Por una especie de "acuerdo amistoso" este capítulo lo subiré antes, y el 7 dentro de tres días. Tras este aviso os dejo con el fic. Gracias por los comentarios.
Capítulo 6
25 de noviembre Domingo
Aquél domingo, como el anterior en el que Martha no podía recoger a su nieta hasta la tarde, Alexis se quedaría hasta después de comer. Como los sábados, los domingos también contaban con una rutina un poco más "suelta". Kate se despertaba temprano, se hacía un moño práctico en el pelo, y sin cambiarse, hacía el desayuno. Sobre las nueve de la mañana, Alexis aparecía con su pijama y sus enormes zapatillas de conejitos rosas, dando tímidos pasitos hacia la mesa auxiliar de la cocina, donde Kate mantenía un pequeño manjar con tostadas y zumo incluidos.
La morena la saludó preparando las últimas cosas del desayuno.
-Buenos días.
-Buenos días. -respondió la pequeña aun en el suelo, jugando con sus manitas. Kate dejó lo que estaba haciendo para mirarla con curiosidad. La niña parecía haber vuelto a la timidez inicial de hacía tres semanas y aquello la asustó. ¿Y si había hecho algo mal? ¿Y si...? Dios, le había costado tanto hacer que la niña se abriera y le hablara que... -¿Puedo darte un beso?
Kate pestañeó un par de veces, repitiendo la pregunta una y otra vez en su mente.
-Por favor... -insistió levemente la pelirroja. Mantenía la cabeza agachada, estirando la camiseta de su pijama.
Con una sonrisa, Kate se arrodilló frente a Alexis, besando su mejilla dulcemente, posando sus labios sobre la piel de la niña un buen rato, hasta que decidió separarse. Alexis sonreía de lado a lado.
-¿Y mi beso? -preguntó Kate, retirando un mechón pelirrojo de la cara de la niña. Alexis se acercó a la morena, besando su mejilla con timidez, soltando una carcajada cuando Kate la abrazó, levantándola para poder sentarla en la silla de la cocina.
El resto de la mañana sucedió con normalidad. Después del desayuno, Kate peinó a la pelirroja con cuidado, pasando el cepillo con suavidad por el pelo de la pequeña, quien, a pesar de no gustarle demasiado que su padre le peinara cada día ese largo cabello rojo, le gustaba como lo hacía Kate. Era delicada y suave, como su padre pretendía, pero tenía cierta experiencia que él no poseía. Además, hacía algo que su padre no hacía. Cantaba.
Alexis se relajaba cuando ella cantaba. Su voz era tan dulce y calmada que no podía evitar cerrar los ojos.
Cuando terminó de peinarla la vistió y fue a cambiarse ella también. Alexis aprovechó para hacer los deberes en la mesa del sofá, sentándose en el suelo, en un cojín. Cuando Kate llegó la pequeña dibujaba.
-¿Qué haces? -preguntó Kate, sentándose detrás de la pequeña, en el sofá, mirando lo que hacía Alexis.
-Dibujo. La maestra nos pidió que dibujáramos lo que más nos guste para la galería.
-¿Galería?
Alexis se giró para verla, asintiendo ante su pregunta. -Sí, papá tuvo la idea. -le sonrió, levantándose con el dibujo en las manos.
-¿Qué idea? -interrogó la morena viendo como Alexis volvió a sonreír, sentándose en el regazo de la policía, de espaldas. Kate la envolvió con sus brazos. Aquel tipo de acercamiento no era nuevo, Kate solía abrazarla por detrás cuando cocinaban, pero que Alexis iniciara los abrazos... eso si que era nuevo.
Alexis elevó su dibujo, contenta por hablar de la idea de su padre.
-Cerca de mi escuela hay un centro de ado... adop...
-¿Adopción?
