CAPÍTULO 22
Kate abrió los ojos al sentir una mano zarandeando su hombro con suavidad. Alguien la llamaba en voz baja. Con un gemido, pestañeó un par de veces para quitar la pesadez de sus párpados, pero le fue imposible mantenerlos abiertos más de cinco segundos.
―Querida, te traigo los medicamentos. Tu madre me los ha subido hace un rato.
En un gran esfuerzo, Kate recorrió la habitación de invitados con la mirada. Hasta que sus ojos coincidieron con los de la actriz. Martha estaba sentada en el borde de la cama, con un vaso de agua y tres pastillas a las que Kate no prestó atención.
―¿Alexis?
Martha le dedicó una sonrisa suave.
―Está en su habitación, durmiendo.
Por un momento, los ojos de Kate miraron a Martha con algo que esta identificó como un ruego. Es más, Martha esperó que la policía le preguntara si podía ir a buscarla o, simplemente, se levantara para ir ella misma a verla arrastrándose por el pasillo si hacía falta. ¿Pero que la joven desviara la mirada susurrando un suave "vale"? No, eso no era propio de la Kate que ella conocía.
"Dios mio, Richard, ¿qué has hecho?"
Martha dejó el vaso y las pastillas sobre la mesita de noche para coger las manos de la policía.
―Vale, ¿se puede saber que idiotez ha dicho mi hijo ahora?
Kate miró de reojo a la mujer, sorprendida por el tono de voz de la actriz. Era un tono sobreprotector normalmente destinado a su hijo o su nieta, no a ella.
―Solo me dejó las cosas claras ―el hilo de voz que surgió de la boca de Kate fue tan débil y desgarrado, que hizo que Martha tragara saliva―. Me dijo que Alexis no era mi responsabilidad.
―¿Te dijo eso?
Tumbada como estaba, con dos cojines debajo de su cabeza para alzarla un poco, Kate asintió. Sus ojos brillaban al punto del llanto, por lo que Martha apretó sus manos un poco más.
―Mi hijo es un idiota.
―Martha...
―No, en serio querida, lo es. Pero te puedo asegurar que no quiere alejarte de Alexis, estoy segura de ello.
Kate bajó la mirada hacia las mantas que la cubrían. Sin duda, ella no estaba tan segura como la actriz.
―Mira Katherine, entiendo que no puedas perdonarlo en un futuro inmediato... Pero tienes que saber que mi hijo está en esta relación al cien por cien. Hay personas que al empezar una relación lo hacen con un pie fuera y otro dentro, con los dos pies dentro o con el corazón por delante. Mi hijo es de los últimos; una mezcla de los dos pies dentro y el corazón por delante. Pero tiene miedo. Todas las estupideces que ha hecho han sido por miedo. Como la de ignorarte para que tu padre lo aceptara, él solo quería hacer las cosas bien, aunque con su lógica desastrosa.
―No me habló de la madre de Alexis ―susurró Kate por respuesta―, ni de sus problemas con la navidad, ni de la reunión de la escuela. Y yo quiero saber todo eso Martha, quiero saberlo ―exigió mirándola a la cara. Sus labios estaban apretados y sus ojos más rojos de lo normal―. Quiero...
―¿Sí?
La boca de Kate se abrió dispuesta a responder, pero de repente se quedó allí, medio abierta. Martha vio como por un instante, los ojos de Kate brillaron como dándose cuenta de algo, algo que la policía debió descartar al cerrar los ojos con fuerza.
―Nada. Solo quiero descansar ―susurró―. ¿Me das las pastillas?
Con un suspiro, Martha le acercó lo que pedía y la ayudó a incorporarse un poco. Kate se tomó las pastillas, tragó un poco de agua y dejó que la actriz la ayudara a tumbarse de nuevo.
Al terminar, la policía cerró los ojos dispuesta a descansar o hacer ver que descansaba, Martha no estaba segura.
―Buenas noches querida ―dijo la actriz antes de apagar la luz y cerrar la puerta.
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Kate intentó dormir, lo intentó de veras. Pero no pudo. La sensación de que algo le faltaba le ahogaba el pecho.
Con una mirada alrededor de la habitación, vio la silla de ruedas al lado de la cama. Sin pensárselo demasiado, aprovechó la poca luz que se filtraba a través de la ventana y se arrastró hacia el extremo de la cama. Luego hizo malabarismos para sentarse en la silla de ruedas. Su pierna no tardó en quejarse por el exceso de movimientos bruscos, pero Kate estaba demasiado ansiosa por salir de allí.
