SwanQueen108, no te preocupes, es para la intro. Habrá más trama profunda, pero no voy a dejar de lado el humor.

Ragamuffin47... ¿No te gustó? DX. La intro es un poco diferente, pero habrá humor, lo prometo.

Me alegra que te gustara, BelieverSQ, aquí tienes más.

Por eso mismo, Kykyo, por eso mismo.

Makota, me alegro de que te haya gustado. Aquí tienes la actualización. ¿Has leído el primero? No es porque lo haya escrito yo, pero lo recomiendo mucho.

Love, hay que hacer las cosas bien, o se va todo al infierno. La reina no es Regina, aunque se le parezca.

Siempre se deja en la mejor parte, JK.

Fanclere, gracias por los ánimos. Aquí tienes otro capítulo, que sé que lo esperabas.


La Reina

Era muy fácil para mí saber cuándo alguien me deseaba. Y aquel caso no era una excepción. Emma no había tardado en confesar. No sabía quién estaba dentro de esa cabeza rubia, pero tenía claro que podía tenerle comiendo de la palma de mi mano si jugaba bien mis cartas. Mi idea inicial había sido convertir a la salvadora en un vegetal, pero esto podía ser aún mejor. La salvadora y la reina malvada, juntas y listas para lanzar un ataque devastador. Me excitaba de sólo pensarlo.

Mi mano acariciaba el pecho de la rubia, cuando sentí sus dedos rodear mi muñeca. La miré a los ojos. Y lo que encontré me confundió. Tenía una sonrisa desafiante, y su mirada ya no hervía cómo hacía unos momentos. Noté que me aferraba la muñeca con mucha fuerza y me lancé un quejido.

_ Hay algo sobre mí que tienes que saber…_ Dijo, sin dejar de mirarme._ Yo no soy Graham… ni tampoco Leopold. No soy el genio… y desde luego, no soy Rumple. Lo que quiero decirte… es que no voy a dejar que me manejes como una marioneta.

Le solté la mano y di un paso atrás. Había fuego en aquellos ojos, sí. Pero también raciocinio y una mente analítica que no se estaba dejando llevar por la lujuria que no dejaba de sentir.

_ Quizá tengas el físico que yo deseo, majestad… pero a quien busco… es a Regina, no a ti._ Dijo, mirándome.

_ ¿Quieres a la sosa y aburrida?_ Quería ocultarlo, pero me quemaba el rechazo que acababa de darme._ Qué mal gusto.

_ No me malentiendas, majestad. Eres tremendamente sexy. No osaría negar eso jamás._ Sonreí sin pretenderlo._ Pero, teniendo en cuenta lo que me ha costado llegar hasta aquí… no voy a conformarme con menos que con la mujer a la que amo.

_ ¿Amor? Qué tierno…_ Dije.

Lo cierto… es que aparentaba suficiencia, pero en aquel momento me sentía enferma de celos. Yo era mejor que Regina, en todos los sentidos. Y ella… ella acababa de rechazarme. ¿Cómo se atrevía a hacerme algo así? Se lo haría pagar. Puedo jurar que pagará por ello.

Emma Swan

Cuando la reina se desvaneció, suspiré de alivio y me dejé caer en la silla. Creo que eso había sido lo más difícil que había hecho en mi vida. Confieso que es una suerte que no hubiese un lugar al que la mitad de la sangre de mi torrente sanguíneo hubiese bajado cuando aquella mujer, la de tantas fantasías propias y ajenas, se me había insinuado. Lo cierto es que habría sido muy fácil ceder. Pero ya había visto lo que hacía la reina con sus "amantes", y no quería unirme a la colección.

Me llevé el café a los labios, y aunque yo no acostumbraba a beber café, lo cierto era que aquella no era mi boca, así que entró solo. Nueva boca, nuevas normas. Es como comer después de haberse lavado los dientes. Todo sabe fatal. ¿Dónde he oído eso antes? No tiene importancia. No mientras me sigan gustando las lentejas, al menos.

En cualquier caso… tocaba moverse. Aunque no me apetecía nada. Quería dormir. Dormir durante mucho tiempo. Había sido un primer día francamente agotador. Vamos a ver, recapitulemos mis atributos. Sé disparar, Tengo magia… estoy como un queso… Bueno, muchos puntos positivos. Ignoremos la maldición que me condena a muerte y todo magnífico.

Y entonces, es cuando escucho un grito. Parece que esta ciudad está más llena de emociones. Pero necesito un nuevo cambio de aires.