-¡Eso! Ayudan a niños que no tienen mamás ni papás. Papá dice que es un buen lugar, que no es como los demás. -explicó la pequeña, apartando su vista del dibujo para mirar hacia arriba, a los ojos verdes de la morena. -Él ayuda, ¿sabés? Da cosas, dinero, alimentos, juguetes... una vez se ofreció voluntario para estar una semana cocinando. Pero no duró ni un día. -hizo una mueca, volviendo a mirar al dibujo.
Kate rió. Se imaginaba el por qué.
-¿Quemó algo?
-La peluca del señor Alfredo.
Vale, aquello no se lo imaginaba. Alexis rió al ver la mandíbula desencajada de la morena.
-Se lo tomó bien. -recordó Alexis. -Pero le hizo jurar que no les ayudaría con eso nunca más.
-Lo entiendo. -rió Kate cuando se recuperó de la sorpresa. -¿Entonces? ¿Para qué es la subasta?
Alexis miró hacia arriba, haciendo memoria.
-Para recaudar algo de dinero y concienciar a la gente. -repitió las palabras exactas de su padre. -Ayudan muchos colegios, no solo el mio.
Kate asintió, conmovida por el intento de ayuda desinteresada del escritor y la aceptación ciega de su hija.
-¿Y de que va la galería?
Alexis volvió a elevar la vista para mirar a la mujer.
-Dibujos. Todos los niños del colegio harán dibujos para venderlos. Mañana tenemos que entregarlos, podemos hacer los que queramos... yo quiero hacer muchos, quiero ayudar. -Kate sonrió orgullosa de la pequeña, hasta que notó que ella bajaba la mirada, desilusionada. -Pero no he traído muchas hojas y... -señaló el dibujo con la mirada.
El dibujo constaba de unos garabatos que hacían formas reconocibles, pero sin color.
-Solo traje un lápiz. -aclaró la pelirroja. -Nadie comprará esto...
En un movimiento instintivo, Kate la acercó más a su cuerpo, besando su cabeza.
-Tengo una solución.
La pequeña buscó su mirada, ilusionada por sus palabras. Kate sonrió, levantándola para dejarla en el suelo, luego le ofreció su mano. -Pero tendremos que salir un momento.
Cuando la señora Smith, la mujer más canosa del edificio, abrió la puerta de su casa, nunca se imaginó ver a su vecina joven, la del quinto B, con una niña pelirroja en sus brazos.
-Hola...
-Buenos días señora Smith. -la saludó Kate con una sonrisa. Alexis se escondió en el hombro de la morena. -Vengo a pedirle un favor...
Después de explicarle la situación, la señora Smith les hizo pasar, invitándolas al sofá mientras ella buscaba el estuche de pintura de sus nietos.
Kate se sentó con la pequeña en su regazo. Alexis no se separaba de la policía, era algo que ya le había advertido Castle y que notaba siempre que iban a comprar, la niña era muy tímida con la gente, demasiado a veces. -Alexis, ¿te gustan los gatitos?
La niña dejó su refugió improvisado -el hombro de Kate- y la miró con curiosidad. -¿Gatitos?
La morena sonrió señalando hacía su lado, donde un gatito pequeño, de unos meses, se acercaba a la pequeña, con una timidez que compaginaba con la de la pelirroja.
Alexis abrió la boca en una "o" inmensa y el animalito le tocó la pierna con su hocico. Kate movió un poco a la niña, sentándola de espaldas en sus piernas y sonrió al ver a Alexis reír levemente, dejando que el gato se sentara en su regazo. Pero no se atrevió a tocarlo hasta que Kate empezó a acariciar su piel marrón. El gatito ronroneó ante el contacto y Alexis imitó a Kate, acariciándolo con suavidad.
-¡Qué suave! -siseó la pequeña con la boca abierta, no la había cerrado en todo el rato.
-Sí, mucho. Y le gusta que le acaricien, mira. -el gato estaba boca arriba, recibiendo las caricias con los ojos cerrados, ronroneando.
