CAPÍTULO 11

El tiempo volvió a correr en aquella terrible escena.

Kohaku se dejó caer al suelo sorprendido por lo ocurrido. Jamás había pensado que esto debía acabar así.

La espada le sobresalía por la espalda atravesando supulmón derechode lado a lado. La sangre teñía su ropa tan rápidamente como la vida se le iba por los labios.Se dejó caer al suelo, mirándo sorprendido cómo la empuñadura de ColmilloPerforacero, la espada de Inuyasha ,estaba hundida en él.

Sango cayó de rodillas junto a su hermano. La sorpresa aun no había dejado lugar al dolor.

-hermano! no,..no te muevas...shhh...te pondrás bien...- le acunaba mientras trataba desesperadamente de aferrar la vida del muchacho.

Sesshomaru sujetó a una Rin desfalleciente, la apoyó contra él. La joven no podía dejar de mirar cómo se le iba la vida a aquel que un día había sido su amigo.

Miroku apareció en aquellos instantes. Por fortuna había tenido la precaución de dejar a los niños con Kagome, lejos de la guerra; de esta manera no tendrían que presenciar aquel horrible expectáculo. Se quedó junto a Sango, sin atreverse a tocarla siquiera.

Inuyasha , no podía dar crédito a lo que veía tampoco. Su mano, temblorosa, cayó a su costado.Hasta hacía unos instantes habia estado empuñando la espada que ahora era la causa de la muerte del joven.

-...Kohaku... yo..yo...- no le salían las palabras.

-Inuyasha...-llamó Kohaku débilmente mientras un hilillo de sangre se le escapaba entre los labios. El hanyou se inclinó a oir lo que decía.- gracias.. gracias...a ti, me he dado cuenta... me has librado de la locura que me invadía...- tosió y todo su cuerpo se combulsionó.

-Kohaku!- exclamó Sango entre lágrimas de dolor e impotencia- calla, calla!... no te esfuerces..no me dejes hermano!..-

Sesshomaru podía ver cómo los heraldos de la muerte se acercaban para llevarse al inframundo al desdichado... se dió la vuelta dispuesto a alejarse y alejar a Rin de todo pero la mano de la joven le detuvo. No le dijo nada pero su mirada bastó para saber que le estaba haciendo una súplica muda.

No podía ser, que después de tanto dolor como había causado aquel exterminador aún quisiera que le salvara la vida. Sesshomaru poco entendía de sentimientos humanos, de hecho los despreciaba... pero al mismo tiempo sabía que eran éstos los que más amaba de Rin.

-por favor, Sesshomaru -sama!-musitó Rin suplicante.

Sesshomaru negó con la cabeza y le hizo una señal para que mirara a su amigo moribundo.

-Sesshomaru... esto no podía acabar de otra forma...ha sido una lucha justa.Gracias, a ti, Inuyasha por acabar con esta carga..y a ti Sesshomaru... por dejarme descansar en paz. Cuida por mi a Rin.- Estas últimas frases le dejaron agotado. Dejó caer la cabeza en el regazo de Sango, que temblaba entre sollozos.

El youkai vio cómo los pequeños espíritus se llevaban el alma del atormentado Kohaku hacia su viaje al más allá pero no hizo el menor gesto de querer sacar al espada que aún estaba a tiempo de salvarle de su destino.

Sango lanzó un quedo gemido de pena y frustración mientras abrazaba a su hermano. Miroku se acercó y tomándola por los hombros intentó consolarla de alguna manera, tan llena de pena se veía.

Rin se sentía mareada. Sus ojos estaban empañados por unas lágrimas que se negaban a salir... no soportaba saber que ella había sido la causa de aquella muerte. Quizás no la causa física pero sí su destrucción mental. No quería enfrentarse al rostro surcado en lágrimas de aquella que la había cuidado tan solícitamente, de aquella Sango hundida por el dolor.

Para su sorpresa se vió implorando al youkai por la vida de aquel que la había deshonrado, de aquel que un día la salvó de las manos de Naraku.

-Mi señor..- empezó mirándole fijamente, con las manos cerradas fuertemente a sus costados, como haciendo acopio de un valor que no sabía siquiera que tenía - Sesshomaru-sama... os lo suplico... por favor... usad vuestra espada, por piedad-

Sesshomaru sintió en aquel instante un pinchazo en lo más hondo de sí, no supo nunca si había sido su orgullo o su corazón. Su voz sonó fría, más fría que de costumbre para Rin que le conocía bien.

-Ese hombre ahora descansa por fin.Tuvo lo que buscaba- y dando media vuelta se dispuso a marcharse cuando una mano le detuvo.

Rin, por primera vez desde que conocía a su señor, hizo algo que jamás hasta ahora había siquiera llegado a imaginar: le contradijo.

-NO! mi señor, por favor! no dejéis que se lo lleven, os lo suplico! - la joven todavía tenía entre sus dedos las fina tela del kimono de él.

Sesshomaru se soltó bruscamente y dejándola atrás murmuró:

-Ahora es libre. Y tú también.- Su silueta se perdió tras la muralla.

La luna ya brillaba en el cielo cuando por fin se encontraron todos en el interior de la casa. Incinerarian el cuerpo del difunto a la mañana siguiente, en cuanto estuviera preparado adecuadamente su cadaver.

Los ánimos eran muy bajos, Inuyasha todavía no podía creer lo ocurrido...aunque Sango nada le reprochó, puesto que había sido un desafortunado incidente, no se atrevía a levantar la mirada.

Rin todavía más desolada..no sólo había perdido un antiguo amigo sino que ahora se encontraba sin su razón de ser: Sesshomaru.

Sango, levantó la cabeza y miró a Rin:

- ..si no hubieras... si no hubieras aparecido... en la vida de mi hermano... esto jamás hubiera ocurrido...- Miroku la abrazó para consolarla y mirando a Rin intentó disculpar las duras palabras de su esposa. Tenía que buscar a alquien para echarle las culpas de lo ocurrido.

-...lo siento...- Rin no tenía más lágrimas para dar. Se levantó dispuesta a acostarse. Aunque había podido entender la actitud de Sesshomaru, el hecho de que a ella le negara aquel simple favor le dolió en lo más profundo. Kohaku ya no representaba ningún peligro para él... porqué, entonces, no le había salvado?... tanta rabia había en él?.. acaso no la amaba?... todo eran dudas en su cabeza... cuando de pronto...

-...¡ la araña¡la araña diabólica!...- se oyó una voz, gritando horrorizada por la casa.

Rin se puso rápidamente en pie y abrió al puerta corrediza de su habitación. El monje pasó junto a ella como una exalación.

-Miroku¿qué ocurre?- el monje no se detuvo para responderle apresuradamente:

-¡ha vuelto, la araña diabólica, Naraku ha vuelto!- y desapareció en las sombras, camino del gran salón de la casa, donde estaban velando el cuerpo de Kohaku.

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PERDON!

siento mucho, muchísimo la espera. lamento mucho no poder actualizar tan amenudo como quisiera ..peor no tengo internet como creo que ya dije y me es imposible ponerme.

tardo bastante en redactar esta historia porque muchas veces las ideas me vienen de golpe...y cuando llevo un trozo escrito...de pronto lo borro y vuelvo a empezar porque se me ha ocurrido algo que creo que es mejor..

ainx... soy un caso...

GRACIAS, de verdad, muchas GRACIAS, a aquells que siguen leyendome. Es lo que me anima a continuar! (a pesar de que me haya repetido hasta la saciedad es cierto!)

PD: lo siento por aquellos a los que os gusta Kohaku... nunca llueve al gusto de todos /