Gracias por los comentarios. Yo no me esperaba que esta historia gustara y la verdad es que aprecio y tomo nota de las sugerencias. Tenía dos rumbos diferentes para la historia y gracias a un par de comentarios me decidí por uno que no haga sufrir. Hablando de hacer sufrir, no me matéis. Llevo un siglo sin actualizar pero es que no tenía tiempo. Un saludo y gracias por leer.
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CAPÍTULO 21
"Doctora Looper, acuda a radiología. Doctora Looper, acuda a radiología", repetía una y otra vez el interfono de aquella planta. Rick golpeaba la punta del talón sobre las racholas desinfectadas del lugar, mirando de vez en cuando a su novia. Su novia enfadada.
Llevaban allí más de una hora, sentados en aquellas sillas de plástico incómodas en un silencio sepulcral.
─Seguro que queda poco, cariño ─titubeó él para aligerar el ambiente.
Pero su comentario solo consiguió que ella agarrara las muletas con fuerza, poniendo sus nudillos blancos.
Estaba claro que no quería estar allí, y menos chantajeada. Porque sí, había usado el truco más cruel del mundo para traerla a aquél hospital; Alexis. Poner de condición que la viera el médico a cambio de acompañar a su hija a aquella reunión había sido rastrero. Pero necesario.
Ahora ella había pasado de no hablarle a esquivar su mirada. Y se lo tenía merecido.
Rick agachó la cabeza mirándose la punta de los pies para después ojear la pierna hinchada de su novia. Le debía de doler horrores, porque mantenía el rostro comprimido con el labio inferior entre sus dientes arrugando su frente. O eso o estaba realmente cabreada con él.
Seguramente era lo segundo.
Tenía que intentar hablar con ella, pedirle disculpas por haberla ignorado en esos días. Hacerla entender que no lo hizo con mala intención. Y sabía que si no hablaba ahora, en cuanto llegaran a casa ella se escondería de él hasta el año siguiente. Ignorándolo.
Era ahora o nunca.
─Kate lo de estos días...
─Ni si quiera me dijiste su nombre.
Rick levantó su cabeza para observarla. Ella miraba al frente, sujetando las muletas con fuerza.
─¿Qué?
─El nombre de la madre de Alexis, ni si quiera la mencionaste ─repitió con un tono de voz que él nunca había escuchado. Un tono entre rasgado y enfadado, muy enfadado─. Nunca me has hablado de ella.
Vale, aquello no se lo esperaba.
─¿De Meredith?
─O de que Alexis no pasa bien las navidades porque se acuerda de ella ─ésta vez lo miró. Y que mirada, parecía poseída─. Quiero saber esas cosas Rick.
Exigencia, aquello era una exigencia pura. Con la boca entre abierta, Castle procesó las palabras y el tono posesivo de su novia. Los ojos de ella lo degollaban con la mirada, cubiertos por una capa aguada que los hacía más brillantes y rojos.
─¿Alexis? ─logró pronunciar él tras varios intentos. Como si no terminara de encajar el enfado de su novia.
─¿Y por qué no me preguntaste si quería ir a la reunión de Alexis? ─comprimió los labios para después separarlos, mostrando sus dientes apretados.
Rick tragó saliva.
─No quería que te sintieras obligada a ir. Y tampoco sabía si querías...
─Pregunta ─lo interrumpió golpeando la muleta derecha contra el suelo─. No es tan difícil. Se supone que hablar es uno de los pilares de cualquier pareja; no esquivar al otro de la noche a la mañana ─argumentó, bufando entre dientes antes de posar su vista en el cartel de "prohibido llamar" de la pared de enfrente, respirando con dificultad. Los nudillos se le pusieron blancos de tanto apretar las muletas y la pierna se veía más hinchada por momentos.
Le debía doler horrores.
─Sobre eso, Kate lo siento, yo solo intentaba caer bien a tu padre y...
La suavidad de la voz del escritor se vio interrumpida por la mirada de ella.
─No me cambies de tema ─respiró cortadamente─. Alexis... ella temía que me enfadara con ella por preguntar. ¿Sabes la angustia que sentí cuando me dijo eso?
Y Rick volvió a sorprenderse por el tema principal de la conversación. Su hija. Kate estaba más enfadada con él por haber impedido que Alexis le preguntara, que por haberla "ignorado" desde que se instalaron en el loft. Pestañeó un par de veces ante el semblante enfurecido de su novia y tragó saliva por segunda vez.
