fanclere... ya sabes que cuesta un poco tirar con tanto fic. Pero aquí está la continuación. Adelanto... que habrá más disfraces.

Mika... Henry es que en otros fics no tanto... pero aquí me estorba como que muy mucho. A ver si se me ocurre qué hago con él.

gorgino, se hace lo que se puede con las referencias. Me alegra que te gustaran.

Itsa, confieso que tu review me confunde un poco, pero lo cierto es que sí, es genial ver a Regina y a la reina peleándose.


La Reina

_ ¿Real? Creo que empiezas a decir estupideces. Yo soy muy real._ Dije, mirando al espejo.

La mujer rubia suspiró tras el cristal pulido y se desvaneció. Yo suspiré y comprobé mi pelo. No dejaba de pensar en Emma. Iba a tener que emplearme más a fondo para seducirla. Parecía que ponerle los pechos delante de los ojos no bastaba para llevarla a mi terreno… aunque eso solía funcionar. Ella quería a Regina.

Pues eso era exactamente lo que iba a darle. Hice un gesto con la mano y cambié mi vestido elegante por un traje de ejecutiva. Mi pelo estaba corto, desagradablemente, pero parecía mi alter-ego. Cuando la sedujese con ese aspecto, le demostraría que me deseaba tanto como a ella.

Emma Swan

Desperté en aquel cómodo sofá, y me puse en pie, pensativa. Lo cierto es que hasta el sofá de Regina tenía más clase que yo. Me incorporé, bostezando, y me vestí con un gesto de la mano. Esto de la magia es adictivo. Aunque lo cierto es que ni toda la magia del mundo iba a negarme una buena ducha después de desayunar. El olor al café llenaba la cocina. Me puse en pie y me dirigí a la cocina.

Regina estaba vestida con su pijama de franela gris. Tenía el pelo revuelto, y ligeras ojeras. Estaba guapísima recién levantada y con su café en la mano. Yo cogí un vaso de leche y le eché un poco de café y azúcar. Me senté con Regina y la miré a los ojos.

_ ¿Y Henry?_ Pregunté.

_ Ya se ha ido a clase._ Comentó, mientras bebía de su café._ Duerme usted demasiado, señorita Swan.

_ Me mantengo activa._ Contesté, con cierta ironía._ Este café está muy bueno.

_ Muchas gracias, señorita Swan._ Dijo, mirándome._ Últimamente la veo muy centrada. ¿Qué le pasa por la cabeza?

Concentración. Era difícil mantenerse centrada cuando una mujer como esa… me hacía preguntas como esa. Una vez más agradecí que la mayor parte de mi sangre se quedase en mi cerebro.

_ Pensaba en darte un masaje._ Dije, sin pensarlo. Supongo que no había demasiada sangre en el cerebro en ese momento._ Quiero decir. Con las presiones del ayuntamiento, y la presencia de la reina malvada, debes estar muy estresada.

_ Lo cierto es que… sería agradable recibir ese masaje.

Regina Mills

No soy tonta. Y entiendo lo que le pasa a Emma. Lo que no entiendo, es por qué. Llevamos muchos años juntas, y nunca me había mirado como lo había hecho en aquellos dos días. Podía ver sus ojos iluminados por mi sola presencia. Y, sin embargo, no quería echarla atrás. No quería decirle que dejase de mirarme así. Pero, sin embargo, sí que quería que me diese aquel masaje.

Había algo… magnético, en Emma, que me despistaba por completo. Desde luego debía serlo para verme a mí misma tumbada en un sofá desnuda y con el trasero tapado sólo por una toalla. Emma parecía tener problemas para mantenerse serena a medida que sus manos acariciaban mi piel. Pero lo cierto es que yo me encontraba completamente relajada.

Mis ojos estaban perdidos en la nada, mientras sentía las manos de Emma encontrar mis puntos débiles. Me quedé adormecida al principio, para finalmente acabé por rendirme a su poder. Cuando me quise dar cuenta, estaba dormida del todo.

Emma Swan

Regina se quedó dormida en mis manos. Era adorable… y sexy a la vez. Estaba allí, desnuda, durmiendo con una paz en sus ojos, que me daba miedo perturbar. Pero no podía dejarla allí, o todo mi trabajo se iría al traste. Usé la magia de nuevo, y la dejé vestida con su pijama. La cogí en brazos y subí escaleras arriba. Emma era muy fuerte. Y llevar a Regina no era difícil. La tumbé en la cama con delicadeza y le puse la manta hasta el cuello.

