Capítulo 9

Kate se sentó en el sofá justo después de escuchar un portazo fuerte, precedido por una par de "¡Me niego!" de su padre. Soltó un largo suspiro y se tapó le cara con las manos. A quién iba a engañar, se imaginaba una reacción similar, pero en el fondo tenía un poco de fe... quizás esperanza de que su padre la entendiera.

Segundos después de que su padre se marchase de casa, Kate sintió una sensación cálida en el hombro. Levantó la vista y se encontró con su madre, ahora sentada a su lado, sonriéndole con complicidad.

-Dale tiempo, lo entenderá.

Kate hizo un símil de sonrisa y suspiró. -Eso espero...


14 de Diciembre

Alexis estaba sentada en la mesa redonda de su clase, dibujando junto a sus compañeros. Ellos reían mientras garabateaban en el papel los típicos muñeco palo y explicaban sus creaciones. Pero Alexis se mantenía callada, dibujando... no sabía lo que estaba dibujando. La orden de la maestra había sido clara "Dibujad a vuestra madre con vosotros, haciendo algo que les guste." y ella no sabía que dibujar.

-¿Lex, por qué no dibujas? -preguntó su mejor amiga, Peig, sentada a su lado con un plastidecor de color rosa en las manos.

Alexis bajó la mirada mirando el papel.

-Porque ella no tiene mamá. -explicó Jhon, un niño pelirrojo con más pecas que estrellas que solía hablar más de la cuenta.

Peig fulminó al niño con la mirada. -¡Eso no es verdad! Lex tiene mamá.

El pelirrojo levantó su vista de su dibujo para negar con la cabeza.

-Yo nunca la he visto. Siempre viene su padre a recogerla. -dijo el niño. Y ahí empezó una discusión acalorada entre Jhon y Peig, que acabó con una frase que hizo mella en Alexis. -¿¡Y yo qué culpa tengo si su madre no la quiere!?

Tras esas palabras, Alexis se levantó del asiento, entregó la hoja bacía a su profesora y se sentó en una esquina de la clase, con la cabeza agachada en todo el proceso.


-¡Ya estoy en casa! -exclamó Castle cerrando la puerta de su casa. Luego caminó hacia el comedor, a la espera de un correteó por las escaleras o un "¡Papá!" que nunca llegó. Rick miró por el comedor, inquieto, y encontró a su hija sentada en el sofá, con las piernas subidas al asiento y sus manos rodeando sus rodillas.

La cara del escritor cambió al instante.

-¡Cariño! ¿Qué te pasa? -preguntó acercándose para sentarse a su lado y poder abrazarla.

Pero su hija no respondió, estaba demasiado ocupada viendo la televisión apagada.

-Está así desde que la recogí del colegio. -habló Martha a sus espaldas. Rick se giró para ver como su madre se acercaba a él con la misma cara de preocupación en el rosto. -Su maestra dijo que Alexis se negó a hacer la tarea y se tiró toda la clase sentada en una esquina sin hablar, como ahora.

-¿Y eso? -preguntó él.

-No lo se... su profesora dijo que fue un cambio repentino.

Rick posó su atención en su hija y le acarició el pelo con ternura. -Calabaza, ¿quieres contarme qué pasó?

La niña no se movió ni un centímetro.


16 de Diciembre

Era sábado, Kate caminaba por las calles de Manhattan con una sonrisa. Iba casual, pero bien arreglada, con sus baqueros, su blusa blanca y el pelo ondulado cayendo por sus hombros. Después de una semana dura y barios días dando espacio a su padre, que seguía sin hablarle desde que le comunicó que estaba saliendo con un hombre cinco años mayor y con una hija, ahora, por fin, tenía un motivo para sonreír.

En menos de cinco minutos estaría en el loft del escritor, preparada para un paseo romántico por algún que otro parque de la ciudad. Habían quedado en que serían espontaneos, y estarían solos. Martha cuidaría de Alexis mientras ellos tenían un día para estar solos... que ya les hacía falta después de más de un mes sin verse apenas.

Así que sonreía. Sonreía cuando divisó el edificio del escritor, sonreía cuando saludó al portero, pero dejó de sonreír cuando Rick le abrió la puerta.

-¿Rick? -lo miró de arriba a bajo. Él aun iba con su pijama, el pelo desordenado y una cara de muerto viviente, como si no hubiera dormido en días. -Dios... ¿te encuentras bien? -preguntó realmente alarmada.

Él continuó estático hasta que su madre se acercó a ellos. Ella si que iba bien vestida y arreglada, como de costumbre, pero, aunque lo había intentado disimular con el maquillaje, se veía cansada también.

-¡Hola querida! -la tomó del hombro, haciéndola pasar para luego cerrar la puerta. -¡Pasa, pasa! Richard, querido, deja que yo me ocupe de tu dama mientras te vistes.

Rick asintió, y como si de un fantasma se tratara, cruzó el comedor hacia la habitación.

Kate se dejó guiar por Martha hacia el taburete de la mesa americana, pero sus ojos no se despegaron del escritor, y cuando desapareció, siguió mirando hacia su puerta cerrada.

-¿Qué le pasa? -preguntó al cabo de unos segundos. Martha suspiró audiblemente mientras le servía un poco de agua en un baso.

-Alexis. -Martha vio como la cara de la policía se teñía de preocupación total, le extendió el baso por en cima de la mesa y continuó. -Lleva dos días sin hablar ni comer apenas. No sabemos que hacer, su padre y la maestra han intentado hablar con ella pero... -suspiró pesadamente, sentándose en el taburete cercano. -Ella se cierra.

Kate la miró procesando los datos, luego desplazó la vista hacia las escaleras.