─No quería agobiarte con el tema de Alexis ─se sinceró él en un susurro─, no es tu responsabilidad.
No era su responsabilidad. La mirada trastocada de ella lo desarmó por completo. No había rabia ni enfado, era una mirada aguada, frágil, a punto de romperse. Sus labios se comprimieron con fuerza, haciendo temblar su mandíbula ligeramente. Y Rick no tuvo tiempo de arrepentirse.
─Entiendo ─siseó ella apartando su mirada.
─Kate, yo no...
La llamada feliz de una enfermera lo interrumpió.
─¿Katerine Beckett? Ya puede pasar.
Una cagada tras otra. Eso era lo que debió de reflejar la cara de Rick cuando Martha los recibió en la entrada del loft. La actriz solo tuvo que ver los ojos llorosos de Kate y su empeño de mirar a las ruedas de la silla, para avanzar hacia ella.
─Katerine, querida, ¿no te duele menos?
Por respuesta, Kate tan solo bajó más la cabeza reprimiendo un pequeño sollozo.
─El doctor le mandó reposo extremo ─susurró Castle con las manos en la empuñadura de la silla de ruedas. Martha volvió a mirar a su hijo con una mirada de puro reproche, como si supiera en el fondo era culpa suya─. Le cambió la medicación por una más fuerte y ordenó que no caminara con muletas hasta nuevo aviso. Por eso me acerqué a comprar otra silla.
Martha se agachó sin responder. Colocó una mano sobre la mejilla de la policía, notándola húmeda, y en vez de levantarle la cabeza para observar lo que ya sabía, se incorporó besando la coronilla de su pelo. Castle no supo cuándo desencajó su mandíbula más, si con la muestra de cariño de una mujer que nunca se había encariñado con ninguna de las cientos de conquistas de su hijo; o con la decisión con la que Martha empujó de la silla, alejándola de él.
─Tranquila querida ─susurró Martha arrastrando su silla hacia los primeros peldaños de la escalera─, yo te ayudaré a subir.
─¿Alexis?
Aquel gemido casi inaudible llegó a los oídos de Rick al mismo tiempo que dejó de respirar.
─Está durmiendo en su cama ─contestó Martha con una sonrisa comprensiva─, tu madre está con ella.
Y mientras subían las escaleras Rick se quedó clavado en el suelo, incapaz de moverse. Cuando recuperó el aire, agachó la vista caminando hacia la cocina. Allí, sobre la mesa americana, dejó la bolsa de medicamentos que Martha no se había dado cuenta que llevaba, abrió uno de los armarios superiores para coger un vaso, lo llenó de agua y lo dejó al lado de la bolsa con el logotipo de la farmacia. Luego se dedicó a mirar la bolsa como si esta le contara su vida.
─¿Son los medicamentos de Kate?
Un escalofrío cruzó la espina dorsal de Rick, tensándose al escuchar la voz de Johanna Beckett.
Con la bolsa entre ellos, Rick asintió mirando a la mujer. Johanna manejó sus muletas hasta sentarse en uno de los taburetes de la mesa americana.
─Sí, lo son ─carraspeó Rick llevándose una mano a la manga izquierda de su camisa, ramangándola como siete veces en menos de un minuto─, le toca tomárselos dentro de unas horas.
La abogada sonrió ante el gesto de nerviosismo del escritor.
─Habéis tardado bastante.
Rick tragó saliva contando mentalmente los segundos que faltaban para que la abogada estallara en reproches o utilizara uno de los cuchillos del cuchillero. Pero lo único que hizo ella fue ladear su cabeza ligeramente, sonriendo con algo que parecía comprensión.
Y se creó un silencio incómodo.
El escritor contó hasta treinta e intentó hablar. Pero no pudo. Así que optó por hacer algo productivo que distrajera su mente; miró su reloj. Y suspiró para sus adentros. Eran casi las doce de la noche, eso significaba que la abogada pronto se iría a descansar. Solo tenía que ofrecerle un poco de agua y quizás...
─En media hora me toca la medicación.
Quizás tuviera que estar media hora con la madre de su novia. Rick cerró los ojos con fuerza, al abrirlos la sonrisa de Johanna no se había ido.
─Será difícil coser ese botón ─rió Johanna suavemente, sin tener en cuenta el estado de nerviosismo del escritor. Él alzó las cejas sin entender y ella señaló la manga de la camisa arrugada. Entonces, Rick se dio cuenta de que el botón de la manga no estaba cosido en la tela, sino en el suelo, y su mano derecha estiraba del hilo donde debería estar el botón.
