Lo que me ha costado subir este capítulo. Por cosas de la vida, se me borró del pc todo lo que tenía de esta historia... Pero bueno, me las apañé para subir capi (gracias a Ana, aplausos para ella jaja). Este capítulo es el que menos me gusta de todos. Bueno no digo nada más a parte de que no está corregido y tendrá faltas. Un saludo.


Capítulo 13

-¿Le duele mucho? -preguntó una tímida Alexis a un cansado Jim Beckett. El hombre bajó la mirada y se encontró con los ojillos preocupados de la pelirroja. Ella estaba en el suelo, a una cierta distancia de la cama, ponderando la posibilidad de acercarse o no.

Inconscientemente, los labios de Jim se curvaron hacia arriba.

-Un poco, pero no mucho. -dijo el hombre con voz suave.

Alexis sonrió tímidamente y se quedó allí de pié, toqueteando la manga de su jersey con la cabeza agachada.

Había pasado una hora desde que la niña y su abuela llegaron a la habitación. La actriz se presentó y también presentó a su nieta, que estaba demasiado sonrojada entre los brazos de Kate para hablar. Estuvo más de una hora abrazada a Kate, susurrando cosas entre ellas que, gracias a su oído y a que los demás estaban en silencio, pudo entender a medias. Al parecer la niña tenía miedo de decir algo malo a los padres de la policía, pero Kate la acariciaba, y sin dejar los cuchicheos, la calmaba con palabras dulces, dándole su tiempo para que la niña cogiera valor.

Rick había observado todo sentado en la silla, al lado de la cama de Kate. Después de unos minutos abrazado a sus dos mujeres, y tras ver a su niña inquieta por la presencia de los Beckett, decidió darles un poco de espacio para que hablaran.

Y en algún punto de ese proceso de valentía, Alexis había decidido bajarse de la cama de Kate y caminar hacía el padre de la policía.

-Gracias pequeña. -habló Jim después de un par de minutos en los que Alexis no se había movido ni un centímetro.

La pequeña levantó la cabeza, ligeramente, mirándolo por debajo de sus pestañas.

-Gracias por preocuparte. -insistió el hombre conmovido por la timidez de la niña. En ese momento, hasta él mismo se reprochaba mentalmente el no haber hablado de Alexis con su hija. Kate había querido hablarle un par de veces de la pequeña, pero él se negó... si la hubiera escuchado quizás podría entablar una conversación con la niña, pero no sabía que decir ni hacer.

Alexis sonrió más ampliamente y volvió a mirar hacia el suelo.

Jim se quedó en silencio, con la sensación de que toda la habitación estaba observándoles, y así era, porque cuando levantó la vista se topó con cuatro pares de ojos, dos de ellos mirándolo con cierto reproche.

Tenía que decir algo... algo que no la hiciera retroceder. ¿Pero el qué?

-Kate dice que le gusta el béisbol. -habló de repente Alexis, sorprendiendo a los presentes. -Que ven partidos juntos...

Jim pasó de abrir la boca exageradamente a sonreír de lado a lado. -Así es, me gusta ver los partidos. Es un juego bonito de ver. -Alexis asintió mirándolo por debajo de sus pestañas aun. -¿A ti también te gusta? -preguntó esperanzado, sin poder contenerse.

Alexis volvió a afirmar, sonrojándose levemente. -Es un juego paciente.

Ahora sí, Jim Beckett soltó una sonrisa resplandeciente. -Exacto, se pone a prueba la paciencia. Cosa que no le gusta a Katie.

Una melodiosa risita surgió de Alexis.

-¿Y tú ves partidos? -siguió el hombre, incorporándose un poco para poder verla mejor. Alexis se fue acercando un poco más pasito a pasito.

-Vi uno con Kate, pero me gusta. Es divertido.

-Lo es. -sonrió el hombre, empezando una conversación que fue derivando a otras.


Media hora después, Martha y Kate convencieron al escritor para que se fuera a casa a cambiarse y descansar un poco. Rick acertó entre dientes, dando un beso a Kate y otro en la cabecita de Alexis, que desde hacia un rato estaba en la cama de Johanna, sentada, hablando de cocina y cosas que le gustaba hacer con Kate.

Cuando se fue, Alexis volvió a acercarse a la policía, pidiéndole permiso para subir.

Kate sonrió, apretó en un botón de la cama para inclinarse un poco -quedando medio incorporada-, y alargó los brazos.

-Ven aquí pequeña chef.

Otra risa surgió de Alexis. Parecía mentira, pero aquel mote cariñoso le cambiaba la cara a la pequeña con tan solo escucharlo.

Sin hacerse esperar, Alexis trepó por la cama y se sentó al lado de Kate, poniendo su cabecita en su hombro. Kate la vio de cerca, percatándose aun más de las pequeñas ojeras de la muchacha. Ya se había dado cuenta cuando la vio aparecer por la puerta, pero ahora que la veía calmada, cerrando los ojitos... su corazón se comprimía al pensar que la niña no había dormido en esa semana. En un acto reflejo, miró hacia Martha que gesticuló un breve "Tenía pesadillas" y sus sospechas se confirmaron.

