Gracias por los comentarios. Aquí os dejo el siguiente capítulo. Ni si quiera lo he leído desde que lo escribí... miento, acabo de leer un trozo... y no me gusta nada jajaja. Que raro. Bueno, lo dejo y luego lo corrijo o edito si hace falta. Un saludooo. Por cierto, a partir de ahora los capítulos serán semanales.
Capítulo 12
Al día siguiente, mientras Kate y Johanna hablaban emocionadas de que todo pareciera estar más o menos bien, Rick notó que Jim se movía ligeramente. Se levantó y se puso a su lado, tenía los ojos abiertos.
-¡Está despierto! -informó, haciendo que ambas Beckett se alegraran al instante.
Castle picó el botón de las enfermeras y paró el intentó del hombre de quitarse la máscara de aire. -No haga eso señor. -vio que el hombre intentaba decir algo y Rick adivinó su pregunta. -Están bien... -se apartó ligeramente de su campo de visión y ayudó al hombre a girar un poco la cabeza para poder ver a sus dos mujeres llorando sonrientes.
El hombre se tranquilizó y respiró tranquilo, llorando también.
Un minuto después, el doctor lo analizó y le informó de su estado mientras lo examinaba. En un momento en concreto, el doctor pidió a Rick que lo ayudara a incorporarlo. Él obedeció y lo mantuvo incorporado un buen rato, sujetándolo por la espalda. Cuando terminó de examinarlo incorporado, el doctor dijo algo que empeoró las cosas.
-Todo en orden, señor Castle, ya puede ayudarle a tumbarse de nuevo.
Kate y Johanna miraron con horror al doctor.
-¿Castle? -inquirió el abogado, mirando al escritor que aun lo rodeaba por la espalda, manteniéndolo incorporado. -¿Tu eres Castle, el novio de mi hija?
Rick no tuvo tiempo de asentir, pues Jim lo cogió del cuello de la camisa.
-Miserable... ¡mi niña tiene cinco años menos!
-¡Papá! -gritó Kate.
-¡Dios Jim, haz el favor de dejarlo! -escuchó a su mujer.
-Señor, será mejor que lo suelte, sus heridas... -medió el doctor.
-¡¿Soltarlo?! Con las ganas que tenía de ponerle las manos encima...
Todo era un caos, pero Rick se las apaño para tumbarlo.
-Lo entiendo señor, creame que lo entiendo. -habló Rick mientras lo tumbaba. -Y estoy de acuerdo en hablar con usted o dejar que "me escarmiente", pero ahora no. Por favor.
-¿Cómo lo vas a entender? -cuestionó Jim una vez tumbado, aun sin soltarlo.
-Porque yo también tengo a mi niña, mi vida, mi pequeña calabaza que seguirá siendo mi niña por mucho que crezca. -se sinceró Castle. -Por eso lo entiendo y... yo no se como reaccionaría en su lugar, pero seguro que me hubiera planteado ahogar al miserable que...
-¡Rick! -le reprochó su novia. -¡No le des ideas! -susurró.
El doctor rió y Jim asintió, soltándole del agarre.
-Estuve apunto de hacerlo. -lo miró desafiante.
-Lo entiendo. -contestó Rick con calma. -Solo déjeme unos días de vida, hasta que salgan del hospital y luego hablamos o... termina de ahogarme. Solo le pido eso.
Jim pareció pensarlo, y tras unos segundos cerró los ojos. -De acuerdo... pero nada de mimos ni...
-¡Ni lo sueñes! -espetó Kate, incorporándose para fulminar a su padre con la mirada. -Le pides eso y dejo de hablarte durante un año. -le amenazó.
-¿Qué? ¿Un año? -gimoteó el hombre. -¡Pero si es por tu bien!
Castle se acercó a su novia con la preocupación en su rostro. -Kate, no puedes incorporarte, siéntate cariño. -intentó tumbarla, pero ella se negó.
-¡Pero él...! -gimió de dolor, poniéndose una mano en las costillas. -¡No te pongas de su parte! ¡Pretende dejarme sin besos! -lo señaló indignada, empeorando su dolor.