Poco a poco, dirigió las ruedas de la silla por el pasillo de aquella planta superior, en silencio. Debía ir despacio para que no se notaran las ruedas chirriar.
Mientras caminaba hacia el extremo del pasillo, ese donde se podía ver una puerta rosa con un "Alexis" pintado en medio, una parte de ella le decía que lo que estaba haciendo no era conveniente, que Rick le había dejado claro que Alexis no era su responsabilidad. Pero otra le gritaba que ni siquiera le había dado un beso de buenas noches a la pequeña.
Sonaba ridículo, pero la segunda voz ganó a la primera.
Hasta que una tercera se escuchó a lo lejos.
―Kate y Alexis son lo más importante en mi vida, Johanna.
Kate frenó en seco en mitad del pasillo. A su izquierda, justamente donde estaban las escaleras, una luz proveniente de la planta baja le avisaba de que alguien estaba en el comedor aún. Y por los latidos de su corazón y la voz que había escuchado, Rick era uno de ellos.
―Me he comportado como un estúpido Johanna, pero lo que te dije en la cocina era verdad. Quiero a Kate, la quiero y no veo un futuro sin ella.
Con el corazón palpitando en sus orejas, Kate cerró los ojos y dirigió la silla de ruedas al final del pasillo lo más rápido que le permitieron sus brazos. Al llegar a la puerta rosa, la abrió con prisas y entró a la habitación cerrando después.
Cuando la puerta sonó al cerrarse, Kate cogió una gran bocanada de aire, la retuvo y soltándola de golpe susurró:
―¡Dios!
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Llegó la noche de Navidad, y Kate no sabía como mirar a Castle mientras este la cogía en brazos para bajarla por las escaleras en modo nupcial. Ella lo miró cuando él empezó a bajar las escaleras, concentrado en los escalones. Más bien se quedó embobada, pero cuando notó la vista de él volverse hacia ella, Kate miró el techo con devoción.
―¿Estás bien? ―le preguntó él.
Con las mejillas teñidas de un color rosado, ella contestó con un asentimiento de cabeza, sin intención de romper el castigo de silencio que tenía con él.
Sí, un castigo de silencio. Como el que hacen los niños pequeños. Desde que Rick la había traído del hospital, ella no le dirigió palabra alguna. Ni siquiera una. Y aunque seguía sin intención de hacerlo, Kate ya no sabía si no le hablaba por el supuesto enfado que tenía; o por lo que sentía al recordar esa confesión que escuchó al final de esas mismas escaleras.
"Quiero a Kate, la quiero y no veo un futuro sin ella" recordó de nuevo con el mismo tono de voz que él usó.
Y los pelos de la nuca se le erizaron.
Rick volvió a mirarla y ella se dio cuenta de que se había quedado embobada mirando la boca de él. "Ni que fuera a repetir esas palabras", pensó ella volviendo a mirar el techo con un intento de detener el impulso de morderse el labio. ¿Qué haría si las repetía, volvería a salir corriendo cómo la noche anterior? ¿Le seguiría ignorando sin hablarle? Con lo cabezota que era, probablemente haría las dos cosas.
―Tu madre y yo hemos preparado el sofá para ti ―informó él al llegar a la planta baja―. He colocado unos cuantos cojines para que puedas cenar cómodamente y luego abrir los regalos.
Kate dejó que él la sentara en el sofá, pusiera su pierna mala sobre un cúmulo de cojines estratégicamente colocados en el suelo para alzar la pierna, y la tapara con una manta. Cuando ella pensó que por fin se iría, él se inclinó y acarició su mejilla.
―Cuando Alexis vuelva de comprar con su abuela estará a tu lado todo el rato ―le susurró al oído para, después, besarle la mejilla con suavidad.
Cuando él se alejó hacia la cocina, Kate se quedó con la boca entre abierta.
Aunque no debía sorprenderse.
No era la primera vez que Rick hacía eso de darle tiempo con Alexis. De hecho, desde que él dijo aquello de que la niña no era su responsabilidad, Rick se contradijo a si mismo dándole más tiempo con ella. Básicamente, dejó que Alexis durmiera con ella; que fuera ella quien peinara a la niña por las mañanas; que comieran juntas; que decoraran juntas unas figuritas nuevas para el árbol de navidad; que hicieran juntas los deberes de vacaciones de la niña, entre otras cosas.
Y Kate, a pesar del dolor que sentía a veces, sonreía sin poder evitarlo cada vez que la niña se sentaba sobre su regazo con el cepillo rosa y su petición favorita:
―Quiero dos trenzas.
