Capítulo 18

Las canciones navideñas sonaban por el comedor haciendo coro con el tararear de Martha y las risas de su nieta. La chimenea del loft, que calentaba parte de la estancia, estaba siendo decorada con los típicos calcetines de colores saltones y dibujos de copitos de nieve y renos. Alexis era la que colocaba los calcetines. La ayudaba su abuela, quién se ofreció a alzara para que la niña pudiera colocar los calcetines sin problemas, pero terminó usando un taburete de la cocina por el pataleo de la niña, a quien la ilusión por decorar le estaba produciendo un subidón de azúcar sin dulces.

Kate reía con las muletas debajo de sus axilas. Había sido arrastrada, casi literalmente, por la manita de Alexis agarrando su jersey cuando vio a su abuela con los calcetines navideños en las manos. La niña saltaba como un canguro pequeño y hablaba cual loro. Y Kate solo podía reír y observarla con una sonrisa embobada en la cara.

A lo lejos, sentada en el sofá mientras desenredaba un manojo de luces navideñas, Johanna miraba la escena con sus labios curvados hacia arriba. Dijera lo que dijera su hija, el modo madre le sentaba bien. Muy bien. Y era un pensamiento que no se le quitaba de la cabeza, sobretodo desde ese medio día, cuando vio a la niña y a Kate bajando las escaleras, cuchicheando entre sí para después sentarse a comer. Desprendían una complicidad nueva y la pequeña desbordaba alegría. Johanna sonrió, no sabía lo que había pasado en aquella habitación, pero fuera lo que fuera lo que hubieran hablado, parecía que su hija era un poco más feliz. Ampliando su sonrisa, dejó sus pensamientos de lado y volcó su atención en la escena que tenía delante.

Alexis había terminado la colocación de los calcetines y Kate se acercó a ella, colocándose a su espalda con la barbilla en la coronilla de la niña mientras esta le contaba una anécdota que hacía reír a la morena. Johanna sonrió. Parecían tan unidas, como ella lo estaba con su Katerine a su edad. Y Alexis parecía necesitarla, mucho. Suspiró e, inconscientemente, desvió su mirada hacia Martha, la mujer le devolvió la mirada con complicidad sonriendo suavemente.

-¡El árbol ya está listo para decorarlo!

El grito eufórico de Castle hizo que el subidón de azúcar de su hija empeorara, saltando literalmente del taburete. Kate soltó una muleta para sujetarla y Martha cogió la muleta al vuelo, antes de que aterrizara sobre el pié vendado de la policía. Alexis aterrizó sana y salva sobre el parqué gracias a la mano de la policía, que frenó la caída ligeramente.

-¡El árbol, el árbol! -repitió una vez tras otra la pequeña mientras corría alrededor del pino verde aun sin decorar.

Rick la frenó con una mano en su cabeza, parando su correteo, pero Alexis empezó a dar brincos cual canguro.

Kate rió mientras Martha le devolvía la muleta.

-Menudo subidón de azúcar. -dijo Kate, colocando la muleta debajo de su axila. -Las navidades le gustan. -sonrió viendo como la pequeña interactuaba con su padre, levantando un brazo para señalar hacia las escaleras.

-En realidad... -susurró Martha con cierto tono serio. -Las navidades nunca fueron su ilusión.

Kate se giró para mirarla.

-¿Qué? -preguntó, su sonrisa se había borrado de su rostro.

Martha se encogió de hombros e intentó sonreír suavemente.

-No me mal interpretes, le gusta, como a todos los niños. Se ilusiona con Santa Claus y decora el loft con su padre, pero también es una época nostálgica para ella. -miró hacia su nieta y suspiró levemente. -Es cuando más pregunta por Meredith.

-¿Meredith?

-Su madre.

Kate tragó saliva. Ni si quiera sabía el nombre de la madre de Alexis, Rick no se lo había dicho.

-Oh...

-Pero este año parece feliz. Le haces feliz querida. -la afirmación de Martha le pilló tan por sorpresa como el abrazo que ella le dio. -Gracias.

Y tras decir eso, Martha se retiró hacia la cocina para servirse algo de beber. Kate se quedó allí, mirando a la nada para después observar a Alexis. La niña seguía hablando con su padre sin dejar de dar saltitos y señalar hacia las escaleras para que su padre fuera a por algo.

