Capítulo 17
Kate ronroneó con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá. Quería continuar durmiendo, olvidar la hienas rayadas del televisor y seguir con los ojos cerrados. Pero se sentía rara, algo estaba en su regazo y sus manitas le tocaban las mejillas con suavidad.
—Kate. —escuchó el susurro de su pelirroja favorita. Kate no tardó en abrir los ojos.
—Pequeña chef.
No lo pudo evitar, una sonrisa adormilada se extendió en su cara al tiempo que la niña se acercó para darle un beso en la mejilla. Luego se separó y rió por lo bajo. Sus ojitos azules brillaban junto con su sonrisa.
Definitivamente, aquello era mejor que un estúpido documental. El documental. Miró por encima de la cabeza de la pelirroja y vio la televisión apagada y a Johanna dejando el mando en la mesita auxiliar, con una sonrisa cómplice en su cara. Kate le sonrió agradecida y volvió a mirar a Alexis. La pequeña tenía los ojos más bonitos e iluminados con una felicidad que no había visto en mucho tiempo. Lo que daría por verlos así todos los días.
—¿Viste a Santa? —preguntó aun con voz adormilada la policía.
Alexis rió asintiendo una vez. Kate le rodeó la cintura con sus manos y le acarició la espalda.
—¿Y le pediste muchas cosas? —ahora parecía más despierta.
—Solo una.
—¿Una?
Alexis volvió a asentir, miró por el rabillo del ojo como la madre de Kate volvía a su habitación y luego se asomó por un lado del sofá, observando a su abuela hablando con su padre. Jim no estaba.
—Tengo que preguntarte eso... —susurró la niña mirándola por debajo de sus pestañas.
Oh, eso. Kate no había olvidado esa pregunta. Incorporándose un poco, la detective besó la frente de Alexis colocando un par de mechones rebeldes detrás de la oreja de la niña.
—¿Vamos a tu habitación y me lo cuentas? —siseó solo para la pequeña. Cómo si fuera su secreto.
La niña asintió y Kate la premió con un beso en la frente.
—Pues vamos pequeña chef.
Sin perder tiempo, Alexis se levantó y le acercó las muletas a Kate. La policía se lo agradeció con un abrazo improvisado que hizo a la niña reír, luego besó su cabeza y se levantó sin mostrar signos de dolor. Alexis caminó a su lado mientras se dirigían a las escaleras, siguiendo el ritmo de la policía, susurrándole que se diera prisa entre otras cosas y Kate solo podía sonreír por la impaciencia tan especial de Alexis.
Y mientras subían las escaleras, Martha las miró con una sonrisa de abuela orgullosa.
Kate se sentó en la cama con estrellitas rosas y azules en la colcha. La pierna le pinchaba con insistencia, pero se obligó a no mostrar dolor. Cerró los ojos durante tres segundos, y cuando los abrió, Alexis estaba cerrando la puerta poniendo la oreja sobre la madera para comprobar si estaban solas. Kate tuvo que contener una carcajada ante el gesto de la niña, que en ese momento le recordó tanto a cierto escritor.
Cuando comprobó que, efectivamente, nadie las seguía, Alexis corrió hacía Kate y frenó de golpe a unos pasos de ella, mirando sus pies con ahínco. Kate reconoció ese gesto; las manos detrás de su espalda, la cabeza agachada y ese contoneo hacia los lados sutil. Alexis estaba insegura.
Kate suspiró y miró hacia la habitación. Un osito de peluche descansaba sobre la almohada de la cama. Con una idea en mente, Kate dejó las muletas en el suelo y se quitó las zapatillas.
—Voy a tumbarme un poco para descansar la pierna. —informó con voz suave. La niña elevó la cabecita y vio como la policía se acomodaba en el centro de la cama infantil, dejando su espalda sobre la cabecera. —¿Vienes? —preguntó dando una palmadita a su derecha, al lado del osito de peluche.