-Cariño... -insistió Rick, haciendo contacto con sus ojos. -Por favor... -siseó, y Kate se dejó hacer, gimiendo de dolor cuando tocó el colchón, respirando con dificultad por culpa de las costillas. -Tranquila... respira... -le susurró acariciando su rostro, mirándola con preocupación. -Tranquila... así es... muy bien... intenta no hacer movimientos bruscos al respirar... tranquila cariño...
Mientras la calmaba, el doctor se puso a su lado, la miró de reojo y caminó hacia la puerta. -Avisaré a su doctor para que la revise y la ayude a calmar el dolor.
Rick lo fulminó con la mirada. -No me venga con estupideces. Usted es doctor. -dijo entre dientes, acariciando la mejilla de Kate para intentar calmarla, pero esta seguía con dificultades para encontrar aire.
El doctor lo miró una ultima vez antes de acercarse y ayudarles.
Minutos después, una enfermera pinchaba a Kate mientras esta rogaba a Rick que le tapara los ojos. -No es nada cariño, solo un pinchazo...
-Como dejes de besarme te mato. -le dijo ella con los ojos apretados, agarrando la mano de Rick con fuerza mientras él usaba la que le quedaba para tapar los ojos de su chica. Johanna rió sin poder evitarlo y Jim suspiró negando con la cabeza.
-Vale, vale...
-Quiero besos. -dijo ella al notar el pinchazo en su piel. La enfermera soltó una carcajada al ver la boca del escritor abrirse en un signo evidente de dolor. Kate le había apretado la mano con fuerza.
-Mu... muchos besos. -atinó a decir Rick, moviendo los dedos de su mano cuando ella lo soltó.
-Bueno, esto ya está... en unos minutos tendrá sueño señorita Beckett. - le dijo la enfermera, luego se fue riendo y Kate miró a su novio.
-Beso. -reclamó.
Rick se acercó y posó sus labios contra los suyos, delicadamente, con dulzura. Ella sonrió cuando él se separó y besó su cabeza.
-Odio esos pinchazos... -dijo ella con los ojos cerrados. -Y en cima tengo la cabeza muerta.
Castle acarició la sien de su chica con cuidado, haciendo suaves masajes.
-Oh, Dios... no pares...
Rick sonrió sin decir nada, sabiendo que lo que hablara de ahora en adelante solo empeoraría su dolor de cabeza. Se acercó más a ella, y combinó sus masajes en la sien con suaves círculos que le dio con su otra mano al brazo de su chica.
-Mmmhhh... -ronroneó Kate durmiéndose poco a poco. Rick siguió con los masajes aun después de que ella se durmiera, hasta que, poco a poco, fue separándose, sonriendo al verla dormir placidamente.
Jim y Johanna miraban la escena sin mediar palabra. Uno parecía odiarle y la otra parecía adorarle, pero él intentó ignorar aquello.
Habían pasado siete días desde que Kate tuvo el accidente, siete días que Rick pasó en el hospital, sin apenas ir a casa. Cuando Jim y Johanna despertaron, Kate lo convenció para ir a su loft un par de veces, cambiarse y ver a su hija. Pero Rick no estaba fuera más de dos horas, luego volvía y se sentaba en su silla, al lado de Kate.
Al séptimo día de comidas de máquina y noches de insomnio, Rick se quedó dormido en su silla, con la cabeza en la cama de Kate. La policía se dio cuenta y acarició su pelo revuelto, sin despertarlo.
-Oh, veo que por fin sucumbió al sueño. -susurró una enfermera, entrando en la habitación con un carrito de comida. Los tres Becket la miraron y Kate le sonrió. -Llevaba una semana sin dormir a penas, tienes una joya chica. -rió a lo bajo la mujer mayor, colocando las mesas correderas en el lado de las camas, para depositar las bandejas de comida luego. Tardó un poco más de lo habitual. Normalmente Castle ayudaba a las enfermeras a incorporar a los pacientes y luego ayudaba a la policía a comer, pero esta vez estaba profundamente dormido.
-¿Necesitas ayuda con la sopa? -preguntó la enfermera cuando todo estuvo listo.
Kate le sonrió. -Me las apañaré, gracias. -siseó.