Alexis estaba sentada en su cama, apoyada en la cabecera, con sus bracitos rodeando sus piernas y su cabeza agachada cuando alguien picó a la puerta. Ella no contestó, se limitó a no moverse ni un centímetro, ni si quiera cuando la puerta se entre abrió... pero no pudo evitar levantar su cabecita ligeramente cuando escuchó su voz.

-Alexis, ¿estás bien? -se asomó Kate por la puerta, sin querer invadir el espació personal de la niña. Pero aquél pensamiento se fue al traste en cuanto la vio encogida en su cama.

Kate abrió la puerta de golpe, caminando a paso ligero para sentarse a su lado, en el borde de la cama.

-Hey, ¿qué pasa pequeña chef? -le preguntó sin poder evitar su preocupación. Al escuchar aquél mote, Alexis elevó sus brazos y se abalanzó hacia Kate, rodeándola por el cuello. -Cariño... -soltó inconscientemente la morena, notando a la niña temblar entre sus brazos. Segundos después, Alexis sollozó con fuerza, llorando en el hombro de la morena.

La mujer rodeó a la pequeña entre sus brazos, acariciando su espalda y su pelo. -Cariño... -volvió a pronunciar Kate, con un nudo en la garganta. -Ya está... tranquila... -la meció inconscientemente, sin dejar de abrazarla y acariciarla. -Tranquila...

-¿Soy mala? -dijo de repente la niña, haciendo que el corazón de Kate diera un bote.

-¿Qué?

Alexis seguía llorando en el hombro de la policía, hablando entre sollozos. -Jhon dice que mamá se fue por mi culpa. -sollozó ahogadamente. -¿Hice algo mal? ¿Por eso se fue? -por su puesto que eso no fue lo que dijo, pero ella así lo entendió. -Soy mala... -afirmó.

Kate la separó de su hombro con delicadeza. -Escuchame, no eres mala Alexis. La gente mala hace cosas muy malas sin importarles nada ni nadie, y tu no eres así. -le limpió las lágrimas con la yema de sus dedos. -Eres la niña más buena y responsable que conozco. -le dijo con sinceridad, sonriéndole al notar que la niña se sonrojaba.

-¿Entonces por qué se fue? -preguntó Alexis un poco más calmada. -¿Por qué nos dejó a mi y a papá?

-No lo se... -susurró, besando su cabecita cuando ella suspiró ante su respuesta. -Pero eso no significa que no te quiera, ni que fuera tu culpa. -le leyó el pensamiento a la niña.

Alexis se sentó en el regazo de la policía, acurrucándose en su pecho. Kate aceptó el gesto abrazándola.

-Ella me llama de vez en cuando... y viene a verme cuando puede. -soltó en un susurró Alexis, como si necesitara pruebas de lo que Kate le decía. -Si no me quisiera no lo haría... ¿No?

Kate pasó una mano por su pelo, peinándolo con sus dedos en una caricia suave. -Es imposible no quererte cariño. -soltó sin querer, sin darse cuenta si quiera, pero Alexis si lo hizo y esbozó una sonrisa contra la blusa de la morena.

Los siguientes minutos fueron silenciosos. Kate continuó acariciando el pelo de la niña y esta aceptaba el gesto cariñoso encantada. La pregunta "por qué se fue" no había sido contestada, y Kate no sabía como responder así que no dijo nada, pero Alexis parecía complacida. Su principal duda se había resuelto. Su madre la quería, ella no era mala.

-¿Te irás con papá? -preguntó Alexis al cabo de un rato. Su voz ahora era relajada, casi dormida.

-Tu papá y yo queríamos ir a comer algo fuera, sí. -contestó, viendo como la niña se aferraba más a su blusa.

-Vale...

-Pero... -dejó de acariciarla y la niña miró hacia arriba, chocando con su mirada. Kate sonrió. -Creo que tengo una idea mejor.


Alexis bajó las escaleras corriendo, dejando atrás a una divertida Kate, que por más que gritara a la joven que no corriera, sabía que no iba a servir de nada.

-¡Papá, abuela! -escuchó a la pelirroja llamarlos y ellos se giraron con una enorme "o" en sus bocas. Rick ya estaba cambiado, listo para salir y los dos hablaban en medio del comedor, seguramente comentando algo de la pequeña cuando esta los interrumpió, lanzándose a los brazos de su padre y esté la sostuvo al aire, abrazándola.

Kate bajó las escaleras con una sonrisa al ver a su escritor sorprendido, sonriendo ante las incoherencias que su hija le soltaba de carrerilla, casi sin respirar. Martha contemplaba a su nieta realmente sorprendida.

-Alto, alto, respira calabaza... ¡no te entiendo!

-¡Kate a tenido una idea! -exclamó alzando sus brazitos en un gesto típico de su abuela que hizo reír a la actriz y que hizo que Rick abrazara con más fuerza a su hija, por si se caía. -¡Es tan...! ¡Papá, di que sí!

-¿Qué sí a qué? -sonrió el escritor, cautivado por la emoción de su hija. Atrás había quedado la preocupación y el disgusto que tenía cuando abrió la puerta a la morena.

-¡Tú di que sí! -le replicó su hija.

Kate se acercó a ellos, riendo, y Castle la miró con la ceja levantada.

-En vez de salir fuera, podíamos comer aquí. -explicó Kate. Alexis asintió repetidas veces.

-¿Comida para llevar? -preguntó Castle.

-No, ¡casera papá!

-No creo que eso sea buena idea querida. -dijo Martha.

Kate se acercó a Alexis y esta extendió las manos hacia ella, haciendo que la morena la cogiera en brazos. Luego posaron señalándose a si mismas. -Cocinaremos nosotras. -comunicaron a la vez.

Martha rió a carcajadas por el gesto y Rick desencajó la mandíbula.

Continuará