Hola! Subo esto hoy porque no se si mañana podré, y prefiero adelantarlo a hacer esperar. Pro cierto, gracias por los comentarios y disculpad posibles faltas de ortografía. Un saludo!
Capítulo 3
Los días pasaron poco a poco, acercándose cada vez más a la navidad; las fechas que tanto gustaban al escritor y que ahora deseaba que llegaran más que nunca, porque, a pesar de lo que había pronosticado Rick, él y Kate siguieron con su relación.
Esa parte del noviazgo en la que se veían una vez a la semana cambió sutilmente, pero para bien, según Martha. La actriz evaluaba de lejos la relación, y aunque no había vuelto a ver a Kate en semanas, sabía que ella y su hijo se llamaban todos los días. Además, por las veces que le tocó hacer de niñera de su nieta, Martha sabía que se veían dos veces por semana.
La policía, por su parte, no había tardado mucho en contarle la nueva relación y el tema de Alexis a su madre, Johanna Bekett. Johanna, acostumbrada a no saber nada de las conquistas de su hija desde el último chico motero que trajo a casa en su época de rebeldía, se sorprendió.
Tras contarle por encima la situación, Johanna entendió porque el escritor intentó ocultarle el detalle de la niña. Tener una hija no era un buen punto para buscar pareja, y más sabiendo lo de las multitudes de mujeres que habían huido al ver a Alexis. Aunque eso no significaba que la abogada no tuviera sus miedos. Su hija era joven, muy joven. Había tenido bastantes novios y ligues en su vida, pero de ahí a salir con alguien que tiene un hijo...
-¿Estás segura de esto? -preguntó Johanna sentada en el sofá de su hija, quien le había invitado para desahogarse y ahora daba vueltas por el comedor, nerviosa.
Kate paró al escuchar su pregunta.
-No te voy a mentir, tengo algo de miedo... pero no puedo dejarlo, necesito arriesgarme.
-Esto es serio. -le recordó la abogada.
-Lo se mamá, lo se.
Johanna la miró en silencio, analizándola. Kate no parpadeo, enlazó sus ojos verdes con los de su madre, diciéndolo todo, sin palabras. La abogada suspiró.
-Se que lo sabes, pero necesito recordártelo. -empezó con suavidad. -Él te ha presentado a su hija. Eso no es lo mismo que decir "Hey, tengo una hija.". Se arriesgó a presentártela y ahora ella te conoce como la novia de su papá.
Kate pareció entender el significado de sus palabras, pues, de la impresión, tuvo que sentarse en el reposa brazos del sofá.
-Ya no sois dos en una relación, sino tres, Kate. -le cogió la mano aprovechando su cercanía. Ella ni si quiera la miró, tenía la cabeza agachada. -Al presentártela te está pidiendo una estabilidad en la relación.
Ahora sí que su hija la miraba.
Durante un buen rato, ninguna de las dos dijo nada, y cuando llegó la hora de irse, Johanna se levantó excusándose, pensando que no sacaría nada más de su hija aquél día, pero la voz de Kate la sobresaltó cuando caminaba hacia la salida.
-Tiene sus ojos. -siseó Kate, mirando hacia la nada. Su madre paró de golpe, girándose para verla. -Unos ojos igual de azules que los suyos... tan expresivos como los de él.
-Kate...
-No se que pasará mamá... pero sí se que quiero luchar por esto.
Aquellas últimas palabras hicieron que su madre borrara parte de sus dudas y la apoyara.
Kate había decidido seguir adelante con la relación, no había vuelto a ver a Alexis en casi un mes, pero era algo que habían pactado en silencio, casi inconscientemente. No meterían a Alexis de nuevo hasta que la relación fuera más seria aún.
Hasta que un día algo pasó, algo que cambiaría el rumbo de todo a pasos agigantados.
2 de noviembre
Era un viernes por la tarde, Kate terminaba su ruta andando cuando recibió una llamada.
-Beckett. -saludó como de costumbre.
-Kate. -se escuchó la voz desesperada de Castle al otro lado del teléfono. Luego empezó a decir cosas a toda prisa, sin respirar, y Kate tuvo que pararlo para intentar entender algo.
-Rick, relajate, no entiendo nada.
-Yo... ha pasado algo...
