Capítulo 11
Una semana más tarde, Rick esperaba la llamada de Kate, como de costumbre. Normalmente se llamaban dos veces al día, una sobre la hora de comer y la otra antes de irse a dormir, y así Castle le deseaba las buenas noches. Pero ya eran pasadas las tres y Kate no lo había llamado aun. Quedaron que por el medio día, cuando ella pudiera escaquearse del trabajo para comer, lo llamaría siempre así que, una de dos, o tenía tanto trabajo que ni si quiera tuvo tiempo para alimentarse; o le había pasado algo.
Su corazón se encogió ante esa posibilidad. Dios, era policía, las posibilidades de que le sucediera algo mientras trabajaba eran... muy sólidas.
Rebufó y se sentó en el sofá, mirando su reloj y su móvil alternativamente, tenía el teléfono en la mano, dudando si llamar o no. Pero no tuvo que esperar demasiado. Él móvil sonó, dejando aparecer el número de Kate en la pantalla.
-¡Kate! Dios, me tenías preocupado por qué...
Los sollozos de la policía no le dejaron terminar.
-Rick... -se escuchó su voz llorar. -He tenido... he tenido un accidente... -sollozó con fuerza.
-¡Oh Dios! ¿Cómo... qué... estás bien?
-No iba sola... estaba conduciendo con mis padres dentro y... no se dónde están, no me dicen nada... te necesito Rick... -lloró agudamente.
-Vale, tranquila cariño, dime el hospital. -escuchó el nombre que le decía su novia y tras tranquilizarla nuevamente, cogió las llaves de su coche y salió del loft corriendo.
Mientras iba hacia el hospital, Rick llamó a su madre. Le dijo que tenía que recoger a Alexis, explicándole la razón y la reacción le impresionó un poco. Martha se puso a llorar, aunque pronto reaccionó diciendo que saldría del teatro e iría a recoger a Alexis.
Solucionado ese problema, Castle preguntó en recepción por su novia, y después de mucho insistir, le dieron el número de su habitación.
Cuando entró en la habitación no pudo evitar sentir que el mundo se le caía a los pies. Tumbada en la cama, llena de vendajes y heridas estaba Kate, llorando y gritando a un médico que solo se limitaba a negar con la cabeza.
-Kate... -la llamó el escritor, haciendo que ella lo mirara estallando en más lágrimas.
-¡Rick!
Castle se acercó y besó su cabeza, dejando sus labios contra su piel mientras lloraba. No lo pudo evitar, sabía que tenía que ser fuerte, pero verla así...
-Dios mio, cariño... ¿estás bien?
Ella sollozó, mirando sus ojos azules cuando Castle se separó ligeramente.
-Rick, mis padres, no quieren decirme nada, no se cómo están... mi padres... -lloró ella.
-Schhh... tranquila cariño, lo averiguaré. -besó su mejilla y se incorporó, limpiándose las lágrimas antes de mirar al doctor fríamente. -¿Dónde están sus padres?
-No lo se, yo solo llevo su caso. Ni si quiera sabía que sus padres iban en el coche. Debería preguntar en recepción o a alguna compañera, pero en la ambulancia solo iba ella... y no recibieron más pacientes de urgencias hasta pasada una hora.
La cara de Kate palideció. -No... no, no puede ser... tienen que estar en el hospital...
-Vale, tranquila mi vida, hey, escuchame... -la llamaba pero ella seguía llorando y repitiendo palabras sin sentido. Rick acarició su pelo y besó su frente. -Voy a encontrarlos, ¿Vale? -ahora si que lo miraba. Ella asintió entre lágrimas. -Vuelvo en unos minutos. ¿Doctor puede decirme donde preguntar? -cuestionó señalando hacia fuera.
Una vez fuera de la habitación el doctor contestó su pregunta y le dijo que el ya había preguntado, y no había ningún Beckett más en el hospital, pero que no quería decírselo a la paciente por su estado. Al escuchar la palabra "su estado", Rick se preocupó y preguntó cómo estaba.