Kate cerró los ojos y apretó los labios inconscientemente al imaginarse a Alexis en otra navidad, preguntando por su madre llorando. Abrió los ojos e intentó calmarse. Esa navidad iba a ser diferente, Alexis estaba feliz y era lo que importaba, ¿no?

De repente, la pequeña que abarcaba sus pensamientos correteó hacia ella, estirando de su jersey con sus manitas.

Una sonrisa se instaló en el rostro de Kate.

-Pequeña chef.

-¡Papá va a subir a por las cajas de adornos y el tren de navidad! -explicó dando un saltito.

-¿El tren de navidad? -Kate tuvo que contener sus ganas de tirar sus muletas y abrazarla. Alexis asintió con las mejillas coloradas.

-Un tren con vías que papá solo pone en navidad. ¡Y lo decoramos con nieve! Papá usa harina de la cocina para la nieve. ¿Nos ayudarás?

Tras esa pregunta, Kate miró a Rick y lo vio subir las escaleras. Apenas habían pronunciado unas palabras entre ellos y, para decir verdad, lo único que quería era subir a su habitación e ignorarlo como él hacia con ella.

-¿Kate?

Bajó la mirada y vio a la niña. Su sonrisa se había borrado y empezaba a formarse un puchero.

-¡Por supuesto! ¿Habrá mucha nieve? -lo había dicho tan deprisa, que se notaba que ni lo había pensado. Pero Alexis ahora estaba dando saltitos de nuevo y Kate pensó que valía la pena.

Alexis asintió y Kate escuchó a la pequeña con una sonrisa. No supo cuanto tiempo estuvo allí de pie, oyendo las ideas de la niña para decorar el comedor, pero cuando Martha llamó a la pequeña la pierna de Kate ya se estaba quejando.

Alexis corrió hacia su abuela y la escuchó con atención.

Aprovechando el momento, Kate se acercó a su madre y se sentó a su lado en el sofá, soltando un gran suspiro.

-¿Te duele? -preguntó Johanna.

Kate apoyó la cabeza sobre el respaldo del sofá y resopló con los ojos cerrados.

-Eso es un sí.

-Un poco. -le permitió llevar la razón a medias. -Se me pasará en un rato.

-Tan cabezona como siempre. -rió Johanna desenroscando un cable que parecía un nudo marinero. -Quizás deberías descansar un poco, tumbarte un rato.

Desde su posición, Kate abrió un ojo y miró de reojo a Alexis, que seguía hablando con su abuela. Luego Kate volvió a cerrar los ojos y Johanna supo que su hija no se movería de allí.

-Katerine Hougton...

Kate miró a su madre. Aquel tono y la utilización de su nombre completo le decía que iba a hablar de un tema que ella no quería ni mencionar.

-No hables de Rick.

-Cariño...

-No mamá. Ni lo menciones.

Johanna dejó las luces que estaba desenredando en un lado del sofá. Quería continuar, seguir insistiendo, pero conocía a su hija y si seguía con el tema se levantaría del sofá aunque le doliera la pierna horrores.

-De acuerdo, solo intenta no guardarte para ti misma lo que sientes, si estás enfadada y él no lo sabe...

Kate se mordió el labio.

-Vale, ya paro.

-Bien.

-Pero deberías hablar.

-Mamá... -le advirtió.

-Y hablando de hablar, he escuchado lo que te ha dicho Martha de Alexis. -susurró casi inaudiblemente.

La música navideña seguía sonando por el salón, haciendo que el comentario de Johanna quedara por debajo de los villancicos. Pero aun así la escuchó.

-Yo también creo que le haces feliz.

Kate quedó en silencio, escuchando el Jingle Bells de fondo y a Alexis riendo con su abuela.

-Tu modo madre le hace feliz.

Y antes de que le pudiera tirar un cojín, Johanna levantó sus manos en forma de escudo protegiéndose. Pero cuando retiró sus manos un segundo cojín colisionó con su cara.

-Callate. -escuchó sisear a su hija.

La abogada retiró los cojines al otro extremo del sofá, lejos del alcance de su hija y se dio cuenta de un pequeño detalle.