En un movimiento instintivo, Kate apartó la sábana e hizo un gesto a la niña para que se metiera dentro. Alexis la miró con la boca abierta.

-La enfermera... -titubeó la niña, mirando hacia abajo.

-La enfermera no dirá nada... -dulcificó la voz Kate. -Vamos, ven.

Alexis obedeció en silencio, sintiendo la sábana tapándola y el brazo izquierdo de Kate rodeando sus hombros; y al notar el calor de su cuerpo y su respiración sobre su cabecita, la pequeña dejó su cabeza sobre el pecho de la detective, suspirando audiblemente.

Kate acarició su pelo rojizo suavemente, peinándola con cuidado.

-¿Tienes sueño? -siseó, la pequeña asintió cerrando sus ojitos. -¿Dormimos un ratito?

-Vale... tenía miedo Kate.

Ante la respuesta de la niña, Kate sonrió y besó su pelo con ternura. -Lo se... -continuó acariciándola con lentitud.

-Pensé que no volvería a verte. -Kate dejó de respirar. -Que si dormía los monstruos te llevarían. No quiero que te vallas Kate. -se aferró más a ella.

-No me voy a ningún sitio... -siseó la morena entrecortadamente, le costaba hablar. -Estoy aquí, estoy aquí...

-Te echaba de menos. -pronunció la pequeña en un susurro, se estaba quedando dormida.

-Y yo a ti. -se sinceró Kate, acariciando su mejilla.

Alexis abrió sus ojillos para mirarla. -¿De verdad?

Kate asintió sonriente. -Sí, te eché mucho, mucho de menos. -besó la frente de la niña mientras está sonreía de lado a lado, volviendo a posar su cabeza en el pecho de Kate.

-Kate, los monstruos...

-Controlados. -dijo con tono firme la policía, haciendo suspirar a la pequeña.

-Bien...


Cuando Rick volvió, por nada del mundo se esperaba ver la escena que estaba ante sus ojos. Su calabaza dormía plácidamente entre los brazos de Kate, que, con los ojos también cerrados, sostenía a su niña protectoramente, con sus labios en la coronilla de su pelo rojo mientras la pequeña posaba su cabecita en el hombro de la policía.

Los ojos de Castle se humedecieron sin querer.

-Hola querido. -susurró Martha desde la silla que el solía ocupar. -¿Ya descansaste un poco?

-Eh... sí... -intentó encontrar su voz el escritor. -Yo... Dios. -soltó sin querer, sin poder quitar ojo a sus dos mujeres.

Johanna rió levemente sonriendo al ver al escritor llevándose una mano al corazón. Sí, definitivamente: su hija había elegido bien.


-¿Nos tenemos que ir? -gimió Alexis mientras su abuela le ponía el abrigo. -¿Ya? -hizo pucheros mirando hacia su padre, que sonrió comprensivo.

-Sí calabaza. Tienes que descansar y aquí no puedes. -se acercó a ella para besar su cabecita.

-Pero yo... -suspiró. -Vale... -gimoteó sin querer, mirando hacia el suelo. Luego levantó la vista para mirar a su padre. -¿Pero puedo despedirme de Kate?

Ante el asentimiento de su padre, la pelirroja se lanzó a los brazos de la morena, abrazándola con fuerza. Kate le correspondió olvidando sus heridas.

-Te echaré de menos...

-Y yo a ti mi pequeña chef... -susurró Kate, besando su nariz en un movimiento dulce que hizo sonreír a todos. -Cuando vallas a dormir hazme una llamada y comprobaremos juntas lo de los monstruos, ¿vale? -dijo mientras frotaba el brazo de Alexis.

La niña asintió e hizo algo que no esperaban ninguno de los Castle. Alexis besó su mejilla.

Luego se separó y caminó hacia su abuela, pero, sorprendentemente, la actriz hizo un gesto a su nieta para que esperara, se acercó a Kate y la abrazó con fuerza, besando su mejilla. -Me alegro de que estés bien querida.

Kate vio a la mujer con un gesto de sorpresa que no pasó desapercibido en ninguno de los presentes. Cuando las dos pelirrojas se fueron, la policía miró a su novio con una enorme o en la boca, mientras el tan solo sonreía.

-¿Te sorprende que mi madre te aprecie?

Ahora sí, la boca de Kate se desencajó casi completamente y Rick rió. Él se acercó hacia ella y se sentó en su silla, agarrando la mano de la policía con suavidad. -Cuando le dije que habías tenido un accidente la escuché sollozar. -susurró. -Creo que no se ha quedado tranquila hasta que te ha visto hoy. -besó su mano.

Kate se quedó muda, perdiéndose en la mirada de su escritor. Él le decía tantas cosas con esos ojos azules... y ella solo atinaba a sonreír tontamente.