─Mierda ─soltó de golpe Rick agachándose para recoger el botón. Cuando lo tuvo entre sus dedos e intentó incorporarse de nuevo la voz de Johanna le hizo parar en seco.
─Quieres mucho a mi hija.
Algo tuvo que hacer click en la columna de Rick, pues no se movió ni un centímetro a pesar de estar curvado. Al contrario. Estuvo allí, agachado tras la barra americana hasta que elevó ligeramente la cabeza. Johanna sonrió al verlo aparecer nuevamente, asomando su nariz por encima del mármol con el pelo revuelto y una mirada de cachorrito inseguro.
─Porque la quieres, ¿verdad?
Él asintió; y se comió el mármol con la frente.
El golpe fue bastante aparatoso por la intensidad del asentimiento y Johanna se encontró arrastrando sus muletas hacia él.
─Mierda, mierda ─gimió Castle con ambas manos en su frente. Johanna dejó sus muletas entre las axilas y apartó las manos de Rick para analizar la zona golpeada.
─Lo tienes algo hinchado.
Rick cerró los ojos con fuerza y dejó que la abogada se apartara. Al volver a abrirlos Johanna se acercaba con lo que parecía ser una bolsa de guisantes. Se la puso en la frente sin mediar palabra y el escritor volvió a cerrar los ojos ante el contacto frío.
Estuvo un rato así, notando como la abogada apartaba de vez en cuando la bolsa de la frente para luego volverla a presionar contra el golpe. Cuando quiso darse cuenta el dolor se había atenuado.
Abriendo un ojo Rick observó a la abogada. Sonreía.
─¿No estás enfadada?
─¿Por qué debería estarlo? ─preguntó la mujer dejando que él cogiera la bolsa de guisantes─. Cuidas de mi hija ─respondió como si fuera obvio.
Pero para Castle no era tan obvio.
─Últimamente no hago un buen trabajo con eso ─siseó él mirando hacia el suelo─, solo meto la pata.
─Puede ser ─sonrió Johanna ganándose la atención del escritor─. Meter la pata es humano. Mi marido la ha metido hasta el fondo con esto de intimidarte sin dar su brazo a torcer pero lo terminaré perdonando.
─¿Sí?
─Dentro de una o dos semanas ─volvió a reír ella.
Richard suspiró despegando la bolsa de guisantes para mirarla con pesar.
─Kate no me perdonará hasta año nuevo... del año que viene. No tenía que haberla ignorado, no me di cuenta, lo hice para caer bien a su padre y...
─Rick, mi hija estaba enfadada por eso, ya no. No cambies de tema.
Levantando las cejas, Castle arqueó la derecha gimiendo de dolor al instante. Johanna dejó que él mismo volviera a ponerse la bolsa en el chichón, y cuando el dolor se aligeró, esperó a que las neuronas de Richard hicieran contacto. Y tan solo dos minutos después, Rick abrió los ojos al máximo.
─Alexis... ¿Es por Alexis? ─preguntó en un tono demasiado agudo para su voz. Johanna movió la cabeza verticalmente y Rick tuvo que sentarse en el taburete más cercano. Cerró los ojos apretando los guisantes con fuerza. Entonces las imágenes de Kate con su hija invadieron su mente. La forma en la que miraba a la pequeña; su tono de voz sobre protector; sus abrazos amorosos; la necesidad de saber más cosas sobre la niña... y aquella sonrisa sincera que surgía cuando la niña la abrazaba─. La he fastidiado, ¿no?
─Kate la necesita. Ella tiene ese modo madre con Alexis ─Richard elevó su cabeza para mirarla─. Todo el mundo lo ha visto, yo, tu madre, mi marido, incluso las enfermeras del hospital. Aunque ella no lo quiera reconocer.
─Modo madre... ─susurró él enterrando su cabeza entre sus manos.
─Es algo que ella niega, pero cada vez es más fuerte. Está empezando a sentir la necesidad de pasar más tiempo con Alexis.
─Y yo la fastidié con lo de la reunión escolar ─gimió él─, y en el hospital... Dios, le dije que Alexis no era su responsabilidad.
Si Rick hubiera levantado la cabeza habría visto a una Johanna totalmente sorprendida, pero no lo hizo y la abogada terminó por suspirar.
─La pregunta es ─siseó ella─, ¿estás dispuesto a que Kate ocupe ese lugar a pesar de que Alexis tenga otra madre?
Continuará...
