TRECE
Rin despertó en una cueva, olía a podredumbre, a muerte. Cuando abrió los ojos vio ,a lo que había sido Kohaku, parado en medio del claro con la cara vuelta hacia el cielo; como esperando.
En cuanto se dio cuenta de que ella había despertado le dijo:
-¿No te alegras de volver a ver a tu amigo?-
-NO!- gritó Rin asustada, asqueada- ¿Cómo has podido..? Kohaku ya sufrió bastante, maldito seas!-
-No lo suficiente- rió Naraku, en la cara desfigurada había una mueca que pretendía ser una sonrisa- Voy a acabar con vosotros de una vez por todas, quiero enviar a Inuyasha al infierno en el que yo estuve.- dijo con odio.- Y tú me ayudarás.-
Rin se protegió el vientre:
-No conseguirás nada conmigo, sólo lograrás que Sesshomaru venga a por ti- dijo furiosa.
-Jajaja, Sesshomaru se ha ido querida. ¿Acaso no lo has visto? Te ha liberado.- dijo él irónico
-¿Qué quieres decir?- preguntó Rin confusa.
-Pues que ya no dependes de él, que ya no le debes lealtad ni él a ti. Que no vendrá a por ti ni aunque se lo pidas de rodillas- Naraku se agachó frente a ella, apenas estaban a unos centímetros. Rin podía ver dos puntos rojos al final de aquellos maléficos ojos.
-No es cierto... no puede ser.- Negó Rin aunque la duda empezó a carcomerle las entrañas.
¿Sería cierto? ¿Y si las palabras de Sesshomaru eran exactamente eso? Jamás había dicho nada igual... así que quizás...
-¿Seguro?- rió Naraku- ¿cuándo te ha dicho que te ama? ¿cuándo te ha tomado por esposa? No eres más que una despreciable humana que sigue a su lado porque te deja, ahora como ya se ha hartado de ti y de tus estúpidos sentimientos humanos se ha deshecho de ti.-
-No es cierto!-repitió con más fuerza- Me dijo que podía estar con él. Que quería este hijo.-
-¿Si? ¿Te lo dijo o simplemente dejó que te quedaras? Tsk... das lástima. Ni siquiera fue a por ti en el pueblo. Vino por mí.- Reveló Naraku.
-¿Qué?- Rin le miró perpleja
-¡Por supuesto niña tonta! Vino a matar a Kohaku, no fue por ti. No quería rescatar a su amada sino acabar con el enemigo que le había ultrajado. Sesshomaru no sabe lo que es el amor, nunca lo sabrá. Él vive por el honor, el orgullo y sólo conoce el amor hacia una persona: él mismo.-
Las palabras de Naraku eran como bofetadas. Cada una de ellas hacía que las esperanzas de Rin se hundieran más y más. Jamás había dudado de Sesshomaru pero hasta entonces nunca la había liberado. ¿Y si era cierto? ¿Y si esto era el fin?
Se moridó el labio y bajó la mirada, se negaba a creerle. No. ¡NO ERA CIERTO! Cerró los ojos y dio la espalda a Naraku hasta que éste se alejó de nuevo entre risas despectivas.
Rin estuvo horas acurrucada, pensando en las palabras de aquel monstruo; sufriendo al sentirse más sola que nunca. Lo único que la aliviaba eran las patadas desde su interior. El bebé estaba bien, aunque parecía inquieto. Lo único que podía hacer era esperar a que dieran con ella, rogaba en silencio por un milagro.
No sabía qué pretendía al tenerla allí con él. Estaba débil y quizás ella le sirviera de escudo, como rehén. Al fin y al cabo no sería la primera vez. Confiaba que Sesshomaru o Inuyasha y los suyos dieran con ella al menos, antes de que se pusiera de parto. Sería horrible tener que dar a luz ante ese monstruo.
Pasaron tres días en los que Naraku le proporcionó el alimento suficiente para mantenerla con vida. No tenía hambre pero su bebé la necesitaba. Lo más desolador era que Sesshomaru no había aparecido y empezaba a desesperarse.
-¿Qué quieres de mí?- preguntó a Naraku que de nuevo miraba entre los árboles. Parecía esperar algo, como si pudiera detectar en el aire los movimientos de la vida que le rodeaba.- Aunque no venga Sesshomaru Inuyasha y su gente sabes que te darán caza tarde o temprano. No sé porqué me retienes si sabes que acabarán contigo estando yo aquí o no. No descansarán hasta destruirte.-
No respondió durante un buen tiempo, casi pensaba que se había olvidado de ella cuando finalmente dijo:
-¿De ti? De ti nada, tú no eres más que un recipiente. Lo que quiero es tu bástago... ya te he dicho que gracias a ti renaceré. Tu hijo me dará las fuerzas que necesito para recuperar mi antiguo poder- Esas palabras dichas tan a la ligera, como si fuera algo tan evidente dejaron a Rin paralizada.
Naraku pensaba absorver a su bebé. La mataría a ella y su bebé formaría parte de aquel engendro, su diminuta alma sufriría eternamente... Se sentía mareada, se dejó caer hasta el suelo , temblando y sin poder dejar de pensar en ello. Miró la espalda del monstruo, seguía tan tranquilo mientras ella, su mundo y su corazón saltaban hechos añicos. No pudo reaccionar en unos minutos pero cuando sus pensamientos volvieron a funcionar se encaminaron directamente hacia Sesshomary hacia su hijo... Entonces supo qué debía hacer.
