Mika, a mí también me está gustando, aunque parece que no tanto como el primero. Ala, capítulo nuevo.


Emma Swan

Saber que Regina estaba bien me tranquilizaba. Cuando la vi salir, le dediqué mi mejor sonrisa y la estreché entre mis brazos. Por un momento me preocupó que realmente le hubiese pasado algo. Y ni tan siquiera la visita de Anzu iba a quitar esa preocupación de mi cabeza. Regina era mi prioridad. Hasta unos límites que dudaba que la propia Anzu pudiese entender.

Porque… siendo sinceros… Anzu es un poco Mary Sue en estos casos. Quiero decir… Es una vampiresa milenaria con poderes mágicos. Sé que no debo preocuparme por ella. Y, si bien Regina es dura… tiene algunos momentos de debilidad, como el que vivimos en la playa.

_ Tranquila, Emma… estaré bien._ Me dijo, mirándome a los ojos._ Ya puedes soltarme… me ahogas.

Me separé de ella lentamente, sonrojada. Me preocupaba hacerle daño y casi la ahogo. Emma era tan fuerte que no me daba cuenta del daño que podía hacer sin darme cuenta.

_ Oye… siento… lo de la reina… me engañó._ Me pasé la mano por la nuca._ Me engañó como a una tonta.

_ Supongo que no se le puede culpar, somos la misma persona._ Dijo ella, en un susurro.

Yo negué, y le volví a dar un abrazo, esta vez controlando lo que estaba haciendo. Regina se recargó en mi hombro. Su cuerpo era cálido… y su pelo olía a manzanas.

_ Ya quisiera ella ser la mitad de mujer que tú, Regina._ Le dije, mirándola a los ojos._ Si me diese igual no se habría hecho pasar por ti.

_ Supongo que en eso tienes razón._ Sonrió, algo más animada.

_ Oye… ¿Te apetece que te invite a cenar?_ Le pregunté.

_ Me encantaría…

La reina

Prepararía un filtro de amor si fuese necesario, pero lo cierto es que eso sería caer muy bajo. Quería a Emma Swan, como un deseo profundo en el interior de mi ser. Encerrada en aquella cripta, farfullando como una loca. Me sentía completamente mermada.

Arrojé contra el espejo un frasco, que se hizo añicos. La mujer que había al otro lado bufó y tocó la rotura. Estaba completamente indiferente a este hecho, sea como fuere. Simplemente se aclaró la garganta y me miró severamente.

_ Cualquiera diría que eres una cría indefensa._ Dijo la mujer, con burla._ Por favor, serénate y vuelve en ti.

Suspiré y me puse en pie, pensando en lo inmadura que estaba siendo.

_ No entiendo qué me pasa…_ Murmuré.

_ Te falta la mitad de tu ser._ La rubia se burló._ ¿Es que no sabes hacer nada sin Regina?

_ ¡Por supuesto que sé!_ Exclamé, lanzando una bola de fuego contra el espejo.

Una vez más no hubo ningún efecto en la mujer tras el espejo, que sin embargo se agrietó un poco más. Di un paso atrás y desaparecí, envuelta en humo morado.

Regina Mills

Admito que no me esperaba algo así. Siendo Emma Swan la que me invitaba, pensé que me llevaría a la abuelita, o a un Burger, sin embargo, Emma me llevó a un restaurante de lujo. Normalmente era imposible conseguir una mesa. Pero siendo la Sheriff y la alcaldesa, Emma no pareció tener problema en encontrarnos una junto a la ventana.

Había una vista de la carretera que daba una estampa diferente a la cena. Emma pidió carne… yo preferí pasta. Y, para mi sorpresa, no destrozó la carne del todo mientras comía.

_ Estás muy guapa._ Me dijo.

Lo cierto es que me había arreglado. Quería quitarle la imagen de la reina de la cabeza a Emma. Bien pensado era tonto, porque ella podía ponerse la misma ropa, maquillarse igual.

_ Tú también estás muy bien._ Reconocí.

Emma se había puesto un elegante vestido negro, con un coqueto escote que llamaba a mis ojos. Se había peinado y dejado que su melena cayese en tirabuzones. Aquello le daba un aspecto salvaje, que la beneficiaba mucho. Así la veía siempre, su melena me recordaba a una leona acechante.

Estábamos comiendo, cuando Emma me tomó de la mano, y sentí que mi corazón se saltaba un latido. Elevé la mirada, y mis ojos se cruzaron con los de Emma, que me sostuvo la mirada. Pude ver cómo sus mejillas se iban enrojeciendo paulatinamente.