Aunque quise no pude evitar acercarme y darle un beso en la frente. Estaba tan hermosa mientras dormía. Salí escaleras abajo y me dirigí al baño. Tardé un buen rato en ducharme con agua fría. Regina estaba haciendo que mis hormonas saltasen todo el día.

Iría a ver a la abuelita y a tomar algo. Y después no tenía claro qué iba a hacer. Quería preparar algo para impresionar a Regina. Pero no sabía cómo hacerlo… qué podía hacer para dejarla anonadada. Ella había sido reina, y a una reina no se la impresionaba con facilidad.

Sin embargo, yo era una persona sencilla. Y sólo sabía hacer cosas sencillas. Estaba dando vueltas a mi café, cuando la persona en la que estaba pensando, precisamente, se sentó frente a mí.

La Reina

La clave era la confianza. Yo era Regina, después de todo. Sólo me había cambiado de ropa, y el papel de mí misma era uno que llevaba practicando toda mi vida. Encontré a Emma en el local de la abuelita y me senté frente a ella. Me coloqué el cabello tras la oreja, coqueta, y le sonreí. Ella devolvió el gesto, por supuesto.

_ Siento haberte dejado sola en casa… después del masaje. No me pareció apropiado despertarte._ Comentó, mientras daba un sorbo a su chocolate.

_ Yo siento haberme dormido._ Apuré como respuesta.

Imaginar a Emma masajeando a mi alter-ego provocaba que me viese atrapada en una enorme espiral de celos. Pero tenía que aceptarlo. Yo sería la que conquistaría a la salvadora… la que vería lo que se había perdido al rechazarme la primera vez.

Estaba jugando con mi pelo inconscientemente, mientras la miraba. Me resultaba extraño estar ante alguien que no se planteaba tenerme como suya. Siempre había levantado las pasiones que había querido, tanto en hombres como entre mujeres.

_ Estás muy callada… ¿Te pasa algo?_ Preguntó, mirándome._ ¿Estás enfadada?

_ No… más bien al contrario._ Dije, seductora._ Sólo… te lo quería agradecer.

Acaricié la mano de Emma, y noté cómo su pulso subía. A la vista estaba que a pesar de su resistencia, era una persona muy sencilla. Iba a tenerla comiendo de la palma de mi mano en apenas unos días.

_ Emma… ¿Te apetece que vayamos a un sitio más tranquilo?_ Le pregunté.

_ Bueno, si quieres._ Dijo, apurando su chocolate._ ¿En qué habías pensado?

_ No te preocupes… te gustará._ Le aseguré.

La dejé conducir de camino a la playa. Al llegar al mediodía, lo cierto es que estaba empezando a hacer calor, y lo cierto es que se me ocurrió que nada me haría ganar más pasos que restregar mi bonito cuerpo contra el suyo. A fin de cuentas, lo que yo quería era que viera las ventajas de escogerme a mí. Y Regina era una mojigata… frígida… clásica.

Regina Mills

No sabía la hora que era. Hacía muchos años que no dormía así. Como alcaldesa no era obligatorio que fuese siempre a trabajar, pero aun así solía ser constante. Aquel día, sin embargo, tras el masaje de Emma, y aquella pequeña siesta, el trabajo era lo último en lo que pensaba. Yo estaba pensando en Emma y en sus manos recorriendo mi cuerpo. Lo había sentido como algo tan natural que ni me había planteado hablar de límites. Algo me decía que si hubiese empezado a sobarme, no me hubiese importado.

Sentir sus manos sobre mi trasero habría sido maravilloso. No pude evitar sonrojarme ante mis propios pensamientos. No era el tipo de cosas en las que debía estar pensando, pero se me escapó una pequeña risa porque me sentía contenta.

Me puse un traje y me dirigí al local de la abuelita. Iba a desayunar, y luego a encontrar a Emma. Sin embargo, admito que me sorprendí un poco ante la respuesta de la abuelita.

_ ¿Emma? La última vez que la vi salía de aquí contigo, Regina.

_ La reina…_ Murmuré.

La Reina

Mi bikini era lo bastante coqueto como para que Emma no pudiese quitarle la vista de encima. Mi trasero siempre puesto sobre sus ojos. Para que no pudiese quitarle la vista de encima. Y ahora estaba tumbada sobre la arena… y yo sobre ella, como debía ser. Mis manos acariciaban su pelo dorado. Me sentía embelesada. Tanto que no escuché el coche, ni los pasos acercándose… pero Emma sí.