Así estuvieron hasta que la señora Smith apareció en la sala, con un par de bolsas llenas de pintura y cartulinas. -Veo que ya conocéis a "Yago". Mi nieta lo encontró y como no le permiten animales... -la mujer hizo un intento de mueca, pero solo pudo sonreír. Kate le correspondió, para luego observar a Alexis. La pequeña seguía ensimismada con el gatito.
-He encontrado temperas, acuarelas y pinceles... también cartulinas blancas y de colores. -dijo la mujer mayor al cabo de un rato. Extendiendo las bolsas hacia la pelirroja, como no pesaban podía llevarlas ella. La niña dejó que el gatito se fuera de su regazo y cogió las pinturas. Luego Kate se levantó, alzando a la pequeña en sus brazos.
-Gracias señora Smith, le devolveré las pinturas esta tarde.
-De nada mujer. Yo también conozco ese centro de adopción. Lleva muchos años abierto, yo estuve allí en su día y el señor Alfredo también. Tuve suerte y encontré a una familia humilde pero buena que me ayudó mucho. Él también, pero decidió quedarse el centro y seguir con él. Es especial, tienen pocos niños pero los tratan bien, ese lugar es su segunda familia, pase lo que pase...
Alexis la contemplaba en silencio, al igual que Kate, ambas interesadas por su historia.
-Pero bueno, no quiero aburriros, espero que esta idea de la galería funcione... yo también iré y compraré algo.
Kate asintió, agradeciéndoselo de nuevo antes de irse.
Una pila de dibujos descansaba sobre la mesa, secándose. Alexis pintaba en la mesa auxiliar del sofá, sentada en el suelo, vestida con la camiseta larga de Kate, la que usaba cuando cocinaban. La policía pensó que sería buena idea ponerle la camiseta como "bata improvisada". Y acertó.
Alexis intentaba hacer un gato pequeño en una bota, y la verdad es que le estaba saliendo bastante bien, como los anteriores dibujos. Kate estaba sorprendida del manejo del pincel de la niña. Al principio temía equivocarse, pero cuando Kate se puso a dibujar sentada su lado, poniendo todo su empeño en dibujar un coche, la pequeña se dejó llevar, pintando más deprisa, sin miedo. Cuando Kate terminó el coche, Alexis ya había hecho un puñado de dibujos. Gatos, perros, marineros, barcos piratas, un teatro por dentro, caballos, un coche de policía...
La cara de Kate se transformó al ver el coche. Tenía todos los detalles de un coche patrulla, incluidas las letras NYP en los laterales del vehículo. Era un trabajo minucioso, hecho por un niño de cuatro años, casi cinco, pero un niño... ¿Cómo podía tener esa habilidad de detallismo?
-¿Te gusta?
Kate miró a la niña sentada a su lado, observándola divertida, entonces se dio cuenta de que tenía la boca abierta como un porta aviones. Se obligó a entre cerrar los labios y miró a la niña con autentica admiración. -Tiene muchos detalles.
-Papá tiene uno así.
-¿Un coche patrulla?
-De juguete. Se lo trajo Santa el año pasado, es radio control y tiene una antena muy grande.
-Pero este no tiene antena. -apreció Kate, cogiendo el dibujo para verlo de cerca.
-Porque es de verdad. -contestó como si fuera obvio. -No es un juguete.
Kate asintió riendo levemente.
-Pues está muy bien Alexis. -le dijo con sinceridad, sin quitar ojo al dibujo, completamente embobada. Alexis dejó de pintar para mirar a la morena.
-Pues si lo quieres lo compras.
Kate la miró, sorprendida. -¿Qué? No puedes regalármelo, hay muchos...
Alexis negó con la cabeza, cogiendo pintura amarilla con el pincel.
-Lo siento, se vende.
La morena miró a la pequeña y al dibujo alternativamente. Ese dibujo iba a ser suyo... costase lo que costase.
Continuará
