabladamente afilados..pero Sessh finalemente logró atrapar con sus colmillos la yugular del youkai hiena y hacerle caer.

Jaken le miraba preocupado:

--mi señor!- su voz llorosa expresaba su dolor- estáis muy malherido! Descansad, por favor! Ella está en el poblado de los exterminadores..en vuestro estado no podréis hacerles frente! Estáis muy malherido!- para poner en duda su poder realmente veía verse espantoso. Y en verdad era así. Su kimono siempre impecable ahora estaba machado de rojo, regueros de sangre le recorrían el cuerpo, pero la fiereza de su mirada aún era terrible. Rin le estaba esperando, tenía que sacarala de allí.

--te crees que no lo sé?.. pero esos estúpidos humanos no me detendrán..- aún conservaba su arrogancia. Jaken lanzó un sollozo al aire. El encuentro con Kohaku y su señor sería inevitable..e indudablemente decisivo.

Todo aquello le recordaba terriblemente a la noche en que murió el padre de Sesshomaru e Inuyasha y esperaba que su amo también se hubiera dado cuenta..y que lo tomara como una premonición. Acaso estaba destinado a compartir el destino de su padre?

Temía por su señor, nunca le había visto tan malherido. Pero no pudo hacer nada para retenerle ,Sesshomaru ya se elevaba por los aires, dispuesto a afrontar su destino...cualquiera que fuera..


Hola!

Disculpad de nuevo el retraso.. tengo bastante trabajo ultimamente y no me puedo dedicar todo lo que quisiera al fic..

En cuanto a vuestros reviews..ya sé que soy malvada.. ya dije que lo sentía mucho por quién sintiera simpatía por Kohaku... pero esta vez los malos no van a ser los de siempre.. :D

Quien haya visto la película de "la espada que domina el mundo" sin duda encontrará semejanzas con mi historia, había pensado que sería irónico hacer que padre e hijo compartieran el mismo destino (evidentemente el final aun está por decidir, no os adelantéis!) de esta manera quería intentar dar a Sesshomaru la oportunidad de ponerse en la piel de su padre.. así dejaría de despreciarle por lo que consideraba un error.

Bueno, de nuevo mil gracias por los comentarios a todos/as! Así da gusto escribir!