Regina Mills

La imagen que veía era al mismo tiempo preciosa, y atroz. Si fuese realmente yo la que se encontrase sobre Emma, sería un sueño hecho realidad. Pero no lo era. Era la reina. Que, una vez más, me adelantaba. Y ni siquiera la forma violenta con que Emma apartó a la reina hizo que la herida cicatrizara del todo. Tenía que haberme dado cuenta… de que no podía medirme con ella.

O eso pensaba, hasta que sentí un ardor en la mejilla. Emma acababa de abofetear a la reina.

_ ¡Me has mentido!_ Gritó, con todas sus fuerzas._ Pretendiste ser Regina.

_ ¿Acaso no es ese mi nombre?_ La reina, enfadada, la observó._ ¿O acaso has olvidado que somos la misma persona?

_ No os parecéis en nada._ Dijo Emma, mirándola, con fuego en la mirada.

Empecé a sentir cómo mi enfado se desvanecía. Podía ver genuina rabia en Emma. Ella… ella quería hacer aquellas cosas conmigo… no con la reina.

_ Creo que apreciarás mejor las ventajas de escogerme a mí. Cuando la quite a ella de en medio.

Hizo un gesto con la mano, y vi cómo Emma se quedaba congelada en el sitio. Sólo sus ojos, ansiosos, parecían moverse de un lado a otro. No sabía deshacer ese conjuro.

Emma Swan

El corazón me latía a mil por hora. Veía a la reina preparar su ataque contra Regina. Es cierto que no podía hacerle daño, no directamente, pero había mil cosas que podía hacerle sin hacerse daño a sí misma. Quería ayudar, pero no sabía cómo romper aquel hechizo de la reina. Regina necesitaba ayuda. Y en lo único en lo que podía pensar, era en lo mucho que me gustaría que alguien la salvase.

Regina Mills

La reina preparaba un conjuro para enviarme al reino de los espejos. Si lo lograba, estaba segura de que no podría salir. Emma no sabría cómo sacarme. Aunque había mejorado mucho, estaba claro que eso estaba fuera de su alcance. En el momento en el que sentía que estaba a punto de caer, se produjo un fogonazo ante mí. Y vi como una figura aparecía ante mí.

Se trataba de una mujer, armada con una enorme espada. Dio un mandoble y rechazó el conjuro de la reina. Ella lanzó un bufido y desapareció, envuelta en humo morado. Yo observé a la mujer, que hizo desaparecer la espada con un movimiento de la mano, y se giró hacia mí.

_ ¿Estás bien?_ Preguntó.

_ Sí… estoy bien._ Dije, poniéndome en pie, gracias a la ayuda de Emma.

La mujer emitió una leve sonrisa y desapareció. Me preguntaba quién sería.

Emma Swan

Emma en ese momento se hallaba con el doctor Whale, que la examinaba por si la onda de choque le había hecho daño. Yo estaba sola en la sala de espera, y fue entonces cuando, con un leve resplandor azul, la mujer volvió a hacer acto de presencia, frente a mí.

_ Siento haber desaparecido antes… no quería robarte el protagonismo._ Sonrió, mostrando una hilera de dientes blancos.

_ ¿Cómo puedes estar aquí? Quiero decir tú no eres…

_ ¿Canon? Lo sé. Sólo estoy aquí porque tú lo estás. Tú me creaste. Y me necesitabas, ¿No es verdad?

_ No quería que a Regina le pasase nada._ Reconocí.

No pude evitar pasar la mano por su rostro, comprobar que era real. Y una sonrisa apareció en mi rostro. Era más de lo que cualquiera podría desear.

_ Anzu… Jamás pensé que estaría en una habitación hablando contigo._ Dije, mirándola.

La vampiresa me devolvió la sonrisa, pero se apartó lentamente. Después de todo, asumir que no eras real debía ser duro.

_ Eres poderosa, Emma._ Me dijo, mirando._ Debes tener cuidado con lo que deseas.

_ Lo intentaré._ Me pasé la mano por la nuca._ ¿Vas a ayudarme a conquistar a Regina?

Anzu se rio con una risa viva, pero elegante. Había escrito sobre ella muchas veces, pero verla, era algo completamente distinto.

_ No creo que necesites ayuda con eso… Swan._ Me dijo, guiñándome un ojo._ Pero si me necesitas… piensa en mí.