Al día siguiente, y durante una semana completa, Alexis y Martha visitaban a los Beckett todas las tardes. Eso animó el espíritu de los tres enfermos, que al ver a la pequeña no podían hacer otra cosa que sonreír.

Rick iba a menudo a casa a cambiarse y descansar un rato y luego pasaba las noches en la habitación del hospital. No se perdió ni una. Lo habló con su novia y prefería quedarse con ella a estar en su cama sin cerrar los parpados. Además, Alexis ya no tenía problemas para dormir, todas las noches llamaba a Rick y a Kate y ellos cuidaban de sus monstruos.

Ocho días después, el doctor anunciaba la inminente alta de los tres Beckett.

-¿Entonces... pasado mañana? -preguntó Kate desde su cama. Sus padres prestaban atención a sus lados, en sus respectivas camas y Rick escuchaba la conversación desde su ya agenciada silla.

-Sí, mañana haremos unas pruebas para confirmarlo, pero en principio pasado mañana los tres tendrán el alta. -sonrió el doctor, ajustándose sus gafas.

Jim elevó un brazo hacia arriba y soltó un breve "¡Por fin!" que hizo tragar saliva a Castle. Aun tenía en mente la conversación con el abogado y su mutuo acuerdo de: "Puede matarme cuando salga del hospital". Kate acarició la mano de su escritor y le sonrió con dulzura. -Tranquilo. -le dijo. -Yo te defenderé. -y ahora sí, Rick sonreía.

-Gracias... -susurró él.

-Bueno, entonces, en un par de días estarán fuera. -prosiguió la voz del doctor. -Pero necesitan reposo absoluto durante unas semanas más con alguien cuidándoles. Luego tendrán que venir para volver a hacerles las pruebas necesarias y...

-¿Qué? -soltó de golpe Kate con un semblante similar al de sus padres, que mantenían la mandíbula desencajada. -Pe... pero...

-Si no tienen a nadie me temo que tendrán que estar aquí un par de semanas más. No están en condiciones de hacer nada por si solos. Podrían empeorar. -explicó el doctor. -¿Hay alguien qué pueda cuidar de los tres?

Un silencio sepulcral invadió la habitación. Los tres Beckett miraron hacia abajo, solo se tenían entre ellos. Pero Castle mantenía la cabeza elevada, mirando hacia el doctor.

-Yo doctor. -dijo el escritor haciendo que todos le miraran. -Yo puedo ocuparme de ellos.

-¿Qué? -volvió a hablar Kate, mirándole entre la sorpresa y algo más. -Rick no tienes que... -él le cogió las dos manos, moviendo su silla para quedar frente a la cama.

-No voy a dejar que estéis aquí los tres un mes más... te conozco y te volverás loca. -le explicó.

-Pero... tu familia, tu trabajo... en un par de semanas es navidad.

Rick besó sus manos. -Mi trabajo es escribir, puedo trabajar en casa, no hay problema. Estoy mirando por mi familia, y sí, se que en unos días será navidad, razón de más para que no la paséis en una habitación de hospital, ¿no?

Kate intentaba que sus lágrimas no se escamparan por sus mejillas, pero era complicado. -Rick, en serio... -siseó, acercándose más para que solo le escuchara él. -No tienes que hacerlo, es demasiado, no puedo pedirte eso... piensa en tu familia.

Castle sonrió, inclinándose un poco hacia ella para besar sus labios. -Lo estoy haciendo. -susurró. -Tu eres parte de mi familia Kate.

La morena se quedó embobada tras su declaración. Ni si quiera pudo pestañear para que sus lágrimas no surgieran. Rick acarició sus mejillas, limpiando el rastro de lágrimas.

-No voy a dejarte sola y si me dejáis no tendré problema en ayudaros, no solo en esta ocasión. -la miró con intensidad. -Siempre Kate, siempre.

Ella asintió sacando una pequeña sonrisa y Rick besó su mano.

-¿Entonces? ¿Voy preparando los papeles del alta? -preguntó el doctor.

-Si los tres quieren, por mi no hay problema. -contestó el escritor, sin atreverse a mirar a los padres de su novia, por temor a su reacción.

Kate miró hacia su madre y luego a su padre. Johanna sonrió y vio que su marido estaba totalmente atónito, con los ojos demasiado brillosos como para negar que estuviera emocionado. -Es todo un detalle Rick. Por mi acepto. Yo tampoco quiero pasar las navidades aquí y aunque no me pueda mover en casa... es mucho mejor que estar aquí. Te lo agradecería mucho.

Rick la miró, asintiendo. -Siempre señora. -Kate besó a su novio en la mejilla y luego miró hacia el otro lado, donde su padre intentaba no mirarles.

-Por mi también. -siseó Jim. -Pero esto no significa nada, en cuanto me recupere...

-¡Papá! -exclamó Kate entre dientes. Johanna rió.

-Bueno, entonces prepararé los papeles. -dijo el doctor. -Descansen.

Cuando el doctor se fue, Kate recordó algo que no habían tenido en cuenta. -¿Y en que casa nos cuidarás?

Continuará