Ruby

Parecía que no había forma humana o lupina de librarse de las catástrofes en este mundo. Y parecía que la malvada reina estaba enfadada. No tenía bastante con lo mal que lo había pasado después de que mi relación con Dorothy durase una semana y hubiese tenido que volver como para que cada maldita catástrofe en esta ciudad terminase por afectarme a mí.

_ Estoy dudando… no sé si matarte… o convertirte en mi nueva mascota…_ Murmuraba la reina.

Un disparo pareció romper sus cavilaciones. No la alcanzó, pero llegó lo bastante cerca como para deshacerle el moño que llevaba en la cabeza. Con un gesto en la mano y una mueca de fastidio, la reina lo transformó en un elegante corte de pelo que hacía que cayese sobre su hombro derecho elegantemente.

_ Parece que he vuelto a llamar su atención, Sheriff…

_ Emma menos mal que… ¿Qué diablos te has puesto?

Emma había llegado a tiempo, sí. Pero estaba vestida como en una mala peli de vaqueros. Llevaba una cazadora con chorreras y un pantalón vaquero ceñido. Sobre la cabeza llevaba un sombrero vaquero que le cubría los ojos. Afortunadamente, sus botas no llevaban espuelas.

_ Ahora llevo sombrero vaquero. Los sombreros molan, Rubs._ Me dijo, encogiéndose de hombros.

Decididamente, Emma ha perdido la cabeza. Es imposible no darse cuenta. Pero al menos parecía haberme quitado a la reina de encima. Eso es algo.

_ Pareces ridícula, Emma._ Decía la reina, mirándola a los ojos.

_ Sólo hago cosplay. ¿Acaso pensabas que eras la única que podía hacerlo en el pueblo?_ Emma se encogió de hombros. Parecía que nada le daba el menor miedo._ Soy el llanero solitario.

_ ¿Ese hombre no solía llevar máscara?_ Argumentó la reina, que parecía haber olvidado su plan para quemar mi local conmigo dentro.

_ No había presupuesto._ Emma se encogió de hombros._ Ahora… ¿Vas a dejar de hacer el tonto?

_ ¿Disculpa?_ A la reina parecía chocarle tanto como a mí la calma de Emma.

_ Sé bien que a ti no te interesa quemar este sitio. ¿Acaso no comes aquí?

_ Sí, lo hago._ Dijo la reina, cruzándose de brazos.

_ No estaría bien que no pudieses sentarte en tu sitio a tomarte el café, cierto.

_ No, no lo estaría._ Contestó la reina. Le ardía la mirada, pero no atacó a Emma.

La reina se desvaneció envuelta en una humareda morada, sin decir nada más.

Emma Swan

¡3 puntos! Ahora tenía que ir a ver a Regina. La verdad es que tenía sueño. Pero no quería dormirme. Me preocupaba despertar y darme cuenta de que había vuelto a mi cuerpo. Menuda lata sería eso. Ruby aún no entendía mi actitud. Pero había conseguido deshacerme de la reina y eso era lo importante. Iba de camino a casa de Regina, a pie, cuando topé con un rosal.

Como había visto en múltiples ocasiones en la tele y en los libros, cogí una con delicadeza y la corté con la navaja que llevaba en el bolsillo. Esta Swan estaba preparada para todo.

Regina Mills

Llamaban a la puerta. Henry y yo estábamos a punto de cenar. Cuando abrí la puerta me encontré con Emma. Llevaba un elegante vestido rojo que, por algún motivo, me hizo pensar en año nuevo. Llevaba una rosa roja en la mano y estaba apoyada en una de las columnas que precedían a mi puerta. Mi corazón dio un pequeño bote cuando la vio. No acostumbraba a ver a Emma de esa guisa.

_ Demasiado formal, ¿Quizá?_ Pestañeé y Emma apareció con su cazadora roja y unos vaqueros.

_ ¿Has estado practicando?_ Con otro pestañeo, Emma volvía a llevar el vestido._ Compruebo que sí.

Emma se acercó y posó la rosa en mis manos. Yo la cogí, y la miré, noté cómo mis mejillas se coloraban. No sabía qué me pasaba con Emma. La veía distinta, como si volviese a conocerla una vez más. Tenía un furor en la mirada que me hacía difícil intentar pensar con claridad cuando nuestras miradas se cruzaban.

_ ¿A qué ha venido señorita Swan?_ Le pregunté, intentando aparentar tranquilidad.

_ Venía a suplicaros que me ayudaráis._ Dijo, con todo dramático, dejándose caer de rodillas.