-¿Qué? ¿Estás bien?
-Sí, sí... estoy en el avión, camino a la firma de libros en...
-Sí... la firma de libros. -le cortó Kate recordando el porque hoy no podían quedar. Rick tenía que ir a las afueras durante el fin de semana, en un recorrido de firmas que no pudo cancelar ni negociar con Gina. -¿Estás en el avión?
-Hace una hora que hemos despegado. -aclaró él. -Y acabo de recibir una llamada de mi madre, no podrá quedarse hoy con Alexis. -soltó de golpe, casi sin aire. -Ella también tenía que coger un avión esta mañana y... cancelaron el vuelo hasta mañana por la mañana.
-Oh... ¿Entonces Alexis?
-Está apunto de salir de clases. -se exasperó. Kate pudo ver que contenía las ganas de llorar. -Mi niña... le dije que su abuela la recogería y... ni si quiera he podido localizar a la niñera.
Kate miró su reloj. -¿A que hora sale?
-¿Qué? -preguntó, para instantes después comprender su pregunta. -¿De verdad irías a...?
-Tu solo dime el colegio y la hora.
-¡Gracias, gracias, gracias! No sabes lo que... dios... gracias... -le dijo el colegio y la hora. -¿De verdad no te importa?
-No, no me importa. Además, es eso o dejar que te tires del avión para estar con tu hija.
-Gracias Kate... -le dio la dirección. -Te llamaré en cuanto localice a la niñera.
-Vale, me voy ya o no llegaré.
Cuando recogió a Alexis, ni si quiera se acordó que iba con el uniforme de policía. Había salido tan deprisa para no llegar tarde que ni intentó cambiarse en comisaría, cogió el coche y salio en busca de la niña.
Al ver a la pequeña, la pelirroja se extrañó de verla allí. Kate le explicó lo que pasó, y tras hablar con su profesora, quien ya sabía que la novia del padre de la niña iba a ir a recogerla (Castle había llamado antes al colegio avisando), cogió a la niña de la mano y la llevó a su apartamento. Era un pisito modesto, de dos habitaciones y bastante acogedor.
Alexis entró, quedándose quieta en mitad del comedor. No se atrevía a decir nada, tan solo se ceñía a abrazar su propia mochila, como si fuera un peluche al que abrazar cuando una tiene miedo.
Kate cerró la puerta, observándola conmovida. No sabía muy bien que hacer. La niña no había hablado desde su pregunta "¿Qué haces aquí?" y temía asustarla.
Tenía que pensar en algo, algo para hacer que no se sintiera frágil y cohibida.
-¿Quieres sentarte? Voy a sacar algo de beber... -dijo, mientras se quitaba la chaqueta de oficial y la ponía en el perchero. Debajo llevaba un jersey, así que decidió no irse a cambiar aun. No quería dejar sola a la niña.
En silencio, Alexis se quitó el abrigo, dejándolo bien doblado sobre el sofá y se sentó al lado, sin dejar de agarrar su mochila.
Seguía sin hablar.
Kate pensó que era normal. Ella esperaba que su abuela la recogiera y ahora estaba en casa de la novia de su padre, quien no tenía idea de como cuidar a un niño. Seguro que extrañaba a su padre... ¡eso era!
La morena cogió el móvil, caminando hacia la pequeña, que la miró por debajo de sus pestañitas. Cuando llegó al sofá, se arrodilló frente a la niña y le sonrió.
-¿Quieres llamar a papá? -la niña la miró con ojitos iluminados. Kate le mostró el móvil, buscando el nombre de su novio en la pantalla, luego pulsó el botón de llamada y le extendió el teléfono. Alexis lo cogió, sonriendo en cuanto oyó la voz de su padre.
-¡Papá!
El resto de la conversación Kate la siguió en silencio, observando las reacciones de la niña hasta que ella le extendió el móvil. Castle quería hablar con ella.
Kate cogió el teléfono sin moverse de donde estaba, agachada delante de Alexis.
-La niñera no puede quedarse con Alexis. -dijo él con cierto miedo. -Puedes...
-Sí. -respondió ella, mirando a la pequeña con una sonrisa. ¿Cómo iba a dejarla sola? Castle continuó hablando, agradeciéndole el favor y luego habló con Alexis, quien simplemente asintió. Cuando colgó, la pequeña la miró en silencio.
