Gracias por los comentarios! Aquí dejo otro capítulo más... aviso, es pasteloso.

Capítulo 4

Al llegar a casa, Alexis corrió a lavarse las manos, con ayuda de Kate, pues la pequeña no llegaba al fregadero aún. Luego, Kate preparó las cosas, guardó todos los alimentos que había comprado "por si acaso" dejando la nevera llena para al menos una semana, y se lavó las manos, poniéndose un delantal. Pero cuando fue a ofrecer otro a Alexis, ponderó otra idea.

Informando a la niña de que, aun con el delantal se iban a manchar, guió a la pequeña hacia su habitación, abrió el cajón del armario de la ropa y sacó una vieja camiseta azul marino. La pequeña alzó los bracitos cuando la morena le colocó la camiseta. A pesar de ser de manga corta, le llegaba a las muñecas y de largo hasta los tobillos. Era como un vestido.

Alexis sonrió dando una vuelta sobre sus pies, mirándose en el espejo de la habitación. Kate se arrodilló detrás suyo, mirando su reflejo mientras le colocaba bien la camiseta. Luego empezó a recogerle el pelo pelirrojo en una coleta sencilla.

-Perfecta. -afirmó la policía, sonriendo de lado a lado, gesto que correspondió Alexis con agrado. -¿Vamos a por esa masa, señorita chef?

Alexis asintió, dejándose llevar por la morena.


Las manitas de Alexis amasaban la masa con esfuerzo. Kate la ayudaba a su espalda, amasando también, diciéndole como debía de hacerlo, animándola con palabras dulces y rodeándola con sus brazos para que no se cayera. La pequeña estaba subida a un taburete, de pie para poder llegar a la mesa, así que Kate procuraba que la niña no perdiera el equilibrio. Por eso estaba pegada a su espalda literalmente; haciendo de barrera con sus brazos por si se caía mientras amasaba mientras miraba su obra por encima del hombro de la pelirroja, quien no se molestó por la cercanía.

-¿Así? -preguntó Alexis imitando lo que Kate hacía con la masa.

-Muy bien, eso es. Aprende rápido pequeña chef.

El rato pasó y Kate preparó el horno. Mientras esperaban, pidió a Alexis que la ayudara con la mesa, alejándola del horno, pero en vez de comer en el comedor, prefirió comer en la mesa pequeña del sofá, frente al televisor. Así veían la tele mientras comían.

La pequeña trajo los platos, un par de vasos y una botella de zumo que habían comprado en el super. Un rato después Kate sacó la pizza del horno y la llevó hasta la mesa, asombrando a la pelirroja, quien contempló su obra sorprendida.

-¡Anda! -exclamó Alexis sentada en el sofá, donde Kate había pedido que esperara. -¡No está quemada!

Kate rió. -No, no lo está. Pero aun queda saber si está buena.

Alexis asintió sin quitar ojo a su obra mientras Kate cortaba la masa. El humo salió, recordando que quemaba.

Cogió un trozo, espero a que se enfriara y se lo ofreció a Alexis. A la pequeña se le iluminó la cara en cuanto probó un bocado.

-¡Deliciosa! -alzó el trozó de pizza, haciendo reír a Kate. -Si papá la viera...

-Puede verla. -afirmó Kate sacando el móvil. -Si quieres hacemos una foto de nuestra obra, pequeña Chef.

Alexis asintió emocionada, levantándose para posar con su trozo de pizza y una sonrisa que iluminó la sala, haciendo competencia al flash.

Kate guardó la foto y Alexis empezó a comer. Pronto comían las dos elogiándose a si mismas. La verdad, es que había salido muy buena aquella pizza.


Después de cenar, Kate cambió a Alexis y la aseó. Ponderó la idea de ducharla, pero no sabía si la niña se iba a cohibir, además la pequeña apenas se había ensuciado la cara de harina, el pelo resultó intacto por lo que prefirió no ducharla.

Cuando terminó de asearla y vestirla con otra camiseta corta de las que guardaba en el cajón, esta vez rosa, Kate la dejó en el sofá, viendo la tele, mientras ella preparaba la cama de invitados. Al volver la pequeña bostezaba. Eran las ocho pasadas.

Con cuidado, Kate se sentó a su lado. La pequeña abrazaba un cojín de uno de los extremos, medio tumbada.

-¿Quieres ir a la cama? -preguntó Kate, pasando su mano por la espalda de la pequeña.

-No quiero... no es mi habitación.

Kate asintió, entendiéndola, acariciando su espalda. Cuando ella era pequeña tampoco le gustaba pasar la noche fuera de su casa, y menos sin su madre. Era instintivo, y se le fue pasando con los años, pero sospechaba que Alexis tenía motivos de sobra para comportarse así. Castle nunca le habló de eso, pero hizo una nota mental de preguntárselo algún día. Por ahora, tenía que hacer que la pequeña se fuera a la cama por su propia voluntad, sin miedos.

-Mmm... ¿y si llamamos a papá? -le siseó, acariciando su brazo. -Podemos pedirle que te de las buenas noches. -dulcificó su voz inconscientemente, haciendo que la niña la mirara.