-Estás roja. -se mofó Johanna, riendo ante las mejillas sonrojadas de su hija. Kate arrugó la nariz y miró hacia el árbol cruzándose de brazos.

-Calla...

Para sorpresa de Kate, la abogada obedeció llevándose una mano a la boca y cerró una cremallera ficticia. Kate frunció el ceño hacia su madre, confusa por la necesidad repentina de la abogada para volver a desenredar las luces de navidad. Pero antes de que pudiera preguntar nada unas manitas le estiraron el jersey.

Kate bajó la mirada y se encontró con Alexis y sus ojos... ¿tristes?

-Pequeña chef, ¿qué pasa? -las alarmas de Kate saltaron cuando vio a la pequeña comprimiendo los labios. -Pequeña chef... -repitió en ese tono dulce y suave que no sabía que tenía hasta que conoció a la pequeña. Sin pensárselo demasiado, cogió a la niña en brazos y la sentó en su regazo. Inmediatamente, Alexis escondió su cabecita en el hombro de Kate, usando sus brazitos para rodear el cuello de la morena. -Ya está... -le susurró acariciando su espalda. -Dime qué ha pasado pequeña, puedes decírmelo, ¿lo sabes, no?

La niña levantó su cabecita y miró por encima del respaldo del sofá. Kate siguió su mirada y se encontró con Jim arrastrando la silla de ruedas con cara de malas pulgas. Muy malas pulgas.

-¿Se ha enfadado conmigo?

El cuchicheo inseguro de la niña hizo que la policía volviera a mirar a la pequeña. Alexis había vuelto a esconder la cabeza en el hombro de la policía.

-¿Qué?

-Tu papá se ha enfadado conmigo, no se qué he hecho...

Ahí estaba la inseguridad de Alexis hacia los desconocidos. Kate comprimió los labios y suspiró. Con ella también había estado muy insegura los primeros días. Así que con sus padres no iba a ser menos. Aunque parecía haberles caído bien, apenas pasó tiempo con ellos. Desde que habían llegado al loft de Castle la pequeña solo había estado con su abuela, Rick o ella. Y para colmo su padre actuaba como un ogro solitario, aparcando su silla lejos de ellos para leer un libro en vez de ayudar a decorar. Si no fuera porque tenía a la niña en brazos, Kate tiraría la muleta hacia su padre cual jabalina.

Acariciando el pelo de la niña, Kate esbozó una sonrisa y besó su frente.

-No está enfadado cariño. Es solo que... -miró a su padre pasando la página del libro con el ceño fruncido. -Solo siente dolor, por eso está así.

Alexis desenterró la cabeza de su escondite y miró a Jim.

-¿Segura?

-Claro, está muy cansado y le dolerán mucho las heridas. Por eso no está muy animado.

-Ah...

Kate suspiró ante la aceptación de la niña. Lo último que le faltaba es que su padre arruinara las navidades de la pequeña.

-¿Y podemos hacer algo?

-¿Algo? -Kate arqueó las cejas hacia arriba.

-Para animarlo. -asintió la pequeña como si fuera obvio y Kate contuvo las ganas de comérsela a besos. Aquella niña era tan dulce...

-Yo se algo que le animaría. -intervino en la conversación Johanna.

Kate miró a su madre con la boca semi abierta y las cejas alzadas.

-¿De verdad? -preguntaron las dos a la vez.

Johanna tuvo que contener una leve carcajada. Su hija y la pelirroja la miraban con el mismo gesto de sorpresa y las cejas levantadas.

-De verdad. -confirmó dejando las luces a un lado del sofá. -Se de algo que a Jim le encanta en estas fechas.

Ahora Kate arqueó una sola ceja hacia arriba.

-Hay algo que le gusta en estas fechas y siempre le hace sacar una sonrisa. -continuó Johanna. -Las muñecos Beckett.

La boca de Alexis se abrió en una gran "o" y sus ojos se iluminaron.

-¿Muñecos Beckett? -preguntó la pequeña.

-Sí. Es una costumbre familiar que no hacemos desde hace años, pero que a Jim le encantaba. Siempre le hacia ilusión ver nuestras figuritas en el árbol.

-¿Figuritas en el árbol? -repitió la niña mirando a las dos alternativamente. Kate no quitaba ojo de su madre.