-Ya que vas a pasar aquí la noche... ¿quieres que te enseñe mi modesto pisito? -ofreció Kate, levantándose para luego extenderle la mano, sonriéndole.
Alexis asintió lentamente, extendiendo su manita para que Kate la guiara.
Johanna terminaba de revisar unos informes cuando el móvil sonó con un zumbido molesto. Quitándose las gafas, se frotó los ojos antes de mirar la pantalla de su teléfono. Tenía un nuevo mensaje.
Tuvo que pelear un poco con las teclas para poder leer el texto, cuando lo hizo, su boca se desencajó.
"Mamá, ocurrió algo y estoy cuidando a Alexis hasta mañana. Pero ella está cohibida y apenas habla. ¿Alguna idea?"
La abogada esperó unos minutos para contestar. Pero no tardó en coger el móvil y teclear.
"Es normal, apenas te conoce... Usa tu instinto hija. Cualquier otra duda llámame."
A los dos segundos recibió otro mensaje que le hizo sonreír.
"Gracias por tu "ayuda" mamá."
Kate caminaba por el supermercado con Alexis de la mano. La pequeña se dejaba llevar mirando a los lados con timidez, jugueteando con su abrigo rosa cuando se quedaban paradas.
Después de la apreciada ayuda de su madre, Kate abrió la nevera para ofrecer algo a la niña, pero excepto un bote de zumo medio vacío y unas latas de coca cola, la nevera estaba básicamente... como decirlo suavemente: despoblada.
Así que decidió hacer una visita al supermercado, se quitó el uniforme de policía y ahora estaban allí.
La morena miró las estanterías de comestibles, pero no sabía que comprar. Si fuera por ella ni se hubiera preocupado en ir a comprar, solía llamar a un chino o algo por el estilo. Pero no quería que la niña comiera comida para llevar, aunque tampoco sabía si le gustaba, eso era algo que debía de averiguar, pero, por ahora, se contentaba con saber que quería para cenar.
Con esa intención, miró a la muchacha, quien estaba más pendiente de sus pies, levantándolos alternativamente.
-¿Estás cansada? -preguntó Kate.
La niña asintió con la cabeza baja.
En ese momento, una mujer pasaba con su hijo, que iba montado en el propio carrito de la compra, habilitado con una silla en la zona de empujar.
-¿Quieres uno de esos? -ofreció Beckett, señalando hacia el carrito con silla. Alexis asintió. -Vale, pues vamos. -le sonrió guiándola hacia unos carritos sin usar.
Desplegó la silla y puso a Alexis con cuidado. La niña suspiró aliviada y Kate sonrió, empujando el carrito.
El asiento del carro quedaba en frente de la persona que lo empujaba, por lo cual, Alexis quedaba de frente a Kate.
-¿Qué te gustaría cenar? -preguntó la morena mirando las estanterías. -¿Pasta, pizza?, sopa...?
-Pizza... me gusta la pizza.
-Pizza... a mi también me gusta, buena idea. -le sonrió obteniendo una pequeña sonrisa sonrojada de la pelirroja. -Mi mamá me enseñó a hacerla casera, hace tiempo que no preparo algo así... pero podría estar bien.
-¿Pizza casera? -repitió Alexis con la boca en una enorme "o". -¿Con masa casera?
-Con masa casera.
-Papá intentó hacer masa casera una vez y quemó el vestido de la abuela.
Kate rió. Al parecer Martha no era la única que cometía incendios en la cocina.
-Bueno, si quieres podemos intentar hacer la masa juntas. -miró el reloj, las seis y cuarenta y cinco, tenían tiempo. Cuando volvió a mirar a la pequeña esta la observaba con la ilusión grabada en sus ojos.
-¿De... de verdad? -tartamudeó con la boca exageradamente abierta. A Kate le encantó verla así.
-Solo si tu quieres, chef. -dijo, acercándose al estante de la harina para coger un par. -¿Qué me dices?
Alexis asintió efusivamente. -¿Puede tener aceitunas? ¿Y bacon? Y...
Kate rió estirando del carrito.
-Tomo nota... ¿qué más sugiere chef?
Continuará