A Kate le encantaba cantar mientras peinaba el pelo sedoso de la niña y, al terminar, descansar su nariz en la coronilla de la pelirroja, aspirando su aroma a fresitas. Era su calabaza con olor a fresas.
―Tu sonrisa "modo madre" es encantadora ―le picó Johanna. Kate pestañeó un par de veces, y al salir de su trance localizó a su madre sentada a su lado.
―¿Cuanto tiempo llevas ahí? ―la fulminó con la mirada.
―¡Oh, vamos! No te enfurruñes ahora. Con lo bonita que te quedaba esa sonrisa "modo madre".
Con una mirada por encima del respaldo del sofá, Kate comprobó que Castle cortaba unos tomates sin prestarles atención. Kate suspiró y volvió a mirar a su madre amenazadoramente.
―No vuelvas a pronunciar esas dos palabras ―susurró señalando con su dedo pulgar a Rick―, puede escucharte y no quiero más problemas. Además, ya te lo dije, no es ningún modo... como lo llames. Solo me preocupo por ella.
―Ya, y ahora me dirás que no estabas pensando en ella.
―No estaba pensando en ella.
―Y yo he perdonado a tu padre, ¿lo sabías?
Kate rebufó ante el tono irónico de su madre. Sabía que su madre no iba a perdonar tan fácilmente a su padre. Aunque ahora él y Rick se llevaran a las mil maravillas e hicieran alguna que otra cena juntos, Johanna se lo pondría difícil.
―Reconoce que pasar tiempo con Alexis actuando como una madre te gusta.
―Mamá, te advierto, como vuelvas a...
―¿No te gusta pasar tiempo con Alexis?
―¡Claro que me gusta! ―respondió al segundo. Luego bajó la voz y miró de reojo como su novio seguía cocinando sin prestarles atención―. Me gusta mucho pasar tiempo con ella, me preocupo por ella y me encanta que cuente conmigo para lo que sea. Pero no soy su madre ―susurró―. ¿Déjalo ya, vale?
―¿Sabes que eso es básicamente lo que hace una madre, no?
Kate le dirigió una mirada histérica, pero antes que abriera la boca para gritarle, Johanna la interrumpió con maestría.
―Pero tienes razón, no eres su madre.
Kate alzó una ceja con la boca entre abierta.
―¿Perdona?
―No eres su madre ―repitió Johanna―, al menos no la biológica. Pero te has enfadado con tu novio por no decirte cosas sobre Alexis y no contar contigo para una reunión del colegio.
―Te lo he dicho, me preocupo por Alexis y quiero... ―la propia voz de Kate sonaba dubitativa, como si no supiera del todo lo que quería o no quisiera saberlo―. Quiero estar allí para ella como la novia de su padre, ser alguien en la que pueda confiar. Pero ella ya tiene una madre, yo no soy una madre ―puso énfasis en el "yo no"―. Si Rick no confía en mi para cuidar de su hija cuando él no pueda, en el fondo lo entenderé.
―¿Y si lo que dijo Rick fue solo un comentario inadecuado? ¿Y si en el fondo él quisiera que supieras todo sobre Alexis, pero el miedo a que salieras corriendo le hizo decir que no era tu responsabilidad?
Los ojos de Kate se iluminaron con un brillo que Johanna había visto muy pocas veces. Luego, Kate tragó saliva y se encogió de hombros mirando hacia el árbol de navidad.
―Tengo... tengo un poco de sed. ¿Me traes algo de agua mamá? ―siseó Kate sin mirarla.
Con una sonrisa, y aún a sabiendas de que su hija no bebería ni un trago, Johanna obedeció. Cogió sus muletas, cojeó hacia la cocina y palmeó la espalda de Rick, quien la miró con una expresión muy lejana a la tranquilidad.
―Te dije que no acepta su modo madre aún ―susurró Johanna lo más bajo que pudo mientras hacía ver que buscaba un vaso―. ¿Entiendes ahora porque no lo debes ni mencionar?
―Ni lo insinuaré ―asintió Rick en el mismo tono de voz.
Johanna llenó un vaso de agua, y de espaldas al comedor, dirigió una mirada al sofá donde su hija encendía el televisor con el mando a distancia.
―Pero el plan sigue en marcha ―confirmó Johanna―. ¿Lo tienes todo preparado?
―Jim me está ayudando a buscar lo que falta ―susurró Rick troceando el mismo tomate con el que empezó minutos atrás.
―Pues ahora a cumplir con el plan.
Continuará