_ ¿Querías decirme algo?_ Pregunté.

_ Sólo me preguntaba si… querrías ir a bailar… más tarde.

Algo me decía que aquello no era lo que quería preguntarme en realidad. Sin embargo, ella no tenía valor para hacer la pregunta que yo tampoco me veía capaz de hacer.

_ Me encantaría._ Dije, en voz muy baja.

Emma Swan

¿Quieres ir a bailar? ¡Genial, Emma, sencillamente genial! ¡No sé bailar! Y hasta donde yo sé, Emma tampoco. Iba a hacer el ridículo delante de Regina. Mientras nos acercábamos a la pista yo no dejaba de preguntarme cómo irían las cosas. Regina pareció notar que estaba asustada.

_ No sé bailar._ Me sinceré.

La música, lenta, llenaba el salón de parejas que se aferraban unas a otras. Regina, a pesar de mi confesión, me tomó por la cintura y me acercó a la pista.

_ No pasa nada… yo te llevo.

Aún nerviosa, y con cierto tembleque, me dejé llevar. Me preocupaba pisar a Regina, pero ella parecía esquivar todos mis malos pasos. Me quedaba rígida por momentos. Regina, sin embargo, fue consiguiendo que me relajara a medida que se pegaba a mí.

Entrecerré los ojos, perdiendo el miedo, y me dejé llevar, mientras la música parecía deslizarse entre nosotras. Aquella tonada que iba haciéndose cada vez más lenta, al igual que nuestros pasos. Estaba a punto de terminar cuando Regina elevó la mirada, y nuestros ojos se cruzaron.

_ Regina…_ dije, en un susurro.

Ella no me contestó, pero su mirada sobre mis ojos me dejaba claro que me estaba escuchando. Me armé de valor, sintiendo el olor a manzanas de su cabello tan cerca de mí.

_ Estoy loca por ti._ Me sinceré._ Por más que intente negarlo… me gustas mucho.

Regina me sonrió, y acercó sus labios a los míos. Yo entrecerré los ojos y me dejé llevar. Cuando nuestros labios se unieron sentí que el tiempo se congelaba por un instante, que el mundo, parecía darnos unos segundos para entender lo que nos sucedía, las sensaciones que en ese momento nos embargaba.

Sentí electricidad que recorría todo mi cuerpo, mientras aferraba el ajeno con dulzura. Cuando la volví a mirar, y vi el brillo en sus ojos… me sentí la persona más feliz del mundo.

_ Yo también estoy loca por usted, señorita Swan.

_ Me gusta mucho cuando me llama así, alcaldesa._ Le susurré.

_ Lo sé… por eso lo hago._ Murmuró.

Nos quedamos en silencio, bailando. Y, sin embargo, algo había cambiado en nuestro baile. La tensión que ambas sentíamos… el miedo… se desvaneció.

La Reina

Noté cómo me dolían las palmas de las manos al cerrar el puño con fuerza. Se habían besado. La había besado a ella… y no a mí. ¡Era increíble! ¿Cómo podía preferirla? Lancé un grito y un relámpago atravesó el cielo. Si pudiese las mataría a las dos.

O al menos, mataría a Regina. Pero no podía. Si le hacía daño lo pasaría mal, porque tendría que sufrir lo mismo. Bailaban abrazadas. Íntimamente. Estaba a punto de interrumpirlas cuando hubo un leve destello azul y una vez más, frente a mí, apareció aquella mujer pelirroja.

_ No te entrometas._ Dijo, con voz fría._ Emma se lo está pasando bien. Y no vas a estropearlo.

Di un paso y ella emitió un siseo, similar al de una serpiente. Un gesto clásico de los vampiros. Aún estaba anocheciendo. Mi rostro expresó una mueca de desagrado y lancé una llamarada contra la mujer. Ella, sin embargo, alzó la mano y la deshizo en pleno vuelo.

_ ¿Y quién se supone que eres tú?_ Pregunté, mirándola._ ¿Una especie de perro guardián?

_ Prefiero verme a mí misma como un guardaespaldas._ Dijo, sin dejar de mirarme._ Simplemente me aseguro de que todo esté donde debe.

_ ¿Dónde debe?

_ Emma y Regina van a ser felices juntas… y tú no vas a evitarlo.

Emma Swan

Nuestro baile se vio interrumpido cuando escuchamos una serie de gritos. A través de las ventanas pude vislumbrar a Anzu, en su batalla contra la reina. No podía dejarla sola.