Lo supo con la certeza que se tiene cuando no hay más opciones, la seguridad de las cosas que están destinadas a ser así. Jamás permitiría que el hijo de Sesshomaru, su propio hijo, muriera de esa forma horrible. Les amaba por encima de todas las cosas y por esa razón debía hacer lo único que podía en aquel momento. Cerró los ojos y esperó el momento oportuno. Éste llegó ese mismo día.
Naraku desapareció al anochecer. Enseguida lo sintió porque en el bosque volvían a oírse animales, pájaros y demás criaturas. Eso era una clara señal de que no había monstruos cerca. Rin se levantó y, al principio temblorosa y luego con más seguridad, se alejó internándose en el bosque. Tendría sólo unos minutos para encontrar lo que buscaba, unos preciosos minutos que evitarían el destino que le tenía preparado Naraku.
Buscó entre las raíces de los árboles, entre arbustos y cerca de algunas piedras hasta que la oscuridad se hizo más evidente. Las manos le temblaban de nuevo, de nervios, cuando al fin dio con ellas: Setas venenosas.
Eran de un llamativo color naranja, crecían junto a la base de un pino, y tras coger tres setas (cantidad más que suficiente para hacer lo que pretendía) corrió de nuevo hacia la cueva.
Naraku no había regresado. Era muy confiado al pensar que una mujer embarazada no lograría escapársele. Pero gracias a eso... Rin sería libre.
Dudó unos segundos. En la oscuridad de la cueva, mirando aquellas setas tóxicas; recordando las caricias de Sesshomaru. Se tocó el vientre y cerrando los ojos se metió en la boca de una sola vez todos los hongos. Masticó rápidamente intentando no escupirlas al sentir el sabor amargo de las setas y tragó con fuerza.
Ya estaba hecho. Ahora debía esperar.
Se tumbó con la cara vuelta al exterior, para ver cómo avanzaba la noche. Seguramente moriría antes del amanecer, quizás al alba si tenía suficientes fuerzas.
No pasó mucho tiempo antes de sentir los primeros espasmos. Calambres le recorrían el estómago y la hacían temblar de pies a cabeza. El niño se removía en su interior como si también lo sufriera. Las lágrimas empezaron a escapársele, casi arrepintiéndose de aquello. El cuerpo rechazó lo que apenas unos minutos antes había comido: vomitó las setas en un amasijo anaranjado pero ya era demasiado tarde puesto que su cuerpo ya había absorvido el veneno.
FLASH
-¡Estate atenta Rin!- la regañaba Kaede mientras ella observaba el cielo. La anciana sabía muy bien qué buscaba en las alturas y por eso la instó a que le prestara atención.- ¡RIN!-
La chiquilla de unos 12 años clavó finalmente la vista en la mujer. Era muy muy vieja pero aún conservaba sus fuerzas. Le enseñaba cada día cosas prácticas y Rin sabía que debía estarle agradecida. A pesar de que añoraba terriblemente a su Señor sabía que todos los conocimientos que pudiera ofrecerle Kaede eran valiosos. Se había dado cuenta de que había algunos humanos que sí valían la pena. Sólo algunos. Kaede era una de ellos.
Se acercó junto a la anciana. Señalaba unas setas.
-Presta atención, esto es importante. Mira esas setas. ¿Ves su color anaranjado tan llamativo? Crecen junto a la base de los pinos, mira ¿ves que bajo de sus sombreros tienen un color rojizo?- Indicaba mientras Rin asentía en silencio.- Pues debes saber que JAMÁS debes tomarlas.-
-¿Porqué?- preguntó mirando las inofensivas setas.
-¡Porque son terriblemente venenosas!-exclamó la anciana.
-¿Y qué pasaria si comiera una?- preguntó la niña curiosa, miraba el hongo sorprendida de que algo tan pequeña pudiera hacer tanto mal.
-El efecto de los hongos es rápido- empezó a explicarle Kaede con voz muy seria- al principio incómodo , sientes dolor de estómago, nauseas y mareos...pero cuando aquello haya pasado entonces viene el final. Te sentirías somnolienta, cansada, adormecida. Ya no sentirías su cuerpo...hasta que finalmente murieras. Todo ello en apenas unas horas.-
Rin volvió a mirar las setas.
-Y tú no quieres morir , ¿verdad?- preguntó Kaede.
-No! Yo ..quiero estar para siempre junto a Sesshomaru-sama- respondió ella con una sonrisa en los labios.
-Bueno... supongo que eso está bien...- se encogió de hombros la anciana y la acarició la cabeza con gesto cariñoso.
-¡No comeré de esas setas!- afirmó la pequeña.
FIN DEL FLASH
Las lágrimas recorrían sus mejillas. Rin recordaba perfectamente aquel día. Kaede había fallecido apenas un año después. Otro calambre le hizo encogerse y gemir.
Sus pensamientos volaron hacia Sesshomaru.
-Perdonadme mi Señor. Sesshomaru-sama...perdonadme...- murmuraba como una oración.
Jamás había dudado de él. Su confianza había sido ciega, total y absoluta. Vendría a buscarla. Lo sabía. Pero ahora estaba el bebé. Amaba por encima de todo a Sesshomaru pero antes de que Naraku tomara a su bebé prefería morir.
Por eso había tomado la decisión.
No podía arriesgarse a esperar a Sesshomaru, cuando ella diera a luz no podría defenderse de Naraku y el saber que ese engendro se comería a su hijo nada más salir al mundo era más de lo que podía soportar.
Esperar a ponerse de parto para buscar las setas era demasiado arriesgado ya que le sería imposible moverse por esta razón había esperado la oportunidad y cuando Naraku desapareció llevó a cabo su plan. Cuando ese maldito regresara sería demasiado tarde y, con suerte, Sesshomaru-sama o Inuyasha y los suyos acabarían con él.
