Los personajes de Twiligth no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.

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Los cuatro estaban nerviosos rezando por que la señora Cullen no necesitará nada de la alacena, querían hacer pagar al profesor Cullen destruyendo su casa con pintura, grafitis y rompiendo una que otra cosa con el bate de béisbol, pero no podían hacerlo si tenía una esposa en silla de ruedas y un bebé.

¿Qué mierda habían estado pensando?

Jasper veía por una rendija a la castaña que se movía por la cocina con facilidad. Había pasado por alto la gran separación que había entre los muebles o que algunas ensimaderas fueran un poco más bajas, pero ahora eran bastante notorias.

- ¿cómo es que tiene una esposa y nadie lo sabe? -susurro Emmett frotándose la cabeza-

- ¿acaso importa? -cuestiono Alice intentando concentrarse con el ruido de la licuadora y la televisión- ella no estará ahí todo el tiempo, tendrá que ir a donde sea que haya dejado al bebé y saldremos de aquí, nunca sabrá que estuvimos aquí

Los tres asintieron y siguieron esperando a que la mujer saliera de la cocina.

-mami

La suave e infantil voz hizo que Jasper -que no había dejado de ver a la castaña moverse por la cocina- gimiera lamentando él porque estaba ahí, el profesor Cullen no solo tenía una esposa, sino que tenía a un bebé y una niña de 3 años, Jasper estaba comenzando a entender que el Profesor Cullen había elegido Forks para vivir, era el lugar perfecto para darle tranquilidad a su familia.

- ¿qué ocurre corazón? -pregunto la mujer sin dejar de cortar los vegetales-

-saldré a jugar con Nona -dijo la niña caminando a la puerta trasera con una muñeca y una pequeña canastita en brazos

-no lo creo, sabes que no se sale cuando papá no está aquí

-pero mami -protesto la niña cruzándose de brazos- Nona y yo queremos hacer un día de campo afuera, prometemos no alejarnos de la entrada y regresar cuando nos llames.

-lo siento mi cielo -dijo cerrando la puerta trasera con llave bajo la mirada furiosa de la niña y el nerviosismo de los cuatro chicos- pero sabes que no puedo salir afuera y no podré ayudarte si me necesitas.

-pero quiero hacer un día de campo con Nona -sollozo la niña- por favor mami, solo será un ratito

-no se puede corazón, cuando llegue papi…

- ¡yo quiero jugar ahora!

-pues tendrás que esperar, ya conoces las reglas

-¡te odio! -chillo la niña tirando la muñeca y canasta al suelo para después correr fuera de la cocina-

Los cuatro chicos miraron a la señora Cullen levantar la muñeca y la canasta y dejarlas sobre la ensimadera para seguir cortando Vegetales.

Emmett miro la muñeca y se pregunta cuántas veces la señora Cullen había tenido que escuchar esas palabras de su hija.

Él había sido un niño difícil el cual se la pasaba en el patio jugando y llenándose de lodo, recordaba vagamente jugar junto a su madre corriendo uno detrás de él otro y llevándolo a comer helado por montón, ¿cuántas cosas la señora Cullen se estaba perdiendo por no poder caminar?, Realmente el profesor Cullen era una parte importante en la vida de su familia, lo había juzgado erróneamente al creerlo un hijo de puta que solo se preocupaba por él, ahora entendía porque se negaba a dar clases extras después de la escuela así como tutorías los fines de semana o porque parecía particularmente enojado los viernes de reunión, el profesor solo quería volver con su familia y ayudar a su esposa.

Los cuatro chicos siguieron esperando a que la señora Cullen saliera de la cocina, había terminado de cocinar y estaba llamando a la niña para que la ayudara a alcanzar el alto gabinete.

-Alana necesito que me ayudes...Alana...Alana

La señora Cullen seguía llamando a la niña, pero ella no aparecía, tal parece seguía lo suficientemente molesta como para no hacer caso a su madre.

Vieron a la señora Cullen suspirar y acercarse lo más posible a la ensimadera e impulsándose con sus brazos se levantaba de la silla de ruedas, sus piernas no se movían y por el esfuerzo que ejercía en sus brazos les decía lo mucho que debía de esforzarse para hacer cosas que ellos daban por hecho.

Los cuatro chicos se mordieron el labio para no gritar cuando la señora Cullen al intentar sentarse de nuevo, las ruedas de la silla que no estaban bien trabadas habían rodado haciéndola perder el equilibrio y por consecuencia caer al suelo.

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Hola chicas, les dejo otro capítulo de esta pequeña historia.

Espero sus comentarios, opiniones o críticas en un review, nos vemos en el siguiente capítulo.