_ ¿Alguna idea para detenerla sin hacerte daño?_ Le pregunté a Regina.

_ No lo sé…

Sabía que eso mismo era lo que estaba frenando a Anzu.

_ Volveré._ Le dije a Regina, besando levemente sus labios.

Salí fuera y me encontré a Anzu tirada por el suelo. Tenía quemaduras por todo el cuerpo. Me acerqué y la sostuve cuando estaba a punto de desplomarse.

_ Parece que no soy tan poderosa, después de todo._ Le dije, en voz baja.

_ No te culpes… es cosa mía._ Murmuró. Le dolía hablar.

_ ¿Estarás bien?_ Le pregunté.

_ Mientras tú lo estés… yo me repondré._ Me dijo en un susurro.

Aun así, noté que le costaba desvanecerse, a diferencia de la otra vez. Tardó al menos un segundo en descomponerse en la luz azul. La otra vez había sido cosa de un parpadeo. Cerré el puño.

_ Ahora sí que me has enfadado…_ Murmuré.

Anzu es mi creación… y en aquel instante, no podía evitar pensar algo similar a que la reina le había dado una paliza a mi hija. Alcé la mano, deseando que la reina estuviese a buen recaudo, y una jaula dorada la retuvo. Cuando intentó usar su magia para salir, comprobó que no podía.

_ Te vas a quedar ahí dentro._ Dije, con la voz envenenada.

_ Emma… escúchame._ Por un segundo me pareció sentir algo de miedo en la voz de la reina._ Hablemos esto.

Quizá lo hablase, porque en el fondo era una persona confiada, que perdonaba todo siempre que las consecuencias no fuesen irreversibles. Sin embargo en aquel momento, estaba enfadada y por eso hice un gesto de la mano para que la jaula desapareciera.

_ Emma… ¿Estás bien?

Regina se acercó, mirándome. Yo la abracé y la miré a los ojos.

_ Algo preocupada por mi amiga. Espero que esté bien._ Dije, suspirando._ A ti no te ha pasado nada, ¿Verdad?

_ Yo estoy bien, gracias a ti._ Dijo._ No sé… no puedo hacer nada para con la reina. Me siento… bloqueada.

_ No temas, Regina._ Le acaricié el pelo._ Yo cuidaré de ti.

¿?

El espejo, finalmente, se hizo añicos. Sólo era cuestión de tiempo que, sin pretenderlo, la reina me dejase salir. Sin su otro lado, era un personaje plano, fácil de predecir. Salí, dejándome caer. Estuve a punto de tropezar. Pero no lo hice. Tenía toda aquella cripta para mí, y sabía que la reina iba a tardar bastante tiempo en volver. Sólo tenía que esforzarme… y podría abandonar aquel lugar… y ser real.

Quizá "Emma", hubiese escogido quedarse, pero yo no iba a conformarme. Quemaría esa realidad y todo lo que contenía, y así podría ser libre. Y podría vengarme de "Emma", de una vez por todas. Después de lo que me había hecho… aquel era el campo de batalla perfecto para hacer que sufriese.

Regina Mills

Nunca había visto a Emma tan preocupada. Al parecer su amiga estaba en la mansión del bosque. Allí solía vivir Jefferson, y sin embargo, no sabía nada de él desde hacía años. Emma atravesó la puerta y la mujer estaba en el salón. Sus heridas parecían estarse cerrando rápidamente.

_ No tenías que venir a verme._ Susurró, con voz lastimera._ Ahora que vosotras dos lo estabais pasando tan bien.

_ No podía pasarlo bien sabiendo que lo estabas pasando mal.

Anzu sacó una petaca de su bolsillo y dio un trago. Gimoteó un poco, pero sonreía, mostrando sus dientes blancos. Confieso que sentí algo de celos.

_ De verdad… estaré bien. Id a divertiros._ Decía, mirándonos._ Hacéis una pareja preciosa.

Emma se acercó y me tomó por la cintura. Sentía que aquello sí que era real, a diferencia de algo que me hubiese dicho un hada sobre mi amor verdadero.

_ Podemos quedarnos con ella si tú quieres._ Le dije a Emma, besando su mejilla._ Henry está con sus abuelos, después de todo.

_ No… si ella dice que está bien yo la creo. Además… tengo que hacerme cargo de un asunto, cielo._ Me dijo, dándome un golpecito en la nariz.

_ ¿Qué vas a hacer, Emma?_ Le pregunté, acariciando su mejilla.

_ Voy a asegurarme de que la reina deje de molestarnos.