Alexis subió de un brinco a la cama y se acomodó en el hombro de la policía, agarrando el oso de peluche entre sus brazitos.
Kate sonrió envolviendo a la pequeña con su brazo derecho. Besó su cabecita y le acarició el pelo con suavidad. No dijo nada. Solo se limitó a acariciarla hasta que la niña se relajó en sus brazos.
—La abuela dijo que te preguntara.
Aquél susurro pilló desprevenida a Kate, quien miró a la niña con la boca medio abierta. Pero Alexis tenía los ojos cerrados con la cabeza entre el hombro de la morena y el oso de peluche.
—¿Tu abuela?
Alexis asintió y Kate pudo notar como la pequeña volvía a tensarse bajo su abrazo.
—Pequeña chef... —aquél mote parecía mágico, ya que hizo sonreír a Alexis. Kate sonrió besando su cabecita. —Sea lo que sea puedes preguntarme. -le susurró acariciando su mejilla con la mano izquierda. —Y si no esperaré lo que sea, ¿vale?
—Vale...
Pasó un rato largo hasta que Alexis volvió a hablar.
—¿No te enfadarás?
—¿Enfadarme?
—No se...
—No me enfadaré por una pregunta Alexis. -le confirmó acercándola más hacia ella.
—En el colegió hay un día en el que los padres pueden ir para ver a sus hijos. Papá no podrá ir, ni la abuela... —Kate asintió asimilando la información. Si ellos no podían ir Alexis se sentiría sola. Al menos que fuera su madre. Pero Kate no sabía nada de la madre de la pelirroja, Rick no le había hablado de ella y Kate nunca preguntó. Quizás debería preguntar sobre ella. Era evidente que Alexis necesitaba a su madre en ciertos momentos. —¿Puedes ir tú? —o quizás no.
Kate pestañeó.
—¿Qué?
Alexis acarició su peluche, hundiendo su nariz en él.
—Alexis... ¿Qué has dicho?
—Nada. -su voz sonó amortiguada por el peluche.
—¿Papá lo sabe? ¿Sabe que quieres que vaya?—preguntó de repente Kate, con la necesidad repentina de saber si su novio estaba de acuerdo. Y vio a la pequeña asentir levemente. —¿Y le parece bien?
—El no quería que preguntara. —aquello fue como un jarrón de agua fría para Kate. —No sabía si querrías ir porque no es tu obligación. —doble jarrón de agua fría. —Pero la abuela me dijo que lo intentara, que no te ibas a enfadar si no querías ir. —la miró por encima del peluche marrón y preguntó con voz rota: —¿Te has enfadado?
Kate no tardó en abrazarla, atrayéndola más hacia ella para dejar a la pelirroja sobre su regazo. La rodeó con sus dos brazos y besó su cabeza. Ahora Alexis estaba sentada sobre Kate, rodeada por sus brazos protectores.
—¿No te has enfadado?
—Nunca, nunca me enfadaría por algo así. —Kate acercó su cabeza a la de Alexis, descansado su frente sobre la coronilla de la pequeña. —Y si a tu padre le parece bien me encantaría ir. —siseó en su pelo.
Alexis se separó para poder mirarla, en una distancia en la que Kate podía sujetar sus hombros pero no abrazarla. Sus ojos azulados desbordaban aquel brillo feliz que a Kate tanto le gustaba, pero estaban ligeramente rojos, como si hubiera aguantado el llanto.
—¿De verdad?
—Sí. Pero me tendrás que decir el día y...
No pudo continuar, porque Alexis se tiró literalmente a los brazos de la policía. Kate la apretó con fuerza contra su pecho y respiró el olor a colonia infantil con los ojos cerrados. Podría acostumbrarme a esto. Pensó acariciando el pelo de la pelirroja inconscientemente, sin saber que ya se había acostumbrado a eso perfectamente.
Continuará