-Tres costillas rotas, una lesión en el pulmón, muñeca rota, fracturas multiples en piernas y un golpe fuerte en la cabeza que, por suerte, no causará problemas. -le resumió. -pero si se pone más nerviosa de lo que está, y su pulmón se resiente, podría ahogarse. La verdad es que, si con la prueba que le haremos en unas horas vemos que la cosa no mejora, habrá que operar.
Rick suspiró y se mantuvo en pie, sin saber como. Le estaba diciendo que a lo mejor sus padres estaban muertos, y que Kate podía ahogarse si se ponía más nerviosa.
-Gracias doctor. -se despidió de él caminando hacia la planta baja. Tenía que encontrar a sus padres.
Media hora más tarde, y después de haber preguntado a casi todo el personal del hospital, Rick tuvo la idea de llamar a otros hospitales y preguntar por ellos. Y acertó. Jim Beckett y Johanna Beckett estaban en otro hospital. Pero no pudo saber nada más de ellos, era información reservada y ellos no podían darla a desconocidos. Rick colgó y buscó al médico de Kate, preguntándole si podía averiguar su estado él haciendo uso de la palabra doctor.
El doctor aceptó, pero dijo que tardaría media hora. Rick se lo agradeció y fue a la habitación de Kate.
Se sentó a su lado, en una de esas sillas incomodas de hospital y le explicó lo sucedido. Kate se lo agradeció aun preocupada y él le dijo que en cuanto le hicieran la última prueba firmaria unos papeles y pagaría lo necesario para moverla al otro hospital. Kate asintió aun con lágrimas en los ojos y él besó su frente. -Haré todo lo que pueda cariño, todo... -siseó acariciando su pelo.
-Gracias Rick...
-Siempre. -le sonrió, besando su mejilla.
A la media hora entró el doctor. Kate se intentó incorporar, pero el hombre le dijo que no era buena idea y Rick la echó hacia atrás con suavidad.
-Sus padres están en el hospital central de Manhattan, al parecer tuvieron que tomar rutas diferentes por culpa del tráfico. -se explicó.
-¿Cómo están?
-No lo se con exactitud, sus lesiones no me fueron confiadas, pero si que me dijeron que ambos tuvieron que ser operados y ahora están en un coma impuesto, para que no sufran dolor. Pero están estables. Los médicos esperan que despierten en unos días.
Kate suspiró, relajándose un poco, pero solo un poco.
-¿Cuando podré pedir el traslado?
-En unas horas, si todo va bien. Por ahora descanse señorita, si ocurre algo con sus padres me avisaran y yo le informaré.
-Gracias doctor. -dijo Rick, pues Kate estaba demasiado ocupada intentando controlar su respiración.
Tres horas después, Kate fue extendida en su nueva cama, en el hospital donde estaban sus padres. Las enfermeras le ayudaron a acomodarse y se fueron. Rick salió un par de veces preguntando por el doctor que se ocupaba de los Beckett y, cuando lo localizó, le pidió que le pusiera al día sobre su estado, y este, que ya sabía lo de su novia y el cambio de hospital, le dijo lo que le había dicho el otro doctor en su momento y que parecían evolucionar bien, pero tenían que esperar.
Rick suspiró agradecido y fue a recepción a hacer unos tramites. Quería poner a los tres en una misma habitación. La de recepción le dijo que para eso necesitaba el permiso de los médicos y dinero... Castle fue a buscar ese "permiso", y cuando lo obtuvo, volvió a recepción y firmó los papeles oportunos.
Cuando llegó a la habitación de su novia, Kate lo llamó.
-¿Dónde estabas? ¿Encontraste al doctor? ¿Cómo están?
Rick se sentó a su lado, cogiendo su mano buena y la tranquilizó. -Encontré al doctor, están bien Kate, están estables y aun tienen que despertar del coma, pero el doctor es bastante optimista.