La enfermera le devolvió la sonrisa y salió sin hacer ruido. Johanna también sonrió en silencio, cogiendo su tenedor con torpeza, pero sin soltar una palabra o una queja. Jim las miró resoplando. Con lo que hablaban cada día, y aquel iba a ser la excepción...
Al día siguiente, en su conversación por teléfono con su hija, Alexis preguntó si podía ir a ver a Kate. Aquella pregunta se había formulado todos los días, pero Rick siempre tenía que dar una negación. Cuando se lo contó a Kate, esta le animó a que trajera a su hija y Rick se lo agradeció.
A las cinco de la tarde, una Alexis contenta entró a la habitación de la mano de su abuela. Nada más ver a su padre sentado en la silla al lado de una Kate incorporada, localizó a la policía y se le escaparon las lágrimas.
-¡Kate!
Todos miraron hacia la muchacha. Alexis se soltó de la mano de su abuela y corrió hacia la cama de Kate, trepando por el lateral para poder abrazar a la morena.
Kate la rodeó entre sus brazos, aprovechando que estaba incorporada, con la cama ligeramente inclinada hacia arriba.
-Kate... Kate... -repitió una vez tras otra, hundiéndose en el hombro de la morena. Kate la acercó más contra su cuerpo, cerrando los ojos para poder aspirar la suave colonia de la pelirroja.
-Ya está, cariño, ya está... -siseó Kate con un aliento cálido en su orejita congelada, dulcificando su voz.
-¿Estás bien? -sollozó aun en su hombro.
Kate besó su mejilla y acarició su pelo con ternura. -Estoy bien.
-¿Segura? -gimoteó la pequeña, hipando.
La morena sonrió con los ojos humedecidos. Luego besó la coronilla de la pequeña y dejó que su mejilla magullada descansara sobre la cabeza de la niña.
-Segura. -siseó, pasando sus dedos por las puntas del pelo pelirrojo de la niña, haciendo sonreír a Johanna ante ese acto maternal. -Estoy bien Alexis, estoy bien.
Así se quedaron un buen rato hasta que Alexis se calmó. Ninguno de los presentes dijo nada, estaban demasiado ocupados o impresionados, viendo el panorama, depende del caso. Cuando pasó un rato y Alexis por fin dejó de llorar, Martha, que seguía en la puerta sin atreverse a entrar, se presentó. Fue entonces, cuando Alexis escuchó las voces de los Beckett, que empezó a separarse levemente del hombro de la morena. Kate vio el gesto e hizo lo mismo, Alexis sonrió y Kate tocó la nariz de la niña con un dedo.
-Te he echado de menos pequeña chef.
Alexis rió ante el mote, liberada de su pena y volvió a abrazar a Kate. Esta vez el abrazo fue más corto, y cuando terminaron empezaron una pequeña conversación que no llegó a más.
Rick gimoteaba como un perrito abandonado, con su cabeza sobre la cama, rascando con una mano las sábanas de la cama de su novia. Era la típica estampa de un cachorrito abandonado.
Kate y Alexis soltaron una carcajada sonora mientras Rick seguía gimoteando. -Estoy aquí... -decía con su voz de cachorrito abandonado.
-¡Papá! -le intentó reprochar Alexis, pero la risa se le escapaba sin querer. -No tienes remedio.
-No, no lo tiene. -rió Kate entre dientes. -¿Qué pasa pequeño, te han dejado sólito? -preguntó, revolviendo sus pelos como si fuera un perrito.
Castle asintió, mirándolas con una carita de pena que les hizo sonreír más.
Sin poder evitarlo, Kate hizo un gesto con la mano y Rick la entendió; se sentó en el borde de la cama y se unió al abrazo, posando su cabeza en el pecho de Kate, ronroneando.
Alexis rió. -Me pregunto que raza de perro será. -soltó de pronto.
Kate soltó una carcajada y acarició la cabeza de su novio con ternura. -Es único. -dijo, besando el pelo de su escritor, sin cesar sus caricias.
Al otro extremo de la habitación, dos mujeres miraban la escena con unas sonrisas de oreja a oreja y los ojos ligeramente humedecidos. Jim suspiró. Ahora si que no podía matarlo aunque quisiera.
Continuará