-Si, figuritas caseras. ¿Quieres hacer unas cuantas? -sugirió Johanna.

Tras un asentimiento por parte de la pequeña, Johanna le explicó lo que tenía que traer. Pegamento, cartulinas, hojas, algo de hilo, algodón, y cosas para pintar las figuras. Alexis subió la escalera como un rayo para coger lo que le habían dicho y Kate aprovechó la ocasión para mirar a su madre y pronunciar un "gracias" sincero. Johanna tan solo sonrió.

Diez minutos después, Alexis bajó las escaleras tambaleándose con un puñado de cosas en sus manos.

Kate vio el peligro y se levantó por si la niña se caía, pero Martha ya se había adelantado y cogió las cosas que traía su nieta antes de que las tirara o perdiera el equilibrio.

Con un suspiro de alivio, Kate volvió a sentarse agradeciendo la actuación de Martha. La actriz rió ante el entusiasmo de su nieta, que la arrastraba literalmente hacia el sofá.

-¡Vamos a hacer figuritas abuela!

-¿De verdad? -preguntó la actriz mientras su nieta se colocaba entre Johanna y Kate.

-Sí, figuritas Beckett. -respondió su nieta con la sonrisa más amplia que había visto.

Kate besó la coronilla de Alexis con una sonrisa.

-Es una tradición familiar. -explicó Johanna al ver las cejas levantadas de la actriz. Sin duda, la palabra Beckett la había descolocado.

Por primera vez en mucho tiempo, Martha Rogers se quedó sin palabras. Tan solo pudo inspirar con fuerza y sonreír con agradecimiento en sus ojos.

No tardaron mucho tiempo en ponerse manos a la obra. Después de que Martha caminara hacia la cocina para dejarles espacio, Johanna comenzó su clase teórica de
como hacer muñecos y cada una empezó su propia obra. Kate reía y ayudaba de vez en cuando a la pequeña, que estaba más que concentrada en hacer un pequeño Jim Beckett con una gorra de béisbol y un guante.

Johanna miraba sorprendida la capacidad de la niña para pintar una cara y hacerla reconocible por muy simples y escuetas que fueran las lineas; y Kate sonreía orgullosa, dando besos a la coronilla de Alexis mientras explicaba a su madre el magnífico coche de policía que la pequeña había dibujado en su día. La palabra orgullo estaba grabada en sus ojos y Johanna sonrió de lado gesticulando un inaudible "modo madre" que solo leyó Kate, y ésta le tiró una cartulina arrugada.

Cuando acabó el muñeco de Jim, Alexis sugirió hacer uno de su padre con la ayuda de Kate. La policía le ayudó sin objeción, evitando usar el hilo destinado para colgar los muñecos como soga improvisada para el mini Rick. Aunque hizo el gesto de intentarlo cuando Alexis no se dio cuenta. Johanna rió.

Veinte minutos más tarde, Rick bajó por las escaleras con una pila de cajas abarcando su campo de visión. Kate lo miró de reojo y vio como su novio colocaba las cajas cerca del árbol de navidad, soltando un gran suspiro cuando consiguió dejarlas sobre el suelo. Luego, en vez de fijarse en su hija y la felicidad que desbordaba, se dirigió a las estanterías cercanas al árbol, a las que Jim intentaba acceder levantándose con signos de dolor. Lo siguiente que pasó Kate lo vivió a cámara lenta.

Preocupado por su suegro, Rick intentó ayudarlo a levantarse sujetándolo por los hombros. Pero Jim se soltó bruscamente y perdió el equilibro. El escritor intentó evitar que cayera, pero en vez de eso, lo único que consiguió fue dar ocho pasos hacia atrás y chocar contra el árbol, cayendo ambos hacia él; derribando el abeto hacia la mesa del sofá. Y las figuras que reposaban sobre la mesa terminaron completamente chafadas por el enorme árbol.

Lo siguiente que escuchó fue un sollozo acompañado de un llanto agudo.

Kate miró a Alexis y su mundo se derrumbó. La sonrisa feliz había sido borrada de su rostro y en su lugar un torrente de lágrimas recorrían sus mejillas. Kate intentó acercarse a ella, pero la niña corrió escaleras arriba.

Continuará