Cuando tocó el suelo, se me escapó la risa. No sabía el motivo, pero me sentía de buen humor. De repente todas mis preocupaciones sobre mi alter-ego, Robin y mi hermana parecían estar en segundo plano.

_ ¿Ayudarte? ¿Cómo?

_ Te suplico que me dejes dormir en tu sofá para no morir de diabetes._ Dijo, mirándome con ojos de cachorrito._ Mis padres se han apuntado a clases de repostería. Si les vuelvo a ver hacer carantoñas mientras preparan una tarta juro que me voy a morir.

Se me escapó otra risa. Desde luego entendía la posibilidad de que pasar tanto tiempo junto a los Charming le provocase diabetes a alguien. Suspiré largamente, mientras fingía que deliberaba.

_ Está bien._ Dije, con un chasquido._ Pero asegúrate de pórtate con corrección Swan.

_ Será un placer._ Dijo. Sacando una botella tras su espalda._ He traído un poco de zumo.

_ Zumo, ¿Swan?_ Alcé una ceja.

_ Estoy dejando la bebida.

_ Qué… responsable, por tu parte.

Emma Swan

Lo cierto es que con ver a los charming preparar un pastel una vez tenía más que suficiente. Ya de por sí me daban algo de alergia. No son mis personajes favoritos de la serie precisamente. Por supuesto, Regina es mi favorita. Y ahora estaba en su casa. Podría ponerme a cantar. ¿Puedo? Esta serie es de Disney, después de todo. No, mejor que no… delante de Regina, al menos.

La mesa estaba puesta religiosamente, y Regina tomó sus cubiertos de plata y puso otro servicio. El olor de la lasaña de la alcaldesa inundaba la sala. No babees… no babees. Lo he conseguido, no he babeado. Punto para Swan. Me senté a la mesa y Henry me lanzó una mirada acusatoria que, confieso, le devolví. Algo debía haber hecho, porque se amedrentó y pude coger mi plato.

¿He mencionado que como como un cerdo? Creo que es un detalle importante. Porque provoqué que Regina se me quedase mirando. Había destrozado la lasaña mientras que me la comía. A diferencia de la suya que, a expensas de los trozos cortados permanecía completamente intacto.

_ Confieso que en otra persona esos modales me causarían incomodidad, Swan._ Dijo ella._ Pero veo que has mejorado mucho desde la última vez que viniste.

Dicho esto, Regina volvió a su plato. Bueno, prueba superada. No me quería imaginar a Emma comiendo si decía que había mejorado. Me esforcé por comer un poco con corrección, aunque era difícil cuando algo estaba tan bueno como la legendaria lasaña de la alcaldesa Mills. La lasaña que hacía sombra a la de la abuelita.

Para cuando llegaron los postres, ya no parecía un animal. Emma tenía un apetito mucho menor al mío, y era fácil adaptarse. Aunque admito que me daba pena no poder terminarme el pastel de chocolate. Tendría que aprender a racionarme mejor.

_ Buenas noches, Swan… procura no haber ruido._ Me dijo Regina, mientras subía. Juraría que me había guiñado un ojo.

Me tumbé en el cómodo sofá y observé el techo de aquella habitación. La casa de Regina era un ejemplo de clase y estilo. Todo lo que yo no era. Quizá ahora fuese Emma Swan, pero en el fondo seguía siendo yo. Y eso me inquietaba. ¿Acaso podía aspirar si quiera a encandilar a una mujer como Regina?

Una parte de mí pensaba en la reacción de la reina para conmigo. Pero eso sería engañarme. Regina no era una mujer que priorizara el físico. Ella no buscaba a alguien a quien montar. Y yo tampoco buscaba eso. Nunca lo había hecho. Y así había llegado a donde estaba. Toda la vida buscando el amor verdadero.

La Reina

Me sentía atormentada. Me habían rechazado. Nadie me había agraviado de esa forma, jamás. Y además… para elegirme a mí misma. Era ridículo. Había destrozado por completo mi cripta en mi frustración. Iba a tener a Emma, de un modo u otro. Hice un gesto con la mano, y una imagen apareció en mi espejo. Sin embargo, no se trataba de Sidney. Por el contrario, la imagen de una mujer hizo acto de presencia. La rubia, me observaba con una sonrisa en los labios, socarrona.

_ ¿Por qué no me la quito de la cabeza?_ Pregunté._ Necesito a Emma como el aire que respiro. ¿Por qué?

_ Porque ella es real… querida reina… porque ella… es real.