-Quiero verlos.
-Lo se cariño... por eso he tardado tanto.
-¿Puedo ir a verlos?
-No, no puedes moverte de la cama, ya lo sabes. He ido a firmar unos papeles y pagar por una habitación conjunta para que estéis los tres. En unas horas te trasladaran a esa habitación.
Kate no lo pudo evitar y lloró. -Gracias Rick... gracias. -él besó su mano.
-Siempre cariño, siempre. Ahora descansa, pronto será de noche.
Cuatro horas después, tras hacer que Kate cenara contra su voluntad, trasladaron a la morena a la habitación donde ya estaban sus padres. Las enfermeras pusieron su cama en medio de los dos y se fueron. Kate miró a sus padres con lágrimas en los ojos, estaban conectados a unas máquinas y sus cuerpos tenían múltiples heridas, como las de su hija.
-Están bien Kate... están estables. -dijo Rick desde los pies de su cama, viendo como ella giraba su cabeza hacia los dos lados, mirando a ambos. -Ahora tienes que dormir, como dijo el doctor.
-Y si les pasa algo mientras duermo y...
-Estoy aquí Kate. -siseó poniéndose a su lado. -Cuidaré de los tres. -cogió su mano derecha entre las suyas y la besó. -Te lo juro, los cuidaré como a mi hija. Ahora duerme cariño, intenta descansar.
-No me sueltes la mano. -susurró ella cerrando los ojos.
-No lo haré. -dijo él, incorporándose un poco para besar su mejilla. -Descansa mi vida... descansa... -susurró una vez tras otra palabras dulces, acariciando con suavidad su mano derecha y, poco a poco, se fue quedando dormida.
Tres días pasaron y Rick no se había movido del hospital para nada. Martha se había ocupado de Alexis sin rechistar y lo llamaba un par de veces al día para saber como estaba la policía y sus padres. Rick prefirió no contar nada a su hija, pero ella ya se había enterado, usando su instinto super desarrollado. Alexis insistió en ir, o en hablar con Kate, pero Rick se negó. No podía ir y verlos así y tampoco podía llamarla, ya que no se permitían móviles en la habitación donde estaban. Así que, después de explicárselo, la pelirroja lo entendió y con voz rota dijo que obedecería y esperaría.
Por otro lado, Kate iba mejorando, sus pulmones sanaban solos y, por suerte, solo necesitaba reposo y estar unos días en observación. A sus padres ya le habían empezado a retirar los medicamentos y era cuestión de tiempo que despertaran.
Rick pasó las noches en vela, cuidando de que los tres Beckett estuvieran bien. Al cuarto día, por la noche, Rick notó que Johanna se movía. Él se levantó de su silla al lado de Kate y se acercó a la abogada. Tenía los ojos abiertos.
-Dios, menos mal... -siseó Rick antes de pulsar el botón para llamar a la enfermera. Johanna intentó mover los labios, pero no podía decir nada coherente. Rick agarró su mano y, sin contener las lágrimas en sus ojos, la intentó calmar. -Tranquila, soy el novio de su hija Johanna. Ella está bien... y su marido está a la espera de despertar también. -dijo, apartándose del lado derecho de la cama para que ella mirara hacia allí. Sus ojos se inundaron al ver a su hija y su marido allí. -Están bien, señora...
Johanna le preguntó algo con la mirada y él sonrió, acariciando su mano suavemente.
-Es la que mejor está, necesita reposo y le dan demasiados calmantes para que pueda despertarse ahora mismo, pero está bien. -besó su mano. -Tranquila, están aquí los tres, están bien...
Los ojos de Johanna se inundaron de lágrimas que Rick consideró una muestra de alivio por que su familia estuviera bien, pero era algo más, era por el orgullo, sí. Estaba orgullosa de la elección de su hija.
Continuará