-¿Puedes hacer eso?

-Claro. -contestó Kate, alargando su mano hacia la mesita para coger su móvil. Luego llamó al escritor. -¿Rick? Tranquilo, sí, todo va bien, muy bien.

Alexis se incorporó un poco, sentándose para escuchar la conversación mejor.

-De hecho, hay aquí una pelirroja que quiere desearte buenas noches y pensé que podía poner el manos libres mientras la acuesto. -la respuesta debió de ser afirmativa, pues Kate sonrió, apretando un botón para escuchar la voz de Castle sin necesidad de pegar la oreja al auricular.

-¿Dónde está mi calabaza? -escucharon la voz de Rick por el comedor.

Alexis sonrió. -¡Papá! ¡Estoy aquí! -rió acercándose más al móvil.

-¿Ya estás en la cama pequeña? -preguntó él.

-No, no quiero ir a la cama... me da cosa no dormir en casa... -confesó.

-Lo se cariño, pero no pasa nada. Kate es buena, ¿no?

Alexis asintió, y su padre lo debió de intuir porque continuó.

-Pues entonces, ¿por qué no hacemos una cosa? -Kate escuchaba en silencio. -Kate te lleva a la cama, te arropa y yo te cuento un cuento hasta que te duermas, ¿te parece bien?

-Sí... -dijo la niña.

Kate obedeció con una sonrisa. -Pues vamos a la cama. -dijo, cogiendo a la niña en brazos mientras ella aguantaba el teléfono.

Rick continuó hablando, contando cosas que hacían reír a su hija, quien se abrazaba a la morena cada vez más cansada. Al llegar a la habitación, Kate tumbó a la pequeña en la cama y la tapó con cuidado, poniendo el móvil en la mesita.

Pero Alexis miraba todo con desconfianza.

-Eh, no pasa nada... -siseó Kate, apartando un par de mechones rojos de la cara de la pequeña. -Es solo una cama.

-Sí... pero en las camas... -titubeó Alexis, incapaz de completar la frase, pero su padre la entendió.

-Tranquila calabaza. Kate, ¿puedes mirar debajo de la cama?

La aludida miró el teléfono como si fuera un tomate lila.

-¿Debajo de la cama?

-Monstruos... -atinó a decir Alexis, con una mirada que enterneció a la morena.

-Voy a ver... -se agachó y miró debajo de la cama, primero un lado, luego el otro. Cuando terminó, suspiró aliviada y negó con la cabeza. -No hay monstruos. -afirmó.

Alexis soltó un largo suspiro cerrando los ojos con alivio.

-¿Lo ves calabaza? Kate también los mantiene alejados de su casa.

La morena asintió con un "por supuesto, soy policía" que hizo que Alexis sonriera.

Luego, Kate se sentó en el borde de la cama acariciando a la pequeña mientras su padre le contaba un cuento. Cuando terminó, Alexis dormía placidamente. Kate se levantó, cogió el móvil, quitó el manos libres y salió de la habitación, apagando las luces.

-Deja la puerta de su habitación entre abierta y maten alguna luz encendida fuera.

La morena obedeció, encendiendo la luz del pasillo.

-Ya está.

-Gracias Kate.

-No es nada Rick... -siseó caminando hacia su habitación. -¿Alexis suele tener pesadillas?

-Cuando duerme fuera sí. Entonces se despierta y me busca, en realidad, me costó casi dos meses acostumbrarle a dormir en su cama sin miedo. Pero lo de la llamada ha sido buena idea, gracias.

-Siempre Rick. -bostezó sin querer.

-¿Tanto le aburro oficial? -rió él.

-Usted no me aburre señor escritor, pero si que estoy un poco cansada. Alexis también lo estaba... espero que duerma de un tirón.

-Kate... gracias, de verdad. No tenías por qué cuidar de mi hija y...

-Rick, en serio, vuelve a agradecerlo y te disparo.

Él se contuvo. -¿Ni si quiera puedo besarte hasta perder la noción del tiempo? Porque me muero por agradecértelo así también.

-Bueno... eso quizás pueda permitirlo... -le siguió el juego ella. -¿De cuantos besos estamos hablando?

-Mmm... no quiera saberlo oficial. -ronroneó él.

-Eso ha sonado a amenaza...

-En toda regla.

Kate sonrió ante su respuesta y luego las palabras fluyeron solas. -Te echo de menos.

-Yo también. A las dos. -suspiró.

-¿Mañana me llamarás? -preguntó, deseando poder escuchar su voz al día siguiente.

-Por supuesto, todos los días. Además, mañana mi madre irá a recoger a Alexis, te llamaré para decirte cuando.

-Bien...

-Kate... Me importas mucho... tanto... yo... no sabes lo que significa para mi esto que estás haciendo.

Ella se quedó en silencio, sí que lo sabía, demasiado bien.

-Lo se... hablamos mañana. Descansa.

-Que tengas dulces sueños, hasta mañana.

Continuará